21 junio 2009

Integración


Poetas, nunca cantemos
la vida de un mismo pueblo,
ni la flor de un solo huerto.
Que sean todos los pueblos
y todos los huertos nuestros.
León Felipe

Estamos hartos de escuchar mensajes desde todas partes en pro de la integración de las personas en la sociedad. Todas las personas, incluso las que no quieren integrarse, han de estar integradas. Todo hemos de vivir en paz y armonía bajo las mismas normas, costumbres y valores. ¿Pero es realmente esta integración un acto de solidaridad o de egoísmo?

Integrar puede entenderse como el hecho de inculcar y permitir a diferentes adoptar costumbres y hábitos propios. Para integrar a alguien el primer paso es que este sujeto quiera integrarse; porque si no estaremos hablando de imposición y, según el grado, de adoctrinamiento. La integración ha de ser una oferta más que un hecho, una posibilidad, un gesto voluntario de acercamiento entre grupos diferentes.

Lo natural del hombre no es la aceptación de todos los grupos de personas ni toda la clase de costumbres. Es más, lo natural es despreciar lo diferente, ya que supone un ataque a nuestra identidad, a nuestro yo, a lo que somos; y la forma más fácil de reafirmar el yo es negar cualquier otra realidad diferente a la nuestra.

Esta reacción es propia de personas y grupos inseguros, de gente temerosa de dejar de ser lo que es, de no tener un concepto claro de lo que se es y no querer mezclarse para con el resto; para intentar así preservar su identidad. Cuando un ideal o concepto se mantiene únicamente con el argumento de que es propio, que es de uno, y todas las bondades que él puede darse son esas; nunca podrá ser del todo bueno, y es probable que su vida sea corta y efímera.

Es siempre necesaria la elaboración de un “yo”, de labrarnos una identidad. Pero ésta ha de estar cimentada en principios. Por ello, una personalidad (individual o colectiva) fuerte no va sino a ganar del intercambio con otros “yo”. El rechazo a la diversidad sólo es un síntoma de inseguridad y debilidad.

La historia nos da claros ejemplos: los grandes imperios han sido aquellos que a la vez que conquistaban pueblos, los respetaban e integraban; respetando sus costumbres y tradiciones, creencias y cultura. Alejandro Magno es posiblemente el ejemplo más claro: ha sido el imperio más grande en menos tiempo construido. Y la clave de su éxito puede deberse a la aceptación e integración de las culturas y pueblos que iba conquistando.

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18 junio 2009

Evolución


Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos.
José Ortega y Gasset

Es fácil pensar que todo lo relacionado con el hombre poco tiene que ver la Naturaleza. Al menos, en el lenguaje común, hay una clara distinción entre lo natural y lo artificial; entre las Ciencias y las Humanidades. Lo cierto es que el hombre, por más que se empeñe, siempre tendrá algo de natural; algo que lo hará verse y sentirse dentro del mundo natural; instintos que se escapan al régimen racional.

Una característica más común entre la naturaleza y las sociedades humanas es la evolución. La evolución se produce en el hombre tanto a nivel de individuo como a nivel de grupo o sociedad. Evolucionar significa mejorar, crecer, ir más allá de donde ya se ha llegado, avanzar.

Las sociedades han llevado a cabo una tremenda evolución a lo largo de la Historia, procurando siempre el respeto de cada individuo por encima de los intereses colectivos de los países y gobiernos. Las sociedades han evolucionado gracias a la razón de los intelectuales a que las han iluminado, de los idealistas y filósofos que han vislumbrado mejoría para cada uno de los componentes de esta sociedad. Pero la evolución de una sociedad es imposible sin la evolución de cada uno de sus integrantes.

Los individuos han de evolucionar también por separado. Es fácil, y cada día más, conformarse con una vida plácida de sofá, fútbol y bares; donde la única preocupación sea el disfrute personal y la ausencia, precisamente, de preocupaciones. Todo individuo que llega a esta situación ha dejado de evolucionar, cree que ya ha evolucionado todo lo que debiera, y por tanto se estanca. Es preciso mantener siempre el espíritu inquieto, sintiendo que aún nos falta algo por aprender, lugares por visitar, personas por conocer.

