25 junio 2008

Ministerio de Igualdad


Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros
George Orwell

Cada vez que leo o escucho declaraciones de la Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, se me viene a la cabeza la famosa novela de George Orwell 1984. En ella, un gobierno totalitario que ostentaba todo el poder bajo la figura del Gran Hermano dividía su gobierno en diversos ministerios: del Amor, de la Paz, de la Abundancia y de la Verdad.

Cada uno de estos ministerios se encargaba precisamente de lo contrario que rezaba su nombre: el del Amor de las torturas y castigos; el de la Paz, de la guerra; el de la Abundancia de garantizar la miserable subsistencia de los habitantes de la nación (donde francamente lo única que en abundancia proliferaba era la miseria); y el de la Verdad, ministerio encargado de la propaganda oficial, basado enteramente en mentiras e invenciones.

El Ministerio de la Igualdad; en España sí, no en la novela ficticia de Orwell, pretende ahora crear bibliotecas únicamente para mujeres. Ciertamente, al argumento de Orwell le faltaba este ministerio español, que si hubiera sido incluido en la novela, nadie lo encontraría fuera de lugar.

¿Qué clase de la igualdad es excluir por sexo a la mitad de la población española? Ciertamente, o la ministra tiene un complejo del tamaño de un pino, o sencillamente es una ignorante e incompetente.

Pero es que si analizamos fríamente, el delito de la ministra es doble. Pretende hacer esta separación (digna de un aparthied) en la casa natural de la cultura y el saber: las bibliotecas.

Una vez más, el gobierno de Zapatero haciendo propaganda, populismo y política de la manera más burda, al estilo de 1984, a base de eufemismos y paradojas, como la crisis (desaceleración económica), como el paro (incapacidad para satisfacer la demanda de empleo) y como un sinfín más de éstas.

Sin duda alguna, si Goerge Orwell levantara la cabeza reeditaría su libro, incluiría el Ministerio de Igualdad, y colocaría de ministra a Aído.

Leer más

21 junio 2008

La des-educación actual


La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser.
Hesíodo

Se pasan los días y poco tengo que contar por aquí, salvo las cuantiosas horas que paso delante de folios intentando aprender algo que no siempre me llena y que no se para qué me servirá; pero que paradójicamente he comprendido precisamente eso, que lo que uno aprende no sabe cuándo ha de serle útil, y que por eso ha de estudiar y aprender siempre con ahínco.

Es una verdadera lástima que en la sociedad en la que vivimos hoy no se tenga en cuenta ni el saber, ni el aprendizaje ni el conocimiento. La sociedad y el sistema se han convertido en una pura “formación profesional”, en creadores de meros autómatas que sepan solucionar problemas concretos, máquinas concretas o conflictos concretos.

Cada vez más la educación va más orientada al campo del trabajo, a formar profesionales que desempeñen perfectamente una función, pero realmente inútiles a la hora de intentar otras; a formar personas cada vez más cerradas al conocimiento que no tenga una inmediata puesta práctica.

“Para qué aprendo esto si en lo que yo quiero hacer (trabajar) no me va a servir para nada”. Esa es la frase que resume a la sociedad de hoy, al sistema educativo de hoy: aprender justo lo necesario.

El problema es que cuando seamos conscientes del error que supone formar autómatas en vez de individuos, será demasiado tarde. Las personas han de ser educadas completas, con su parte ética, sus valores, su cultura; y su parte práctica, profesional, con la que han de ganarse la vida. Conociendo las diversidades de la vida es como realmente podemos saber qué queremos hacer. Si sólo conociéramos un color, el amarillo mismo, nuestro color favorito sería sin duda éste; pero ante la amplia gama de colores que conocemos, nos es a veces difícil decantarnos y surgen variedad de opiniones.

Y en eso va esta sociedad, cada vez más esclava pero sintiéndose libre; sin darse cuenta que la ignorancia sólo le resta campo de visión, gama de colores, convirtiendo individuos en esclavos del sistema, del poder, restándoles libertad y medios para defenderse ante el mundo, y haciendo obligada su inmersión en este sistema por pura inconsciencia.

Leer más

17 junio 2008

Superioridad


Es imposible ganar sin que otro pierda.
Publio Siro

¡Qué curioso elemento el poder!. Cuánta discordia genera y cuan felices hace a quienes lo posee; o al menos eso creen aquellos que día tras día persisten en su consecución. Algo ha de tener el poder que nos haga distintos a los demás.

Yo creo que hay un elemento fundamental que lo hace tan apetecible: la superioridad, el estar por encima. Querámoslo o no, ser mejores que el resto es algo tan instintivo y tan inconsciente como el pestañeo o el instinto de supervivencia. En cierta manera, como ya he comentado decenas de veces, la superioridad es una forma de sobrevivirnos espiritualmente, intelectualmente.

Muchas veces, cuando competimos con alguien o cuando desempeñamos cualquier actividad, no queremos ganar, no queremos reconocimiento alguno salvo el de que somos mejores, el de que somos superiores.

Cuando nos definimos ideológicamente no defendemos únicamente unas ideas, mejores o peores, defendemos nuestras ideas; y por ende somos tan obstinados en nuestras opiniones. Un rebatimiento de éstas no sólo una aportación mejor, es un hecho que nos degrada, nos hace inferiores, nos rebaja.

Por eso, cuando hablamos de críticas constructivas, de diálogo; no vemos el debate como una competición, sino como una construcción común, cuyo resultado tomaremos como nuestro, fruto del consenso y por tanto hijo nuestro.

Si hoy día, uno de los dos grandes partidos se sometiera al otro ideológicamente; éste no lo aceptaría. Si uno de ellos aprobara y viera con buenos ojos las leyes y propuestas del otro; este otro no o aceparía y acataría, sino que presumiría de su hito, de su superioridad.

Estos partidos no buscan el enfrentamiento para la construcción, para el entendimiento, para mejorar. No. Luchan para vencer. Atacan para ser reconocidos como superiores públicamente. No les interesa el consenso ni el entendimiento porque en ellos no hay ganadores. Un partid ataca al otro para vencer, toca temas conflictivos, que duelen, para que el otro se defienda, para iniciar una contienda y así poder vencer; y entonces sentirse superior.

De nada sirve vencer en secreto, sin reconocimiento. El verdadero objetivo del vencer no es sino dar rienda suelta a nuestra vanidad, a nuestra superioridad, a nuestro ego. Vencer no es sino sentirse superior al otro. Reconocido. Perenne.

Leer más

14 junio 2008

Competitividad


El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad.
Ludwig van Beethoven

La bondad. Ese término tan relativo, tan subjetivo más bien. Probablemente uno de los temas del pensamiento filosófico eterno, concretamente de la ética. Realmente, ¿qué es ser bueno?.

Ser bueno es actuar conforme a una ética. La ética se presupone buena, porque digamos recoge el comportamiento que más beneficio obtiene, ya sea para el individuo o para el conjunto de éstos. Por tanto, un acto podemos considerarlo “bueno” en cuanto es conforme a una ética.

Otro tema es cómo se constituyen las éticas: qué debemos hacer y qué no debemos hacer; y enjuiciar cada uno de estos actos en los dos grandes subconjuntos: buenos y malos.

Pero dando por hecho el concepto de bien y de lo “bueno” hay que resaltar que lo bueno siempre es más costoso que lo malo. Supone más esfuerzo un acto bueno que un acto “malo”. El bien es una idea racional, algo artificial que ha nacido del ser humano (igual sucede con lo malo). Creamos pues los humanos la ética para “humanizarnos” y consideramos el egoísmo, los instintos naturales, como algo malo.

Y es ahí donde surge el conflicto: lo que nos apetece (instinto) contra lo que debemos (ética). El ser humano tiende a superar al prójimo, tiende a la vanidad y tiende al egoísmo; y mantiene una perenne contienda interna sobre cómo actuar, sobre qué anteponer antes, si la superioridad o la bondad.

Una parte de la bondad nos hace ser superiores, nos hace sentirnos más humanos, más buenos, y por tanto superiores. Es una forma de demostrar superioridad mucho más sutil, conforme a las reglas humanas en vez de las naturales. Mostrar la superioridad mediante actos nos resulta más difícil porque mediante esta “técnica” es difícil de percibir.

Si nos damos cuenta, nos cuesta mucho menos ser buenos con alguien inferior a nosotros (o alguien a quién consideramos inferior) que con nuestros iguales. No vemos competitividad con los inferiores, queda clara nuestra superioridad, y accedemos a portarnos bien con ellos. Un ejemplo claro de esto puede ser la práctica de un deporte con niños, o algún juego de mesa. Si jugamos un partido de tenis contra un niño, no jugamos al 100%, nos sentimos piadosos e intentamos ser estrictos con las reglas.

Sucede lo contrario cuando es un partido igualado, cuando es la final de un torneo y te estás jugando ser mejor o peor que tu rival, y aparte que das el todo por el todo, puedes incurrir incluso en la fullería o la picaresca.

Sólo somos competitivos y “lobos” con nuestros iguales, con lo que consideramos rivales. Y quizás el fracaso de la humanidad resida en esto, que nos vemos todos compitiendo con todos; pero es que si miramos a la naturaleza, ¿qué es la vida sino una competición por la supervivencia?. Una vez más el dilema naturaleza y humanidad, vitalismo y razón.

Leer más

11 junio 2008

Vidas Ajenas


Nadie es feliz sino por comparación.
Thomas Shadwell

Es usual entre las personas sentir admiración hacia otras. Entendemos su manera de obrar o pensar como algo bueno y en cierta manera nos gustaría participar en ese comportamiento o pensamiento.

También sucede que nos sentimos identificados con personajes ficticios: personajes de novelas, películas, teatro, dibujos animados, etc. Y suele pasar, con mucha más frecuencia con personajes que con personas, que sintamos un profundo interés sobre su vida y su obra.

Nos gustan las anécdotas de los personajes, su vida, su manera de actuar. Sufrimos con ellos, disfrutamos con ellos, nos emocionamos con ellos y nos alegramos por ellos. Opinamos acerca de ellos como si de amigos se tratara, como si fueran el vecino del quinto o la compañera de clase.

Lo cierto es que uno de los grandes entretenimientos de las personas es la observación de vidas ajenas. Sólo hay que ver las audiencias de los “realities” (o realitys). Los programas del corazón otro ejemplo de que miramos constantemente las vidas ajenas, no sólo por conocerlas; sino también por opinar y debatir acerca de ellas.

Y es que en cierta manera se produce una confrontación entre lo que queremos ser, lo que queremos adquirir de otras personas, y lo que queremos que sean, lo que queremos influir en otras personas.

Cuando uno lee una novela o ve una película le es imposible no compararse o dejar de sentirse identificado con los personajes. Sus ocurrencias nos resultan familiares, cercanas a las nuestras. Y es por eso que el amor sea el tema universal de cualquier género: porque todo ser humano ha sentido amor alguna vez por alguien; y es indiscutiblemente el sentimiento que más empatía despierta en los personajes. Comprendemos perfectamente lo que el personaje padece y sentimos solidaridad hacia el personaje, o viceversa; la del personaje hacia nosotros.

