29 enero 2011

El Yo de mi Pasado

Encuentro tanta diferencia entre yo y yo mismo como entre yo y los demás.
Michel Eyquem de Montaigne

¿Quién soy yo? Desde luego, se trata de una pregunta amplia que encierra, sin querer, muchísimas dimensiones y contenidos, tantas, como el ser humano es. No se puede contestar a esta pregunta con una frase, ni con una entrada de blog. Incluso es harto probable que al final de nuestra vida tampoco sepamos contestar a la pregunta de quiénes somos ni qué sentido tiene lo que hemos hecho.

Precisamente sobre esa mirada retrospectiva sobre nosotros es de lo que quería reflexionar. ¿Somos nosotros los mismos que hace diez años? Es decir, si nosotros, por ejemplo, escribimos un relato hace diez años y hoy lo leemos, ¿seguimos siendo autores de ese relato? ¿O ese relato, sin embargo, ya no nos corresponde?

Ciertamente, la persona que seamos hoy depende mucho de quién hayamos sido los años, los meses y los días anteriores. La elaboración del “yo” es un proceso largo, donde todo, absolutamente todo, influye. Nuestra forma de entender la vida y nuestra forma de entendernos a nosotros mismos no puede entenderse sin los sentimientos del pasado, es decir, aquellos que sentimos.

Somos el resultado de ambiciones pasados. Al igual que lo somos de errores. Somos los residuos de nosotros mismos, al igual que proyecciones. Hemos conducido la vida a través de decisiones que tomamos en un momento concreto y que, posiblemente, hoy nos las tomáramos de la misma manera. Somos fruto de una cascada de sentimientos, conducidos con mayor o menor acierto. Todo nos ha influido para ser lo que somos hoy. Y todo lo que hagamos hoy influirá para ser lo que seremos mañana.

Pero respecto a la pregunta con empezaba esta entrada, es decir, si somos nosotros los que éramos hace un tiempo o bien somos diferentes… tenemos dos respuestas, elegidas a partir del sentimiento que nuestro propio recuerdo genere: si renegamos de nosotros mismos, o bien nos sentirnos orgullosos. Si es el primero de los casos será porque nuestro pasado no nos satisface, aunque precisamente por ese pasado estamos donde estamos, por haberlo intentado corregir y por saber que aquello no nos convencía. En el segundo caso, sentiremos que hemos culminado o estamos culminando un proceso vital que empezó cuando lo hizo nuestro pasado.

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25 enero 2011

¿Está Adalucía descentralizada?

¡Ay de los pueblos gobernados por un Poder que ha de pensar en la conservación propia!
Jaime Luciano Balmes

Uno de los objetivos del Estado de las Autonomías es la descentralización y la desconcentración del poder y de la Administración. La organización de los territorios nunca se hará con más conocimiento de causa de los problemas y soluciones que la llevada a cabo desde el mismo lugar. Este es el objetivo básico de la autonomía, al menos el oficial, ya que siempre las mentes más maquiavélicas apuntan a la obtención de poder por parte de las élites locales.

Y ahora, analizando con treinta años de perspectiva la situación de nuestra Comunidad Autónoma, Andalucía, me pregunto, ¿se ha llevado a cabo realmente esa desconcentración y descentralización dentro de las Comunidades Autónomas? ¿O hemos cambiado los focos de poder desde Madrid a Sevilla? ¿Por qué la gestión de la Alhambra y de Sierra Nevada (por citar dos ejemplos) ha de llevarse a cabo desde Sevilla? ¿No será más coherente con el modelo que buscábamos que las distintas gestiones se hagan, aunque supervisadas por la CA y por el Estado, por supuesto, desde las distintas provincias o municipios?

Demasiadas incoherencias y desperfectos veo en este sistema supuestamente “descentralizado”. Toda gran obra pública ha de aprobarse desde Sevilla. Toda decisión trascendente para Granada ha de verse con buenos ojos desde Sevilla. Debe firmarse en Sevilla. ¿Es esto desconcentración?

Yo opino que no, que más se trata de una centralización desconcentrada. Una centralización sevillana, una centralización más cerca de casa, pero que en definitiva, nos deja al menos a tres provincias (Granada, Jaén y Almería) en la misma situación que estábamos: olvidados para toda Administración.

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22 enero 2011

El Mundo como Convención

¿Qué es la belleza? Una convención, una moneda que tiene curso en un tiempo y en un lugar.
Henrik Johan Ibsen

Continuamente me hago la pregunta de cómo, en algo tan subjetivo como es el arte, algo que ha de mirarse desde el interior de uno mismo, algo que es reducido al gustar o no gustar, es decir, a los sentimientos, puede ser calificado como grandes obras de arte y otras en cambio basura. Cómo la misma obra de arte podría ser cambiar totalmente su percepción y valor dependiendo en la época en que fue creada. ¿O acaso alguien cree que el arte de Picasso hubiera sido igual de aclamado en el siglo XX que en el Renacimiento?

Para esta cuestión sólo encuentro la respuesta de que el arte es convencional, de que al fin y al cabo, una obra de arte, un libro, un cuadro o una pieza musical son mejores o peores según la opinión de quienes influyen en el resto de opiniones. No hay un canon estricto para medir, simplemente gustos y disgustos, y o bien resulta gustar a la mayoría (lo que se puede denominar hoy como “comercial”) o bien es un gusto erudito, un gusto de alguien influyente en otras personas, que rápidamente se extiende inconscientemente en aquellas personas en las que influye.

Quizás, y digo quizás, puedan salvarse en el arte aspectos de técnica y estética que pueden llevar a una “objetivación” del arte. Aunque también es cierto que esto criterios de bondad son igualmente un sistema convencional, un sistema de acuerdos expresos o tácitos.

