14 febrero 2011

La Importancia de la Razón en los Sentimientos

Nuestros pensamientos más importantes son los que contradicen nuestros sentimientos.
Paul Ambroise Valéry

Muchas veces paramos un momento a analizarnos a nosotros mismo y a tratar de trazar el mejor camino a seguir de entre todos los posibles. En ocasiones andamos convencidos de que el camino es uno y lo seguimos sin reparo alguno. En cambio, otras, las decisiones vienen enfrentadas: cabeza contra corazón.

No es fácil siempre seguir el camino más ético o coherente. El corazón posee un cordel con el que a veces tira de tal manera que nos es muy difícil resistirnos. Deseamos algo con mucha fuerza aun sabiendo que ese algo no nos hace bien, es insano para nosotros. La razón ve con claridad, pero muchas veces se ve nublada por los sentimientos desatados de las pasiones.

Por eso es fundamental contar con los amigos. Son ellos la parte racional cuando el alma anda nublada. Poseen la distancia emocional suficiente para discernir qué es mejor y qué es peor. Su mirada es fría y calculadora, sin ningún sentimiento que medie.

Y es en esas situaciones en que queremos pero no debemos cuando su insistencia y ayuda sobre la decisión que tomar se hace tan valiosa. Son los que están fuera los que tienen una perspectiva objetiva sobre la situación, los que ven flagrantes oportunismos cuando nosotros vemos oportunidades. Son ellos quienes nos reconducen al camino.

Cuando nos hayamos sumergidos en alguna pasión, todo parece trascendental. Todo parece insustituible e inigualable. Por eso la visión fría de alguien en quien confiamos nos puede, en determinados momentos, hacernos tanto bien. Porque anda fuera de las exageraciones sentimentales.

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12 febrero 2011

El Desgaste de las Instituciones Democráticas

Todos los males de la democracia pueden curarse con más democracia
Alfred Emanuel Smith

Leo y escucho muchas críticas hacia los políticos tras los últimos casos de corrupción destapados. No son ataques contra un político en concreto, e incluso no lo son contra el partido contrario (sí, en España existe un bipartidismo visceral). Se trata de un ataque contra la “clase política” en general, contra la casta, contra la categoría profesional política, y, francamente, me preocupa.

Perder el respeto a los políticos lleva detrás de sí una consecuencia más grave: desconfianza y desencanto con las instituciones que representan. Son los políticos los que ocupan los sitios de las instituciones y por tanto es a ellos a quienes se relaciona con ellas. Además, casi ninguno de ellos ha mostrado nunca interés en separar a la institución democrática del Estado con el partido. Es más, puede casi afirmarse que se ha fomentado lo contrario, la fusión del cargo con el partido la asignación de los escaños y puestos de representación al grupo político antes que a las personas. La prueba de esta confusión es en que la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros la hace el Secretario de Organización del partido, y no el portavoz del Gobierno, como debiera.

La pérdida de respeto y confianza en las instituciones democráticas no puede llevar consigo sino un desgaste de la misma democracia. Las instituciones son la cara del sistema democrático, son el poder legitimado a través de la democracia. Por tanto, si perdemos la confianza en ese poder democrático, estamos perdiendo la confianza en la propia democracia.

Muchas son las diferencias con respecto de los años 30 (existe una Unión Europea, la presencia e importancia del ejército en la vida civil se ha reducido considerablemente, etc.) pero si las democracias cedieron ante las dictaduras en aquellos años, mucho se debió al desencanto por la democracia que se vivió en aquellas sociedades, por el desgaste de las instituciones democráticas. Y este desgaste del sistema democrático no es más que un nido de populistas autoritarios. Hitler es el mejor ejemplo de esto que digo.

No tiene que llegarse al extremo del nazismo para que la democracia se pervierta. La politización de la Justicia, la inexistencia de unos sindicatos libres e independientes que defiendan al trabajador, la falta de democracia en las elecciones de candidatos a las instituciones, la limitación del ciudadano en las decisiones que realmente le afectan, la falta de transparencia en las instituciones, la duplicidad de administraciones, etc. son síntomas de una democracia incompleta o enferma.

Nada es definitivo aún. Todavía estamos a tiempo de sanarla. La fórmula es bien sencilla: más democracia, como ya enunció Alfred Emanuel Smith. Pero como los ciudadanos sigamos mirando para otro lado y riéndole la gracia a quienes viven a costa de nuestros impuestos sin más preocupación que sus propios intereses y sin más argumento y bandera que una ideología caduca y anacrónica, puede que en un futuro próximo lamentemos, como hizo Alemania en su día, haber entregado tácitamente la democracia y la libertad a unos pocos, que pese a predicar sobre el bien de la nación y la sociedad, no habrían mirado más allá de su propio ombligo y ambiciones.

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08 febrero 2011

El Precio de los Libros

En España la mejor manera de guardar un secreto es escribir un libro.
Manuel Azaña

Algo que me ha llamado mucho la atención de aquí de Irlanda del Norte y que me resulta bastante significativo, aunque no sé cómo interpretarlo, es la diferencia abismal de precios que hay en los libros y la tecnología. Sobre todo en los libros. Los precios que únicamente se encuentra en ferias del libro en España (muchos de ellos de segunda mano), en Irlanda del Norte son precios habituales, incluyendo múltiples ofertas de tres libros por cinco libras o libros a noventa y nueve peniques.

Es realmente abrupta la diferencia. Únicamente en los best-sellers más recientes o en libros sumamente técnicos he visto precios que se dispararan un poco (por supuesto siempre debajo de los precios españoles). El resto de libros, bastante asequibles. Y si encima decides entrar a una librería de segunda mano (muchas de ellas benéficas, por cierto, organizadas por Oxfam o Asociaciones Contra el Cáncer) los libros se convierten en auténticas gangas.

No sé si en el Reino Unido los libros tienen algún tipo de subvención por parte del Gobierno. O las distribuidoras y editoriales no manejan tan grandes beneficios como en España. O que la ley de la oferta y la demanda (que los británicos leen muchos libros) hace que éstos disminuyan su precio. Cualquiera de estas tres opciones que se me ocurren deja en mal lugar a España en comparación con el territorio insular al que me refiero.

Tal vez sean pequeños gestos que ayuden a entender las diferencias entre Gran Bretaña y España. Las diferencias entre las sociedades (cómo cada una gasta su dinero) y por ende, las diferentes sociedades civiles (si es que podamos hablar de que en España existe realmente). El consumo de libros podría ser un buen indicador de las preocupaciones y preferencias de las sociedades. Desconozco si se ha hecho algún estudio al respecto, pero creo que sería bastante ilustrador.