Recurrimos también con las personas y personajes a la comparación. La comparación es el instrumento que tenemos para situarnos. Todo es una comparación y nada se entiende sin ellas. Algo no es grande o pequeño por sí solo: algo es pequeño o grande comparado con algo. La Luna puede ser grande comparada con una canica, y a la vez es diminuta al lado del sol.

Dicen que las comparaciones son odiosas. En realidad sólo lo son cuando salimos perjudicados de ellas. Cuando somos beneficiarios de la comparación nadie se queja de ésta. Esto ocurre porque, como ya he dicho en otras entradas, aspiramos a ser los mejores, a superarnos continuamente, a eternizarnos como decía Unamuno. Es la consecuencia de la vanidad, y ésta lo es de aquel instinto de supervivencia intelectual del que alguna vez he hablando.

La conclusión de todo esto es que continuamente miramos a otras personas o personajes para sentirnos mejores que ellos; para demostrarnos a nosotros mismos de que estamos por encima de quién nos rodea. A veces descubrimos que estamos por debajo y suele no gustarnos. Pero en cualquier caso, sea cual fuere el resultado, la herramienta que emplearemos será la comparación.

Incluso en la ciencia, en la Física, de las magnitudes no se toman absolutas prácticamente ninguna; sino que se emplea el incremento de la magnitud (delta); que no es otra cosa que una comparación.

Leer más

08 junio 2008

Persiguiendo Sueños


Muere lentamente
quién no arriesga lo cierto por lo incierto
persiguiendo un sueño
Pablo Neruda

Cuando no tiene uno certeza sobre el futuro puede tener dos reacciones: sentir miedo o sentirse aventurero. La primera reacción proviene claramente de la desconfianza, de ese pánico humano ante lo desconocido. La segunda nace de la seguridad de uno ante sus posibilidades, de la certeza y convicción de uno mismo ante las circunstancias, de la supremacía de uno mismo ante los obstáculos.

En cualquier caso, el futuro es incierto; y uno jamás sabrá si ha hecho bien o no eligiendo uno de los senderos que se abren, porque como ya se sabe, escoger es renunciar; y uno será incapaz de conocer lo que hubiera deparado aquello que renunció más allá de una especulación.

También es cierto que es más duro el arrepentimiento ante la pasividad que ante la actividad. Cuando uno deja pasar una oportunidad se lamenta mucho más que cuando erró en la elección.

Queda por tanto una vez más manifiesta la falta de libertad, ya que ante un dilema, uno no puede elegir ambas opciones, por mucho que quiera. Las circunstancias y las consecuencias son las que nos llevarán a elegir una vez más el camino a seguir.

Sin embargo, hay una circunstancia que puede sobreponerse al resto de éstas: la voluntad. Uno cuando quiere algo es capaz de todo por ese algo. El deseo, la voluntad, despiertan en nosotros una actitud rebelde ante el resto de factores.

“Muere lentamente quién no arriesga lo cierto por lo incierto para persiguiendo un sueño” cantaba el poeta. Perseguir un sueño puede ser en ocasiones una locura; pero siempre será una dulce locura.

Leer más

04 junio 2008

Épica


La eternidad es una de las raras virtudes de la literatura.
Adolfo Bioy Casares

Hay un género literario, la épica, que intenta engrandecer o más bien recoger y reconocer los grandes hechos. Este género, comenzado por Homero en sus Ilíada y Odisea narra principalmente la heroicidad de sus personajes.

En cierta manera, todos intentamos darle un punto épico a nuestras vidas, un punto trascendente. Al igual que en la literatura, engrandecemos nuestras acciones, empleamos palabras solemnes y firmes y sentimos la trascendencia del momento. Fanfarronear poniéndole nombre a los viajes es un claro ejemplo de esta épica en nuestras vidas.

Todo esto puede venir provocado una vez más por la necesidad que tiene el hombre de sobrevivirse intelectualmente, de ser inmortal; y ya que no puede serlo biológicamente, ha de conformarse con la forma intelectual. Ser recordado y nombrado es una forma de sobrevivir, de estar vivo. Realmente, una persona no muere cuando muere su cuerpo, sino cuando es olvidado. Y ante ese recuerdo es ante lo que reaccionamos.

Todos alguna vez hemos querido ser grandes personajes, pasar a la posteridad. De pequeños, hemos soñado siempre con ser estrellas de fútbol, que jugábamos una final de un Mundial, y que marcábamos el gol de la victoria. Todos hemos soñado, por tanto, pasar a la Historia.

De la misma forma, aunque cada vez sumiéndonos en un punto de vista más realista, queremos pasar hoy día a la Historia. Cuando quedamos con amigos o familiares y recordamos viajes o cualquier otro tipo de momentos, siempre apuntamos una heroicidad, siempre buscamos una épica. Ciertamente contamos nuestra vida, nuestros recuerdos, como si de Historia se tratara.

Así pasa pues, que cuando queremos que algo sea recordado acudimos a la épica. Ponemos nombre a las fiestas, a los días, a los viajes. Ponemos nombres, y a veces apellidos, a las cosas que realizamos buscando siempre darle una trascendencia, una grandeza, una épica; para así poder permanecer siempre vivos, aunque sea en el recuerdo.

Leer más

01 junio 2008

Rencor y Perdón


Nada envalentona tanto al pecador como el perdón.
William Shakespeare

La enseñanza cristiana, y en general cualquier ética, nos inducen al perdón, es decir al perdonar. Sostienen que así, aparcando el rencor y el odio a un lado, nos convertimos en personas buenas de corazón. Ya dice el Evangelio que hemos de perdonar “hasta setenta veces sierte”.

Sin duda el perdón es un gesto noble, a veces hecho y pensado para personas realmente fuertes de espíritu y buenas. Es claramente el camino difícil, dejando para el fácil el rencor. El hecho de perdonar implica a su vez un propósito de olvido, de aparcamiento y enterramiento del daño sufrido.

Este olvido quizás no sea del todo tan sano. Cierto es, que para el mundo utópico y maravilloso es imprescindible; pero cierto es que en dicho mundo utópico y maravilloso no se darían agresiones, y por ende, no habría que perdonar. “El perdón te coloca por encima de tu ofensor” dicen algunos. Cierto es, si es que ese mensaje es percibido por el ofensor, porque si no, el perdón de nada sirve, sino demostrarle al que agrede la impunidad de sus actos.

¿Cuál es el límite de perdonar una ofensa? Quizás si no perdonaramos acaso una vez, no seríamos nosotros tampoco justos, ya que todo el mundo tiene “derecho” a errar (derecho otorgado claramente y únicamente por el ser humano). Si el perdón hace reaccionar al ofensor, diremos que hemos cumplido con el propósito, que ha sido positivo aparcar el bíblico “ojo por ojo” en aras del perdón. Sin embargo, si ese ofensor reincide en su ofensa, nuestro perdón no habrá servido sino para incrementar su impunidad.

No podemos perdonar infinitamente y a cualquier persona. El perdón es más que un ejemplo hacia ese que nos agrede de cómo ha de actuar, de cuál es el camino. Pero el perdón no es la única alternativa. Quién guarda rencor también reacciona contra la ofensa. Éste también pretende dar una lección al ofensor, devolviéndole la jugada, haciéndole sentir lo mismo que ha sentido el que ha sido ofendido. Piensa el rencoroso que de esta manera hará ver al ofensor original que infunde daño; pero estamos en la misma cuestión de antes; no toda persona es capaz de leer ese mensaje entre líneas.

Con este segundo método es mucho más evidente el castigo ante el mal gesto o la agresión que con el primero. Se trata de una justicia vengativa, que puede llegar a degenerar su fin y sembrar odio en exceso. El rencoroso no puede olvidar la ofensa, y la guarda ahí dentro de sí, esperando un momento para poder culminar el castigo. Uno no puede permitir ser pisoteado infinitamente. El rencor es una reacción ante ello, es plantarle cara a la ofensa.

En ambos casos, se trata de dar una lección a aquel que comente un acto malo. En ambos casos se pretende ejemplificar (que no dar ejemplo). Se pretende enseñar, mostrar el camino correcto, inducir al bien. Y ahora puede abrirse el debate sobre qué es bueno. Pero de eso hablaremos otro día.

Leer más

29 mayo 2008

Simplicidad


Tal vez sea la propia simplicidad del asunto lo que nos conduce al error.
Edgar Allan Poe

Conforme nos vamos haciendo mayores, nuestra mente se nos tercia cada vez más compleja, buscando en todo una respuesta enrevesada, curva y laberíntica. En mi opinión, una vez que hemos adquirido conocimientos y verdades complejas y superiores, no sabemos usar lo simple, lo sencillo, lo evidente.

Sucede por ejemplo, después de cursar toda una carrera con asignaturas de matemáticas de esas que dan dolor de cabeza que tiende a buscar la respuesta de un problema matemático empleando sus integrales, ecuaciones diferenciales y derivadas con múltiples variables; cuando la respuesta se puede hallar con una simple ecuación de primer grado. Pero nos pasa que ya nos olvidamos de ellas, que pensamos que todos los problemas que nos vamos a encontrar en la vida (matemáticos me refiero) son de un grado de complejidad digno del cálculo diferencial.

Igual pasaba con aquel power point (que me lo pida quién lo quiera) que consistía en un test de dividir un trozo de cuadrado en sucesivas partes iguales. Las dos primeras preguntas consistían en dividir dicho trozo en dos y tres partes respectivamente. Trivial. Después llegaba la tercera pregunta, que era dividir esa figura en cuatro partes iguales. Y después de un ratazo pedías la solución porque eras incapaz de encontrar la respuesta. Cuando veías ka respuesta, quedabas asombrada ante el ingenio del que la hubo logrado por primera vez. Y llegabas por fin al último test. Un cuadrado en blanco donde nos pedían que dividiéramos nada más y nada menos que en siete partes iguales.

Después de la experiencia anterior, empezaba uno a buscar a hacer diagonales y figuras raras dentro del cuadrado. Y después de otro ratazo, decidían obtener la respuesta. Tu sorpresa venía cuando veías la simplicidad del ejercicio resuelto, y te arengaban diciendo que a veces las cosas son más simples de lo que parecen.

Y así es. Tendemos a ver todo de un modo complicado y misterioso debido a que en ciertas ocasiones la vida es complicada y misteriosa. Sin embargo, los niños aún no han sufrido ninguna complicación en su vida; y es por eso que todo lo ven claro y distinto, simple, inocentemente. A veces los niños tienen respuestas para la vida que nosotros, los adultos, jamás seremos capaces de comprender.

Leer más

27 mayo 2008

Influencias


Influir en una persona supone darle nuestra alma
Oscar Wilde

Por mucho que nos empeñemos y por mucho que queramos jamás podremos ser totalmente independientes, y por ende, totalmente libres. En la entrada anterior hablaba de una dependencia emocional, y ésta la dedicaré a una dependencia intelectual y de pensamiento.

Creemos que pensamos por nosotros mismos, mas nunca es así. Somos parte de esa masa enorme que se mueve al son de los medios de comunicación y de las grandes figuras del país. Lo hacemos subconscientemente, sin enterarnos, sin ser molestados. Solamente tenemos que poner la televisión (o cualquier otro medio, pero la televisión es el que más expectación genera) y escuchar. Y en nosotros se habrán quedado las ideas y valores que éstos transmiten. Sin quererlos.

