17 agosto 2009

Cerrado por Vacaciones


Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas.
Elbert Hubbard

Cierto es, y hasta la Constitución Española lo recoge, que toda persona tiene derecho a unas vacaciones. Cierto es, igualmente, que las vacaciones que yo me he permitido para con este blog han sido excesivas; pero poco se puede hacer ya a estas alturas salvo volver a retomarlo y dejar este par de meses en blanco como parte de mi merecido descanso (ya no sólo por cuestiones blogueras).

Lo cierto es que mucho me temo que mi verano aún no ha acabado (por primera vez desde que hiciera la Selectividad); así que es de esperar que la re-apertura del blog tarde un poco todavía. Puede que esta fecha sea el primer día del mes de septiembre u octubre.

Mientras tanto es posible que alguna entrada suelta se me escape por el blog para narrar o bien inquietudes puntuales o bien reflexiones acerca de los diferentes viajes que he tenido por suerte haber realizado.

No obstante, gracias a todos por la paciencia y la fidelidad. Disfrutad de las vacaciones.

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21 junio 2009

Integración


Poetas, nunca cantemos
la vida de un mismo pueblo,
ni la flor de un solo huerto.
Que sean todos los pueblos
y todos los huertos nuestros.
León Felipe

Estamos hartos de escuchar mensajes desde todas partes en pro de la integración de las personas en la sociedad. Todas las personas, incluso las que no quieren integrarse, han de estar integradas. Todo hemos de vivir en paz y armonía bajo las mismas normas, costumbres y valores. ¿Pero es realmente esta integración un acto de solidaridad o de egoísmo?

Integrar puede entenderse como el hecho de inculcar y permitir a diferentes adoptar costumbres y hábitos propios. Para integrar a alguien el primer paso es que este sujeto quiera integrarse; porque si no estaremos hablando de imposición y, según el grado, de adoctrinamiento. La integración ha de ser una oferta más que un hecho, una posibilidad, un gesto voluntario de acercamiento entre grupos diferentes.

Lo natural del hombre no es la aceptación de todos los grupos de personas ni toda la clase de costumbres. Es más, lo natural es despreciar lo diferente, ya que supone un ataque a nuestra identidad, a nuestro yo, a lo que somos; y la forma más fácil de reafirmar el yo es negar cualquier otra realidad diferente a la nuestra.

Esta reacción es propia de personas y grupos inseguros, de gente temerosa de dejar de ser lo que es, de no tener un concepto claro de lo que se es y no querer mezclarse para con el resto; para intentar así preservar su identidad. Cuando un ideal o concepto se mantiene únicamente con el argumento de que es propio, que es de uno, y todas las bondades que él puede darse son esas; nunca podrá ser del todo bueno, y es probable que su vida sea corta y efímera.

Es siempre necesaria la elaboración de un “yo”, de labrarnos una identidad. Pero ésta ha de estar cimentada en principios. Por ello, una personalidad (individual o colectiva) fuerte no va sino a ganar del intercambio con otros “yo”. El rechazo a la diversidad sólo es un síntoma de inseguridad y debilidad.

La historia nos da claros ejemplos: los grandes imperios han sido aquellos que a la vez que conquistaban pueblos, los respetaban e integraban; respetando sus costumbres y tradiciones, creencias y cultura. Alejandro Magno es posiblemente el ejemplo más claro: ha sido el imperio más grande en menos tiempo construido. Y la clave de su éxito puede deberse a la aceptación e integración de las culturas y pueblos que iba conquistando.

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18 junio 2009

Evolución


Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos.
José Ortega y Gasset

Es fácil pensar que todo lo relacionado con el hombre poco tiene que ver la Naturaleza. Al menos, en el lenguaje común, hay una clara distinción entre lo natural y lo artificial; entre las Ciencias y las Humanidades. Lo cierto es que el hombre, por más que se empeñe, siempre tendrá algo de natural; algo que lo hará verse y sentirse dentro del mundo natural; instintos que se escapan al régimen racional.

Una característica más común entre la naturaleza y las sociedades humanas es la evolución. La evolución se produce en el hombre tanto a nivel de individuo como a nivel de grupo o sociedad. Evolucionar significa mejorar, crecer, ir más allá de donde ya se ha llegado, avanzar.

Las sociedades han llevado a cabo una tremenda evolución a lo largo de la Historia, procurando siempre el respeto de cada individuo por encima de los intereses colectivos de los países y gobiernos. Las sociedades han evolucionado gracias a la razón de los intelectuales a que las han iluminado, de los idealistas y filósofos que han vislumbrado mejoría para cada uno de los componentes de esta sociedad. Pero la evolución de una sociedad es imposible sin la evolución de cada uno de sus integrantes.

Los individuos han de evolucionar también por separado. Es fácil, y cada día más, conformarse con una vida plácida de sofá, fútbol y bares; donde la única preocupación sea el disfrute personal y la ausencia, precisamente, de preocupaciones. Todo individuo que llega a esta situación ha dejado de evolucionar, cree que ya ha evolucionado todo lo que debiera, y por tanto se estanca. Es preciso mantener siempre el espíritu inquieto, sintiendo que aún nos falta algo por aprender, lugares por visitar, personas por conocer.

No debemos caer en la complacencia del bienestar intelectual; porque en el momento en que nosotros, como componentes de nuestra sociedad, nos estanquemos; la sociedad dejará asimismo de evolucionar.

La educación de una sociedad es un proceso muy importante para ésta; ya que enseña a sus miembros los valores de la evolución. Hoy día, el sistema de educación español hace creer a los alumnos que suspenden diez asignaturas que están evolucionando, ya que los hacen pasar de curso. Les hacen creer que ese es el camino de la vida, que tal será la recompensa para su trabajo.

El problema no lo tenemos hoy, ni tal vez mañana. El problema llegará cuando la mayoría de estos no-evolucionados sean la población activa del país y de ellos dependa la evolución de la sociedad. ¿Qué podrá hacer entonces el país, sino resentirse de perder dos o tres generaciones de evolución?

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11 junio 2009

Juegos de Azar


El azar sólo favorece a quien sabe cortejarlo.
Charles Nicolle

Los juegos de azar tienen ingrediente que le añaden adicción respecto a los otros: la incertidumbre. Parece que el hecho de no tener un control absoluto sobre el juego sino dejar una pequeña parte al azar convierte al entretenimiento en una cosa mucho más interesante que sin este factor de suerte.

Ganar en un juego de azar nos da una sensación parecida a la de predecir el futuro. Nos hace creer por un momento que nuestra inteligencia o intuición está por encima de la del resto, y somos, por un momento al menos, superiores a los demás. Ganar es adictivo, pero ganar sin saber muy bien por qué, multiplica su adicción.

El juego nos atrae porque queremos controlar el azar, queremos ser capaces de saber qué es lo que va a pasar; y aunque sabemos que es algo imposible, nos empeñamos en ello. Nos gusta creer que controlamos el futuro, que sabemos qué es más o menos cierto, que el azar se puede racionalizar, se le pueden asignar reglas; pero lo cierto es que una infinidad de factores incontrolables que pueden alterarse para que un partido no lo gane el, a priori, favorito.

Hay incluso quien siente una extrema atracción por el riesgo, por la emoción. La sensación que provoca en el cuerpo no la pueden urdir tan fácilmente, y necesitan continuamente de incertidumbre y de victoria con incertidumbre. Es, posiblemente, lo que le pase a los ludópatas, o lo que sienta cualquier jugador de ruleta rusa, ya que no se ha de estar en condiciones muy normales como para jugarse la vida tan aleatoriamente.

Es curioso como lo incontrolable y misterioso tiene tantos adeptos, aunque tal vez sea ese el motivo de su éxito.

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06 junio 2009

Ciencia y Religión


La religión sin la ciencia estaría ciega, y la ciencia sin la religión estaría coja también.
Albert Einstein

Siempre ha sido, y mucho me temo que seguirá siendo, un debate candente el que enfrenta a la religión y a la ciencia. Ambos, al menos en su origen y esencia, pretenden dar una explicación de los fenómenos que acontecen a nuestro alrededor. Lo que difiere entre ambos son sus métodos.

La ciencia intenta encuadrar todos los procesos en una serie de reglas racionales y normas donde todo encaje y tenga relación lo uno con lo otro. Intenta dar una visión unánime e inapelable de que es la realidad, sin ambigüedades y sin puntos de vista. Sin embargo, esto es hoy posible solamente para algunas cosas, como son la aritmética o el cálculo de las fuerzas gravitatorias. Para otras tantas, como supone la evolución humana o el origen del Universo, sólo tenemos teorías (teoría científicas, pero teorías al fin y al cabo) donde la comunidad científica no cesa de debatir y presentar posturas contrapuestas.

La religión también participa de estas teorías, pero mientras la ciencia cree que todo se crea y forma en la misma Naturaleza a través de ella misma, la religión piensa que hay un súper arquitecto-ingeniero-diseñador (Dios, o dioses en las politeístas) que ha trazado todo el Universo con una perfección sublime (creacionismo). Desde luego, cuando uno aprende sobre los complejos mecanismos del cuerpo humano (por ejemplo) no es disparatado pensar por un momento que se trata de la mejor obra de ingeniería creada, de un diseño perfecto, de una máquina casi infalible; aunque realmente no sea así.

Pero lo que la religión aporta que no aporta la ciencia son una serie de valores. Las religiones distinguen siempre entre lo bueno y lo malo, lo que ha de hacerse y lo que no. La ciencia (hablamos estrictamente de ciencia, no de bioética y otras disciplinas), no se inmiscuye en esos temas. La ciencia nos explica qué es lo que ocurre a nuestro alrededor, y cómo ocurre; pero no puede explicar nada más allá de los fenómenos que acontecen en el mundo. No puede decirnos qué hemos de hacer para ser felices o para sentirnos bien con nosotros mismos.

Y puede que de aquí surja el debate y dilema entre los religiosos y los agnósticos y ateos: ¿qué es preferible, la verdad acerca del mundo; o la felicidad en nuestras vidas?

Por supuesto que no son cosas incompatibles; pero quien cree ciegamente en una religión es incapaz de aceptar partes de la ciencia que atenten contra sus creencias; y al igual sucede de manera contraria: nadie que crea en el método científico podrá aceptar nada proveniente de la religión que contradiga a la ciencia. Y obvio es que, en muchos aspectos, profesan opiniones distintas.

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02 junio 2009

Desgracias


La desgracia abre el alma a una luz que la prosperidad no ve.
Herni Dominique Lacordaire

Dice la sabiduría popular que las desgracias nunca vienen solas. Es razonable creer que las desgracias que le acontecen a uno no tienen nada que ver entre sí salvo el sujeto pasivo que las sufre: uno mismo. Las leyes de la probabilidad (lo que pretenden ser las leyes del azar, paradójico cuanto menos) avalan la teoría. No obstante, estas mismas leyes nunca dicen que sea imposible, sólo improbable.

