19 septiembre 2008

Camino de Santiago


Caminante no hay camino, se hace camino al andar
Antonio Machado

Este año, al igual que sucediera hace tres, parto hacia norte para recorrerme el camino de Santiago. Pero esta vez será diferente por varios motivos: la compañía, la ruta, la climatología. Llevo, esta vez sí, un cuaderno para apuntar las distintas vivencias y los distintos pareceres de las múltiples etapas.

Espero que el cansancio no haga demasiada mella, y que los paisajes no desilusionen. Espero también poder disfrutar del románico asturiano, y de la Asturias profunda, al igual que de la Galicia. De la España profunda al fin y al cabo, recorrer aldeas y bosques a pie, caminar bajo la lluvia y poder narrarlo todo fielmente.

Volveré ya entrado el mes de octubre, y por tanto no podré hacer una “entrada celebración” en mi aniversario de dos años como blogger. Espero que este tercer año en la andanza sea igual o mejor que los anteriores y que en mis letras se pueda percibir mi evolución, que espero que la haya.

Tampoco podré participar en los “liblogs”, ya que me encontraré fuera para el jueves marcado por el grupo para escribir. Espero en octubre haberme leído el correspondiente libro, sino acumularé dos desilusiones consecutivas. No obstante, leeré las entradas a mi vuelta.

Llevo un libro al viaje: un libro de cuentos de Wilde (el gran Oscar Wilde) que espero no desilusione. También contaré si lo acabo o no, y que me ha parecido.

Me despido pues hasta octubre. Sean buenos sin mí.

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14 septiembre 2008

Estilos


En asuntos de vital importancia, el estilo, y no la sinceridad, es lo verdaderamente vital.
Oscar Wilde

Es recriminado muchas veces, sobre todo lo he escuchado en grupos de música, que todas las obras, canciones, son iguales. Ciertamente son parecidas, y se parecen aún más cuando es uno el compositor, y se ve, de manera involuntaria claramente el mismo patrón para las distintas composiciones.

Y es que cada persona lleva dentro su propio estilo, su propia manera de hacer las cosas, que difícilmente es moldeable o mutable, y que permite la distinción de un autor unívocamente con su obra.

Es probable que si Mozart hubiera nacido en el siglo diecinueve, su obra no hubiera brillado como lo hizo en el Siglo de las Luces. Y es que probablemente Mozart tuviera un don especial para con lo que se llevaba en su época, para la música ordenada y racional, y no fuera tan avispado para el sentimiento que lleva impregnado el romanticismo.

Y tal vez no, tal vez un genio sea un genio independientemente de la época en la que nazca. Tal vez un genio sepa adaptarse a su tiempo, y no tenga una relación tan estrecha con la obra que le haya correspondido con la época.

Yo sin embargo creo, que al igual que un libro tiene distinto significado según cuando se lea, una persona tiene predilección por un estilo, y es ese estilo el que sabe explotar, y el que lo hace grande. Tal vez por eso muchos poetas no sirvan para la prosa y viceversa.

Habrá quién pinte mejor un atardecer o un mediodía de un mismo paisaje según se quiera expresar una u otra cosa. Habrá quién sepa exprimir mejor las tenues luces del ocaso y quienes de la plenitud del sol obtengan los mejores colores. Cada cual entiende las mismas cosas de manera diferente, y esa forma de entenderlas es el molde con que da forma a su estilo.

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12 septiembre 2008

Perfeccionistas y Soñadores


La gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribir o que aprieta desde abajo el tubo del dentífrico
Julio Cortázar

Normalmente después de escribir mi entrada, busco una frase que vaya acorde con lo que en ese mismo texto he intentado transmitir. Hoy, sin embargo, sucede al revés. He leído (más bien releído) la frase en el libro que estoy leyendo (Rayuela de Cortázar) y me ha invitado a la reflexión.

Ciertamente, hay quién pretende ser el mejor en aquel tema del que está formando parte. Son esas personas, podría añadir a la cita de Cortázar, que nunca pisan el césped o que siempre cruzan por un paso de peatones. Son gente ordenada, correcta, perfeccionista donde los haya. Cumpliendo siempre las reglas. Buscado y encontrando en su ética y comportamiento la satisfacción, el regocijo y la tranquilidad.

Personas deontológicas, que hacen del deber su devoción, que siguen de manera impecable los caminos trazados por otros, que siempre colorean sin salirse del dibujo, que trazan a la perfección su línea recta. Gente que encuentra en las cosas bien hechas, en la lógica y en el orden su seguridad y alegría.

Y por otro lado andan las personas que no saben seguir el camino de otros, menos perfectas; pero capaces de inventar el suyo, capaces de salirse de la línea de lo corriente y de lo habitual para llegar a lo excéntrico, lo suyo, lo propio.

Son todos aquellos que disfrutan más con el misterio de un poema que con la perfección de una fórmula. Que hacen lo que sienten, que viven su vida como una novela, llena de colores y de cosas inverosímiles. Narradores de sus propias vidas, que deciden cuando acaba un verso y empieza una nueva estrofa.

Son aquellos que buscan la magia en cada rincón. Amantes de los imposibles. Son todos esos que encuentra el regocijo en sentir que, hagan lo que hagan, lo hace porque así lo desean, que son ellos los que se gobiernan y que ante nadie responden.

Y de este último grupo de personas habla Cortázar. De aquellos que no deben citarse para encontrarse, de aquellos que valoran más lo escrito que la caligrafía, de aquellos que aunque la forma del tubo no se quede perfecta, lávanse los dientes igual.