Igual sucede, me temo, con las ideas, filosofía y pensamientos. Prácticamente todas las ideas se repiten desde los clásicos griegos y latinos, prácticamente toda la filosofía fue ya escrita por ellos y los modernos mayormente la han adaptado (pido disculpas por la visión simplista). El comunismo, o al menos una aproximación a él, ya fue vislumbrado en la República de Platón, y sin embargo fue en el siglo XIX cuando tuvo éxito.

Citando otro ejemplo más claro, la declaración de que la Tierra es redonda, no plana. ¿Por qué si los griegos (algunos al menos) conocían esta verdad se optó por la creencia de que era plana? Simplemente por la influencia de quienes defendían una u otra postura, por la credibilidad y confianza que depositaron en unos y otros, a pesar de ser un hecho objetivo y demostrable.

Como bien decía, con el tema de las ideas políticas y filosóficas ha pasado igual. Es probable que en la Historia hayan quedado enterrados pensadores brillantes que no han florecido ni tenido el éxito que otros por no haber tenido la suficiente influencia en la sociedad que les tocó vivir. Y esta influencia no tiene que ser simplemente intelectual, es decir, reconocimiento de la bondad o maldad de las ideas, sino en sentido radical, capacidad de influir en otras personas, capacidad de aceptación y asimilación de las ideas que otro propone. Influencia como traspaso de parte del alma de una a otra persona.

Y es que al final somos las personas las que elaboramos nuestra propia sociedad y nuestra propia historia. No es algo fortuito o azaroso. Es algo que decidimos, aunque a veces inconscientemente. Aceptar y asimilar las ideas de unos en lugar de las de otros es lo que creará el éxito del que las plantea o expone. Igual que con el arte. Acertar con la necesidad intelectual del auditorio, con lo que quieren ver, escuchar o sentir es, creo hoy en día, la parte más importante del éxito, del paso a la posteridad y de influir en la Historia y en la Humanidad.

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21 enero 2011

Sobre el Idealismo

El idealismo aumenta en proporción directa de la distancia que nos separa del problema.
John Galsworthy

El término “idealista” es utilizado con frecuencia de un modo peyorativo, denotando a aquel que desconoce la realidad, que no sigue su lógica, que espera salvarla o que es suficientemente optimista como para creer en la mejoría de lo que le rodea. Alguien idealista es alguien cuya representación mental del mundo es modélica o perfecta.

Acusados son estos idealistas de excesivos optimistas y de no vivir en la realidad. Lo cierto es que no necesariamente un idealistas es optimista. Más bien es fácil que suceda al revés: que se vuelva pesismista al poder contemplar y diseñar situaciones, sociedades, personas o cualquier cosa perfecta y darse cuenta de la dificultad que supone la traslación a la realidad.

El idealista tiende a recurrir al arte (cualquiera de ellos) para modelar en él su mundo fantástico, su utopía. Siendo él quien controle todos los ámbitos de la obra, la imperfección sólo es atribuible al propio autor, al idealista en cuestión. El arte es usado por los idealistas como escape del mundo, como lugar donde proyectar una realidad diferente, como refugio las decepciones de la vida.

Rara vez un idealista es conformista. Podrá ser más o menos perezoso, pero siempre es consciente de que el mundo el que vive dista del modelo del “debería ser”, de esa perfección sólo alcanzable en el mundo platónico de las ideas. Poniendo un símil matemático, la idea del idealista es el límite hacia donde tiende su vida, es a lo que aspira, en lo que cree.

Los idealistas son capaces siempre podrán llegar más lejos de lo que ellos creen: podrán llegar hasta donde quieran, porque su límite está marcado en la idea, en el concepto abstracto, que es totalmente inalcanzable. Siempre tendrán donde mejorar, donde luchar, lo que supondrá un aliento siempre a sus aspiraciones. Quien ve el objetivo cerca irremediablemente baja la marcha, va deteniéndose. Sólo aquél que tiene un objetivo lo suficientemente inalcanzable podrá conocer donde están sus límites. Y estas personas son los idealistas.

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20 enero 2011

Vida, Amistad y Muerte

La muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida.
André Malraux

El azar, la Providencia, el destino, Dios o lo que quiera que sea llega sin avisar. Nunca está a salvo uno de un capricho suyo, de un delirio oportuno. Nadie nos puede garantizar que el camino que seguimos seguirá en la misma dirección para siempre, ni que tampoco lo estará. La vida se rige por infinitas variables. Algunas de las cuales son totalmente incontrolables.

Nadie elige del todo qué personas van a entrar en la vida. Ni con cuáles de ellas se forjará una amistad. Ni tan siquiera cuánto durará esa amistad. Las personas vienen y van, de nuestras vidas, y de la vida en general. Nadie nos dice quién nos traerá la vida y a quién se llevará.

Nunca es fácil saber quiénes son tus verdaderos amigos, quiénes son amigos de verdad. ¿Cómo se mide la amistad? ¿En horas de conversación? ¿En cafés? ¿En borracheras? ¿En el tiempo que se pasa junto a esa otra persona? No queda claro cuál es el parámetro a medir, desde la racionalidad.

Plano distinto es el sentimental, el puro, el auténtico, tal vez. Nadie puede afirmar racionalmente que alguien es tu amigo. Nadie está a salvo de una decepción o traición. No obstante, cada uno puede sentir quiénes considera sus amigos. Y, al menos, mientras así lo sienta, así será. Porque, ante todo, la amistad es un sentimiento. Uno sabe que es amigo de otra persona cuando ésta siente como suyas las desgracias de aquél.

La muerte no avisa a nadie, simplemente llega. Y cuando ésta llega es irreversible. No nos queda sino agachar la cabeza, humildes, y reconocer cuán ínfimos, cuán insignificantes y cuán vulnerables somos.

