30 septiembre 2007

Promesas a uno mismo


Las muchas promesas disminuyen la confianza.
Quinto Horacio Flaco


No nos cansamos nunca de proferir promesas y palabras que adquieren un compromiso futuro acerca de realizar alguna acción, actuar de cierta manera, o de todo lo contrario: de no hacer y de no volver actuar.


Constantemente estamos proponiendo cambios en nuestra actitud y comportamiento. Cambios, algunos más radicales, otros menos; pero siempre cambios que lleven cierta trascendencia en nuestras vidas.

Normalmente, cuando anunciamos algo en público, hacemos lo que haya que hacer por cumplirlo. Si prometemos a alguien, o en general, algo; nuestro orgullo nos otorga las fuerzas necesarias y paga el precio que esté estipulado parra vencer esa promesa con éxito.

El problema lo encontramos en las promesas que nos hacemos a nosotros mismos, en las que no hay testigos ni orgullo posible. Solemos mentirnos a nosotros mismos constantemente, sin miedo a reproches o represalias; porque nuestro amor propio siempre es menor que nuestra condescendencia hacia nosotros mismos; y no nos importa mentirnos y fallarnos una infinidad de veces.

Ocurre también que olvidamos las promesas que nos hemos hecho. A veces es porque nos interesa olvidarlas, otras por puro desinterés. Lo cierto es que no somos serios con nosotros mismos, no somos tan estrictos como con los demás, y el orgullo y la soberbia es uno de los grandes motivos por el cual realizamos o dejamos de realizar las cosas.

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29 septiembre 2007

Reproches


Amar puede consistir en las palabras que hacen sangre, en el reproche, en la represión; lo que importa es la pureza de la intención
Giovanni Papini

No siempre estamos conformes con lo que nos toca vivir, lo que nos ha deparado el destino, Dios, o quién quiera que sea; o con lo que los demás escogen para nosotros. Es más, difícilmente estamos conformes con todo eso.

Es innato al hombre ese síntoma de rebeldía que lo hace quejarse de todo y todos, aunque no llegue a ser del todo nocivo, e incluso pueda ser beneficioso. No obstante, y como resultado de la soberbia humana, siempre andaremos conformes con lo que uno ha elegido para sí mismo, ya haya sido el error más grande que jamás haya cometido. Sólo cabrá el arrepentimiento si encontramos un ambiente acorde para ello, donde extrañamente, ese arrepentimiento sigue siendo una continuación de la soberbia.

En esos momentos en los que todo nos viene mal solemos tomar dos determinaciones, antagónicas entre sí o callamos, o reprochamos absolutamente todo.

Un reproche es la reclamación de algo que molestó, ofendió o sentó mal. Lleva implícita una especie de recriminación, una especie de exigencia de cartel de víctima o de reconocimiento del daño sufrido. Siempre pretende llamar la atención del interlocutor, dar a conocer un malestar por algo pasado, dar a entender que cierto comportamiento o discurso no fue del todo acertado o correcto.

El reproche lleva siempre una necesidad de reclamar atención, de mostrar al mundo nuestra existencia, dolor o malestar. Toda acción del ser humano lleva implícita una búsqueda de reconocimiento. Incluso cuando hacemos algo para ayudar a una persona, nos ofendemos si no se nos da las gracias. La soberbia del ser humano no alcanza límite.

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26 septiembre 2007

El Precio de la Confianza


Lo que me entristece no es que me hayas mentido, sino que ya nunca más podré confiar en ti.
Friedrich Wilhelm Nietzsche

Vivimos en una cultura donde se trata a la mentira como un valor negativo y detestable. No obstante, la mentira cotidiana está presenten nuestras vidas como el sol cada mañana, y es casi tan esencial en esta sociedad como el aire que respiramos.

Los medios de comunicación cuentan lo que les da la gana contar, a veces más verdad, y a veces más mentira; pero siempre sin escrúpulo alguno. Ni que decir tiene que los gobiernos y la historia siempre sesgan, cuentan lo que les da la gana, para luego disimular fenomenalmente y dejarnos tranquilos a unos ciudadanos conformistas y crédulos.

¿Pero qué es realmente lo que nos ofende de las mentiras? Será que la confianza y la fe las vendemos demasiado caras, y el ver como la pisotean es algo doloroso e incómodo. Depositar la confianza en las personas es un gesto voluntarioso y costoso; no siempre fácil de realizar.

Por norma general tendemos a restar importancia a las mentiras. El hecho de que la vida sea un continuo desengaño tras otro, convierte a las mentiras en algo normal y rutinario; así por ejemplo, cuando un gobierno miente descaradamente al pueblo, éste tiende a olvidar rápido, porque jamás había confiado plenamente en él, y por tanto, dicha mentira no ha supuesto ningún descalabro.