De cierta manera recuerda esta cita al poema de Pablo Neruda “Muere lentamente”, que ya no sé si he puesto alguna vez en el blog, pero que desde luego significa mucho para mí. Lectura recomendada, desde luego.

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09 septiembre 2008

De lo Inerte a lo Vivo


Entre la vida y yo hay un cristal tenue. Por más claramente que vea y comprenda la vida, no puedo tocarla.
Fernando Pessoa

Rememorando mis años de escolar; y más por la curiosidad y por el entusiasmo que conlleva emprender una actividad conjuntamente con alguien, mezclado con una ligera dosis de aburrimiento, he recreado el “experimento” aquel que se solía hacer en primaria de plantar una legumbre, concretamente, un garbanzo.

Después de un par de días en remojo (en su correspondiente frasquito de postre lácteo y apoyado sobre un algodón humedecido) mi garbanzo, uno de los tres que he colocado, ha brotado.

Me resulta totalmente fascinante como algo totalmente inerte como es un garbanza en un plástico dispuesto para ser consumido puede generar un pequeño brote de vida. Es tan asombrosa la pequeña diferencia entre la vida y la muerte (en este caso viceversa) que no puedo evitar la reflexión.

¿Qué hace que algo pase de estar muerto a estar vivo? ¿El agua? Y si es el agua, ¿no es asombroso que el agua genere vida? Seguramente algún biólogo pueda darme una explicación más o menos precisa de qué le ha pasado a mi garbanzo (y lo agradecería, desde luego); pero desde mi ignorancia no queda sino la fascinación ante el fenómeno.

¿Qué mueve las células en busca de nueva vida, de un nuevo organismo? ¿Hay algo que las motiva? ¿Está todo eso diseñado o es puramente fruto del azar? Si es el azar, ¿cómo puede hacer algo tan netamente perfecto? Y si es un diseño ¿quién lo ha diseñado? ¿Y por qué?

Una vez más concluyo la entrada con más preguntas que respuestas; intrigado por el paso muerte-vida, por los secretos de la naturaleza y cautivado por una pequeña legumbre que me ha despertado el entusiasmo y la curiosidad.

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07 septiembre 2008

Nuevos Propósitos


Existe al menos un rincón del universo que con toda seguridad puedes mejorar, y eres tú mismo.
Aldous Huxley

Septiembre, o el mes de los propósitos. Junto con enero, por eso de ser año nuevo, debe ser el mes con más intención de cambio de una persona que haya a lo largo del año. Somos totalmente cuadrados, y las cifras sin quererlo nos dominan. Debemos esperar a que empiece de nuevo algo para intentar ser un poco mejores, ¿o alguien se propone un cambio radical el día 17 de marzo?

Tenemos suerte de que el año vuelva a tener los mismos meses, y cada mes empiecen en día uno; porque si no tardaríamos mucho más, o nos daría más pereza, el empezar una especie de nueva vida, el cambiar nuestros hábitos o simplemente el intentar ser mejores haciendo aquello que creemos que nos aporta algo, pero que sin embargo, nunca nos hemos decidido hacer.

Y digo yo, si ese algo no lo hemos hecho antes, quizás sea porque no sea tan vocacional, o porque simplemente no nos apetece, ¿por qué nos forzamos a que nos apetezca?

Un nuevo dilema razón-corazón se nos presenta. Nuestra cabeza nos imprime las ganas de leer, aprender inglés, hacer ejercicios o salir a pasear. Y nuestro cuerpo, nuestra pereza, nos invita a tumbarnos en el sofá y ver los días pasar sin agobio, obligación ni esfuerzo mental alguno.

Y es que siempre nos acordamos de lo que teníamos que haber hecho cuando ya es tarde. Nos acordamos de leer cuando no tenemos tiempo para leer, después de habernos tirados la mar de días aburridos en el sofá, esperando que el teléfono sonara para concertar algún plan. ¡Y será por la cantidad de libros que tenemos pendientes!

Queda claro que la pereza llama a la pereza, y el tiempo libre a no hacer nada. La rutina, o mejor dicho el hábito, es lo que nos motiva en parte. Muchas veces, por tal de huir de nuestras obligaciones recurrimos a los hobbies más peregrinos y a todo eso que nos impiden hacer las obligaciones. Nos dedicamos a fantasear sobre los libros que vamos a leer (por seguir con el ejemplo), los idiomas que vamos a aprender y lo fuertes que vamos a estar este año, mientras escurrimos el bulto de las obligaciones. ¡Hagamos todo eso que fantaseamos ahora que tenemos tiempo!

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06 septiembre 2008

Cargo de Conciencia


El alma desordenada lleva en su culpa la pena.
San Agustín

Todo tiene solución salvo la muerte, dice el dicho. Sí y no, digo yo. Cierto es que la muerte sea totalmente inevitable (a menos a día de hoy y sin tener en cuenta los relatos cristianos); pero no es cierto que sea lo único inevitable o carente de solución.

El pasado, como todo acto o circunstancia realizada en un periodo anterior al actual tampoco tiene solución. El pasado es pasado. Fijo, estático, firme. Podrá maquillarse mediante palabras, mentiras o cuentos. Podrá evitarse, esconderse o volatilizarse; pero siempre quedará ahí como algo que pasó, y que habrá pasado por siempre jamás.