Pero es que igual nos pasa en la vida cotidiana. Continuamente andamos rodeados de personas, muy diversas entre ellas. De todas ellas adquirimos algo, aunque sea un “así no actuaré en la vida”. Nuestro pensamiento no es más que la confluencia de muchos pensamientos. No existe un verdadero pensamiento propio. Existe una correcta mezcla de pensamientos ajenas que acabamos por hacer nuestro, pero únicamente hacemos es obtener de cada idea aquello que nos gusta, que nos parece bueno o que nos parece útil.

Sin querer, recibimos la influencia de otras personas. Ya desde pequeños nuestros padres nos inculcan sus valores e incluso sus gustos. Y cuando crecemos, el procedimiento no cambia, lo que cambia es nuestro universo de personas, es decir, que conforme nos vamos haciendo mayor, recibimos ideas de muchas más personas que cuando éramos chicos, que sólo recibíamos de nuestros padres.

Y esto seguirá así siendo toda la vida. Iremos poco a poco configurando nuestro pensamiento, y a la vez, nosotros sin quererlo, configurando el de la persona con que hablemos.

Y habrá quien nos influya más, y quien menos. Y eso depende también del respeto y admiración que profesemos por esa persona. Alguien a quién admiramos siempre nos aportará a nuestro pensar mucho más que aquel a quién despreciamos. Nos quedamos siempre con lo que nos agrada, lo que nos gusta.

Queremos imitar aquello que a nosotros nos resulta vistoso o agradable. Al final, queremos que el resto sienta la admiración que nosotros sentimos por quién hace o piensa eso que lo hace digno de admiración para nosotros. Después de todo, es vanidad, subconsciente pero vanidad. Queremos que sientan por nosotros aquello que nosotros sentimos acerca de ese alguien que influye en nosotros.

Leer más

24 mayo 2008

Dependecia y Libertad


Solamente cuando todo está perdido somos libres para actuar.
Extraída del Club de la Lucha

Hoy, más que respuestas tengo preguntas. Un montón. Una infinidad. Preguntar lo que uno no sabe es casi instintivo, involuntario; pero, ¿por qué queremos saber? ¿qué nos aporta la verdad? ¿Sufrimiento? ¿Dolor? ¿Por qué no contentarnos con una plácida ignorancia, con una quietud del alma? ¿Por qué perseguir una verdad que puede no satisfacernos?

¿Hasta que punto uno es libre? Si uno es incapaz de controlar su tristeza, de decidir cuando estar alegre y cuando triste, ¿cómo puede afirmarse que el hombre es libre? Si aún sigue habiendo en nosotros actos totalmente instintivos, reflejos, actos que no decidimos, que no pensamos, que no racionalizamos, ¿somos libres?

La libertad es un término relativo, es un punto de vista. Habría que escribir un ensayo inmenso para abarcar los distintos grados de libertad del hombre, y al final concluiría que no se puede concluir si un hombre es libre o no. Se trata de prioridades, de saber elegir cuál es la regla con la que medir el grado de libertad: si es por el movimiento, si es por nuestra clase social, por nuestra elección de estudios, de oficio, de color de sofá, etc.

Pero el hombre que no controle sus emociones, que no controle sus sentimientos, que no sepa domarlos cuan fiera salvaje, ése es un esclavo, un encadenado al impulso y a las emociones que no podrá decidir según su razón ordene sino su corazón exija, y por ende, si no es capaz de elegir lo mejor, no podrá alcanzar la libertad.

Aunque al final, esclavos somos todos. Dependemos de algo, ya sea física o emocionalmente. Dependemos de un sistema, de unos padres, de unos hijos, de un jefe, de un trabajo, de un sueldo… Dependemos constantemente.

Tal vez la libertad no sea otra cosa que la ilusión de que sólo podemos decidir lo que decidimos, dejando lo que otros u otros factores deciden por nosotros como “inevitable”. Tal vez seamos libres. Tal vez no.

Leer más

20 mayo 2008

Vagar por la Vida


Cada uno de nosotros tiene un día, más o menos triste, más o menos lejano, en que, por fin, debe aceptar que es un hombre.
Jean Anouilh

Como cuando uno se baja del autobús o tren en una ciudad desconocida, a veces uno se levanta de la cama y no reconoce su entorno ni, lo que es aún peor, a sí mismo. La lucha interna, el yo contra el yo, es una guerra abierta desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte. Y como en todas las guerras, hay batallas más y menos duras, batallas que pasan a la historia y otras que permanecen en el olvido.

La continua lucha interior es bien disimulada en épocas en que uno parece saber adonde va. Se mantiene firme, consigo mismo, y consigue “encarcelar” sus dudas temporalmente, arrinconar sus dilemas e ignorar sus inquietudes. Pasan todos estos problemas existenciales a un segundo plano, como algo oculto, pero siempre presentes.

Y después de un largo tiempo, o no tan largo, de la vida; un día uno se levanta, se mira a sí mismo por dentro, y se pregunta “¿a dónde vas?”. Y es entonces cuando no sabe responderse. Llevaba uno varias días, semanas o meses siguiendo un punto en el horizonte, un supuesto oasis de felicidad, una meta fija; y cuando quiere acordar, ha perdido su estela, y se encuentra perdido ante él mismo.

Todo sigue igual que seguía. Las mismas obligaciones, los mismos hábitos; pero ahora, los interrogantes vuelven a salir al frente, la duda ataca de manera feroz y nos coge tan de sorpresa que no sabemos defendernos. No tenemos argumentos preparados. Ni auto-convencimientos. No tenemos excusas ni motivos, ni objetivos, ni metas ni sueños claros. Nos quedamos entonces parados, siendo apaleados por el vacío.

¿Y cuánto dura esto? Lo que uno quiera que dure. Lo que uno tarde en volver a priorizar, en volver a establecer un orden en su vida, unas metas, unos porqués.

Y mientras tanto, vivir sin deseo alguno llega a ser tan desagradable, o incluso más, que la certeza de no poder alcanzarlos nunca. Más que andar vagas por el mundo, como una nube por el cielo, sin una parada a la vista, sin un fin asequible. Te sientes como el turista que antes bajó del autobús, sintiendo todas las calles iguales, rodeado de desconocidos y sin un lugar fijo al que ir. Vaga uno por las calles hasta que decide que parte de la ciudad es la que desea visitar. Y entonces pone fin a su agonía.

Leer más

17 mayo 2008

Del Ateísmo


Para ti soy ateo. Para Dios, la oposición.
Woody Allen

Puede extrañar que en todo este tiempo de blog, ya más de un año y medio, no haya aparecido por aquí el nombre de Dios, ya no para explicar su origen ni su fin ni su esencia, sino como un concepto desconocido que ha sido durante prácticamente la mayor parte de la historia, centro de la civilización.

Dios, Zeus, Alá o Jehová, han sido para distintas civilizaciones el punto de mira de individuos y culturas. La referencia ética por antonomasia ha sido, y es en muchos lugares, la religión. Ésta e la que nos orienta sobre la bondad de las cosas, la que nos lleva por el sendero recto y nos garantiza la salvación.

Una de las grandes luchas del individuo durante su existencia es la búsqueda de Dios. Esta lucha abarca toda la vida de la persona. Comprende desde su infancia hasta su muerte, siendo cuando ésta se acerca una necesidad.

Hay por otro lado quién rechaza la religión. La ciencia y el bienestar hacen cada día que la religión sea algo plenamente prescindible. El consuelo lo encontramos ahora en lo material, dejando lo espiritual para solamente unos privilegiados. De éstos que rechazan la religión existen dos tipos: unos, los llamados agnósticos y otros los ateos.

El primer grupo, ni creen ni dejan de creer. Están en un limbo espiritual, sin formar tomar la religión como práctica, ni asumir su destrucción. Mantienen ciertas dudas, cierto respeto hacia algo que para otros significa mucho, aunque para ellos sea la religión algo totalmente intrascendente e irrelevante.

El segundo grupo no se conforma con negar a Dios, sino que se sienten en la obligación de destruirlo. Este grupo siente una llamada feroz de anti-clericalismo, un ansia por ver la religión y a Dios fuera de su vida, de su entorno. Sufre cada día una batalla con Dios, a quien se enfrentan y al que quieren destruir.

Sin darse cuenta este grupo cree en Dios, tiene presente a Dios. Necesitan demostrarse cada día que Dios no existe, que está vencido; y para ello invocan la destrucción de éste. No se conforman con no creer, sino que necesitan reafirmarse cada día, necesitan exponer al mundo su odio hacia Dios, su necesidad de aniquilamiento de éste. Sufren porque dudan, y necesitan, una demostración de que están en lo cierto. Y para ello buscan el reconocimiento en los demás de que su doctrina es la cierta.

Lo que no percibe este grupo es que ellos también necesitan a Dios. Necesitan a alguien a quien acusar de todo, algo por que luchar. Y si se confirmara que Dios no existe, se sentirían igualmente perdidos; tanto o más que los creyentes que acabarían de haber perdido su norte.

Leer más

14 mayo 2008

Del Sentimiento Trágico de la Vida


Título: Del Sentimiento Trágico de la Vida
Autor: Miguel de Unamuno.
Género: Ensayo.

Gran ensayo (o más bien conjunto de ensayos) de don Miguel, donde muestra, como prácticamente en toda su obra, su continua crisis de fe en Dios. A pesar de ser el tema principal, sus ensayos acaban derivando en otros tanto, como es el amor. Presente siempre el debate entre razón y corazón, don Miguel se decanta por el vitalismo, para él, la verdadera vida.

Algún trozo de este libro he copiado por mi blog, precisamente hablando de que qué era más importante, si la ciencia o el arte; extrapolando así el debate entre razón y alma, pensamiento y vida.

Unamuno sustenta la razón de la vida, o la esencia de la vida, en el dolor. Hace su particular axioma, transformando el cartesiano “pienso luego existo” por su “siento luego existo”. Siempre reafirmará Unamuno la pasión sobre el pensamiento.

Comenta don Miguel también sobre la inexistente filosofía española, tan criticado esto por los filósofos europeos, que ésta se encuentra inmersa en la literatura. Así pues, él considero filósofos a San Juan de la Cruz y a Miguel de Cervantes, así como a Calderón de la Barca y a una serie de autores y poetas.

Un gran libro en el que he descubierto bastantes puntos comunes con este autor, lo que me hace plantearme que en un futuro no muy lejano vuelva a leer alguna otra obra del autor.

Leer más

12 mayo 2008

El Gobierno y la Religión


No se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto
Artistóteles

Recientemente hemos podido comprobar como la vicepresidenta de la Vega se fotografiaba con un empresario polígamo, para posteriormente escandalizarse por la condición de este hombre. Hay que señalar, que el señor empresario, polígamo como reza su tradición, se encontraba sumergido en su ambiente; es decir, mezclado entre sus costumbres y en su país.

