03 abril 2008

La Locura


El sordo siempre cree que los que bailan están locos
Jorge Bucay

Tendemos a acusar de locos a todos aquellos que se apartan de lo establecido, de lo normal. Asimismo, en el siglo XIX se empezó a acuñar el término “locura” a todos aquellos individuos que su comportamiento implicaba el rechazo de las normas sociales.

Aunque poco a poco la sociedad se va curando de espanto, y va asimilando una amplia variedad de ideas y comportamientos, la sociedad actual sigue apartando y señalando con el dedo a todo aquel individuo que no sigue unos cánones de comportamiento, a todo aquel que se sale de la línea.

Una vez más, y en este caso se demuestra a nivel social, el hombre se asusta de lo desconocido, y lo desprecia. La rutina y la “normalidad” dan seguridad al individuo. Unas pauta ya marcadas, unos comportamientos establecidos hacen que cada persona pise duro cada día, no se tambalee y pueda mantener un ritmo constante.

Lo desconocido nos aterra, lo diferente. Acusamos de malo aquello que difiere de nuestras costumbres y hábitos. Y muchas veces acusamos de loco a aquel que se salta el protocolo, muchas veces por llamar la atención. ¿O qué es lo que pensamos cuando vemos a un espontáneo desnudo en un campo de fútbol con una pancarta en contra de las guerras? Que está loco. Y señalamos su locura porque nos vemos incapaces de realizar ese acto, ni ningún otro que ponga a prueba nuestra reputación en sociedad.

Por tanto en el saco de los locos entran los atrevidos, los valientes, los cansados de soportar una rutina, los inconformistas. Metemos en el caso de los locos aquellos que no se acongojan por la opinión social, por la mirada de toda una sociedad, por los comentarios, por las miradas. Son locos aquellos que creen en sí mismos, en sus ideas. Aquellos que han comprendido que la sociedad marcha en un ritmo equivocado, que el Sistema es necesario pero mejorable. Son locos aquellos desencantados que alzan la voz ante el miedo de la masa ante la reacción, los que creen en sus ideas y las transmiten sin complejos, los utópicos, los que se han cansado de vivir la farsa de las sociedades modernas, la continua hipocresía.

En el fondo, todos tenemos dentro un poco de locura; pero la sociedad nos cohíbe lo suficiente como para que esta locura en forma de ideas inconformistas mueran en el letargo de uno mismo.

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02 abril 2008

La Crueldad de la Guerra


La guerra deja ardua herencia de guerras.
Guglielmo Ferrero

Estamos más que acostumbrados a ver por la televisión, especialmente a través de los informativos, escenas de guerra, tanques y soldados armados, disparos y explosiones; y por muy acostumbrados que estamos a ver la crueldad de una guerra, no somos conscientes del daño y sufrimiento que realmente inflinge.

Tal vez por la censura, o tal vez quizás por la continua emisión de imágenes y noticias, estamos cada vez más insensibilizados ante tal problema. Tanto es así, que hasta nuestro gobierno propone una Ley que supone la reabertura de heridas, suponiendo éste que éstas se cerraron. Pero lo cierto es que las heridas de una guerra difíciles son de sanar.

La guerra nunca se declara por los motivos que se exponen en la declaración. Y empezando por ahí, es la excusa perfecta para cometer toda clase de atrocidad impudente. Es el escondite perfecto para las bestias, que ven como pueden desarrollar su instinto más agresivo y violento gratuitamente.

También está el otro lado. La gente inocente, los civiles, o los soldados que están alistado por pura necesidad, sin creer ni en las patrias ni en las banderas. A ellos también les marca la guerra, y les influye mucho más que a los individuos descritos arriba, ya que la inocencia es como la virginidad; una vez que se pierde no se puede recuperar.

Los daños de una guerra son irreparables. No hay tratado ni capitulación capaz de satisfacer a ninguno de los individuos que la hayan sufrido de lleno. No hay justicia para las víctimas supervivientes de una guerra. Y mucho menos para los que perecieron.

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01 abril 2008

Descartes


El cambio es la única cosa en el universo que no cambia.
Helmuth Wilhem

Leyendo uno de los tantos blogs que hay por Internet, pero de esos que tanto escasean que preguntan más que responden, he encontrado el tema para esta entrada. Como podréis comprobar a continuación, el tema no es nuevo, y me sirve más bien para reafirmar mi pensamiento acerca del tema.

En este blog (Mi vida es mi sueño) se trata el tema de los descartes. Se entiende por descarte aquella persona u objeto de la cuál prescindimos, usualmente para ser sustituida por otra, aunque no tiene por qué.