Lo que una vez hicimos lo habremos hecho siempre. Y por mucho que nos pese la culpa (sin duda material más pesado que el plomo) el pasado seguirá siendo el mismo. Y por mucho que intentemos enmendar, todo lo que consigamos no será más que eso, una enmienda, un retal cosido a posteriori.

Sin duda alguna el cargo de conciencia, el sentimiento de culpa, es una de las peores sensaciones existentes, si no la más. El hecho de no poder mentir, porque a los únicos que jamás podremos engañar será a nosotros mismos, hace imposible el maquillaje y la atenuación. Sentir que el pasado es inamovible es algo desagradable.

Hay veces que varias personas son cómplices en una farsa para intentar suavizar el pasado. Son cómplices de una mentira, de un consuelo, que aunque saben no real aceptan como válido. Pero hay otras en que nadie se ofrece voluntario a fingir por el bienestar psicológico del que se siente culpable.

La conciencia es el juez más severo que jamás encontraremos. No perdona lo que otros perdonan, no atenúa lo que otros relajan. No admite chantaje ni soborno. No se doblega. No finge perdón.

Y la cárcel de este tribunal no es otra que la angustia de saber que el pasado seguirá siendo el mismo hasta que acude el olvido en su rescate. La culpa es la única penitencia válida para los errores de antaño.

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05 septiembre 2008

Expertos y Especialización


Un experto es un hombre que ha dejado de pensar: sabe.
Frank Lloyd Wright

La verdad es que no acostumbro a dejar tanto espacio temporal entre una entrada y otra, pero las circunstancias han impedido que haya tenido tiempo para sentarme delante del ordenador y escribir. Tampoco es que haya tenido una necesidad imperiosa de escribir, ningún tema que me tenga el cerebro ocupado lo suficiente como para apartar los apuntes y dedicarme al pensamiento.

Lo cierto es que no soy muy partidaria de la dedicación exclusiva. Me gusta más la variedad, la diversidad; me gusta más un menú de degustación que una hinchada de un plato concreto (aunque he de reconocer que si es mi plato favorito me lo pienso). En la variedad está el gusto, que decían.

La vida laboral, y por desgracia cada vez más la educativa, actual está orientada a una continua especialización, a la perfección en una materia concreta, al “expertismo”. Por suerte o por desgracia, los humanistas e ilustrados están siendo relegados a lecciones de historia y a utopías.

Tal vez sea porque cada vez hay un conocimiento más amplio, en el que es necesario ahondar para poder conocer con precisión un tema; o tal vez sea un fallo de la perspectiva de la educación, cada vez más pragmática, olvidando que el saber nunca sobra, y que todo lo sabido puede aplicarse en materias insospechadas.

Se nota también en el estudio universitario, donde las carreras de ciencias (ciencias puras me refiero) están cayendo en detrimento de las técnicas, ingenierías y demás. Como lo teórico, lo puramente inteligible pierde frente lo práctico y palpable.

El saber nunca está de más pienso yo; y el hecho de conocer algo más que lo necesario siempre te da ventaja sobre el resto. El conocimiento es algo que no siempre se sabe dónde y cómo se va a emplear. Y como no ocupa lugar, nunca está de más tenerlo.

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25 agosto 2008

Lazos de Sangre


El hombre es un animal no social, sino cordial, y la familia es la forma menos imperfecta de la cordialidad humana.
Fernando Sánchez Dragó

Puede que le pase a más de uno que tenga primos o tíos que no haya visto jamás en su vida. No obstante, estas personas no dejan de ser familia tuya, gente de la misma sangre, que se dice.

La sangre ha sido a lo largo de la Historia una razón extra para tomar una actitud hacia cierta persona. Los reyes han heredado a sus hijos, y si no a sus hermanos; y a las malas a cualquier otra persona que llevara consigo un parecido genético.

También ha sido fuera de nobleza un nexo importante. El hecho de que tus padres te presentaran a esa persona como un familiar tuyo, hacía que ese alguien fuera visto por ti de manera diferente, como con más respeto, con una especie de admiración y condescendencia.

Sin embargo, si miramos desde un punto de vista más racional llegamos a la conclusión de que la sangre no tiene por qué significar nada. Hoy en día un padre (lazo más cercano junto con el de la madre) puede ser la persona a la que su hijo más estime en este mundo, del que más formación, educación y protección reciba.

Y a la vez, en ese mismo mundo, nos encontramos con su homólogo antagonista. Padres que abandonan a sus hijos, que los maltratan, que comercian con ellos un divorcio. Gente cuyo hijo no es más que una posesión, una carga.

¿Y qué es entonces la sangre? Una mera anécdota. Algo puramente circunstancial. Porque lo que hace querer a alguien no siempre emana del parentesco, sino de la voluntad y del tiempo y de las actividades que compartan.

Así, unos padres que desean tener un niño están dispuestos a hipotecar parte de su vida por él, a dedicar su tiempo y su esfuerzo. Pero quien “se encuentra” con un hijo, quien no deseaba su nacimiento lo repudiará y puede que hasta lo odie por haberle usurpado parte de su tiempo.

Y de igual manera sucede con el resto de familiares. Quieres más a aquel con quien más te relaciones; y sueles relacionarte con quienes tus padres se relacionan, al menos en el periodo de la infancia. Tus hijos se relacionarán con quién tu te relaciones; y así, la cadena continúa hacia abajo de generación en generación.