Lo que hay que señalar y criticar de esta actuación de la representante del Gobierno es, una vez más, la doble moral con la que juegan. Nos inundan de mensajes en pro de la alianza de civilizaciones, del multiculturalismo, de la tolerancia, de la convivencia entre culturas; pero cuando hay que predicar con el ejemplo, la señora de la Vega se escandaliza por fotografiarse con un miembro de otra cultura, de otras costumbres, de otras creencias.

Y así sigue este Gobierno. Queriendo para los ciudadanos lo que no quieren para ellos. Permitiendo, y fomentando casi, el velo en las escuelas, la inminente construcción de mezquitas (y esto pese a su compromiso con la laicidad), y un sin fin de etcéteras; y dejando para ellos el escándalo para con la cultura ajena, la suelta de inmigrantes por las calles del país (aunque ahora el ministro, cuatro años después de la advertencia ciudadana, haya rectificado) y la prohibición y marginación de todo lo que represente lo católico, es decir, nuestra cultura.

El problema que yo creo que arrastra el Gobierno es la lucha continua entre el anti-catolicismo y la pro inmigración, en el sentido humanitario, de la igualdad y los derechos. Para lo primero, el Gobierno utiliza el laicismo, olvidando para lo segundo que estos inmigrantes provenientes de África llevan arraigada su cultura y su religión mucho más que los españoles. Lo que se convierte en un sinfín de contradicciones y de dobles raseros.

Leer más

11 mayo 2008

Música y Recuerdos


En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad.
Arthur Schopenhauer

Los distintos sentidos son una fuente inagotable de evocadores de recuerdos. En nuestro cerebro (o donde quiera que se guarden esas cosas) quedan para siempre marcados los recuerdos que son ocasionalmente rememorados a través de los sentidos.

Un olor de la infancia quedará perenne en nuestra mente, y cada vez que éste acuda a nosotros la evocación de aquellos años se hará inevitable. De igual manera sucede con el oído, particularmente con la música.

Es la música la dueña de las épocas. Cada época tiene su música asociada, y si se quiere realmente comprender una época, ha de hacerse a través de la música. ¿O acaso un claustro no es más medieval si de fondo escuchamos gregoriano? ¿O si en una catedral nos vemos amenizados por un órgano? Igual pasa con la música moderna. Los Beattles se relacionan unívocamente con una época.

Y nuestros recuerdos, nuestras épocas dentro de nuestras vidas también están marcadas e indexadas por una canción, por un cantautor o por un grupo. Nuestra vida, que también se divide en etapas como cualquier historia, tiene distintos himnos, distintas melodías que nos recuerdan inevitablemente a una época concreta; y que al sonar éstas llegamos incluso a sentir las mismas sensaciones que en su día sentimos.

La música es una y, junto con las fotografías, de las mejores maneras de mirar hacia atrás de un modo completo, con unos recuerdos acompañado por sensaciones de la época. Es probablemente la máquina del tiempo más arcaica que exista.

Leer más

09 mayo 2008

Planificación del Ocio


El ser capaz de llenar el ocio de una manera inteligente es el último resultado de la civilización.
Bertrand Rusell

¿Cuánto tiempo al cabo del día lo desempeñamos en cosa puramente inútiles y que no nos aportan nada? Si nos parásemos a pensar nos daríamos cuenta de que tenemos muchos ratos muertos más o menos grandes en los que no le sacamos todo el jugo.

Normalmente queremos hacer tantas cosas que con el mero hecho enumerarlas ya nos sentimos agobiados. Esta mayoría del tiempo va orientada a nuestro ocio, ya sea de tipo más distraído (practicar deporte, dar una vuelta, etc) o más intelectual (aprender un idioma, leer, etc). Pero nuestra mente es muy quisquillosa, y debe tener un gran espacio de tiempo, del que probablemente no aprovechemos todo, para sentirnos capacitados a hacerlo. Es algo parecido a lo que nos sucede con los precios, con el 0,99 y el euro completo.

Si realmente aprovecháramos las veinticuatro horas que tiene el día, éste nos sería más que suficiente para satisfacer de sobra nuestras obligaciones y entretenimientos. Pero como ya he dicho antes, nos falta una distribución buena del tiempo, donde se optimice éste y las horas o medias horas muertas que tenemos las reduzcamos al mínimo o las ocupemos en uno de estos quehaceres.

Digamos también que el ocio, por el hecho de ser ocio, es un poco caprichoso. Si colocamos un horario a nuestro ocio, pasaría casi a convertirse en una obligación más que en un divertimento. Queremos que el ocio sea espontáneo, casi una aventura, más dedicado al momento que a una planificación.

Y una vez más queremos ir a misa y repicar. Y ya se sabe que no se puede, por lo que debemos, o bien sacrificar el ocio en beneficio de ratos muertos para que este ocio sea espontáneo y auténtico; o bien sacrificar esta espontaneidad del ocio en pro de aprovecharlo y poder albergar diferentes actividades.

Leer más

07 mayo 2008

Tipos de Dudas


En caso de duda, no determines, cosa alguna.
Refrán

Continuamente nos acechan dudas. Hay algunas que podemos obviarlas, dejarlas a un lado, retirarle su transcendencia y ningunearlas. Otras, tienen respuesta, más o simple o más compleja. Y luego hay otras que no la tienen, o que no la encontramos al menos, y que además no podemos encajar en el primer grupo, ya que nos persiguen día y noche.

La duda es el elemento principal del conocimiento, según el método cartesiano. Pero es una duda escéptica, recelosa, rutinaria y racional. La duda del tercer grupo que antes he citado pertenece a una duda vital, a una duda sufrida y sentida. Se trata de esa duda que atosiga, que ahoga. La duda de la incertidumbre, del desconocimiento. La duda temerosa, la que provoca pavor y miedo.

Es esta duda la realmente preocupante, porque no es una duda curiosa, es una duda existencial, una duda trascendente. Esta clase de duda es la que puede acabar por erosionar emocionalmente a una persona, que desgasta, sintiendo el miedo a una respuesta, en concreto a una respuesta desfavorable.

Este tipo de duda no está muchas veces fundada si quiera. Proviene de un presentimiento, de una sensación, del subconsciente. Puede carecer incluso de motivación racional, aunque es propio de quién la sufre buscarle sus causas y sus razones, normalmente en vano o encontrarlos con razonamientos inconsistentes.

Es arduo muchas veces aguantar con ella dentro. Poco a poco va creciendo, va poseyendo más tiempo de nuestro pensamiento hasta llegar a convertirse casi en el pensamiento de cabecera.

Su único antídoto es una respuesta, real o imaginaria. Podemos bien inventarnos una respuesta a través de nuestros silogismos y elucubraciones y obtener una conclusión no verificada que tomamos por verdad.

Otra opción es salir a buscar una respuesta preguntando a quién la tenga.

Leer más

06 mayo 2008

La Importancia del Momento


Más vale una palabra a tiempo que cien a destiempo.
Miguel de Cervantes y Saavedra

Partiendo de que todo es relativo, de que un minuto en comparación con una hora es mucho más significativo que comparándose con un día, un mes o un año, hay que saber comprender también que cada minuto, cada hora y cada día son únicos e irrepetibles.

Esto quiere decir que hoy no es mañana, ni mañana es pasado; y que si algo tiene que ser hoy, es que tiene que ser hoy, porque sino tendría que ser mañana. Si tú tienes hambre hoy, tienes hambre hoy, y no sabes si tendrás hambre mañana, o si tendrás la misma hambre. Si hoy quieres comer fruta, es que hoy quieres comer fruta, no que mañana querrás comer fruta.

Y tal vez, en muchísimas ocasiones, que sea hoy o mañana de exactamente igual; pero no siempre sucede así. Habrá infinidad de momentos en los que un día, una hora o un minuto den exactamente igual, pero hay muchos otros en los que no, en los que cada minuto tiene su importancia, y así sucede igual con cada hora y cada día. Todo tiene su momento exacto. Y si es hoy cuando debe suceder algo, o cuando apetece algo; no podrá tener el mismo efecto si ese algo sucede o se satisface mañana. Porque no. Porque hoy es hoy, y mañana es mañana. Al igual que el manzano cría manzanas y no peras.

Cierto es también que a nivel objetivo, a un nivel racional, el efecto entre hoy y mañana sea el mismo (no tiene porque ser siempre, pero puede ser que sí que lo sea) salvo una variación en el tiempo. Pero a nivel subjetivo, los días varían muchos más que para la cabeza. La necesidad no entiende de días. El capricho y el antojo tampoco. La voluntad incontrolable, aquella visceral y nacida en el corazón, y no la racional del “querer es poder”, esa voluntad del alma no entiende de temporizaciones. Y tal vez, aunque el hecho sea el mismo, si éste llega tarde, puede no surtir el mismo efecto, y por ende, no satisfacer el deseo y no cumplir las expectativas.

Y es que un deseo no comprende sólo el hecho, sino también el cuándo. Igual que no tiene sentido celebrar tu cumpleaños cuatro meses después, ni tiene el mismo efecto para uno quién te felicita en el día o el que lo hace pasado unos días, tampoco lo tiene la satisfacción de un deseo, al menos, de un deseo concreto en el tiempo. Porque por lo general, un deseo, una voluntad, va acompañada de un tiempo, de un periodo de consecución que completa el significado, como sucede, como ya he dicho con el cumpleaños.

Por tanto, cuando alguien desea, quiere o ansía algo; no sólo tienen en mente ese algo, sino también el tiempo en el que ha de concederse, satisfacerse o realizarse ese algo. El tiempo en que se realiza es tan o más importante que el qué se realiza.

Leer más

05 mayo 2008

Venganza


Nunca son tan peligrosos los hombres como cuando se vengan de los crímenes que ellos han cometido.
Sándor Márai

Después del puente del día del trabajo, y para los granadinos del día de la Cruz, vuelvo por estos lares, a escribir una vez más el producto de mis pensamientos y reflexiones. Últimamente, me refiero a estos días recientes aunque podría valer prácticamente para el año y medio de blog, me planteo con más frecuencia el dilema entre razón y corazón, sentimiento y pensamiento; y una vez, como tantas otras veces, no llego a ninguna conclusión clara.

Cuando alguien nos hace algún mal, la tendencia mayoritaria de los seres humanos es contrarrestar ese mal en forma de otro mal, lo que se conoce como venganza. Hay miles de obras literarias y morales que tratan el tema, las cuales en su mayoría concluyen que la venganza no conduce a nada y es plenamente inútil. Sin embargo, yo creo que todo es cuestión de puntos de vista.

La enseñanza del antiguo testamente ya nos mostraba la venganza como un tema de justicia “ojo por ojo, diente por diente”, que evolucionó a la versión del nuevo testamento que rechazaba esta postura por la del “pon la otra mejilla”. La Humanidad tiende a hacer livianos los castigos conforme evoluciona. Véanse la abolición de la pena de muerte y los tratos en las cárceles.

La venganza al fin y al cabo sigue siendo una cuestión de justicia, de justicia personal, de uno contra el ofensor. No aporta más beneficio que la satisfacción humana de ver sufriendo a quién sufrir nos hizo; y sin embargo, eso es más que suficiente para saciar una sed y atenuar el dolor.

