27 julio 2008

Vacaciones


Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas.
Elbert Hubbard

Aunque todo el mundo esté ansiándolas, no todo el mundo sabe luego disfrutarlas y en ocasiones ni tan siquiera qué hacer con ellos. Me refiero a las vacaciones, esa etapa de descanso que según los gustos y apetencias se emplean para fines muy distintos, que comprenden desde una intensa agenda turística hasta una “hibernación”.

Tendemos hacer infinitos planes para cuando lleguen las vacaciones, como sucede con el principio de curso. Queremos leer lo que no hemos podido leer, aprender lo que no hemos podido aprender, celebrar lo que no hemos podido de celebrar; y así, un sinfín de quehaceres pendientes durante todo el año que postergamos para las vacaciones.

Pero lo que realmente ocurre es que, cuando estamos de vacaciones, perdemos ese ritmo de trabajo, ese ritmo de actividad, de estrés, de interés. Y al final, todo se queda en una sarta de proyectos incompletos.

El ser humano necesita una continua actividad para poder seguir emprendiendo. En el momento en que se para de golpe con la rutina, con los quehaceres, se detiene el interés en favor de la pereza más absoluta.

Para realizar eso infinitos planes que siempre preparamos con ilusión es necesario mantener un ritmo, obligarnos a unos horarios; porque sino, nunca será buena hora para empezar, siempre querremos estar tirados en el sofá un par de días más antes de iniciar aquello que tanto deseábamos.

Cierto es también que el descanso es necesario. Después de todo un año de actividad intensa, el cuerpo y la mente necesitan descansar, disiparse de cualquier actividad. Quien tiene unas vacaciones muy amplias tiene tiempo para todo (siempre que se planifique medianamente bien); y el que no, ha de elegir entre el descanso o esos pequeños placeres sólo disponibles ante tiempo libre. Todo un dilema. Aunque por norma general siempre prima la pereza, ya que “ya lo haré cuando tenga más tiempo”.

Lo que el hombre necesita generalmente no es tiempo, sino ganas. Para tener esas ganas es necesario un ritmo de actividad, una serie de obligaciones o actividades que estimulen la mente; y partir desde el reposo total hacia una actividad grande es francamente difícil. El cuerpo se acomoda rápidamente al descanso, a la paz. Tal vez por eso, sea precisamente en vacaciones, cuando menos propósitos, acumulados durante el año, llevamos a cabo.

Leer más

22 julio 2008

Cataluña


El que no sale nunca de su tierra está lleno de prejuicios.
Carlo Goldoni

Por fin en casa. Después de una semana por Cataluña vengo con ganas de parar en casa y poder dormir hasta que el cuerpo me lo pide, sin que ningún monasterio ni ningún museo me estén esperando.

He de reconocer que la visita al noreste de España ha sido realmente grata. Monumentalmente Cataluña es increíble. Tiene una cantidad ingente de pueblos, monasterios e iglesias. Predominan por allí, como cabía de esperar el gótico y románico; donde su plenitud se alcance, tal vez, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, en Barcelona, donde se recogen obras muy significativas del románico español (ahora no recuerdo nombres, vengo un poco saturado de santos y santas).

El paisaje es también precioso. Estuve por el parque natural de la Garrotxa, y realmente tiene unos parajes increíbles. Sucede igual con la Costa Brava. Sus acantilados, sus bosques junto al mar y el serpenteo de la costa, entre otros tantos elementos, hacen de este paisaje algo único.

Y por último, sobre las personas, he de reconocer que ha sido la más grata sorpresa de todas. Yo esperaba encontrar allí una horda de banderas nacionalistas, catalanes que se negaran a usar el castellano y otro sin fin de barbaridades; pero he podido comprobar con mis ojos, que ese nacionalismo aferrado e intransigente es fruto de los políticos. Cierta era que hubiera banderas en algunos balcones, pero en proporción a lo que he visto, son una completa minoría; muy ruidosa, pero minoría al fin y al cabo. La gente, por tanto, muy amable y hospitalaria; para mi, la gran sorpresa del viaje.

La forma de trabajar de los catalanes es súper eficiente. Por lo menos, en los aspectos que he podido contrastar (básicamente hostelería e información de turismo). Su dedicación es total, al menos aparentemente, y su atención deslumbrante.

Al bajar en el aeropuerto de Granada he querido confirmar mi teoría y me he acercado a la oficina que tiene la diputación de Granada allí. He solicitado información sobre la provincia. La señorita, se ha dedicado a darme dos folletos y un mapa, y ya está; como si cobraran las palabras. Alí sin embargo, todo pueblo tenía ya trazada una ruta que visitar, un ruta recomendada; y la persona que te atendía te comentaba dicha ruta y otros lugares de interés, aunque en el mapa viniera totalmente claro. No sé, serán formas distintas de entender el negocio.

Sobre la lengua, sí, es cierto que todo está en catalán; salvo el Barcelona, donde las cosas están en los dos idiomas. Sobre las banderas en los ayuntamientos… pues no se cumple la ley de banderas, no; sobre too en los pueblos. Como antes, en Barcelona todas las banderas conviven en perfecta armonía.

Otra gran sorpresa del viaje ha sido Barcelona. Ciudad increíble, increíble. Enorme como ella sola, con avenidas amplísimas, y todas preciosas. Su trazado ortogonal da pie a la exageración de las avenidas. Limpia, ordenada, moderna, gótica… tal vez a ciudad más completa que haya conocido (tampoco soy un trotamundos, lo sé) capaz de mezclar lo nuevo y lo viejo de una forma apabullante. Y en la vida había visto tanto puente de autovía junto. Una autentica obra de ingeniería.

Sin duda el viaje ha merecido la pena. Tanto arte junto hace despertar en uno sus inquietudes artísticas, incluso en las que uno es más desacertado. A ver si este verano consigo hacer aquello que siempre propongo.