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17 enero 2011

Andalucía, imparable

Sólo una persona mediocre está siempre en su mejor momento.
William Somerset Maugham

En alguna conversación que he tenido sobre el estado de Andalucía, sobre su política y sobre su avance en los últimos treinta años he acabado obteniendo la siguiente respuesta: “¡Será que no ha cambiado y mejorado Andalucía en estos últimos años!”. Lógicamente, no se puede negar que Andalucía ha progresado. En treinta años, impregnados de fondos FEDER, de deudas históricas y siendo el patio de recreo de España y Europa, claro que Andalucía ha cambiado. Claro que se vive mejor que hace treinta años. Claro que la calidad de vida ha mejorado.

Pero la cuestión que deberíamos plantearnos para valorar la buena o mala gestión de los diferentes Gobiernos (casi siempre el mismo) que ha tenido Andalucía es: ¿cuánto se ha dejado de mejorar? ¿Cuánto se ha despilfarrado? ¿Cuánto se han pervertido las instituciones? ¿Cuánto nos aventajan y en qué ámbitos el resto de Comunidades Autónomas?

Es en la comparación con el resto de España (y casi de Europa) donde claramente se aprecia que Andalucía no ha mejorado tanto como debiera. Seguimos a la cola de España en el paro y a la cabeza en analfabetismo y en fracaso escolar, entre otras. Andalucía sigue siendo una región que vive en exceso del turismo y la subvención, sin prestar la suficiente atención a los verdaderos pilares de una economía y de una sociedad.

No debemos conformarnos y asentir a esta gestión de los últimos treinta años. Por lo menos no hacerlo de manera incondicional y dogmática. Hay que ser críticos con el Gobierno andaluz de los últimos treinta años y, a la vez que reconocerle la mejora que ha acaecido en Andalucía, recriminarle lo que no ha cambiado y ha podido cambiar No podemos estar plenamente satisfechos. Por muchos ordenadores que nos regalen.

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14 enero 2011

Ardor Guerrero

La falta de términos de comparación y la pura fuerza de la monotonía pueden acabar otorgando un aire cotidiano de normalidad a los mayores absurdos y a las monstruosidades más bizarras.
Antonio Muñoz Molina

Lo primero que he de decir de este libro de Muñoz Molina es que me ha gustado considerablemente. No sé exactamente por qué decidí empezar a leerlo. Tal vez por el recuerdo del Invierno en Lisboa, o tal vez por la curiosidad de saber qué pasaba (por lo menos en opinión de uno de los grandes de la literatura, y no precisamente muy entusiasta, al menos de primeras) en el servicio militar. El caso es que me alegro de haberlo leído.

Para los que no hemos vivido el servicio militar es una descripción bastante exhaustiva del mismo. Mezclado, además, con las sensaciones de un recién licenciado universitario que ha de forjar su futuro, de ir eligiendo caminos, de mi misma edad, con las problemáticas políticas de la época (finales de los 70) y los conflictos ideológicos internos hacen que el libro no sea una mera descripción de qué pasaba en los cuarteles sino que sea también una manera de descubrir a un personaje con, según me parece, inquietudes, sensaciones e impresiones bien parecidas a las mías.

Me ha llamado mucho la atención la descripción que hace del momento político de la época. Por un lado el terrorismo salvaje (Muñoz Molina fue destinado en San Sebastián) y el miedo que lo envolvía todo. También me impactó la simpatía y hermanamiento que había entre los paisanos de las regiones históricas de España, o que al menos tenían un rasgo característico y claro (catalanes, canarios, vascos, andaluces, gallegos, etc.) y, en parte, he querido compararla con la situación actual y he querido ver una similitud entre el día a día. Y por último, respecto al plano político, mucho me ha llamado la atención la descripción que hace de la estrategia política de la izquierda de entonces y que, en buena parte, todavía hoy venimos arrastrando. Dejo un párrafo para ilustrarlo.


Si es verdad lo que decía Chesterton, que se deja de creer en Dios y en seguida se cree en cualquier cosa, en el umbral de los ochenta y en el azaroso ecumenismo de aquellos cuarteles se comprobaba que con tal de no ser español casi todo el mundo decidía ser lo que se presentara, poniendo incluso más furia en la negación que en la afirmación, como si que a uno lo llamaran español fuera una calumnia. La izquierda, que por aquellos años se había quedado sin banderas, sin banderas republicanas ni banderas rojas, culminaba su ineptitud rescatando banderas regionales, inventándose, como la carcundia romántica del siglo XIX, tradiciones e identidades ancestrales, sagradas fiestas vernáculas, diatribas de víctimas seculares del centralismo español.

Por último, me planteo que hubiera sido de mí de haber ido al servicio militar, cuánto hubiera cambiado mi vida, o por lo menos, la manera de entenderla. Cierto es que las cosas que se describen en el libro (novatadas, guardias, abuso de los mandos, etc.) no tiene nada de envidiable y no queda sino soltar un leve suspiro de alivio. Pero por otro lado, al final del libro, cuando habla de los recuerdos de la mili, de las personas que allí conoció, de la amistad imperecedera que forjaron, como todas aquellas que se forman a partir de un sentimiento común, de una empatía necesaria, he de reconocer que siento cierta envidia, o al menos, cierta curiosidad. Y entonces me pregunto, con ese romanticismo e idealismo que uno plantea sobre las cosas que sabe que son imposibles y pasadas, sobre las proyecciones hacia el pasado de su propia vida: ¿hubiera merecido la pena el haber ido al servicio militar?

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13 enero 2011

Perder el Tiempo

No es el trabajo lo que envilece, sino la ociocidad.
Hesíodo

Tendemos a quejarnos de que el día no tiene suficientes horas para satisfacer todas las demandas y deseos que en el proyectamos. Nos gustaría, a veces, hacer tantas cosas en un día que la mera enumeración de ellas supone en nosotros estrés. Aparte de las relacionadas con las obligaciones laborales y familiares, tendemos a crear, quizás más que nunca en los primeros compases del año, una serie de buenas acciones que forman parte del ocio pero que consideramos positivas para nosotros mismos, para nuestra propia realización. Ejemplos pueden ser el aprendizaje de idiomas o el ejercicio diario.

