31 agosto 2010

El Comienzo Como Idealización

Todo comienzo tiene su encanto.
Johann Wolfgang Goethe

Siempre tiene que haber un principio. Es inseparable del acto de inicio de cualquier actividad, y sobre todo de aquellas que se prevén duraderas en el tiempo, un acto de comienzo, un punto de partida, un pistoletazo de salida. Antes de que llegue esa salida debe existir una concienciación previa, una meditación más o menos profunda acerca de la actividad que vamos a desempeñar, con la intención de tomar impulso y ser lo suficientemente fuertes como para no abandonar este nuevo proyecto a la vuelta de la esquina.

El comienzo no es sino una parte más del orden que queremos establecer con nosotros. Tendemos a ordenar. Necesitamos ordenar. Todo lo que carece de orden es difícil de analizar y explicar. El orden es una herramienta para predecir el futuro. Creamos reglas lógicas que se suceden en el tiempo con la finalidad de poder saber qué ocurrirá al cabo de una porción de tiempo.

El empezar algo, paradójicamente, no suele ser nuevo. No suele ser uno el número de intentos de adelgazar, llevar el estudio al día, seguir con atención la liga de fútbol, estar al tanto de las noticias, o incluso, de escribir un blog y actualizarlo con relativa frecuencia.

Forma parte de la esencia humana el desgaste de lo habitual. El curso académico, o el trabajo después de las vacaciones, suele afrontarse con ciertas ganas de hacerlo bien. Nos sentimos con fuerzas e ilusión. Es como al comenzar la carrera, creemos que somos capaces de hacerla entera en sprint. Por mucho tiempo que nos exijamos correr, nunca nos parece demasiado. Igual pasa con el trabajo. Al comienzo de un nuevo ciclo, la idealización nos obliga a creer que nos mantendremos fuertes durante todo el año y nunca se tienen en cuenta los desgastes que poco a poco se van produciendo por el mero paso del tiempo y la repetición sistemática de una misma actividad.

Empezar de nuevo es la forma que tenemos los humanos de darnos otra oportunidad, de intentar conseguir la idealización, de alcanzar un sueño o menta. Curiosamente, como en tantas otras facetas de la vida, de poco sirve la experiencia del fracaso. Somos, o queremos ser, ignorantes a todo lo que ha ocurrido con anterioridad. Nos sentimos diferentes. Queremos ser diferentes.

Es la continua búsqueda del yo perfecto/idealizado la que nos hace empezar una y otra vez de nuevo.

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18 agosto 2010

La Insumisión Catalana

La salud del pueblo está en la supremacía de la ley.
Marco Tulio Cicerón

Que España no es el país modelo de la democracia es algo que ya sabíamos, pero que se consientan declaraciones por parte de un consejero de un autonomía como las del señor Huguet, y que esa persona siga formando parte del entramado institucional de un país no tiene cabida en ningún país que aspire a ser un Estado de Derecho.

El señor Huguet no ha dicho ni más ni menos que lo siguiente: “la única forma de no volver atrás y de que la convivencia no se rompa, es incumplir sistemáticamente cualquier sentencia de estas [Sentencias del Tribunal Constitucional]”. ¿Cómo es posible que un Estado, o una parte del mismo (en este caso una Comunidad Autónoma) puede hacer pública y sin consecuencia política ninguna la insumisión a uno de los tres poderes del Estado?

Desde luego, si este fuera un país serio, democrático y de Derecho; el Presidente de la Generalidad catalana hubiera cesado a este consejero. Y si éste no lo hubiera hecho, el Gobierno central tendría que haber actuado de alguna de las maneras, en último extremo, suspendiendo la autonomía. El gobierno catalán, animado por la impunidad de sus declaraciones y hechos, mantiene continuamente una actitud de insumisión ante la Ley y el Estado. Cosa que no puede degenerar sino en más y mayores conflictos.

Si para acceder a la autonomía Cataluña aceptó la Constitución, que esta aceptación y asimilación sea en todo su articulado. El artículo 153 de la Constitución dice claramente, en su apartado a), que el control de la actividad de los órganos de las Comunidades Autónomas se ejercerá por el Tribunal Constitucional. Si Cataluña no acepta este punto, tampoco es aceptable su autonomía.

No pueden modificarse los acuerdos de manera unilateral, ni se puede elegir qué parte de los pactos se cumplen y cuáles no. Si Cataluña optó por la autonomía, que asuma todas las condiciones, y la primera y más importante de ellas fue el acatamiento de la Constitución.

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12 julio 2010

Sentimiento Nacional

Está bien conseguir que tu país te admire, pero es mucho mejor que el mundo admire tu país
Pau Gasol

El 11 de julio de 2010 será un día siempre recordado en España. Por fin, tras las incontables decepciones en campeonatos del mundo, España ha conseguido subir a lo más alto del cajón y levantar la copa hasta el cielo. Copa, por cierto, sufrida y merecida.

Sigo todavía fascinado por cómo un deporte ha conseguido unir el sentimiento de un país. Absolutamente todo un país se sintió ayer español. Toda España cantaba ayer a los cuatro vientos que era española. Hubo un orgullo patrio, un sufrimiento común y una gloria que nos pertenece a todos.

Ayer, por fin, se podían sacar banderas a la calle, cantar sin complejo “yo soy español” y gritar el nombre de tu país, con todas las letras, con todas tus fuerzas. Pude comprobar cómo ayer, cómo hoy, toda España tiene un sentimiento de pertenencia a un mismo país. Como todos los españoles se sienten partícipes del triunfo de nuestra selección de fútbol. Hoy somos todos españoles. Hoy todos ondeamos la misma bandera.

Quien haya visto la película “Invictus” sabrá el poder que tiene el deporte para unir a personas. La competición genera sentimientos comunes a todas las personas que son afines a un mismo objetivo, a un mismo equipo. Hoy el fútbol ha conseguido hacer sentirse españoles a todos ellos.

Ya sólo nos queda aprovechar este tirón unificador español para extrapolarlo a otros ámbitos del país. Seamos país no sólo para el deporte, sino también para la política, la cultura, la economía y la prosperidad. Seamos españoles sin complejos. Un todo compuesto por diferentes partes. Que, también en política, los árboles no nos impidan ver el bosque.

Hoy, tal vez más que nunca, estoy orgulloso de ser español. ¡Viva España!

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03 julio 2010

La Falacia del Lenguaje No Sexista

Pero si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento.
George Orwell

Consciente del tiempo que llevo sin escribir aquí, al igual que consciente de que hay personas que siguen entrando y comentando, dejo un artículo publicado en La Voz Digital sobre el llamado “lenguaje sexista”. Espero este verano retomar el tiempo perdido por aquí, que ganas tengo. Os dejo el artículo:

Una entre tantas otras naderías que un ciudadano español de comienzos del XXI tiene que soportar es el empeño constante que los adalides de la corrección política ponen para que todos empleemos un «lenguaje no sexista». El esfuerzo es irritante no sólo por el tiempo y el dinero dedicado a la gestación y aprobación de guías, normativas, manuales o cursos, ni por las toneladas de impresos administrativos que han de ser desechados y reeditados, sino, sobre todo, porque se sustenta en un presupuesto falso: en el hecho de que el lenguaje pueda ser sexista y responda al afán dominador de un sexo sobre otro. Filológicamente esto está tan claro que el fomento de una práctica tan escasamente fundada sólo puede deberse a ignorancia supina, o al deliberado intento de usar el lenguaje como arma política.

Respecto a lo primero, la ignorancia, no seré yo quien dude de la capacidad de nuestros gestores públicos para emprender este atropello y otros peores. No obstante, parece razonable esperar que en cada ministerio, consejería, concejalía, etc., haya al menos algún asesor ilustrado capaz de informar a quien corresponda de que una cosa es el sexo y otra el género gramatical, y que ambas no están necesariamente ligadas, ni en nuestro idioma ni en ningún otro de nuestro entorno cultural. De ahí que no pueda sostenerse que el uso predominante que algunas lenguas como la nuestra hacen del género masculino sea la consecuencia de una voluntad de dominación sobre la mujer, sino más bien de los vericuetos caprichosos por los que evolucionan las hablas humanas, que hacen, por ejemplo, que gato sea femenino en alemán y masculino en español. La atribución del género gramatical no ha seguido por lo general reglas lógicas, y unas veces el género y el sexo biológico coinciden y otras no. Esto se ha dicho en tantas ocasiones y foros tan autorizados que da pereza repetirlo, pero a veces no queda más remedio, dada la avalancha de simplezas con que se nos bombardea a diario.

Sin embargo, la presencia de asesores en los órganos de decisión política, a veces en número excesivo, me lleva a pensar que el origen del dislate se debe más bien a la ambición de usar el lenguaje como medio de hacer política subliminal. Este empeño, por otra parte, no es nuevo. Ya Orwell apuntó en su premonitoria 1984 que el Gran Hermano impondrá una neolengua con la pretensión de dominar el pensamiento de los ciudadanos y hacer inviable la crítica y la oposición política.

Pero no hace falta recurrir a la ficción. Ejemplos históricos reales muestran cómo una y otra vez algunos gobernantes han hecho un uso político de la lengua. Un caso paradigmático, en los años treinta del siglo pasado, es el que protagonizó Mussolini intentando cambiar las formas de tratamiento del italiano.

El italiano, como el español, ha desarrollado unas formas pronominales de tratamiento: en singular, la forma común de tratamiento, válida para los dos géneros, es «lei», pronombre femenino de la tercera persona del singular. Así, por ejemplo, sea en referencia a un varón o a una mujer, se dice «Lei parla troppo» (usted habla demasiado). Y, en el lenguaje más burocrático, por sus características formalistas, es frecuente la utilización del pronombre «Ell», tanto para el masculino como para el femenino. Esta manera de referirse respetuosamente a los demás data, al parecer, del siglo XV y se impuso, pásmense, por influencia española (¿recuerdan el «vuestra merced»?). Pues bien, Mussolini, considerando poco viril el uso de esa forma de tratamiento entre los descendientes de los conquistadores romanos, quiso imponer el uso del «voi», en masculino. Pero el capo Benito no tuvo éxito, porque la gente en Italia ha seguido usando el femenino para tratar de «usted».

Es de esperar que los actuales intentos de manipulación política del lenguaje no prosperen. Por descontado que existen aún situaciones de discriminación por razón del sexo de las personas, pero necesitan más coraje político y menos varitas mágicas del lenguaje para hacer ver que avanzamos. La realidad es como es, cualquiera que sea la forma con que la denominemos. Lo que hace falta son mecanismos de acción política real, no de perversión del lenguaje. Pretender que se fomenta la igualdad entre los sexos por el uso de un lenguaje políticamente correcto es como creerse que se combate el calor por llamarlo frío. Es evidente que hay mujeres maltratadas, que las tareas del hogar no se reparten aún equitativamente entre los cónyuges, o que con frecuencia se retribuye a la mujer peor que a sus colegas masculinos; estos y otros problemas deben abordarse con la máxima seriedad, pero sin engaños y sabiendo que en modo alguno se atenúan porque usemos el «todos y todas», en lugar del correcto «todos».


