04 junio 2008

Épica


La eternidad es una de las raras virtudes de la literatura.
Adolfo Bioy Casares

Hay un género literario, la épica, que intenta engrandecer o más bien recoger y reconocer los grandes hechos. Este género, comenzado por Homero en sus Ilíada y Odisea narra principalmente la heroicidad de sus personajes.

En cierta manera, todos intentamos darle un punto épico a nuestras vidas, un punto trascendente. Al igual que en la literatura, engrandecemos nuestras acciones, empleamos palabras solemnes y firmes y sentimos la trascendencia del momento. Fanfarronear poniéndole nombre a los viajes es un claro ejemplo de esta épica en nuestras vidas.

Todo esto puede venir provocado una vez más por la necesidad que tiene el hombre de sobrevivirse intelectualmente, de ser inmortal; y ya que no puede serlo biológicamente, ha de conformarse con la forma intelectual. Ser recordado y nombrado es una forma de sobrevivir, de estar vivo. Realmente, una persona no muere cuando muere su cuerpo, sino cuando es olvidado. Y ante ese recuerdo es ante lo que reaccionamos.

Todos alguna vez hemos querido ser grandes personajes, pasar a la posteridad. De pequeños, hemos soñado siempre con ser estrellas de fútbol, que jugábamos una final de un Mundial, y que marcábamos el gol de la victoria. Todos hemos soñado, por tanto, pasar a la Historia.

De la misma forma, aunque cada vez sumiéndonos en un punto de vista más realista, queremos pasar hoy día a la Historia. Cuando quedamos con amigos o familiares y recordamos viajes o cualquier otro tipo de momentos, siempre apuntamos una heroicidad, siempre buscamos una épica. Ciertamente contamos nuestra vida, nuestros recuerdos, como si de Historia se tratara.

Así pasa pues, que cuando queremos que algo sea recordado acudimos a la épica. Ponemos nombre a las fiestas, a los días, a los viajes. Ponemos nombres, y a veces apellidos, a las cosas que realizamos buscando siempre darle una trascendencia, una grandeza, una épica; para así poder permanecer siempre vivos, aunque sea en el recuerdo.

1 comentario:

Alberto Bueno dijo...

Yo, sinceramente, creo que la épica se queda en la literatura y en el ciner. Demasiado para los mundanos mortales.