Un historiador británico, Cyril Northcote Parkinson, dijo una vez que en una burocracia el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine. Es la llamada ley de Parkinson. Si nos miramos a nosotros mismos, podemos darnos cuenta de que esta ley es aplicable no sólo a las burocracias, si no a nosotros mismos, aunque con su respectivos matices y adaptación.

Si optimizáramos realmente nuestro tiempo diario y suprimiéramos aquellas tareas inútiles o poco productivas que podemos encasillar como “perder el tiempo”, nos daríamos cuenta de que durante un día nos da tiempo a hacer muchas más cosas de las que creemos. Pongamos, por ejemplo, el estudio. Cuando una persona estudia tiende a perder el tiempo, ya sea porque forma parte de las obligaciones sin mostrar devoción alguna, ya sea porque no le interesa lo que lee, porque está cansado o porque está pensando en otra cosa. El resultado es el mismo, una no eficiencia en el estudio. Si en vez de pasar 5 horas delante de un libro, de las cuales más de la mitad las dedicamos a pensar en otra cosa o mirar hacia otro lado o simplemente a hablar con el compañero, tal vez hubiera más tiempo para más cosas.

Esto que digo no implica la supresión del ocio o del descanso. El ocio y el descanso son tan necesarios como el trabajo, como bien he defendido en alguna otra entrada. La diferencia es que cuando descansamos o dedicamos tiempo al ocio, queremos realmente eso, queremos tener tiempo de ocio y dedicarlo al descanso o la evasión de la mente.

Lo que trato de concluir es que no somos realmente eficientes. Somos muy poco eficientes. Tal vez perezosos. Perdemos demasiado en el tiempo en cosas que realmente no deseamos, sino que son una evasión de las obligaciones, un escape para dejar de hacer lo obligado y que a la vez detestamos. Y es por ello por lo que nunca satisfacemos nuestros ideales de vida perfecta que proyectamos y que, durante dos días, estamos dispuestos a alcanzar.

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11 enero 2011

Voluntad y Sociedad

No hay ningún hombre absolutamente libre. Es esclavo de la riqueza, o de la fortuna, o de las leyes, o bien el pueblo le impide obrar con arreglo a su exclusiva voluntad.
Eurípides de Salamina

Muchas veces está en nuestra voluntad el realizar algo, el tomar una rutina o el salir de ella. Queremos librarnos de nosotros mismos, escapar de la imagen que nosotros nos hacemos de nosotros mismos. La determinación de ese cambio ha de partir primero de la concienciación y luego impulsarse en la voluntad, ¿pero es todo en la vida cuestión de voluntad?

Hay filósofos, como Schopenhauer, que han dado a ésta una importancia trascendental: prácticamente todo en la vida se reduce a voluntad (pido perdón por reducir toda la filosofía del filósofo a un aforismo). En parte le doy la razón. La voluntad es un elemento fundamental en la conducta humana, querer algo es el motor fundamental de su consecución, pero no el único. Mucho me temo que un error acumulado a lo largo de la historia es reducir la complejidad de la vida a una sola dimensión, hacerlo todo blanco o negro, bueno o malo, y difícilmente puede explicarse algo tan enrevesado y extraordinario como la dimensión humana desde un único punto de vista, teniendo en cuenta una sola de las múltiples variables que lo configuran.

Otra perspectiva, opuesta, es la de que la voluntad del hombre está continuamente moldeada por el entorno, por la sociedad, por lo social. El hombre no es dueño de sí mismo, afirman, simplemente sobreviva según las expectativas sociales, el rol que desempeña en la sociedad, y el arrastrado hacia las acciones. Aceptar esta segunda hipótesis sería degradar al ser humano a un simple autómata, denegarle la voluntad y la capacidad de acción sobre sí mismo. Y al menos yo no estoy dispuesto a ello.

Pero tampoco creo que en la voluntad inmortal e inquebrantable del hombre. La voluntad del hombre siempre quedará condicionada a muchos factores, y una de ellos es lo social. Pero también lo es el conocimiento, ¿o se puede aspirar seria y realmente a algo que no se conoce?

Quedémonos, pues, en un término intermedio, reconocimiento a cada cual su importancia. Por un lado, la voluntad del hombre que en ocasiones (no siempre y no toda persona) puede ser determinante, y por otro, su condicionamiento social, su formar parte en una red de personas, con sus correspondientes ambientes o entornos, limitaciones, prejuicios, hábitos y costumbres (algunos de éstos han sido analizados en este blog, y otros lo serán).

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10 enero 2011

Propósitos y Pereza

Los perezosos siempre hablan de lo que piensan hacer, de lo que harán; los que de veras hacen algo no tienen tiempo de hablar ni de lo que hacen.
Johann Wolfgang Goethe

Cada año nuevo es casi tan tradicional como el comer doce uvas el hacerse uno o varios propósitos para el año venidero. Propósitos que suelen repetirse y que rara vez se cumplen. Propósitos para con nosotros mismos que podemos empezar a llevar a cabo en cualquier momento que, por cosas de la cultura o el azar, dejamos para la supersticiosa fecha del 1 de enero, como si los años que van sucediéndose aceptaran una nueva oportunidad.

Son muy variadas las temáticas de estos. Algunos caen en la idealización del imposible, que más que un propósito, es una oración al Santísimo en busca de aquello que somos conscientes no nos es permitido. Otros, sin embargo, son plenamente factibles. No obstante, estoy completamente seguro que la mayoría de todos estos propósitos podrían reducirse a apartar la pereza a un lado.