La venganza es un sentimiento, algo que nace desde el instinto, desde el dolor, desde la pasión; y solamente se ve rebajada, reducida o desviada por esa parte racional de nosotros mismos, que es parte de la socialización, que nos llama a la paz, al orden y al sosiego. Lo instintivo es vengar, no quedarse quieto, ni perdonar.

Durante muchos años la venganza ha sido legítima e incluso defendida. Forma parte del honor del medievo, del honor de caballeros. Y la sociedad, conforme ha ido progresando, ha ido encasillando la venganza entre lo malo, hasta excluirle toda legitimidad e incluirla en delito.

Ocurre con la venganza que nos da un punto fijo en el norte, en muchas ocasiones sustituyendo eso que nos ha sido privado o reemplazándose por el sufrimiento recibido. Se convierte en un estandarte, en un quehacer, una meta. Cuando a alguien le mataban un padre o un hijo, la venganza de su muerte era el sustituto perfecto para las horas que habría de pasar disfrutando de la compañía del ser querido. Al final, la venganza es un cambio de prioridades, una nueva lista de objetivos vitales, en muchos casos necesarios para la propia supervivencia.

Leer más

29 abril 2008

Orense 2008


Del infortunio a la gloria, del éxito al fracaso. Pocos acontecimientos en la vida consiguen, como el deporte, recorrer en dos horas los sentimientos de una muchedumbre.
Jorge Valdano

Hola a todos después de tantos días. He estado en el VIII Inter-informáticas, celebrado en esta ocasión en la localidad gallega de Orense. Al no disponer ni de tiempo ni de medios me ha sido imposible poder escribir entradas durante este tiempo.

El Inter., es una competición deportiva que celebran todas las escuelas de informática de España (todas las que quieren, vamos). Es una especie de olimpiadas en tres días, donde se compiten en varias modalidades deportivas, principalmente, deportes de equipo. La sede va rotando cada año, sin ningún orden establecido, buscando siempre a alguien que no haya organizado nunca el evento.

La experiencia ha sido del todo satisfactoria, tanto a nivel deportivo, como a nivel personal. Hay muy buen ambiente en este campeonato, donde al final se olvida la procedencia y todo el mundo convive en perfecta armonía.

Sobre Orense poco puede decir, ya que no tuve tiempo de pasear por ella tranquilamente. De lo poco que percibí de ella la puedo definir brevemente como cuestas y verde. Orense es una ciudad a la ribera del Miño, en su sinuoso paso entre montes y peñas. El verde pertenece a todo el norte de la geografía española.

No es una ciudad con muchos monumentos, aunque sí con buen paisaje. Tampoco pude degustar la gastronomía. De ambiente tranquilo, tendiendo la fortuna de visitarla bajo un sol radiante y caluroso, digno de Andalucía.

Leer más

21 abril 2008

Diálogo y Democracia


Una buena conversación debe agotar el tema, no a los interlocutores.
Winston Churchill

He de confesar públicamente que las buenas conversaciones son una de mis aficiones favoritas. Intentado acompañar siempre con la lucidez que otorga un poco de alcohol y eligiendo bien la compañía, una charla prolongada puede proporcionarnos más conocimiento y experiencia que un libro o una clase.

Y es que, como bien decían los antiguos griegos, el diálogo es también fuente de conocimiento. Ya las obras de Platón (el padre de nuestra filosofía actual) se denominan “diálogos”, y si alguno ha tenido el placer de leer alguna, habrá podido corroborar que las obras son conversaciones entre personajes.

La charla enriquece tanto al que habla como al que escucha. El intercambio de ideas nos hace percibir ciertos aspectos de la vida o de las ciencias de una manera diferente a nuestro pulido punto de vista. Un intercambio de ideas tranquilo, apacible y sincero puede concluir en una nueva tercera idea que mejore a las dos anteriores utilizando de cada una sus mejores aspectos.

Y es tal vez ese punto intermedio, esa concentración de ideas, lo que se echa de menos en la política actual. Las dos grandes ideologías (o crisol de otras muchas) únicamente miran su ombligo, intentando imponer siempre antes que comprender, dando lugar así a n debate estéril, subjetivo y poco enriquecedor.

Es quizás esta falta de mesura, este desgastado intercambio de insultos y ataques, lo que echa en falta España. Y es tal vez, aunque roce la utopía, lo que un partido nuevo, o más bien una serie de partidos nuevos, pretenden: acabar con la esterilidad del actual debate político español.

Aprovecharé pues para hablar uno de estos nuevos partidos que siguen creyendo y luchando por un debate donde sea más importante la idea que el color, donde el futuro siempre sobreponga al pasado, donde las personas de a pie, los ciudadanos, sean los protagonistas.

El nombre del partido es Centro Democrático Liberal, y en el he depositado mi esperanza.

Leer más

19 abril 2008

Ambición


¡La ambición! Inmortal óleo divino con que Dios purifica el barro humano.
Francisco Villaespesa

De chicos todos nosotros, o al menos una inmensa mayoría, quisimos ser astronautas. ¿Por qué? Realmente no lo sé. Pudiera ser que fuera por dar un paseo por las estrellas, por pisar la luna o porque la ciencia-ficción nos inculcara un sentimiento hacia las naves espaciales.

Lo cierto es que conforme vamos creciendo, vamos apartando nuestro sueño de la infancia, vamos, diciéndolo de alguna manera, poniendo los pies en el suelo, y cambiamos nuestras aspiraciones por otros que se convierten más factibles.

Propio es de la infancia también, generalmente entre los varones, soñar con ser una estrella deportiva, un ídolo de la afición. Soñar pues con ser el mejor en el deporte que por esos dulces años practicábamos y que mejor se nos daba.

Pero vamos creciendo, y poco a poco vamos aparcando nuestros sueños e ilusiones hacia un lado, vamos apartando esa ambición con que competíamos todos los sábados para poder algún día ser eso que tanto anhelábamos.

La ambición, aunque se nos muestra a veces como un valor negativo, tiene sin embargo una connotación positiva, necesaria para la consecución de un objetivo. La ambición sólo aparece una vez que la posibilidad se hace factible, es decir, una vez que vemos alcanzable un objetivo. Nadie es ambicioso con algo que cree perdido.

La ambición acentúa las ganas de conseguir algo. Nos vuelve competitivos. Nos hace mejores. Un conformista no es ambicioso no porque no quiera conseguir algo, sino porque no se ve capaz. Disfrazamos con modestia la cobardía o la impotencia.

La ambición siempre aspira alto. No se conforma con un segundo puesto, o con ser “de los mejores”. No. Siempre exige esfuerzo, exige coraje. Quiere ser siempre un primero, un mejor. Nos hace luchar por eso que anhelamos, casi siempre ajeno a la necesidad y cercano a la vanidad. La ambición lucha siempre (casi siempre) por nuestra vanidad, por nuestro ego, más que por la supervivencia. La ambición desea superar siempre un reto.

El problema aparece cuando somos capaces de todo por pura ambición. Entonces una vez más hay que dialogar con nuestra ética y conciencia. Pero de eso hablaré otro día.

Leer más

17 abril 2008

Lo Profundo y lo Superficial


A mí dadme lo superfluo, que lo necesario todo el mundo puede tenerlo.
Oscar Wilde

Aunque saber sea un único verbo y defina lo mismo, ocurre como con todas las palabras, que hay muchos tipos de saberes, hay distintos matices. Uno de ellos, y tal vez el más popular y conocido, sea el saber culto, el hecho de poseer unos conocimientos sobre la Humanidad en general, la Naturaleza o cualquier otra entidad objetiva.

Existe también un saber más subjetivo, más cercano a personas concretas, no aplicable universalmente y quizás de más bajo nivel; que es ese saber de todos los días, como por ejemplo saber con quién sale Fulanito, o saber qué dice Menganito de Jaimito, etc.

En el fondo, todo es saber, todo es conocimiento; pero existe una abismal diferencia entre ambos. El primero es, y resulta totalmente paradójico, un saber personal. Saber en qué año nació Cervantes, cuántas obras escribió y el mensaje de cada una de ellas, es algo que nos basta saberlo a nosotros mismos para sentirnos realizados.

No ocurre igual con el segundo, más cercano al mundo del chismorreo y el cotilleo. Con ese saber de la calle, de las cosas más cercanas a las personas, uno no quiere saber más que para poder comentar a otros. Y es totalmente curioso, porque yo estoy convencido de que si se nos otorgara por acción divina la respuesta a cualquier chisme, y nos impusieran la condición de que no pudiera ser contada, éste saber perdería todo atractivo.

Y es que quizás estos saberes vayan vinculados con los tipos de personas, con los intereses y los fines vitales. Hay a quién le gusta saber, por cultivar su persona, su individuo, y para ello lee por lo general; y hay quién es más de hablar en corrillos, de sentir la necesidad de ser popular, de ser escuchado y reclamado por otros.

Y quizás de aquí pueda hacerse distinción entre lo superficial y lo profundo: mientras que lo superficial queda siempre para la galería, para deslumbrar al resto, y que sin ese resto de personas pierde totalmente su sentido; lo profundo es individual, privado, siendo de esta manera la única manera de serlo, y que cuando se comparte no se hace en corro sino en la más cuidada intimidad.

Leer más

16 abril 2008

Animales para el Matadero


Nombre: Animales para el matadero.
Director: Egon Monk
País: Alemania
Duración: 99 minutos.
Reparto: Bruno Dietrich, Ernst Jacobi, Gerlach Fiedler.

Ayer, como suelo hacer casi todos los martes de este cuatrimestre, fui al Aula Magna de la Facultad de Ciencias, donde proyectaron esta película. No es que fuera un peliculón la mar de divertida. Tampoco tocaba ningún tema profundo ni presentaba ninguna paradoja espeluznante. Simplemente fue una metáfora, muy directa, de la sociedad.

La película trataba acerca de un tren. Un tren en el que viajaban pasajeros en clase alta. Y en este tren empiezan a ocurrir cosas sumamente extrañas, como un mensaje militar por el altavoz, el bloqueo de las ventanas, la inutilización del freno de emergencia, etc. Ante tal serie de despropósitos surgen en el tren dos corrientes bien distintas: los que quieren saber la verdad, y los que confían en que el tren arribará a su destino.

La película es un clara crítica hacia aquellos que permanecen impávidos a su alrededor. Los que no se preguntan por las injusticias sociales, ni por los poderes. Aquella clase complaciente que prefiere vivir su vida, ajena al resto, sin meterse en nada.

Esta metáfora es aplicable también a la sociedad española. La mayoría, inmensa mayoría, es ajena a sus problemas más directos (como puede ser si maltratan o la vecina de al lado) y a los problemas que nos afectan a todos: la política. ¿A cuánta gente le interesa la política durante la legislatura? A muy poca, realmente muy poca.

Los políticos nos utilizan. Abusan de nosotros diariamente. Hablan del pueblo cuando les interesa. Cuando interesa nos representan, cuando no, son una entidad aparte. Roban de nuestros impuestos, mienten descaradamente, hacen más importantes las palabras que los hechos (ver trasvase del Ebro); y encima, tienen unos medios de comunicación a su servicio, siempre dispuestos a dar propaganda.