Pero no pasa siempre así. Sobre todo con las personas cercanas, con las personas que creemos diferentes, que creemos fuera del círculo mentiroso de la sociedad. Personas a las que creemos conocer y en las que depositamos un ápice de nuestra alma otorgándoles la tan cara confianza. Cuando una persona en la que confiamos nos miente (hablo por supuesto de mentiras trascendentes), la relación con esa persona jamás vuelve a ser igual, y aunque no queramos, se expande al resto de relaciones; ya que cada vez, la confianza se cobra más cara.

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24 septiembre 2007

Rostros


Con veinte años todos tienen el rostro que Dios les ha dado; con cuarenta el rostro que les ha dado la vida y con sesenta el que se merecen.
Albert Schweitzer

No es la primera vez que toco este tema. Es más, casi siempre toco los mismos temas pero desde un punto de vista diferente, o enfocándolos desde un ángulo inusual; pero en esencia, este blog siempre ha tratado de lo mismo, de las mismas cuestiones existenciales de siempre, de los mismos porqués y de las mismas respuestas.


Solemos catalogar a las personas desde la primera vez que establecemos contactos con ellas. Nadie se para a pensar sobre si su juicio es acertado o difiera considerablemente de la realidad: simplemente juzga. Lo que quiero abordar hoy es el por qué juzgamos de esa manera, por qué nos cae bien quién nos cae bien y por qué nos cae mal quien nos cae mal.

Sin duda yo no tengo la panacea, ni la respuesta universal; pero si una modesta opinión que me gustaría compartir con quienes se molesten en leerla.

Platón decía que el rostro es el espejo del alma. Realmente yo no puedo saber si esa frase es acertada o errónea; pero si me atrevería a decir que las personas obtenemos información de la cara. Es corriente y frecuente escuchar frases del tipo “tiene cara de…”. Y es que los seres humanos catalogamos a las personas según lo que su rostro nos inspire.

Igual pasa con los gustos. Una persona nos gusta o no según lo que su rostro nos inspire, según lo que imaginemos de esas persona a partir de su cara. Y no es que sea falso que la conducta se vea reflejada en el rostro, pero tampoco llega a ser cierto del todo.

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22 septiembre 2007

Libertad de Expresión


La libertad es el derecho a hacer lo que las leyes permiten.
Monstesquieu

La tendencia moderna, progresista y pseudo-democrática tiendo a confundir un término tan esencial en un régimen democrático como es el de libertad de expresión.


Recientemente hemos podido presenciar como radicales independentistas catalanes quemen una foto del Jefe del Estado ante la pasmosa expectación de la policía autonómica catalana. El sujeto que cometió el delito alega libertad de expresión para justificar su acto.

Hemos sobrepasado con creces la libertad de expresión. La libertad de expresión, como bien he citado anteriormente, es un elemento, no único, de una democracia. Otro elemento mucho más importante en una democracia que la libertad de expresión, ya que éste es condición necesaria para dicha libertad, es la ley.

La ley en una democracia debe estar por encima. A usted, amigo, se le permite ser republicano en una monarquía (mire cuanto hemos avanzado) y proclamarse como tal. Lo que usted no puede es atentar contra los símbolos del Estado, ya que así queda estipulado en la ley, que es la que garantiza su libertad de expresión. Si todo tuviéramos derecho a todo agarrándonos a una falsa libertad de expresión como la suya, entonces esto sería una anarquía y no una democracia.

El problema de este país no es otro del complejo histórico del estado español. El gobierno está completamente acomplejado a usar los símbolos nacionales y a hacer respetar estos símbolos de unión y utilizarlos como tales por ciertas comparaciones históricas. Y el problema se acentúa cuando la oposición se olvida del Estado y aprovecha cualquier incidencia para promover electoralismo.

Por otro lado, o quizás por el mismo, está ERC, que promueve una ley donde se permita quemar banderas españolas sin coste penal alguno. Resulta curioso que un partido que vive del Estado fomente leyes que vayan contra este. Si España fuera un país serio y sin complejos, este partido podría haber sido cerrado y penado por traición; por ir en contra de lo que supone que defiende.

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19 septiembre 2007

Teoría de Errores


Experiencia es el nombre que damos a nuestros errores
Oscar Wilde

Todos los días hacemos una infinidad de cosas. Estas cosas, en las que se incluyen en el conjunto decir algo, pueden estar bien o mal. Por norma general, uno hace las cosas siguiendo un criterio, el criterio del bien, procurando el mayor beneficio posible al máximo de personas posibles.

En otras ocasiones sucumbimos al egoísmo y realizamos o comentamos buscando un bien a costa de provocar el mal, o simplemente ignorando el efecto que pueda provocar en otras personas.