Tal vez esas desgracias influyan en nuestro estado de ánimo, lo que hace provocar un mayor efecto en las siguientes. En otras palabras, que nuestra mente aumenta el efecto de un segundo mal debido al desánimo que provoca el primero. Cuando esto sucede, hablamos de que hemos caído en una mala racha, en una mala época o que simplemente tenemos últimamente mala suerte.
Este domingo he creído experimentar una situación parecida: perdió Unicaja de Málaga, perdió Rafa Nadal y descendió el Betis. Todo en un mismo día. Por suerte, todos estos temas son banales; pero no por eso uno deja de sentir desánimo y pensar que está tocado por algo, alimentando un poco la superstición.

Cuando suceden cosas muy improbables (como el caso de que se perdieran los tres partidos) uno piensa que no puede ser cosa del azar, que debe haber algo o alguien que castigue o premie. Es imposible no mirar el cielo en busca de una explicación, aunque de él sólo vayamos a encontrar nubes o estrellas, dependiendo de la hora del día.

Tras un breve rato de auto-compasión uno cae en la suerte que ha tenido, ya que al fin y al cabo todo lo sucedido ha sido totalmente inofensivo, salvo un disgusto. Pero ¿quién garantiza a uno que este mismo azar no se vuelva en contra de uno en otros aspectos tan improbables y muchos más trascendentes que perder tres partidos un mismo día?

Por eso ha uno de vivir siempre alerta a la vez que sentirse afortunado; sin confiar demasiado en las cosas que posee, ya que es imposible saber cuando el destino o el azar van a darle la vuelta a la tortilla, por muy bien que parezca que va todo.

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27 mayo 2009

Lenguaje y Pensamiento


El hombre es tantas veces hombre cuanto es el número de lenguas que ha aprendido.
Carlos I

Creo firmemente que el pensamiento está condicionado por el lenguaje. Pensamos en una lengua, y por tanto, nuestras limitaciones del lenguaje acarrean otras tantas de pensamiento. No significa esto, sin embargo, que sin lenguaje no sepamos pensar, ya que hay multitud de pensamientos que existen como tales, y cuyos conceptos tenemos claros en nuestra cabeza, pero no somos capaces de adecuar ni canalizar para convertirlos en palabras; o simplemente no tiene sentido transformarlos en palabras.

Cuando pensamos en un mapa o un plano, no pensamos en palabras. Tal vez las acciones sobre él si estén pensadas en una lengua, pero no el concepto mental que nos hacemos de él. No obstante, el hecho de tener un número finito de palabras en una lengua, nos hace tener un número finito de pensamientos y de conceptos. Y es por eso que las lenguas cambian y evolucionan, porque el pensamiento desborda a las lenguas, y es necesario crear palabras para nuevos conceptos e ideas, de tal manera que cuando hablemos con alguien, éste sea capaz de reproducir nuestro pensamiento en el suyo.

Sucede también que hay palabras que no existen en todas las lenguas. Uno se da cuenta de esto cuando intenta hablar otra lengua que no es la suya, e intenta traducir directamente de la nativa, en vez de hablar directamente la nueva lengua (muy probablemente porque no tiene conocimientos suficientes). Pasa al revés también, cuando uno quiere dar un sinónimo en su lengua nativa sobre una palabra en otro idioma, pero se da cuenta de que el matiz que tiene esa palabra en la lengua foránea necesita una larga explicación, que no hay una traducción directa.

Es por tanto que los bilingües auténticos tienen una gran ventaja sobre los que sólo hablamos una lengua y chapurreamos alguna otra. Tienen en su cabeza dos modelos de pensamiento diferentes, dos formas de entender conceptos y comprender su realidad. Dos manera de expresare. Porque por mucho que se parezcan dos lenguas, hablar en una u otra lengua nos hace cambiar el registro del habla, el tono e incluso puede que a veces la personalidad.

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13 mayo 2009

La Canción del Pirata


Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
José de Espronceda

Ha querido el azar que esta tarde sonara una de las canciones que tanto he cantado en mi adolescencia. Casualmente, la letra de esta canción tiene cerca de dos siglos; aunque la versión musical que yo escuché es bastante reciente. Es magnífica la recreación que hace el autor de la vida de piratas, de lo que debía pensar uno de ellos y en lo que realmente consiste el espíritu de un pirata. La canción que escuché es una adaptación de Tierra Santa de “La Canción del Pirata” de José de Espronceda.

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido,
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul:

«Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.»

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

«Allá muevan feroz guerra,
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.»

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de «¡barco viene!»
es de ver
como vira y se previene,
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.

Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
la victoria mi deidad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

José de Espronceda

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11 mayo 2009

Gusto y Olfato


El gusto está hecho de mil repulsiones.
Paul Ambroise Valéry

Puede que el gusto, junto con el olfato, sean los sentidos menos explorados y aparentemente menos utilizados. Puede que esta percepción sobre su uso sea cierto, pero no por ello los relega de fantásticas sensaciones y situaciones a través de ellos.

El olfato es un sentido con una memoria única. Los olores de la infancia nos siguen siendo familiares a pesar de los años. Las fragancias de los perfumes consiguen seducir y encandilar, y es por ello que laboratorios gasten tanto esfuerzo y dinero en ellos.

Cada persona a su vez tiene un olor único e inconfundible. Lo desprendemos sin darnos cuenta y lo dejamos impregnado tanto en las prendas como en las personas. El olfato es capaz de despertar en nosotros sensaciones aparentemente olvidadas y lejanas; puede revivir en nuestro corazón llamas tiempo atrás extinguidas.

¡Y cuánta relación guarda éste con el olfato! ¿O acaso no saben las cosas igual que huelen? Será entonces la asociación que hace el cerebro entre ellos.

Aunque cierto es que el paladar evoluciona. Los años nos descubren sabores que en la niñez aborrecíamos, y hacen lo mismo de manera viceversa. ¿A quién le gusta la cerveza la primera vez que la prueba? Es el gusto un sentido delicado y sospechoso, pasado muchas veces por alto, pero genial una vez que somos conscientes de él.

Son estos dos sentidos auténticas fuentes de placer. Se disfruta más por estos dos sentidos que por los otros, al menos a nivel corporal. La sensación que a nuestro cuerpo transmite un sabor o una esencia no puede ser comparado con el la contemplación de una imagen, por muy bella que sea. Puede que tenga que ver el hecho de que los usemos menos a lo largo del día, o los necesitamos para vivir. Vivir sin olfato y gusto sería una faena, pero nada comparable, aparentemente al menos, a perder la vista o el oído.

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08 mayo 2009

El Enemigo en Casa


La igualdad tal vez sea un derecho, pero no hay poder humano que alcance jamás a convertirla en hecho.
Honoré de Balzac

Está candente aún la noticia que habla sobre las fiestas “light”, y en concreto una, donde supuestamente se subastaban féminas menores de edad con billetes del monopoly (http://www.elmundo.es/elmundo/2009/05/07/andalucia/1241703711.html).

Asociaciones Feministas, secciones de igualdad de los diferentes gobiernos, periodistas y más organizaciones se echan las manos a la cabeza. Empezamos a escuchar “denigración”, “sexismo”, “explotación”, y un largo etcétera. ¿Si hubiera sido al revés, es decir, son los chicos los que se subastan, hubiera habido tanto revuelo?

Yo creo que no. Y es que los grupos feministas últimamente centran su interés más que en buscar la igualdad entre sexos, en convertir en hombres a las mujeres; en hacerlas a ellas partícipes en las deplorables costumbres de los hombres (como vociferar piropos por las calles). Se trata algo así de derrocar a un rey por considerar la monarquía injusta, e ir a poner una reina en su lugar.

Lo que no saben o parecen no saber las feministas es que tienen el enemigo en casa. Por ejemplo, en la fiesta de la noticia, eran ellas, las muchachas adolescentes, las que se apuntaban a la subasta. Eran ellas las que se subastaban. Al igual que son ellas las que admiten invitaciones en las discotecas a consumiciones o incluso a la misma entrada. Son las mismas que confunden “ponerse mona” con “enseñar”. Y estoy totalmente seguro que después de la fiesta, entre ellas, la competición era ver por quién habían pagado más.

Aun queda mucho por hacer en el terreno de la igualdad de sexos, como igualar salarios o impedir la discriminación y despidos de las embarazadas. Esos son dos de tantos objetivos por los que hay que luchar. Y no es que el motivo de la noticia no lo sea, pero es que como ya he dicho, las mujeres entran en el juego y así es difícil actuar.

¿Qué hubiera pasado si los organizadores de la discoteca se encuentran la sala vacía de niñas? Eso hubiera sido decirles con un ejemplo “las mujeres no somos objetos de subasta”. Pero ya han visto el éxito que tuvo la fiesta…

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07 mayo 2009

Los Violentos Años Veinte


Nombre: Los Violentos Años Veinte.
Director: Raoul Walsh
País: EEUU
Duración: 106 minutos
Reparto: James Cagney, Priscila Lane, Humphrey Bogart, Gladys George.

Anoche retomé una buena costumbre que el mes de abril había dejado de lado: ir a las proyecciones en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias. El ciclo que corresponde por todo el mes de mayo es Cine Negro.

Excelente debut el de ayer con la película de Raoul Walsh “Los Violentos Años Veinte”. No entraré en la crítica de los planos, el maquillaje, los efectos, etc. porque no tengo mucha idea. Vivo el cine como los niños viven la vida: me gusta o no me gusta; sin entender sobre si es bueno, malo o regular. (Bueno, soy capaz de distinguir un guión bueno de uno malo, pero básicamente recurriendo al gusto).

La película se sitúa en la década de los veinte (como bien anuncia su título) alrededor de la polémica Ley Seca de aquella época. Me recuerdo un poco la situación del alcohol en la película con la que hay actualmente con algunas drogas, las llamadas blandas: todo está prohibido (fumar, tener, vender), pero a su vez todo está consentido desde el Gobierno; lo que provoca que una serie de “pícaros” (por llamarlos de alguna manera) se hagan de oro a base de fabricar una mercancía más que lamentable y venderla en el mercado negro; creando una serie de mafias y redes de control que acaban matándose entre ellas.

¿No les suena un narcotraficante que fue asesinado en la habitación del hospital? No. No es una escena famosa de la película, es la cruda realidad. Y es que la Historia se repite continuamente, y el ser humano siempre será el mismo. Con otras máquinas, con otras drogas, con otras pasiones y otras vestimentas, pero la esencia de la Humanidad mucho me temo que permanecerá perenne hasta la eternidad.