Infinidad de veces he hablado sobre el dinamismo de la vida, y sobre la necesidad de huir continuamente de las rutinas. Los cambios en la vida nos marcan la vida, en el sentido de que marcan las etapas y los pasos que damos. Si viviéramos cien años una vida totalmente idéntica, acabaríamos hastiados de esta, aburridos por la rutina y por las mismas cosas. Sin embargo, son los hitos, los cambios, los que marcan la vida. Los cambios de vivienda, la compra de un nuevo vehículo, el cambio de trabajo, el cambio de pareja, etc.

Y es de estos cambios de lo que luego podremos hablar, y lo que en un futuro podremos recordar. Y si todo el mundo se parara a hacer sus memorias al final de su vida, no relataría día a día los diez años que pasó haciendo exactamente lo mismo, y si lo hiciera, su relato no destacaría, no llamaría la atención. Y muy distinto sería el relato de aquel que hubiera tenido una vida ajetreada, cargada de viajes, sensaciones y aventuras.

Los cambios son parte de la vida. Quién permanece con la misma ropa, el mismo reloj y la misma decoración mucho tiempo está condenado a la muerte lenta de aburrimiento (ya lo recordaba Neruda en su “muere lentamente”). Todo cambio, por ínfimo que sea, toda ruptura con la rutina, nos proporciona un poco más de vida, aunque a priori nos pueda parecer que ese cambio nos acerca a la destrucción.

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31 marzo 2008

El Instinto de Conservación Intelectual II


Uno a uno, todos somos mortales. Juntos, somos eternos.
Apuleyo

Estos días, desde que leí el capítulo tercero del ensayo de Unamuno, sigo pensando en la eternidad, en nuestra vanidad como seres humanos y en qué nos lleva a tal punto. Por supuesto no he sacado nada en claro.

La necesidad de una existencia es algo latente en el ser humano. El hombre debe reafirmarse a sí mismo cada día, y debe los demás reafirmarlo a uno. Tiene una especia de sentido del deber a hacer las cosas de “manera correcta”. Lo que difiere normalmente es el concepto de “correcto”.

Todos necesitamos una aprobación de los demás, incluso más que de nosotros mismos. El concepto que se tiene de nosotros es casi tan importante como lo que somos realmente. Muchas veces vivimos únicamente para legitimar ese concepto, cambiarlo o adquirir nuevos. Queremos ser más que somos. Y queremos ser para no sentir la resignación de una vida en vano.

La eternidad, la gloria, la inmortalidad, la intemporalidad no es más que una reafirmación de nosotros mismos. Es un asentimiento de la Historia y de la Humanidad hacia personas que han cumplido unas expectativas, que han sabido salirse de la senda marcada o que han destacado por cualquier motivo. La eternidad es una reafirmación, una aprobación que conceden los hombres a quienes realizar algo extraordinario.

Y como bien indica el concepto, debe ser algo que esté fuera de los ordinario, algo que no sea normal ni fácilmente realizable. Y es en esa búsqueda de lo extraordinario cuando uno mismo necesita sentirse diferente, especial. Y quien consigue la unicidad, la exclusividad de un pensamiento, obra o acto es aquel que habrá alcanzado la gloria, la inmortalidad del recuerdo, la eternidad de su nombre.

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28 marzo 2008

El Instinto de Conservación Intelectual


Lo esencial es pensar de otro modo que los demás. Entre los creyentes es ateo; entre los ateos sería creyente
Jaques Rousseau

Esta mañana, en vez de estudiar que es lo que debería haber hecho, he sentido la llamada del libro que actualmente leo y que tengo bastante abandonado: Del Sentimiento Trágico de la Vida, de don Miguel de Unamuno. Grata ha sido mi lectura de hoy, como la está siendo la del libro entero, pero curiosamente, la parte que más me ha llamado la atención era un extracto de “Emilio”, de Jaques Rousseau.

“Aunque estuvieran los filósofos en disposición de descubrir la verdad, ¿quién entre ellos se interesaría en ella? Sabe cada uno que su sistema no está mejor fundado que los otros, pero le sostiene porque es suyo. No hay uno solo que e llegando a conocer lo verdadero y lo falso, no prefiera la mentira que ha hallado a la verdad descubierta por otro. ¿Dónde está el filósofo que no engañase de buen grado, por su gloria, al género humano? ¿Dónde el que en el secreto de su corazón se proponga otro objeto que distinguirse? Con tal de elevarse por encima del vulgo, con tal de borrar el brillo de sus concurrentes, ¿qué más da? Lo esencial es pensar de otro modo que los demás. Entre los creyentes es ateo; entre los ateos sería creyente”.

Continúa diciendo, ya siendo obra suya que “sólo por nuestra la queremos, y más encariñados vivimos e la moneda falsa que conserva nuestro cuño, que no la pieza de oro puro de donde se ha borrado nuestra efigie y nuestra leyenda”.

Y es que llevan razón estos dos autores, la vanidad nos ciega. Y habla Unamuno de forma acertada, diciendo que el ansia de eternidad no es más que un miedo a la nada, un miedo al vacío; y que para no caer en el olvido, para alimentar nuestro ego, que no es más que un instinto de supervivencia espiritual, creamos arte.