Leer más

12 julio 2008

Vistas al mar


Para aprender a rezar no hay como viajar por mar.
Proverbio inglés

Llevo casi una semana sin escribir por aquí. Se debe a que he estado una semana recibiendo un cursillo en Almuñécar y no he tenido acceso a Internet desde allí como para escribir una entrada.

Para los que somos muy de interior y que no disponemos de vacaciones estivales en la costa, el mar nos impacta bastante. Ya no sólo el mar como cantidad ingente de agua que no alcanza fin, sino el mar como sistema de vida, como cultura.

Cierto es que el mar no deja indiferente a nadie; y es más, a muchos poetas, donde quizás el más representativo sea Alberti, ha influida de manera especial. El mar (la mar para los que gozan siempre de su compañía) provoca paz. El simple hecho de respirar el aire salino, la monotonía de las olas, el ruido de las gaviotas ya provoca en el espíritu una serenidad implacable.

Tuve la suerte de visitar la casa de un conocido desde cuya terraza se divisaba la bahía donde se asienta la Herradura. Sin duda, una de las vistas contempladas por mi mismo (que no es de fotografía) que jamás haya visto.

¿Qué suponen unas buenas vistas? Bienestar. El hecho de contemplar algo agradable, algo bello, supone ante todo bienestar. La belleza nos tranquiliza, nos relaja, nos agrada. Influye en el alma, en el espíritu. La percepción sensorial ataca de manera directa a nuestras emociones y sensaciones. Así, al igual que la música puede provocar en nosotros sentimiento totalmente adversos dependiendo de la música que escuchemos; y al igual que para descargar adrenalina no podemos escuchar una balada ni para relajarnos una canción de heavy metal; para relajarnos ayuda de forma considerable lo que la vista perciba; acompañado siempre por el resto de sentidos.

Al bienestar del alma se llega con la tranquilidad de los sentidos y con la calma espiritual, como puede ser la ausencia de preocupaciones o de cargo de conciencia. Y el descanso del alma llega pues con el bienestar de la misma.

Leer más

06 julio 2008

Conversiones


Desgraciados los hombres que tienen todas las ideas claras.
Louis Pasteur

Toda persona a lo largo de su vida sufre una evolución, tanto en aspecto físico, como en pensamiento; aunque dentro de esa evolución, siempre se mantiene una esencia, una identidad. Se mantiene en el pensamiento igual que un rostro sigue identificando a una persona a lo largo de su vida.

Hay ideas que se mantienen fijas toda la vida. Más que ideas, principios, conductas, actitudes. Quizás las ideas sobre algo concreto vayan evolucionando, mutando y cambiando; pero el punto de vista siempre es el mismo. Punto de visto no me refiero a la interpretación o a la idea, sino el proyector que proyecta la idea. En un símil, las ideas son los rollos de película que va cambiando y la persona la máquina cinematográfica.

Y es tal vez el que más se ha aferrado a una idea, el más obstinado, el más defensor de una inmutabilidad en los principios, de una perennidad en el pensamiento, defensor del pensamiento único, el que más radical hace el cambio.

Será por eso que dicen que los conversos sean los peores. Y tal vez sea así. Antiguamente, cuando alguien cambiaba de religión, éste se convertía más exigente con los ritos, mucho más prácticamente que el cristiano viejo. Esto podía deberse a dos cosas: o ha caído en la cuenta de su craso error y necesita enmendar su pasado, o bien necesita la aprobación del sector original de la idea.

Pues bien, esto mismo sucede con las personas cuando cambian de ideas por otras contrapuestas: que radicalizan su comportamiento. Y el motivo puede seguir siendo el mismo que el de los antiguos conversos; o el reconocimiento del error, o la necesidad de aceptación por sus antiguos contrapuntos ideológicos y ahora nuevos compañeros de pensamiento.

Leer más

02 julio 2008

Humor y Bromas


Cuando al tirano se le puede llamar tirano el humor deja de ser necesario.
Cándido

El sentido del humor es una de esas tantas características que distingue a los seres humanos de los animales. En él demostramos una capacidad de abstracción respecto de la realidad tal cual, una deformación de ella y un análisis más allá de lo evidente.

El humor proporciona un modo de pensar diferente. Nos da una capacidad de ridiculizar desde lo cotidiano a lo sagrado. Se sustenta en lo absurdo, lo paradójico y lo irónico. Decir algo sin decirlo explícitamente dice mucho de su interlocutor, nos habla de la capacidad de transformar una realidad por otra más distendida, amena e intrascendente.

Nos sirven las bromas, y el humor en general, para proporcionarnos un colchón de ambigüedad. Parece como que si algo es de cachondeo o no tiene un aire serio, no es verdad; y nada más lejos de la realidad: las bromas son verdades disfrazadas de mentiras, son frases que no tienen que tomarse en cuenta, que pueden saltar de un lado para otro sin provocar ofensa alguna. Y lo curioso y llamativo es que muchas de estas bromas llevan más verdad que discursos pronunciados con toda la solemnidad del mundo.

Si algo esta dicho de broma, parece que no hay que hacer caso, que no es verdad, que eso que acabamos de pronunciar no forma parte de nuestro pensamiento sino de nuestras ocurrencias para crear escenas divertidas, y por ende ridículos. Pero es que en muchas ocasiones somos ridículos en nuestras actuaciones, somos totalmente absurdos y somos incapaces de sentirlo así, salvo cuando algún monólogo divertido nos lo recuerda.

La broma, o el tono de broma, nos da además una legitimidad hablando que hace imposible la ofensa, salvo que sea algo realmente exagerado. Alguien que sea bromista, que tenga sentido del humor, no llega a revocar ofensa, o tarda más en hacerlo. Si alguien entra con el semblante serio y dice cualquier cosa, como por ejemplo “¡qué feo eres!” rápidamente sentimos nuestro ego herido. Sin embargo, si este comentario es dicho entre risas, no provoca nada más allá de una contestación o incluso otra sonrisa. ¡Y nos han dicho absolutamente lo mismo! Si es que las formas, una vez más, importan más que el contenido.