No debemos caer en la complacencia del bienestar intelectual; porque en el momento en que nosotros, como componentes de nuestra sociedad, nos estanquemos; la sociedad dejará asimismo de evolucionar.

La educación de una sociedad es un proceso muy importante para ésta; ya que enseña a sus miembros los valores de la evolución. Hoy día, el sistema de educación español hace creer a los alumnos que suspenden diez asignaturas que están evolucionando, ya que los hacen pasar de curso. Les hacen creer que ese es el camino de la vida, que tal será la recompensa para su trabajo.

El problema no lo tenemos hoy, ni tal vez mañana. El problema llegará cuando la mayoría de estos no-evolucionados sean la población activa del país y de ellos dependa la evolución de la sociedad. ¿Qué podrá hacer entonces el país, sino resentirse de perder dos o tres generaciones de evolución?

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11 junio 2009

Juegos de Azar


El azar sólo favorece a quien sabe cortejarlo.
Charles Nicolle

Los juegos de azar tienen ingrediente que le añaden adicción respecto a los otros: la incertidumbre. Parece que el hecho de no tener un control absoluto sobre el juego sino dejar una pequeña parte al azar convierte al entretenimiento en una cosa mucho más interesante que sin este factor de suerte.

Ganar en un juego de azar nos da una sensación parecida a la de predecir el futuro. Nos hace creer por un momento que nuestra inteligencia o intuición está por encima de la del resto, y somos, por un momento al menos, superiores a los demás. Ganar es adictivo, pero ganar sin saber muy bien por qué, multiplica su adicción.

El juego nos atrae porque queremos controlar el azar, queremos ser capaces de saber qué es lo que va a pasar; y aunque sabemos que es algo imposible, nos empeñamos en ello. Nos gusta creer que controlamos el futuro, que sabemos qué es más o menos cierto, que el azar se puede racionalizar, se le pueden asignar reglas; pero lo cierto es que una infinidad de factores incontrolables que pueden alterarse para que un partido no lo gane el, a priori, favorito.

Hay incluso quien siente una extrema atracción por el riesgo, por la emoción. La sensación que provoca en el cuerpo no la pueden urdir tan fácilmente, y necesitan continuamente de incertidumbre y de victoria con incertidumbre. Es, posiblemente, lo que le pase a los ludópatas, o lo que sienta cualquier jugador de ruleta rusa, ya que no se ha de estar en condiciones muy normales como para jugarse la vida tan aleatoriamente.

Es curioso como lo incontrolable y misterioso tiene tantos adeptos, aunque tal vez sea ese el motivo de su éxito.

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06 junio 2009

Ciencia y Religión


La religión sin la ciencia estaría ciega, y la ciencia sin la religión estaría coja también.
Albert Einstein

Siempre ha sido, y mucho me temo que seguirá siendo, un debate candente el que enfrenta a la religión y a la ciencia. Ambos, al menos en su origen y esencia, pretenden dar una explicación de los fenómenos que acontecen a nuestro alrededor. Lo que difiere entre ambos son sus métodos.

La ciencia intenta encuadrar todos los procesos en una serie de reglas racionales y normas donde todo encaje y tenga relación lo uno con lo otro. Intenta dar una visión unánime e inapelable de que es la realidad, sin ambigüedades y sin puntos de vista. Sin embargo, esto es hoy posible solamente para algunas cosas, como son la aritmética o el cálculo de las fuerzas gravitatorias. Para otras tantas, como supone la evolución humana o el origen del Universo, sólo tenemos teorías (teoría científicas, pero teorías al fin y al cabo) donde la comunidad científica no cesa de debatir y presentar posturas contrapuestas.

