26 septiembre 2007

El Precio de la Confianza


Lo que me entristece no es que me hayas mentido, sino que ya nunca más podré confiar en ti.
Friedrich Wilhelm Nietzsche

Vivimos en una cultura donde se trata a la mentira como un valor negativo y detestable. No obstante, la mentira cotidiana está presenten nuestras vidas como el sol cada mañana, y es casi tan esencial en esta sociedad como el aire que respiramos.

Los medios de comunicación cuentan lo que les da la gana contar, a veces más verdad, y a veces más mentira; pero siempre sin escrúpulo alguno. Ni que decir tiene que los gobiernos y la historia siempre sesgan, cuentan lo que les da la gana, para luego disimular fenomenalmente y dejarnos tranquilos a unos ciudadanos conformistas y crédulos.

¿Pero qué es realmente lo que nos ofende de las mentiras? Será que la confianza y la fe las vendemos demasiado caras, y el ver como la pisotean es algo doloroso e incómodo. Depositar la confianza en las personas es un gesto voluntarioso y costoso; no siempre fácil de realizar.

Por norma general tendemos a restar importancia a las mentiras. El hecho de que la vida sea un continuo desengaño tras otro, convierte a las mentiras en algo normal y rutinario; así por ejemplo, cuando un gobierno miente descaradamente al pueblo, éste tiende a olvidar rápido, porque jamás había confiado plenamente en él, y por tanto, dicha mentira no ha supuesto ningún descalabro.

Pero no pasa siempre así. Sobre todo con las personas cercanas, con las personas que creemos diferentes, que creemos fuera del círculo mentiroso de la sociedad. Personas a las que creemos conocer y en las que depositamos un ápice de nuestra alma otorgándoles la tan cara confianza. Cuando una persona en la que confiamos nos miente (hablo por supuesto de mentiras trascendentes), la relación con esa persona jamás vuelve a ser igual, y aunque no queramos, se expande al resto de relaciones; ya que cada vez, la confianza se cobra más cara.

3 comentarios:

Fany dijo...

Es cierto que cuando alguien en quien confiábamos nos miente, la relación se vuelve fría. Ya no se vuelve a confiar en dicha persona.

Saludos

MyKe dijo...

Las mentiras... grandes mentiras, pequeñas mentiras. Las hay de todos los tipos y grados... como los colores.

De nosotros mismos que aceptemos las mentiras, contrastemos la información recibida en la medida de lo posible, y de que recelemos ante cierta falta de confianza, que no de incredulidad.

Hay que ser cautos, tanto para trasmitir confianza como para que nos la transmitan.

"La confianza puede tardarse una vida en encontrarla y un segundo en perderla".

Anónimo dijo...

Dejamos de creer en una persona cuando nos miente... y ahora nos cabe la duda de cuántas mentiras se nos han podido escapar.