Escucha universitario: entraste en este negocio con los ojos bien abiertos, has aprendido mucho y sabes demasiado. Si se te escapa la lengua saldrás con los ojos bien abiertos pero con unos cuantos agujeros en la cabeza. Así que lárgate, ¡fuera de aquí! Vete a casa a leer un ratito
George Hally (Humprhey Bogart)

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04 mayo 2009

Toledo


Toledo, solar hispano, crisol de la raza íbera. Dichoso aquel que naciera español y toledano
Miguel de Cervantes

Aunque hace ya una semana que volviera del viaje, imagino que la ciudad seguirá donde la dejé, que sus piedras se mantendrán firmes y que su encanto seguirán recorriendo cada una de su callejuelas y recovecos. No es la primera vez que voy, ni la segunda; pero cada vez que vuelvo me reafirmo en mi opinión de que es una de las más bellas ciudades del mundo.

No es para nada grande. Es más, su encanto puede que resida en su pequeñez, en su acogimiento y desde luego en su vista a través del tajo; donde se percibe la ciudad como una hilera de casas perfectamente edificadas en los cerros, coronadas por el alcázar y la catedral.

Crisol de culturas la llaman algunos. Mezcla de todos los estilos, de todas las culturas, de todos los saberes. Ciudad testigo de la convivencia más allá de la fe, de la sedimentación de las culturas. Ciudad donde se levantan iglesias mezquitas y sinagogas. Capital primera del imperio español.

La catedral. Primada de España. Obra maestra del gótico. Rica y ornamentada hasta casi hartar. Un coro y un altar mayor realmente espectaculares. Un tesoro que podría, si se vendiera, acabar con el hambre en el mundo. Naves inmensas e infinidad de capillas, todas decoradas como el sitio requiere. Alberga incluso un panteón real de los reinos de Castilla y Aragón.

Por más que intente describir, jamás podrá compararse al paseo por los callejones empedrados ni las panorámicas de la ciudad ni a los paseos a la orilla del Tajo. Sin duda, ciudad bella donde las haya.

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14 abril 2009

Nuestra Propia Ética


Un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada a este mundo.
Albert Camus

Todo hecho tiene unas consecuencias; y son casi siempre estas consecuencias las que determinan si hemos de hacer o de dejar de hacer ciertas cosas. El si las cosas están bien o mal ha quedado en un segundo plano para traer al frente si lo que hagamos nos beneficia o nos perjudica. Vivimos en un pragmatismo demasiado exagerado.

Los valores sobre el bien y el mal han sido relegados, descendidos de categoría. La conciencia parece residir en el bienestar individual, siendo el bienestar colectivo más una consecuencia del nuestro propio, no viceversa. Sentirnos bien está dejando de ser una cuestión ética para convertirse en una hedónica, donde es el cuerpo y no la mente la que ha de sentirse agusto.

Toda esta falta de valores están muy bien cuando somos nosotros los que pisoteamos, cuando podemos comer todos los días, tenemos un trabajo, una vivienda y la vida, digamos nos sonríe. Cuando encontramos, por contra, la otra cara de la moneda es quizás cuando sentimos la importancia de la caridad y de la piedad y cuando agradecemos que alguien que puede pisotearnos no nos pisotee, aun sabiendo las veces que nosotros hemos apretado el pié para no dejar títere con cabeza.

Pero no se trata sólo de tener unos valores. Los valores llevados al extremo, es decir, convertirse el fanático de unos valores ya pre-establecidos como puede ser la ética que proporciona una religión, también nos ciegan y nos idiotizan.

Lo que hay que lograr es la separación entre el bien y el mal por nosotros mismos, apoyándonos en valores ajenos y en nuestra propia experiencia y percepción, pero siendo nosotros los capaces de discernir entre lo bueno y lo malo, y ser nosotros los que tengamos el criterio y la decisión. Debemos construir nuestra propia ética.

Probablemente la mejor manera de decidir sobre si algo es bueno o malo es aplicándonoslo sobre nosotros mismo, suponiéndonos por un momento víctimas o agentes pasivos. Y si lo queremos para nosotros será bueno, y si no, malo.

Cuando todo esto pase, puede que sea cuando nos empiece a ir a todos un poco mejor.

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12 abril 2009

Cuaresma


Para rezar a Dios con devoción no hace falta creer en Dios según los dogmas de ninguna religión.
William Somerset Maugham

- ¿Qué hay hoy para comer mamá?
- Hoy he pensado en ti. He preparado lasaña.
- ¿Lasaña hoy?
- Sí. ¿Qué pasa?
- Mamá, ¡hoy es vigilia!
- ¡Ala! ¡Es verdad! Se me ha olvidado por completo…
- Pues haz otra cosa.
- Pero si ya está echa y es ya la hora de comer…
- Pero no podemos comer carne…
- ¿Qué hago entonces
- Guardarla
- No se puede, estaba congelada.
- Pues tirarla entonces.
- ¿Tirarla?
- Claro. Hoy es viernes de Cuaresma. No podemos comer carne.
- Pero si ya está hecha…
- Mamá. ¡Es pecado! No podemos comer carne. ¡Así me lo habéis enseñado!.
- ¿Y tú no crees que es peor tirar la lasaña que comérsela, aunque hoy sea Vigilia?
- No. Nadie dice que tirar la comida sea pecado. No es ningún mandamiento de nada.
- Y si embargo tú sabes que tirarla está mal, ¿verdad? Porque sabes que hay muchísimas personas en el mundo que no pueden comer, ¿verdad?
- Sí mamá, pero Dios no dice que no tiremos la comida y sí dice que no comamos carne los viernes.
- Vamos a ver, hijo. Dios ha mandado que los viernes no se coma carne. También Dios sabe que se me ha olvidado que hoy era viernes y que no podíamos comer carne. Sabe que no lo he hecho de mala fe. Por otro lado Dios sabe que tirar la comida está mal. Y sabe que la lasaña o se come ahora, o hay que tirarla. Si Dios te peguntara qué es peor, si comerte la lasaña porque se te ha olvidado la vigilia, o tirarla, ¿tú qué le dirías?

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27 marzo 2009

Probabilidades


El azar es orden en el tiempo.
Guillermo Pérez Villalta

Hay algo (en realidad hay muchos “algos”) que me apasiona y por lo que siempre he sentido una gran curiosidad: la probabilidad. La probabilidad puede entenderse como la racionalización del azar, lo que ya en sí es paradójico. El hecho de ser capaz de predecir lo que va a suceder, o de saber sobre lo que hay que apostar es ciertamente increíble.

La probabilidad va más allá de saber que al tirar un dado tienes un sexto de probabilidades de sacar cada cara, o de que al tirar una moneda tengas un cincuenta por ciento de probabilidades de sacar cada cara. La probabilidad tiene su encanto cuando matemáticamente (y en la práctica mediante una simulación por ordenador) se demuestra que es más factible aquello que parece improbable.

Una paradoja famosa es la paradoja del cumpleaños. Consiste en lo siguiente: supongan que en una clase hay 24 niños, ¿cómo de factible es que dos de ellos cualesquiera cumplan años el mismo día? A priori puede parecer algo bastante improbable, pero si lo analizamos matemáticamente caemos en la cuenta de que no.

Veámoslo matemáticamente: para que dos los niños no cumpla años el mismo día tendremos una probabilidad de 364 entre 365 días. Ahora un tercero tendrá una probabilidad de 363 entre 365 días de no coincidir con el anterior. Y así hasta 342 entre 365 días. Como tienen que darse todos los sucesos a la vez, las probabilidades han de multiplicarse, lo que nos quedaría:

(364/365)*(363/365)*…*(342/365) = 0.46

Este 46% es la probabilidad de que 24 niños no coincidan en su cumpleaños, lo que hace que el 54% de las veces haya dos niños que repitan cumpleaños.

Este cálculo de probabilidad es probabilidad a priori, es decir, se calcula antes de conocer los resultados. Las probabilidades de las que se deducen la muerte por accidente de tráfico o la deformidad de fetos se hacen a posteriori: es decir, se tiene de base los hechos ocurridos, y se prevé que continuará la tendencia. Son probabilidades totalmente diferentes, aunque tengan el mismo nombre.

Vi una vez un documental donde una familia española iba a los casinos con un programa informático basado en probabilidades y ganaba dinero. No sé cuál es el mecanismo de su programa, pero desde luego me entró la curiosidad sobre la predicción del azar, el cómo es posible hacer reglas para lo que precisamente se caracteriza por la ausencia de ellas.

Para terminar dejo un supuesto y quien tenga a bien deje un comentario respondiendo, y pondré la solución:

Se tiran 20 veces dos dados y se quiere apostar 100€ a uno de los siguientes sucesos: que de esas 20 tiradas al menos una es un seis doble, o que no. ¿Qué apostarían?¿Y si fueran 24 tiradas?

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14 marzo 2009

Escapando de la Rutina


Entre col y col, lechuga.
Refrán

Los horarios son necesarios para cualquier organización de un sistema. La coordinación se hace en base al tiempo, y éste es el que queda reflejado en esa tabla de tiempos, ¿o cómo podríamos organizar un curso docente sin un horario concreto?

El hecho de tener prefijada la semana desde antes de que ésta llegue por el horario laboral o académico hace caer en lo que popularmente se denomina “rutina”: el hacer, por ejemplo, todos los lunes del año iguales en el sentido de realizar las mismas actividades a las mismas horas.

Esta rutina proporciona un hábito, un orden; lo que hace que las actividades se realicen más eficientemente que si se dejaran al libre albedrío de cada uno. El orden al fin y al cabo aporta conocimiento. Si uno sabe que Fulanito va a trabajar de 8 a 3 de la tarde de lunes a viernes, sabe que la manera de contactar con él es mediante el teléfono del trabajo o bien en su oficina o donde quiera que trabaje. Si por el contrario sólo sabemos que trabaja 40 horas semanales, sin un horario, su localización en un momento concreto puede complicarse. Es un ejemplo estúpido, pero puede extrapolarse a otras cuantas cosas.

El problema de este orden es que da la sensación de falta de libertad. El hecho de que se pueda prever lo que vas a realizar cada mañana de un día laborable nos hace sentir como esclavos de esa rutina, mientras que el que tiene que trabajar 40 horas a la semana únicamente, puede realizar esas horas cuando estime más oportuno o más le apetezca.

El romper con la rutina se convierte a veces casi en un anhelo o esperanza. Nos hace sentir dueños de nuestra vida, de nuestros actos. Nos creemos por un momento únicos dueños de nuestros destinos, jefes en nuestras vidas, siervos de nuestra voluntad.

El orden es siempre necesario cuando se quiere eficiencia. Pero hemos de reconocer que es aburrido. Todos necesitamos de vez en cuando salir de nuestro día a día habitual, ser un poco la nota discordante y sentir que somos nosotros los que llevamos el timón de nuestras vidas.

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04 marzo 2009

Ante todo, Independencia

Ser independiente es cosa de una pequeña minoría, es el privilegio de los fuertes.
Friedrich Nietzsche

El hombre siempre tiende a marcar sus propias lindes intelectuales y emocionales. No consiente ninguna tutela, salvo que de ella espere algún beneficio, intuya comodidad ante la subversión o sea intelectualmente débil para dar el paso de la emancipación. Ser sensiblemente independiente es un estado más cercano a la utopía que a la realidad.