Por lo tanto, si alguien quiere tener realmente libertad de expresión, decir lo que realmente piensa, ha de escudarse en el humor, en el chiste, en la broma; y así, nadie saldrá herido. La ironía, la paradoja y la hipérbole son recursos básicos para el humor; herramientas fundamentales para poder quedarse a gusto uno, sin ofender a nadie.

Leer más

30 junio 2008

La Euforia Nacional


Mucha gente piensa que el fútbol es un juego a vida o muerte, pero es mucho más importante que eso.
William Shankly

Tampoco tengo mucho que contar que no hayáis sentido o vivido ya en estos días. La euforia. Pero no una euforia cualquiera, sino la euforia colectiva, la euforia nacional. La ilusión de todo un país en juego, y por fin, no nos han fallado.

Es realmente increíble como un deporte puede aglutinar a tantas personas en torno a un mismo sentimiento, a un mismo color. Indescriptible la marea de banderas y camisetas de España repartidas por absolutamente toda la geografía española. Y es que, aunque en política uno se hace más o menos español, realmente todo el mundo sigue sintiéndose español y sintiendo los colores.

Es triste que haya de ser el fútbol es que nos una a todos bajo un mismo himno y una misma bandera, que sea éste el evoque en nosotros la unidad nacional y el amor patrio; pero más vale esto que nada.

Como ya digo, el sentimiento nacional está, en el fondo, en todos nosotros.

Leer más

25 junio 2008

Ministerio de Igualdad


Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros
George Orwell

Cada vez que leo o escucho declaraciones de la Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, se me viene a la cabeza la famosa novela de George Orwell 1984. En ella, un gobierno totalitario que ostentaba todo el poder bajo la figura del Gran Hermano dividía su gobierno en diversos ministerios: del Amor, de la Paz, de la Abundancia y de la Verdad.

Cada uno de estos ministerios se encargaba precisamente de lo contrario que rezaba su nombre: el del Amor de las torturas y castigos; el de la Paz, de la guerra; el de la Abundancia de garantizar la miserable subsistencia de los habitantes de la nación (donde francamente lo única que en abundancia proliferaba era la miseria); y el de la Verdad, ministerio encargado de la propaganda oficial, basado enteramente en mentiras e invenciones.

El Ministerio de la Igualdad; en España sí, no en la novela ficticia de Orwell, pretende ahora crear bibliotecas únicamente para mujeres. Ciertamente, al argumento de Orwell le faltaba este ministerio español, que si hubiera sido incluido en la novela, nadie lo encontraría fuera de lugar.

¿Qué clase de la igualdad es excluir por sexo a la mitad de la población española? Ciertamente, o la ministra tiene un complejo del tamaño de un pino, o sencillamente es una ignorante e incompetente.

Pero es que si analizamos fríamente, el delito de la ministra es doble. Pretende hacer esta separación (digna de un aparthied) en la casa natural de la cultura y el saber: las bibliotecas.

Una vez más, el gobierno de Zapatero haciendo propaganda, populismo y política de la manera más burda, al estilo de 1984, a base de eufemismos y paradojas, como la crisis (desaceleración económica), como el paro (incapacidad para satisfacer la demanda de empleo) y como un sinfín más de éstas.

Sin duda alguna, si Goerge Orwell levantara la cabeza reeditaría su libro, incluiría el Ministerio de Igualdad, y colocaría de ministra a Aído.

Leer más

21 junio 2008

La des-educación actual


La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser.
Hesíodo

Se pasan los días y poco tengo que contar por aquí, salvo las cuantiosas horas que paso delante de folios intentando aprender algo que no siempre me llena y que no se para qué me servirá; pero que paradójicamente he comprendido precisamente eso, que lo que uno aprende no sabe cuándo ha de serle útil, y que por eso ha de estudiar y aprender siempre con ahínco.

Es una verdadera lástima que en la sociedad en la que vivimos hoy no se tenga en cuenta ni el saber, ni el aprendizaje ni el conocimiento. La sociedad y el sistema se han convertido en una pura “formación profesional”, en creadores de meros autómatas que sepan solucionar problemas concretos, máquinas concretas o conflictos concretos.

Cada vez más la educación va más orientada al campo del trabajo, a formar profesionales que desempeñen perfectamente una función, pero realmente inútiles a la hora de intentar otras; a formar personas cada vez más cerradas al conocimiento que no tenga una inmediata puesta práctica.

“Para qué aprendo esto si en lo que yo quiero hacer (trabajar) no me va a servir para nada”. Esa es la frase que resume a la sociedad de hoy, al sistema educativo de hoy: aprender justo lo necesario.

El problema es que cuando seamos conscientes del error que supone formar autómatas en vez de individuos, será demasiado tarde. Las personas han de ser educadas completas, con su parte ética, sus valores, su cultura; y su parte práctica, profesional, con la que han de ganarse la vida. Conociendo las diversidades de la vida es como realmente podemos saber qué queremos hacer. Si sólo conociéramos un color, el amarillo mismo, nuestro color favorito sería sin duda éste; pero ante la amplia gama de colores que conocemos, nos es a veces difícil decantarnos y surgen variedad de opiniones.

Y en eso va esta sociedad, cada vez más esclava pero sintiéndose libre; sin darse cuenta que la ignorancia sólo le resta campo de visión, gama de colores, convirtiendo individuos en esclavos del sistema, del poder, restándoles libertad y medios para defenderse ante el mundo, y haciendo obligada su inmersión en este sistema por pura inconsciencia.