De todas formas, existe una razón aun más poderosa para augurar que este disparate no tendrá éxito: el lenguaje tiende a la economía. Es un comportamiento humano que se repite y responde a nuestra capacidad lógica y práctica. En el ejemplo anterior, el clásico «vuestra merced» de nuestros tatarabuelos evolucionó al «usted», y no por impulso de ningún ministro con ínfulas progresistas, sino simplemente porque era más corto, rápido y fácil de decir. Por eso, confío en que no dure mucho la moda sumisa a estos dictados políticos. En mi caso, para obligarme a decir todos y todas a cada paso tendrán que mandarme a la guardia civil que, fíjense, es femenino.

Juan Luis Pulido Begines | Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Cádiz

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20 abril 2010

Pérdidas y Voluntad


En algún lugar del alma se extienden los desiertos de la pérdida, del dolor fermentado; oscuros páramos agazapados tras los parajes de los días.
Sealtiel Alatriste

Andamos en ocasiones condicionados por un miedo a una pérdida. No se sabe muy bien a qué perdida concreta tenemos, lo que si queda claro, es que, como bien decían en la película, sólo cuando todo está perdido somos libres para actuar. Y es que realmente nuestra voluntad no es tan libre como pretende, o como al menos cree serlo.

Millones son los obstáculos y “peros” que afectan a nuestra voluntad y libertad. Lo que pasa, es que mientras no somos conscientes, mientras el hilo de la dependencia no aprieta y no se muestra visible, tampoco nos incomoda. Es como la desgracia, que mientras no la vemos, tampoco nos molesta.

Algo así pasa con las pérdidas. La pérdida de algo provoca en nosotros un retorno a la conciencia de aquello que permanecía olvidado. Y no es tan sólo un retorno de un recuerdo, sino que además es una advertencia, un subrayado de que aquello que hemos perdido no volverá a ser nuestro.

Podemos ver el ejemplo de la persona que muere y que llevábamos sin ver y sin mantener contacto unos veinte años con ella. Es inevitable sentir cierta lástima, aunque el contacto se haya deteriorado, pero la consciencia de que no podremos volver a mantener una conversación con esa persona, aunque no lo hayamos hecho en una cantidad dilatada de tiempo, nos conmueve y acongoja.

Y es que no consiste sólo en la pertenencia fáctica de un objeto. Se trata de la posibilidad de hacer uso de él. Aunque un libro no lo hayamos consultado en años, si se rompe o lo tiramos, sentimos cierta lástima por él, porque perdemos la capacidad de su uso.

Es, en definitiva, la oposición a la voluntad lo que nos afecta, el acotamiento de libertad. Nos aflige que no podamos hacer uso de algo, o mantener contacto con alguien, cuando queramos, que perdamos esa posibilidad. Es esa capacidad de posesión o de uso la que teje el hilo de la dependencia, más que la posesión o el uso en sí. Y es por eso que sentimos tanto las pérdidas, porque consideramos que nuestras posibilidades desaparecen, que en cierta manera, nuestra voluntad se ve afectada.

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19 abril 2010

Desconfianza


¿Qué soledad es más solitaria que la desconfianza?
George Eliot

Cuando uno desconfía del sistema, de una persona o de un grupo, ¿por qué lo hace? Podríamos reflexionar y encontrar una serie de posibles razones, de entre las cuales no sería, ni mucho menos, fácil encontrar la certera, o al menos, la más aproximada. Seguramente, el error se encuentra en intentar buscar un único factor como solución, siendo más que probable que toda respuesta metafísica, psicológica o humana sea la suma, mezcla y división de varios de ellos.

Una de las razones que podrían justificar la desconfianza es un miedo hacia las consecuencias que el acto del que tenemos miedo/desconfianza puede ocasionarnos. Así, por ejemplo, al ser (o al menos al creer) menos probable un atraco durante el día que durante la noche, paseamos con más confianza durante el día que durante la noche. Sentimos cierta desconfianza a andar por callejuelas por la noche, no por la oscuridad en sí, si no por lo que pueda esconder en sus entrañas.

La desconfianza, esta vez orientada más sobre las personas, puede darse cuando creemos a la persona (o al grupo, o al sistema) capaz de hacer aquello que nosotros haríamos. Sería algo así como el refrán apuntaba: se cree el ladrón que todos son de su condición. Desconfiamos de personas que creemos capaz de causarnos algún perjuicio, cuando realmente, esa capacidad no la vemos sino en nosotros mismos.

También confiamos sobre algunas personas la capacidad de la locura o de la extravagancia. Es decir, a veces desconfiamos de una persona (de nuevo, o grupo o sistema) porque consideramos como probable aquello que es improbable. Le otorgamos más probabilidad de la que realmente tiene a cualquier tipo de arrebato de locura, ira, o cualquier otro sentimiento incontrolable. Vemos, en ocasiones, a personas capaces de cosas fuera de lo racional. Subestimamos o sobreestimamos (según se mire) a esa persona o conjunto de ellas.

Es propio de la desconfianza, asimismo, suponer que ese acto que no deseamos que suceda, nos parezca irreparable, insalvable. Podría tratarse de un menosprecio a uno mismo, de creer que nuestra voluntad no es suficiente para superar el imprevisto.

Lo cierto, como ya adelantaba, es que nada está claro respecto a estos temas. Muchos son los caminos por los que la desconfianza puede acudir, y ninguno ser del todo verdad, ni ninguno del todo falso. Difícil cura tiene la desconfianza, salvo el convencerse a sí mismo de que nada, absolutamente nada, es tan importante como para no ser jamás salvado o superado.

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14 marzo 2010

El Estudio del Ser Humano


El hombre es el más misterioso y el más desconcertante de los objetos descubiertos por la ciencia.
Ángel Ganivet

Una de las grandes polémicas dentro del ámbito del conocimiento es la denominación de ciencias a las “ciencias sociales”. Este tema lo he discutido aquí previamente, y en cualquier caso no repetiré mi opinión. No obstante, si quiero remarcar con esta entrada una de las diferencias entre unas y otras disciplinas que me parece esencial a la hora de otorgar la denominación o no de ciencia: la delimitación del objeto de estudio.

Muy genéricamente podemos dividir el estudio de las ciencias naturales y sociales por su objeto: mientras que las primeras parecen centrarse en aspectos relativos a la naturaleza y al orden natural, las segundas se centran en el comportamiento humano, en sus creaciones (arte, lengua, historia, etc.) y sus motivaciones (psicología, sociología, etc.).

Desde este punto, es fácil vislumbrar como las distintas disciplinas, estudios o ciencias pertenecientes al ámbito de la naturaleza son más fáciles de clasificar que las relativas al ser humano. Por ejemplo, entre la física y la química, aunque haya elementos en común, se puede establecer una diferencia clara. Igual sucede con la biología y la geología. Aunque ambas se refieran al estudio de lo natural, su objeto de estudio es claro y delimitado.

Por otro lado, con los estudios sobre el ser humano, se pretende establecer una metodología (científica, es decir, similar a la empleada para el estudio de la naturaleza) ante un objeto difuso, como es todo lo concerniente al ser humano.

El objeto de estudio de las ciencias sociales no es nada claro. No queda claro qué le corresponde, por ejemplo, a la política y qué al Derecho. Sí, podemos decir (simplificando mucho) que unos aplican las leyes y que otros las aplican. Pero, ¿no tiene la aplicación de las leyes, la intepretación, un componente político también? Igual de entremezcladas se encuentran las disciplinas de la historia con la economía, la política o la sociología. ¿No es acaso la historia el estudio de cada uno de estos a través del tiempo? ¿A quién le corresponde entonces estudiar la economía o la sociedad del siglo pasado?

Y es que al final resulta que todo estudio ligado al ser humano desde un ámbito concreto tiene una cantidad ingente de relaciones con otras disciplinas que también lo estudian. Intentar estudiar y comprender al ser humano desde una disciplina de las ciencias sociales aislada es absurdo, porque en el ser humano, y por tanto en las sociedades y en la historia, confluyen muchas disciplinas, muchas variables.

El estudio del ser humano no puede ser estudiado como lo es la naturaleza. Un politólogo no puede prescindir de la historia, ni un sociólogo de la psicología, ni un jurista de la política. No se puede comprender al ser humano en una única faceta: debe hacerse desde una conglomeración de todas, porque si no, el estudio será siempre incompleto.

Por eso, una de las características que tradicionalmente han tenido las ciencias naturales, que es su clara diferenciación y defensa de su objeto de estudio, no puede hacerse con el estudio del ser humano ni de sus construcciones (la sociedad, el lenguaje, etc.). El estudio de las humanidades ha de ser un todo que involucre la mayor cantidad de disciplinas posibles. Aquel que pretenda estudiarlo desde un punto de vista aislado y autónomo está condenado al sesgo y a la parcialidad.

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03 marzo 2010

Reflexiones Bélicas


Y era curioso observar cómo fraternizaban, amparándose unos a otros en el común peligro, sin recordar que el día anterior se mataban en horrenda lucha, más parecidos a fieras que a hombres
Benito Pérez Galdós

Dejo hoy en el blog una, en mi opinión, muy acertada reflexión de D. Benito Pérez Galdós sobre la guerra, extraída de los Episodios Nacionales, concretamente de Trafalgar. Cuando uno lee libros de hace siglo y medio y ve los mismos problemas y percepciones sobre el mundo se plantea si verdaderamente hemos evolucionado.

En nuestras lanchas iban españoles e ingleses, aunque era mayor el número de los primeros, y era curioso observar cómo fraternizaban, amparándose unos a otros en el común peligro, sin recordar que el día anterior se mataban en horrenda lucha, más parecidos a fieras que a hombres. Yo miraba a los ingleses, remando con tanta decisión como los nuestros; yo observaba en sus semblantes las mismas señales de terror o de esperanza, y, sobre todo, la expresión propia del santo sentimiento de humanidad y caridad, que era el móvil de unos y otros. Con estos pensamientos, decía para mí: «¿Para qué son las guerras, Dios mío? ¿Por qué estos hombres no han de ser amigos en todas las ocasiones de la vida como lo son en las de peligro? Esto que veo, ¿no prueba que todos los hombres son hermanos?».

Pero venía de improviso a cortar estas consideraciones, la idea de nacionalidad, aquel sistema de islas que yo había forjado, y entonces decía: «Pero ya: esto de que las islas han de querer quitarse unas a otras algún pedazo de tierra, lo echa todo a perder, y sin duda en todas ellas debe de haber hombres muy malos, que son los que arman las guerras para su provecho particular, bien porque son ambiciosos y quieren mandar, bien porque son avaros y anhelan ser ricos. Estos hombres malos son los que engañan a los demás, a todos estos infelices que van a pelear; y para que el engaño sea completo, les impulsan a odiar a otras naciones; siembran la discordia, fomentan la envidia, y aquí tienen ustedes el resultado. Yo estoy seguro -añadí-, de que esto no puede durar: apuesto doble contra sencillo a que dentro de poco los hombres de unas y otras islas se han de convencer de que hacen un gran disparate armando tan terribles guerras, y llegará un día en que se abrazarán, conviniendo todos en no formar más que una sola familia».

Benito Pérez Galdós. Trafalgar.