Pero ¿Quién dice lo que está bien y lo que está mal? Supongo que nosotros mismos somos lo que nos proporcionamos una respuesta sobre lo que está bien y lo que está mal. Nuestra ética nos proporciona dicha información.

Muchísimas ocasiones ocurre que no somos conscientes de que provocamos mal en alguien,; pero suele coincidir que caemos en la cuenta cuando ya es tarde, cuando ya no hay un arreglo claro o cuando el daño está hecho. Siempre es mejor prevenir que reparar, y con el daño sucede lo mismo.

El problema de los errores llega cuando no actualizamos nuestra ética o nuestra conducta, cuando no aprendemos. Tenemos derecho a equivocarnos; y otorgamos ese derecho a quien se equivoca porque sabemos que nosotros mismos nos vamos a equivocar. Y los errores están para eso, para aprender, para poco a poco conseguir optimizar el bien que producimos, para darnos cuenta de que la perfección que lejos de todo y de todos.

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17 septiembre 2007

Derrotas Sorpresivas


La irregularidad, es decir, lo inesperado, la sorpresa o el estupor son elementos esenciales y característicos de la belleza.
Charles Budelaire

En primer lugar querría aclarar que la ausencia de entradas en los últimos días es debido a mi concentración para los exámenes. Apenas piso mi casa, y mucho menos, enciendo el ordenador; así que es por eso por lo que no tengo tiempo casi ni para pensar, como para plasmar por escrito lo que acontece en mi mente.


Día amargo el de hoy para los seguidores del baloncesto, los seguidores de España, y para seguidores de ambos movimientos a la vez. España dice adiós al oro después de haber estado cuarenta minutos acariciándolo. Pero las cosas no son como empiezan, sino como acaban.

La emoción, que muchos requerían a los partidos de España ha estado presente. Casi al borde del infarto; pero la mala fortuna, la escasa concentración, el cansancio acumulado, la confianza y otros factores, no han hecho posible que el preciado metal se quede en España.

La derrota suele ser dolorosa. Pero la derrota tras rozar la victoria es realmente terrible. Si el partido se hubiera perdido de veinte, desde el descanso, y hubiera estado exento de emoción alguna, el sufrimiento o decepción no hubieran sido tanto.

Pero es la sorpresa, lo inesperado, lo que intensifica las emociones. Es la espontaneidad la que dar poder y valor a los acontecimientos, la que desajusta los esquemas, la que desestabiliza. Son la sorpresa y lo inesperado los que nos hacen sentir vivos.

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11 septiembre 2007

Ambiente de Estudio


El arte del descanso es una parte del arte de trabajar.
John Ernst Steinbeck

Septiembre es un mes de exámenes para quién no lo ha hecho lo suficiente durante el curso. Ya no sé si es un consuelo para los universitarios que nos vemos obligados a completar los cursos en septiembre, o es realmente así, pero el curso acaba en septiembre.

Como en toda preparación de exámenes se requiere una cierta concentración, y un ambiente determinado que acompañen al estado del espíritu. Pero, ¿en qué consiste, o debe consistir, realmente este espíritu?

En un estado ideal este espíritu y este ambiente podría consistir en estudiar durante día y noche sin descanso ni fin, enriqueciendo el alma de sabiduría, dejando aparcado el ocio prácticamente en su totalidad y tener como única ocupación el subrayado, la síntesis y la memorización.

Pero la realidad se aleja bastante de dicho ideal. La realidad es que la mente humana tiene sus limitaciones, y después de determinadas horas sentados delante de un libro (cada persona tiene sus topes) el cerebro deja de rendir. Quizás por eso, el tiempo, pequeño pero tiempo, de ocio durante la época de estudio pueda ser el más importante.

En estos tiempos de ocio la mente debe quedar totalmente despajada e intacta para poder retomar la ardua tarea del estudio. Tan importante para el estudio es estar concentrado cuando uno está estudiando, como tener la mente despejada y vacía cuando uno está descansando. Tan importante es el esfuerzo como el descanso.

Aunque como ya se sabe, cada persona es un mundo; y cada persona se siente segura con unos determinados hábitos y costumbres. A veces deberíamos abrir la mente e intentar probar otros caminos y aprender de los demás.

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07 septiembre 2007


La llave del éxito es el conocimiento del valor de las cosas.
John Boyle O'Reilly

Es una obligada distinción el precio y el valor. No siempre se corresponden lo uno con lo otro. La principal diferencia es que el precio es un “valor” objetivo que oscila gracias a la oferta y la demanda; y el valor es completamente subjetivo, donde entran sentimientos.

