19 abril 2008

Ambición


¡La ambición! Inmortal óleo divino con que Dios purifica el barro humano.
Francisco Villaespesa

De chicos todos nosotros, o al menos una inmensa mayoría, quisimos ser astronautas. ¿Por qué? Realmente no lo sé. Pudiera ser que fuera por dar un paseo por las estrellas, por pisar la luna o porque la ciencia-ficción nos inculcara un sentimiento hacia las naves espaciales.

Lo cierto es que conforme vamos creciendo, vamos apartando nuestro sueño de la infancia, vamos, diciéndolo de alguna manera, poniendo los pies en el suelo, y cambiamos nuestras aspiraciones por otros que se convierten más factibles.

Propio es de la infancia también, generalmente entre los varones, soñar con ser una estrella deportiva, un ídolo de la afición. Soñar pues con ser el mejor en el deporte que por esos dulces años practicábamos y que mejor se nos daba.

Pero vamos creciendo, y poco a poco vamos aparcando nuestros sueños e ilusiones hacia un lado, vamos apartando esa ambición con que competíamos todos los sábados para poder algún día ser eso que tanto anhelábamos.

La ambición, aunque se nos muestra a veces como un valor negativo, tiene sin embargo una connotación positiva, necesaria para la consecución de un objetivo. La ambición sólo aparece una vez que la posibilidad se hace factible, es decir, una vez que vemos alcanzable un objetivo. Nadie es ambicioso con algo que cree perdido.

La ambición acentúa las ganas de conseguir algo. Nos vuelve competitivos. Nos hace mejores. Un conformista no es ambicioso no porque no quiera conseguir algo, sino porque no se ve capaz. Disfrazamos con modestia la cobardía o la impotencia.

La ambición siempre aspira alto. No se conforma con un segundo puesto, o con ser “de los mejores”. No. Siempre exige esfuerzo, exige coraje. Quiere ser siempre un primero, un mejor. Nos hace luchar por eso que anhelamos, casi siempre ajeno a la necesidad y cercano a la vanidad. La ambición lucha siempre (casi siempre) por nuestra vanidad, por nuestro ego, más que por la supervivencia. La ambición desea superar siempre un reto.

El problema aparece cuando somos capaces de todo por pura ambición. Entonces una vez más hay que dialogar con nuestra ética y conciencia. Pero de eso hablaré otro día.

4 comentarios:

Alberto Bueno dijo...

Un puntito de ambición... creo que no es en absoluto negativo. Ser un conformista tampoco es bueno.

Un saludo

Alberto Bueno dijo...

se me olvidó decir...

por tanto, coincido plenamente contigo XD

Ank-Su-Ra dijo...

añadiré, desde un punto de vista más cercano a mi saber, que el niño conforme va creando y aceptando su rol social va modificando su forma de ver lo que le rodea asi como de verse a si mismo.
por eso, segun en la etapa de la socialización ( y del juego) en la que el niño se encuentre querrá ser una u otra cosa. Proceso de Socialización, al fin y al cabo.

durante esta primera época se aprende a traves del juego el papel que se va a desempeñar posteriomente y con el paso del tiempo. es aqui donde nos inculcan los valores propios de la sociedad en la que nos desarrollamos. la ambición es uno de esos valores, a veces disfrazado, a veces no.


en fin, la sociología, un mundo por descubrir

un besito!!

Ank-Su-Ra dijo...

pd: aunque creo ke no me caracterizo por ser una persona en exceso ambiciosa... por eso de ser miembro de la sociedad todos por defecto somos ambiciosos.

jeje, frikadas sociológicas. me ha gustado la entrada.