Leer más

17 junio 2008

Superioridad


Es imposible ganar sin que otro pierda.
Publio Siro

¡Qué curioso elemento el poder!. Cuánta discordia genera y cuan felices hace a quienes lo posee; o al menos eso creen aquellos que día tras día persisten en su consecución. Algo ha de tener el poder que nos haga distintos a los demás.

Yo creo que hay un elemento fundamental que lo hace tan apetecible: la superioridad, el estar por encima. Querámoslo o no, ser mejores que el resto es algo tan instintivo y tan inconsciente como el pestañeo o el instinto de supervivencia. En cierta manera, como ya he comentado decenas de veces, la superioridad es una forma de sobrevivirnos espiritualmente, intelectualmente.

Muchas veces, cuando competimos con alguien o cuando desempeñamos cualquier actividad, no queremos ganar, no queremos reconocimiento alguno salvo el de que somos mejores, el de que somos superiores.

Cuando nos definimos ideológicamente no defendemos únicamente unas ideas, mejores o peores, defendemos nuestras ideas; y por ende somos tan obstinados en nuestras opiniones. Un rebatimiento de éstas no sólo una aportación mejor, es un hecho que nos degrada, nos hace inferiores, nos rebaja.

Por eso, cuando hablamos de críticas constructivas, de diálogo; no vemos el debate como una competición, sino como una construcción común, cuyo resultado tomaremos como nuestro, fruto del consenso y por tanto hijo nuestro.

Si hoy día, uno de los dos grandes partidos se sometiera al otro ideológicamente; éste no lo aceptaría. Si uno de ellos aprobara y viera con buenos ojos las leyes y propuestas del otro; este otro no o aceparía y acataría, sino que presumiría de su hito, de su superioridad.

Estos partidos no buscan el enfrentamiento para la construcción, para el entendimiento, para mejorar. No. Luchan para vencer. Atacan para ser reconocidos como superiores públicamente. No les interesa el consenso ni el entendimiento porque en ellos no hay ganadores. Un partid ataca al otro para vencer, toca temas conflictivos, que duelen, para que el otro se defienda, para iniciar una contienda y así poder vencer; y entonces sentirse superior.

De nada sirve vencer en secreto, sin reconocimiento. El verdadero objetivo del vencer no es sino dar rienda suelta a nuestra vanidad, a nuestra superioridad, a nuestro ego. Vencer no es sino sentirse superior al otro. Reconocido. Perenne.

Leer más

14 junio 2008

Competitividad


El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad.
Ludwig van Beethoven

La bondad. Ese término tan relativo, tan subjetivo más bien. Probablemente uno de los temas del pensamiento filosófico eterno, concretamente de la ética. Realmente, ¿qué es ser bueno?.

Ser bueno es actuar conforme a una ética. La ética se presupone buena, porque digamos recoge el comportamiento que más beneficio obtiene, ya sea para el individuo o para el conjunto de éstos. Por tanto, un acto podemos considerarlo “bueno” en cuanto es conforme a una ética.

Otro tema es cómo se constituyen las éticas: qué debemos hacer y qué no debemos hacer; y enjuiciar cada uno de estos actos en los dos grandes subconjuntos: buenos y malos.

Pero dando por hecho el concepto de bien y de lo “bueno” hay que resaltar que lo bueno siempre es más costoso que lo malo. Supone más esfuerzo un acto bueno que un acto “malo”. El bien es una idea racional, algo artificial que ha nacido del ser humano (igual sucede con lo malo). Creamos pues los humanos la ética para “humanizarnos” y consideramos el egoísmo, los instintos naturales, como algo malo.

Y es ahí donde surge el conflicto: lo que nos apetece (instinto) contra lo que debemos (ética). El ser humano tiende a superar al prójimo, tiende a la vanidad y tiende al egoísmo; y mantiene una perenne contienda interna sobre cómo actuar, sobre qué anteponer antes, si la superioridad o la bondad.

Una parte de la bondad nos hace ser superiores, nos hace sentirnos más humanos, más buenos, y por tanto superiores. Es una forma de demostrar superioridad mucho más sutil, conforme a las reglas humanas en vez de las naturales. Mostrar la superioridad mediante actos nos resulta más difícil porque mediante esta “técnica” es difícil de percibir.

Si nos damos cuenta, nos cuesta mucho menos ser buenos con alguien inferior a nosotros (o alguien a quién consideramos inferior) que con nuestros iguales. No vemos competitividad con los inferiores, queda clara nuestra superioridad, y accedemos a portarnos bien con ellos. Un ejemplo claro de esto puede ser la práctica de un deporte con niños, o algún juego de mesa. Si jugamos un partido de tenis contra un niño, no jugamos al 100%, nos sentimos piadosos e intentamos ser estrictos con las reglas.

Sucede lo contrario cuando es un partido igualado, cuando es la final de un torneo y te estás jugando ser mejor o peor que tu rival, y aparte que das el todo por el todo, puedes incurrir incluso en la fullería o la picaresca.

Sólo somos competitivos y “lobos” con nuestros iguales, con lo que consideramos rivales. Y quizás el fracaso de la humanidad resida en esto, que nos vemos todos compitiendo con todos; pero es que si miramos a la naturaleza, ¿qué es la vida sino una competición por la supervivencia?. Una vez más el dilema naturaleza y humanidad, vitalismo y razón.

Leer más

11 junio 2008

Vidas Ajenas


Nadie es feliz sino por comparación.
Thomas Shadwell

Es usual entre las personas sentir admiración hacia otras. Entendemos su manera de obrar o pensar como algo bueno y en cierta manera nos gustaría participar en ese comportamiento o pensamiento.

También sucede que nos sentimos identificados con personajes ficticios: personajes de novelas, películas, teatro, dibujos animados, etc. Y suele pasar, con mucha más frecuencia con personajes que con personas, que sintamos un profundo interés sobre su vida y su obra.