La religión también participa de estas teorías, pero mientras la ciencia cree que todo se crea y forma en la misma Naturaleza a través de ella misma, la religión piensa que hay un súper arquitecto-ingeniero-diseñador (Dios, o dioses en las politeístas) que ha trazado todo el Universo con una perfección sublime (creacionismo). Desde luego, cuando uno aprende sobre los complejos mecanismos del cuerpo humano (por ejemplo) no es disparatado pensar por un momento que se trata de la mejor obra de ingeniería creada, de un diseño perfecto, de una máquina casi infalible; aunque realmente no sea así.

Pero lo que la religión aporta que no aporta la ciencia son una serie de valores. Las religiones distinguen siempre entre lo bueno y lo malo, lo que ha de hacerse y lo que no. La ciencia (hablamos estrictamente de ciencia, no de bioética y otras disciplinas), no se inmiscuye en esos temas. La ciencia nos explica qué es lo que ocurre a nuestro alrededor, y cómo ocurre; pero no puede explicar nada más allá de los fenómenos que acontecen en el mundo. No puede decirnos qué hemos de hacer para ser felices o para sentirnos bien con nosotros mismos.

Y puede que de aquí surja el debate y dilema entre los religiosos y los agnósticos y ateos: ¿qué es preferible, la verdad acerca del mundo; o la felicidad en nuestras vidas?

Por supuesto que no son cosas incompatibles; pero quien cree ciegamente en una religión es incapaz de aceptar partes de la ciencia que atenten contra sus creencias; y al igual sucede de manera contraria: nadie que crea en el método científico podrá aceptar nada proveniente de la religión que contradiga a la ciencia. Y obvio es que, en muchos aspectos, profesan opiniones distintas.

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02 junio 2009

Desgracias


La desgracia abre el alma a una luz que la prosperidad no ve.
Herni Dominique Lacordaire

Dice la sabiduría popular que las desgracias nunca vienen solas. Es razonable creer que las desgracias que le acontecen a uno no tienen nada que ver entre sí salvo el sujeto pasivo que las sufre: uno mismo. Las leyes de la probabilidad (lo que pretenden ser las leyes del azar, paradójico cuanto menos) avalan la teoría. No obstante, estas mismas leyes nunca dicen que sea imposible, sólo improbable.

Tal vez esas desgracias influyan en nuestro estado de ánimo, lo que hace provocar un mayor efecto en las siguientes. En otras palabras, que nuestra mente aumenta el efecto de un segundo mal debido al desánimo que provoca el primero. Cuando esto sucede, hablamos de que hemos caído en una mala racha, en una mala época o que simplemente tenemos últimamente mala suerte.
Este domingo he creído experimentar una situación parecida: perdió Unicaja de Málaga, perdió Rafa Nadal y descendió el Betis. Todo en un mismo día. Por suerte, todos estos temas son banales; pero no por eso uno deja de sentir desánimo y pensar que está tocado por algo, alimentando un poco la superstición.

Cuando suceden cosas muy improbables (como el caso de que se perdieran los tres partidos) uno piensa que no puede ser cosa del azar, que debe haber algo o alguien que castigue o premie. Es imposible no mirar el cielo en busca de una explicación, aunque de él sólo vayamos a encontrar nubes o estrellas, dependiendo de la hora del día.

Tras un breve rato de auto-compasión uno cae en la suerte que ha tenido, ya que al fin y al cabo todo lo sucedido ha sido totalmente inofensivo, salvo un disgusto. Pero ¿quién garantiza a uno que este mismo azar no se vuelva en contra de uno en otros aspectos tan improbables y muchos más trascendentes que perder tres partidos un mismo día?

Por eso ha uno de vivir siempre alerta a la vez que sentirse afortunado; sin confiar demasiado en las cosas que posee, ya que es imposible saber cuando el destino o el azar van a darle la vuelta a la tortilla, por muy bien que parezca que va todo.