Y siempre prima el tiempo (y las actividades que desempeñemos, de la misma manera que sucede con la amistad) que pasamos con la persona, frente al lazo de sangre o parentesco, que lo más que puede concederte es una predisposición positiva a la hora de relacionarte con dicha persona.

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20 agosto 2008

Tragedia, Vida y Azar


La vida es una especie de juego de azar, donde todo el mundo piensa que el de al lado sabe qué esta pasando.
Barbara Probst Solomon

“Por fin vacaciones. Por fin esos días en la playa, alejados de cualquier estrés. Los ahorros de todo el año invertidos en nuestro descanso estival, alejados de todo, sin más preocupación que la de si tomar el sol boca-arriba o boca-abajo. Y ya nos vamos. Ya despega…”

Seguramente algún pasajero del avión que hace pocas horas acaba de estrellarse al despegar desde el aeropuerto de Madrid tenía estos pensamientos en la cabeza. Y es que la muerte nos acecha todos los días y no somos conscientes de ello.

¿Cuántos aviones despegan y aterrizan todos los días en Barajas? ¿Cuántos años llevan haciéndolo? ¿Cuántos kilómetros llevaría hechos el avión hoy siniestrado? Y es que la vida y la muerte están separadas por una delgadísima capa que puede ser rota fácilmente por el azar.

Cuando suceden estas tragedias nos acordamos de todas las veces que hemos cogido un avión; y somos incapaces de sentir un leve escalofrío, un ligero reparo a volver a coger otro avión. Traemos al consciente el riesgo que supone viajar en avión; riesgo que había quedado relegado a la rutina, que había sido marcado como ínfimo.

¿Qué pensará la persona, en caso de que lo haya, que no haya cogido ese vuelo porque estaba completo, o porque le surgió otro más barato a otra hora? Debe sentir que ha vuelto a nacer, que ha sido tocado por la providencia, que Dios, el azar, o por lo que quiera que se rija el mundo, ha sido condescendiente con él.

Probablemente esa persona sufra un repentino misticismo, una repentina vuelta a la vida, a la valoración de ésta y a la conciencia de lo cerca que le pasó la muerte. Sea Dios, o sea lo que fuere, la muerte nos roza todos los días y ni nos damos cuenta. Sólo cuando pasan estas tragedias tan cerca es cuando vemos la realidad. Pero ¿quién no ha cogido un avión en su vida? Pues pudo haber sido él.

Precisamente por eso debemos agradecer nuestra supervivencia de la mejor manera posible: viviendo intensamente cada día y alegrarnos de estar vivos.

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18 agosto 2008

Espíritu Olímpico


En el nombre de todos los competidores prometo que participaré en estos juegos olímpicos, respetando y obedeciendo las reglas que los rigen, en el verdadero espíritu de la deportividad, para la gloria del deporte y la honra de nuestros equipos
Credo olímpico

Parece que la delegación española en Pekín coge vuelo. Después de unos ocho primeros días donde ha costado conseguir medallas, donde los cuartos puestos han rozado medalla; por fin conseguimos metales.

Y es que el trabajo, el esfuerzo y el espíritu que muchos deportistas llevan acumulado hasta estos juegos debían de ser recompensados tarde o temprano. Cierto es también que muchos de los deportistas participantes en estos juegos se dejan la piel igual o más que los condecorados, pese a volverse de vacío a sus países de origen. Y es que sólo hay tres premios por prueba y no se puede dar premio a todo.

Lo que yo imagino que ha de ser una sensación incomparable es ser campeón olímpico, colgarte el oro y escuchar emocionado el himno de tu país. Ha de ser una experiencia comparable con muy pocas. Y me parece a mi también, que tiene mucha más emoción ganar un torneo o una prueba en solitario que en equipo, porque considero que el espíritu de las olimpiadas es en elegir al mejor, en la lucha uno contra otro, más que a los mejores.

Por eso siempre tendrá mucho más valor una medalla en la maratón, o en los cincuenta metros mariposa que en baloncesto o en fútbol. Y eso les pasa también a los deportes, sobre todo a los grandes. Miremos al grande entre los grandes: el fútbol. El prestigio de un oro olímpico jamás podrá ser comparado con el de un mundial o eurocopa.

Y de la misma forma me parece al revés; que un oro olímpico en los cien lisos jamás podrá compararse con un campeonato del mundo o de Europa. Supongo que cuestión de puntos de vista.

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13 agosto 2008

Sensaciones y Recuerdos


El recuerdo es el perfume del alma.
George Sand

Le pasa al pasado que en ocasiones se nos convierte en presente a través de sutiles destellos de recuerdos: una canción, una fotografía… Nuestra mente almacena en alguna parte de nosotros recuerdos que nosotros creíamos olvidados, o al menos, que no tenemos presentes día a día.

Por seguir con el ejemplo, cuando estamos en un bar cualquiera, o en el coche y ponemos la radio, y escuchamos una canción concreta; evocamos esos recuerdos, despertamos aquel estado de ánimo en el que fue grabada en nosotros.

Lo que nuestro cerebro almacena, o mejor dicho, lo que evoca, son las sensaciones, las emociones, aquello que sentimos, que experimentamos por dentro; mucho más allá de los hechos en sí.

Dos personas van a un mismo partido de fútbol. Una de ellas es un niño de ocho años que es la primera vez que va a ver a su equipo favorito. La otra, un hombre, su padre, de cuarenta años, abonado al club desde hace más de veinte. Van a ver un partido de la jornada quince de liga, contra un equipo modesto. ¿Tendrá el padre el mismo recuerdo el partido que el niño?