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05 febrero 2011

Mitos

El deseo de felicidad mantiene presente el mito del artista.
Félix de Azúa

Toda persona tiene una referencia ideal respecto a cada una de sus dimensiones vitales. Todo el mundo aspira a algo, y en esas aspiraciones, tendemos a tomar por referencia situaciones, hechos o personas que entendemos son perfectos e ideales y que de alguna manera van marcando nuestro tope.

Una de estas dimensiones es la historia y la política. La definición de una ideología política en uno mismo no puede llegar a definirse sin una mitificación previa de un personaje, una situación, un territorio o una sociedad concreta. La formación de los sentimientos relacionados con la ideología política nacen de la concepción abstracta (de la elevación al abstracto más bien) de una situación concreta que nunca fue tal y como se describe.

Los mitos son necesarios cuando se trata de creer en una cosa. Ya los griegos usaban a los héroes como ejemplos absolutos de las virtudes, idealizándolos en extremos y creando una necesidad o voluntad de imitación de estos, siendo esta imitación el objetivo vital más importante.

También ha sucedido en muchas religiones. Las figuras principales de muchas religiones han sido divinizadas e idealizadas, y mucha de la conducta exigida a los fieles de éstas es la imitación de aquéllos, la aproximación a al ideal perfecto que se desprende de dichos personajes.

Así bien, las naciones también han creado sus mitos de formación. Toda nación tiene personajes y tiempos de gloria, donde las virtudes de los héroes y las épocas no hacen sino invitar al ciudadano a conseguir recuperar la gloria que la nación tuvo en tiempos de los héroes. Se invoca a idealizar la nación, ha elevarla hasta el abstracto del mito.

Lo que no pueden olvidar aquellos que quieren hacer un análisis serio de la Historia o la política es que estas mitificaciones no son más que eso, idealizaciones y exaltaciones que persiguen orientar la conducta de sus ciudadanos en busca de estos mitos. A la hora de ser rigurosos, ha de bajarse a los hechos. No obstante, estos mitos y exaltaciones pueden decirnos muchos sobre una cultura y una sociedad, cuáles son sus valores y a qué aspira.

Y así ocurre también para el hombre: son los mitos que uno admira los que van marcando la conducta en la vida. Son las creencias que, independientemente de verdaderas o falsas, inspiran a cada uno y moldean su voluntad.

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01 febrero 2011

Igualdad Estética

La democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad, que la conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad extrema, que la conduce al despotismo.
Montesquieu

Hay una tendencia en la primera línea política a emplear el término igualdad en prácticamente todas las cuestiones de la vida pública. Quizás el más celebrado sea el de la igualdad de género que ha conseguido incluso meterse de lleno en el flamante Estatuto de Andalucía. La obsesión por la igualdad achaca ya no sólo a los políticos, sino incluso juristas, periodistas y sociólogos, debido, tal vez, a las últimas leyes de Igualdad.

Pero ¿qué se busca realmente con esta igualdad? Pues en vista de las aplicaciones que se prevén en la ley, parece que lo único que preocupa a nuestros legisladores y políticos es la “igualdad estética”, es decir, la búsqueda de la armonía numérica manejando la estadística y las cifras, esto es, la búsqueda de unos números que sean a la vista agradables independientemente de lo que haya detrás de ellos. Si repasamos con detenimiento las leyes, la igualdad se ha reducido simplemente a un número, en concreto, a que haya el mismo número de unos que de otros.

Así se lucha contra la discriminación de la mujer, según la mayoría de los políticos y los grupos feministas: haciendo que haya la misma cantidad de Consejeros varones que mujeres, exigiendo igualdad de número en las listas electorales de machos y hembras, forzando a que en los libros de texto escolares se hable igual número de veces de ellos que de ellas, etc. Como ven, al final lo que resulta es el mismo número de unos que de otros.

Yo, sin embargo, reniego de esta teoría cuantitativa sobre la igualdad. A mi entender, este método serviría únicamente si todas las personas fuéramos absolutamente iguales. Puesto que esto es falso, ya que cada cual es el resultado de una configuración genética donde entran en juego una cantidad incontable de variables, además de una cultura y una socialización diferente, éste método es, a mi parecer, inadecuado.

Cosa bien distinta es que todos, independientemente de nuestros genes, cultura, progenitores, lugar de nacimiento y clase social, entre otras, tengamos la misma posibilidad de acceder a lo mismo. Es decir, que independientemente de donde nazca y de quienes sean mis padres tenga la posibilidad (si así lo deseo) de tener título universitario, trabajo, manutención, vivienda y acceso a una sanidad de calidad. Igualdad de oportunidades, en definitiva. Pero no es esto lo que se ha buscado desde la legislación, sino la igualdad numérica respecto de una variable concreta: el sexo.

Lo que puede llegar a parecer la creación de estos cupos es el reconocimiento público (por parte de quien ha legislado y apoyado tal legislación) de inferioridad de la mujer. El hecho de crear cupos específicos de mujeres es similar al que tienen los discapacitados para el acceso a la Administración Pública o los extranjeros a las Universidades Públicas: es una forma de sugerir que tal vez no sean capaces de conseguirlo por sí solas, y que necesitan el apoyo de la Administración.

Si este fuera el medio de solución de todos los problemas de igualad, podrían hacer lo mismo con los inmigrantes, o con cualquier otro sector que el Gobierno desconsidere en inferioridad de oportunidades. ¿Por qué no hacer un cupo en las listas para discapacitados o para homosexuales? Sencillamente porque supondría violentar la libertad del electorado para elegir a sus representantes, cosa que sí se ha hecho respecto a la mujer con la inclusión forzosa de un número de ellas en las listas electorales.

Lo que resulta curioso de todo esto es que estas políticas de igualdad lleguen precisamente cuando la mujer más estaba accediendo a puestos de relevancia en la sociedad, cuándo, gracias al divorcio y la emancipación económica, estaba, ella sola, cambiando su situación. Lo no faltará, cuando finalmente esta generación igual y libre (insisto, no por la acción del Gobierno sino por el sino de los tiempos) sustituya completamente a su predecesora, es quien se cuelgue una medalla pensando y haciéndonos creer que el objetivo se logró gracias a estas leyes que, para mi gusto, son completamente propagandistas y populistas.