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27 mayo 2009

Lenguaje y Pensamiento


El hombre es tantas veces hombre cuanto es el número de lenguas que ha aprendido.
Carlos I

Creo firmemente que el pensamiento está condicionado por el lenguaje. Pensamos en una lengua, y por tanto, nuestras limitaciones del lenguaje acarrean otras tantas de pensamiento. No significa esto, sin embargo, que sin lenguaje no sepamos pensar, ya que hay multitud de pensamientos que existen como tales, y cuyos conceptos tenemos claros en nuestra cabeza, pero no somos capaces de adecuar ni canalizar para convertirlos en palabras; o simplemente no tiene sentido transformarlos en palabras.

Cuando pensamos en un mapa o un plano, no pensamos en palabras. Tal vez las acciones sobre él si estén pensadas en una lengua, pero no el concepto mental que nos hacemos de él. No obstante, el hecho de tener un número finito de palabras en una lengua, nos hace tener un número finito de pensamientos y de conceptos. Y es por eso que las lenguas cambian y evolucionan, porque el pensamiento desborda a las lenguas, y es necesario crear palabras para nuevos conceptos e ideas, de tal manera que cuando hablemos con alguien, éste sea capaz de reproducir nuestro pensamiento en el suyo.

Sucede también que hay palabras que no existen en todas las lenguas. Uno se da cuenta de esto cuando intenta hablar otra lengua que no es la suya, e intenta traducir directamente de la nativa, en vez de hablar directamente la nueva lengua (muy probablemente porque no tiene conocimientos suficientes). Pasa al revés también, cuando uno quiere dar un sinónimo en su lengua nativa sobre una palabra en otro idioma, pero se da cuenta de que el matiz que tiene esa palabra en la lengua foránea necesita una larga explicación, que no hay una traducción directa.

Es por tanto que los bilingües auténticos tienen una gran ventaja sobre los que sólo hablamos una lengua y chapurreamos alguna otra. Tienen en su cabeza dos modelos de pensamiento diferentes, dos formas de entender conceptos y comprender su realidad. Dos manera de expresare. Porque por mucho que se parezcan dos lenguas, hablar en una u otra lengua nos hace cambiar el registro del habla, el tono e incluso puede que a veces la personalidad.

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13 mayo 2009

La Canción del Pirata


Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
José de Espronceda

Ha querido el azar que esta tarde sonara una de las canciones que tanto he cantado en mi adolescencia. Casualmente, la letra de esta canción tiene cerca de dos siglos; aunque la versión musical que yo escuché es bastante reciente. Es magnífica la recreación que hace el autor de la vida de piratas, de lo que debía pensar uno de ellos y en lo que realmente consiste el espíritu de un pirata. La canción que escuché es una adaptación de Tierra Santa de “La Canción del Pirata” de José de Espronceda.

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido,
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul:

«Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.»

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

«Allá muevan feroz guerra,
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.»

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de «¡barco viene!»
es de ver
como vira y se previene,
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.

Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
la victoria mi deidad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

José de Espronceda

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11 mayo 2009

Gusto y Olfato


El gusto está hecho de mil repulsiones.
Paul Ambroise Valéry

Puede que el gusto, junto con el olfato, sean los sentidos menos explorados y aparentemente menos utilizados. Puede que esta percepción sobre su uso sea cierto, pero no por ello los relega de fantásticas sensaciones y situaciones a través de ellos.

El olfato es un sentido con una memoria única. Los olores de la infancia nos siguen siendo familiares a pesar de los años. Las fragancias de los perfumes consiguen seducir y encandilar, y es por ello que laboratorios gasten tanto esfuerzo y dinero en ellos.

Cada persona a su vez tiene un olor único e inconfundible. Lo desprendemos sin darnos cuenta y lo dejamos impregnado tanto en las prendas como en las personas. El olfato es capaz de despertar en nosotros sensaciones aparentemente olvidadas y lejanas; puede revivir en nuestro corazón llamas tiempo atrás extinguidas.

¡Y cuánta relación guarda éste con el olfato! ¿O acaso no saben las cosas igual que huelen? Será entonces la asociación que hace el cerebro entre ellos.