Desde luego que no. El niño será un cúmulo de ilusión y emoción, de ver por fin a su equipo favorito un partido de fútbol. Su primera vez. Y es esa emoción, y esa ilusión la que se guardan. Y el niño vivirá el partido de una manera intensa, aunque sea el partido más aburrido de la historia.

Su padre, sin embargo, sí que sufriría ese aburrimiento. Harto de ver partidos, de ver ganar, de ver perder y de ver empatar. Si por algo recuerda ese partido es por la emoción de llevar a su hijo al partido, por nada más.

Y este ejemplo es extrapolable a otros muchos ámbitos de la vida, donde para la mayoría de las personas son vulgaridades, para nosotros puede ser la cosa más increíble del mundo, o la más dolorosa si fuera el caso. Por eso, la muerte, por ejemplo, afecta de distinta manera a unos y a otros. Pero de eso hablaremos otro día.

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11 agosto 2008

Futuro inminente


Hemos preparado a los hombres para pensar en el futuro como una tierra prometida que alcanzan los héroes, no como lo que cualquiera alcanza a un ritmo de sesenta minutos por hora, haga lo que haga.
Clive Staples Lewis

¿Qué quieres hacer cuando acabes la carrera? Esta puede ser tranquilamente la pregunta que más se me formula cuando comento a alguien que estoy próximo a finalizar mis estudios universitarios; y esta misma pregunta es la que me vengo haciendo yo probablemente desde que los comencé.

Son muchos los cambios de rumbo que uno planteo a lo largo de cinco años. Uno, ilusionado en el comienzo, como en todos los comienzos, y vencido por la rutina al final; incapaz de mostrar ni un ápice de interés en muchos temas y siempre insuperable el entusiasmo del principio.

Francamente no sé responder a esa respuesta. Por querer hacer me gustaría hacer algo totalmente distinto, algo relacionado más con las letras, con las humanidades tal vez. Creo haber descubierto en mi mismo la supremacía de las letras sobre las cifras, aunque mucho me temo que esto sólo se deba al hecho de haber pasado los último años de mi vida bajo el yugo de las cifras y haber recurrido únicamente a las letras por amor a éstas mismo, como parte de n hobby y de una afición. Pero estoy totalmente convencido que echaría de menos las ciencias y los números, la exactitud y precisión de éstas frente a la ambigüedad y divagación de las otras.

Y uno va divagando entre letras o ciencias, en España o en el extranjero, grupo de tarde o de mañana; cuando aparece una posibilidad en forma de beca; de aquel programa de prácticas que uno se apuntó una vez, pero que no ha echado cuentas más; y aparece ante ti, una posibilidad de futuro que no habías considerado.

La cuestión es que sin quererlo de ninguna manera, uno va haciendo su camino, contemplando en el horizonte otras veredas más como un sueño rebelde que como una posibilidad. Y siempre contempla un número finito de sendas, siempre divisando las mismas posibilidades. Y es precisamente, cuando uno anda deslumbrado por el horizonte cuando se encuentra ante sus pies con una posibilidad, que aunque conociéndola, nunca la había metido en la urna con bolas, nunca habría apostado por ella.

Y es que la vida sucede así, creyendo uno que sabe todo, que conoce todos los caminos. Sin embargo, es la vida con su propia inercia la que nos hace ver que sus posibilidades son infinitas y su futuro impredecible.

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05 agosto 2008

Estar a gusto


No puede el hombre sentirse a gusto sin su propia aprobación.
Mark Twain

Tan importante como la compañía y la actividad es el sentirse uno a gusto consigo mismo. Este factor, el factor “a gusto”, es un factor fundamental en el disfrute de cualquier cosa. Se trata de una conformidad con nosotros mismos y con lo que nos rodea que nos hace capaces de aprovechar y disfrutar todo aquello que realicemos.

¿Qué es necesario para estar a gusto? Podríamos escribir todo un ensayo acerca de este tema; aunque el pilar fundamental, claro está, es una conciencia limpia. Sin esta conciencia limpia es francamente difícil que podamos estar tranquilos y podamos disfrutar del entorno e incluso de nosotros mismos.

¿Y para con los demás, qué necesitamos? Comprensión, entre otras cosas. La comprensión de quién nos rodea hacia nosotros mismos es fundamental. El hecho de que las personas que las que interactuamos nos encuentren y nos vean como nosotros queremos vernos es algo básico para estar a gusto.

Es necesaria una vocación, o mejor dicho, una ausencia de obligación ante la consecución de algo. Todo lo que hagamos ha de hacerse porque nos parece bien, o al menos, no nos disgusta, porque en ese caso, estaremos disconformes y no conseguiremos encontrar la armonía.

Esto último va emparejado con el hecho de cumplir unas expectativas, unos planes que uno prevé. En caso de estar siguiéndolos de forma más o menos rigurosa se sentirá que se está disfrutando, que uno cumple lo que prevé y por tanto a gusto.

Cuando alguien se encuentra a disgusto se produce porque no encuentra su rol; no siente que tenga que estar donde está, hacer lo que esté haciendo o hablar lo que esté hablando. El hecho de sentirse a disgusto se produce cuando la realidad difiere del concepto que uno había forjado previamente en la cabeza con respecto a unas personas o unas actividades.

El hecho de sentirse defraudado con unas expectativas es realmente lo que hace a uno sentirse a disgusto o en disonancia con un grupo, con una actividad. Sentirse en el lugar acertado, sentir que uno aporta es algo fundamental para encontrar el bienestar en grupo.