Puede que la pereza sea de los siete pecados capitales el más perdonado. Todo el mundo tiene sueño alguna vez, y todo el mundo está de acuerdo en el uso de la tecnología en pro del esfuerzo menor. La pereza está socialmente bien vista, está justificada, es excusable. Todo está orientado a la comodidad y de una manera más o menos consciente la sociedad, la cultura y todos sus valores giran en torno a la asimilación de la pereza como forma de vida.

El conformismo es uno de los hijos de la pereza. El asentimiento aborregado es preferible a la lucha incómoda, cansada y sin resultados seguros. La persecución de sueños es muchas veces postergada por su incertidumbre, pero otras tantas lo es por pura pereza. Tiende la sociedad moderna a demonizar el trabajo confundiendo éste con el antónimo de bienestar o de comodidad.

Es fácil confundir la pereza con la comodidad, aunque es grande la diferencia. Mientras que la comodidad pretende la optimización del bienestar en la consecución de un objetivo, la pereza desprecia el objetivo a favor únicamente del bienestar.

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12 diciembre 2010

Libertad de reunión

Tras haber visto un vídeo en Youtube (http://www.youtube.com/watch?v=EO1nlpoOhUo) y contemplar como un Policía Local de la Ciudad de Granada expresa, textualmente, que “No sé permite la concentración de personas en espacios públicos”, me surgen algunas cuestiones sobre la democracia, la Constitución y la libertad en España:


1. ¿Cómo puede, en caso de que lo que diga el Policía es cierto y esté reflejada en un Ordenanza Municipal, ir una ley Municipal en contra de la Constitución de un país?
2. ¿Quién controla las Ordenanzas Municipales de los Ayuntamientos?
3. ¿Quién protege los derechos Fundamentales (en este caso el artículo 21) de los ciudadanos ante estos abusos?
4. ¿Qué mecanismo tiene el ciudadano para denunciar y abolir estas Ordenanzas Municipales?
5. ¿Es el “Orden Público” prioritario a la Libertad de los Ciudadanos?
6. ¿Cómo se compensa a los ciudadanos que se han visto perjudicados por esta Ordenanza Municipal en el caso de que algún día se demostrara la inconstitucionalidad de la misma?
7. ¿Por qué el acceso al Constitucional es tan restringido?
8. ¿Son los Ayuntamientos pequeñas dictaduras?
9. ¿Pasa igual con las Autonomías?
10. ¿Alguien controla la constitucionalidad de las Administraciones Públicas Menores?
11. ¿A alguien le importa que esto se controle?

Como epílogo dejo el artículo 21 de la Constitución Española de 1978.

Artículo 21

1. Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará autorización previa.

2. En los casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones se dará comunicación previa a la autoridad, que solo podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes.

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02 diciembre 2010

Realidad Sobrevenida

Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único.
Agatha Christie

Hay veces en las que la realidad nos parece un sueño y, viceversa, los sueños reales. La percepción que tenemos de ambas cosas puede parecer totalmente reales y cuesta discernir entre lo existente y lo ficticio. Muchos de los grandes “shocks” que sufren las personas tardan un tiempo en asimilarse, no son concebidos y aceptados instantáneamente aunque los sentidos y la razón nos lo indiquen así.

Aparte de la sensación de un suceso es necesaria la creación de la idea mental de ese suceso. Sin esa representación abstracta en nuestra cabeza no se completa el conocimiento, al menos, no se toma ese hecho como algo real, como a tener en cuenta en el razonamiento, como algo sobre lo que inferir nuevo conocimiento o como dato a tener en cuenta para generarlo.

La asimilación puede llegar a ser un proceso lento si no encaja del todo bien con la lógica de nuestro mundo y de nuestros hábitos. La muerte de una persona cercana, por ejemplo, puede llevar tiempo a asimilarse y mientras se asimila, queda en nuestra cabeza como algo que ha sucedido, algo que sabemos, pero no llega a ser real. Queda en el proceso cubierta de una fina neblina.

Este mismo proceso ralentizado de aceptación de los hechos puede darse también en otros eventos no tan traumáticos. Por ejemplo, en la pérdida de la amistad. Si nos paramos a pensar, la amistad no se pierde instantáneamente, no es de un día a otro, no es de la noche a la mañana. Alguien no deja de ser amigo de otro instantáneamente. Es un proceso lento e invisible.

Y como adelanté antes, no tiene por qué ser fácilmente asimilable, porque sencillamente cambia la lógica de nuestro mundo. No es fácil renunciar a una amistad, sobre todo si ésta se ha prolongado durante muchos años. Y es en ese momento cuando se enfrentan la voluntad y la realidad, la negación de un hecho a través de la voluntad de que no pase. Pero no siempre la voluntad es capaz de cambiar la realidad, máxime cuando son dos las voluntades necesarias.

El tema de la amistad era tan sólo un ejemplo. También sé que hay lazos entre las personas que jamás se rompen por mucho que tiempo los oxide. Lo que quiero concluir con el ejemplo es que a veces la realidad nos sorprende, nos cambia, se modifica y nuestra lógica se niega a asimilar esos cambios. Aparece en nosotros el lado conservador, el lado nostálgico, la añoranza más profunda.

Pero como sucede con los sueños, por muy agradables que hayan sido éstos, son en su gran parte irreales.

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09 noviembre 2010

Dolor, Superficie y Moral

Llamamos peligrosos a los que poseen un espíritu contrario al nuestro, e inmorales a los que no profesan nuestra moral.
Anatole France

Realmente en los tiempos que corren se hace difícil la defensa del toreo y de los toros. Se hace difícil, entre otras cosas, porque la argumentación y el debate no transcienden más allá de la sangre que el animal derrama y de la bestia que finalmente yace muerta en la arena.

