15 marzo 2016

Uno mismo, ese gran olvidado

Si nos bastase ser felices, la cosa sería facilísima; pero nosotros queremos ser más felices que los demás, y esto es casi siempre imposible, porque creemos que los demás son bastante más felices de lo que son en realidad.
Montesquieu

Vivimos en la era de la comunicación. De la comunicación masiva y absoluta. Comunicamos hasta lo que no queríamos comunicar y producimos ciertas paradojas, como la de regalar nuestra intimidad tras años de lucha por mantenerla. No tenemos secretos. Vivimos para el gran escaparate del mundo que hoy no son los grandes almacenes, sino las redes sociales.


¿Por qué sentimos ese afán publicador? ¿Por qué hemos de aparentar que somos felices continuamente y que vivimos plenos y llenos? Tal vez, porque precisamente sintamos lo contrario. Como decía el refranero español: dime de qué presumes, y te diré de qué careces. Uno puede examinarse a sí mismo, y es posible que en las épocas de mayor paz interior son aquellas en las que no usaba (o usaba menos) las redes sociales.

Vivimos en una constante búsqueda de aprobación social. De “me gustas”. Y este proceso se ve alimentado por un suerte de envidia que nos carcome cuando vemos las aparentes felicidades ajenas: “todo el mundo de viaje y yo en mi casa viendo una película”.

No sabemos vivir con nosotros mismos. No nos soportamos muchas veces. Siempre deseamos estar en otra parte. Y eso nos genera una profunda insatisfacción. Constantemente creemos más felices a los demás que a nosotros, porque no ser feliz está socialmente sancionado. Los infelices (o no tan felices) son los leprosos de la posmodernidad.

Hay que vivir a tope. Hacia delante. Cada vez más, más intenso, aunque la mayoría de las veces no sepamos ni adónde vamos. Ni qué queremos. Ni por qué lo hacemos. Simplemente seguimos una inercia creada desde los medios de comunicación, la cultura y las élites de todos los sectores (económicas, ideológicas, sociales, etc.)

Quizás, de vez en cuando, deberíamos pararnos, pensarnos y tratar de encontrar quién es uno mismo.