Los sentimientos que pueden incrementar el valor de algo pueden ser variados: esfuerzo, procedencia, deseo, significado, etc. Puede llegar a ser caótico intentar comprender por qué alguien estima y venera tanto determinados objetos. Es complicado imaginar sentimientos, y más si son novedosos. Porque cuando uno ha experimentado cierta sensación es más fácil sentir empatía hacia esa persona.

Pero no siempre uno sabe valorar lo que posee. Uno no valora a diario que coma al menos dos veces al día, que duerma bajo un techo y en una cama, que pueda ducharse, que tenga un armario repleto de vestimentas y calzados y que su higiene sea notable o sobresaliente.

No sabemos valorar las cosas de todos los días. No obstante, si algún día nos faltaran algunas de estas cosas, mucho las echaríamos de menos. Y sería entonces cuando comprenderíamos su verdadero valor.

Y es que así sucede con la mayoría de las cosas, y sobe todo con las que aceptamos como normales: no sabemos valorarlas hasta que las hemos perdido. Y para que sea una valoración completa, esa pérdida ha de ser irrevocable.

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04 septiembre 2007

Tener Fe


Quien pierde su fe no puede perder más.
Publio Siro

Hay una notable diferencia entre creer y saber. Lo primero, son simples conjeturas, probabilidades acerca de hechos o acontecimientos concretos, de la que guardamos cierta incertidumbre. De lo segundo sin embargo, no albergamos dudas, tenemos la certeza de que algo es verdadero o falso; pero en ningún caso consentimos una duda.

Ocurre a veces que tenemos la certeza de algo, que hablamos con seguridad acerca de ciertas cosas, y en un momento concreto, se nos demuestran al revés de cómo las creíamos. Cuando esto sucede, y dependiendo por supuesto de la importancia que le otorguemos, el mundo se nos cambia, se transforma de repente, y a veces llegamos a creer que estamos viviendo otra vida.

Quizás el hecho de no “saber” nada y “creer” todo sea un mecanismo defensivo ante los cambios bruscos del mundo y de la vida en general. Lo que también es cierto, es que para poder llegar a saber algo, hay que previamente dudarlo. Si omitimos esta duda, no podremos pasar jamás de una creencia, ya que hemos sido incapaces de comprobarlo por nosotros mismos, incapaces por ende de saber.

Pero no todo es demostrable en la vida, ni de todo podemos tener una certeza clara y distinta. La mayoría de las cosas son sólo creíbles. Y ante esas cosas, como es lógico, sólo podemos creer.

Muchas de estas cosas que únicamente son creíbles son necesarias para una estabilidad emocional. Para dicha estabilidad, es necesaria una seguridad, tanto en nosotros mismos como en el resto del mundo, pero para quién duda constantemente de todo, resulta verdaderamente tedioso limitarse a una creencia, cuando casi todo su conocimiento se debe al saber.

Creer en algo que no puede demostrarse se denomina tener fe. Tener fe es algo realmente de conseguir, sobre todo cuando las dudas o el malestar agitan. Tener fe en Dios por ejemplo cuando la vida trata a uno bien, no es complicado. El verdadero reto es creer en Dios cuando sentimos que nos ha abandonado. Ese es el milagro de la fe, la creencia en algo cuando únicamente se encuentran augurios de lo contrario.

Tener fe en algo o alguien es realmente un acto de valentía, un acto que merece un reconocimiento. Creer en que algo es blanco, cuando uno ve, o cree ver, con sus ojos que es negro; supone un acto de confianza ciega bastante serio, y la confianza es algo que se cotiza muy caro.

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02 septiembre 2007

Vivir y Sobrevivir


La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir.
Gabriel García Márquez

Aunque una palabra contenga a la otra, sobrevivir y vivir tienen connotaciones bastante diferentes. Y aunque la primera sea positivo en un momento concreto, se vuelve negativa cuando comienza a ser una constante, y se antepone constantemente a la segunda.

Sobrevivir es lo que hace la persona cuando salva la vida ante un peligro inminente, cuando consigue mantenerse con vida, cuando, a pesar de todo vive. Vivir sin embargo es saborear la vida, disfrutar de ella.

Vivir no necesariamente implica ser feliz, pero sí ser parte activa en la vida de cada uno. Vivir implica saborear cada comida sintiendo cierto placer, respirar aire y sonreír, caminar haciendo camino, sacarle el juego a cada instante que la vida nos proporciona. Aprender de cada momento, y sentir cada minuto como si fuera el último.

La supervivencia no obstante es bien distinta. No es caminar, es vagar. Es comer porque el organismo lo necesita, no porque sintamos devoción hacia la comida; duermes, ríes y hablas, porque tiene que ser así, no porque sintamos el deseo de nada. La supervivencia prolongada mata el deseo de todo. Y en vez de disfrutar con cada minuto que pasa, lamentamos que ese minuto ya pasado no haya sido el último.

