10 abril 2016

Al Valiente Cotidiano

Valiente es aquel que no toma nota de su miedo.
George S. Patton

La valentía es una de las virtudes más admirables del ser humano. Supone una lucha contra lo que nos asusta, contra aquello que nos bloquea e impide, en cierta manera, ser como queremos ser. La valentía es, en el fondo, una guerra incesante contra nosotros mismos.

No hay una expresión única de la valentía. El ser valiente se puede manifestar de varias maneras: la superación de fobias naturales (como el miedo a la oscuridad), el hacer algo por primera vez o, incluso (y quizás sea esta la forma más sutil de valentía) una reacción contra el sistema en pro de unas creencias personas firmes y determinadas.

Todo el mundo, sentado en el sofá de su casa o en el bar con los amigos, se ve a sí mismo muy capaz. Se imagina reaccionando de una determinada manera ante situaciones a priori adversas. En todas estas situaciones, uno se visualiza actuando bajo los dictados de la razón y la justicia. Lo cierto, sin embargo, es que cuando es uno el que tiene en frente esa situación, sus reacciones son menos racionales y conscientes y la respuesta se deja llevar más por las circunstancias y por el miedo.

A todos nos ha pasado alguna vez, estoy seguro. Todos hemos tenido muy claro cómo se ha de reaccionar ante una situación que exige de nosotros mismos sacar el pundonor y la valentía. Situación que, imaginándola desde la tranquilidad y seguridad del entorno conocido, jurábamos lidiar “como tiene que ser”.

La diferencia reside en que, cuando nos toca a nosotros llevar a cabo la acción en sí, el miedo aparece. Y, aunque a veces se mitigue, rara es la vez que desaparece del todo y nos permite actuar plenamente en conciencia. Es por ello que resulta harto complicado ser valiente, porque sólo cuando andamos al borde del precipicio somos conscientes de la altura del mismo. O, como diría el refranero español, los toros siempre se ven mejor desde la barrera.

El análisis de las causas del miedo, los elementos de mitigación del mismo y el estudio de las reacciones darían para un ensayo (y queda aquí anotado para el futuro), pero lo que pretendo resaltar hoy aquí es poner de manifiesto el coraje y la virtud que tienen aquellos que se atreven a ser ellos mismos y que arriesgan comodidad por autenticidad de vida y actuar según sus propios principios, sin importar el coste, que a veces puede resultar muy alto.

El resto, los que no siempre somos lo suficientemente valientes, tenemos dos opciones. Por un lado podemos, desde el confort de la barrera, autoengañarnos (probablemente movidos por la envidia insana) y fingir que cualquiera en su situación hubiera actuado igual. O, por otro lado, podemos ser conscientes del mérito que tienen esas personas. Así deberíamos reconocer y admirar, públicamente y sin pudor, la labor y el coraje del héroe cotidiano.