El entorno siempre será un factor que nos condicione; y cuando la condición sea relativa a los estados del ánimo o a los sentimientos, la condición se tornará más bien incondición, ya que en muchas ocasiones seremos incapaces de decidir y sólo podremos dejarnos llevar por lo que el corazón dicta.

Pasamos gran parte de nuestra vida luchando contra nosotros mismos, queriendo deshacernos de esa dependencia, buscando la quietud del alma a través de la independencia. No es una búsqueda de ausencia de sentimientos. No se trata de convertirnos en piedras. Se trata de decidir cuándo sentir y cuándo no. Esa es la esencia de la independencia: la decisión del momento.

Muchas veces nos sentimos subalternos de otra persona, siendo además conscientes del poder moral que esas otras personas tienen sobre nosotros, como son por ejemplo nuestros padres. Pero durante toda la vida no sentimos la necesidad de salir de ese condicionamiento emocional y moral, de esa pseudo-esclavitud sentimental. Hasta que un día queremos decidir cómo vestir, qué comer, cuándo salir y dónde vivir. Y es cuando, en ocasiones, irrumpe el conflicto.

Craso error es confundir la dependencia con la distancia. El hecho de estar lejos o cerca no nos hace más o menos independientes (a nivel emocional). El corazón no entiende de kilómetros. Y hoy en día menos aún con el avance de las comunicaciones, donde una llamada a cualquier parte del mundo se ha convertido en algo rutinario.

La distancia únicamente proporciona distracción. Es la voluntad, y no siempre, la que proporciona independencia. Es uno el que decide cuándo ha de seguir su camino y cuándo las opiniones y decisiones de los demás son más o menos importantes que las de uno mismo.


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16 febrero 2009

La Injusticia como Inspiración


Aceptar la injusticia no es una virtud, sino todo lo contrario.
Cleóbulo de Lindos

Lo peor que le puede pasar a alguien que pretende ser un artista (artista en el sentido de partícipe en alguna de las distintas artes) es quedarse sin imaginación. Cuando alguien que pretende escribir siente que lo ha escrito todo tiene un serio problema. Algo parecido a lo que podría sucederle a un sastre que no tuviera hilo.

La falta de imaginación es un fenómeno de origen incierto. Puede deberse al bienestar del alma, a la complacencia de uno mismo en sí mismo, que no tiene esa necesidad creadora evasora de la realidad.

Suponiendo que así fuera, suponiendo que este fuera el motivo, ¿qué hacer uno? En primer lugar debe uno alegrarse por tener una vida serena y tranquila, lo cual, en los tiempos que corren es todo un logro. Por otro lado, y precisamente por vivir en estos tiempos (aunque mucho me temo que se trata de algo ajeno a las épocas), puede uno coger un periódico, o simplemente dar una vuelta por el mundo, y darse cuenta de que hay demasiadas cosas ante las que reaccionar.

Nada motiva más un alma noble que la injusticia. Ante lo injusto y perverso es imposible mantenerse satisfecho y se hace difícil mirar a otro lado. Aunque no se haga nada y se sea meramente un observador, el alma se conmueve y la conciencia queda marcada. Y una vez conmovida el alma, las letras fluyen por si solas desde lo más hondo del corazón.

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04 febrero 2009

La Capacidad de Elegir


Pueden prohibirme seguir mi camino, pueden intentar forzar mi voluntad. Pero no pueden impedirme que, en el fondo de mi alma, elija a una o a otra.
Henrik Johan Ibsen

Son infinitos los pensamientos que podemos llegar a tener durante un día. Pensamos sobre todo, sobre qué hacer, sobre qué hemos hecho, sobre qué hicimos, sobre qué haremos, incluso sobre qué haríamos. Pensamos colores, canciones, poemas. Acumulamos en la mente muy diversos temas que conviven en el tiempo.

Somos capaces, y de hecho lo frecuentamos, el tener un pensamiento que creemos fijo. Un pensamiento que puede llegar a ser un deseo. Creemos firmemente que ese pensamiento, esa ocurrencia que deseamos, puede aportarnos algo de manera trascendente, un gran cambio digamos. Nos mostramos seguros, firmes en la decisión. Procuramos mantenerla. Sentimos que necesitamos escoger ese camino que no queda otra.

Sin embargo, sucede a veces, por razones de azar o destino, que sucede algo o pensamos algo que nos hace cambiar por completo la decisión antes casi jurada. Pero no se trata de un simple cambio, un matiz. No. Se trata de darle la vuelta completa a la decisión: elegir blanco donde elegimos negro, ir hacia la derecha cuando mantuvimos la izquierda como opción, subir en vez de bajar.

Y una vez más nos sentimos dueños de esa nueva decisión. Y comprendemos de nuevo que es la mejor solución. La solución, a secas. Nos reiteramos. Volvemos a sentirnos seguros. Nos convencemos. No alcanzamos a comprender cómo una vez pudimos pensar lo contrario, cómo elegimos el negro, cómo torcimos hacia la izquierda.

Y es que resulta que muchas veces no son las decisiones en sí lo que nos hace sentir seguro, lo que nos hace fuertes. Es el hecho de poder decidir, de creer que podemos decidir, lo que nos hace sentir seguros.

No siempre queremos blanco o negro. Muchas veces nos es indiferente. Nos da igual. Lo único que queremos es poder elegir. Es decir blanco, si queremos, o negro por el contrario. Es la capacidad de decisión la que nos otorga poder y seguridad, el saber que podemos elegir. Se trata de en un determinado momento poder decidir si blanco o negro. De que eliges blanco porque quieres elegir blanco, no porque tenga que ser blanco. Que igual que eliges blanco has podido elegir negro; pero tú, TÚ, eres el que ha querido elegir blanco.

Es la capacidad de elección, sin duda, lo que nos hace sentir seguros, firmes y fuertes.

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03 febrero 2009

Hablar por Hablar


Habla para que yo te conozca.
Sócrates

Hoy inauguro sección. Una sección totalmente diferente a lo que lleva siendo el blog este año casi y medio. Se trata de diálogos. Diálogos un tanto extraordinarios. Prácticamente sin hablar de nada, hablan de todo. Y creo que el nombre de la sección, define perfectamente su contenido: “hablar por hablar”.

- ¿Se puede?
- Claro, claro. Adelante.
- Hola, ¿cómo está?
- Esperándole, como ve. Llega muy puntual usted
- Tengo esa manía
- ¿Y le sirve para algo?
- ¿El qué? ¿La puntualidad?
- Sí
- Pues claro. –dudó - Pero no era ese el tema de mi visita
- Seguramente usted no ha abierto la puerta imaginándose esta conversación; pero mire usted por dónde, la está teniendo, ¿qué más da?
- Pues que tengo muchas cosas que hacer
- ¿Alguna más importante que hablar con un amigo?
- Mucho me temo, señor, que no somos amigos.
- Pues con más razón, así podemos llegar a serlos.
- Mire señor, no tengo ningún interés en su amistad, tengo muchos asuntos pendientes y sí, bastante más importantes que analizar mi puntualidad.
- No se ponga nervioso, tranquilícese. Imagine usted que ha llegado cinco minutos tarde, que había atasco, que el ascensor no bajaba ni subía, que la puerta no abría, que había olvidado apagar alguna luz de su casa o cualquier otro pretexto que usted invente; y mientras hablamos de otra cosa.
- Mire… hágame el favor de atenderme, ¿quiere?
- Hasta dentro de cinco minutos, no.
- Bien, volveré en cinco minutos. Adiós.

- Hola de nuevo, ¿puede atenderme usted ya?
- Llega usted dos minutos después de lo estipulado.
- Discúlpeme
- ¿Discúlpeme a secas?
- ¿Qué más quiere que le diga?
- Pues que qué le ha pasado para llegar dos minutos tarde, ¿qué ha pasado con su manía?
- Mire, no le entiendo. No le entiendo en absoluto. Primero que si soy muy demasiado puntual, luego que si no lo soy, ¿puede usted explicarme qué importa eso? Es asunto mío.
- No dije que era demasiado, simplemente le pregunté que por qué era puntual. Luego de su convincente razón, usted llega tarde. No entiendo cómo actúa. ¿Cómo voy a poder ayudarle?
- Pero es que no entiendo qué tiene que ver la puntualidad con el asunto que teníamos pendiente. No. No lo entiendo.
- Tal vez todo se hubiera resuelto si usted hubiera llegado tarde la primera vez y puntual la segunda.
- Mire. Lo siento. No aguanto más. Desde luego, después de hablar con usted, uno se siente cabal y cuerdo. Ya me buscaré a otro psicólogo. Adiós.

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23 enero 2009

Anonimato


Todo el mal que puede desplegarse en el mundo se esconde en un nido de traidores.
Francesco Petrarca

Internet ha facilitado de manera drástica el anonimato de las personas. Es muy fácil verter en la red una opinión, establecer comunicación con desconocidos o acceder a servicios pudorosos. Internet ha proporcionado tal cantidad de facilidades que podemos fingir fácilmente una segunda vida. Es más, hay programas (Second Life) que hacen que esta segunda vida sea real.

¿Pero por qué recurrimos al anonimato? ¿Qué es lo que realmente nos asusta? Me temo que el mayor miedo que presenta la gente es que vinculen un nombre o una cara a una serie de actos o comentarios. Dichos actos y comentarios que no han de ser aprobados por la sociedad o que de una u otra manera nos hagan retraernos o provoquen en nosotros vergüenza, porque si fueran actos honrosos y decorosos no tendríamos de qué temer. ¿O sí?

Tal vez lo que nos asuste sean las multitudes, el desenvolvernos en público o ante más de una persona o un grupo reducido. Digamos que tenemos el responder ante nuestros actos, el que puedan recriminarnos en pública una acción y un comentario y que lo que no seamos sea capaces de defendernos.

También puede ser que lo que nos dé miedo sea arriesgar. Arriesgar una reputación o un comentario en contra. Tal vez prefiramos mantenernos al margen antes que promulgar o actuar conforme nuestro instinto o convicciones. Y que por ese miedo a arriesgar, recurramos al anonimato para que la acción quede hecha o el comentario dicho, pero la repercusión en nosotros desaparezca.

Sea cual fuere, el denominador común de todas estas posibilidades me temo es la falta de confianza en una mismo, de seguridad. No acabamos de estar convencidos de, o bien, lo que hacemos, o bien cómo lo hacemos, y por eso tendemos a escondernos bajo un pseudónimo o bajo un número de IP.

De cualquier manera, lo que deberíamos procurar entonces es pensar bien lo que hacemos (o pretendemos hacer), y una de dos: o cambiarlo de tal manera que quedemos convencidos; o bien convencernos de que es correcto el planteamiento y pasar a la acción. Si es algo positivo, no tenemos de qué temer; y si no lo es, es malo y por tanto inmoral, ¿por qué queremos realizarlo?