Sin duda la eternidad es uno de los objetos más deseados por el ser humano. Y aun sabiendo lo tormentosa que puede ser la vida, preferimos la eternidad (bien puede ser también porque es inalcanzable); y la preferimos porque el olvido nos aterroriza, porque no aceptamos que todo nuestro esfuerzo y sufrimiento sean en balde. El ser humano tiene desarrollado por tanto también un instinto de conservación espiritual, donde procura que su nombre y su obra perduren por os siglos de los siglos. El ser humano es un animal sediento de eternidad.

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25 marzo 2008

La Delgada Línea del Tiempo


Y es que en este mundo traidor, no hay verdad ni mentira: todo es según el cristal con que se mira.
Ramón de Campoamor

Decía un dicho popular, o tal vez de algún personaje célebre que mi ignorancia desconoce, que la vida sólo puede ser vivida mirando hacia delante y comprendida haciéndolo hacia atrás. Creo en la veracidad de este dicho por múltiples razones.

En primer lugar, alguien que vive anclado en el pasado jamás podrá sentirse libre. El hecho de tener en mente algo que es irremediable, y que a su vez impide prestar la totalidad de la atención al día actual, al día a día hace imposible un disfrute del presente.

Por otro lado, al igual que sucede con la Historia, la vida también requiere una interpretación, una reflexión con el conocimiento de todos o al menos la mayoría de los factores que han impulsado la toma de distintas decisiones. Este análisis y reflexión sólo ha de ser posible en la ausencia de la duda, nadando en la seguridad que provoca la certeza de unos hechos.

Encontramos por tanto una clara distinción entre pasado y presente (futuro desde luego también, aunque hoy ni hablaré de él). Sabemos o creemos saber qué funciones le pertenecen a cada periodo de tiempo de nuestra vida.

No obstante, se hace difícil la distinción entre pasado y presente. ¿Cuándo “somos” y cuándo “fuimos”?. No es tan fácil la distinción, porque muchas veces creemos que “fuimos” cuando aún “somos”. No tenemos una línea tangible entre el pasado y el futuro, no hay una cantidad de días, horas o años finitos que nos distingan entre un periodo u otro; y por tanto, es fácil confundir cuándo debemos analizar un hecho y cuando debemos vivirlo.

Una vez más, todo es relativo, todo depende del punto de referencia que tomemos. Ayer puede formar parte de este año académico, y por ende del presente, o, sin embargo, podemos interpretar que hoy es un día totalmente diferente a ayer por ejemplo en las comidas o en la actividad.

Relativizar es algo que hoy día, y en muchos años me temo, no pueden hacer las máquinas. No es fácil relativizar y ordenar conceptos en el espacio y el tiempo. La capacidad de saber interpretar si un punto de vista es o no acertado, de saber valorar un hecho desde un punto de vista concreto es un síntoma evidente de inteligencia. Y hoy por hoy, en la mayoría de las personas, o no se sabe, o no se quiere.

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19 marzo 2008

Bélgica


España mi natura, Italia mi ventura, Flandes mi sepultura
Dicho de las tropas españolas en la Guerra de los treinta Años

Después de unos días de ausencia vuelvo de Europa. La verdad es que estos días han sido realmente increíbles, y aunque me hubiera gustado poder hacer una entrada desde el extranjero, o al menos tomar las notas que dictaba mi inspiración pero el tiempo ha sido escaso.

Mi visita a Bélgica y una ínfima parte de Holanda ha sido productiva. Es curioso como varían los hábitos de una cultura a otra, aun siendo estas dos, la flamenca y la española, culturas bastante cercanas (el gótico nos une a todos).

Estuve en Lieja, Lovaina, Maastrich, Gante, Bruselas y Brujas. El gótico presente en todas ellas, más ausente tal vez en Maastrich. Queda latente su sello medieval, su orden, su pulcritud (salvo la nocturna); así como su dejadez ante sus monumentos, y su escasa cultura del turismo religioso (la mayoría de los templos permanecían cerrados).

Maastrich sí se salía de estos cánones. Sus calles eran ordenadas, ortogonales, rectas. Parecían sacadas de un cuento o de un parque temático. Los patos y los gamos eran las atracciones de los parques y los coffee shop la atracción turística.

Es curioso en Bélgica el papurrí de lenguas que tienen. Una parte habla el francés, y otra el flamenco. Pero en ninguna de esas regiones hablan el otro idioma del país. Era sorprenderte encontrarte en las estaciones de tren los nombres de las mismas ciudades, pero con diferente nombre dependiendo del lugar donde uno se hallara. Y lo incómodo que debe ser viajar dentro de su propio país y que no lo entiendan. Y no por capricho, como aquí en España, sino porque los francófonos no hablan el flamenco y viceversa.