Aunque cierto es que el paladar evoluciona. Los años nos descubren sabores que en la niñez aborrecíamos, y hacen lo mismo de manera viceversa. ¿A quién le gusta la cerveza la primera vez que la prueba? Es el gusto un sentido delicado y sospechoso, pasado muchas veces por alto, pero genial una vez que somos conscientes de él.

Son estos dos sentidos auténticas fuentes de placer. Se disfruta más por estos dos sentidos que por los otros, al menos a nivel corporal. La sensación que a nuestro cuerpo transmite un sabor o una esencia no puede ser comparado con el la contemplación de una imagen, por muy bella que sea. Puede que tenga que ver el hecho de que los usemos menos a lo largo del día, o los necesitamos para vivir. Vivir sin olfato y gusto sería una faena, pero nada comparable, aparentemente al menos, a perder la vista o el oído.

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08 mayo 2009

El Enemigo en Casa


La igualdad tal vez sea un derecho, pero no hay poder humano que alcance jamás a convertirla en hecho.
Honoré de Balzac

Está candente aún la noticia que habla sobre las fiestas “light”, y en concreto una, donde supuestamente se subastaban féminas menores de edad con billetes del monopoly (http://www.elmundo.es/elmundo/2009/05/07/andalucia/1241703711.html).

Asociaciones Feministas, secciones de igualdad de los diferentes gobiernos, periodistas y más organizaciones se echan las manos a la cabeza. Empezamos a escuchar “denigración”, “sexismo”, “explotación”, y un largo etcétera. ¿Si hubiera sido al revés, es decir, son los chicos los que se subastan, hubiera habido tanto revuelo?

Yo creo que no. Y es que los grupos feministas últimamente centran su interés más que en buscar la igualdad entre sexos, en convertir en hombres a las mujeres; en hacerlas a ellas partícipes en las deplorables costumbres de los hombres (como vociferar piropos por las calles). Se trata algo así de derrocar a un rey por considerar la monarquía injusta, e ir a poner una reina en su lugar.

Lo que no saben o parecen no saber las feministas es que tienen el enemigo en casa. Por ejemplo, en la fiesta de la noticia, eran ellas, las muchachas adolescentes, las que se apuntaban a la subasta. Eran ellas las que se subastaban. Al igual que son ellas las que admiten invitaciones en las discotecas a consumiciones o incluso a la misma entrada. Son las mismas que confunden “ponerse mona” con “enseñar”. Y estoy totalmente seguro que después de la fiesta, entre ellas, la competición era ver por quién habían pagado más.

Aun queda mucho por hacer en el terreno de la igualdad de sexos, como igualar salarios o impedir la discriminación y despidos de las embarazadas. Esos son dos de tantos objetivos por los que hay que luchar. Y no es que el motivo de la noticia no lo sea, pero es que como ya he dicho, las mujeres entran en el juego y así es difícil actuar.

¿Qué hubiera pasado si los organizadores de la discoteca se encuentran la sala vacía de niñas? Eso hubiera sido decirles con un ejemplo “las mujeres no somos objetos de subasta”. Pero ya han visto el éxito que tuvo la fiesta…

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07 mayo 2009

Los Violentos Años Veinte


Nombre: Los Violentos Años Veinte.
Director: Raoul Walsh
País: EEUU
Duración: 106 minutos
Reparto: James Cagney, Priscila Lane, Humphrey Bogart, Gladys George.

Anoche retomé una buena costumbre que el mes de abril había dejado de lado: ir a las proyecciones en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias. El ciclo que corresponde por todo el mes de mayo es Cine Negro.

Excelente debut el de ayer con la película de Raoul Walsh “Los Violentos Años Veinte”. No entraré en la crítica de los planos, el maquillaje, los efectos, etc. porque no tengo mucha idea. Vivo el cine como los niños viven la vida: me gusta o no me gusta; sin entender sobre si es bueno, malo o regular. (Bueno, soy capaz de distinguir un guión bueno de uno malo, pero básicamente recurriendo al gusto).