Me gustaría destacar también la inclusión por parte del nuevo Estatuto Andaluz de la necesidad de la realización de un estudio de “impacto de género” previo a todas las leyes y disposiciones normativas de la Comunidad Autónoma (artículo 114). En ningún apartado del Estatuto se menciona algo similar sobre un “impacto económico”, “impacto cultural”, “impacto moral” ni tan siquiera “impacto medioambiental” (tan de moda este último también) de ninguna política pública que haya de llevarse a cabo por parte de la Junta de Andalucía. Hasta qué punto se ha convertido esta igualdad estética en importante.

Por último, para hacer la crítica constructiva, propongo aquí una serie de políticas que sí que deberían llevarse a la práctica para la total igualdad de oportunidades de la mujer, esto es: equiparación de la baja paternal con la maternal (así será indistinto contratar a un hombre que a una mujer), ampliación de dicha baja, políticas de conciliación laboral (flexibilidad de horarios, trabajo desde casa, reducción de horas por hijos (fomento de la natalidad)) y creación de guarderías públicas.

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29 enero 2011

El Yo de mi Pasado

Encuentro tanta diferencia entre yo y yo mismo como entre yo y los demás.
Michel Eyquem de Montaigne

¿Quién soy yo? Desde luego, se trata de una pregunta amplia que encierra, sin querer, muchísimas dimensiones y contenidos, tantas, como el ser humano es. No se puede contestar a esta pregunta con una frase, ni con una entrada de blog. Incluso es harto probable que al final de nuestra vida tampoco sepamos contestar a la pregunta de quiénes somos ni qué sentido tiene lo que hemos hecho.

Precisamente sobre esa mirada retrospectiva sobre nosotros es de lo que quería reflexionar. ¿Somos nosotros los mismos que hace diez años? Es decir, si nosotros, por ejemplo, escribimos un relato hace diez años y hoy lo leemos, ¿seguimos siendo autores de ese relato? ¿O ese relato, sin embargo, ya no nos corresponde?

Ciertamente, la persona que seamos hoy depende mucho de quién hayamos sido los años, los meses y los días anteriores. La elaboración del “yo” es un proceso largo, donde todo, absolutamente todo, influye. Nuestra forma de entender la vida y nuestra forma de entendernos a nosotros mismos no puede entenderse sin los sentimientos del pasado, es decir, aquellos que sentimos.

Somos el resultado de ambiciones pasados. Al igual que lo somos de errores. Somos los residuos de nosotros mismos, al igual que proyecciones. Hemos conducido la vida a través de decisiones que tomamos en un momento concreto y que, posiblemente, hoy nos las tomáramos de la misma manera. Somos fruto de una cascada de sentimientos, conducidos con mayor o menor acierto. Todo nos ha influido para ser lo que somos hoy. Y todo lo que hagamos hoy influirá para ser lo que seremos mañana.

Pero respecto a la pregunta con empezaba esta entrada, es decir, si somos nosotros los que éramos hace un tiempo o bien somos diferentes… tenemos dos respuestas, elegidas a partir del sentimiento que nuestro propio recuerdo genere: si renegamos de nosotros mismos, o bien nos sentirnos orgullosos. Si es el primero de los casos será porque nuestro pasado no nos satisface, aunque precisamente por ese pasado estamos donde estamos, por haberlo intentado corregir y por saber que aquello no nos convencía. En el segundo caso, sentiremos que hemos culminado o estamos culminando un proceso vital que empezó cuando lo hizo nuestro pasado.

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25 enero 2011

¿Está Adalucía descentralizada?

¡Ay de los pueblos gobernados por un Poder que ha de pensar en la conservación propia!
Jaime Luciano Balmes

Uno de los objetivos del Estado de las Autonomías es la descentralización y la desconcentración del poder y de la Administración. La organización de los territorios nunca se hará con más conocimiento de causa de los problemas y soluciones que la llevada a cabo desde el mismo lugar. Este es el objetivo básico de la autonomía, al menos el oficial, ya que siempre las mentes más maquiavélicas apuntan a la obtención de poder por parte de las élites locales.

Y ahora, analizando con treinta años de perspectiva la situación de nuestra Comunidad Autónoma, Andalucía, me pregunto, ¿se ha llevado a cabo realmente esa desconcentración y descentralización dentro de las Comunidades Autónomas? ¿O hemos cambiado los focos de poder desde Madrid a Sevilla? ¿Por qué la gestión de la Alhambra y de Sierra Nevada (por citar dos ejemplos) ha de llevarse a cabo desde Sevilla? ¿No será más coherente con el modelo que buscábamos que las distintas gestiones se hagan, aunque supervisadas por la CA y por el Estado, por supuesto, desde las distintas provincias o municipios?

Demasiadas incoherencias y desperfectos veo en este sistema supuestamente “descentralizado”. Toda gran obra pública ha de aprobarse desde Sevilla. Toda decisión trascendente para Granada ha de verse con buenos ojos desde Sevilla. Debe firmarse en Sevilla. ¿Es esto desconcentración?

Yo opino que no, que más se trata de una centralización desconcentrada. Una centralización sevillana, una centralización más cerca de casa, pero que en definitiva, nos deja al menos a tres provincias (Granada, Jaén y Almería) en la misma situación que estábamos: olvidados para toda Administración.

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22 enero 2011

El Mundo como Convención

¿Qué es la belleza? Una convención, una moneda que tiene curso en un tiempo y en un lugar.
Henrik Johan Ibsen

Continuamente me hago la pregunta de cómo, en algo tan subjetivo como es el arte, algo que ha de mirarse desde el interior de uno mismo, algo que es reducido al gustar o no gustar, es decir, a los sentimientos, puede ser calificado como grandes obras de arte y otras en cambio basura. Cómo la misma obra de arte podría ser cambiar totalmente su percepción y valor dependiendo en la época en que fue creada. ¿O acaso alguien cree que el arte de Picasso hubiera sido igual de aclamado en el siglo XX que en el Renacimiento?

Para esta cuestión sólo encuentro la respuesta de que el arte es convencional, de que al fin y al cabo, una obra de arte, un libro, un cuadro o una pieza musical son mejores o peores según la opinión de quienes influyen en el resto de opiniones. No hay un canon estricto para medir, simplemente gustos y disgustos, y o bien resulta gustar a la mayoría (lo que se puede denominar hoy como “comercial”) o bien es un gusto erudito, un gusto de alguien influyente en otras personas, que rápidamente se extiende inconscientemente en aquellas personas en las que influye.