Todos tenemos ciertas épocas en las que nos limitamos a sobrevivir, ya sea por miedo a la muerte, por rutina, por amor a las personas que nos rodean; pero en ningún caso es por nosotros mismos. También solemos hacerlo por ese rayo de esperanza, esperanza que muchas veces no sabemos de dónde asoma.

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31 agosto 2007

Opuestos


Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias.
Miguel de Cervantes

Aunque yo aún esté en los albores de ella, la vida es larga, y en ella hay tiempo y espacio para todo. Y en ese espacio y tiempo todo, y absolutamente todo, lo que nos suceda será parte importante para el resto de nuestra vida. Cada momento es trascendente.

Debemos ser concientes de que en la vida debe ocurrir de todo: desde momentos alegres a triste, de alegrías a penas, de fortuna a mala suerte, de calor a frío, de abundancia a escasez. Y todos y cada uno de esos momentos son necesarios.

¿Cuál es la mejor forma de valorar la felicidad y la alegría? Habiendo sentido pesar y tristeza recientemente. Y así sucede con todo en la vida; para poder experimentar algo con completitud, hay que haber vivido lo contrario. La luz sólo se valora cuándo se conoce la oscuridad, al igual que sucede con el silencio y el ruido.

Por eso mismo, las etapas de la vida que nos sumen en la tristeza, melancolía y pesar, son igualmente necesarias que las felices y alegres. Todos y cada uno de nuestros días sumados y combinados tiene como resultado nuestra persona, única e irrepetible, porque cada uno tiene unas vivencias distintas, y cada uno las soporta y las entiende de diversa forma.

Así que, incluso en la tristeza, hay que estar alegres de estar tristes, porque con la tristeza vamos trazando el sendero de nuestra vida.

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29 agosto 2007

Conversaciones


El silencio es un gran arte para la conversación.
William Hazlitt

La comunicación verbal es el medio de la comunicación cotidiana y diaria por antonomasia. Todo ser humano, tras la innata expresión corporal, aprender primero a comunicarse a través de la palabra; y es ya luego cuando aprende a modelar dicha comunicación sobre un papel.

La conversación es por tanto es elemento básico de comunicación de las personas. El día a día están plagados de múltiples conversaciones. Las conversaciones y los diálogos son parte también del conocimiento, aprendemos hablando, intercambiando ideas, recibiendo explicaciones y ordenando pensamientos.

Pero no podemos reducir la conversación al flujo de palabras y frases, al uso exclusivo del lenguaje verbal y hablado. Una conversación es más profunda que texto, es más compleja y llena de entresijos. Los rostros durante una conversación, la gesticulación, la modulación de las frases…

Una persona completa debe saber mantener una conversación. Las conversaciones son partes estrictas de la vida, de las que no podemos huir y de las que nos queda únicamente que aprender a tratarlas. Muchos momentos trascendentes en la vida se reducen a conversaciones. Y es en las conversaciones trascendentes dónde uno ha de saber medir las palabras, formular preguntas, dosificar respuestas y acotar silencios. Contener un interrogante u omitir una respuesta pueden resultar fundamentales en el diálogo; y para poder medir la oportunidad o no de cada frase uno ha de haberse retraído de emociones y sensaciones

Pero para poder ejecutar una conversación correctamente ha de ser uno amo de sus emociones, saber canalizarlas a la perfección, y saber reprimirlas en momentos concretos. Uno ha de leer del otro interlocutor las miradas, gestos y reacciones ante frases inesperadas o preguntas insólitas. Los ojos dicen muchas veces más que las palabras. Para conversar correctamente uno ha de estar seguro de sí mismo, confiar ciegamente en lo que se dice, creer en lo que se dice, y poder justificar cada sentencia de maneras diferentes. Debe uno también moderar sus tonos, recurrir al humor y la ironía y mostrarse receptivo o enérgico según la situación lo requiera.

La retórica y la dialéctica son ciencias complicadas, de las que uno puede leer, estudiar o intentar aprender de manera teórica; pero la experiencia, la práctica y la observación son las que hacen realmente posible su dominio.

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28 agosto 2007

Premio


Al bien hacer jamás le falta premio.
Miguel de Cervantes

Hoy vengo con una buena noticia para el blog: ha sido premiado con el “Thinking Blogger Award”, Premio de los Blogueros Pensantes más o menos. Dicho galardón se lo debo a Pakithor, blogger de “La Elegancia Pérdida”.


El premio consiste a su vez en premiar a otros cinco blogs que te hacen pensar, o que consideras interesantes y/o dignos de mención. Los cinco son Carpe Diem, La Vida es Sueño, El blog de Myke, Pensamiento de una existencia, Dreams´s Catcher.