Nos gustan las anécdotas de los personajes, su vida, su manera de actuar. Sufrimos con ellos, disfrutamos con ellos, nos emocionamos con ellos y nos alegramos por ellos. Opinamos acerca de ellos como si de amigos se tratara, como si fueran el vecino del quinto o la compañera de clase.

Lo cierto es que uno de los grandes entretenimientos de las personas es la observación de vidas ajenas. Sólo hay que ver las audiencias de los “realities” (o realitys). Los programas del corazón otro ejemplo de que miramos constantemente las vidas ajenas, no sólo por conocerlas; sino también por opinar y debatir acerca de ellas.

Y es que en cierta manera se produce una confrontación entre lo que queremos ser, lo que queremos adquirir de otras personas, y lo que queremos que sean, lo que queremos influir en otras personas.

Cuando uno lee una novela o ve una película le es imposible no compararse o dejar de sentirse identificado con los personajes. Sus ocurrencias nos resultan familiares, cercanas a las nuestras. Y es por eso que el amor sea el tema universal de cualquier género: porque todo ser humano ha sentido amor alguna vez por alguien; y es indiscutiblemente el sentimiento que más empatía despierta en los personajes. Comprendemos perfectamente lo que el personaje padece y sentimos solidaridad hacia el personaje, o viceversa; la del personaje hacia nosotros.

Recurrimos también con las personas y personajes a la comparación. La comparación es el instrumento que tenemos para situarnos. Todo es una comparación y nada se entiende sin ellas. Algo no es grande o pequeño por sí solo: algo es pequeño o grande comparado con algo. La Luna puede ser grande comparada con una canica, y a la vez es diminuta al lado del sol.

Dicen que las comparaciones son odiosas. En realidad sólo lo son cuando salimos perjudicados de ellas. Cuando somos beneficiarios de la comparación nadie se queja de ésta. Esto ocurre porque, como ya he dicho en otras entradas, aspiramos a ser los mejores, a superarnos continuamente, a eternizarnos como decía Unamuno. Es la consecuencia de la vanidad, y ésta lo es de aquel instinto de supervivencia intelectual del que alguna vez he hablando.

La conclusión de todo esto es que continuamente miramos a otras personas o personajes para sentirnos mejores que ellos; para demostrarnos a nosotros mismos de que estamos por encima de quién nos rodea. A veces descubrimos que estamos por debajo y suele no gustarnos. Pero en cualquier caso, sea cual fuere el resultado, la herramienta que emplearemos será la comparación.

Incluso en la ciencia, en la Física, de las magnitudes no se toman absolutas prácticamente ninguna; sino que se emplea el incremento de la magnitud (delta); que no es otra cosa que una comparación.

Leer más

08 junio 2008

Persiguiendo Sueños


Muere lentamente
quién no arriesga lo cierto por lo incierto
persiguiendo un sueño
Pablo Neruda

Cuando no tiene uno certeza sobre el futuro puede tener dos reacciones: sentir miedo o sentirse aventurero. La primera reacción proviene claramente de la desconfianza, de ese pánico humano ante lo desconocido. La segunda nace de la seguridad de uno ante sus posibilidades, de la certeza y convicción de uno mismo ante las circunstancias, de la supremacía de uno mismo ante los obstáculos.

En cualquier caso, el futuro es incierto; y uno jamás sabrá si ha hecho bien o no eligiendo uno de los senderos que se abren, porque como ya se sabe, escoger es renunciar; y uno será incapaz de conocer lo que hubiera deparado aquello que renunció más allá de una especulación.

También es cierto que es más duro el arrepentimiento ante la pasividad que ante la actividad. Cuando uno deja pasar una oportunidad se lamenta mucho más que cuando erró en la elección.

Queda por tanto una vez más manifiesta la falta de libertad, ya que ante un dilema, uno no puede elegir ambas opciones, por mucho que quiera. Las circunstancias y las consecuencias son las que nos llevarán a elegir una vez más el camino a seguir.

Sin embargo, hay una circunstancia que puede sobreponerse al resto de éstas: la voluntad. Uno cuando quiere algo es capaz de todo por ese algo. El deseo, la voluntad, despiertan en nosotros una actitud rebelde ante el resto de factores.

“Muere lentamente quién no arriesga lo cierto por lo incierto para persiguiendo un sueño” cantaba el poeta. Perseguir un sueño puede ser en ocasiones una locura; pero siempre será una dulce locura.

Leer más

04 junio 2008

Épica


La eternidad es una de las raras virtudes de la literatura.
Adolfo Bioy Casares

Hay un género literario, la épica, que intenta engrandecer o más bien recoger y reconocer los grandes hechos. Este género, comenzado por Homero en sus Ilíada y Odisea narra principalmente la heroicidad de sus personajes.

En cierta manera, todos intentamos darle un punto épico a nuestras vidas, un punto trascendente. Al igual que en la literatura, engrandecemos nuestras acciones, empleamos palabras solemnes y firmes y sentimos la trascendencia del momento. Fanfarronear poniéndole nombre a los viajes es un claro ejemplo de esta épica en nuestras vidas.

Todo esto puede venir provocado una vez más por la necesidad que tiene el hombre de sobrevivirse intelectualmente, de ser inmortal; y ya que no puede serlo biológicamente, ha de conformarse con la forma intelectual. Ser recordado y nombrado es una forma de sobrevivir, de estar vivo. Realmente, una persona no muere cuando muere su cuerpo, sino cuando es olvidado. Y ante ese recuerdo es ante lo que reaccionamos.

Todos alguna vez hemos querido ser grandes personajes, pasar a la posteridad. De pequeños, hemos soñado siempre con ser estrellas de fútbol, que jugábamos una final de un Mundial, y que marcábamos el gol de la victoria. Todos hemos soñado, por tanto, pasar a la Historia.