La película se sitúa en la década de los veinte (como bien anuncia su título) alrededor de la polémica Ley Seca de aquella época. Me recuerdo un poco la situación del alcohol en la película con la que hay actualmente con algunas drogas, las llamadas blandas: todo está prohibido (fumar, tener, vender), pero a su vez todo está consentido desde el Gobierno; lo que provoca que una serie de “pícaros” (por llamarlos de alguna manera) se hagan de oro a base de fabricar una mercancía más que lamentable y venderla en el mercado negro; creando una serie de mafias y redes de control que acaban matándose entre ellas.

¿No les suena un narcotraficante que fue asesinado en la habitación del hospital? No. No es una escena famosa de la película, es la cruda realidad. Y es que la Historia se repite continuamente, y el ser humano siempre será el mismo. Con otras máquinas, con otras drogas, con otras pasiones y otras vestimentas, pero la esencia de la Humanidad mucho me temo que permanecerá perenne hasta la eternidad.

Escucha universitario: entraste en este negocio con los ojos bien abiertos, has aprendido mucho y sabes demasiado. Si se te escapa la lengua saldrás con los ojos bien abiertos pero con unos cuantos agujeros en la cabeza. Así que lárgate, ¡fuera de aquí! Vete a casa a leer un ratito
George Hally (Humprhey Bogart)

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04 mayo 2009

Toledo


Toledo, solar hispano, crisol de la raza íbera. Dichoso aquel que naciera español y toledano
Miguel de Cervantes

Aunque hace ya una semana que volviera del viaje, imagino que la ciudad seguirá donde la dejé, que sus piedras se mantendrán firmes y que su encanto seguirán recorriendo cada una de su callejuelas y recovecos. No es la primera vez que voy, ni la segunda; pero cada vez que vuelvo me reafirmo en mi opinión de que es una de las más bellas ciudades del mundo.

No es para nada grande. Es más, su encanto puede que resida en su pequeñez, en su acogimiento y desde luego en su vista a través del tajo; donde se percibe la ciudad como una hilera de casas perfectamente edificadas en los cerros, coronadas por el alcázar y la catedral.

Crisol de culturas la llaman algunos. Mezcla de todos los estilos, de todas las culturas, de todos los saberes. Ciudad testigo de la convivencia más allá de la fe, de la sedimentación de las culturas. Ciudad donde se levantan iglesias mezquitas y sinagogas. Capital primera del imperio español.

La catedral. Primada de España. Obra maestra del gótico. Rica y ornamentada hasta casi hartar. Un coro y un altar mayor realmente espectaculares. Un tesoro que podría, si se vendiera, acabar con el hambre en el mundo. Naves inmensas e infinidad de capillas, todas decoradas como el sitio requiere. Alberga incluso un panteón real de los reinos de Castilla y Aragón.

Por más que intente describir, jamás podrá compararse al paseo por los callejones empedrados ni las panorámicas de la ciudad ni a los paseos a la orilla del Tajo. Sin duda, ciudad bella donde las haya.

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14 abril 2009

Nuestra Propia Ética


Un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada a este mundo.
Albert Camus

Todo hecho tiene unas consecuencias; y son casi siempre estas consecuencias las que determinan si hemos de hacer o de dejar de hacer ciertas cosas. El si las cosas están bien o mal ha quedado en un segundo plano para traer al frente si lo que hagamos nos beneficia o nos perjudica. Vivimos en un pragmatismo demasiado exagerado.

Los valores sobre el bien y el mal han sido relegados, descendidos de categoría. La conciencia parece residir en el bienestar individual, siendo el bienestar colectivo más una consecuencia del nuestro propio, no viceversa. Sentirnos bien está dejando de ser una cuestión ética para convertirse en una hedónica, donde es el cuerpo y no la mente la que ha de sentirse agusto.

Toda esta falta de valores están muy bien cuando somos nosotros los que pisoteamos, cuando podemos comer todos los días, tenemos un trabajo, una vivienda y la vida, digamos nos sonríe. Cuando encontramos, por contra, la otra cara de la moneda es quizás cuando sentimos la importancia de la caridad y de la piedad y cuando agradecemos que alguien que puede pisotearnos no nos pisotee, aun sabiendo las veces que nosotros hemos apretado el pié para no dejar títere con cabeza.