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16 febrero 2010

La Importancia del Sistema Educativo


Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres.
Pitágoras de Samos

Parece que por fin los líderes políticos de este país han tomado conciencia del estado del sistema educativo. Lo que no sabemos, y tampoco viene al caso en este escrito, es si este repentino interés proviene de su propia concienciación y sentido de estado, o bien porque el clamor popular lo reclama de manera insistente.

En cualquier caso, lo que se deduce de las últimas reformas educativas acaecidas en España es que la élite política queda considerablemente lejos de la realidad de los centros de enseñanza. Además, tienden a confundir “educación” con simple adquisición de conocimientos y habilidades (que podemos denominaremos educación directa), lo cual supone un punto central de la educación, desde luego, pero no el único.

La invención de asignaturas como tecnología (en su día), que fue desfigurándose hasta ser puramente marquetería y manualidades bajo un nombre de I+D+i; la famosa educación para la ciudadanía, la cual, según el libro de texto que se siga, puede convertirse en varias asignaturas diferentes y completamente contrapuestas; o la elección de filosofía o historia en las pruebas de acceso a la universidad, han sido algunos de los puntos centrales de las leyes orgánicas de educación de los últimos años. Puntos en su mayoría relativos al contenido, escaseando aquellos que tratan de la estructura y configuración del propio sistema educativo.

Cuando se está educando a una persona, no sólo se le está enseñando contenidos y conocimientos, sino que también enseñamos formas. Cuando se está inmerso en el sistema educativo estamos aprendiendo también, implícitamente, metodologías de trabajo, conductas sociales y pautas de comportamiento. Los que crean que la ley del mínimo esfuerzo se queda únicamente en las aulas se equivocan. Lo que aprenden, las costumbres y rutinas, serán posteriormente extrapoladas a la vida laboral; y un país en el que la mayoría de su capital humano produce según las leyes del mínimo esfuerzo, está condenado, si no al fracaso, a una posición secundaria en el grupo de las potencias mundiales.

Es común escuchar entre adolescentes quejas sobre la inutilidad de aprender un poema de memoria, una fórmula física o matemática o, simplemente, a dividir basándose en la escasa aplicabilidad práctica de éstos o en la existencia de máquinas que hacen aquello que se pretende enseñar (calculadoras, por ejemplo). Lo que no es tan patente, y puede justificarse en los estudiantes pero jamás consentir su ausencia en el sistema educativo, es la educación indirecta (metodología, estructuración, ejercitación de la memoria, agilidad mental, etc.) que contienen implícitamente la memorización de un poema o la capacidad de aplicar procedimientos matemáticos.

Además, aparte de esta adquisición de conocimientos y destrezas, hay otra componente esencial en el sistema educativo: la socialización. Con socialización nos referimos a la integración de los individuos en la sociedad, a la adquisición de pautas, de formas y de actitudes sociales. El cómo reaccionar, el cómo comportarse, el cómo interaccionar en grupo. Toda esa componente social es también, en parte, responsabilidad del sistema educativo.

Por la importancia que tienen todos estos elementos aislados y en conjunto, la reforma del sistema educativo debe ser algo más que un simple gesto electoral: debe ser una reforma consensuada y basada en los principios que queremos para nuestra sociedad y país. Cuidemos la educación. Invirtámosle tiempo y esfuerzo. Hagamos eso porque los conocimientos y valores que inculquemos a nuestros menores se verán reflejados, tarde o temprano, en la sociedad del futuro.

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28 enero 2010

El porqué de las épocas


El cambio es la única cosa inmutable.
Arthur Schopenhauer

Algunas veces, cuando uno lee acerca de una teoría filosófica, política o sociológica puede sentir por parte del autor o autores de las obras cierto desprecio por las teorías antiguas, que considera desfasadas y obsoletas. Pareciera como si lo que ahora escribiera fuera a ser la verdad absoluta, la panacea del pensamiento, tan buscada por tantos durante tantos siglos.

Pero lo cierto es que no. Lo que ocurrirá será que la obra que estamos leyendo, por muy actual que nos parezca, por muy renovadora y revolucionaria que pretende ser, acabará por ser obsoleta, tarde o temprano. Es el precio por pertenecer a uno u otro tiempo.

Cada teoría, método o pensamiento está encasillado a una época, a una sociedad, a una cultura, fruto de un tiempo concreto. El pensamiento de toda una cultura está condicionado al tiempo en el que vive, a su ciencia, a su ética, a su arte. No podemos comprender una corriente del pensamiento sin conocer todo su entorno, todo lo que le rodea, todo lo que le influye.

En lo relativo al hombre y sus sociedades no ocurre como en las ciencias naturales, donde los fenómenos pueden aislarse. La astronomía puede sobrevivir sin la medicina, evolucionar por sí sola. En cambio, la ética no puede avanzar sin la política, o al menos no puede comprenderse.

Cuando estudiamos las disciplinas del ser humano no podemos estudiarlas aisladas. Un pensamiento filosófico dependerá de la sociedad del momento, de la ética dominante, de sus corrientes artísticas e incluso de su historia más reciente. Estudiar fenómenos históricos políticos sin comprender cómo era el mundo en cualquier momento puede suponernos grandes decepciones.

Por eso, cuando estudiamos a grandes pensadores de otras épocas, puede parecernos que su pensamiento está anticuando, que es demasiado simple o simplemente nos resulta cruel. Si nos cuentan de Maquiavelo que “el fin justifica los medios” puede provocarnos rechazo, y es lógico. Pero si vemos su contexto histórico, quizás no provoque tanto. Y es este “fin justifica los medios” el que provoca reacciones a su vez hasta llegar al Estado liberal, y es este Estado liberal el que es necesario para acudir al Estado democrático, y así sucesivamente.

Los cambios en las disciplinas humanísticas vienen casi siempre como reacción a lo actual. El neo-clasicismo no se comprende sin el barroco, el realismo literario sin el romanticismo, etc.

Es por eso también que el hombre precisa saber de dónde viene y cuáles han sido sus pasos hasta llegar a donde está. Eso es parte de la evolución, aprender de la experiencia ajena y comprender por qué hoy somos lo que somos, por qué impera la ética que impera, por qué el arte contemporáneo es así y por qué vivimos en el Estado en que vivimos.

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24 enero 2010

Sobre el Recurso Previo de Inconstitucionalidad


No todo lo que es permitido por la ley es siempre honesto en moral.
Jacques de Lacretelle

La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña sigue demorándose y, según parece, seguirá así unos cuantos meses más. El debate lleva servido mucho tiempo, porque mientras el ilustre Tribunal se decide, en Cataluña se aplica el polémico Estatuto como una norma más, como si su constitucionalidad no estuviera más que en entredicho.

Sea o no sea, finalmente, constitucional, lo que es innegable es la controversia generada. Muy clara no puede estar su constitucionalidad cuando la demora va ya por los tres años. Cada vez, los políticos catalanes presionan más al Tribunal, anunciado manifestaciones, protestas y salidas a la calle en caso de que la sentencia modifique lo más mínimo la norma. Alegan, además, que algo que ha votado el pueblo no puede revocarlo ningún tribunal.

Lo cierto es que toda esta discusión, o al menos lo referente a la aplicación y a la supuesta legitimación que le otorga el referéndum, podría haberse evitado. Originariamente, el sistema jurídico y político español preveía que una norma de dudosa constitucionalidad fuera paralizada y examinada por el Tribunal Constitucional antes de su entrada en vigor, y en el caso de un estatuto, de la celebración del correspondiente referéndum. Se trataba de la figura denominada Recurso Previo de Inconstitucionalidad.

Cierto es que este recurso es incómodo para cualquier Gobierno. Tener paralizadas las leyes “estrella” de los programas hasta que el Tribunal se pronuncie no es agradable. Por eso, mediante la ley orgánica 4/1985, se decidió que mejor primero se disparaba y que luego se pasara a las preguntas. Vamos, que primero aprobamos la ley, y ya después que el Tribunal Constitucional se pronuncie; y si la ley ha estado aplicándose unos cuantos meses y resulta finalmente inconstitucional, pues mala suerte.

Esta medida, que es un claro menoscabo de la democracia, ya que menosprecia totalmente lo que tenga que decir el Poder Judicial, debilita el conjunto del sistema democrático en pro de una comodidad para el Gobierno y el Parlamento. Parte de la seguridad constitucional se evaporó para favorecer a gobiernos impacientes y egoístas.

Parte de ese precio, como ya digo, lo estamos pagando en parte con el Estatuto de Cataluña. Pero es que la cosa podría ser mucho más grave. Supongamos que un partido consigue la mayoría absoluta. Esto significa que sus trámites parlamentarios son automáticamente aprobados, ya que no necesita pactos de ningún tipo. Supongamos además que este partido, ya conformado Gobierno, propusiera una ley en la que se autorizara a la policía que pudiera entrar en cualquier domicilio sin previa orden judicial, intervenir cualquier comunicación, detener sin justificación y, además, permitiera las torturas en las cárceles. Esta ley, claramente inconstitucional, sería aprobada por el Parlamento (la disciplina de partido haría otro flaco favor a la causa constitucional). Entraría en vigor y rápidamente sería recurrida al Tribunal Constitucional.

Todo el mundo es consciente de la lentitud de los procesos judiciales. Supongamos que el Tribunal Constitucional tardara en declarar inconstitucional la ley dos meses (si no tres años). Pues, durante ese tiempo, la policía podría campar a sus anchas por cualquier domicilio, detener a quien quisiera y torturar con total impunidad. Todo eso sería legal dentro del ordenamiento jurídico español hasta que el Tribunal Constitucional no se pronunciara.

Lógicamente, después tal vez interviniese el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y la Corte Penal Internacional; seguramente, también el Tribunal Constitucional declararía inconstitucional la norma… pero, ¿se repararía el daño infringido durante los meses que la ley estuviera siendo aplicada?

Este exagerado ejemplo pretende dar cuenta de uno de los errores estructurales de la democracia: la eliminación del recurso previo de inconstitucionalidad. Error, como tantos otros, que no se debe a un mal diseño del sistema jurídico y político, sino a la adulteración de éste posteriormente por parte de los propios elementos del sistema: en este caso del Gobierno y el Parlamento. Error, que llegados a un caso extremo, podría salirnos caro al conjunto de la población. Se ha sacrificado la seguridad jurídica de los ciudadanos por comodidad política de los gobernantes en un momento dado.

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13 enero 2010

Complejos


Los sentimientos de culpa son muy repetitivos, se repiten tanto en la mente humana que llega un punto en que te aburres de ellos.
Arthur Miller

Hay una parte de nosotros que intervine de forma involuntaria en la toma de decisiones. Estos son los complejos, que podrían estar ubicados en una parte del cerebro próxima a los prejuicios, ya que ambos están ahí y ambos condicionan. Pero, ¿qué es un complejo?

Sin ánimo de dar una respuesta psicológica y científica, sino más bien al contrario, una respuesta metafísica o filosófica, intentaré contestar la cuestión.

Un complejo es la parte de la moral o de la consciencia que nos impide la realización de algo basándose en falsas suposiciones. Un complejo de inferioridad sería la predisposición de uno mismo a ser inferior a otra persona, por ejemplo.