Sobre la gastronomía poco puedo decir, si es que realmente tienen gastronomía. La pasta, la pizza y los “pita petit poulet” deliciosos; pero me temo que no es muy típico del país. Mucha lluvia, muy grises los edificios, escasa luz. Y por supuesto, ese invento llamado persiana no ha llegado al corazón de Europa aún.

Grata experiencia que espero poder repetir pronto, ya sea en Bélgica o en otro país del mundo.

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09 marzo 2008

La necesidad de la Ilusión


Una ilusión eterna, o por lo menos que renace a menudo en el alma humana, está muy cerca de ser una realidad.
André Maurois

La casualidad ha querido hoy que al asomarme por la mañana a la ventana, como hago por habitualmente, encuentre a un niño sumergido en la felicidad que proporciona una pequeña pelota de plástico. Seguramente el muchachito estuviera fantaseando con que es una estrella del balompié. Lo que él realmente ignora es la importancia de sus ilusiones.

Si todos poseyéramos esa ilusión con la que empezamos un proyecto o un nuevo curso, con la que se emprenden viajes o con la que se recibe un regalo durante todos los días del año, en primer lugar estaríamos agotados (la ilusión cansa), seríamos mucho más felices y conseguiríamos más nuestras metas.

Mucho de nuestros fracasos se debe a que tiramos la toalla antes de tiempos, a que nos parece el final demasiado lejos o a que nos vemos incapaces. La ilusión, sin embargo, nos potencia nuestras habilidades y nos cambia el espíritu. Es capaz de cavar pozos de esperanza.

Sin embargo, poco remedio encontramos a aquellos que han perdido la ilusión, y por tanto la esperanza. La esperanza es consecuencia de la ilusión. La esperanza es más pasiva, más receptiva; pero también persigue un bien, una mejora, algo que nos beneficia. La ilusión es el motor de la vida, del conocimiento, del logro; sin ella, poco nos queda hacer.

Por eso mismo hemos de encontrar la ilusión en varios aspectos de nuestra vida. Distribuirla uniformemente, sentirnos ilusionados por todo aquello que hacemos. En definitiva, vivir cada segundo, como realmente sucede, como si no se volviera a repetir.

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06 marzo 2008

Inseguridades y Miedos


Nadie llegó a la cumbre acompañado por el miedo.
Publio Siro

No suele ocurrirme que las ideas se me amontonen en la cabeza y que no consiga crear la frase correcta que plasme exactamente mi pensamiento. Normalmente salgo airoso de esta pugna interna entre el continente y el contenido, con un acuerdo riguroso entre ambas. Pero ahora mismo, las ideas se amontonan, y simplemente siento que me repito como el ajo.

Todo ser humano teme a lo desconocido; desde la oscuridad hasta los sentimientos. Cuando alguien deja de sentir miedo hacia algo desconocido, es porque tiene confianza en sus posibilidades, o fe en sus teorías acerca de lo desconocido. Colón se arrojó al mar porque estaba convencido de llegar a las Indias.

Con los sentimientos ocurre igual; nos sentimos seguros de aquellos sentimientos que somos capaces de domar, aquellos que ya conocemos o simplemente de los que ignoramos su alcance. Sentimos miedo cuando no sabemos donde vamos a desembocar, adonde nos conducirá el destino o qué designios tiene preparados el azar.

Sucede también que somos ignorantes de nuestro alcance y de nuestras reacciones. Hay quién tiendo a interiorizarse considerablemente, quién su baja autoestima no le permite conocerse realmente; aunque su experiencia le hable de sus capacidades. El miedo ciega la razón; y la inseguridad provoca el miedo.

Hay dos formas básicas de superar esta inseguridad y por ende este miedo. Una, la menos ética pero igual de práctica, es engañarnos a nosotros mismos, mintiéndonos y hacernos creer de que somos capaces de algo, o que ese algo no tiene tanta trascendencia o importancia. Otra, que debería ser la empleada siempre, es convencer y convertirnos en domadores de miedos, en conocedores de nuestro alcance real y fomentadores de nuestro infinito potencial. Debemos analizarnos concienzudamente y encontrar nuestro verdadero temor para hacernos personas que pasen por encima de él; para superarnos a nosotros mismos.

Haciéndonos capaces y sintiéndonos capaces habremos vencido todos los miedos, y por tanto no habrá fin que no podamos alcanzar.

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05 marzo 2008

Elecciones Propias


Una nación sin elecciones libres es una nación sin voz, sin ojos y sin brazos.
Octavio Paz

Ante esta avalancha de debates, de bombardeo mediático, uno se olvida de que en Andalucía también hay elecciones. El señor Chaves, muy hábil para lo que quiere, una vez más nos ha deleitado a los andaluces con unas elecciones en conjunto del Estado; sin un debate propio, sin la atención que requieren estas elecciones.