Sacado fuera del contexto, fuera de toda la nobleza que encierra el toreo, alejado de todas la tradición que recoge y de más de los dos mil años de historia y evolución que culminan con una corrida actual de toros, el espectáculo puede ser desagradable, igual que tal vez podría parecer (de nuevo fuera de contexto) la veneración pública de la imagen de un hombre clavado en un instrumento de tortura, sangrando por el costado (a la Semana Santa, me refiero).

Pero es que si nos quedamos en el dedo que señala en vez de girarnos hacia donde indica, es imposible comprender nada. Difícilmente comprensible puede ser algo a lo que somos ajenos. ¿Se entienden acaso el ayuno o las mortificaciones hoy como elementos de purificación del cuerpo?

Y sin embargo nos reímos (algunos por fuera, otros por dentro) de todo aquello que supone un sacrificio ante lo sobrenatural, la renuncia de los placeres o cualquier otro rito que implique la lucha entre lo intangible y lo corpóreo. Despreciamos, como digo, lo que no comprendemos.

Tal vez no sea yo el más indicado para explicar las razones y simbologías del toreo (aunque sí que existe una magnífica obra de José María de Cossío que puede ilustrar a algún interesado); pero que sí que descubro entre tanta “protección de los derechos de los animales” una forma más de imponer una moral, un pensamiento, una ideología, unos valores, unos principios o simplemente una forma de entender la vida. Se impone la moral del que no ha aprendido, ni quiere aprender a sufrir, sobre el que asume el dolor y la injusticia como una parte más de la vida.

Miremos por ejemplo a algunos activistas ecológicos. Refugiados en la defensa de los animales, bajo la bandera de la protección animal, son incluso capaces de herir gravemente a personas. ¿Cómo se entiende que una persona pueda herir de muerte o matar a otra por la defensa de un animal? ¿Es que llegan a estar por encima los animales que las personas? ¿O es que más bien se trata de la imposición de una moral bajo el falso pretexto de la defensa animal?

O para reflejar la superficialidad de otros, ¿por qué pueden comer cerdo o pollo y son incapaces de comer ciervo o caballo? ¿Es que los ciervos son animales de primera y los cerdos de segunda? ¿O no será más bien que es la imagen, la personificación, la superficialidad lo que realmente importa? ¿Acaso no son todos animales?

Pareciera que ni en las granjas ni en los mataderos se maltrataran animales, que allí les pidieran por favor que murieran, y si es posible, que se desangraran solos también para evitar así la impresión de la sangre.

Vivimos en una sociedad y en una cultura en la que no se enseña a sufrir, en la que todo se da regalado y en la que nada cuesta nada. Una sociedad en la que no se suspende a los niños para no contrariarlos, en las que el dolor, la muerte o el sacrificio son palabras tabú. Hemos creado una falsa sensación de seguridad, de comodidad y de facilidad para engañarnos a nosotros mismos. Pero la realidad es bien distinta. La vida a veces puede ser tremendamente dura. Muchos quedan sorprendidos y traumatizados cuando la descubren. Vivimos en la época de las depresiones porque nadie nunca nos ha enseñado a encajar el dolor. Pero el dolor es parte inherente de la vida, y tarde o temprano nos encontraremos con él.

El no al toreo es una parte más de la ultrasensibilidad y superficialidad de los tiempos que corren. Es paradójico que quienes protestan por la muerte animal lo hacen vestidos con ropas hechas por niños-esclavos. Pero la esclavitud en China no se ve, y por lo tanto, no importa.

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26 octubre 2010

Lo que Realmente Importa

La política es la conducción de los asuntos públicos para el provecho de los particulares.
Ambrose Bierce

Debería haberme ya acostumbrado a este tipo de cosas, pero el caso es que no llego a hacerlo. Aunque me pille un poco lejos el meollo de la cuestión, Internet hace posible que pueda leer la prensa española todos los días e incluso escuchar la radio, por lo que mi información es casi la misma que si estuviera allí. Tal vez lo único que difiera es el runrún de la calle, que no alcanzo a oírlo.

Todo esto viene al caso de las últimas declaraciones del señor alcalde de Valladolid. De repente, después de todo lo que estamos acostumbrados a ver y a oír, la cuestión primera de la actualidad española es que el mencionado alcalde se mofe de los “morritos” de la señora Ministra de Sanidad. A nadie le cabe duda de que su actuación no fue lo que se puede denominar correcta, pero ¿es para tanto?

Realmente no. Realmente son unas declaraciones como otras tantas se hacen a lo largo de los días y de los tiempos, y más en política; pero el momento es sin duda el más apropiado. Me sorprende que a menos de una semana de la remodelación del Gobierno no se traten los temas de cómo de buenos o malos son o serán los nuevos ministros, de cómo de bien o mal está el país (con este “magnífico” veinte por ciento de paro, decrecimiento económica, la deflación siempre acechando, etc. ), sino que toda la actualidad política, todos los centros de las tertulias y las noticias de los periódicos es si la Ministra de Cultura saluda o no al Alcalde de Valladolid o si Rajoy, según el señor Blanco, es igual de “machista” por no condenar al señor León de la Riva.

Y así se nos van los días en la política española: hablando de cosas que realmente no son importante, no son trascendentes, salvo para uno o para dos (en este caso la señora Ministra y el Señor Alcalde). Y el Gobierno, encantado de que no se hable de su pésima gestión, nos saca a la palestra día tras día sandeces acerca de declaraciones que no tienen ninguna utilidad ni nada ayudan o perjudican al país. Son netamente vacías. Venga sacar humo para esconderse detrás.

Lo que me cuesta más comprender es cómo los medios de comunicación van detrás de estas pamplinas y cómo la bola de nieve crece por momentos. Quizás sea porque nosotros, los ciudadanos, les damos cancha. Parece que en esta España de rojos y azules cualquier excusa es buena para lanzar un dardo al adversario político, aunque el país esté al borde la zozobra. Lo importante es que ellos se hundan antes que nosotros, pensamos, incapaces de darnos cuenta de que todos vamos en el mismo barco.