Los complejos son parte de un arrepentimiento en cierta manera. Cuando se siente un complejo se está sintiendo culpa por algo que sucedió en el pasado y que estimamos no fue del todo correcto, y en pro de evitar una nueva situación que repita lo ya acontecido, un mecanismo interno nuestro nos hace sentir mal, creyéndonos peores, malos o perversos ante una situación que ningún otro así la consideraría.

El complejo siempre lleva restos del pasado incrustados. Suele proceder de una opinión que se forjó de nosotros y que a toda costa queremos evitar que se repita, ya que detestamos esa imagen que pudo formarse de nosotros. Un complejo es una negación de uno mismo, un intento de mejora, sólo que este aparece y nos hace ver lo que sea de manera negativa o errónea cuando realmente no lo es.

El problema de estos complejos es que muchas veces limitan nuestras capacidades. Es una forma de minusvaloración personal, de baja autoestima. El complejo aparece en voluntades débiles, o en al menos en aquellas personalidades que no saben con certeza que rumbo siguen, o si ese rumbo es el adecuado o no.

Es difícil eliminar un complejo, pero un método para ello puede ser la perspectiva racional del problema, poniéndose en situación contraria, cambiando los protagonistas o los roles. Tal vez así seamos capaces de ver la ridiculez del mismo.

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27 diciembre 2009

En Busca de lo Universal


La Historia Universal es la de un solo hombre.
Jorge Luis Borges

Uno de los objetivos de la ciencia es el descubrir el funcionamiento de los distintos objetos que estudian. Incluso en las “ciencias” modernas, como son las sociales o las jurídicas, persiste la obsesión de encontrar un mecanismo universal que rija el comportamiento de aquello que estudian. Hay, sobre todo a partir del positivismo, una tremenda obsesión de racionalizar y universalizar todo lo que al ser humano rodea, creyendo que ésta es la única fuente de conocimiento válida.

Se han conseguido cuantiosos logros en áreas donde el objeto de estudio parece ser estático. Las ciencias naturales son el ejemplo más claro. Todo avance que se ha hecho en este campo ha partido de que el mundo es el que es y va a permanecer para siempre. Pero, ¿es eso cierto? Por ejemplo, en geología, concretamente el área que estudia la evolución de la Tierra nos permite obtener conocimiento gracias a que los cambios son relativamente lentos (tomando como punto de referencia la vida media del ser humano). Creemos así que los climas son universales, que los periodos de lluvia, las estaciones, etc. son y serán así por siempre. En cierta manera, parece que así será por lo menos hasta que esta generación (y muy probablemente la siguiente, y la siguiente, y la siguiente) perezcan, pero esto no indican que ese conocimiento sea universal, que la Tierra haya tenido siempre estos climas, o que el Everest sea el pico más alto del mundo.

Algo similar ocurre en Astronomía, donde tomamos el mapa del cielo como eterno, cuando bien sabemos que éste cambio a lo largo de los años, aunque sus perturbaciones no afecten en toda una generación.

Sin embargo, cuando tocamos materias relativas al ser humano, la cosa cambia. Las sociedades cambian con cierta celeridad, las leyes prácticamente todos los años, cada día estamos escribiendo parte de la Historia, las fronteras son fácilmente moldeables, las lenguas andan en continua evolución, etc. Todos estos elementos relativos al hombre son fácilmente moldeables, y es muy probable que en una misma generación se hayan producido muy diversos cambios en diferentes áreas del conocimiento relativas a las humanidades.

Pretendemos siempre lo estático, cuando ciertamente, todo es dinámico. Tenemos métodos que nos permiten únicamente conocer el instante concreto de las cosas, como simples fotografías, pero desconocemos aquellos que nos permiten analizar las evoluciones o predecir los cambios. ¿O acaso alguien sabe cómo será el clima dentro de 10.000 años o cuándo ocurrirá el siguiente terremoto?

Necesitamos creer que todo es universal, que todo es estático y quieto para a partir de ahí inferir conocimiento de un modo lógico. Necesitamos la seguridad del instante, de lo constante. Somos incapaces de concebir que absolutamente todo está en un continuo cambio, más o menos rápido, y que todo lo que hasta hoy conocemos, probablemente deje de ser cierto en un tiempo finito. Tenemos la obsesión de creer que el mundo será siempre tal y como hoy lo concebimos, que las sociedades son inmutables y que las leyes siempre apropiadas.

El conocimiento es válido y útil hoy, pero no podemos asegurar nada de mañana. La obsesión por lo universal es mera vanidad del ser humano, queriendo que su legado y conocimiento perdure por los siglos. Una parte más de su instinto de supervivencia.

Por otro lado, habríamos de analizar el objetivo del conocimiento. Al fin y al cabo, éste no tiene otra función que facilitar la vida al hombre, satisfacer sus necesidades, ya sean físicas o espirituales. El saber que tiene el ser humano le es suficiente para solventar los problemas diarios y las cuestiones éticas del momento, pero ha de tener siempre conciencia de que lo que sabe y presupone eterno es sólo válido en una estrecha franja temporal, aunque para convencerse de ese saber necesite disfrazarlo de universalidad.

Por eso, cuando uno pretender saber qué lleva al hombre a comportarse de una determinada manera, cuáles son los valores de la humanidad, cuál es el motor del comportamiento del hombre, no puede aspirar a otra cosa que no sea conocer qué principios, valores e ideas han perdurado por más tiempo entre los seres humanos, sabiendo que hubo un día en que no existieron y que habrá uno en que no existirán.

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25 diciembre 2009

Feliz Navidad


El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien.
Francisco de Quevedo

La verdad es que tengo bastante descuidado el blog. Y no porque quiera, porque últimamente tengo una cantidad ingente de reflexiones que me gustaría plasmar por aquí, pero paso demasiado tiempo fuera de casa, y cuando ando por ella es para emplearlo en otras obligaciones. En cualquier caso, el fin de este mensaje no era una justificación sino un agradecimiento a todos los lectores (se sobreentiende que lectoras también) que seguís este blog. Os deseo feliz Navidad a todos, y espero que el año próximo sea más productivo, también en cuanto a entradas se refiere.

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08 diciembre 2009

La Esencia del Individuo


Me moriré de viejo y no acabaré de comprender al animal bípedo que llaman hombre, cada individuo es una variedad de su especie.
Miguel de Cervantes Saavedra

Podríamos decir que ciertos comportamientos dentro de los seres humanos están predeterminados. Hay determinados patrones de conducta que parecen repetirse en las personas, que de una u otra forma todos repetimos. Puede deberse esto a que los seres humanos aprendemos, en cierta manera amplia, en base a la imitación; y que es esta imitación la que nos hace comportarnos igual que las personas a las que imitamos.

También es cierto que cada persona es única. Cada cual tiene una experiencia vital propia, una educación personalizada (amalgama de familia, colegio y sociedad) y unos intereses, deseos e intenciones propios. Intentar determinar el comportamiento absoluto de una persona de manera universal, habiendo tantas variables propias para cada individuo es imposible, o al menos, queda mucho aún para poder realizarlo.

La esencia de las personas es precisamente esa incógnita en cuanto a sus actuaciones. Pese a que hay tendencias y hay valores y principios “regulados” por el entorno, las sociedades y las culturas; no se puede nunca afirmar a ciencia cierta que un determinado individuo vaya a actuar siguiendo un determinado patrón. Únicamente podemos fiarnos de las probabilidades, de lo que es más o menos probable, pero afirmar a ciencia cierta una actuación concreta es subestimar al ser humano.

Las personas tenemos una serie de voluntades ocultas, una capacidad de pensar por uno misma, una auto-determinación. Las decisiones, en última instancia, son propias de cada ser. Somos nosotros quienes decidimos hacer o dejar de hacer algo, los que pensamos de una u otra manera, y aunque a nuestro alrededor se tienda a un pensamiento o a una forma concreta de actuar, tenemos nosotros la última palabra, la última reacción. Somos quienes decidimos, aunque algunas decisiones, como todo en la vida, sean más difíciles que otras, precisamente por los condicionantes sociales y del entorno, en definitiva, por las consecuencias.

La libertad de decisión es algo que siempre pertenecerá al individuo. La sociedad, la cultura y las demás instituciones que conforman nuestro entorno no podrán sino influir y establecer “sanciones” o “consecuencias”. Esas consecuencias podrán limitar nuestra libertad, en el sentido de que agregarán peso a uno u otro lado de la balanza y la elección no estará exenta de consecuencias; pero pese a tener todo en nuestra contra, un individuo puede actuar contra lo esperado, rebelarse contra todo y todos y marcar su propio camino. Es esta capacidad de salirse del camino trazado, esta voluntad última personal, la que hace imposible determinar con rotundidad el comportamiento de cada individuo. Es lo que constituye la verdadera esencia del individuo.

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02 diciembre 2009

Conceptos y Palabras


Una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento.
Voltaire

Con las palabras, con el lenguaje en general, tratamos de hacer reglas generales a través de los conceptos, creándonos ideas mentales acerca de las cosas que suceden en la realidad. Esta característica “idealizadora” tiene, como todo en la vida, su parte positiva y su parte negativa; y como todo en esta vida también depende del punto de vista con el que se vea.

En primer lugar, esa conceptualización general de las cosas nos permite comunicación. Cuando hablamos de “árbol”, tu interlocutor tiene en su cabeza una idea más o menos similar a la tuya, y gracias a ello, es posible la transmisión de un conocimiento, de unas ideas o de unas sensaciones.

Cuando son objetos concretos, todo funciona de maravilla. Sin embargo, cuando entramos en el campo de los sentimientos y de las sensaciones se suscitan ciertos problemas: ¿es el amor igual para todo?

Ocurre, con las sensaciones y sentimientos también, que uno se encuentra sumergido en una de esas sensaciones. Rara es la sensación o sentimiento que uno guarda para sí; normalmente uno intenta transmitirlo, sino con gestos y acciones, con palabras. Cuando se emplean estas palabras para describir un sentimiento, nos estamos dejando siempre algo sin describir, o tal vez, algo puede no ser entendido tal y como nosotros los vivimos.

Toda expresión lingüística supone la mutilación de una idea. Es el gran problema de las palabras, que al fin y al cabo no son más que un instrumento de comunicación, y no una traslación de conceptos universal y unificada. Y es a la vez lo que tanto encanto les da, la esencia de la literatura, el doble juego que a veces proporcionan, pudiendo interpretar de ellas cada uno lo que uno quiera interpretar.

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30 noviembre 2009

Lo esencial


Lo esencial es invisible a los ojos
Antoine de Saint-Exupéry

Llevo muchas entradas, que a fin de cuentas no son más que un reflejo de mi pensamiento, hablando de cosas “importantes” como son la política, el derecho, las leyes, la separación de poderes, los gobiernos y la administración. Me planteo, no siempre en el blog, qué puede cambiarse para que el mundo gire cada vez con un poco más de armonía, y pareciera como si todo se redujera a un conjunto de leyes y a unas relaciones de poder.

Muchos de los grandes pensamientos y divagaciones tratan acerca del orden político y de las leyes, creyendo que en esos dos conceptos puede encontrarse algo más allá de un dolor de cabeza. Buscando la realidad fuera de ella misma, queriéndola modelar a base de conceptos abstractos e inventados.