Una vez más, y ante todo lo que tiene que esconder, el ya casi vitalicio presidente de la Junta, aprovecha el refugio que suponen unas elecciones generales para esconder la cabeza. ¿Cuántos andaluces vimos los debates sobre Andalucía? Lamentablemente, muy pocos.

Y así se va olvidando Andalucía poco a poco. Publicó El Mundo recientemente una encuesta donde la mayoría de los andaluces estaban en contra de las gestiones de Chaves, pero aún así lo votaban. ¿Por qué sucede esto? ¿Faltas de alternativas? ¿Fanatismo? Sea cual fuere la causa, es lamentable.

Lo que debería hacer este gobierno andaluz, o este parlamento mediante una ley; es convocar elecciones por separado; elecciones propias. Así, se vería más claro qué es lo que realmente deciden los andaluces; y no dejarse llevar por la inercia de las generales.

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02 marzo 2008

Inactividad


Así como el hierro se oxida por falta de uso, también la inactividad destruye el intelecto.
Leonardo Da Vinci

Llevo una semana que no he parado para escribir nada. Uno de los factores es que no he parado por mi casa, me he permitido el lujo de después de exámenes de tomar el sol y estar en la calle el tiempo que me ha dado la gana, sin sentir cargo de conciencia.

Tampoco es que me haya surgido nada interesante estos días, ni tengo la inspiración filosófica que otras veces. Es más, estoy convencido que el peor enemigo de la inspiración es el tiempo libre y el descanso. Uno se enajena de todo y se desvanecen hasta las inquietudes.

Se vive muy cómodo panza arriba, sin ninguna presión, sin nada que hacer. Es fácil y hasta divertido; pero no es del todo práctico. Sucede igual con los jubilados, que ante tiempo libre y ante la ausencia de actividad desesperan y empeoran sus estados físicos y mentales. Y es que la actividad es parte de todo ser humano.

El parar en seco y desocuparte de tus obligaciones hace que nuestro ocio más activista, como la escritura o lectura, se desvanezcan a favor del ocio más simple, como es un video-juego, una serie de televisión o simplemente el sueño.

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24 febrero 2008

Azar


El azar es el seudónimo de Dios cuando no quiere firmar.
Anatole France

Supongo que muchos de vosotros habreís visto la película de Woody Allen “Match Point”. En ella se trata el asunto del azar, tan presente en nuestras vidas pero tan olvidado y relegado a un segundo plano.

Seguramente sean incontables las veces que hemos dicho “¡uy! Por poco”. Y no os preguntáis, ¿qué hubiera pasado si hubiera sucedido lo contrario?.

Hay quién opina que todo está predestinado, que somos parte de un guión ya escrito; pero el hecho de no saber qué pasará o deje de pasar hace que tengamos esa sensación de completa incertidumbre y de falsa sensación de libertad. Normalmente quién aboga por esta tesis se basa en la causalidad de las cosas, en que todo tiene una explicación.

Sucede sin embargo que la causalidad tiene dos vertientes, dos puntos de vista: un punto de vista de “cómo” y un punto de vista de “para qué”. En una en efecto se expresa causa y en la otra finalidad; y tendemos a mezclaras.

La visión de la causalidad entiende que todo tiene una explicación, todo tiene unas ecuaciones matemáticas que pueden explicarnos lo sucedido. Pero no es esa la cuestión. La cuestión es “¿estaba eso previsto que pasara? ¿Perseguía un fin?”.

Viendo la causalidad desde el punto de vista de la finalidad yo reniego de la teoría del destino y creo en el azar. No creo que haya nada preestablecido, si no que cada día se establecen para nosotros una serie de factores que nadie tiene previstos, que nadie prevé y que sin embargo suceden. Ese es el azar.

Y una vez que ha transcurrido ese acontecimiento azaroso es cuando comprendemos la gran diferencia de resultados ante el insignificante cambio; como por ejemplo puede ser dirigirse hacia izquierda o derecha, frenar un segundo más tarde o estar en un sitio concreto a una hora concreta. Es entonces cuando comprendemos la grandeza del azar.

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23 febrero 2008

Democracia Española


Una democracia está en riesgo cuando es la oposición la que tiene que ir protegida
Rosa Díez

Pues estamos ya en campaña electoral. Una vez más, cada cuatro años, toca que los partidos que han pasado del ciudadano de a pie durante cuatro años te bombardeen con promesas e intereses. Ahora es cuando les toca a ellos escribir la carta a los Reyes Magos, y como todo niño, poner que han sido buenos.

Pero nosotros, el pueblo, quién vota, los que realmente estamos hartos de sus discusiones pseudo-ideológicas y pro-poder no somos tontos, y tenemos memoria. Por un lado, de la gran legislatura de corrupción que hemos tenido, con escándalos cada dos por tres, y es que sois vosotros, politicuchos, los que estáis destrozando la mejor oportunidad que ha tenido España para ser un país serio.