Quizás, y digo quizás, puedan salvarse en el arte aspectos de técnica y estética que pueden llevar a una “objetivación” del arte. Aunque también es cierto que esto criterios de bondad son igualmente un sistema convencional, un sistema de acuerdos expresos o tácitos.

Igual sucede, me temo, con las ideas, filosofía y pensamientos. Prácticamente todas las ideas se repiten desde los clásicos griegos y latinos, prácticamente toda la filosofía fue ya escrita por ellos y los modernos mayormente la han adaptado (pido disculpas por la visión simplista). El comunismo, o al menos una aproximación a él, ya fue vislumbrado en la República de Platón, y sin embargo fue en el siglo XIX cuando tuvo éxito.

Citando otro ejemplo más claro, la declaración de que la Tierra es redonda, no plana. ¿Por qué si los griegos (algunos al menos) conocían esta verdad se optó por la creencia de que era plana? Simplemente por la influencia de quienes defendían una u otra postura, por la credibilidad y confianza que depositaron en unos y otros, a pesar de ser un hecho objetivo y demostrable.

Como bien decía, con el tema de las ideas políticas y filosóficas ha pasado igual. Es probable que en la Historia hayan quedado enterrados pensadores brillantes que no han florecido ni tenido el éxito que otros por no haber tenido la suficiente influencia en la sociedad que les tocó vivir. Y esta influencia no tiene que ser simplemente intelectual, es decir, reconocimiento de la bondad o maldad de las ideas, sino en sentido radical, capacidad de influir en otras personas, capacidad de aceptación y asimilación de las ideas que otro propone. Influencia como traspaso de parte del alma de una a otra persona.

Y es que al final somos las personas las que elaboramos nuestra propia sociedad y nuestra propia historia. No es algo fortuito o azaroso. Es algo que decidimos, aunque a veces inconscientemente. Aceptar y asimilar las ideas de unos en lugar de las de otros es lo que creará el éxito del que las plantea o expone. Igual que con el arte. Acertar con la necesidad intelectual del auditorio, con lo que quieren ver, escuchar o sentir es, creo hoy en día, la parte más importante del éxito, del paso a la posteridad y de influir en la Historia y en la Humanidad.

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21 enero 2011

Sobre el Idealismo

El idealismo aumenta en proporción directa de la distancia que nos separa del problema.
John Galsworthy

El término “idealista” es utilizado con frecuencia de un modo peyorativo, denotando a aquel que desconoce la realidad, que no sigue su lógica, que espera salvarla o que es suficientemente optimista como para creer en la mejoría de lo que le rodea. Alguien idealista es alguien cuya representación mental del mundo es modélica o perfecta.

Acusados son estos idealistas de excesivos optimistas y de no vivir en la realidad. Lo cierto es que no necesariamente un idealistas es optimista. Más bien es fácil que suceda al revés: que se vuelva pesismista al poder contemplar y diseñar situaciones, sociedades, personas o cualquier cosa perfecta y darse cuenta de la dificultad que supone la traslación a la realidad.

El idealista tiende a recurrir al arte (cualquiera de ellos) para modelar en él su mundo fantástico, su utopía. Siendo él quien controle todos los ámbitos de la obra, la imperfección sólo es atribuible al propio autor, al idealista en cuestión. El arte es usado por los idealistas como escape del mundo, como lugar donde proyectar una realidad diferente, como refugio las decepciones de la vida.

Rara vez un idealista es conformista. Podrá ser más o menos perezoso, pero siempre es consciente de que el mundo el que vive dista del modelo del “debería ser”, de esa perfección sólo alcanzable en el mundo platónico de las ideas. Poniendo un símil matemático, la idea del idealista es el límite hacia donde tiende su vida, es a lo que aspira, en lo que cree.

Los idealistas son capaces siempre podrán llegar más lejos de lo que ellos creen: podrán llegar hasta donde quieran, porque su límite está marcado en la idea, en el concepto abstracto, que es totalmente inalcanzable. Siempre tendrán donde mejorar, donde luchar, lo que supondrá un aliento siempre a sus aspiraciones. Quien ve el objetivo cerca irremediablemente baja la marcha, va deteniéndose. Sólo aquél que tiene un objetivo lo suficientemente inalcanzable podrá conocer donde están sus límites. Y estas personas son los idealistas.

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20 enero 2011

Vida, Amistad y Muerte

La muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida.
André Malraux

El azar, la Providencia, el destino, Dios o lo que quiera que sea llega sin avisar. Nunca está a salvo uno de un capricho suyo, de un delirio oportuno. Nadie nos puede garantizar que el camino que seguimos seguirá en la misma dirección para siempre, ni que tampoco lo estará. La vida se rige por infinitas variables. Algunas de las cuales son totalmente incontrolables.

Nadie elige del todo qué personas van a entrar en la vida. Ni con cuáles de ellas se forjará una amistad. Ni tan siquiera cuánto durará esa amistad. Las personas vienen y van, de nuestras vidas, y de la vida en general. Nadie nos dice quién nos traerá la vida y a quién se llevará.

Nunca es fácil saber quiénes son tus verdaderos amigos, quiénes son amigos de verdad. ¿Cómo se mide la amistad? ¿En horas de conversación? ¿En cafés? ¿En borracheras? ¿En el tiempo que se pasa junto a esa otra persona? No queda claro cuál es el parámetro a medir, desde la racionalidad.

Plano distinto es el sentimental, el puro, el auténtico, tal vez. Nadie puede afirmar racionalmente que alguien es tu amigo. Nadie está a salvo de una decepción o traición. No obstante, cada uno puede sentir quiénes considera sus amigos. Y, al menos, mientras así lo sienta, así será. Porque, ante todo, la amistad es un sentimiento. Uno sabe que es amigo de otra persona cuando ésta siente como suyas las desgracias de aquél.

La muerte no avisa a nadie, simplemente llega. Y cuando ésta llega es irreversible. No nos queda sino agachar la cabeza, humildes, y reconocer cuán ínfimos, cuán insignificantes y cuán vulnerables somos.

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17 enero 2011

Andalucía, imparable

Sólo una persona mediocre está siempre en su mejor momento.
William Somerset Maugham

En alguna conversación que he tenido sobre el estado de Andalucía, sobre su política y sobre su avance en los últimos treinta años he acabado obteniendo la siguiente respuesta: “¡Será que no ha cambiado y mejorado Andalucía en estos últimos años!”. Lógicamente, no se puede negar que Andalucía ha progresado. En treinta años, impregnados de fondos FEDER, de deudas históricas y siendo el patio de recreo de España y Europa, claro que Andalucía ha cambiado. Claro que se vive mejor que hace treinta años. Claro que la calidad de vida ha mejorado.