Pareciera como si la verdad y la felicidad se encontraran entre las palabras, entre las ideas. Y puede que se hallen justo en la antípoda. ¿Es alguna ley es más verdad, acaso, que un beso, un abrazo o cualquier sentimiento? ¿Dónde se halla entonces la felicidad?

Pregunta compleja, y muy probablemente indisoluble de manera universal. Cada cual construye la suya, me temo. Hay quien pasa una vida entera pasando todo por el filtro de la razón, matematizándolo todo, abstrayéndolo en el pensamiento, buscando una fórmula que sacie sus ansias de no sabe muy bien qué; incapaz de comprender que la felicidad probablemente se encuentre en cualquier paisaje estival, en algún verso olvidado o en la buena compañía.

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27 noviembre 2009

La No Declaración de la Vivienda de Alquiler


¿Qué confianza puede tenerse ni qué protección encontrarse en leyes que dan lugar a trampas y enredos interminables, que arruinan a los pleiteantes, engordan a los curiales y facilitan a los Gobiernos el cargar impuestos y derechos sobre las disensiones y pleitos eternos de sus súbditos?
Barón de Holbach

Después de los datos que se publican hoy en IDEAL acerca de que el 74% de las viviendas en alquiler en la provincia de Granada no están declaradas y no pagan impuestos, ¿tiene pensando alguien dimitir? ¿Es culpa de alguien? Digo yo que si el periódico tiene acceso a esta información, la tendrá también Haciendo, ¿no?

Esto lleva a plantearnos qué es lo que le pedimos a los gobernantes. ¿Les pedimos únicamente que cada cuatro años se acuerden de nosotros para que los legitimemos en el poder? ¿O les pedimos que gestionen como si fueran suyos los recursos de todos?

¿Por qué la morosidad en los bancos, que es del 3% aproximadamente, es algo tan alarmante y la morosidad de otros impuestos, como este, del 74% sea aceptable? ¿Ustedes se imaginan una inmobiliaria que alquilara viviendas y que no le cobrara el alquiler al 74% de los inquilinos? Ciertamente, no. Pero parece que cuando el dinero no es de uno, duele menos perderlo. ¿Y cuántos casos similares a este de economía sumergida existen en nuestra provincia, región y país? ¿Y es que nadie sabe acaso que ocurren?

Cuando después el Estado presenta un déficit del “x” por cierto, y alegan los gobernantes que la “única” solución es subir más los impuestos. ¿Por qué no se plantean las administraciones cobrar los impuestos que ya les corresponden antes de subir otros?

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25 noviembre 2009

Reflexiones acerca del Tribunal Constitucional


Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos.
Simón Bolívar

Llevo poco en el “mundillo” jurídico y puede que esta opinión sea prematura, pero con ese poco que llevo visto, al derecho le encuentro cada vez más puntos en común con la estadística, en el sentido de que todo puede ser interpretado, todo puede ser leído de mil maneras y todo puede ser llevado al terreno que más a uno le convenga.

En estadística, si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, oficialmente ambos tenemos un coche de media. En el derecho sucede algo similar: resulta que eso que en su día fue (y que tanto se cita por parte de los políticos) verdad casi axiomática, infalible, racional y perfecta (la ley); deja totalmente abierta al juez o magistrado la veda de la interpretación. Esto puede chocarle a todo aquel que tenga un concepto de la ley como fuente directa del derecho. Pero la realidad va por otro lado. Al final, la ley no es la ley en sí misma, sino la interpretación que se hace de ella.

La jurisprudencia en España (las interpretaciones definitivas de las leyes, por decirlo de alguna manera) la sientan dos órganos: el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional. Cuando hablamos del segundo de ellos se nos viene siempre a la cabeza la defensa de los derechos fundamentales: la libertad de expresión, la de reunión, la de circulación, etc. Pero resulta que el Tribunal Constitucional no sólo resuelve sobre temas concernientes a los individuos y a las personas físicas, sino que tiene la gran responsabilidad de dictar sentencias acerca de la configuración del Estado, ya que es la Constitución donde se “constituye” el estado.

El Tribunal Constitucional es, por tanto, un tribunal político, en el sentido de que las sentencias de este órgano trascienden en la política y organización del estado. La próxima sentencia del Estatuto de Cataluña configurará, para bien o para mal, España, al igual que lo han hecho todas y cada una de las anteriores. Esto se debe a que lo que el Tribunal Constitucional interprete se convertirá en la única lectura válida (a nivel jurídico) de la Constitución.

Precisamente porque el Tribunal Constitucional es un órgano de vital importancia para un Estado, chirría el hecho de que sea el Parlamento el que, directa e indirectamente, elija a sus miembros. ¿No se supone que este país se rige por una división de poderes? ¿Cómo es posible que el mayor órgano de un poder (judicial) sea elegido por otro (legislativo)?

Hay ciertos aspectos de la democracia que hay aún que incluir o mejorar en España si pretendemos una verdadera democracia, como por ejemplo la participación ciudadana. Pero ¿cómo vamos a aspirar a tener una democracia avanzada, que supone una evolución del Estado, si los principios básicos, aquellos que ya se consolidaron en aquel Estado Liberal del siglo XVIII (separación de poderes), no los tenemos aún instaurados?

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20 noviembre 2009

Relativismo


Si mi teoría de la relatividad es exacta, los alemanes dirán que soy alemán y los franceses que soy ciudadano del mundo. Pero si no, los franceses dirán que soy alemán, y los alemanes que soy judío.
Albert Einstein

Todo es relativo. O al menos eso es lo que pretende defender el relativismo. Nada se puede verificar ni refutar de manera absoluta. Siempre queda un “pero”. Ni lo bueno es bueno, ni lo malo es malo: todo depende de cómo enfoquemos esa mirada, de cómo describamos las acciones y de con que partes nos quedamos.

Todo puede ser reducido al relativismo. Incluso las matemáticas, absolutas donde las haya. No siempre dos más dos son cuatro. Y eso es cierto. Si trabajamos en un sistema en base tres, por ejemplo, dos más dos será uno.

En las conductas morales el relativismo es bastante frecuente para defender una determinada actitud. “Es que para mí eso no es malo”, argumento el que defiendo algo que choca con la conducta o moral de la mayoría. “Y la moral es algo totalmente personal y subjetiva”.

Igual puede pasar con el arte. Es más, suele pasar cuando a uno le critican una obra: “No, pero es que el arte es algo de cada uno. Y a mí me gusta así”, aunque sea una auténtica porquería.

Yo creo que hasta el relativismo es relativo. No todo puede ser relativizado, o al menos, no hasta el extremo que se quiera. Cuando algo se relativiza en exceso, pierde su esencia. La moral deja de ser moral cuando todo vale. El arte deja de ser arte cuando cualquier manifestación es considerada con valiosa. Todo ha de seguir unos criterios y normas más o menos establecidos. Todo tiene unos límites.

Debe haber algo, unos criterios (en los que hoy no entraremos) que dispongan la libertad del arte. Pero debe haber una serie de características, atributos o factores comunes que describan lo que es el arte. No todo puede ser arte. Igual que dos más dos no puede ser cualquier número. De acuerdo con que no siempre es cuatro, pero no puede ser el número que nos dé la gana. Habrá que fijarlo con las normas de ese sistema o esa base. Y según una u otra base, será uno u otro resultado.

El relativismo debe ser manejado entre unos límites. Veamos por ejemplo que ocurre con la libertad. La libertad marca unos límites, tradicionalmente se dice que acaba la de uno donde empieza la de otro. En el momento que borramos ese límite la libertad se convierte en libertinaje. Todo vale. Todo está permitido. Y eso anula por completo la esencia de la libertad.

El relativismo es necesario, desde luego. No todo es blanco o es negro. Hay puntos intermedios. Hay que nadar por esos mares intermedios, y es ahí donde se encuentra la variedad y la humanización. Si todos pensáramos igual, por ejemplo, no seríamos personas. Seríamos productos de fábrica. Es la variedad lo que enriquece a la humanidad, la diversidad de puntos de vista y lo relativo de ciertas instituciones propiamente humanas, como son la moral o el arte.

Sin embargo, un exceso relativismo conduce a la desintegración, a la extinción, a la destrucción. Todo pierde su identidad. Nada es nada y todo es todo a la vez. El exceso relativismo acaba en una anarquía conceptual donde nadie sabe qué es nada.

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10 noviembre 2009

El Sentido del Ridículo


Cualquiera que se tome demasiado en serio corre el riesgo de parecer ridículo. No ocurre lo mismo con quien siempre es capaz de reírse de sí mismo.
Václav Havel

Uno de los grandes miedos que tiene el ser humano es el miedo al ridículo. Podemos entender como “quedar en ridículo” aquella situación, provocada por algo que hemos dicho o hecho, que queda alejada de lo que el grupo, ante el cual mostramos el “ridículo”, piensa o actúa.

Es el ridículo por tanto una característica social. Nadie hace el ridículo solo. Necesita salirse uno de los cánones de lo corriente, de las mayorías, o de al menos de lo concebido como “normal”, para entrar en el terreno de lo ridículo.

El ridículo también tiene una connotación de fracaso. No se concibe el ridículo sin una previa aspiración a demostrar la valía personal de uno. Sólo si uno consiente ser excéntrico o excepcional considera que no está cayendo en el “ridículo”. Si uno es sorprendido en un acto comprometido, puede sentir en ridículo.

Pero quizás la característica más significativa del ridículo es que no tenga sus consecuencias de manera inmediata. Lo que a una persona puede provocarle vergüenza, o sentido del ridículo, es el posterior recordatorio o reproche respecto de lo que dijo o hizo, no en el momento concreto.

Nos da miedo el ridículo muchas veces porque sentimos que siempre nos recordarán y nos señalarán como diferentes. Nos da miedo precisamente porque tenemos miedo a ser diferentes, porque no queremos destacar, porque nos gusta más observar que ser observados.

Todo esto último, lógicamente, no es aplicable a esas personas que quieren destacar, porque, en ese caso, pese a cometer ridículo y a ser ellos conscientes de ello, lo disfrazan de voluntad o de acto diferencial (en el sentido de que marca la diferencia).

Es probable que el sentirse en ridículo sea un signo de inferioridad. Es uno mismo el que se siente en ridículo, no el grupo quien nos pone. En ocasiones, aunque ciertas personas intenten evidenciar nuestro ridículo, somos nosotros al final los que cedemos y lo reconocemos. En el momento en que otorgamos la razón a este grupo, empezamos a sentir ridículo. Si por el contrario nos mantenemos firmes en nuestra posición, nos reafirmamos. Hayamos hecho lo que hayamos hecho, no podríamos hablar de ridículo, porque aunque nos acusen, somos nosotros los que finalmente decidimos.

Lo que sucede normalmente es que estamos sometidos a “lo normal” y somos pronto conscientes de si algo está o no dentro de ese ámbito. Tenemos un sentido del ridículo que va intrínsecamente ligado a la sociedad y a la cultura. Quizás una de las maneras para evitar el ridículo sea simular que uno estaba convencido de lo que hacía o decía en el momento en cuestión.