Pero no. Mejor ser radicales que razonables. Es más fácil ser visceral que racional. Más fácil gritar que llegar a un acuerdo. Más fácil exigir que ceder. Y así nos luce el pelo. Y hoy, precisamente hoy deberíamos recordar lo que a punto estuvimos de perder, la democracia y la libertad. Y es que tenemos una memoria histórica selectiva; y se nos olvida lo que realmente importa.

La democracia española está enferma sin duda. La soberanía nacional reside en la soberanía de los partidos. Hemos sido delegados a meros espectadores de nuestras propias vidas. No decidimos sino los verdugos y los títeres que representan sus funciones en sus respectivas cámaras.

Pero los únicos culpables somos nosotros. Somos los votantes, los ciudadanos; los que dejamos impunes ante este tipo de actos; y dejamos que nuestro dinero se despilfarre. La democracia española ha sido secuestrada por los partidos, siendo ellos los únicos de sanarla, pero siendo a la vez los menos interesados en que esto suceda.

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20 febrero 2008

Música de Fondo


El arte de la música es el que más cercano se halla de las lágrimas y los recuerdos.
Oscar Wilde

La música es una de los elementos que está presente siempre en nuestras vidas. Todos los días escuchamos una o varias canciones, ya sea voluntaria o involuntariamente. La mayoría de estas veces la música transcurre como un elemento de fondo, perteneciente a un segundo plano.

Por lo general, no prestamos atención a las letras de las canciones; y ni que decir tienen las canciones en inglés. No obstante, cuando nuestro estado sentimental es ligero, se tambalea o sencillamente anda mal; nos parece que todas las canciones van dedicadas a nosotros.

Puede entenderse que la música satisface nuestras necesidades. Al igual que cuando estamos eufóricos necesitamos canciones que acompañen nuestra euforia, sucede de igual manera con nuestra melancolía y tristeza.

Si yo ahora preguntara de qué trata la mayoría de las canciones que escuchamos, no seriamos capaces de descubrir o recordar su mensaje. No obstante, cuando andamos tristes, somos capaces de recordar que todas (una inmensa mayoría) las canciones versan sobre el amor y el desamor.

Cuando sentimos intensamente es cuando nuestro cerebro está más receptivo al entorno. Decimos que estamos más susceptibles; y cualquier cambio en dicho entorno, por muy leve que sea, desata en nosotros una reacción. Sin embargo, cuando nos encontramos sentimentalmente estables la mayoría de lo que pasa a nuestro alrededor pasa desapercibido, incluida la música.

Todo esto tal vez se deba a que la sensibilidad vaya acompañada siempre de los sentidos; mientras que el equilibro, la razón, sea más autosuficiente. En cualquier caso, el ser humano, sus reacciones, deliberaciones y actuaciones nunca dejarán de ser un exquisito misterio.

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17 febrero 2008

El Fin del Hábito


La libertad supone responsabilidad. Por eso la mayor parte de los hombres la temen tanto
George Bernard Shaw

Normalmente intento escribir cada tres días como máximo, pero en esta recta final de exámenes no me ha quedado más remedio que tener que potergar mi escritura por falta de tiempo y de energía. Y una vez acabados estos he estado poco delante del ordenador, ni tan siquiera en mi casa, como para poder escribir.

Es curioso, que después de tanto ansiar el acabar los exámenes, el disponer de tiempo libre, el poder dedicarse tiempo a uno mismo. Es curioso, que con la cantidad de planes que hemos generado por hora de estudio, con la cantidad de cosas que teníamos pendientes por hacer y que íbamos a hacer todas justo acabar los exámenes; nos sintamos vacíos ante tanto tiempo libre.

Y es que cuando uno hace rutina de cualquier cosa, el día que ésta falta, nos parece extraño, nos sentimos en parte vacíos. Pasa, por ejemplo, cuando tienes todas las horas del mundo para dormir pero a las nueve de la mañana ya estás despierto, sin poder dormir, como si tuvieras, hoy también, que pasar una larga jornada entre papeles y libros.

El cuerpo se acaba acostumbrando a lo que le pongamos delante. El alma también. Y por mucho que sintamos ansias de libertad; cuando nos hemos acostumbrado al hábito, difícilmente nos sentimos completos tras alcanzar nuestro logro.

Somos animales de costumbres; de buenas y de malas. Nuestro comportamiento y nuestro conocimiento se basan en gran parte en la repetición, en la rutina y en el hábito. Nos sentimos perdidos cuando nos desvían del camino trazado, aunque llevemos deseando mucho tiempo dejar a un lado la senda marcada.

Quizás por eso seamos tan duros de mollera y nos cueste tanto cambiar de idea: porque sentimos seguridad con lo que “hemos hecho siempre”. La libertad es algo para lo que deberían educarnos, y sin embargo los gobiernos y los sistemas educativos lo obvian. No todo el mundo es apto para disfrutar de la libertad. Hay quién se refugia en la sumisión religiosa, en la familiar o en la laboral. No todo le mundo sabe decidir. Y a pesar de todo, todos vagamos por el mundo sintiéndonos libres en nuestras desgracias.