Pero no se trata sólo de tener unos valores. Los valores llevados al extremo, es decir, convertirse el fanático de unos valores ya pre-establecidos como puede ser la ética que proporciona una religión, también nos ciegan y nos idiotizan.

Lo que hay que lograr es la separación entre el bien y el mal por nosotros mismos, apoyándonos en valores ajenos y en nuestra propia experiencia y percepción, pero siendo nosotros los capaces de discernir entre lo bueno y lo malo, y ser nosotros los que tengamos el criterio y la decisión. Debemos construir nuestra propia ética.

Probablemente la mejor manera de decidir sobre si algo es bueno o malo es aplicándonoslo sobre nosotros mismo, suponiéndonos por un momento víctimas o agentes pasivos. Y si lo queremos para nosotros será bueno, y si no, malo.

Cuando todo esto pase, puede que sea cuando nos empiece a ir a todos un poco mejor.

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12 abril 2009

Cuaresma


Para rezar a Dios con devoción no hace falta creer en Dios según los dogmas de ninguna religión.
William Somerset Maugham

- ¿Qué hay hoy para comer mamá?
- Hoy he pensado en ti. He preparado lasaña.
- ¿Lasaña hoy?
- Sí. ¿Qué pasa?
- Mamá, ¡hoy es vigilia!
- ¡Ala! ¡Es verdad! Se me ha olvidado por completo…
- Pues haz otra cosa.
- Pero si ya está echa y es ya la hora de comer…
- Pero no podemos comer carne…
- ¿Qué hago entonces
- Guardarla
- No se puede, estaba congelada.
- Pues tirarla entonces.
- ¿Tirarla?
- Claro. Hoy es viernes de Cuaresma. No podemos comer carne.
- Pero si ya está hecha…
- Mamá. ¡Es pecado! No podemos comer carne. ¡Así me lo habéis enseñado!.
- ¿Y tú no crees que es peor tirar la lasaña que comérsela, aunque hoy sea Vigilia?
- No. Nadie dice que tirar la comida sea pecado. No es ningún mandamiento de nada.
- Y si embargo tú sabes que tirarla está mal, ¿verdad? Porque sabes que hay muchísimas personas en el mundo que no pueden comer, ¿verdad?
- Sí mamá, pero Dios no dice que no tiremos la comida y sí dice que no comamos carne los viernes.
- Vamos a ver, hijo. Dios ha mandado que los viernes no se coma carne. También Dios sabe que se me ha olvidado que hoy era viernes y que no podíamos comer carne. Sabe que no lo he hecho de mala fe. Por otro lado Dios sabe que tirar la comida está mal. Y sabe que la lasaña o se come ahora, o hay que tirarla. Si Dios te peguntara qué es peor, si comerte la lasaña porque se te ha olvidado la vigilia, o tirarla, ¿tú qué le dirías?

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27 marzo 2009

Probabilidades


El azar es orden en el tiempo.
Guillermo Pérez Villalta

Hay algo (en realidad hay muchos “algos”) que me apasiona y por lo que siempre he sentido una gran curiosidad: la probabilidad. La probabilidad puede entenderse como la racionalización del azar, lo que ya en sí es paradójico. El hecho de ser capaz de predecir lo que va a suceder, o de saber sobre lo que hay que apostar es ciertamente increíble.

La probabilidad va más allá de saber que al tirar un dado tienes un sexto de probabilidades de sacar cada cara, o de que al tirar una moneda tengas un cincuenta por ciento de probabilidades de sacar cada cara. La probabilidad tiene su encanto cuando matemáticamente (y en la práctica mediante una simulación por ordenador) se demuestra que es más factible aquello que parece improbable.

