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31 diciembre 2020

El Año que Comienza

La única alegría en el mundo es comenzar. Es hermoso vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante. Cuando falta esa sensación uno quisiera morir.
Cesare Pavese

Los ciclos tienen una característica que es a su vez ventaja e inconveniente: se repiten. El tedio de volver a empezar, la monotonía de la repetición y el a veces absurdo ritual tienen a su vez (como las monedas) su revés. Hoy, por ser el último, es posiblemente el día del año donde más balances se haga de los acontecido los doce meses anteriores. En año como este, además, cuesta imaginar que enero y febrero fueron parte del conjunto, por lo distantes que quedan y por lo diferente que han sido de los otros diez. Posiblemente, este haya sido el año más anómalo de nuestras vidas, pero, como todos, también se acaba. 

Una vez más se nos presenta ante nosotros la ilusión del año nuevo, otros 365 días sobre los que diseñar proyectos e intentar reconducir lo desviado de nuestras vidas. Nos haremos propósitos con la sensación de que fueran la primera vez los formulamos, aunque haya siempre en esta lista una serie de viejos conocidos, perennes deseos de cambios que, probablemente, estarán en esta misma lista del próximo fin de año.

Lo bueno de los años es que se acaban y nos permite renovar para con nosotros mismos toda una serie de intenciones. Los compromisos, aunque se verbalicen y se publiquen, no dejan de ser para nosotros mismos. Es el día del balance en el que, si somos un poco audaces, podemos sacar grandes momentos, alegrías y acontecimientos y ando casi convencido de que el resultado saldrá francamente positivo. A pesar de todo, el hecho de poder hacer un balance del año ya es en sí mismo una buena noticia.

Aprovecho estas líneas para felicitar el año a todo el que haya llegado hasta aquí (y al que no también) y espero que el próximo año se cumplan los renovados propósitos que nazcan de un día como hoy. La tiranía/superstición/psicología de las cifras así lo establece. Comenzar de vez en cuando es necesario. Los comienzos son una buena oportunidad para, esta vez sí, llevar lo propuesto a cabo.

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28 septiembre 2011

Fracasos

No existe el fracaso, salvo cuando dejamos de esforzarnos.
Jean Paul Marat

Como todo, o casi todo, el fracaso tiene también dos vertientes: una objetiva y otra subjetiva, aunque realmente la primera es parte de la segunda en tanto y en cuanto es únicamente la percepción del sujeto el que puede determinar la existencia o no de fracaso.

Podríamos definir el fracaso como la no consecución de uno o varios objetivos. Si los objetivos son públicos o fácilmente deducibles por la mayor parte del quórum, se podría hablar de fracaso objetivo, ya que es contrastable por cada uno de los observadores. No obstante, la mayoría de los objetivos son personales, y es únicamente uno el que sabe a lo que aspira o lo que ambiciona.

Es por ello que fracaso y metas u objetivos van necesariamente relacionados. No puede haber fracaso sin objetivo. Y es por ello que la medición del fracaso ha de hacerse de acuerdo con los objetivos que a su vez han de ser elaborados en base a las circunstancias individuales y subjetivas de cada uno, a sus capacidades y ambición.

Por lo tanto el único sujeto autorizado para determinar al fracaso o no es uno mismo. Nadie más se halla en posición de evaluar los objetivos de nadie. Lo más que puede hacerse es suponer, dadas unas características de una persona, suponer unos objetivos. Pero insisto, el fracaso es personal e individual. El fracaso es de uno mismo.

Y por más que otros encuentren causas justificadoras, en la mayoría de los casos tras suponerse ellos en dicha situación, la catalogación de fracaso o no depende de cómo cada cual lo sienta.

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