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11 febrero 2008

El nuevo espíritu universitario


Lo maravilloso de aprender algo, es que nadie puede arrebatárnoslo.
B.B. King

Llevo prácticamente un mes sin hacer otra cosa que no sea estudiar. Cuando uno lleva ya demasiadas horas con la misma tarea, se pregunta la verdadera utilidad que puede tener lo que estudia, lo que aprende; y con consigue ver lo práctica que puede ser la fecha en que disputaron las guerras más feroces o como se integra el arcoseno de x.

Cuando estudiamos, ya sea en el nivel que sea, siempre nos parece que todo es inútil; pero se nos olvida el verdadero objetivo de nuestro aprendizaje: el aprender a aprender.

No hace mucho escribí una entrada acerca de cómo el sistema educativo nos deja de lado y desamparados continuamente; y de cómo nosotros lo consentimos. Se nos olvida continuamente que uno no sabe donde va a acabar en la vida, y que por mucha vocación que uno tenga por ser médico o arquitecto; nunca sabe lo que tiene la vida escondido para cada uno.

Recuerdo aquella anécdota, de Thales de Mileto, si no recuerdo mal, que se mofaban de él porque decían que la filosofía (que para los griegos representaba el hecho de saber) no servía para nada. Para demostrar la utilidad del saber, usó sus conocimientos sobre el tiempo y las cosechas y predijo una abundante cosecha de aceitunas. Entonces ese mismo año compró todas las prensas de aceitunas; y cuando vino la abundante cosecha todo el mundo debió pagarle para poder prensarlas; e hizo una fortuna.

Un estudiante, universitario sobre todo, no debe estudiar orientado a una profesión; sino orientado a la erudición. El problema es que no nos educan para esto, y sí para la obtención de un trabajo y un sueldo. Aun así, nosotros no debemos olvidar que todo lo que aprendamos siempre juega a favor de nosotros; aunque en los tiempos que corren, uno ya no estudia por saber, si no por aprobar.

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08 febrero 2008

Hijos de la ESO


El fanatismo es una sobrecompensación de la duda.
Carl Gustave Jung

Siempre he pensado que la política en España era más cuestión de sentimiento que de racionalidad; y cada día lo confirmo más. Ser del PP o del PSOE es como ser del Real Madrid o del Barcelona. Es un sentimiento.

La gran diferencia que separan estos dos ámbitos del folclore español, es que una nos de da comer, y otra no. Cuando el Real Madrid o el Barcelona pierden un partido sufrimos más los españoles que cuando un Gobierno hace un despropósito. Y es que la política, ha acabado por vulgarizarse.

Lo peor de todo esto, es la inconsciencia atroz que hay en los españoles. El fanatismo arraigado. El declarado anti-contrario, siendo esta oposición una cuestión más de colores que de razón. Y así nos ha ido. Y así nos va.

Este fanatismo es comprensible en ciertas personas que por desgracia no han tenido una buena educación, que son casi analfabetas y cuya mayor preocupación se centra en alimentar a su familia. Lo triste, lo lamentable, lo que hace a uno hundirse en el fango; es cuando en una reunión en la facultad, con personas que se suponen son lo mejorcito es España a nivel intelectual dice algo del tipo “a ese no lo voto porque no es un facha”; “¿y qué dice ese hombre para ser un facha?”; “es del PP tío”.

Ahora en cuando, encima de luchar contra la ignorancia, luchamos contra los complejos. ¿Cómo un estudiante de estudios superiores, que se supone como bien he dicho antes, que son lo mejorcito de España, puede entrar en el fanatismo? ¿Cómo puede votar sin saber qué hace uno y qué hace otro?

Pues todo esto no es más una demostración del fanatismo español y de la buena educación que hemos recibido; sobre todo las últimas generaciones. Luego querremos ser un país próspero y todo; cuando elegimos a los gobernantes tirando un dado o mirando el color de los ojos.

Sufrimos, y sufriremos más aun, las consecuencias de ser hijos de la ESO.

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05 febrero 2008

La Gala de los Goya


La causa de la libertad se convierte en una burla si el precio a pagar es la destrucción de quienes deberían disfrutar la libertad.
Mahatma Ghandi

Llego un poco tarde, pero ya dice el refrán que nunca es tarde si la dicha es buena. Y como, afortunadamente, no tengo a nadie por encima mía en este espacio (en el blog digo) puedo permitirme el lujo de escribir con todo el retraso que me plazca.

Me gustaría hacer un breve comentario sobre la última ceremonia, aunque llevamos unas cuantas, de los Goya. Sí, esas supuestas fiestas del cine español que acaban siendo una promulga contra el Gobierno; y si el Gobierno es el que nos da de comer, pues contra lo que se pueda, los obispos mismos.