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29 octubre 2009

Lenguaje Redundante


La lengua disimula y encubre los designios.
Diego de Saavedra Fajardo

O también llamado “lenguaje no sexista”. Se trata del fenómeno lingüístico consistente en un continuo acompañamiento, como si no se presupusiera, del género femenino en cualquier sustantivo o adjetivo de género masculino. Por ejemplo decir “los alumnos y las alumnas del centro…” en vez de “los alumnos del centro”, como si alguien con una capacidad intelectual media no dedujera que la expresión “los alumnos del centro” va dirigida a todo aquel “discípulo, respecto de su maestro, de la materia que está aprendiendo o de la escuela, colegio o universidad donde estudia” independientemente de su sexo.

Se trata pues, a mi entender, de una manera más de transformar la realidad, o más bien las percepciones que los individuos tienen de ésta, a costa del lenguaje. Es una manera de vender una realidad aún no existente y que muchas veces no llega nunca a establecerse. Se pretende en este país conseguir la igualdad a través de las palabras antes que de los hechos. Parece que fuera preferible tener una “sala para empleados y empleadas” que equiparar los sueldos entre ambos sexos. Se prefiere vivir en la ilusión del lenguaje antes que bajar a la cruda realidad.

El problema de este lenguaje redundante, que a priori puede parecer inocuo, surge cuando los cambios en el lenguaje no van acompañados de cambios reales de igualdad. Cuando se cree que por repetir como loros los dos géneros de cada sustantivo, que aparte de demostrar que sabemos concordar géneros en castellano no sirve para nada, cambia la realidad cuando en realidad no es así, sino que seguimos en la misma igualdad (o desigualdad, según como se mire) que antes. Cuando los verdaderos problemas siguen siendo problemas.

A los que creemos en las acciones más que en las palabras y a los que hemos estudiado durante el instituto a conciencia la lengua castellana, esta nueva moda del lenguaje redundante (disfrazado de igualitario) nos choca de frente. Por más que se repita “padres y madres” en los nombres de las asociaciones escolares, si después llega uno a las reuniones y ve que la proporción de asistencia es de ochenta por ciento para los varones y veinte para las mujeres, no sirve para nada.

Propongo una fórmula para todos aquellos redundantes: cambien la realidad, para que así, de manera natural, el lenguaje se amolde a esta realidad, como ya ha pasado con palabras como “jueza”, “médica” o “bombera”, asimiladas después de la inserción de la mujer a estas profesiones. Palabras que hasta hace unos años no existían en el castellano y hoy son parte asimilada de la lengua.

Por favor, no empobrezcan la lengua con redundancias vacías que no aportan nada al significado de las frases ya que todo el mundo las entiende sin redundancias.

Desde la ignorancia, y probablemente violando nuestra libertad opinión al acusarnos, a todos los que defendemos la lengua castellana con sus normas actuales y no comulgamos con este nuevo lenguaje redundante se nos llama machistas. Pido por favor que en el momento en que yo minusvalore a una persona por ser mujer, o discrimine a alguien por su condición de mujer, o agreda físicamente a una mujer; entonces, y sólo entonces, llámenme machista.

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20 octubre 2009

Ética y Política


La indigestión es la encargada de predicar la moral al estómago.
Victor Hugo

Tanto la política como la ética son dos descendientes directos de la filosofía. En ambas dos se analiza cómo es y cómo ha de ser el comportamiento humano, con la salvedad de que en la segunda se analiza al individuo de manera individual, desde unas convicciones meramente personales; y en la segunda se analiza cómo han los individuos de organizarse para convivir de una manera óptima.

Obviamente, el hecho de que sean necesarias una o varias personas para conformar esta organización, implica que esta o varias personas son individuos, y por tanto portadores de una moral encuadrada dentro de una ética.

Surge, pues, en el gobernante, legislador o juez (suponiendo de una separación de poderes) cómo actuar, ya que, a pesar de unas convicciones personales, ha de promover siempre, debido a su ocupación en la estructura de organización política, el bien común. Es posible que este bien común, este bienestar, sino de todos al menos de la mayoría, entre en contradicción con las convicciones personales de cada uno. Supongamos el caso del gobernante que se encuentra ante una enfermedad de un animal, altamente contagiosa y letal en el género humano, cuyo único tratamiento habría de ser la muerte del animal. Supongamos asimismo que este gobernante es contrario a la muerte de los animales. ¿Cómo habría de actuar este gobernante? ¿Qué es primero, individuo o gobernante?

Supongo que ante este caso la respuesta de la mayoría es más que obvia. Y es obvia porque miramos desde nuestra moral. Pero ¿y si fuera un ser humano a quién habría que sacrificar? Aquí seguramente las respuestas se equipararían. Y tanto una como otra respuesta son comprensibles.

Es comprensible, en primer lugar, que este gobernante se negara a sacrificar a nadie; ya que entiende que en su calidad de individuo no es bueno ni justo acabar con la vida de nadie. La cosa cambiaría desde la perspectiva del gobernante. Él ha sido designado como gobernante para salvaguardar la vida y el bienestar de esa sociedad, y es por tanto su obligación moral. No es comparable, podría pensar él, la vida de un individuo con la de toda una sociedad. Su obligación, puede pensar, es salvaguardar la sociedad, el bienestar de la misma, y por tanto, habría de sacrificarlo por el bien de los demás. El fin justifica los medios, que dijo Maquiavelo.

Pero, ¿y nosotros? ¿Qué pensaríamos cada uno de nosotros como parte de esa sociedad que sólo puede salvarse en caso del sacrificio de esa vida? Mucho me temo que todos seríamos partidarios de sacrificar al enfermo, en pro de nuestra vida. Salvo el caso en que nosotros fuéramos esos enfermos, y apelaríamos a la moral y al derecho a la vida por encima de todo.

Y es que mucho me temo, que por encima de toda moral, o mejor dicho, en el puesto más elevado de toda moral, está el instinto de supervivencia individual. En un caso extremo, donde nuestra vida verdaderamente pendiera de un hilo, siempre abogaríamos por salvarnos. Y es sólo cuando nuestra vida anda a salvo cuando nos planteamos sobre la vida de los demás.

Es por eso que conciliar ética y política es harto difícil. Porque es necesario atarse a una moral deontológica muy robusta para no dejarse llevar por los numerosos cantos de sirena que a la política acompañan.

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16 octubre 2009

Ciencia e Ingeniería


Es un hecho que el hombre tiene que controlar la ciencia y chequear ocasionalmente el avance de la tecnología.
Thomas Henry Huxley

¿Es la ciencia equivalente a la ingeniería? Mucho me temo que no. Aunque compartan cosas en común, la ciencia y la ingeniería (al igual que creo que ocurre con la ciencia y las ciencias sociales) no son iguales, ni persiguen los mismos objetivos; aunque sus métodos puedan tener una sistemática parecida.

La ciencia tiene como objetivo la explicación de las cosas. Es una mera observadora. Un actor pasivo. Un mero ente que trata de explicar lo que acontece en el mundo y comprender por qué son las cosas como son.

La ingeniería, sin embargo, pretende cambiar ese mundo. Pretende aportarle a éste soluciones nuevas. Pretende mejorar la realidad a través de nuevos instrumentos y herramientas. Y aunque para ello utilice la ciencia, no son la misma cosa, ya que persiguen fines distintos. La ingeniería es un sujeto activo. Interviene en el mundo.
Para las dos disciplinas es probable que se compartan habilidades. La creatividad es importante tanto para uno, como para la otra, en tanto en cuanto para la ciencia permite la visión de nuevos modelos que expliquen lo que acontece, como para la ingeniería encontrar soluciones mejores a problemas ya existentes.

Es también necesaria para ambas una capacidad de análisis. El científico ha de ser un analista para comprender qué es lo que pasa en su entorno y/o en su objeto de estudio. El ingeniero ha de analizar dónde está el problema y cómo podría solucionarse.

En cualquier caso, en todas las disciplinas del conocimiento es necesario el trabajo y la constancia. No creo que haya disciplinas de éste mejores o peores, más o menos importantes. Simplemente hay modas, donde imperan más unas áreas que otras.

Lo que queda claro es que sin una de ellas, cualquiera que sea, el progreso queda cojo.

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10 octubre 2009

Premio Nobel a las Buenas Intenciones


El infierno está lleno de buenas intenciones y el cielo de buenas obras
Proverbio español

Siempre he tenido un respeto y admiración por aquellos galardonados con el Premio Nobel, en cualquiera de sus disciplinas. Premiar a aquellas personas que trabajan en pro del conocimiento y de la Humanidad es algo loable a la vez que necesario. Aunque es cierto que nunca llueve a gusto de todos, hay ciertas cosas, que en mi opinión, claman al cielo. Un ejemplo es la reciente adjudicación del Premio Nobel de la Paz a Barack Obama.

Ya la Academia sueca hizo un amago con aquel premio a Al Gore, cuyo mérito fue lucrarse a través de conferencias y de un documental acerca del cambio climático. Mucha información, mucha palabra (sin entrar en el debate de si son ciertas o no), pero pocos hechos. El Premio Nobel es el premio a los hechos por antonomasia. ¿Cómo se le ha podido dar a una persona que lleva sólo nueve meses en su cargo?

Buenas intenciones, justifican. Buenas intenciones tenemos todos. Cualquiera puede ser, por ende, Premio Nobel de la Paz.

La excesiva propaganda a favor del señor Obama ha llevado a esto. Parece que fuera el Mesías, el salvador del mundo, el hombre que va a acabar con las guerras, con el hambre y con el sufrimiento del planeta. Pero la realidad es que este hombre, aparte de discursos, está haciendo poco, por ahora.

Al igual que me parece bochornoso otorgar el Príncipe de Asturias del Deporte a personas en activo (mejor sería el reconocimiento a toda una trayectoria profesional y no a un buen año), me parece absurdo y des-prestigioso este nuevo Nobel de las Intenciones, habiendo como hay, tantos hechos y tantas personas a quienes otorgar el verdadero Premio Nobel de la Paz, como puede ser, por ejemplo, el recién fallecido Vicente Ferrer.

Me temo que la propaganda en masa está allanando hasta los cerebros de los académicos del premio más prestigioso del mundo. Espero que este “lapsus” sólo afecte a la disciplina de la Paz, porque si no, el siguiente Nobel de Medicina estará reservado a aquel o aquellos que propaguen (o hayan propagado) la Gripe A, por haber fomentado a su vez una vacuna eficiente contra la misma.

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04 octubre 2009

Individuo y Sociedad


En su lucha contra el individuo, la sociedad tiene tres armas : ley, opinión publica y conciencia.
William Somerset Maugham

El hombre puede ser entendido, para estudiarlo en su nivel social, de dos maneras: como un individuo independiente y autónomo, o como una parte de una estructura social, como una célula de un cuerpo social. Es decir, podemos centrar nuestra atención en las células (individuos) o en los organismos (sociedades o grupos sociales).

Se pretende, con estas dos corrientes de estudio, encontrar “verdades” sobre el ser humano, encontrar leyes y teorías que explican su comportamiento e integración en la sociedad, en definitiva, su socialización. Pero mucho me temo que no es posible encontrar soluciones a estos problemas mirando únicamente desde un método.