Pero la cuestión que deberíamos plantearnos para valorar la buena o mala gestión de los diferentes Gobiernos (casi siempre el mismo) que ha tenido Andalucía es: ¿cuánto se ha dejado de mejorar? ¿Cuánto se ha despilfarrado? ¿Cuánto se han pervertido las instituciones? ¿Cuánto nos aventajan y en qué ámbitos el resto de Comunidades Autónomas?

Es en la comparación con el resto de España (y casi de Europa) donde claramente se aprecia que Andalucía no ha mejorado tanto como debiera. Seguimos a la cola de España en el paro y a la cabeza en analfabetismo y en fracaso escolar, entre otras. Andalucía sigue siendo una región que vive en exceso del turismo y la subvención, sin prestar la suficiente atención a los verdaderos pilares de una economía y de una sociedad.

No debemos conformarnos y asentir a esta gestión de los últimos treinta años. Por lo menos no hacerlo de manera incondicional y dogmática. Hay que ser críticos con el Gobierno andaluz de los últimos treinta años y, a la vez que reconocerle la mejora que ha acaecido en Andalucía, recriminarle lo que no ha cambiado y ha podido cambiar No podemos estar plenamente satisfechos. Por muchos ordenadores que nos regalen.

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14 enero 2011

Ardor Guerrero

La falta de términos de comparación y la pura fuerza de la monotonía pueden acabar otorgando un aire cotidiano de normalidad a los mayores absurdos y a las monstruosidades más bizarras.
Antonio Muñoz Molina

Lo primero que he de decir de este libro de Muñoz Molina es que me ha gustado considerablemente. No sé exactamente por qué decidí empezar a leerlo. Tal vez por el recuerdo del Invierno en Lisboa, o tal vez por la curiosidad de saber qué pasaba (por lo menos en opinión de uno de los grandes de la literatura, y no precisamente muy entusiasta, al menos de primeras) en el servicio militar. El caso es que me alegro de haberlo leído.

Para los que no hemos vivido el servicio militar es una descripción bastante exhaustiva del mismo. Mezclado, además, con las sensaciones de un recién licenciado universitario que ha de forjar su futuro, de ir eligiendo caminos, de mi misma edad, con las problemáticas políticas de la época (finales de los 70) y los conflictos ideológicos internos hacen que el libro no sea una mera descripción de qué pasaba en los cuarteles sino que sea también una manera de descubrir a un personaje con, según me parece, inquietudes, sensaciones e impresiones bien parecidas a las mías.

Me ha llamado mucho la atención la descripción que hace del momento político de la época. Por un lado el terrorismo salvaje (Muñoz Molina fue destinado en San Sebastián) y el miedo que lo envolvía todo. También me impactó la simpatía y hermanamiento que había entre los paisanos de las regiones históricas de España, o que al menos tenían un rasgo característico y claro (catalanes, canarios, vascos, andaluces, gallegos, etc.) y, en parte, he querido compararla con la situación actual y he querido ver una similitud entre el día a día. Y por último, respecto al plano político, mucho me ha llamado la atención la descripción que hace de la estrategia política de la izquierda de entonces y que, en buena parte, todavía hoy venimos arrastrando. Dejo un párrafo para ilustrarlo.


Si es verdad lo que decía Chesterton, que se deja de creer en Dios y en seguida se cree en cualquier cosa, en el umbral de los ochenta y en el azaroso ecumenismo de aquellos cuarteles se comprobaba que con tal de no ser español casi todo el mundo decidía ser lo que se presentara, poniendo incluso más furia en la negación que en la afirmación, como si que a uno lo llamaran español fuera una calumnia. La izquierda, que por aquellos años se había quedado sin banderas, sin banderas republicanas ni banderas rojas, culminaba su ineptitud rescatando banderas regionales, inventándose, como la carcundia romántica del siglo XIX, tradiciones e identidades ancestrales, sagradas fiestas vernáculas, diatribas de víctimas seculares del centralismo español.

Por último, me planteo que hubiera sido de mí de haber ido al servicio militar, cuánto hubiera cambiado mi vida, o por lo menos, la manera de entenderla. Cierto es que las cosas que se describen en el libro (novatadas, guardias, abuso de los mandos, etc.) no tiene nada de envidiable y no queda sino soltar un leve suspiro de alivio. Pero por otro lado, al final del libro, cuando habla de los recuerdos de la mili, de las personas que allí conoció, de la amistad imperecedera que forjaron, como todas aquellas que se forman a partir de un sentimiento común, de una empatía necesaria, he de reconocer que siento cierta envidia, o al menos, cierta curiosidad. Y entonces me pregunto, con ese romanticismo e idealismo que uno plantea sobre las cosas que sabe que son imposibles y pasadas, sobre las proyecciones hacia el pasado de su propia vida: ¿hubiera merecido la pena el haber ido al servicio militar?

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13 enero 2011

Perder el Tiempo

No es el trabajo lo que envilece, sino la ociocidad.
Hesíodo

Tendemos a quejarnos de que el día no tiene suficientes horas para satisfacer todas las demandas y deseos que en el proyectamos. Nos gustaría, a veces, hacer tantas cosas en un día que la mera enumeración de ellas supone en nosotros estrés. Aparte de las relacionadas con las obligaciones laborales y familiares, tendemos a crear, quizás más que nunca en los primeros compases del año, una serie de buenas acciones que forman parte del ocio pero que consideramos positivas para nosotros mismos, para nuestra propia realización. Ejemplos pueden ser el aprendizaje de idiomas o el ejercicio diario.

Un historiador británico, Cyril Northcote Parkinson, dijo una vez que en una burocracia el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine. Es la llamada ley de Parkinson. Si nos miramos a nosotros mismos, podemos darnos cuenta de que esta ley es aplicable no sólo a las burocracias, si no a nosotros mismos, aunque con su respectivos matices y adaptación.

Si optimizáramos realmente nuestro tiempo diario y suprimiéramos aquellas tareas inútiles o poco productivas que podemos encasillar como “perder el tiempo”, nos daríamos cuenta de que durante un día nos da tiempo a hacer muchas más cosas de las que creemos. Pongamos, por ejemplo, el estudio. Cuando una persona estudia tiende a perder el tiempo, ya sea porque forma parte de las obligaciones sin mostrar devoción alguna, ya sea porque no le interesa lo que lee, porque está cansado o porque está pensando en otra cosa. El resultado es el mismo, una no eficiencia en el estudio. Si en vez de pasar 5 horas delante de un libro, de las cuales más de la mitad las dedicamos a pensar en otra cosa o mirar hacia otro lado o simplemente a hablar con el compañero, tal vez hubiera más tiempo para más cosas.