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14 enero 2009

La Prioridad Andaluza


Aquel que es demasiado pequeño tiene un orgullo grande.
Voltaire

Sin duda las palabras de la señora Nebrera no han sido afortunadas. El ataque a una persona por el acento es tan deleznable como por el color de la piel o de los ojos. Sin embargo, no deja de asombrarme la reacción que han generado dichas declaraciones. De repente, el pueblo andaluz se siente ofendido por su modo del habla, cuando está siendo más que pisoteado en el terreno político y económico.

Lo que a mi verdaderamente me ofende (más bien me decepciona) es que estas palabras sean un asunto de Estado y la gestión del gobierno andaluz una mera anécdota. Me ofende que este gobierno presidido por Chaves nos tome por estúpidos. Que compre aprobados de los profesores por 6.000€ para reducir el fracaso escolar. Que el plan de formación para los trabajadores de Delphi sean visitas al parque zoológico (por supuesto con el dinero de todos los andaluces). Que revele por sms las soluciones de oposiciones a sus amigos. Y un largo sinfín de etcéteras.

Desde luego que a todo el mundo estas palabras le han venido bien a todos: al Gobierno, que ha conseguido que se hable menos de la mala (o nula) gestión de la ministra de Fomento o del paro (más de 3.100.000 parados). Y al PP, expedientar con pseudo-argumentos a una rival política (se presentó en contra de la candidatura de “consenso” de Rajoy); por lo que es normal que hasta el señor Arenas se haga el ofendido.

No pretendo justificar, por si queda alguna duda, las declaraciones de esta señora. Pero estimo que hay cosas mucho más importantes que una opinión, que nos afectan en algo más que en el “orgullo” y que verdaderamente atacan y ofenden a los andaluces. Y nadie se queja ni las denuncia. Desde luego hay que pedirle explicaciones, y exigirle una rectificación. Pero estimo que los ataques y las movilizaciones son desproporcionados en cuanto a importancia. Aunque, como ya he dicho alguna vez por aquí copiando al anuncio, la vida es cuestión de prioridades. ¿Y qué es prioritario: un empleo o una ofensa?

Pues así somos. Sacando pecho y orgullo cuando se meten con nuestro habla; pero despreocupados por el fracaso escolar y por las colas del SAS. A veces pienso que no tenemos remedio.

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12 enero 2009

Agobios Varios


Conciencia del tiempo es igual a estrés y agotamiento corporal y emocional.
Shirley MacLaine

Cada día que pasa está más cerca febrero. Febrero es un mal un tanto maldito para los universitarios. Nuestra siembra de todo un cuatrimestre está a punto de ser cosechada, y las conciencias de más de uno empiezan ya a florecer lamentando no haber hecho más cuando se pudo. Vienen los agobios, los estreses la recopilación de apuntes. Pero la suerte ya está echada.

Es singular la sensación de agobio. Y cada cual tiene su manera de exteriorizarla. Las hay muy particulares y diversas, desde comer chocolate hasta reventar, hasta andar con un humor de perros. Pero cierto es que cuando se mira a alguien agobiado ve uno su reacción ante la dificultad.

Porque el agobio no es sino el desborde de una situación, la creencia de incapacidad ante las situaciones, el miedo al fracaso. Y como todo miedo, provoca en nosotros un reacción sublime y desmesurada.

Poco a poco nos vamos convenciendo de que tampoco es para tanto. Intentamos relativizar. Nada es tan importante. Hay otra convocatoria en septiembre, y si no, pues el año que viene la volvemos a cursas y esta vez, nos decimos, sí me la preparo desde el principio. Nos auto-convencemos. Nos tranquilizamos y nos proponemos hacer lo que podamos.

No obstante, para algunos que tienen el deber muy arraigado, no es consuelo suficiente, y tardan en consolarse más de lo habitual. Duermen nada más que regular y no rinden lo que debieran porque su mente está más encaprichada en ver cómo resolver el problema que en el resolverlo en sí.

Y por fin pasa febrero. Y sin saber los resultados, concluimos que tampoco era para tanto, que somos unos exagerados. Y en parte tenemos razón. Pero cierto es también que el diluvio no pareció tanto una vez hubo pasado.

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06 enero 2009

Regalos


El regalo de un libro, además de obsequio, es un delicado elogio.
Anónimo

Ya se ha acabado la Navidad, y por ende mis vacaciones. Resulta amargo para un niño que sus vacaciones acaben justo cuando los Reyes Magos acaban de depositar los regalos sobre sus zapatos. Tal vez todo esté pensado para que dure la ilusión más a los pequeños angelitos y sus juguetes nuevos no decaigan en el olvido a los tres días.

Los regalos son el punto y final de la Navidad, pero el punto y aparte de la vida. Han sido no pocos los regalos que han supuesto un antes y un después en nuestras vidas: nuestra primera video-consola, nuestro primer ordenador propio, nuestro baló de fútbol o nuestra camiseta nueva de nuestro ídolo futbolístico.

Y aunque tremenda fuera nuestra ilusión y alegría, apuesto a que siempre ha sido superior la de nuestro Reyes Magos. Y es que con la edad uno va aprendiendo que regalar puede llegar a ser más reconfortante que ser regalado. Se puede llegar a disfrutar infinitamente más con la sonrisa de alguien a quién queremos que con la nuestra propia.

Sin duda, los comercios aprovechan estas fechas para hacer su particular agosto, y puede que se haya desvirtuado la fiesta en pro del consumismo. No obstante, cada fiesta es para cada uno de forma diferente, dependiendo de cómo la viva. Y la fiesta de los Reyes Magos es una oportunidad magnífica de renovar la ilusión en las personas que queremos.

Los libros son uno de los elementos más recurridos. Hay para quienes son un comodín perfecto: quien no sabe que regalar, siempre puede regalar un libro, que por temáticas y contenidos no será. Pero quien regala un libro a conciencia, un concreto, uno que ha leído, está regalando mucho más que unas cuantas hojas con una tapa de color, está regalando, compartiendo, un parte de su alma.

Un libro puede llegar a significar mucho para una persona. Puede haberle hecho reír o llorar como el más auténtico de los sentimientos. Es un viaje a una realidad diferente, un sueño despierto, sensaciones prestadas. Por ello, todo libro regalado a conciencia siempre levará entre sus páginas mucho más que letras, llevará parte de la persona que lo ha regalado.

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27 diciembre 2008

Distintos Amaneceres


¡He perdido mi gotita de rocío!, dice la flor al cielo del amanecer, que ha perdido todas sus estrellas.
Rabindranath Tagore

Cada parte del día tiene su encanto. Si nos levantamos para ver amanecer, comprobamos como el sol se va despertando a la par que nosotros, como mientras nosotros vamos abriendo nuestra mente y sentimos como nuestra mente va despertando poco a poco hasta conseguir la plenitud de la conciencia, el astro rey aparece desde el horizonte.

El medio día supone el cénit del sol y el apogeo de nuestra conciencia. Ya estamos despiertos, estamos plenos, estamos dispuestas a encontrarnos el sol de frente y disfrutar de su calor. Después de comer, la siesta se hace irremediable. Y conforme va cayendo la tarde, nuestro cuerpo va relajándose hasta ver el sol perderse y la noche llegar.

Nos acostumbramos a darle un color a cada parte del día. Las mañanas siempre tendrán una característica especial para nosotros, igual que las tardes, igual que las noches. Todas estas partes estarán plagadas de sensaciones y recuerdos, mezcladas tal vez con un poco de rutina. Por eso, cuando vivimos partes del día con unas sensaciones que no son las habituales en esas horas, nos choca.

¿O acaso no es distinto el amanecer recién levantado o sin haber dormido? Y es que cuando pasamos la noche entera sin dormir, la mañana no sabe de una manera diferente. Más que como el comienzo del día pensamos que se nos ha acabado la noche. Por un momento nos sentimos más nocturnos que diurnos. Lo que para todos es el comienzo, para los que no han dormido es el final.

Y miramos en una mezcla de admiración y extrañeza a aquellos que acuden a sus puestos de trabajo, aquellos que madrugan tanto, que se levantan con el sol en vez de huir de él. Mirada por supuesto correspondida en extrañeza y ya no sé si admiración o sana envidia. Y podemos llegar a sentirnos incluso privilegiados. Entonces pienso que llegará un día en el que seamos nosotros los que miremos mientras vamos a nuestros trabajos cómo otros cierran la noche y nos ceden el día y que, tal vez, ellos hayan clausurado unas tantas noches también.

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19 diciembre 2008

Democracia Española


Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser o grande o democracia.
Theodore Roosevelt

Desde que tengo uso de razón y asisto a la escuela me han explicado la democracia española como el mejor de los sistemas. Me han explicado la Constitución (siempre el mismo título que versa sobre deberes y derechos) por activa y por pasiva y he hecho tantos murales con el Tribunal Constitucional y la famosa foto de los padres de la Constitución como años he estado en la educación primera y secundaria.

Todo maravilloso. Cada seis de diciembre todos nos hemos enorgullecido de ser demócratas, ser españoles y de poder votar. Me han explicado desde infante que España tiene un sistema representativo, donde el pueblo – qué gran palabra – elige a sus representantes los velan por nuestros intereses.

Leyendo esto así tal cual le dan ganas a uno de sentirse demócrata, de sentirse español y de sentirse salvaguardado por esos cuántos que me defienden – a mí y a todos – todos los días en el Parlamento.

Pero todo el mundo – hasta yo- crece. Y conforme uno va y va creciendo va descubriendo ciertos “agujeros” en esta maravillosa democracia que nos han vendido y que cada vez me huele más a chamuscado.

Nos venden el sufragio universal como el mayor de los logros –que lo es aunque seamos verdaderos expertos en desprestigiarlo – y nos remarcan la capacidad de votar a nuestros gobernantes cada vez que pueden. Lo que se les olvida contar es que nos dan a elegir para gobernar entre “basura” y “estiércol”. ¡Vamos! Que no votamos a nuestros representantes, votamos al partido donde militan nuestros representantes y que supeditan todas y cada una de las votaciones del partido. Y quien se salga de la disciplina de partido, multa al canto. ¡Qué viva la democracia!

La prueba de que no votamos a nuestros representantes y que el Parlamento viene a ser un poco fraude pueden hacerla ustedes. Pregunte los nombres de los candidatos al Congreso por su provincia (sus supuestos representantes) a cada uno de los votantes, y con suerte lee sabrán decir el primero si es que le dicen alguno.

Este sistema de partidos tendría mi perdón si al menos dentro de los mismos existiera democracia. Pero es que no la hay. Nada más tienen que ver ustedes el último congreso del Partido Popular celebrado en Valencia, donde para presentarse uno necesita el no sé cuanto por cierto de los avales. Avales que el candidato “único” - ¿no les suena esto? – recoge avales por todo el partido a diestro y siniestro. Vergonzoso.