Cada día se comenten cien mil injusticias en el entorno de cada uno; y muchas veces somos conscientes de ellas. No obstante, preferimos agachar la cabeza, o mirar a otro lado. El abuso de poder está a la orden del día, pero los políticos están amparados por unas leyes blandas y un poder judicial sumiso. Y los ciudadanos seguimos indefenso ante abusos; y muchas veces, esta postura de complacencia es comprensible, ya que es preferible a una vida tranquila, rodeado de la familia y sin ningún tipo de preocupación más allá del fútbol, que una de pleitos y conflictos.

Pero hay que dar el paso. Hay que luchar por unas ideas, por unos valores, por una Justicia. Hay que dar el paso de buscar una vida mejor, no sólo para uno, sino para todos. Y es por eso que no podemos dormirnos sentados en el vagón de la vida.it.

Leer más

14 abril 2008

II República


Mi respeto y mi amor por la verdad me obligan a reconocer que la República española ha sido un fracaso trágico
Gregorio Marañón.

Para muchos nostálgicos, hoy es un día memorable, un día de fiesta. Hace setenta y siete años se proclamó en España la Segunda República. Y pese la inestabilidad que trajo al país, la más que dudable legitimidad con que se proclamó y la quema de conventos e iglesias que tuvo el mismo día de la proclamación, hay quién piensa que hoy debemos celebrar algo.

La República, como sistema político es evidentemente más justo que la Monarquía, donde la máxima autoridad del Estado es una cuestión más de sangre que de legitimidad. Una república elige a sus gobernantes todos, y está mucho más cerca del sistema ideal que la monarquía.

Lo que no consigo entender es por qué el movimiento republicano español tiene la mira en la II República Española. Y no lo pueden negar. Festejan su proclamación, utilizan sus símbolos y una larga serie de etcéteras. Los republicanos españoles no quieren una república, quieren otra II República Española.

Según éstos, fue un tiempo de máxima libertad e igualdad. Yo no entiendo la igualdad como una persecución ante lo católico, ni como una prohibición de la Semana Santa. Tampoco la entiendo como una proclamación de independencia del resto de España (véase Cataluña). La igualdad no es oprimir a una mitad española que se siente identificado con una religión. Ni igualdad tampoco es dar un golpe de Estado cuando se pierde el poder (1934).

Como teoría la II República pudo ser maravillosa, como práctica, un fracaso que desembocó en una guerra. Pienso que le movimiento republicano español debería poner sus miras en otros sistema republicanos, tales como Francia, que también son República, pero sin la exclusión ni opresión de una mitad del país.

Leer más

11 abril 2008

Detalles


El mejor regalo que podemos darle a otra persona es nuestra atención íntegra.
Richard Moss

Hay palabras y gestos que para uno pasan totalmente desapercibidos. Es más, en nuestra más profunda ignorancia acontecen a diario una cantidad de sucesos, que si pudiéramos conocerlos todos, acarrearían más de un disgusto. Sin embargo, cuando somos conscientes de estos gestos y palabras, nos cuesta muchas veces fingir indiferencia.

Se habla de nosotros a todas horas, se opina, se elogia, se desprecia. Estamos continuamente en pensamiento ajeno. Y no nos importa. No nos importa porque en cierta manera lo vemos como algo distante, algo lejano y ajeno a nosotros. Más suposiciones que hechos, más cerca de lo incierto que de lo cierto.

Muchas veces sabemos que ciertas palabras o ciertos gestos no son del todo espontáneos, sino que vienen alentadas desde otra persona en forma de consejo. Y sin embargo, las tomamos como auténticas, y no nos importa, ni estamos interesados muchas veces en conocer su origen, creyendo o queriendo creer que son palabras propias y gestos propios.

Y nos gusta que sea así. Y sucede cuando nos enteramos de que la iniciativa no proviene exclusivamente de la persona en cuestión que nos molestamos. Nos decepciona que esa persona no haya sido la promotora de la acción o la palabra. Y es que en los detalles, en las pequeñas cosas no nos conformamos sólo con el hecho, sino que deseamos también la intención, la idea, la originalidad.

Si fuera únicamente cuestión de contenido, ¿qué más nos daría? Pero es que no se trata sólo de eso, no se trata de un hecho o palabra objetiva; es de la carga emocional que contenga dentro, de lo que signifique en el lenguaje del corazón, de las intenciones, de las pretensiones.

Los detalles son detalles no por su significante, no por lo que son, por su forma o color; sino por su significado, por el sentimiento que transmiten, por la carga emocional que envuelvan. Los detalles sólo tienen sentido si proceden únicamente del corazón.

Leer más

10 abril 2008

Fotografías


Nadie puede ser esclavo de su identidad: cuando surge una posibilidad de cambio, hay que cambiar.
Elliot Gould

Cualquier que haya visitado mi dormitorio alguna vez sabrá que hay una atracción especialmente turística: las fotografías que hay por todos lados. Es una de mis pequeñas manías, costumbres o características, a veces casi una atracción turística.

¿Pero qué de especial tienen las fotos? Recuerdos. Únicamente recuerdos. Es admirable levantarse cada mañana y recordar otros tiempos. Además, suele pasar en los fines de semana que uno tiene todo el tiempo del mundo para levantarse, que se deleita con las emociones y sensaciones de aquella época; y es francamente difícil ocultar una sonrisa, o incluso a veces una carcajada.

Y es que las fotografías son eso, momentos plasmados en un papel, que aparte de colores y formas llevan sentimientos. Son, después de la música y la pintura, la mejor manera de manera de plasmar sentimientos sin palabras y sin recurrir a la imaginación, sino empleando únicamente elementos y personas reales. Las fotografías son una manera barata de soñar, pero hacia atrás. Son una constante invitación a no borrar momentos que provocaron alegría, tristeza o euforia.

Y gusta, lo cierto es que gusta ir viendo las distintas etapas de la vida, y ver como uno va evolucionando, como va creciendo y madurando; como evoluciona también el pensamiento, las prioridades y hasta los gustos; todo lo relacionado con el individuo. Ver como la vida es algo dinámico, que nunca cesa de cambiar. Es agradable sentirse vivo contemplado fotografías a la vez que uno se da cuenta de que también sigue siendo el mismo.

Leer más

08 abril 2008

Dependencia


Descripción del hombre: dependencia, deseo de independencia, necesidad.
Blaise Pascal

Siguiendo un poco con la retahíla que traigo estas últimas entradas, vengo pensando la suma dependencia que tenemos hacia ciertas personas, actividades y cosas. Pero, ¿es buena esa dependencia?

La dependencia hacia nuestro entorno está en todos nosotros, auque a veces se nos presente de manera más clara, y otras de forma más turbia. Ésta es gradual, es decir, aumenta o disminuye dependiendo de lo que estemos hablando, o de quién estemos hablando.

Esta dependencia nos proporciona felicidad, o al menos seguridad y estabilidad; y su pérdida puede provocar un gran trastorno en nosotros. Por ejemplo, el trabajo. Eso de que tanto renegamos y nos quejamos; y sin embargo, si lo perdiéramos, sentiríamos un gran vacío en nosotros, un gran dolor y un gran pesar.

Igual sucede con las personas. Somos adictos a ciertas personas, y a veces no sabemos muy bien por qué; y sin embargo, en el momento que dejan de estar, o fallan o sucede lo que sea; sentimos un vacío, un dolor. Y por otro lado, cuando más cerca nos sentimos, más dependemos de éstas para nuestra propia felicidad, más dicha sentimos y más felicidad abarcamos.

Y es que en esto de las relaciones, ya sea con personas, con actividades o con ciertos objetos; hacemos una inversión sentimental. Cuando más nos volcamos, más nos gusta, más nos deleitamos; pero en el momento en que desaparece, sentimos un profundo vacío. Y sin embargo, con aquello a lo que no dedicamos apenas tiempo y/o esfuerzo, no podemos sentir nada más que indiferencia, o a lo sumo una ligera nostalgia.

Y es por eso la importancia de lo que dependemos, de elegir con criterio, a la par de muchas cosas. Porque si elegimos suficientes, en el momento en que una falle, podemos agarrarnos a las otras para rellenar el hueco temporalmente mientras buscamos sustituto.

Leer más

07 abril 2008

La Vida es Sueño


¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.
Calderón de la Barca

Si la vida es un sueño o no es algo que resultará imposible de saber, o a menos eso parece a día de hoy. Mucha es la tradición literaria que existe sobre este tema, al igual que numerosa es en la mitología judeo-cristiana la aparición de sueños donde se desvelaban mensajes de Yahvé y múltiples profecías.

Lo que sí sucede a veces, normalmente cuando uno anda cansado y extenuado, que se le nubla la vista y el pensamiento; y determinadas cosas no sabe si las ha vivido, las ha soñado o ambas a la vez.

Nos pasa también cuando estamos cansados que cualquier sensación o emoción se exagera, se vive más intensamente, y se hace centro de todo. El sueño nubla la razón y nos hace animales puramente instintivos, donde cualquier recuerdo, pesar o alegría es infinitamente exagerado y sacado de tiesto.

¿Y cuál es la diferencia entre vivir una cosa o soñarla intensamente, a nivel de emociones? Pues si me apuráis… ninguna. Es decir, si vivimos determinadas cosas para que produzcan en nosotros una serie de sensaciones, y con esos sueños intensos vivimos esas sensaciones, ¿qué más da vivir que soñar?

La diferencia que yo percibo es la autenticidad de una o de otra. Una digamos que es “verdad” y la otra no, enmarcando la verdad como algo objetivo y admirado por todos. Y volvemos una vez más a lo mismo, la admiración y aprobación del resto por encima de la experiencia propia, de la vivencia personal.

Otra diferencia tal vez pueda ser la conciencia de la realización. Es decir, el consentimiento de sentir cualquiera emoción que sea, el ser dueños de nuestras sensaciones que siempre nos aporta esa seguridad necesaria para dar el siguiente paso. Por eso no legitimamos aquellas que nos provocan los sueños de manera involuntaria.

Leer más

06 abril 2008

Residuos Morales


Sería muy simpático que existiera dios, que hubiese creado el mundo y fuese una benevolente providencia; que existieran un orden moral en el universo y una vida futura; pero es un hecho muy sorprendente el que todo esto sea exactamente lo que nosotros nos sentimos obligados a desear que exista.
Sigmund Freud

Está claro que es imposible no caer en la doble moral. Somos muy cuidadosos con unos temas concretos para proteger, por ejemplo y ahora que está muy de moda, el medio ambiente; y para ello separamos las basuras meticulosamente en los distintos cubos de orgánica y envases ligeros; pero luego somos muy descuidados para otras que vienen a perjudicar eso mismo, de nuevo en este caso el medio ambiente, que estamos procurando salvar o subsanar; y dejamos las luces encendidas durante horas, la televisión puesta aunque no haya nadie viéndola o preferimos usar el aire acondicionado antes que abrir las ventanas.

Nos es imposible no caer en las contradicciones morales. Y es que, en el fondo de los fondos, el cuidar el medio ambiente o cualquier otra obra social o benéfica no es más que una excusa para subsanar nuestra conciencia, para sentirnos buenos con el mundo, con nosotros mismos. Y eso suele pasarle a la gente que no se atreve a ser “mala” más que a los que sienten necesidad de ayudar.