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01 agosto 2008

Lógica y Sentido Común


Cuando las leyes de la matemática se refieren a la realidad, no son ciertas; cuando son ciertas, no se refieren a la realidad.
Albert Einstein

El verano es tal vez la época en la que más tiempo disponga uno para leer; ya que ni tiene que estudiar tanto como durante el curso, ni hay la misma cantidad de gente en la ciudad para inventar planes y tardes o mañanas de ocio como durante el invierno, Y aunque los hubiera (planes), el día tiene veinticuatro horas, que ahora sí, podemos dedicar con total atención a nosotros.

Leyendo uno de esos libros que uno compra una vez muy entusiasmado pero que luego aparca y relega indefinidamente, estuve pensando sobre el problema de las matemáticas, concretamente en una de sus hijas, la lógica.

El problema que acontece a la lógica, con respecto a la aplicación a la vida cotidiana, es que ésta, intentado ser absoluta e irrevocable, se apoya en el lenguaje, totalmente versátil, cargado de metáforas y significados implícitos. Las matemáticas hablan por ejemplo de “para todo número”, y eso, transformado en un lenguaje vulgar, se traduciría como “para casi todo número”. El lenguaje, el ser humano en definitiva, no es tan absoluto ni tan exacto como las matemáticas y sus ramas pretenden.

Y de este problema entre el lenguaje entendido por el ser humano, y el lenguaje universal, exacto, surgen muchas de las paradojas de la lógica, como por ejemplo esta:

- Papá, ¿es cierto que los padres siempre saben más que los hijos?
- Claro, hijo
- Entonces, ¿quién inventó la máquina de vapor?
- Watt
- ¿Y por qué no la inventó su padre?

En este ejemplo, se presupone, para cualquier lector, que el axioma es cierto pero hasta cierto punto, en tanto que el niño siga siendo niño y no sea adulto, donde se presupone, se da por hecho, se sabe, que un padre no tiene por qué saber más que su hijo. Este axioma será cierto siempre y cuando el niño sea un niño; es decir, el hijo sea lo suficientemente pequeño. Y todos lo entendemos así. Pero claro, ¿cómo plasmar todo eso en una formulación matemática? Es francamente difícil.

El problema puede engendrar también de las cláusulas “siempre”, “nunca”, “para todo”, etc. Cláusulas necesarias en la lógica y en las matemáticas pero ciertamente obsoletas respecto al ser humano y su entorno y sociedad: seres de continuos cambios.

Para poder llegar a comprender como comprenden el ser humano, se necesita algo que, a día de hoy, las matemática ni lo exacto pueden proporcionar: el sentid común. El sentido común es la parte implícita en los humanos, es eso que diferencia a un robot de un humano, es esa parte del cerebro que razona a través de una lógica diferente y que casualmente es común a los individuos de una misma cultura. Hasta que no se pueda implantar el sentido común, ajeno muchas veces a la lógica, no podrán desarrollarse réplicas del ser humano perfectas.

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27 julio 2008

Vacaciones


Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas.
Elbert Hubbard

Aunque todo el mundo esté ansiándolas, no todo el mundo sabe luego disfrutarlas y en ocasiones ni tan siquiera qué hacer con ellos. Me refiero a las vacaciones, esa etapa de descanso que según los gustos y apetencias se emplean para fines muy distintos, que comprenden desde una intensa agenda turística hasta una “hibernación”.

Tendemos hacer infinitos planes para cuando lleguen las vacaciones, como sucede con el principio de curso. Queremos leer lo que no hemos podido leer, aprender lo que no hemos podido aprender, celebrar lo que no hemos podido de celebrar; y así, un sinfín de quehaceres pendientes durante todo el año que postergamos para las vacaciones.

Pero lo que realmente ocurre es que, cuando estamos de vacaciones, perdemos ese ritmo de trabajo, ese ritmo de actividad, de estrés, de interés. Y al final, todo se queda en una sarta de proyectos incompletos.

El ser humano necesita una continua actividad para poder seguir emprendiendo. En el momento en que se para de golpe con la rutina, con los quehaceres, se detiene el interés en favor de la pereza más absoluta.

Para realizar eso infinitos planes que siempre preparamos con ilusión es necesario mantener un ritmo, obligarnos a unos horarios; porque sino, nunca será buena hora para empezar, siempre querremos estar tirados en el sofá un par de días más antes de iniciar aquello que tanto deseábamos.

Cierto es también que el descanso es necesario. Después de todo un año de actividad intensa, el cuerpo y la mente necesitan descansar, disiparse de cualquier actividad. Quien tiene unas vacaciones muy amplias tiene tiempo para todo (siempre que se planifique medianamente bien); y el que no, ha de elegir entre el descanso o esos pequeños placeres sólo disponibles ante tiempo libre. Todo un dilema. Aunque por norma general siempre prima la pereza, ya que “ya lo haré cuando tenga más tiempo”.

Lo que el hombre necesita generalmente no es tiempo, sino ganas. Para tener esas ganas es necesario un ritmo de actividad, una serie de obligaciones o actividades que estimulen la mente; y partir desde el reposo total hacia una actividad grande es francamente difícil. El cuerpo se acomoda rápidamente al descanso, a la paz. Tal vez por eso, sea precisamente en vacaciones, cuando menos propósitos, acumulados durante el año, llevamos a cabo.