De la misma forma, aunque cada vez sumiéndonos en un punto de vista más realista, queremos pasar hoy día a la Historia. Cuando quedamos con amigos o familiares y recordamos viajes o cualquier otro tipo de momentos, siempre apuntamos una heroicidad, siempre buscamos una épica. Ciertamente contamos nuestra vida, nuestros recuerdos, como si de Historia se tratara.

Así pasa pues, que cuando queremos que algo sea recordado acudimos a la épica. Ponemos nombre a las fiestas, a los días, a los viajes. Ponemos nombres, y a veces apellidos, a las cosas que realizamos buscando siempre darle una trascendencia, una grandeza, una épica; para así poder permanecer siempre vivos, aunque sea en el recuerdo.

Leer más

01 junio 2008

Rencor y Perdón


Nada envalentona tanto al pecador como el perdón.
William Shakespeare

La enseñanza cristiana, y en general cualquier ética, nos inducen al perdón, es decir al perdonar. Sostienen que así, aparcando el rencor y el odio a un lado, nos convertimos en personas buenas de corazón. Ya dice el Evangelio que hemos de perdonar “hasta setenta veces sierte”.

Sin duda el perdón es un gesto noble, a veces hecho y pensado para personas realmente fuertes de espíritu y buenas. Es claramente el camino difícil, dejando para el fácil el rencor. El hecho de perdonar implica a su vez un propósito de olvido, de aparcamiento y enterramiento del daño sufrido.

Este olvido quizás no sea del todo tan sano. Cierto es, que para el mundo utópico y maravilloso es imprescindible; pero cierto es que en dicho mundo utópico y maravilloso no se darían agresiones, y por ende, no habría que perdonar. “El perdón te coloca por encima de tu ofensor” dicen algunos. Cierto es, si es que ese mensaje es percibido por el ofensor, porque si no, el perdón de nada sirve, sino demostrarle al que agrede la impunidad de sus actos.

¿Cuál es el límite de perdonar una ofensa? Quizás si no perdonaramos acaso una vez, no seríamos nosotros tampoco justos, ya que todo el mundo tiene “derecho” a errar (derecho otorgado claramente y únicamente por el ser humano). Si el perdón hace reaccionar al ofensor, diremos que hemos cumplido con el propósito, que ha sido positivo aparcar el bíblico “ojo por ojo” en aras del perdón. Sin embargo, si ese ofensor reincide en su ofensa, nuestro perdón no habrá servido sino para incrementar su impunidad.

No podemos perdonar infinitamente y a cualquier persona. El perdón es más que un ejemplo hacia ese que nos agrede de cómo ha de actuar, de cuál es el camino. Pero el perdón no es la única alternativa. Quién guarda rencor también reacciona contra la ofensa. Éste también pretende dar una lección al ofensor, devolviéndole la jugada, haciéndole sentir lo mismo que ha sentido el que ha sido ofendido. Piensa el rencoroso que de esta manera hará ver al ofensor original que infunde daño; pero estamos en la misma cuestión de antes; no toda persona es capaz de leer ese mensaje entre líneas.

Con este segundo método es mucho más evidente el castigo ante el mal gesto o la agresión que con el primero. Se trata de una justicia vengativa, que puede llegar a degenerar su fin y sembrar odio en exceso. El rencoroso no puede olvidar la ofensa, y la guarda ahí dentro de sí, esperando un momento para poder culminar el castigo. Uno no puede permitir ser pisoteado infinitamente. El rencor es una reacción ante ello, es plantarle cara a la ofensa.

En ambos casos, se trata de dar una lección a aquel que comente un acto malo. En ambos casos se pretende ejemplificar (que no dar ejemplo). Se pretende enseñar, mostrar el camino correcto, inducir al bien. Y ahora puede abrirse el debate sobre qué es bueno. Pero de eso hablaremos otro día.

Leer más

29 mayo 2008

Simplicidad


Tal vez sea la propia simplicidad del asunto lo que nos conduce al error.
Edgar Allan Poe

Conforme nos vamos haciendo mayores, nuestra mente se nos tercia cada vez más compleja, buscando en todo una respuesta enrevesada, curva y laberíntica. En mi opinión, una vez que hemos adquirido conocimientos y verdades complejas y superiores, no sabemos usar lo simple, lo sencillo, lo evidente.

Sucede por ejemplo, después de cursar toda una carrera con asignaturas de matemáticas de esas que dan dolor de cabeza que tiende a buscar la respuesta de un problema matemático empleando sus integrales, ecuaciones diferenciales y derivadas con múltiples variables; cuando la respuesta se puede hallar con una simple ecuación de primer grado. Pero nos pasa que ya nos olvidamos de ellas, que pensamos que todos los problemas que nos vamos a encontrar en la vida (matemáticos me refiero) son de un grado de complejidad digno del cálculo diferencial.

Igual pasaba con aquel power point (que me lo pida quién lo quiera) que consistía en un test de dividir un trozo de cuadrado en sucesivas partes iguales. Las dos primeras preguntas consistían en dividir dicho trozo en dos y tres partes respectivamente. Trivial. Después llegaba la tercera pregunta, que era dividir esa figura en cuatro partes iguales. Y después de un ratazo pedías la solución porque eras incapaz de encontrar la respuesta. Cuando veías ka respuesta, quedabas asombrada ante el ingenio del que la hubo logrado por primera vez. Y llegabas por fin al último test. Un cuadrado en blanco donde nos pedían que dividiéramos nada más y nada menos que en siete partes iguales.

Después de la experiencia anterior, empezaba uno a buscar a hacer diagonales y figuras raras dentro del cuadrado. Y después de otro ratazo, decidían obtener la respuesta. Tu sorpresa venía cuando veías la simplicidad del ejercicio resuelto, y te arengaban diciendo que a veces las cosas son más simples de lo que parecen.