Esto que digo no implica la supresión del ocio o del descanso. El ocio y el descanso son tan necesarios como el trabajo, como bien he defendido en alguna otra entrada. La diferencia es que cuando descansamos o dedicamos tiempo al ocio, queremos realmente eso, queremos tener tiempo de ocio y dedicarlo al descanso o la evasión de la mente.

Lo que trato de concluir es que no somos realmente eficientes. Somos muy poco eficientes. Tal vez perezosos. Perdemos demasiado en el tiempo en cosas que realmente no deseamos, sino que son una evasión de las obligaciones, un escape para dejar de hacer lo obligado y que a la vez detestamos. Y es por ello por lo que nunca satisfacemos nuestros ideales de vida perfecta que proyectamos y que, durante dos días, estamos dispuestos a alcanzar.

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11 enero 2011

Voluntad y Sociedad

No hay ningún hombre absolutamente libre. Es esclavo de la riqueza, o de la fortuna, o de las leyes, o bien el pueblo le impide obrar con arreglo a su exclusiva voluntad.
Eurípides de Salamina

Muchas veces está en nuestra voluntad el realizar algo, el tomar una rutina o el salir de ella. Queremos librarnos de nosotros mismos, escapar de la imagen que nosotros nos hacemos de nosotros mismos. La determinación de ese cambio ha de partir primero de la concienciación y luego impulsarse en la voluntad, ¿pero es todo en la vida cuestión de voluntad?

Hay filósofos, como Schopenhauer, que han dado a ésta una importancia trascendental: prácticamente todo en la vida se reduce a voluntad (pido perdón por reducir toda la filosofía del filósofo a un aforismo). En parte le doy la razón. La voluntad es un elemento fundamental en la conducta humana, querer algo es el motor fundamental de su consecución, pero no el único. Mucho me temo que un error acumulado a lo largo de la historia es reducir la complejidad de la vida a una sola dimensión, hacerlo todo blanco o negro, bueno o malo, y difícilmente puede explicarse algo tan enrevesado y extraordinario como la dimensión humana desde un único punto de vista, teniendo en cuenta una sola de las múltiples variables que lo configuran.

Otra perspectiva, opuesta, es la de que la voluntad del hombre está continuamente moldeada por el entorno, por la sociedad, por lo social. El hombre no es dueño de sí mismo, afirman, simplemente sobreviva según las expectativas sociales, el rol que desempeña en la sociedad, y el arrastrado hacia las acciones. Aceptar esta segunda hipótesis sería degradar al ser humano a un simple autómata, denegarle la voluntad y la capacidad de acción sobre sí mismo. Y al menos yo no estoy dispuesto a ello.

Pero tampoco creo que en la voluntad inmortal e inquebrantable del hombre. La voluntad del hombre siempre quedará condicionada a muchos factores, y una de ellos es lo social. Pero también lo es el conocimiento, ¿o se puede aspirar seria y realmente a algo que no se conoce?

Quedémonos, pues, en un término intermedio, reconocimiento a cada cual su importancia. Por un lado, la voluntad del hombre que en ocasiones (no siempre y no toda persona) puede ser determinante, y por otro, su condicionamiento social, su formar parte en una red de personas, con sus correspondientes ambientes o entornos, limitaciones, prejuicios, hábitos y costumbres (algunos de éstos han sido analizados en este blog, y otros lo serán).

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10 enero 2011

Propósitos y Pereza

Los perezosos siempre hablan de lo que piensan hacer, de lo que harán; los que de veras hacen algo no tienen tiempo de hablar ni de lo que hacen.
Johann Wolfgang Goethe

Cada año nuevo es casi tan tradicional como el comer doce uvas el hacerse uno o varios propósitos para el año venidero. Propósitos que suelen repetirse y que rara vez se cumplen. Propósitos para con nosotros mismos que podemos empezar a llevar a cabo en cualquier momento que, por cosas de la cultura o el azar, dejamos para la supersticiosa fecha del 1 de enero, como si los años que van sucediéndose aceptaran una nueva oportunidad.

Son muy variadas las temáticas de estos. Algunos caen en la idealización del imposible, que más que un propósito, es una oración al Santísimo en busca de aquello que somos conscientes no nos es permitido. Otros, sin embargo, son plenamente factibles. No obstante, estoy completamente seguro que la mayoría de todos estos propósitos podrían reducirse a apartar la pereza a un lado.

Puede que la pereza sea de los siete pecados capitales el más perdonado. Todo el mundo tiene sueño alguna vez, y todo el mundo está de acuerdo en el uso de la tecnología en pro del esfuerzo menor. La pereza está socialmente bien vista, está justificada, es excusable. Todo está orientado a la comodidad y de una manera más o menos consciente la sociedad, la cultura y todos sus valores giran en torno a la asimilación de la pereza como forma de vida.

El conformismo es uno de los hijos de la pereza. El asentimiento aborregado es preferible a la lucha incómoda, cansada y sin resultados seguros. La persecución de sueños es muchas veces postergada por su incertidumbre, pero otras tantas lo es por pura pereza. Tiende la sociedad moderna a demonizar el trabajo confundiendo éste con el antónimo de bienestar o de comodidad.

Es fácil confundir la pereza con la comodidad, aunque es grande la diferencia. Mientras que la comodidad pretende la optimización del bienestar en la consecución de un objetivo, la pereza desprecia el objetivo a favor únicamente del bienestar.

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12 diciembre 2010

Libertad de reunión

Tras haber visto un vídeo en Youtube (http://www.youtube.com/watch?v=EO1nlpoOhUo) y contemplar como un Policía Local de la Ciudad de Granada expresa, textualmente, que “No sé permite la concentración de personas en espacios públicos”, me surgen algunas cuestiones sobre la democracia, la Constitución y la libertad en España:


1. ¿Cómo puede, en caso de que lo que diga el Policía es cierto y esté reflejada en un Ordenanza Municipal, ir una ley Municipal en contra de la Constitución de un país?
2. ¿Quién controla las Ordenanzas Municipales de los Ayuntamientos?
3. ¿Quién protege los derechos Fundamentales (en este caso el artículo 21) de los ciudadanos ante estos abusos?
4. ¿Qué mecanismo tiene el ciudadano para denunciar y abolir estas Ordenanzas Municipales?
5. ¿Es el “Orden Público” prioritario a la Libertad de los Ciudadanos?
6. ¿Cómo se compensa a los ciudadanos que se han visto perjudicados por esta Ordenanza Municipal en el caso de que algún día se demostrara la inconstitucionalidad de la misma?
7. ¿Por qué el acceso al Constitucional es tan restringido?
8. ¿Son los Ayuntamientos pequeñas dictaduras?
9. ¿Pasa igual con las Autonomías?
10. ¿Alguien controla la constitucionalidad de las Administraciones Públicas Menores?
11. ¿A alguien le importa que esto se controle?