Y es que la ética parte muchas veces más desde el miedo y la falta de atrevimiento que desde las convicciones. Y muchas de nuestras acciones son “buenas” porque no somos capaces de hacer las “malas”; no porque creamos que lo que hacemos sea bueno o práctico.

Somos buenos por miedo muchas veces. Por miedo a unas represalias, a una opinión, a salirse del camino marcado, de la vereda que la sociedad ha construido. Muchas veces somos buenos porque es lo que la sociedad acepta, lo que ve con buenos ojos; aunque luego, la mayoría de sus integrantes no le otorguen valor alguno. Con las obras sociales todos estamos de acuerdo, todos lo vemos bien, nadie se atreve a contradecirla; y sin embargo, todos mostramos una letal indiferencia. Y ésta incremental exponencialmente cuando se trata encima de llevarla a cabo uno mismo.

Y es que la moral, a fin de cuentas, es más una serie de descartes que una decisión. Son las sobras de lo que no somos capaces de hacer muchas veces antes de lo que queremos ser. Sólo las grandes voluntades son capaces de crearse la suya en vez de seguir la establecida.

Leer más

03 abril 2008

La Locura


El sordo siempre cree que los que bailan están locos
Jorge Bucay

Tendemos a acusar de locos a todos aquellos que se apartan de lo establecido, de lo normal. Asimismo, en el siglo XIX se empezó a acuñar el término “locura” a todos aquellos individuos que su comportamiento implicaba el rechazo de las normas sociales.

Aunque poco a poco la sociedad se va curando de espanto, y va asimilando una amplia variedad de ideas y comportamientos, la sociedad actual sigue apartando y señalando con el dedo a todo aquel individuo que no sigue unos cánones de comportamiento, a todo aquel que se sale de la línea.

Una vez más, y en este caso se demuestra a nivel social, el hombre se asusta de lo desconocido, y lo desprecia. La rutina y la “normalidad” dan seguridad al individuo. Unas pauta ya marcadas, unos comportamientos establecidos hacen que cada persona pise duro cada día, no se tambalee y pueda mantener un ritmo constante.

Lo desconocido nos aterra, lo diferente. Acusamos de malo aquello que difiere de nuestras costumbres y hábitos. Y muchas veces acusamos de loco a aquel que se salta el protocolo, muchas veces por llamar la atención. ¿O qué es lo que pensamos cuando vemos a un espontáneo desnudo en un campo de fútbol con una pancarta en contra de las guerras? Que está loco. Y señalamos su locura porque nos vemos incapaces de realizar ese acto, ni ningún otro que ponga a prueba nuestra reputación en sociedad.

Por tanto en el saco de los locos entran los atrevidos, los valientes, los cansados de soportar una rutina, los inconformistas. Metemos en el caso de los locos aquellos que no se acongojan por la opinión social, por la mirada de toda una sociedad, por los comentarios, por las miradas. Son locos aquellos que creen en sí mismos, en sus ideas. Aquellos que han comprendido que la sociedad marcha en un ritmo equivocado, que el Sistema es necesario pero mejorable. Son locos aquellos desencantados que alzan la voz ante el miedo de la masa ante la reacción, los que creen en sus ideas y las transmiten sin complejos, los utópicos, los que se han cansado de vivir la farsa de las sociedades modernas, la continua hipocresía.

En el fondo, todos tenemos dentro un poco de locura; pero la sociedad nos cohíbe lo suficiente como para que esta locura en forma de ideas inconformistas mueran en el letargo de uno mismo.

Leer más

02 abril 2008

La Crueldad de la Guerra


La guerra deja ardua herencia de guerras.
Guglielmo Ferrero

Estamos más que acostumbrados a ver por la televisión, especialmente a través de los informativos, escenas de guerra, tanques y soldados armados, disparos y explosiones; y por muy acostumbrados que estamos a ver la crueldad de una guerra, no somos conscientes del daño y sufrimiento que realmente inflinge.

Tal vez por la censura, o tal vez quizás por la continua emisión de imágenes y noticias, estamos cada vez más insensibilizados ante tal problema. Tanto es así, que hasta nuestro gobierno propone una Ley que supone la reabertura de heridas, suponiendo éste que éstas se cerraron. Pero lo cierto es que las heridas de una guerra difíciles son de sanar.

La guerra nunca se declara por los motivos que se exponen en la declaración. Y empezando por ahí, es la excusa perfecta para cometer toda clase de atrocidad impudente. Es el escondite perfecto para las bestias, que ven como pueden desarrollar su instinto más agresivo y violento gratuitamente.

También está el otro lado. La gente inocente, los civiles, o los soldados que están alistado por pura necesidad, sin creer ni en las patrias ni en las banderas. A ellos también les marca la guerra, y les influye mucho más que a los individuos descritos arriba, ya que la inocencia es como la virginidad; una vez que se pierde no se puede recuperar.

Los daños de una guerra son irreparables. No hay tratado ni capitulación capaz de satisfacer a ninguno de los individuos que la hayan sufrido de lleno. No hay justicia para las víctimas supervivientes de una guerra. Y mucho menos para los que perecieron.

Leer más

01 abril 2008

Descartes


El cambio es la única cosa en el universo que no cambia.
Helmuth Wilhem

Leyendo uno de los tantos blogs que hay por Internet, pero de esos que tanto escasean que preguntan más que responden, he encontrado el tema para esta entrada. Como podréis comprobar a continuación, el tema no es nuevo, y me sirve más bien para reafirmar mi pensamiento acerca del tema.

En este blog (Mi vida es mi sueño) se trata el tema de los descartes. Se entiende por descarte aquella persona u objeto de la cuál prescindimos, usualmente para ser sustituida por otra, aunque no tiene por qué.

Infinidad de veces he hablado sobre el dinamismo de la vida, y sobre la necesidad de huir continuamente de las rutinas. Los cambios en la vida nos marcan la vida, en el sentido de que marcan las etapas y los pasos que damos. Si viviéramos cien años una vida totalmente idéntica, acabaríamos hastiados de esta, aburridos por la rutina y por las mismas cosas. Sin embargo, son los hitos, los cambios, los que marcan la vida. Los cambios de vivienda, la compra de un nuevo vehículo, el cambio de trabajo, el cambio de pareja, etc.

Y es de estos cambios de lo que luego podremos hablar, y lo que en un futuro podremos recordar. Y si todo el mundo se parara a hacer sus memorias al final de su vida, no relataría día a día los diez años que pasó haciendo exactamente lo mismo, y si lo hiciera, su relato no destacaría, no llamaría la atención. Y muy distinto sería el relato de aquel que hubiera tenido una vida ajetreada, cargada de viajes, sensaciones y aventuras.

Los cambios son parte de la vida. Quién permanece con la misma ropa, el mismo reloj y la misma decoración mucho tiempo está condenado a la muerte lenta de aburrimiento (ya lo recordaba Neruda en su “muere lentamente”). Todo cambio, por ínfimo que sea, toda ruptura con la rutina, nos proporciona un poco más de vida, aunque a priori nos pueda parecer que ese cambio nos acerca a la destrucción.

Leer más

31 marzo 2008

El Instinto de Conservación Intelectual II


Uno a uno, todos somos mortales. Juntos, somos eternos.
Apuleyo

Estos días, desde que leí el capítulo tercero del ensayo de Unamuno, sigo pensando en la eternidad, en nuestra vanidad como seres humanos y en qué nos lleva a tal punto. Por supuesto no he sacado nada en claro.

La necesidad de una existencia es algo latente en el ser humano. El hombre debe reafirmarse a sí mismo cada día, y debe los demás reafirmarlo a uno. Tiene una especia de sentido del deber a hacer las cosas de “manera correcta”. Lo que difiere normalmente es el concepto de “correcto”.

Todos necesitamos una aprobación de los demás, incluso más que de nosotros mismos. El concepto que se tiene de nosotros es casi tan importante como lo que somos realmente. Muchas veces vivimos únicamente para legitimar ese concepto, cambiarlo o adquirir nuevos. Queremos ser más que somos. Y queremos ser para no sentir la resignación de una vida en vano.

La eternidad, la gloria, la inmortalidad, la intemporalidad no es más que una reafirmación de nosotros mismos. Es un asentimiento de la Historia y de la Humanidad hacia personas que han cumplido unas expectativas, que han sabido salirse de la senda marcada o que han destacado por cualquier motivo. La eternidad es una reafirmación, una aprobación que conceden los hombres a quienes realizar algo extraordinario.

Y como bien indica el concepto, debe ser algo que esté fuera de los ordinario, algo que no sea normal ni fácilmente realizable. Y es en esa búsqueda de lo extraordinario cuando uno mismo necesita sentirse diferente, especial. Y quien consigue la unicidad, la exclusividad de un pensamiento, obra o acto es aquel que habrá alcanzado la gloria, la inmortalidad del recuerdo, la eternidad de su nombre.

Leer más

28 marzo 2008

El Instinto de Conservación Intelectual


Lo esencial es pensar de otro modo que los demás. Entre los creyentes es ateo; entre los ateos sería creyente
Jaques Rousseau

Esta mañana, en vez de estudiar que es lo que debería haber hecho, he sentido la llamada del libro que actualmente leo y que tengo bastante abandonado: Del Sentimiento Trágico de la Vida, de don Miguel de Unamuno. Grata ha sido mi lectura de hoy, como la está siendo la del libro entero, pero curiosamente, la parte que más me ha llamado la atención era un extracto de “Emilio”, de Jaques Rousseau.

“Aunque estuvieran los filósofos en disposición de descubrir la verdad, ¿quién entre ellos se interesaría en ella? Sabe cada uno que su sistema no está mejor fundado que los otros, pero le sostiene porque es suyo. No hay uno solo que e llegando a conocer lo verdadero y lo falso, no prefiera la mentira que ha hallado a la verdad descubierta por otro. ¿Dónde está el filósofo que no engañase de buen grado, por su gloria, al género humano? ¿Dónde el que en el secreto de su corazón se proponga otro objeto que distinguirse? Con tal de elevarse por encima del vulgo, con tal de borrar el brillo de sus concurrentes, ¿qué más da? Lo esencial es pensar de otro modo que los demás. Entre los creyentes es ateo; entre los ateos sería creyente”.

Continúa diciendo, ya siendo obra suya que “sólo por nuestra la queremos, y más encariñados vivimos e la moneda falsa que conserva nuestro cuño, que no la pieza de oro puro de donde se ha borrado nuestra efigie y nuestra leyenda”.

Y es que llevan razón estos dos autores, la vanidad nos ciega. Y habla Unamuno de forma acertada, diciendo que el ansia de eternidad no es más que un miedo a la nada, un miedo al vacío; y que para no caer en el olvido, para alimentar nuestro ego, que no es más que un instinto de supervivencia espiritual, creamos arte.

Sin duda la eternidad es uno de los objetos más deseados por el ser humano. Y aun sabiendo lo tormentosa que puede ser la vida, preferimos la eternidad (bien puede ser también porque es inalcanzable); y la preferimos porque el olvido nos aterroriza, porque no aceptamos que todo nuestro esfuerzo y sufrimiento sean en balde. El ser humano tiene desarrollado por tanto también un instinto de conservación espiritual, donde procura que su nombre y su obra perduren por os siglos de los siglos. El ser humano es un animal sediento de eternidad.