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22 julio 2008

Cataluña


El que no sale nunca de su tierra está lleno de prejuicios.
Carlo Goldoni

Por fin en casa. Después de una semana por Cataluña vengo con ganas de parar en casa y poder dormir hasta que el cuerpo me lo pide, sin que ningún monasterio ni ningún museo me estén esperando.

He de reconocer que la visita al noreste de España ha sido realmente grata. Monumentalmente Cataluña es increíble. Tiene una cantidad ingente de pueblos, monasterios e iglesias. Predominan por allí, como cabía de esperar el gótico y románico; donde su plenitud se alcance, tal vez, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, en Barcelona, donde se recogen obras muy significativas del románico español (ahora no recuerdo nombres, vengo un poco saturado de santos y santas).

El paisaje es también precioso. Estuve por el parque natural de la Garrotxa, y realmente tiene unos parajes increíbles. Sucede igual con la Costa Brava. Sus acantilados, sus bosques junto al mar y el serpenteo de la costa, entre otros tantos elementos, hacen de este paisaje algo único.

Y por último, sobre las personas, he de reconocer que ha sido la más grata sorpresa de todas. Yo esperaba encontrar allí una horda de banderas nacionalistas, catalanes que se negaran a usar el castellano y otro sin fin de barbaridades; pero he podido comprobar con mis ojos, que ese nacionalismo aferrado e intransigente es fruto de los políticos. Cierta era que hubiera banderas en algunos balcones, pero en proporción a lo que he visto, son una completa minoría; muy ruidosa, pero minoría al fin y al cabo. La gente, por tanto, muy amable y hospitalaria; para mi, la gran sorpresa del viaje.

La forma de trabajar de los catalanes es súper eficiente. Por lo menos, en los aspectos que he podido contrastar (básicamente hostelería e información de turismo). Su dedicación es total, al menos aparentemente, y su atención deslumbrante.

Al bajar en el aeropuerto de Granada he querido confirmar mi teoría y me he acercado a la oficina que tiene la diputación de Granada allí. He solicitado información sobre la provincia. La señorita, se ha dedicado a darme dos folletos y un mapa, y ya está; como si cobraran las palabras. Alí sin embargo, todo pueblo tenía ya trazada una ruta que visitar, un ruta recomendada; y la persona que te atendía te comentaba dicha ruta y otros lugares de interés, aunque en el mapa viniera totalmente claro. No sé, serán formas distintas de entender el negocio.

Sobre la lengua, sí, es cierto que todo está en catalán; salvo el Barcelona, donde las cosas están en los dos idiomas. Sobre las banderas en los ayuntamientos… pues no se cumple la ley de banderas, no; sobre too en los pueblos. Como antes, en Barcelona todas las banderas conviven en perfecta armonía.

Otra gran sorpresa del viaje ha sido Barcelona. Ciudad increíble, increíble. Enorme como ella sola, con avenidas amplísimas, y todas preciosas. Su trazado ortogonal da pie a la exageración de las avenidas. Limpia, ordenada, moderna, gótica… tal vez a ciudad más completa que haya conocido (tampoco soy un trotamundos, lo sé) capaz de mezclar lo nuevo y lo viejo de una forma apabullante. Y en la vida había visto tanto puente de autovía junto. Una autentica obra de ingeniería.

Sin duda el viaje ha merecido la pena. Tanto arte junto hace despertar en uno sus inquietudes artísticas, incluso en las que uno es más desacertado. A ver si este verano consigo hacer aquello que siempre propongo.

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12 julio 2008

Vistas al mar


Para aprender a rezar no hay como viajar por mar.
Proverbio inglés

Llevo casi una semana sin escribir por aquí. Se debe a que he estado una semana recibiendo un cursillo en Almuñécar y no he tenido acceso a Internet desde allí como para escribir una entrada.

Para los que somos muy de interior y que no disponemos de vacaciones estivales en la costa, el mar nos impacta bastante. Ya no sólo el mar como cantidad ingente de agua que no alcanza fin, sino el mar como sistema de vida, como cultura.

Cierto es que el mar no deja indiferente a nadie; y es más, a muchos poetas, donde quizás el más representativo sea Alberti, ha influida de manera especial. El mar (la mar para los que gozan siempre de su compañía) provoca paz. El simple hecho de respirar el aire salino, la monotonía de las olas, el ruido de las gaviotas ya provoca en el espíritu una serenidad implacable.

Tuve la suerte de visitar la casa de un conocido desde cuya terraza se divisaba la bahía donde se asienta la Herradura. Sin duda, una de las vistas contempladas por mi mismo (que no es de fotografía) que jamás haya visto.

¿Qué suponen unas buenas vistas? Bienestar. El hecho de contemplar algo agradable, algo bello, supone ante todo bienestar. La belleza nos tranquiliza, nos relaja, nos agrada. Influye en el alma, en el espíritu. La percepción sensorial ataca de manera directa a nuestras emociones y sensaciones. Así, al igual que la música puede provocar en nosotros sentimiento totalmente adversos dependiendo de la música que escuchemos; y al igual que para descargar adrenalina no podemos escuchar una balada ni para relajarnos una canción de heavy metal; para relajarnos ayuda de forma considerable lo que la vista perciba; acompañado siempre por el resto de sentidos.

Al bienestar del alma se llega con la tranquilidad de los sentidos y con la calma espiritual, como puede ser la ausencia de preocupaciones o de cargo de conciencia. Y el descanso del alma llega pues con el bienestar de la misma.