Para estos cindo premiados, permanezcan válidas las bases del concurso:

1.- Sí, y solo si, alguien te da el premio escribe un post con los 5 blogs que te hacen pensar.

2.- Enlaza el post original para que la gente pueda encontrar el origen del premio.

3.- Opcional, enseña el botón del premio enlazando el post que has escrito dando tu premio.

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27 agosto 2007

Prejuicios y Post-juicios


El norteamericano blanco relega al negro a la condición de limpiabotas y deduce de ello que sólo sirve para limpiar botas.
George Bernard Shaw

A pesar de que nos hayan educado en contra, y continuamente se nos recuerde que está mal, los juicios hacia las personas, situaciones y acciones son inevitables. Hoy en día además, el juzgar a la gente, y lapidarla sin más base que una opinión está muy de moda en las televisiones españolas.

El hecho de no crear un juicio acerca de una persona, situación o evento únicamente denotaría una notable indiferencia. Es inevitable emitir juicios en nuestros fueros internos acerca de lo que nos sucede. Al igual que es inevitable rectificarlos conforme se van sucediendo conversaciones, o van avanzando los hechos.

El problema no el juicio inicial. El problema es el prejuicio. El dar una opinión antes si quiera de haber visto jamás a una persona; o el hecho de negarse uno a comer un plato del que únicamente conocemos su nombre o su aspecto; cuando en la gastronomía lo que prima, o debería primar, es el sabor.

Igual pasa con las personas. Tendemos a clasificarlas antes de conocerlas, antes si quiera de una conversación. Juzgamos su interior basándonos únicamente en su exterior; y no digo que el cuerpo y el alma vayan de la mano, pero sí que debemos a esperar a que nos sea confirmado, que esperemos a ver y comprobar que esa persona es como pensábamos, o por el contrario, esperemos a que nos demuestre lo contrario. Otorguemos el beneficio de la duda.

Sucede a veces también que creemos conocer a alguien, que llevamos mucho tiempo conviviendo con una persona; y llega un día, y ésta nos sorprende con un hecho o frase; y nos descoloca por completo. Y es que tendemos a simplificar a las personas, a hacerlas inferiores, a subestimarlas. Creemos que las personas no son capaces de ciertas cosas; cuando, como bien dijo Wilde, todo el mundo lleva el cielo y el infierno dentro. Todo el mundo es capaz de todo, y ante ciertas circunstancias, uno es más capaz aún. Pero el hecho de simplificar a las personas, nos da seguridad; nos da esa confianza hacia alguien, esa especie de superioridad y tranquilidad. También nos pasa con nosotros. A veces nos sorprendemos antes ciertas decisiones o sentimientos; ante ciertas reacciones e impresiones.

Y es que creemos conocer a mucha gente cuando realmente no nos conocemos ni a nosotros mismos.

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26 agosto 2007

Comportamiento Humano


El comportamiento es un espejo en el que cada uno muestra su imagen
Johann Wolfgang Goethe

El comportamiento humano es uno de los temas que más me fascinan. No estoy seguro si su encanto reside en su misterio o a la innegable relación y efecto que el conocimiento de dicha materia pueda afectar a mi vida en la forma de actuar ante las distintas encrucijadas del camino.

Lo que si creo es que el género humano tiene un patrón general y básico, unido a la especie; y que luego, aparte, tiene muchas modificaciones culturales, genéticas, educacionales o de cualquier otra índole que hacen de cada individuo un ser único, misterioso e impredecible.

El miedo o la ambición son características innatas al ser humano, y únicamente una educación o la dedicación de una vida a sentir rechazo hacia ambas hacen que un individuo no se sienta desbordado por ellas. Por tanto, por norma general, el hombre es ambicioso, y el miedo es uno de los impulsos vitales más palpables en él, de donde sale probablemente el mayor instinto de supervivencia y desde donde actúa de forma más irracional.

La diferencia entre los seres humanos entonces reside en la distinta educación vital que haya recibido, cómo uno ha aprendido o le han enseñado a medir y controlar los impulsos, a disimular, a ser cortés, a mentir y a todo lo demás. Uno va aprendiendo poco a poco en su vida acerca de cómo ha de actuar, cómo obtiene más beneficio de la vida. Y entonces cada persona comienza a ser un mundo distinto, por las múltiples combinaciones de posibles actitudes ante los múltiples sucesos de la vida.

Hablamos de la inocencia de un niño cuando su pensamiento se corresponde con sus actos, cuando su cara refleja exactamente sus sentimientos, su actitud o su parecer ante las cosas. Cuando vamos creciendo, vamos aprendiendo a llevar una cosa por dentro y mostrar al mundo otras. Y a veces se corresponde, y a veces no.