Y así es. Tendemos a ver todo de un modo complicado y misterioso debido a que en ciertas ocasiones la vida es complicada y misteriosa. Sin embargo, los niños aún no han sufrido ninguna complicación en su vida; y es por eso que todo lo ven claro y distinto, simple, inocentemente. A veces los niños tienen respuestas para la vida que nosotros, los adultos, jamás seremos capaces de comprender.

Leer más

27 mayo 2008

Influencias


Influir en una persona supone darle nuestra alma
Oscar Wilde

Por mucho que nos empeñemos y por mucho que queramos jamás podremos ser totalmente independientes, y por ende, totalmente libres. En la entrada anterior hablaba de una dependencia emocional, y ésta la dedicaré a una dependencia intelectual y de pensamiento.

Creemos que pensamos por nosotros mismos, mas nunca es así. Somos parte de esa masa enorme que se mueve al son de los medios de comunicación y de las grandes figuras del país. Lo hacemos subconscientemente, sin enterarnos, sin ser molestados. Solamente tenemos que poner la televisión (o cualquier otro medio, pero la televisión es el que más expectación genera) y escuchar. Y en nosotros se habrán quedado las ideas y valores que éstos transmiten. Sin quererlos.

Pero es que igual nos pasa en la vida cotidiana. Continuamente andamos rodeados de personas, muy diversas entre ellas. De todas ellas adquirimos algo, aunque sea un “así no actuaré en la vida”. Nuestro pensamiento no es más que la confluencia de muchos pensamientos. No existe un verdadero pensamiento propio. Existe una correcta mezcla de pensamientos ajenas que acabamos por hacer nuestro, pero únicamente hacemos es obtener de cada idea aquello que nos gusta, que nos parece bueno o que nos parece útil.

Sin querer, recibimos la influencia de otras personas. Ya desde pequeños nuestros padres nos inculcan sus valores e incluso sus gustos. Y cuando crecemos, el procedimiento no cambia, lo que cambia es nuestro universo de personas, es decir, que conforme nos vamos haciendo mayor, recibimos ideas de muchas más personas que cuando éramos chicos, que sólo recibíamos de nuestros padres.

Y esto seguirá así siendo toda la vida. Iremos poco a poco configurando nuestro pensamiento, y a la vez, nosotros sin quererlo, configurando el de la persona con que hablemos.

Y habrá quien nos influya más, y quien menos. Y eso depende también del respeto y admiración que profesemos por esa persona. Alguien a quién admiramos siempre nos aportará a nuestro pensar mucho más que aquel a quién despreciamos. Nos quedamos siempre con lo que nos agrada, lo que nos gusta.

Queremos imitar aquello que a nosotros nos resulta vistoso o agradable. Al final, queremos que el resto sienta la admiración que nosotros sentimos por quién hace o piensa eso que lo hace digno de admiración para nosotros. Después de todo, es vanidad, subconsciente pero vanidad. Queremos que sientan por nosotros aquello que nosotros sentimos acerca de ese alguien que influye en nosotros.

Leer más

24 mayo 2008

Dependecia y Libertad


Solamente cuando todo está perdido somos libres para actuar.
Extraída del Club de la Lucha

Hoy, más que respuestas tengo preguntas. Un montón. Una infinidad. Preguntar lo que uno no sabe es casi instintivo, involuntario; pero, ¿por qué queremos saber? ¿qué nos aporta la verdad? ¿Sufrimiento? ¿Dolor? ¿Por qué no contentarnos con una plácida ignorancia, con una quietud del alma? ¿Por qué perseguir una verdad que puede no satisfacernos?

¿Hasta que punto uno es libre? Si uno es incapaz de controlar su tristeza, de decidir cuando estar alegre y cuando triste, ¿cómo puede afirmarse que el hombre es libre? Si aún sigue habiendo en nosotros actos totalmente instintivos, reflejos, actos que no decidimos, que no pensamos, que no racionalizamos, ¿somos libres?

La libertad es un término relativo, es un punto de vista. Habría que escribir un ensayo inmenso para abarcar los distintos grados de libertad del hombre, y al final concluiría que no se puede concluir si un hombre es libre o no. Se trata de prioridades, de saber elegir cuál es la regla con la que medir el grado de libertad: si es por el movimiento, si es por nuestra clase social, por nuestra elección de estudios, de oficio, de color de sofá, etc.

Pero el hombre que no controle sus emociones, que no controle sus sentimientos, que no sepa domarlos cuan fiera salvaje, ése es un esclavo, un encadenado al impulso y a las emociones que no podrá decidir según su razón ordene sino su corazón exija, y por ende, si no es capaz de elegir lo mejor, no podrá alcanzar la libertad.

Aunque al final, esclavos somos todos. Dependemos de algo, ya sea física o emocionalmente. Dependemos de un sistema, de unos padres, de unos hijos, de un jefe, de un trabajo, de un sueldo… Dependemos constantemente.

Tal vez la libertad no sea otra cosa que la ilusión de que sólo podemos decidir lo que decidimos, dejando lo que otros u otros factores deciden por nosotros como “inevitable”. Tal vez seamos libres. Tal vez no.

Leer más

20 mayo 2008

Vagar por la Vida


Cada uno de nosotros tiene un día, más o menos triste, más o menos lejano, en que, por fin, debe aceptar que es un hombre.
Jean Anouilh

Como cuando uno se baja del autobús o tren en una ciudad desconocida, a veces uno se levanta de la cama y no reconoce su entorno ni, lo que es aún peor, a sí mismo. La lucha interna, el yo contra el yo, es una guerra abierta desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte. Y como en todas las guerras, hay batallas más y menos duras, batallas que pasan a la historia y otras que permanecen en el olvido.

La continua lucha interior es bien disimulada en épocas en que uno parece saber adonde va. Se mantiene firme, consigo mismo, y consigue “encarcelar” sus dudas temporalmente, arrinconar sus dilemas e ignorar sus inquietudes. Pasan todos estos problemas existenciales a un segundo plano, como algo oculto, pero siempre presentes.