Como epílogo dejo el artículo 21 de la Constitución Española de 1978.

Artículo 21

1. Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará autorización previa.

2. En los casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones se dará comunicación previa a la autoridad, que solo podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes.

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02 diciembre 2010

Realidad Sobrevenida

Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único.
Agatha Christie

Hay veces en las que la realidad nos parece un sueño y, viceversa, los sueños reales. La percepción que tenemos de ambas cosas puede parecer totalmente reales y cuesta discernir entre lo existente y lo ficticio. Muchos de los grandes “shocks” que sufren las personas tardan un tiempo en asimilarse, no son concebidos y aceptados instantáneamente aunque los sentidos y la razón nos lo indiquen así.

Aparte de la sensación de un suceso es necesaria la creación de la idea mental de ese suceso. Sin esa representación abstracta en nuestra cabeza no se completa el conocimiento, al menos, no se toma ese hecho como algo real, como a tener en cuenta en el razonamiento, como algo sobre lo que inferir nuevo conocimiento o como dato a tener en cuenta para generarlo.

La asimilación puede llegar a ser un proceso lento si no encaja del todo bien con la lógica de nuestro mundo y de nuestros hábitos. La muerte de una persona cercana, por ejemplo, puede llevar tiempo a asimilarse y mientras se asimila, queda en nuestra cabeza como algo que ha sucedido, algo que sabemos, pero no llega a ser real. Queda en el proceso cubierta de una fina neblina.

Este mismo proceso ralentizado de aceptación de los hechos puede darse también en otros eventos no tan traumáticos. Por ejemplo, en la pérdida de la amistad. Si nos paramos a pensar, la amistad no se pierde instantáneamente, no es de un día a otro, no es de la noche a la mañana. Alguien no deja de ser amigo de otro instantáneamente. Es un proceso lento e invisible.

Y como adelanté antes, no tiene por qué ser fácilmente asimilable, porque sencillamente cambia la lógica de nuestro mundo. No es fácil renunciar a una amistad, sobre todo si ésta se ha prolongado durante muchos años. Y es en ese momento cuando se enfrentan la voluntad y la realidad, la negación de un hecho a través de la voluntad de que no pase. Pero no siempre la voluntad es capaz de cambiar la realidad, máxime cuando son dos las voluntades necesarias.

El tema de la amistad era tan sólo un ejemplo. También sé que hay lazos entre las personas que jamás se rompen por mucho que tiempo los oxide. Lo que quiero concluir con el ejemplo es que a veces la realidad nos sorprende, nos cambia, se modifica y nuestra lógica se niega a asimilar esos cambios. Aparece en nosotros el lado conservador, el lado nostálgico, la añoranza más profunda.

Pero como sucede con los sueños, por muy agradables que hayan sido éstos, son en su gran parte irreales.

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09 noviembre 2010

Dolor, Superficie y Moral

Llamamos peligrosos a los que poseen un espíritu contrario al nuestro, e inmorales a los que no profesan nuestra moral.
Anatole France

Realmente en los tiempos que corren se hace difícil la defensa del toreo y de los toros. Se hace difícil, entre otras cosas, porque la argumentación y el debate no transcienden más allá de la sangre que el animal derrama y de la bestia que finalmente yace muerta en la arena.

Sacado fuera del contexto, fuera de toda la nobleza que encierra el toreo, alejado de todas la tradición que recoge y de más de los dos mil años de historia y evolución que culminan con una corrida actual de toros, el espectáculo puede ser desagradable, igual que tal vez podría parecer (de nuevo fuera de contexto) la veneración pública de la imagen de un hombre clavado en un instrumento de tortura, sangrando por el costado (a la Semana Santa, me refiero).

Pero es que si nos quedamos en el dedo que señala en vez de girarnos hacia donde indica, es imposible comprender nada. Difícilmente comprensible puede ser algo a lo que somos ajenos. ¿Se entienden acaso el ayuno o las mortificaciones hoy como elementos de purificación del cuerpo?

Y sin embargo nos reímos (algunos por fuera, otros por dentro) de todo aquello que supone un sacrificio ante lo sobrenatural, la renuncia de los placeres o cualquier otro rito que implique la lucha entre lo intangible y lo corpóreo. Despreciamos, como digo, lo que no comprendemos.

Tal vez no sea yo el más indicado para explicar las razones y simbologías del toreo (aunque sí que existe una magnífica obra de José María de Cossío que puede ilustrar a algún interesado); pero que sí que descubro entre tanta “protección de los derechos de los animales” una forma más de imponer una moral, un pensamiento, una ideología, unos valores, unos principios o simplemente una forma de entender la vida. Se impone la moral del que no ha aprendido, ni quiere aprender a sufrir, sobre el que asume el dolor y la injusticia como una parte más de la vida.

Miremos por ejemplo a algunos activistas ecológicos. Refugiados en la defensa de los animales, bajo la bandera de la protección animal, son incluso capaces de herir gravemente a personas. ¿Cómo se entiende que una persona pueda herir de muerte o matar a otra por la defensa de un animal? ¿Es que llegan a estar por encima los animales que las personas? ¿O es que más bien se trata de la imposición de una moral bajo el falso pretexto de la defensa animal?

O para reflejar la superficialidad de otros, ¿por qué pueden comer cerdo o pollo y son incapaces de comer ciervo o caballo? ¿Es que los ciervos son animales de primera y los cerdos de segunda? ¿O no será más bien que es la imagen, la personificación, la superficialidad lo que realmente importa? ¿Acaso no son todos animales?

Pareciera que ni en las granjas ni en los mataderos se maltrataran animales, que allí les pidieran por favor que murieran, y si es posible, que se desangraran solos también para evitar así la impresión de la sangre.