Esta gente, que se hace llamar intelectual, ha dedicado una especial mención a los obispos en la última Goya. No era aun recuerdo, ni una opinión; era un eslogan más que preparado, para ser aceptado en el “club del progre”. ¿Por qué?

En teoría porque no son partidarios de la Iglesia; en la práctica porque le tienen miedo y odio. Si de verdad fueran todos ellos tan demócratas, comprenderían por sí solos que una institución que representa, o con la que se identifica una inmensa mayoría de la nación española, no puede desaparecer; por muy “progre” que parezca decirlo.

Pero no es que no lo sepan; pero necesitan hervir un poco más el panorama político español; como si con los que ya hay no fueran suficientes. Si de verdad quisieran cumplir con el fin de sus palabras, sencillamente, él, y todos los que piensas como él, ignorarían a dicha institución; como hacen con la AVT mismo, aunque cierto es que algunas palabras acerca de la asociación se les ha escapado.

Pero no, quieren hervir el panorama; simplemente. Dividir. Crispar. Hacer lo que hace cuatro años; inventar un sentimiento para levantar ese puño en alto con proclamas idealistas y totalmente hipócritas; gritando libertad mientras pide la disolución de la Conferencia Episcopal.

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03 febrero 2008

Diversidad


La uniformidad es la muerte; la diversidad es la vida.
Mijail Bakunin


Pensando en los escasos ratos libres entre estudio y estudio; y fantaseando en esos momentos de distracción tan frecuentes en las largas mañanas y tardes junto apuntes y estudio, he concluido, o más bien, he confirmado, que mientras más cumplimos nuestras obligaciones, más sentimos necesidad de ocio y devoción.

No me refiero, como es más que lógico, al ocio evasivo, éste ocio que no requiere ninguna actividad intelectual y que simplemente consiste en liberar la mente ya sea detrás de una pelota o con el mando de una videoconsola. Hablo de un ocio más intelectual, más ligado al saber y al conocimiento.

Cuando realizamos actividades que forman parte de nuestra obligación, nos sentimos atados por ellas, y tenemos la sensación de perder nuestro tiempo e interés en algo que no nos llena realmente, que no nos apasiona. Y pensamos en la cantidad de cosas que sí que nos llenarían, en los millones de libros que hay por leer, los tantos viajes o la infinidad de líneas por escribir. Cualquier tema nos llama la atención más que ese en el que intentamos profundizar.

Seguramente el problema no sea el tema. Es más probable que lo que nos desagrada en la insistencia, el ahínco y la insistencia que dedicamos. Hay quién prefiere la monotonía de una actividad para lograr su perfección y alto conocimiento; pero también estamos los que nos gusta saber un poco de muchas cosas. La mente humana es más propensa a actividades cortas y variadas, donde haya que nos gusten más y nos gusten menos, que una; que aunque no guste, nos pueda hartad por monótona.

A la larga, los excesos cansan. Todo cansa si se hace en exceso, si se hace único. Hasta el juego de ordenador que tanto ansiábamos poder jugar, cuando llevamos demasiadas horas, acaba por aburrirnos. Por eso es por lo que debemos realizar muy diversas actividades, para que nunca nos aburramos, de unas ni de otras; y la consecución de éstas nos resulte amena.

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01 febrero 2008

Tentaciones


La mejor forma de librarse de la tentación es caer en ella
Oscar Wilde

Muchas veces, nuestro instinto o nuestras apetencias van orientados hacia la consecución de algo. Nuestros deseos se orientan hacia una persona o hacia alguna actividad. Y muchas de estas veces, no consideramos nuestros deseos lícitos; o existe algún otro mecanismo de la razón que nos impide satisfacer nuestros deseos.

Llamamos tentación a aquello que deseamos hacer pero llegamos a realizar; bien por miedo, ética o interés (en el sentido de las consecuencias, no de la voluntad), pero nunca por falta de deseo o apetencia.

Normalmente, cuando tenemos a nuestro alcance aluna tentación, la duda nos acomete y pasamos un tiempo considerable debatiéndonos entre el bien y el mal. Hagamos lo que hagamos, nunca saldremos satisfechos del todo. Si hacemos caso a la razón, quedaremos expuestos siempre al dolor de la conciencia; y si por otro lado, nos mantenemos al margen, lamentaremos no haber satisfecho nuestros deseos.

No tengo una solución ante este problema; simplemente, y haciendo caso al maestro Wilde, puedo concluir que para abreviar y aligerar el debate interno es preferible caer directamente en la tentación; y aunque luego salga mejor o peor, ese tiempo que hemos ganado.

Pensar en exceso sobre si hacer o no hacer algo sólo lleva al enfriamiento del deseo. Y si al final decidimos caer, el efecto no será el mismo, y encima habremos perdido el tiempo remordiéndonos por dentro.

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