17 febrero 2015

Lo Eterno y lo Efímero

La vida en tiempo se vive,
Tu eternidad es ahora,
Porque luego
no habrá tiempo para nada
Luis Cernuda 

¿Existe lo eterno? ¿Es posible que algo dure para siempre? ¿Puedo algo que tiene principio no tener final? ¿O, por el contrario, todo tiene un tiempo; todo es efímero? Seguramente haya diversidad de opiniones. Y, es posible, como en todos los grandes temas, que no haya una solución. No obstante, aportaré yo aquí la mía.

Necesitamos creer en cierta manera que las cosas van a durar siempre. O al menos, un periodo largo de tiempo. Suficiente para darnos cierta seguridad y capacidad de construir sobre algo. Es una necesidad humana. Necesitamos creer en la consistencia, en la duración, en lo infinito. Es preciso tener esas aspiraciones, esa vocación de perpetuidad, esa voluntad, ese idealismo, de que lo que se construye, se construye para siempre. En cierta manera necesitamos creer que lo que hacemos tiene una utilidad, es parte de algo, de un todo superior, va incluso a sobrevivirnos. Necesitamos creer que nuestro trabajo no va a quedar deshecho. Necesitamos darle sentido trascendental a todo lo que hacemos, o al menos, a los grandes aspectos de nuestra vida.

Sin embargo, todo parece indicar que lo eterno no existe. No existe en la realidad física, ya que todo lo que tiene un principio necesariamente tiene un final. Lo eterno tan sólo puede existir como abstracción, como concepto, como idea. Igual que el concepto matemático de infinito. Como una mera representación abstracta de algo. Como una aspiración. Como una esperanza. Como una concepción abstracta que se opone a lo efímero y que, en cierta manera, nos guía en la vida.

La eternidad tiene una nota épica, casi sagrada. Lo efímero queda, por su parte, como algo exclusivamente humano, finito, casi vulgar. Es a través de la abstracción de lo efímero, la mitificación y divinización del momento, como lo eterno se presenta en la realidad, abandonando por un instante su carácter perecedero.

Y es que, al final, parafraseando la canción, todo es eterno mientras dura. Y, paradójicamente, sólo mientras dura puede ser eterno. No parece que la eternidad esté más allá de aquí mismo. Del ahora. Y tal vez esa deba ser nuestra única aspiración de eternidad: disfrutar de lo efímero como si fuera a durar siempre, aunque siempre con el conocimiento, sobre todo para evitar futuras frustraciones, de que lo eterno, simplemente, se acaba.