24 septiembre 2007

Rostros


Con veinte años todos tienen el rostro que Dios les ha dado; con cuarenta el rostro que les ha dado la vida y con sesenta el que se merecen.
Albert Schweitzer

No es la primera vez que toco este tema. Es más, casi siempre toco los mismos temas pero desde un punto de vista diferente, o enfocándolos desde un ángulo inusual; pero en esencia, este blog siempre ha tratado de lo mismo, de las mismas cuestiones existenciales de siempre, de los mismos porqués y de las mismas respuestas.


Solemos catalogar a las personas desde la primera vez que establecemos contactos con ellas. Nadie se para a pensar sobre si su juicio es acertado o difiera considerablemente de la realidad: simplemente juzga. Lo que quiero abordar hoy es el por qué juzgamos de esa manera, por qué nos cae bien quién nos cae bien y por qué nos cae mal quien nos cae mal.

Sin duda yo no tengo la panacea, ni la respuesta universal; pero si una modesta opinión que me gustaría compartir con quienes se molesten en leerla.

Platón decía que el rostro es el espejo del alma. Realmente yo no puedo saber si esa frase es acertada o errónea; pero si me atrevería a decir que las personas obtenemos información de la cara. Es corriente y frecuente escuchar frases del tipo “tiene cara de…”. Y es que los seres humanos catalogamos a las personas según lo que su rostro nos inspire.

Igual pasa con los gustos. Una persona nos gusta o no según lo que su rostro nos inspire, según lo que imaginemos de esas persona a partir de su cara. Y no es que sea falso que la conducta se vea reflejada en el rostro, pero tampoco llega a ser cierto del todo.

2 comentarios:

Gabriela dijo...

Hola, vengo de proverbia y llegue a tu blog, me encanta, felicidades!
me gusto mucho el primer pensamiento que pusiste de Albert Schweitzer.
Saludos
Gabriela

Misósofos dijo...

Blog ni blog, ni leches...