Vale. Que elegimos al presidente directamente que viene a ser el líder del partido. Pues juguemos a eso. Juguemos a unas elecciones presidenciales, y hagamos por otro lado unas legislativas, donde evaluemos uno a uno a los congresistas y senadores, y analicemos lo que votan y dejan de votar. A ver si es verdad que defienden la tierra. Pero no se puede. La “disciplina de partido” impide que cada diputado vote lo que crea, en favor de lo que vote el partido.

EEUU será lo que sea. Pero el partido republicano en el Parlamento americano tumbó plan de rescate de Bush – su propio partido. Cualquier día el partido en el Congreso rechaza la moción del presidente de su propio partido. Cualquier día…

La democracia será el menos malo de los sistemas. Pero es que aquí en España no hay democracia. Por eso es asqueroso cuando a nuestros “políticos” se les llena la boca de democracia. Y una vez. Y otra vez. Y democracia por aquí. Y democracia por allí. Y precisamente que no la hay, se molestan en hacernos creer que sí. Porque si la hubiera, todos los sabríamos, todos la sentiríamos como tal. Sería palpable, sería visible y nadie dudaría de que la hubiera o no. Y es que una mentira repetida mil veces acaba por convertirse en verdad.

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18 diciembre 2008

Inteligencia


El hombre se eleva por la inteligencia, pero no es hombre más que por el corazón.
Henry F. Amiel

Tal vez una de las definiciones más complicadas sea la de inteligencia. Tal vez debido a la amplitud de su significado sea casi imposible dar una definición única acerca de ella. Es bastante probable que el término se nos quede corto y pueda resultar ambiguo. La RAE entiende por inteligencia la capacidad de de resolver problemas y a la de la comprensión.

Sobre el primero de los temas he de decir qué es algo relativo. Un ordenador es capaz de resolver sudokus a mucha más velocidad que un ser humano mediante un algoritmo de búsqueda. ¿Es entonces un ordenador inteligente? No. Por lo menos no por resolver sudokus, ya que se trata de simples operaciones matemáticas.

Podremos decir entonces que inteligente el que ha programado o diseñado el algoritmo. Y entonces ¿somos nosotros inteligentes, o lo es quién nos ha “diseñado”?

Hablaremos entonces del tema de comprensión. Somos inteligentes porque somos capaces de comprender un mensaje y comunicarnos con interlocutores similares a nosotros. No sé si alguien ha tenido la ocasión de usar el servicio de atención al cliente de Vodafone. Se trata de una máquina que pregunta sobre lo que deseas, es capaz de comprenderte y además te da instrucciones de lo que debes hacer para solventar tu duda. ¿Es acaso inteligente? Desde luego que no.

Lo que si hace (a día de hoy) diferente al hombre de cualquier máquina es la metáfora y la ironía. Ver el sentido oculto de las cosas es algo a día de hoy exclusivo de seres humanos, y en ocasiones de sólo algunos. Puede pasar que leamos prosas o poemas y seamos incapaces de percibir su verdadero mensaje.

Gracias a mis estudios he tratado en más o menos profundidad el tema de la inteligencia artificial. Prácticamente todo se reduce a algoritmos y operaciones matemáticas y probabilísticas. La diferencia entre una máquina y un ser humano puede residir en la secuencialidad del procesamiento del ordenador, y el paralelismo de la mente; y en el momento en que la computación paralela prospere, tal vez se consigan grandes avances.

Si se consiguiera hacer una máquina que fuera capaz de mantener una conversación con su interlocutor, seguiríamos teniendo otra diferencia con respecto a las máquinas, y tal vez sea una parte de la inteligencia que siempre se pase por alto por la vinculación de ésta a la razón: los sentimientos.

No tengo claro si los sentimientos hacen al ser humano o el ser humano hace los sentimientos. No sé si los sentimientos son parte de la mente humana que crea estos sentimientos como medio de auto-control o son producto del exceso de inteligencia. No sé si son parte de un diseño escrupuloso o productos de un tremendo azar. Pero desde luego ambas versiones tienen sentido.

El ser humano sigue siendo un misterio inmenso. Cada vez que encontramos una respuesta, surgen diez nuevas preguntas. Sea producto del azar o de un diseño increíblemente perfecto, el ser humano sigue siendo apasionante en todos sus aspectos.

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12 diciembre 2008

La Vida Como Misterio


La vida no es un problema para ser resuelto, es un misterio para ser vivido.
Anónimo

Cada día más, el hombre mira más a la cara a Dios. Lo tutea con más frecuencia. A lo largo de la Historia, se le ha reservado a Dios el misterio de la vida y la capacidad de otorgar la muerte, dejando al ser humano un papel meramente pasivo, observador y sumiso respecto a ésta. Hoy, sin embargo, el hombre es capaz de crear vida e intenta disponer la hora de la muerte.

La eutanasia, el suicidio asistido, la muerte digna o como quiera que lo quieran llamar está abriéndose un hueco en el debate social. Apelando a la máxima expresión del liberalismo y tendiendo quizás al libertinaje, el hombre reclama lo que es suyo: su vida. Hace esta reclamación en un contexto egoísta, suponiendo que la vida de uno no afecta más que al individuo e ignorante de su marco social, sus relaciones de afecto extendidas y los sentimientos de sus allegados.

La vida y la muerte han sido siempre tarea de la Naturaleza y de los dioses; cubriéndolas siempre con un halo de misterio. Misterio, que como todos los demás, le otorga cierto encanto.

Algo se vuelve vulgar cuando el encanto del misterio desaparece, cuando todo el mundo tiene acceso a él. Es algo parecido a las leyes de la oferta y la demanda de la economía: cuantas menos personas poseen un secreto, alguna información o algún poder; más deseado se vuelve, más interesante y más se engrandece su valor.
La muerte siempre ha estado al alcance de la mano. Todo el mundo tiene fácil el suicidio. Pero la Naturaleza ha sido sabia y ha escondido la muerte detrás del dolor, haciendo al hombre huir de éste y por tanto alejándolo inconscientemente de la muerte. El progreso ha hecho que la muerte se desvincule cada vez más del dolor, haciéndola pues en ocasiones, incluso apetecible.

Lo único que separa ahora al ser humano a la muerte es la conciencia, la ética, los valores. Desgraciadamente, cada día tenemos más acceso al avance, la tecnología y el progreso, lo que hace que los valores se degraden. El honor y la dignidad cada día son más secundarios, por ser innecesarios. El placer y el bienestar alimentan nuestras necesidades y no encontramos razón para la abstinencia. El exceso de placer y bienestar producen la vulgarización de éste, apartándolo del lujo y acercándolo a lo habitual. Y es que mientras nos vaya bien, el resto da igual.

Tal vez la muerte sea un tema demasiado serio como para dejar que esté al alcance de todos y degradarla de valores. Démosle el misterio y el encanto que posee.

Dediquémonos a la vida y dejemos a la Naturaleza que sea ella la que disponga de la muerte. La muerte será digna si la persona en cuestión ha estado durante su vida envuelta de dignidad.

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06 diciembre 2008

Pensar con Sueño


Muerte es todo lo que vemos despiertos; sueño lo que vemos dormidos.
Heráclito de Efeso

Al final de un largo día, ya sea de trabajo o de ocio, todo nuestro esfuerzo mental y todos nuestros deseos van orientados a un objetivo: dormir. Sentimos como poco a poco el peso del día va posándose sobre nuestros párpados, a los cuales les cuesta cada vez un poco más mantenerse ávidos y despiertos.

Es en esta etapa, en la que deseamos dormir, en la que ya nos empezamos a encontrar torpes: la memoria a corto plazo empieza a fallar, tenemos despistes inusuales, nuestros reflejos empeoran, nuestro razonamiento es un tanto pobre y espeso, etc.

Sin embargo, es con ese sueño, con ese pesar en los ojos, cuando nos sentimos de una forma única. Con el sueño se acentúa nuestra melancolía. Nos sentimos a su vez muchos más agudos en cuanto a sentimientos: sentimos, sufrimos y nos alegramos con mucha más facilidad y rapidez. El sueño nos provoca una neblina mental capaz de sacar de nuestros subconscientes elementos revestidos de ostensible belleza.

Hay quien dice que el estar borracho y tener sueño son la misma sensación. En realidad se parecen. La parte racional se debilita con el sueño, haciendo toda sensación mucho más intensa, como sucede cuando hemos bebido. También es cierto que el sueño nos provoca cierta lucidez mental, razonamos de una manera clara y sencilla, de forma elegante y casi sin esfuerzo. Esto siempre que este sueño no sea excesivo y nos impide casi el habla o nos restrinja la conciencia.

Tal vez puede ser una buena idea dedicarse al alma con sueño. Esto puede ser mediante pensamiento: reflexionando, dialogando acerca de metafísica u otro tema filosófico; o bien mediante el arte: dejando que sea la mente de manera semiautomática quién complete la obra.

Desde luego, el sueño produce puntos de vista diferentes. Y tal vez sea buena idea explotarlos, antes de que seamos demasiado conscientes y los pasemos por alto.

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04 diciembre 2008

Actitud ante la Muerte


Estoy de acuerdo en que las sociedades decreten abolir la pena de muerte; pero que empiecen por abolirla los asesinos.
Jean Baptiste Alphonse Karr

Se está consiguiendo, cada vez más, que la gente vaya teniendo una cierta sensibilidad ante cualquier tipo de violencia. Somos todos, o al menos la mayoría, contrarios a la pena de muerte; y vivimos los españoles en un país donde se ha extinguido. Vivimos ahora rodeados de una serie de campañas contra el maltrato, sensibilizando a la sociedad, instando a que se denuncien los casos de violencia y abusos propios y ajenos.

Somos también partícipes de una campaña en contra del maltrato animal. Luchamos por una “dignidad” mínima de los animales. Nos reenviamos corres electrónicos en contra de las pieles por lo que es necesario para producirlas: la muerte de uno o varios animales. En definitiva, mantenemos constantes luchas en pro de la vida, de cualquier tipo de vida, ya sea vegetal, animal o humana.

Cada vez andamos más concienciados, más seguros, de que la vida es lo más sagrado que tenemos, por eso de ser estrictamente lo único que tenemos. Todos sentimos un estremecimiento al ver la muerte, incluso a veces nombrarla nos produce cierto malestar. Nadie se mantiene indiferente cuando presencia el atropello de un perro o la simple visualización de un cadáver.

Sin embargo, todo esta apología por la vida, todo este respeto a los animales, a la vida, en contra de la violencia y del maltrato contrasta con lo que pasó ayer tarde. Un hombre fue asesinado; y sus compañeros de cartas continuaron plácidos su partida, como si nada hubiera pasado ¿Cómo, nosotros, que sentimos lástima incluso por los animales de granja, podemos sentir indiferencia, ya no por el asesinato (que no muerte) de una persona cercana a nosotros? No digo ya de algún anónimo, que también sería sorprendente si esta persona es asesinada a unos metros de nosotros.