Aun así, el género humano sigue siendo predecible, en el sentido en el que las conductas ante cosas concretas se asemejan entre las personas. Tal vez porque aprendamos de otras personas a reaccionar; o tal vez porque la condición humana nos haga parecidos entre nosotros a todos. Quizás ante cosas concretas o detalles somos muy diferentes, pero ante los grandes problemas del hombre todos actuamos igual, o por lo menos, somos fácilmente clasificables en grandes grupos. Siempre habrá excepción que confirme la regla.

Es un bonito estudio ese de los porqués del ser humano. Siempre misterioso, difícil de explicar y razonaren ciertas ocasiones; pero nunca imposible. Cuando uno ha tratado en su vida con muchas personas se le hace más fácil la clasificación de los individuos y el comprender reacciones ante situaciones.

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24 agosto 2007

Heridas, Costras y Cicatrices


Hay dolores que matan: pero los hay más crueles, los que nos dejan la vida sin permitirnos jamás gozar de ella.
Antonie L. Apollinarie Fée

No dejo de recordarme que la felicidad es un trayecto, y no un destino. Lo hago porque a veces parece que paso la vida entera esperando algo, en vez de salir cada día a disfrutar del sol y del viento.


Pienso a veces también que tengo una filosofía errónea de la vida, que para tantas vueltas que le doy a todo, para tanto mareo de neuronas al que me someto, no sé vivir, no sé hacer las cosas acordes con la teoría.

Pasa a veces que cuando uno tiene una preocupación más grande de la cuenta, es incapaz de prestarle la suficiente atención a otros menesteres, y por tanto, deja de ser feliz; y por tanto, se olvida de que la felicidad se haya en cada día, en cada momento que se va y que es indudablemente irrepetible.

Hay épocas en la vida de alegrías, asimismo las están de tristezas. Las tristezas, las heridas y el dolor no siempre sanan bien; y aunque a veces nos creamos sanados, siempre queda una cicatriz donde una vez quedó la herida, y esa nos acompañará el resto de la vida. Pero antes de cicatrizar por completo, las heridas producen una costra, que indica la correcta recuperación. Pero esas costras no son definitivas: mientras haya costra, la herida no está completamente arreglada, y son frágiles, y con poco daño que se haga uno en la costra, se caen enteras, y vuelve la herida a aflorar como al principio.

Y eso pasa a veces, que durante la recuperación de una herida uno se vuelve a golpear, y la costra se cae, y vuelve uno a como estaba. Sólo la correcta curación de una herida puede hacer que no aparezca la posterior cicatriz, o que este sea mucho más insignificante.

Lo curioso es que las heridas del corazón también siguen este proceso.

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23 agosto 2007

Importancia Vital


Si me mezclo en la vida, exagero su importancia; y si me alejo de ella, exagero su insignificancia.

Jean Lucien Arréat


Debidos a problemas técnicos con el ordenador, he pasado mucho tiempo sin escribir en el blog. Y la casualidad ha querido que durante este tiempo que he pasado sin poder escribir, haya querido escribir prácticamente todos los días.

Han pasado muchas cosas esta semana que he permanecido ausente. Más que muchas cosas, han pasado pocas pero intensas, con una intensidad excesiva, tan excesiva, que parecía que los días se dilataban, el tiempo nunca pasaba, y el mañana se alejaba cada más de manos de lo que yo había considerado mi futuro.

Todo lo que nos sucede en la vida sirve únicamente para aprender. Tanto el sufrimiento como la alegría (aunque somos mucho más consciente sumergidos en pesares) sirven única y exclusivamente para aprender; para aprender a reaccionar ante situaciones parecidas y con algo que ver en el futuro.

Todas las etapas de la vida son necesarias. Cada una tiene su porqué, y aunque a veces hubiéramos deseado no haber pasado ciertas cosas alguna vez, la verdad es que son esas cosas las que nos hacen ser como somos, las que nos templan más, nos hacen más racionales y las que nos permiten ajustar el valor y las prioridades a los acontecimientos de la vida.

Esta semana he aprendido que nada es importante. Nada. Porque todo tiene solución. Y aunque a veces creamos que no podemos soportar la solución o la determinación a la que nos condena la vida; existe solución. Y todo es como nosotros queramos que sea. Todo lo controlamos nosotros. Nuestra mente controla todo. La importancia y la trascendencia de las cosas se las otorgamos nosotros mismos; y es por eso que cada uno sufre por unas u otras cosas, o se alegras por diferentes y diversas. Si nosotros queremos que algo signifique nada, nada significará.