Pienso que esto es así porque no siempre nos comportamos como individuos independientes o como estructuras sociales. Vamos mutando de una a otra posición según las circunstancias o según el tema que se trate. A veces nos es más cómodo ser parte de un sistema que se mueve, pasar desapercibidos, y otras tantas nos rebelamos contra esa sociedad o sencillamente queremos tener nuestro propio criterio y sentirnos independientes y autónomos.

Lo que nos hace diferentes como individuos son los diferentes conceptos y los criterios de decisión. Es decir, no todos tenemos el mismo concepto de “Peugeot”, por ejemplo. Para unos es una muy buena marca, para otros una basura. ¿Qué es lo que hace que haya tan diferentes criterios? La experiencia y las opiniones. O bien nosotros hemos probado un Peugeot, o bien hemos escuchado hablar a quien lo ha probado, o al menos dice haberlo probado. Y nuestro concepto final será el resultado de una lucha entre opiniones, nuestra y ajenas, sobreviviendo la más consistente o la más insistente.

Los medios de comunicación, que son las opiniones masivas, influyen considerablemente, y muchas veces subliminalmente, en nuestra forma de pensar y en nuestra forma de actuar. Modifican nuestros conceptos. Nos crean necesidades inexistentes. Nos crean estereotipos. Y al ser muchas personas las que convivimos con los mismos medios de comunicación acabamos teniendo conceptos parecidos, sino idénticos, haciendo cada vez más difícil la lucha como individuos y moviendo a sus antojo las estructuras sociales.

Es un mundo complejo el de la sociedad y los individuos. Pero si algo tengo claro es que un único método no es suficiente para tener una visión suficientemente amplia del problema. Por eso es necesario entender al hombre como individuo y como parte de una sociedad (o estructura social).

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28 septiembre 2009

Ciencias Sociales


Si no conozco una cosa, la investigaré.
Louis Pasteur

Vivimos en una sociedad donde todo lo que no esté sometido al examen de la ciencia parece que es inútil, obsoleto, malo, falso o ridículo. La ciencia es la que elige hoy lo que es bueno o malo, lo que es verdad y lo que es mentira. Suple a la religión, hoy en día, en muchos aspectos, ya que lo que hoy es “científicamente probado” ayer era “palabra de Dios”.

Es innegable que la ciencia ha hecho posible la evolución del ser humano en los últimos cinco siglos a un ritmo exponencial, pero eso no significa que para que algo sea válido o sea bueno haya de pasar rigurosamente el test de la ciencia.

Por ejemplo, el análisis de la sociedad, lo que hoy se denomina “ciencias sociales”, tiene escaso rigor científico, en el sentido de que continuamente salen estudios contradiciendo a los anteriores, y se crean tendencias y grupos. Es una “ciencia” que funciona a base de teorías, a base de experimentos, sin leyes ni teoremas, basándose únicamente en la experiencia. ¿Cuánto rigor “científico” tienen este tipo de “ciencias”? O lo preguntaré de otra manera ¿Cuánto de fácil es falsificar o manipular un estudio de estas “ciencias”?

Yo no niego que no haya un conocimiento acerca de la sociedad y los comportamientos sociales, pero me parece excesiva la categoría de ciencia para algo que entra en continuas contradicciones y que no se puede demostrar. A mi entender, las ciencias sociales es a la ciencia lo que la leche frita a la leche: se basa en la ciencia (leche), pero no es una ciencia como tal.

Puede que todo este escepticismo sobre las ciencias sociales provenga de mi ignorancia respecto a ellas, donde en dicho caso, y espero que así sea, tengo ahora seis años por delante para comprenderlas.

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23 septiembre 2009

¿Por qué no subir los impuestos?


Bajar los impuestos es de izquierdas
José Luis Rodríguez Zapatero

Hoy recoge IDEAL un artículo de opinión de Francisco Coronado Ortiz, ex concejal del ayuntamiento de Granada, donde justifica la subida de impuestos que pretende Rodríguez Zapatero. Trata el artículo sobre el Estado del Bienestar y nos recuerda que las prestaciones y los servicios que ofrece el Estado no son gratis y hay que financiarlas. Es entonces cuando apela a la solidaridad de los contribuyentes para con el Estado de Bienestar.

Yo soy el primero que está de acuerdo con que el Estado preste atenciones básicas como son la sanidad y la educación. Creo firmemente que es un deber del Estado proporcionar estos servicios de la mejor manera posible. Creo, también, que el Estado ha de gestionar estos servicios para recibir en toda España un mismo la misma sanidad en la misma educación, proceda uno de donde proceda. Por tanto, estoy en contra de las transferencias de estos servicios a los distintos reinos de taifas, también llamadas comunidades autónomas, donde por ejemplo el SAS utiliza este servicio para colocar en la dirección de los servicios a quién le parece.

En lo que no creo es en que la única manera de financiar estos servicios sea la subida de impuestos. Máxime cuando el señor Rodríguez Zapatero, felizmente seguido por el señor Griñán, se dedican a regalar ordenadores a los infantes de quinto de primaria. Perdóneme usted, pero para que usted regale ordenadores, el dinero me lo gasto yo en lo que me venga en gana, como un viaje, y no en impuestos.

Estoy en contra de la subida de impuestos porque no se gestionan los recursos como es debido, y se despilfarra todo el dinero que se quiere (véanse despachos y coches oficiales de Touriño, o la ex ministra de vivienda, la señora Trujillo). Dinero hay más que de sobra para todo; lo que parece que no hay es ganas de invertirlo correctamente.

Me parece además una sinvergüencería que hace 1 años y medio, para las elecciones, se nos quisieran devolver cuatrocientos euros, y ahora de repente, se nos pida lo propio. ¿Pero cómo gestiona usted el dinero público si en un año y media ha pasado de regalar a mendigar?

Me parece súbitamente hipócrita que se denomine solidaridad lo que realmente ha sido una nefasta gestión y despilfarro del dinero público, que ahora pretende solucionar asfixiando, más si cabe, a las débiles economías domésticas.

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19 septiembre 2009

Creer a Ciegas


El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer.
Mariano José de Larra

El ser humano es un animal cómodo. En cuanto tiene la ocasión se adapta a esa comodidad y a ese “buen vivir” y pronto deja los debates internos y su evolución personal. Le ocurre con los placeres físicos como con las verdades intelectuales.

Como ya bien dijo Darwin, la especie que sobrevive no es la más fuerte, sino la que mejor se adapta al cambio; y el ser humano tiene, en muchas ocasiones, la cabeza y la disposición prevista para el conservadurismo. ¿O cuántas personas se han cambiado de equipo de fútbol una vez ha aceptado que el suyo es el mejor, o por lo menos “suyo”, pese a que su presidente o cualquier miembro de club se manifieste en contra de uno mismo? (no en contra del directivo en cuestión, sino en contra nuestra). Pueden sucederse todas las barbaridades del mundo para con ese club, que nosotros seguiremos fieles a “nuestros colores”.

Y es que una vez que hemos creído encontrar una verdad que marque y fije nuestra realidad, nos cuesta horrores deshacerla, cambiarla o permutarla por otra. Es quizás por lo que durante tantos siglos la gente que nacía cristiana y creía en Dios no se hubiera planteado nunca que quizás ese Dios no exista, o que no sea como la Iglesia lo venda, o ambas cosas. Porque nos resulta mucho más cómodo creer una mentira que replantearnos toda una serie de axiomas.

Y en política, sobre todo en la española, es donde más claro se ve el panorama. Una disciplina, que se presupone intelectual, resulta al final ser más sentimental que el fútbol. En España hemos dejado de creer en las ideas, en los resultados de los Gobiernos, en la bondad o maldad de las leyes que promulgan para fijarnos únicamente en las siglas del partido en las que milita. Hemos hecho la política una cuestión de colores, de bandos, de equipos; donde el mío es el mejor y el tuyo el más detestable. Y aunque el “enemigo” tenga ideas magníficas, jamás seremos capaces de reconocerlas como tales.

Por eso, igual que por lo mismo que la gente seguía con devoción a la Iglesia pese a las atrocidades de la Inquisición, nosotros seguimos como borregos a los líderes de nuestros “colores”. Los hemos encasillado como buenos, y de ahí no hay quién los saque. Somos incapaces de analizar si son buenos o malos, sencillamente porque no queremos. No queremos cambiar de parecer, queremos seguir creyendo, aunque haya evidencias evidentes de lo contrario.

Nos gusta creer a ciegas; y precisamente ese es uno de los grandes males que pueden acontecerle a una democracia.

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13 septiembre 2009

¿Quiénes Somos?


Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos
Eduardo Galeano

Son escasos los momentos en la vida en que uno se encuentra contento y a gusto consigo mismo. Siempre tiene un “pero”, una falta o algún detalle por pulir, y rara vez se consigue estar al cien por cien satisfecho con uno mismo.

El dilema viene cuando, en esos momentos en los que uno no se encuentra a sí mismo o encuentra aspectos que no agradan, qué hacer. Existen dos posibilidades: la primera es resignarse y conformarse con lo que uno es, atribuyendo esto a los genes o al Destino; y la segunda es procurar cambiarse a sí mismo, mediante la voluntad.

La postura a tomar depende inevitablemente de la personalidad de cada uno. Supongo yo, como suele ocurrir en todas las posturas contrarias, que la verdad estará cerca al término medio: que tendrán parte de culpa los genes, y la otra parte será de la voluntad.

Esto nos llevaría a concluir que siempre hay algo de la personalidad de puede moldease a través de la voluntad; y otra que es innata y perenne en el ser humano. ¿Qué hacer entonces, usar la voluntad para moldear esa parte que podemos cambiar; o resignarnos con la otra, que por el contrario, siempre será así?

Las personalidades fuertes creerán que ellas son dueñas de sí mismas, y optarán por la primera opción; estando seguros de poder manejarse a sí mismos. Sin embargo, las personalidades débiles alegarán que el esfuerzo no servirá de nada, ya que cada uno es como ha nacido. O lo que es lo mismo, cada personalidad atenderá a una u otra opción según sea acorde precisamente a su personalidad.

Mucho me temo que todo este planteamiento no conduce sino a una paradoja, tal como la de cuál fue primero: el huevo o la gallina.

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09 septiembre 2009

Las Expectativas como Circunstancias


Yo soy yo y mi circunstancia.
José Ortega y Gasset

Muchas veces parece que las situaciones están resueltas ante siquiera de lidiar con ellas. Es lo que popularmente se ha llamado siempre vender la piel del oso antes de matarlo. Determinados trabajos, exámenes o problemas parecen ser triviales, pero cuando se encuentra uno bregando con ellos consiguen a veces sorprendernos.

Lo que le ha pasado a la selección española de baloncesto puede que quede dentro de los términos arriba descritos: se plantaron en el campeonato de Europa como los claros favoritos con una superioridad aplastante en la preparación y con un grupo que parecía más que asequible.

Y entonces llegaron estos dos días de sorpresas: el primero, la derrota contra Serbia, y anoche sufriendo de lo lindo para doblegar a una más que modesta Gran Bretaña.

He de reconocer que anoche me invadieron los nervios cuando en el último cuarto de partido España perdía por cuatro puntos. Era una situación surrealista. No porque España no consiguiera ganar, que ya se sabe que el deporte y muchos otros ámbitos de la vida son impredecibles, sino porque ya había asumido, y supongo que muchos más conmigo, que España iba a llegar allí a ganar de cuarenta puntos todos los partidos.