Hay ciertas cosas que me cuesta comprender, ciertas cosas a las que no acabo de acostumbrar, que rayan en el sentido común. Y sólo me sé dar dos explicaciones: o que estos compañeros de cartas de la víctima son unos completos desalmados, o que en el País Vasco impera por completo la dictadura del terror.

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01 diciembre 2008

La Medición del Tiempo


La conciencia del tiempo, bajo su forma más pura, es el aburrimiento, es decir, la conciencia de un intervalo que nada atraviesa o que nada puede llenar.
Louis Lavelle

¿Alguien se imagina la vida sin tiempo? O mejor planteada la pregunta, ¿la vida sin la medición del tiempo, sin relojes? Desde luego, y más hoy en día, la vida sería un caos. La medición del tiempo ha sido otra de las tantas obsesiones de la Humanidad a lo largo de la historia. Hay hasta teorías que creen que el Stonehenge es un reloj, ¿cuántos años hace de su construcción?

Pues eso amigos, que otro condicionante de nuestras vidas es el tiempo. Todo lo tenemos estructurado, medido y marcado dentro de unos límites horarios, dentro de una temporalidad y de unas fechas. El calendario es imprescindible en nuestras vidas.

Pero lo preocupante no es que sea sólo por necesario (por ejemplo horarios de trabajo, medios de transporte, etc), si no que nosotros mismos sentimos coacción psicológica por el reloj. Según la hora que sea nos podemos permitir hacer unos u otras cosas. Aunque tengamos un sueño atroz, si miramos el reloj y vemos que es pronto aún para acostarnos, nos resistimos a hacerlo. Y al revés sucede a veces también: que cuanto más tarde vemos que es, más sueño nos parece padecer.

La medición del tiempo ha sido un producto básico para el progreso, procurando el desarrollo del hábito y de lo habitual. Aunque es tema de otra entrada, que importante es también para el mundo el establecimiento de hábitos y pautas para los procesos. Pero como ya he dicho, eso será otro día.

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25 noviembre 2008

El Consuelo de un Porqué


Frío e insípido es el consuelo cuando no va envuelto en algún remedio.
Platón

Hay personas que tenemos un curioso defecto: no nos conformamos con los hechos y siempre queremos saber algo más que consideramos fundamental: el por qué. Bien sabemos que no cambiarán las cosas, que lo que haya sido seguirá siendo, mas sentimos una intensa necesidad bien de sufrimiento, bien de aprender de lo cometido.

El hecho de querer saber la estructura de las consecuencias de los acontecimientos no demuestra sino una resignación ante la realidad. Pero no una resignación pasiva como sufre la mayoría de las personas; si no una activa, un deseo de cambiar el pasado, de arreglar lo roto y de enderezar lo torcido.

Pero sucede también que el hecho de saber demasiado, el hecho de sobrepasar el umbral del conocimiento necesario y básico acontece consigo una serie de desagradables noticias. Mas no por eso se desanima el intelecto para la próxima inquisición; sino que la próxima vez lo tomará como un examen sobre lo ya acontecido una vez.

Y es que, como ya digo, somos así de inútiles. Incapaces de vivir lo que la vida nos proporciona. Vivir los hechos y no los porqués, que son los que muchas veces traen los verdaderos quebraderos de cabeza. Aceptar, resignarse y continuar no basta; es necesario analizar, filosofar, discurrir y por último aprender. Comprender. Entender la esencia de lo que verdaderamente somos, que no es otra cosa sino lo que hacemos.

Por tanto amigos, buscamos los porqués de las cosas en busca de un consuelo, de un razonamiento certero que nos alivie el fracaso. Y nos consuela el porqué porque en él buscamos un eslabón que falla, un trozo de la maquinaria que no estaba lo suficientemente bien encajada, porque de ese porqué, de ese fallo, buscamos al responsable de todo lo que ocurra. Maldecimos ese porqué y nos engañamos creyendo que ese era el problema, cuando el realidad el problema es el hecho en sí. Es, sin duda, una forma más de mirar hacia otro lado, de eximir responsabilidades, de obtener consuelo.

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22 noviembre 2008

La Llamaban Libertad


El hombre nunca ha encontrado una definición para la palabra libertad.
Abraham Lincoln

Está ahora, y desde hace ya algún tiempo, muy en la boca de estos pseudo demócratas y pseudo progresistas la palabra libertad. Si hubiera un campo en la filosofía que pudiera resultar el más amplio, éste sería un serio candidato; ya que podríamos escribir cientos y cientos de hojas acerca del tema y todavía quedarían flecos sueltos.

La historia de la Humanidad ha sido una continua lucha en pro de la libertad. La abolición de la esclavitud o el sufragio universal han sido uno de los grandes logros, de los cuales podemos concluir que somos un poco más libres; pero bien me temo que la palabra libertad jamás podrá ser definida correctamente por la sencilla razón de que alberga demasiados campos y grados.

La palabra libertad se queda muy corta. Habría que inventar más palabras para que definieran distintos grados de libertad. Porque la libertad sólo puede ser comprendida y evaluado en un contexto, en un marco, y por tanto, de manera relativa. Podemos, por ejemplo, sentirnos libres para decidir si ir a Madrid o Barcelona, elegir cuál es nuestro equipo de fútbol favorito o de qué color vestiremos hoy; pero sin embargo podemos sentirnos reprimidos ante la incapacidad de volar.

Por tanto, amigos míos, la libertad puede estar más cerca del sentimiento que de la razón. No se trata tanto de ser libres como de sentirnos libres. La libertad es algo subjetivo, algo personal, algo que cada uno aprecia para sí mismo. Podemos ser esclavos de una rutina y sentirnos dichosos de libertad. Ser libres representa la armonía entre el deseo y la capacidad, entre el querer y el poder. Sólo siéntese uno esclavo u oprimido cuando desea decir o hacer algo, y algún obstáculo lo impide.

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18 noviembre 2008

Divide y Vencerás


Cuanto más se dividen los obstáculos son más fáciles de vencer.
Concepción Arenal

Ya los romanos utilizaban en sus antiguas estrategias de guerra la división del enemigo para así debilitar la fuerza de éste y hacer favorable la batalla. Y es que, como ya dice la sabiduría popular, la unión hace la fuerza; y por consiguiente, la desunión, la debilidad.

Y esta división es lo que andan buscando aquellos que lo único que pretenden en campar a sus anchas por el mundo del poder y la política. Para ello invierten tantas energías en campañas de división entre españoles, entre izquierda y derecha, entre buenos y malos, entre ellos y nosotros. Y nosotros, el conjunto de los ciudadanos me refiero, caemos en la sutil trampa que nos preparan, caemos en nuestra desunión.

Ya por los años de la II República se manejaba esta terminología, esta distinción de las dos Españas. Y no contentos con la distinción y separación, se han dedicado a promover el odio entre estas divisiones, de tal manera que aumenten los prejuicios de manera desorbitada de los unos contra los otros.

Consiguieron pues la división de los españoles entre unos y otros. Tal fue la división que ésta derivó en una guerra, una guerra entre hermanos, de rencillas entre parroquianos, entre vecinos del mismo pueblo; donde los odios personales se impusieron a las ideologías. Odios que mantenían a todos ocupados en vigilar al vecino que no veíamos como otros andaban por los barrios del poder. Y tanto anduvieron, que les duró cuarenta años. Desde luego les salió rentable el negocio.

Llegó después la transición. Y España volvió a ser una. Se unió en torno a una Constitución. Y esta unión ha sido la que más próspera ha hecho a España jamás.

Sin embargo, poco a poco, y viendo que la unión entre los ciudadanos hacía más consistente el sistema, más democrática España, reinventaron la división, el odio, la guerra de las dos Españas. Y con ese mismo argumento, con esa misma guerra, con esas misma heridas; hoy nos vienen a la luz pública personajes que sólo pretenden la desunión de los españoles para llegar al poder o para conservarse en él. Y otra vez se repite lo mismo: los prejuicios para con el partido contrario (ojo, que no hablo de ideología sino de partido), el fanatismo, el odio de los unos contra los otros.

Y es que aunque los ansiosos de poder pudieran expulsar del país a todos aquellos que llaman sus enemigos, la cosa no cambiaría: buscarían otro elemento de desunión, otro elemento de odio entre hermanos, otra polémica con tal de tener a la gente en continua lucha y mientras ellos hacer en el poder (legitimados por el odio hacia el enemigo) lo que se les antoja.

Digo legitimados por el odio hacia el enemigo porque muchísimos votos de cada partido son para que no gobierne el otro, en vez de a favor de uno. Y lo único que consiguen es que se tienda al bipartidismo y por tanto al retroceso democrático, a la desaparición de la diversidad ideológica, a la escasez de alternativas.

Y todo esto está permitido debido a la desunión que profesan, al odio al enemigo, al adversario, provocando desunión. Y caemos en su trampa y ni nos damos cuenta.

Visto lo visto sólo tengo algo que pedir a mis lectores: que no nos dejemos dividir, que no nos dejemos vencer.

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15 noviembre 2008

Mirar Hacia Otro Lado


Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.
Martin Niemöller

Estamos hartos de leer periódicos y ver informativos televisivos donde nos cuentan las miserias humanas. Leemos o escuchamos, y después de la recepción de información, sentimos un ligero alivio al saber que el tema no va con nosotros. Lamentamos, a veces, la fortuna de los protagonistas del suceso, y acto seguido miramos para otro lado.

No hay una conciencia ciudadana de lucha por lo justo. Somos unos auténticos conformistas, unos egoístas por omisión, unos pasotas, unos borregos.

Estamos hartos también de ver toda clase de abusos a nuestro alrededor, de comprobar que la codicia humana no tiene límites y que el dinero prima siempre por encima de las personas. Y no nos disgustamos, o quizás sí. Pero en cualquier caso no movemos un dedo ni alzamos la voz para que esa injusticia o abuso no siga sucediendo.

¿Y eso por qué? Porque vivimos bien. Porque pensamos que eso no nos va a pasar a nosotros, que eso no tiene nada que ver con nosotros. Pero lo cierto es que todos somos susceptibles de alguna desgracia; y si generalizamos esa indiferencia hacia los demás en sus problemas, esa misma indiferencia recibiremos cuando seamos nosotros los desgraciados.

Si nos miráramos por dentro, nos daríamos cuenta de que somos unos cobardes que no somos capaces de hacernos oír ante las injusticias. Pero es que tampoco lo hacemos, porque sabemos que no recibiremos respaldo de nuestros compañeros y vecinos. Y es un círculo vicioso que nunca acaba; pero que lo único que consigue es que el poder, la administración y las autoridades puedan hacer con nosotros los que le de la gana, y encima se lo permitamos.