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06 julio 2008

Conversiones


Desgraciados los hombres que tienen todas las ideas claras.
Louis Pasteur

Toda persona a lo largo de su vida sufre una evolución, tanto en aspecto físico, como en pensamiento; aunque dentro de esa evolución, siempre se mantiene una esencia, una identidad. Se mantiene en el pensamiento igual que un rostro sigue identificando a una persona a lo largo de su vida.

Hay ideas que se mantienen fijas toda la vida. Más que ideas, principios, conductas, actitudes. Quizás las ideas sobre algo concreto vayan evolucionando, mutando y cambiando; pero el punto de vista siempre es el mismo. Punto de visto no me refiero a la interpretación o a la idea, sino el proyector que proyecta la idea. En un símil, las ideas son los rollos de película que va cambiando y la persona la máquina cinematográfica.

Y es tal vez el que más se ha aferrado a una idea, el más obstinado, el más defensor de una inmutabilidad en los principios, de una perennidad en el pensamiento, defensor del pensamiento único, el que más radical hace el cambio.

Será por eso que dicen que los conversos sean los peores. Y tal vez sea así. Antiguamente, cuando alguien cambiaba de religión, éste se convertía más exigente con los ritos, mucho más prácticamente que el cristiano viejo. Esto podía deberse a dos cosas: o ha caído en la cuenta de su craso error y necesita enmendar su pasado, o bien necesita la aprobación del sector original de la idea.

Pues bien, esto mismo sucede con las personas cuando cambian de ideas por otras contrapuestas: que radicalizan su comportamiento. Y el motivo puede seguir siendo el mismo que el de los antiguos conversos; o el reconocimiento del error, o la necesidad de aceptación por sus antiguos contrapuntos ideológicos y ahora nuevos compañeros de pensamiento.

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02 julio 2008

Humor y Bromas


Cuando al tirano se le puede llamar tirano el humor deja de ser necesario.
Cándido

El sentido del humor es una de esas tantas características que distingue a los seres humanos de los animales. En él demostramos una capacidad de abstracción respecto de la realidad tal cual, una deformación de ella y un análisis más allá de lo evidente.

El humor proporciona un modo de pensar diferente. Nos da una capacidad de ridiculizar desde lo cotidiano a lo sagrado. Se sustenta en lo absurdo, lo paradójico y lo irónico. Decir algo sin decirlo explícitamente dice mucho de su interlocutor, nos habla de la capacidad de transformar una realidad por otra más distendida, amena e intrascendente.

Nos sirven las bromas, y el humor en general, para proporcionarnos un colchón de ambigüedad. Parece como que si algo es de cachondeo o no tiene un aire serio, no es verdad; y nada más lejos de la realidad: las bromas son verdades disfrazadas de mentiras, son frases que no tienen que tomarse en cuenta, que pueden saltar de un lado para otro sin provocar ofensa alguna. Y lo curioso y llamativo es que muchas de estas bromas llevan más verdad que discursos pronunciados con toda la solemnidad del mundo.

Si algo esta dicho de broma, parece que no hay que hacer caso, que no es verdad, que eso que acabamos de pronunciar no forma parte de nuestro pensamiento sino de nuestras ocurrencias para crear escenas divertidas, y por ende ridículos. Pero es que en muchas ocasiones somos ridículos en nuestras actuaciones, somos totalmente absurdos y somos incapaces de sentirlo así, salvo cuando algún monólogo divertido nos lo recuerda.

La broma, o el tono de broma, nos da además una legitimidad hablando que hace imposible la ofensa, salvo que sea algo realmente exagerado. Alguien que sea bromista, que tenga sentido del humor, no llega a revocar ofensa, o tarda más en hacerlo. Si alguien entra con el semblante serio y dice cualquier cosa, como por ejemplo “¡qué feo eres!” rápidamente sentimos nuestro ego herido. Sin embargo, si este comentario es dicho entre risas, no provoca nada más allá de una contestación o incluso otra sonrisa. ¡Y nos han dicho absolutamente lo mismo! Si es que las formas, una vez más, importan más que el contenido.

Por lo tanto, si alguien quiere tener realmente libertad de expresión, decir lo que realmente piensa, ha de escudarse en el humor, en el chiste, en la broma; y así, nadie saldrá herido. La ironía, la paradoja y la hipérbole son recursos básicos para el humor; herramientas fundamentales para poder quedarse a gusto uno, sin ofender a nadie.

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30 junio 2008

La Euforia Nacional


Mucha gente piensa que el fútbol es un juego a vida o muerte, pero es mucho más importante que eso.
William Shankly

Tampoco tengo mucho que contar que no hayáis sentido o vivido ya en estos días. La euforia. Pero no una euforia cualquiera, sino la euforia colectiva, la euforia nacional. La ilusión de todo un país en juego, y por fin, no nos han fallado.

Es realmente increíble como un deporte puede aglutinar a tantas personas en torno a un mismo sentimiento, a un mismo color. Indescriptible la marea de banderas y camisetas de España repartidas por absolutamente toda la geografía española. Y es que, aunque en política uno se hace más o menos español, realmente todo el mundo sigue sintiéndose español y sintiendo los colores.

Es triste que haya de ser el fútbol es que nos una a todos bajo un mismo himno y una misma bandera, que sea éste el evoque en nosotros la unidad nacional y el amor patrio; pero más vale esto que nada.

Como ya digo, el sentimiento nacional está, en el fondo, en todos nosotros.

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