Si analizamos detenidamente, una selección nacional de baloncesto que pierda de nueve puntos de diferencia contra Serbia y después gane de ocho contra Gran Bretaña podría estar más que satisfecha. Lo que nos ha pasado a los españoles es que nos habíamos creado unas expectativas, y la realidad ha quedado bastante por debajo de éstas.

Si estos resultados hubieran sido hace diez años (con el equipo de hace diez años me refiero) no habría este sentimiento de frustración general que hay hoy.

Y es que las realidades no son simples hechos objetivos. Toda realidad lleva consigo una serie de expectativas así como una serie de contextos que las determinan verdaderamente. Así, no es lo mismo perder un partido (por seguir con el deporte) cuando se ha ido perdiendo durante todo el encuentro, que en el último minuto o segundo.

El “cómo” de las realidades es fundamental también. No todo puede entenderse con un “qué”. Por eso, y ahora hablando de las sociedades y los países, es necesario conocer la Historia. No es posible conocer una nación simplemente con lo que es ahora. Es necesario conocer las circunstancias que las rodean. Y sólo conociendo medianamente la Historia, conociendo el “cómo” (el cómo hemos llegado hasta aquí) podremos comprender a ciertos puebles.

Pero sucede de igual manera en el ámbito personal. Las personas también tienen una Historia y unas circunstancias que la configuran (como ya advertía Ortega y Gasset). Una persona no puede ser ajena a sus circunstancias, porque son éstas la que hacen que dicha persona sea como sea.

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05 septiembre 2009

Libertad de Expresión


La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír.
George Orwell

Siempre que queremos dar una opinión discordante con la mayoría apelamos a la libertad de expresión. Libertad que se presupone en cualquier estado democrático y asumimos como cierta, válida y vigente. Pero, ¿existe realmente la libertad de expresión?

Desde luego, en el hecho de que no haya encarcelamientos por la pronunciación de una frase, eslogan o idea, sí. Lo cual ya supone un gran avance, si repasamos la Historia. Lo que ocurre hoy en día es que ese encarcelamiento, ajusticiamiento o linchamiento se ha adaptado. Hoy en día, a quien difiere en lo ”estándar” se le excluye y margina.

No se trata de simplemente ignorar o refutar las ideas contrarias, se trata de eliminarlas, de ridiculizarlas, de derribarlas y de cohibirlas. Prácticamente se le acusa al promotor de delirante, de excéntrico o de conspirador. Y, desde mi ingenuo punto de vista, eso no es ninguna clase de libertad.

La libertad de expresión consistiría en una simple refutación o en un caluroso debate donde cada uno argumentara. Pero parece que las ideas contrarias nos molestan. Hemos llegado a un punto en el que no se trata de tener una idea, sino de imponerla; y todo aquel que se salga de ella ha de ser excluido.

Por ejemplo, hoy se publica en el diario El Mundo, en su especial por el aniversario de la II Guerra Mundial, una entrevista a un historiador que afirma, más o menos, que el Holocausto ha sido utilizado como propaganda y que Churchill estaba influido por los judíos; y que de no ser por él la guerra pudo acabarse hacia 1940. Pues ya ha habido declaraciones del ministro de Exteriores lamentando que El Mundo publique esta entrevista. Y digo yo, ¿dónde ha quedado la libertad de expresión? ¿Por qué molesta tanto que alguien exponga otra visión que no sea la “oficial”?

Cosa bien distinta sería que este señor afirmara que deberían seguir haciéndose esas atrocidades, y cosas por el estilo. Como toda libertad, la de expresión también tiene sus límites. Pero me temo que simplemente se limita a dar su opinión acerca de unos hechos. Nada más.

Dejo aquí unos extractos de las declaraciones en la entrevista del historiador:

"El asesinato de judíos no fue un crimen por ser judíos, sino por ser judíos inocentes"

"La clave es cuánto sabía Hitler... Himmler tenía cuidado de no decirle nada"

"Hasta la década de los setenta no se empezó a hablar del Holocausto"

"Churchill empujó al país a la guerra y destruyó el Imperio británico"

"El de Auschwitz fue un campo de prisioneros con una alta mortandad"

Me temo que esta situación que arriba describo así como otras tantas que a diario acontecen en innumerables temas (como el cambio climático, por ejemplo) están más cerca de la dictadura que de la libertad de expresión.

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04 septiembre 2009

Atletismo


El deporte no forja el carácter, lo pone de manifiesto.
Heywood Hale Broun

Tal vez porque desde la lejanía y la ignorancia todo es mucho más difuso, el atletismo para mí nunca había supuesto ningún atractivo salvando las competiciones veraniegas internacionales. Visto desde fuera (desde donde aun yo lo sigo viendo) el atletismo resulta monótono, sacrificado y ausente de emoción.

Todas estas observaciones desde luego son ciertas; pero ahora que uno va poco acercándose al mundillo de salir a correr (por imposición más que por vocación) va descubriendo diferentes características de este deporte que lo hacen un poco más atractivo.

En primer lugar es un deporte barato y fácil de prácticas en cualquier lado. Se puede, y casi siempre es así, practicar solo; lo cual exime de dependencia alguna con respecto a otras personas para practicarlo (como puede ser cualquier deporte de equipo). Pero más allá de las superficialidades, el atletismo es probablemente la mejor forma de plasmar la lucha contra uno mismo, de la evolución personal. El salir a correr es un continuo reto contra la distancia y contra el tiempo: más kilómetros en menos segundos.

Presupone, en quien lo practica, una fuerza de voluntad y una capacidad y ansia de superación. Es la lucha de uno mismo contra el tiempo.

Una vez introducido levemente en el mundillo comprende un poco más (o quiere comprender, al menos) la sensación que puede provocar el ganar un oro en unos Juegos Olímpicos o un mundial. Debe ser el culmen de la lucha, ya no sólo con uno mismo, sino con el resto de personas que también luchan contra sí mismos. Es ser el mejor. Es sin duda un sacrificio para el cual tal vez sea poco premio el preciado metal.

Es por el afán de superación y la percepción de evolución por lo que, desde mi punto de vista, el atletismo merece la pena. Y es que, como bien rezaba aquel anuncio, el espíritu olímpico está en todos nosotros.

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01 septiembre 2009

El Presente y el Futuro del Otoño


El otoño es un andante melancólico y gracioso que prepara admirablemente el solemne adagio del invierno.
George Sand

Vuelve una vez más septiembre. Para unos pocos, septiembre supone el último mes del año; para otros, el comienzo. Un mes triste, nostálgico del verano. Los días cada vez más cortos. Las rutinas y lo cotidiano acuden de nuevo a nuestras vidas. Cada vez más frío, cada vez más oscuros.

Es curioso que siendo la primavera y el otoño estaciones “paralelas” (ambas son de entre-tiempo, las temperaturas y los días suelen ser similares) sean tan diferentes. El motivo, me temo, es porque cada una de ellas tiene tendencia totalmente opuesta: el otoño tiende al invierno y la primavera al verano, estaciones antagónicas entre sí.

Y es que el presente no sólo contempla el hoy como hoy. El presente (en el contexto de presente, pasado y futuro) contempla una parte del futuro. Se trata tanto del momento actual en el que estamos, el “donde estamos”, como el “hacia dónde vamos”. Cuando hablamos de presente también llevamos implícitos el hacia dónde nos dirigimos, la parte de futuro que desearíamos para nosotros. Durante el presente, estamos labrando parte del futuro.

Realmente no somos dueños del presente: somos dueños del futuro más inmediato. Es lo que realmente construimos, lo que realmente nos preocupa, por lo que realmente vivimos. Por mucho que queramos detenernos en el momento actual, ese momento sólo es una leve pausa para pronto seguir caminando hacia ese futuro cercano que es el que pretendemos alcanzar.

Todo aquel que no tiene miras en su vida, siente un vacío. La completitud llega cuando pretendemos alcanzar una meta, cuando vemos una meta, cuando tenemos un objetivo. La ilusión y el esfuerzo por concretar ese objetivo es el que nos mantiene con vida.

Es probable que sea por eso por lo que el otoño siempre se nos antoja más triste que la primavera, porque está avocado irremediablemente al invierno.

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19 agosto 2009

La Juventud según Ortega y Gasset


Aunque parezca mentira, ha llegado a hacerse de la juventud un chantaje
José Ortega y Gasset

Cuando leo a Ortega y Gasset no puedo sentir una mezcla entre miedo y decepción. Descubro en sus hojas cómo la sociedad sigue comportándose de igual forma que hace ochenta años, lo que me lleva a plantearme si es que el hombre es y será así eternamente, o es que en este largo período de tiempo hemos sido incapaces, a pesar de los grandes avances de la técnica y la tecnología, de evolucionar en los aspectos éticos y humanos.

Dejo a continuación un extracto del libro “La Rebelión de las Masas”:

Esta esquividad para toda obligación explica, en parte, el fenómeno, entre ridículo y escandaloso, de que se haya hecho en nuestros días una plataforma de la “juventud” como tal. Quizás no ofrezca nuestro tiempo rasgo más grotesco. Las gentes, cómicamente, se declaran “jóvenes” porque han oído que el joven tiene más derechos que obligaciones, ya que puede demorar el cumplimiento de éstas hasta las caldenas griegas de la madurez. Siempre el joven, como tal, se ha considerado de “hacer” o “haber hecho” ya hazañas. Siempre ha vivido de crédito. Esto se halla en la naturaleza de lo humano. Era como un falso derecho, entre irónico y tierno, que los no jóvenes concedían a los mozos. Pero es estupefaciente que ahora lo tomen éstos como un derecho efectivo, precisamente para atribuirse todos los demás que pertenecen sólo a quién haya hecho algo.

Aunque parezca mentira, ha llegado a hacerse de la juventud un chantaje. En realidad, vivimos un tiempo de chantaje universal que toma dos formas de mohín complementario: hay el chantaje de la violencia y el chantaje del humorismo. Con uno o con otro se aspira siempre a lo mismo: que el inferior, que el hombre vulgar, pueda sentirse eximida de toda superditación.

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17 agosto 2009

Cerrado por Vacaciones


Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas.
Elbert Hubbard

Cierto es, y hasta la Constitución Española lo recoge, que toda persona tiene derecho a unas vacaciones. Cierto es, igualmente, que las vacaciones que yo me he permitido para con este blog han sido excesivas; pero poco se puede hacer ya a estas alturas salvo volver a retomarlo y dejar este par de meses en blanco como parte de mi merecido descanso (ya no sólo por cuestiones blogueras).

Lo cierto es que mucho me temo que mi verano aún no ha acabado (por primera vez desde que hiciera la Selectividad); así que es de esperar que la re-apertura del blog tarde un poco todavía. Puede que esta fecha sea el primer día del mes de septiembre u octubre.

Mientras tanto es posible que alguna entrada suelta se me escape por el blog para narrar o bien inquietudes puntuales o bien reflexiones acerca de los diferentes viajes que he tenido por suerte haber realizado.

No obstante, gracias a todos por la paciencia y la fidelidad. Disfrutad de las vacaciones.

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