Vivimos en una sociedad y en una cultura en la que no se enseña a sufrir, en la que todo se da regalado y en la que nada cuesta nada. Una sociedad en la que no se suspende a los niños para no contrariarlos, en las que el dolor, la muerte o el sacrificio son palabras tabú. Hemos creado una falsa sensación de seguridad, de comodidad y de facilidad para engañarnos a nosotros mismos. Pero la realidad es bien distinta. La vida a veces puede ser tremendamente dura. Muchos quedan sorprendidos y traumatizados cuando la descubren. Vivimos en la época de las depresiones porque nadie nunca nos ha enseñado a encajar el dolor. Pero el dolor es parte inherente de la vida, y tarde o temprano nos encontraremos con él.

El no al toreo es una parte más de la ultrasensibilidad y superficialidad de los tiempos que corren. Es paradójico que quienes protestan por la muerte animal lo hacen vestidos con ropas hechas por niños-esclavos. Pero la esclavitud en China no se ve, y por lo tanto, no importa.

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26 octubre 2010

Lo que Realmente Importa

La política es la conducción de los asuntos públicos para el provecho de los particulares.
Ambrose Bierce

Debería haberme ya acostumbrado a este tipo de cosas, pero el caso es que no llego a hacerlo. Aunque me pille un poco lejos el meollo de la cuestión, Internet hace posible que pueda leer la prensa española todos los días e incluso escuchar la radio, por lo que mi información es casi la misma que si estuviera allí. Tal vez lo único que difiera es el runrún de la calle, que no alcanzo a oírlo.

Todo esto viene al caso de las últimas declaraciones del señor alcalde de Valladolid. De repente, después de todo lo que estamos acostumbrados a ver y a oír, la cuestión primera de la actualidad española es que el mencionado alcalde se mofe de los “morritos” de la señora Ministra de Sanidad. A nadie le cabe duda de que su actuación no fue lo que se puede denominar correcta, pero ¿es para tanto?

Realmente no. Realmente son unas declaraciones como otras tantas se hacen a lo largo de los días y de los tiempos, y más en política; pero el momento es sin duda el más apropiado. Me sorprende que a menos de una semana de la remodelación del Gobierno no se traten los temas de cómo de buenos o malos son o serán los nuevos ministros, de cómo de bien o mal está el país (con este “magnífico” veinte por ciento de paro, decrecimiento económica, la deflación siempre acechando, etc. ), sino que toda la actualidad política, todos los centros de las tertulias y las noticias de los periódicos es si la Ministra de Cultura saluda o no al Alcalde de Valladolid o si Rajoy, según el señor Blanco, es igual de “machista” por no condenar al señor León de la Riva.

Y así se nos van los días en la política española: hablando de cosas que realmente no son importante, no son trascendentes, salvo para uno o para dos (en este caso la señora Ministra y el Señor Alcalde). Y el Gobierno, encantado de que no se hable de su pésima gestión, nos saca a la palestra día tras día sandeces acerca de declaraciones que no tienen ninguna utilidad ni nada ayudan o perjudican al país. Son netamente vacías. Venga sacar humo para esconderse detrás.

Lo que me cuesta más comprender es cómo los medios de comunicación van detrás de estas pamplinas y cómo la bola de nieve crece por momentos. Quizás sea porque nosotros, los ciudadanos, les damos cancha. Parece que en esta España de rojos y azules cualquier excusa es buena para lanzar un dardo al adversario político, aunque el país esté al borde la zozobra. Lo importante es que ellos se hundan antes que nosotros, pensamos, incapaces de darnos cuenta de que todos vamos en el mismo barco.

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16 octubre 2010

Eslovenia

Hay mucha diferencia entre viajar para ver países y para ver pueblos.
Jean Jacques Rousseau

Aprovechando mi estancia por aquí, hablaré un poco de mi parecer acerca de Eslovenia. Mi primera impresión fue que me encontraba en un país completamente diferente, probablemente al ser incapaz de leer nada en esloveno. Pensé que sería un país donde el único elemento común sería la moneda y tal vez cierta parte de historia compartida a través de los romanos. Pero lo cierto es que hay bastantes similitudes entre ellos y nosotros.

Eslovenia, según he podido apreciar en esta semana aquí, se encuentra influida por Italia y Austria (aparte, por supuesto, del resto de países balcánicos). La parte del sur, la parte costera, recuerda un poco a la costa italiana del norte. Por supuesto la internacionalización de la gastronomía italiana es aquí también un hecho: pizza, pasta, etc. Aunque este fenómeno ocurra también en el resto del mundo.

Al norte Eslovenia se encuentra con los Alpes y limita con Austria. La gastronomía del norte de Eslovenia, según pude saber, es similar a la alemana y austriaca: sopas y carne, principalmente de vacuno. Una vez probé un plato típico de la zona (cuyo nombre soy incapaz de reproducir) les di la razón. Recuerda a las comidas de Austria y Alemania, con su carne dura y sus salsas, además de sus guarniciones de pasta de harina de maíz.

Una vez uno se familiariza con la lengua es capaz de descubrir ciertas palabras similares, de la misma raíz. Por ejemplo restaurante, sándwich, probar, etc. son ciertamente parecidas a las latinas/inglesas. Como curiosidad acerca de la lengua podría comentar que ellos tienen un número gramatical que en España no tenemos. Ellos distinguen en la primera persona entre “yo”, “nosotros dos” y “nosotros” (más de dos). Respecto a los tiempos verbales creo que ellos manejan bastante menos que los que hablamos una lengua romance. Todo esto lo averigüé después de una difícil charla con un esloveno acerca de las lenguas.

Sobre el paisaje puedo decir que es muy boscoso, montañoso y verde. Hay muchos árboles por todos lados. Si uno coge la autovía no los pierde de vista salvo cuando llega a la costa. No es un país muy grande, pero hay diversidad dentro de él. Son abundantes los lagos y cuanto más al norte nos dirigimos, más montañosa se hace la orografía.

También me llamó la atención que todo el mundo habla inglés. Pero no un inglés patatero, un buen inglés. Incluso los niños (conocí a uno) son capaces de comprender el inglés, aunque su dicción no es tan bueno. Ellos lo justifican diciendo que si quieren comunicarse con el resto del mundo han de aprender inglés. Si no, han de limitarse a Eslovenia, ya que las lenguas de los países balcánicos (Croacia, Serbia, Macedonia, etc.) son bastante diferentes.

No sé si me he dejado algo interesante. En cualquier caso, si así hubiera sido, volveré a escribir. Como resumen, creo que está bien.

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