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16 octubre 2010

Eslovenia

Hay mucha diferencia entre viajar para ver países y para ver pueblos.
Jean Jacques Rousseau

Aprovechando mi estancia por aquí, hablaré un poco de mi parecer acerca de Eslovenia. Mi primera impresión fue que me encontraba en un país completamente diferente, probablemente al ser incapaz de leer nada en esloveno. Pensé que sería un país donde el único elemento común sería la moneda y tal vez cierta parte de historia compartida a través de los romanos. Pero lo cierto es que hay bastantes similitudes entre ellos y nosotros.

Eslovenia, según he podido apreciar en esta semana aquí, se encuentra influida por Italia y Austria (aparte, por supuesto, del resto de países balcánicos). La parte del sur, la parte costera, recuerda un poco a la costa italiana del norte. Por supuesto la internacionalización de la gastronomía italiana es aquí también un hecho: pizza, pasta, etc. Aunque este fenómeno ocurra también en el resto del mundo.

Al norte Eslovenia se encuentra con los Alpes y limita con Austria. La gastronomía del norte de Eslovenia, según pude saber, es similar a la alemana y austriaca: sopas y carne, principalmente de vacuno. Una vez probé un plato típico de la zona (cuyo nombre soy incapaz de reproducir) les di la razón. Recuerda a las comidas de Austria y Alemania, con su carne dura y sus salsas, además de sus guarniciones de pasta de harina de maíz.

Una vez uno se familiariza con la lengua es capaz de descubrir ciertas palabras similares, de la misma raíz. Por ejemplo restaurante, sándwich, probar, etc. son ciertamente parecidas a las latinas/inglesas. Como curiosidad acerca de la lengua podría comentar que ellos tienen un número gramatical que en España no tenemos. Ellos distinguen en la primera persona entre “yo”, “nosotros dos” y “nosotros” (más de dos). Respecto a los tiempos verbales creo que ellos manejan bastante menos que los que hablamos una lengua romance. Todo esto lo averigüé después de una difícil charla con un esloveno acerca de las lenguas.

Sobre el paisaje puedo decir que es muy boscoso, montañoso y verde. Hay muchos árboles por todos lados. Si uno coge la autovía no los pierde de vista salvo cuando llega a la costa. No es un país muy grande, pero hay diversidad dentro de él. Son abundantes los lagos y cuanto más al norte nos dirigimos, más montañosa se hace la orografía.

También me llamó la atención que todo el mundo habla inglés. Pero no un inglés patatero, un buen inglés. Incluso los niños (conocí a uno) son capaces de comprender el inglés, aunque su dicción no es tan bueno. Ellos lo justifican diciendo que si quieren comunicarse con el resto del mundo han de aprender inglés. Si no, han de limitarse a Eslovenia, ya que las lenguas de los países balcánicos (Croacia, Serbia, Macedonia, etc.) son bastante diferentes.

No sé si me he dejado algo interesante. En cualquier caso, si así hubiera sido, volveré a escribir. Como resumen, creo que está bien.

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30 septiembre 2010

Cuarto cumpleaños

Al borde de cumplir 4 años de años de blog, se presenta un dilema: seguir o no seguir...

Un día de estos comentaré mis reflexiones desde el extranjero, que no son pocas And here is the rest of it.
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07 septiembre 2010

La Primera Vez

La novedad atrae la atención y aún el respeto, pero la costumbre lo hace desaparecer pronto; apenas nos dignaríamos a mirar el arco iris si éste permaneciese por mucho tiempo en el horizonte.
Berthold Auerbach

Es curiosa la admiración que provoca en el ser humano la primera vez que se realiza algo. El primer día de colegio, de universidad, el primer beso, el primer examen, la primera comunión, el primer día del año, etc. La novedad siempre lleva consigo un halo de misterio que encandila al protagonista. ¿Por qué esta predilección por la primera vez?

La especie humana necesita siempre algo de refresco dentro de la rutina. Además, últimamente, las vivencias no se miden al nivel personal, sino que parece que existe un ranking de vivencias que son socialmente evaluadas según lo intrépido que parezca el hito. Un ejemplo claro lo vemos en los viajes. Seguramente todo el mundo tenga un amigo que haya visitado una ciudad y no tenga ni la más remota idea de qué ha visto. Y sin embargo, orgulloso enseña su foto y piensa para sí “yo estuve allí”.

Y es que la vida pareciera que se mide por lo que uno hace, por la cantidad de cosas que hace y por lo anormales o exóticas que estas sean. Miramos los números, analizamos las estadísticas, lo hacemos de manera cuantitativa. Cuántos. Dejamos de lado, por ende, la vivencia en sí. La vivencia actual se ha convertido en un recuerdo. Es decir, el recuerdo es lo que realmente supone la vivencia. La idealización de la vivencia es lo que realmente satisface a las personas.

Volviendo a la primera vez, y más allá de las modas viajeras (con su doble sentido), la novedad y el misterio son algo por lo que siempre ha sentido predilección el hombre. Lo incierto será siempre para la especie humana mucho más atractivo que lo cierto. Por eso, cuando uno hace algo por primera vez lo recuerda como la victoria sobre lo incierto, el paso de lo incierto a lo cierto. El recuerdo a la primera vez se constituye, por tanto, como un homenaje en nuestra mente a la novedad.

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31 agosto 2010

El Comienzo Como Idealización

Todo comienzo tiene su encanto.
Johann Wolfgang Goethe

Siempre tiene que haber un principio. Es inseparable del acto de inicio de cualquier actividad, y sobre todo de aquellas que se prevén duraderas en el tiempo, un acto de comienzo, un punto de partida, un pistoletazo de salida. Antes de que llegue esa salida debe existir una concienciación previa, una meditación más o menos profunda acerca de la actividad que vamos a desempeñar, con la intención de tomar impulso y ser lo suficientemente fuertes como para no abandonar este nuevo proyecto a la vuelta de la esquina.