Pero sucede también que la esencia de la vida es darle e importancia a las cosas. Sentir que algo es necesario, que necesitamos de algo, para no sentirnos vacíos. Necesitamos un porqué. Pasamos una vida entera buscando un porqué; y cada cual lo encuentra en muy diversas situaciones, personas u objetos. Hay quién vive para coleccionar sellos, y hay quién lo hace para gobernar un país. Pero si cruzamos los intereses de estos dos individuos, si al coleccionista de sellos le proporcionamos la destrucción de un país, el declive del mismo; no sufrirá tanto como si destruimos su colección de sellos.

Obviamente la vida no es tan simple, porque no vivimos por y para una cosa. Somos excesivamente complejos, y debemos procurarnos preocupaciones varias, por si falla alguna, no sentirnos perdidos. Pero ciertamente, todo es lo que nosotros queramos que sea.


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14 agosto 2007

Libros


La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta.
André Maurois

Últimamente en m vida, y con últimamente hablo de últimos años, estoy más aficionado a la lectura y a la escritura; a las letras en general. Ahora soy capaz de coger un libro y sumergirme completamente en él, ya no me conforme con terminarlo; ahora disfruta saboreándolo.

Los libros tienen varias virtudes. La primera y quizás más evidente, la que más resalta y por la que más son conocidos, es por la capacidad de evasión hacia realidades paralelas, tan complejas y detalladas que consiguen entusiasmarnos e incluso llegan a crear sentimientos hacia los personajes de las novelas y narraciones. Conseguimos sentir empatía hacia personajes ficticios e inventados, nos ponemos en su lugar y mentalmente les damos consejos sobre sus acciones. En definitiva: soñamos con los libros, y siempre es apetecible soñar; y un sueño bastante mascado, donde nos dan la silueta y nosotros tenemos que colorear con la imaginación.

Por otro lado, y esta quizás sea un motivo más concreto y complejo, es porque un libro recoge las impresiones de una persona en su recorrido en la vida. Un libro recoge parecer, sensaciones y opiniones de una persona, una serie de vivencias resumidas y explicadas. Ochenta años resumidos en unas cuentas hojas. Cuando uno absorbe uno de esos libros, puede sentirse como si hubiera vivido esas situaciones, como si hubiera vivido más años. Lo mejor de cada persona lo puede recoger y hacerlo suyo. Puedo aprender de errores ajenos, identificar sensaciones, comprender encrucijadas de la vida, explorar sendas del ser humano, para cuando éstas se presenten en la vida de cada uno, no sean novedad y sepamos cómo transitarlas.

Los libros son sin duda una fuente inagotable de saber. Ya no de un saber científico, sino de un saber vital y espiritual; capaz de hacer de la vida un sitio más llano y plácido por el que pasear.

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09 agosto 2007

Madurez


La madurez hace al hombre más espectador que autor de vida social.
Gilbert Keith Chesterton

Continuamente oigo frases del tipo “¡qué inmaduro!” o ¡qué maduro es ese muchacho!”. Hablamos de la madurez con mucha holgura, naturalidad y sin miramientos; pero ¿qué es la madurez?

La madurez creo haber deducido no es más que un orden de las prioridades, un correcto orden de dichas prioridades. Un niño tiene unas preferencias ante el juego que ante la comida; y cuando una persona mayor tiene este orden, se habla de inmadurez. Se llama inmadurez a un incorrecto sentido de nuestra vida, a un enfoque distinto al que “debería ser”.

La sociedad o el sentido común establecen un orden de prioridades a determinadas edades. A cierta edad, uno debe empezar a preocuparse por el futuro, por las repercusiones de las acciones, por las apariencias y por la educación y el sentido cívico. Decimos entonces, cuando un adolescente va dejando entrever este tipo de preocupaciones, que está madurando.

¿Y no son admirables acaso las personas inmaduras? Ajenas a toda realidad salvo la suya, preocupados únicamente por sonreír hoy, y tal vez mañana. Vivir cada día sin reparar en mañana. Tal vez de descalabren algún día, pero mientras habrán sido sin duda felices ajenos a preocupaciones. La inmadurez puede también proporcionar felicidad, casi proporcionalmente a la ignorancia.

¿Y no puede ser que personas a los cuarenta años no tengan las prioridades como la sociedad, la tradición o el sentido común lo establecen? ¿No puede ser que una persona en la mitad de su vida, que haya aprendido a través de la experiencia y no de la teoría que el presente es lo que impera y que el futuro quién sabe si llegará; y que sólo tienes que rendirte cuentas a ti mismo? Todos señalaríamos con el dedo a esa persona y la tacharíamos de Dios sabe qué. Y tal vez todo sea porque nosotros también queremos sentir el presente y dejar de rendir cuentas a conciencias ajenas, pero no somos suficientemente valientes como para ello, y necesitemos la seguridad de un futuro cierto.

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