Y después de un largo tiempo, o no tan largo, de la vida; un día uno se levanta, se mira a sí mismo por dentro, y se pregunta “¿a dónde vas?”. Y es entonces cuando no sabe responderse. Llevaba uno varias días, semanas o meses siguiendo un punto en el horizonte, un supuesto oasis de felicidad, una meta fija; y cuando quiere acordar, ha perdido su estela, y se encuentra perdido ante él mismo.

Todo sigue igual que seguía. Las mismas obligaciones, los mismos hábitos; pero ahora, los interrogantes vuelven a salir al frente, la duda ataca de manera feroz y nos coge tan de sorpresa que no sabemos defendernos. No tenemos argumentos preparados. Ni auto-convencimientos. No tenemos excusas ni motivos, ni objetivos, ni metas ni sueños claros. Nos quedamos entonces parados, siendo apaleados por el vacío.

¿Y cuánto dura esto? Lo que uno quiera que dure. Lo que uno tarde en volver a priorizar, en volver a establecer un orden en su vida, unas metas, unos porqués.

Y mientras tanto, vivir sin deseo alguno llega a ser tan desagradable, o incluso más, que la certeza de no poder alcanzarlos nunca. Más que andar vagas por el mundo, como una nube por el cielo, sin una parada a la vista, sin un fin asequible. Te sientes como el turista que antes bajó del autobús, sintiendo todas las calles iguales, rodeado de desconocidos y sin un lugar fijo al que ir. Vaga uno por las calles hasta que decide que parte de la ciudad es la que desea visitar. Y entonces pone fin a su agonía.

Leer más

17 mayo 2008

Del Ateísmo


Para ti soy ateo. Para Dios, la oposición.
Woody Allen

Puede extrañar que en todo este tiempo de blog, ya más de un año y medio, no haya aparecido por aquí el nombre de Dios, ya no para explicar su origen ni su fin ni su esencia, sino como un concepto desconocido que ha sido durante prácticamente la mayor parte de la historia, centro de la civilización.

Dios, Zeus, Alá o Jehová, han sido para distintas civilizaciones el punto de mira de individuos y culturas. La referencia ética por antonomasia ha sido, y es en muchos lugares, la religión. Ésta e la que nos orienta sobre la bondad de las cosas, la que nos lleva por el sendero recto y nos garantiza la salvación.

Una de las grandes luchas del individuo durante su existencia es la búsqueda de Dios. Esta lucha abarca toda la vida de la persona. Comprende desde su infancia hasta su muerte, siendo cuando ésta se acerca una necesidad.

Hay por otro lado quién rechaza la religión. La ciencia y el bienestar hacen cada día que la religión sea algo plenamente prescindible. El consuelo lo encontramos ahora en lo material, dejando lo espiritual para solamente unos privilegiados. De éstos que rechazan la religión existen dos tipos: unos, los llamados agnósticos y otros los ateos.

El primer grupo, ni creen ni dejan de creer. Están en un limbo espiritual, sin formar tomar la religión como práctica, ni asumir su destrucción. Mantienen ciertas dudas, cierto respeto hacia algo que para otros significa mucho, aunque para ellos sea la religión algo totalmente intrascendente e irrelevante.

El segundo grupo no se conforma con negar a Dios, sino que se sienten en la obligación de destruirlo. Este grupo siente una llamada feroz de anti-clericalismo, un ansia por ver la religión y a Dios fuera de su vida, de su entorno. Sufre cada día una batalla con Dios, a quien se enfrentan y al que quieren destruir.

Sin darse cuenta este grupo cree en Dios, tiene presente a Dios. Necesitan demostrarse cada día que Dios no existe, que está vencido; y para ello invocan la destrucción de éste. No se conforman con no creer, sino que necesitan reafirmarse cada día, necesitan exponer al mundo su odio hacia Dios, su necesidad de aniquilamiento de éste. Sufren porque dudan, y necesitan, una demostración de que están en lo cierto. Y para ello buscan el reconocimiento en los demás de que su doctrina es la cierta.

Lo que no percibe este grupo es que ellos también necesitan a Dios. Necesitan a alguien a quien acusar de todo, algo por que luchar. Y si se confirmara que Dios no existe, se sentirían igualmente perdidos; tanto o más que los creyentes que acabarían de haber perdido su norte.

Leer más

14 mayo 2008

Del Sentimiento Trágico de la Vida


Título: Del Sentimiento Trágico de la Vida
Autor: Miguel de Unamuno.
Género: Ensayo.

Gran ensayo (o más bien conjunto de ensayos) de don Miguel, donde muestra, como prácticamente en toda su obra, su continua crisis de fe en Dios. A pesar de ser el tema principal, sus ensayos acaban derivando en otros tanto, como es el amor. Presente siempre el debate entre razón y corazón, don Miguel se decanta por el vitalismo, para él, la verdadera vida.

Algún trozo de este libro he copiado por mi blog, precisamente hablando de que qué era más importante, si la ciencia o el arte; extrapolando así el debate entre razón y alma, pensamiento y vida.

Unamuno sustenta la razón de la vida, o la esencia de la vida, en el dolor. Hace su particular axioma, transformando el cartesiano “pienso luego existo” por su “siento luego existo”. Siempre reafirmará Unamuno la pasión sobre el pensamiento.

Comenta don Miguel también sobre la inexistente filosofía española, tan criticado esto por los filósofos europeos, que ésta se encuentra inmersa en la literatura. Así pues, él considero filósofos a San Juan de la Cruz y a Miguel de Cervantes, así como a Calderón de la Barca y a una serie de autores y poetas.

Un gran libro en el que he descubierto bastantes puntos comunes con este autor, lo que me hace plantearme que en un futuro no muy lejano vuelva a leer alguna otra obra del autor.

Leer más