El comienzo no es sino una parte más del orden que queremos establecer con nosotros. Tendemos a ordenar. Necesitamos ordenar. Todo lo que carece de orden es difícil de analizar y explicar. El orden es una herramienta para predecir el futuro. Creamos reglas lógicas que se suceden en el tiempo con la finalidad de poder saber qué ocurrirá al cabo de una porción de tiempo.

El empezar algo, paradójicamente, no suele ser nuevo. No suele ser uno el número de intentos de adelgazar, llevar el estudio al día, seguir con atención la liga de fútbol, estar al tanto de las noticias, o incluso, de escribir un blog y actualizarlo con relativa frecuencia.

Forma parte de la esencia humana el desgaste de lo habitual. El curso académico, o el trabajo después de las vacaciones, suele afrontarse con ciertas ganas de hacerlo bien. Nos sentimos con fuerzas e ilusión. Es como al comenzar la carrera, creemos que somos capaces de hacerla entera en sprint. Por mucho tiempo que nos exijamos correr, nunca nos parece demasiado. Igual pasa con el trabajo. Al comienzo de un nuevo ciclo, la idealización nos obliga a creer que nos mantendremos fuertes durante todo el año y nunca se tienen en cuenta los desgastes que poco a poco se van produciendo por el mero paso del tiempo y la repetición sistemática de una misma actividad.

Empezar de nuevo es la forma que tenemos los humanos de darnos otra oportunidad, de intentar conseguir la idealización, de alcanzar un sueño o menta. Curiosamente, como en tantas otras facetas de la vida, de poco sirve la experiencia del fracaso. Somos, o queremos ser, ignorantes a todo lo que ha ocurrido con anterioridad. Nos sentimos diferentes. Queremos ser diferentes.

Es la continua búsqueda del yo perfecto/idealizado la que nos hace empezar una y otra vez de nuevo.

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18 agosto 2010

La Insumisión Catalana

La salud del pueblo está en la supremacía de la ley.
Marco Tulio Cicerón

Que España no es el país modelo de la democracia es algo que ya sabíamos, pero que se consientan declaraciones por parte de un consejero de un autonomía como las del señor Huguet, y que esa persona siga formando parte del entramado institucional de un país no tiene cabida en ningún país que aspire a ser un Estado de Derecho.

El señor Huguet no ha dicho ni más ni menos que lo siguiente: “la única forma de no volver atrás y de que la convivencia no se rompa, es incumplir sistemáticamente cualquier sentencia de estas [Sentencias del Tribunal Constitucional]”. ¿Cómo es posible que un Estado, o una parte del mismo (en este caso una Comunidad Autónoma) puede hacer pública y sin consecuencia política ninguna la insumisión a uno de los tres poderes del Estado?

Desde luego, si este fuera un país serio, democrático y de Derecho; el Presidente de la Generalidad catalana hubiera cesado a este consejero. Y si éste no lo hubiera hecho, el Gobierno central tendría que haber actuado de alguna de las maneras, en último extremo, suspendiendo la autonomía. El gobierno catalán, animado por la impunidad de sus declaraciones y hechos, mantiene continuamente una actitud de insumisión ante la Ley y el Estado. Cosa que no puede degenerar sino en más y mayores conflictos.

Si para acceder a la autonomía Cataluña aceptó la Constitución, que esta aceptación y asimilación sea en todo su articulado. El artículo 153 de la Constitución dice claramente, en su apartado a), que el control de la actividad de los órganos de las Comunidades Autónomas se ejercerá por el Tribunal Constitucional. Si Cataluña no acepta este punto, tampoco es aceptable su autonomía.

No pueden modificarse los acuerdos de manera unilateral, ni se puede elegir qué parte de los pactos se cumplen y cuáles no. Si Cataluña optó por la autonomía, que asuma todas las condiciones, y la primera y más importante de ellas fue el acatamiento de la Constitución.

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12 julio 2010

Sentimiento Nacional

Está bien conseguir que tu país te admire, pero es mucho mejor que el mundo admire tu país
Pau Gasol

El 11 de julio de 2010 será un día siempre recordado en España. Por fin, tras las incontables decepciones en campeonatos del mundo, España ha conseguido subir a lo más alto del cajón y levantar la copa hasta el cielo. Copa, por cierto, sufrida y merecida.

Sigo todavía fascinado por cómo un deporte ha conseguido unir el sentimiento de un país. Absolutamente todo un país se sintió ayer español. Toda España cantaba ayer a los cuatro vientos que era española. Hubo un orgullo patrio, un sufrimiento común y una gloria que nos pertenece a todos.

Ayer, por fin, se podían sacar banderas a la calle, cantar sin complejo “yo soy español” y gritar el nombre de tu país, con todas las letras, con todas tus fuerzas. Pude comprobar cómo ayer, cómo hoy, toda España tiene un sentimiento de pertenencia a un mismo país. Como todos los españoles se sienten partícipes del triunfo de nuestra selección de fútbol. Hoy somos todos españoles. Hoy todos ondeamos la misma bandera.

Quien haya visto la película “Invictus” sabrá el poder que tiene el deporte para unir a personas. La competición genera sentimientos comunes a todas las personas que son afines a un mismo objetivo, a un mismo equipo. Hoy el fútbol ha conseguido hacer sentirse españoles a todos ellos.

Ya sólo nos queda aprovechar este tirón unificador español para extrapolarlo a otros ámbitos del país. Seamos país no sólo para el deporte, sino también para la política, la cultura, la economía y la prosperidad. Seamos españoles sin complejos. Un todo compuesto por diferentes partes. Que, también en política, los árboles no nos impidan ver el bosque.

Hoy, tal vez más que nunca, estoy orgulloso de ser español. ¡Viva España!

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