Leer más

25 marzo 2008

La Delgada Línea del Tiempo


Y es que en este mundo traidor, no hay verdad ni mentira: todo es según el cristal con que se mira.
Ramón de Campoamor

Decía un dicho popular, o tal vez de algún personaje célebre que mi ignorancia desconoce, que la vida sólo puede ser vivida mirando hacia delante y comprendida haciéndolo hacia atrás. Creo en la veracidad de este dicho por múltiples razones.

En primer lugar, alguien que vive anclado en el pasado jamás podrá sentirse libre. El hecho de tener en mente algo que es irremediable, y que a su vez impide prestar la totalidad de la atención al día actual, al día a día hace imposible un disfrute del presente.

Por otro lado, al igual que sucede con la Historia, la vida también requiere una interpretación, una reflexión con el conocimiento de todos o al menos la mayoría de los factores que han impulsado la toma de distintas decisiones. Este análisis y reflexión sólo ha de ser posible en la ausencia de la duda, nadando en la seguridad que provoca la certeza de unos hechos.

Encontramos por tanto una clara distinción entre pasado y presente (futuro desde luego también, aunque hoy ni hablaré de él). Sabemos o creemos saber qué funciones le pertenecen a cada periodo de tiempo de nuestra vida.

No obstante, se hace difícil la distinción entre pasado y presente. ¿Cuándo “somos” y cuándo “fuimos”?. No es tan fácil la distinción, porque muchas veces creemos que “fuimos” cuando aún “somos”. No tenemos una línea tangible entre el pasado y el futuro, no hay una cantidad de días, horas o años finitos que nos distingan entre un periodo u otro; y por tanto, es fácil confundir cuándo debemos analizar un hecho y cuando debemos vivirlo.

Una vez más, todo es relativo, todo depende del punto de referencia que tomemos. Ayer puede formar parte de este año académico, y por ende del presente, o, sin embargo, podemos interpretar que hoy es un día totalmente diferente a ayer por ejemplo en las comidas o en la actividad.

Relativizar es algo que hoy día, y en muchos años me temo, no pueden hacer las máquinas. No es fácil relativizar y ordenar conceptos en el espacio y el tiempo. La capacidad de saber interpretar si un punto de vista es o no acertado, de saber valorar un hecho desde un punto de vista concreto es un síntoma evidente de inteligencia. Y hoy por hoy, en la mayoría de las personas, o no se sabe, o no se quiere.

Leer más

19 marzo 2008

Bélgica


España mi natura, Italia mi ventura, Flandes mi sepultura
Dicho de las tropas españolas en la Guerra de los treinta Años

Después de unos días de ausencia vuelvo de Europa. La verdad es que estos días han sido realmente increíbles, y aunque me hubiera gustado poder hacer una entrada desde el extranjero, o al menos tomar las notas que dictaba mi inspiración pero el tiempo ha sido escaso.

Mi visita a Bélgica y una ínfima parte de Holanda ha sido productiva. Es curioso como varían los hábitos de una cultura a otra, aun siendo estas dos, la flamenca y la española, culturas bastante cercanas (el gótico nos une a todos).

Estuve en Lieja, Lovaina, Maastrich, Gante, Bruselas y Brujas. El gótico presente en todas ellas, más ausente tal vez en Maastrich. Queda latente su sello medieval, su orden, su pulcritud (salvo la nocturna); así como su dejadez ante sus monumentos, y su escasa cultura del turismo religioso (la mayoría de los templos permanecían cerrados).

Maastrich sí se salía de estos cánones. Sus calles eran ordenadas, ortogonales, rectas. Parecían sacadas de un cuento o de un parque temático. Los patos y los gamos eran las atracciones de los parques y los coffee shop la atracción turística.

Es curioso en Bélgica el papurrí de lenguas que tienen. Una parte habla el francés, y otra el flamenco. Pero en ninguna de esas regiones hablan el otro idioma del país. Era sorprenderte encontrarte en las estaciones de tren los nombres de las mismas ciudades, pero con diferente nombre dependiendo del lugar donde uno se hallara. Y lo incómodo que debe ser viajar dentro de su propio país y que no lo entiendan. Y no por capricho, como aquí en España, sino porque los francófonos no hablan el flamenco y viceversa.

Sobre la gastronomía poco puedo decir, si es que realmente tienen gastronomía. La pasta, la pizza y los “pita petit poulet” deliciosos; pero me temo que no es muy típico del país. Mucha lluvia, muy grises los edificios, escasa luz. Y por supuesto, ese invento llamado persiana no ha llegado al corazón de Europa aún.

Grata experiencia que espero poder repetir pronto, ya sea en Bélgica o en otro país del mundo.

Leer más

09 marzo 2008

La necesidad de la Ilusión


Una ilusión eterna, o por lo menos que renace a menudo en el alma humana, está muy cerca de ser una realidad.
André Maurois

La casualidad ha querido hoy que al asomarme por la mañana a la ventana, como hago por habitualmente, encuentre a un niño sumergido en la felicidad que proporciona una pequeña pelota de plástico. Seguramente el muchachito estuviera fantaseando con que es una estrella del balompié. Lo que él realmente ignora es la importancia de sus ilusiones.

Si todos poseyéramos esa ilusión con la que empezamos un proyecto o un nuevo curso, con la que se emprenden viajes o con la que se recibe un regalo durante todos los días del año, en primer lugar estaríamos agotados (la ilusión cansa), seríamos mucho más felices y conseguiríamos más nuestras metas.

Mucho de nuestros fracasos se debe a que tiramos la toalla antes de tiempos, a que nos parece el final demasiado lejos o a que nos vemos incapaces. La ilusión, sin embargo, nos potencia nuestras habilidades y nos cambia el espíritu. Es capaz de cavar pozos de esperanza.

Sin embargo, poco remedio encontramos a aquellos que han perdido la ilusión, y por tanto la esperanza. La esperanza es consecuencia de la ilusión. La esperanza es más pasiva, más receptiva; pero también persigue un bien, una mejora, algo que nos beneficia. La ilusión es el motor de la vida, del conocimiento, del logro; sin ella, poco nos queda hacer.

Por eso mismo hemos de encontrar la ilusión en varios aspectos de nuestra vida. Distribuirla uniformemente, sentirnos ilusionados por todo aquello que hacemos. En definitiva, vivir cada segundo, como realmente sucede, como si no se volviera a repetir.

Leer más

06 marzo 2008

Inseguridades y Miedos


Nadie llegó a la cumbre acompañado por el miedo.
Publio Siro

No suele ocurrirme que las ideas se me amontonen en la cabeza y que no consiga crear la frase correcta que plasme exactamente mi pensamiento. Normalmente salgo airoso de esta pugna interna entre el continente y el contenido, con un acuerdo riguroso entre ambas. Pero ahora mismo, las ideas se amontonan, y simplemente siento que me repito como el ajo.

Todo ser humano teme a lo desconocido; desde la oscuridad hasta los sentimientos. Cuando alguien deja de sentir miedo hacia algo desconocido, es porque tiene confianza en sus posibilidades, o fe en sus teorías acerca de lo desconocido. Colón se arrojó al mar porque estaba convencido de llegar a las Indias.

Con los sentimientos ocurre igual; nos sentimos seguros de aquellos sentimientos que somos capaces de domar, aquellos que ya conocemos o simplemente de los que ignoramos su alcance. Sentimos miedo cuando no sabemos donde vamos a desembocar, adonde nos conducirá el destino o qué designios tiene preparados el azar.

Sucede también que somos ignorantes de nuestro alcance y de nuestras reacciones. Hay quién tiendo a interiorizarse considerablemente, quién su baja autoestima no le permite conocerse realmente; aunque su experiencia le hable de sus capacidades. El miedo ciega la razón; y la inseguridad provoca el miedo.

Hay dos formas básicas de superar esta inseguridad y por ende este miedo. Una, la menos ética pero igual de práctica, es engañarnos a nosotros mismos, mintiéndonos y hacernos creer de que somos capaces de algo, o que ese algo no tiene tanta trascendencia o importancia. Otra, que debería ser la empleada siempre, es convencer y convertirnos en domadores de miedos, en conocedores de nuestro alcance real y fomentadores de nuestro infinito potencial. Debemos analizarnos concienzudamente y encontrar nuestro verdadero temor para hacernos personas que pasen por encima de él; para superarnos a nosotros mismos.

Haciéndonos capaces y sintiéndonos capaces habremos vencido todos los miedos, y por tanto no habrá fin que no podamos alcanzar.

Leer más

05 marzo 2008

Elecciones Propias


Una nación sin elecciones libres es una nación sin voz, sin ojos y sin brazos.
Octavio Paz

Ante esta avalancha de debates, de bombardeo mediático, uno se olvida de que en Andalucía también hay elecciones. El señor Chaves, muy hábil para lo que quiere, una vez más nos ha deleitado a los andaluces con unas elecciones en conjunto del Estado; sin un debate propio, sin la atención que requieren estas elecciones.

Una vez más, y ante todo lo que tiene que esconder, el ya casi vitalicio presidente de la Junta, aprovecha el refugio que suponen unas elecciones generales para esconder la cabeza. ¿Cuántos andaluces vimos los debates sobre Andalucía? Lamentablemente, muy pocos.

Y así se va olvidando Andalucía poco a poco. Publicó El Mundo recientemente una encuesta donde la mayoría de los andaluces estaban en contra de las gestiones de Chaves, pero aún así lo votaban. ¿Por qué sucede esto? ¿Faltas de alternativas? ¿Fanatismo? Sea cual fuere la causa, es lamentable.

Lo que debería hacer este gobierno andaluz, o este parlamento mediante una ley; es convocar elecciones por separado; elecciones propias. Así, se vería más claro qué es lo que realmente deciden los andaluces; y no dejarse llevar por la inercia de las generales.

Leer más

02 marzo 2008

Inactividad


Así como el hierro se oxida por falta de uso, también la inactividad destruye el intelecto.
Leonardo Da Vinci

Llevo una semana que no he parado para escribir nada. Uno de los factores es que no he parado por mi casa, me he permitido el lujo de después de exámenes de tomar el sol y estar en la calle el tiempo que me ha dado la gana, sin sentir cargo de conciencia.

Tampoco es que me haya surgido nada interesante estos días, ni tengo la inspiración filosófica que otras veces. Es más, estoy convencido que el peor enemigo de la inspiración es el tiempo libre y el descanso. Uno se enajena de todo y se desvanecen hasta las inquietudes.

Se vive muy cómodo panza arriba, sin ninguna presión, sin nada que hacer. Es fácil y hasta divertido; pero no es del todo práctico. Sucede igual con los jubilados, que ante tiempo libre y ante la ausencia de actividad desesperan y empeoran sus estados físicos y mentales. Y es que la actividad es parte de todo ser humano.

El parar en seco y desocuparte de tus obligaciones hace que nuestro ocio más activista, como la escritura o lectura, se desvanezcan a favor del ocio más simple, como es un video-juego, una serie de televisión o simplemente el sueño.

Leer más