Una paradoja famosa es la paradoja del cumpleaños. Consiste en lo siguiente: supongan que en una clase hay 24 niños, ¿cómo de factible es que dos de ellos cualesquiera cumplan años el mismo día? A priori puede parecer algo bastante improbable, pero si lo analizamos matemáticamente caemos en la cuenta de que no.

Veámoslo matemáticamente: para que dos los niños no cumpla años el mismo día tendremos una probabilidad de 364 entre 365 días. Ahora un tercero tendrá una probabilidad de 363 entre 365 días de no coincidir con el anterior. Y así hasta 342 entre 365 días. Como tienen que darse todos los sucesos a la vez, las probabilidades han de multiplicarse, lo que nos quedaría:

(364/365)*(363/365)*…*(342/365) = 0.46

Este 46% es la probabilidad de que 24 niños no coincidan en su cumpleaños, lo que hace que el 54% de las veces haya dos niños que repitan cumpleaños.

Este cálculo de probabilidad es probabilidad a priori, es decir, se calcula antes de conocer los resultados. Las probabilidades de las que se deducen la muerte por accidente de tráfico o la deformidad de fetos se hacen a posteriori: es decir, se tiene de base los hechos ocurridos, y se prevé que continuará la tendencia. Son probabilidades totalmente diferentes, aunque tengan el mismo nombre.

Vi una vez un documental donde una familia española iba a los casinos con un programa informático basado en probabilidades y ganaba dinero. No sé cuál es el mecanismo de su programa, pero desde luego me entró la curiosidad sobre la predicción del azar, el cómo es posible hacer reglas para lo que precisamente se caracteriza por la ausencia de ellas.

Para terminar dejo un supuesto y quien tenga a bien deje un comentario respondiendo, y pondré la solución:

Se tiran 20 veces dos dados y se quiere apostar 100€ a uno de los siguientes sucesos: que de esas 20 tiradas al menos una es un seis doble, o que no. ¿Qué apostarían?¿Y si fueran 24 tiradas?

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14 marzo 2009

Escapando de la Rutina


Entre col y col, lechuga.
Refrán

Los horarios son necesarios para cualquier organización de un sistema. La coordinación se hace en base al tiempo, y éste es el que queda reflejado en esa tabla de tiempos, ¿o cómo podríamos organizar un curso docente sin un horario concreto?

El hecho de tener prefijada la semana desde antes de que ésta llegue por el horario laboral o académico hace caer en lo que popularmente se denomina “rutina”: el hacer, por ejemplo, todos los lunes del año iguales en el sentido de realizar las mismas actividades a las mismas horas.

Esta rutina proporciona un hábito, un orden; lo que hace que las actividades se realicen más eficientemente que si se dejaran al libre albedrío de cada uno. El orden al fin y al cabo aporta conocimiento. Si uno sabe que Fulanito va a trabajar de 8 a 3 de la tarde de lunes a viernes, sabe que la manera de contactar con él es mediante el teléfono del trabajo o bien en su oficina o donde quiera que trabaje. Si por el contrario sólo sabemos que trabaja 40 horas semanales, sin un horario, su localización en un momento concreto puede complicarse. Es un ejemplo estúpido, pero puede extrapolarse a otras cuantas cosas.

El problema de este orden es que da la sensación de falta de libertad. El hecho de que se pueda prever lo que vas a realizar cada mañana de un día laborable nos hace sentir como esclavos de esa rutina, mientras que el que tiene que trabajar 40 horas a la semana únicamente, puede realizar esas horas cuando estime más oportuno o más le apetezca.

El romper con la rutina se convierte a veces casi en un anhelo o esperanza. Nos hace sentir dueños de nuestra vida, de nuestros actos. Nos creemos por un momento únicos dueños de nuestros destinos, jefes en nuestras vidas, siervos de nuestra voluntad.

El orden es siempre necesario cuando se quiere eficiencia. Pero hemos de reconocer que es aburrido. Todos necesitamos de vez en cuando salir de nuestro día a día habitual, ser un poco la nota discordante y sentir que somos nosotros los que llevamos el timón de nuestras vidas.

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