Reflexionemos un poco sobre lo que la unión puede hacer. Y no ha de ser una unión explícita. No. Simplemente que el sentido común y el sentido de la justicia sean nuestros eslabones. Si tuviéramos el coraje de denunciar lo injusto, cada uno por separado, al final formaríamos un grupo numerosísimo de descontentos; y no el silencio que respondemos ahora.

El poema que he dejado hoy como frase se refiere a lo que pasó en la Alemania nazi. Denuncia de manera magistral cómo el silencio y la pasividad de unos y de otros permitieron las atrocidades. Si hubiera sido un poco solidarios, quizás otro gallo hubiera cantado.

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11 noviembre 2008

Un Día Cualquiera


Sin esperanza se encuentra lo inesperado.
Heráclito de Efeso

Te levantas un buen día. Un día cualquiera. Uno de tantos otros, con la salvedad de que es fiesta, pero sin nada de especial, sin ningún plan que despierte un entusiasmo fuera de lo normal. Te levantas porque en algún momento del día tienes que levantarte. Desayunas, estudias, ves un rato la tele y haces el vago otro tanto. Recuerdas que has quedado, a eso de las siete de la tarde, como otros tantos días.

Pero resulta que hay una salvedad, hoy quedamos para preparar una fiesta, y quedamos con la dueña de la casa, a quien ni conocemos. Precisamente ese el objetivo de quedar, conocernos un poco antes de invadir una casa ajena, y ya intentar encontrar un denominador común en los gustos para la hora de elegir las bebidas y los juegos o cualquier cosa que vayamos a hacer.

La dueña es la amiga de unas amigas. La conocemos, o al menos yo, de vista; de haber coincidido en algún cumpleaños o cualquier otro evento de mayor escala. Sé su nombre, su cara; y el de algunas amigas que también están invitadas a la fiesta. Por lo menos conocemos gente nueva, nuevos aires –pienso- aunque a veces las mezclas pueden resultar heterogéneas. Pero bueno, es una fiesta, y el alcohol siempre echa una mano a la hora de la socialización.

Llega la hora y estamos todos en el lugar. Nos vamos a un bar, pedimos nuestras consumiciones y empezamos a hablar un poco de quiénes vamos a ir, qué vamos a comprar y cómo tenemos pensando que transcurra la noche.

La conversación con nuestra anfitriona resulta fácil y agradable, ya que se muestra entusiasta ante nuestras propuestas. Se va animando la conversación. Reímos, comentamos y planificamos. Cruzamos alguna mirada, alguna sonrisa. ¿Cómo no había hablado nunca antes con ella? Poco a poco vamos concretando y se van vaciando nuestros vasos.

Proponen, una vez ya aclarado el tema de la fiesta, ir a otro lado; por no acabar lo noche ahí. Me parece perfecto. Es pronto para volver a casa y acabo de descubrir unos ojos y una sonrisa que me inquietan más de la cuenta, ¿qué me pasa? Es extraño, pero siento una especie de adicción: necesito mirar, necesito ver. Y me siento bien cuando las miradas se cruzan.

Una vez allí empiezo a buscarla de reojo. Está con sus amigas, que también son las mías. Nunca pierde la sonrisa. Parece tan feliz, tan entusiasta, tan llena de energía. Y encima es guapa. Pero su belleza es especial… no es una belleza comercial, ni sensual. Es una belleza simple y jovial, alegre, llena de luz. No es una belleza espectacular, es una belleza inocente. Y me gusta.

El azar, ella o yo, quiere que nos quedemos a solas. Hablamos de los estudios, del colegio, de nuestras amigas… de banalidades; pero es que toda relación empieza con banalidades y según pasa el tiempo los temas y el interés evolucionan lentamente. Se va. Vuelve con sus amigas. Y yo me quedo donde estaba pensando.

Se hace tarde y hemos de irnos. Ella se va dirección opuesta a la nuestra. Les pregunto a mis amigas por ella. Les digo qué hemos hablado, y a la vez pienso todo lo que me queda por hablar. Les pido su dirección de correo, y una vez en casa la agrego al programa de mensajería instantánea, esperando que no se moleste por el atrevimiento.

Es tarde. Me acuesto ya ignorante de mi futuro. Cierro los ojos con el recuerdo de su sonrisa en mi cabeza. Por primera desde hacía mucho tiempo vuelvo a tener interés en que llegue el día siguiente. Sus ojos me siguen mirando. Yo me voy quedando dormido. Y por fin, un día más, un día cualquiera, termina…

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07 noviembre 2008

Conformismo e Inquietudes


La vida no es un problema para ser resuelto, es un misterio para ser vivido.
Anónimo

El siglo XX ha significado sin duda alguna un aumento exponencial tanto en calidad de vida como en progreso de los ciudadanos del mundo, en concreto de los ciudadanos occidentales. Este progreso ha venido propiciado por el desarrollo de las tecnologías de la información así como de un considerable progreso en la ciencia en todos sus disciplinas.

Este progreso tan profundo en la ciencia y la tecnología ha dado lugar, probablemente, a que otros aspectos del ser humano queden relegados a un segundo plano, como puede ser la ética, la autorrealización, las creencias o los principios.

Ha llegado un punto en el que creemos ser dueños y conocedores de todo. Hemos llegado a creer que nada necesitamos salvo un trabajo, una casa y el alimento que nos sostiene como elementos básicos, y algún que otro capricho en el ámbito del placer. Nos sentimos tan sumamente bien que hemos caído en un conformismo constante, relegando las inquietudes y las metas a elementos de la historia.

Hemos vivido sumamente bien durante años, creyendo que todo andaba bien porque satisfacíamos nuestras necesidades. No hemos querido mirar más allá de nuestra nariz, ni hemos querido ser hormigas de fábula, previendo el futuro; es más, hemos sido cigarras despilfarradoras e insolentes.

Hemos hecho de las inquietudes un hobby o una rareza. Nos hemos dormido en la mansedumbre que provoca la tele-basura. Hemos caído en el conformismo absoluto, en el borreguismo más feroz a causa de nuestro bienestar.

Y debe sobrevenirnos el paro y las dificultades económicas para darnos cuenta de que no todo es tan perfecto, cuando se veía a leguas que no podríamos estar toda la vida vendiendo pisos. Siempre fue más importante la codicia que el deber.

Hemos visto a un Gobierno que una legislatura entera no ha movido ni un dedo en prevenirse, en guardarse las espaldas. Y mientras tanto nosotros mirábamos para otro lado, porque nos iba bien.

Sin embargo, debemos de tomar conciencia que siempre quedará mucho por hacer, siempre habrá algo que mejorar, y siempre se podrá pulir algún detalle. Caer en la soberbia de la ilusión de que todo lo sabemos, que todo lo tenemos y que todo es perfecto no es sino adelantar nuestro perecimiento, como bien la historia vuelve a demostrar.

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04 noviembre 2008

La Complejidad de lo Evidente


Como los sentimientos, la evidencia se demuestra, pero no se proclama.
Juan Teba

Es curioso que el cerebro humano haya desarrolado la capacidad de complicarlo todo. Conforme vamos adquiriendo nuevos conocimientos y nuevas capacidades vamos relegando en estas la responsabilidad de proporcionar soluciones apartando la simpleza de nuestra camino y de nuestras herramientas más a mano.

Es muy dado, sobre todo en las ciencias, emplear las herramientas más potentes que sabemos, por ejemplo derivación e integración, en problemas que con un poco de paciencia se obtienen con simples ecuaciones.

Y este método es aplicable a otras disciplinas de la vida. Obviamos la lógica evidente en favor de otra mucho más maquiavélica y retorcida. Buscamos motivos dónde no los hay. Pasa como con nuestra imaginación, que cuando desea ver algo, por ejemplo cuando alguien teme encontrarse a alguien en la oscuridad, al final lo consigue, creyendo ver fantasmas en esa oscuridad.

Y es que la mente tiende siempre a agudizar su ingenio, a exhibir sus capacidades. No se conforma con la suma si puede multiplicar; no se conforma con los axiomas simples si puede que haya otra lógica más compleja. Repudiamos lo simple porque sobrestimamos nuestro esfuerzo; porque preferimos sacar a relucir nuestro trabajo ante lo costoso que conformarnos con lo simple de una solución.

Por eso tantas veces tenemos las respuestas que buscamos delante nuestra sin ningún tipo de maquillaje, tal cuales son, y nos empeñamos en creerlas falsas y trazar otro argumento más sinuoso.

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03 noviembre 2008

El Lugar de Nacimiento


Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir.
Federico García Lorca

Sin duda un acto involuntario entre los involuntarios es nacer, al menos desde la perspectiva subjetiva, es decir, en primera persona. Nadie nos ha preguntado jamás si deseábamos nacer, si deseábamos existir; y sin embargo lo hacemos, por voluntad de unos padres, y sin posibilidad ni de reproche ni de enmienda; al menos desde un punto de vista ético tradicional (por eso del no suicidio como normal moral) y natural (por eso del instinto de supervivencia).

Una vez se ha nacido, por tanto, no se tiene remedio. Se ha de contentar o resignar uno con lo que tiene. Ha de resolver sus propios dilemas, labrar un futuro y elegir una senda por la que ha de acontecer su vida. Y así, en base de lo que uno vaya escogiendo (y por tanto de lo que uno vaya renunciando) su vida girará en torno a unas u otras cosas, y se llegará a un sitio u otro.

Pero no sólo de nosotros depende nuestra vida. Depende mucho más de lo que somos incapaces de cambiar que de lo que sí. No podemos elegir nuestros padres, ni nuestra cultura, ni nuestra infancia más tierna. Tampoco podemos elegir nuestro país, ni nuestra familia. Debemos aceptarla y con más o menos habilidad y destreza, encauzarla por nuestros apetitos e intereses.

Y es ahí donde reside la verdadera proeza de los hombres: construir una vida, un proyecto de vida, a partir de una base que puede ser totalmente contraria a lo que hubiéramos escogido.

Pero qué injusta es realmente la vida. Determina el dolor o el sufrimiento de una persona sin más criterio que el azar, que la familia, que de donde nazcamos. No nos mira a los ojos, ni nos hacen una prueba psico-técnica; ni nos mira nuestro expediente académico, ni nuestros antecedentes penales o delictivos. Da igual el carácter de cada uno, la bondad o la nobleza. El punto de partida quedará siempre determinado por la suerte o el infortunio.

Y después de tanto lidiar con nuestro destino, con nuestro azar o con nuestras circunstancias (distintos nombres de una misma causa); después de haber sobrevivido, haber sufrido y padecido una vida que nadie nos ha preguntado si queríamos o no vivir, llega la muerte, la inevitable muerte. Y puede que ésta llegue cuando más cariño le habíamos cogido a nuestra existencia, cuando habíamos aprendido a soportar el dolor y a superar los baches de la vida, el mismo azar nos devuelve al mismo sitio de dónde veníamos: la nada.

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