04 septiembre 2007

Tener Fe


Quien pierde su fe no puede perder más.
Publio Siro

Hay una notable diferencia entre creer y saber. Lo primero, son simples conjeturas, probabilidades acerca de hechos o acontecimientos concretos, de la que guardamos cierta incertidumbre. De lo segundo sin embargo, no albergamos dudas, tenemos la certeza de que algo es verdadero o falso; pero en ningún caso consentimos una duda.

Ocurre a veces que tenemos la certeza de algo, que hablamos con seguridad acerca de ciertas cosas, y en un momento concreto, se nos demuestran al revés de cómo las creíamos. Cuando esto sucede, y dependiendo por supuesto de la importancia que le otorguemos, el mundo se nos cambia, se transforma de repente, y a veces llegamos a creer que estamos viviendo otra vida.

Quizás el hecho de no “saber” nada y “creer” todo sea un mecanismo defensivo ante los cambios bruscos del mundo y de la vida en general. Lo que también es cierto, es que para poder llegar a saber algo, hay que previamente dudarlo. Si omitimos esta duda, no podremos pasar jamás de una creencia, ya que hemos sido incapaces de comprobarlo por nosotros mismos, incapaces por ende de saber.

Pero no todo es demostrable en la vida, ni de todo podemos tener una certeza clara y distinta. La mayoría de las cosas son sólo creíbles. Y ante esas cosas, como es lógico, sólo podemos creer.

Muchas de estas cosas que únicamente son creíbles son necesarias para una estabilidad emocional. Para dicha estabilidad, es necesaria una seguridad, tanto en nosotros mismos como en el resto del mundo, pero para quién duda constantemente de todo, resulta verdaderamente tedioso limitarse a una creencia, cuando casi todo su conocimiento se debe al saber.

Creer en algo que no puede demostrarse se denomina tener fe. Tener fe es algo realmente de conseguir, sobre todo cuando las dudas o el malestar agitan. Tener fe en Dios por ejemplo cuando la vida trata a uno bien, no es complicado. El verdadero reto es creer en Dios cuando sentimos que nos ha abandonado. Ese es el milagro de la fe, la creencia en algo cuando únicamente se encuentran augurios de lo contrario.

Tener fe en algo o alguien es realmente un acto de valentía, un acto que merece un reconocimiento. Creer en que algo es blanco, cuando uno ve, o cree ver, con sus ojos que es negro; supone un acto de confianza ciega bastante serio, y la confianza es algo que se cotiza muy caro.

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02 septiembre 2007

Vivir y Sobrevivir


La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir.
Gabriel García Márquez

Aunque una palabra contenga a la otra, sobrevivir y vivir tienen connotaciones bastante diferentes. Y aunque la primera sea positivo en un momento concreto, se vuelve negativa cuando comienza a ser una constante, y se antepone constantemente a la segunda.

Sobrevivir es lo que hace la persona cuando salva la vida ante un peligro inminente, cuando consigue mantenerse con vida, cuando, a pesar de todo vive. Vivir sin embargo es saborear la vida, disfrutar de ella.

Vivir no necesariamente implica ser feliz, pero sí ser parte activa en la vida de cada uno. Vivir implica saborear cada comida sintiendo cierto placer, respirar aire y sonreír, caminar haciendo camino, sacarle el juego a cada instante que la vida nos proporciona. Aprender de cada momento, y sentir cada minuto como si fuera el último.

La supervivencia no obstante es bien distinta. No es caminar, es vagar. Es comer porque el organismo lo necesita, no porque sintamos devoción hacia la comida; duermes, ríes y hablas, porque tiene que ser así, no porque sintamos el deseo de nada. La supervivencia prolongada mata el deseo de todo. Y en vez de disfrutar con cada minuto que pasa, lamentamos que ese minuto ya pasado no haya sido el último.

Todos tenemos ciertas épocas en las que nos limitamos a sobrevivir, ya sea por miedo a la muerte, por rutina, por amor a las personas que nos rodean; pero en ningún caso es por nosotros mismos. También solemos hacerlo por ese rayo de esperanza, esperanza que muchas veces no sabemos de dónde asoma.

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31 agosto 2007

Opuestos


Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias.
Miguel de Cervantes

Aunque yo aún esté en los albores de ella, la vida es larga, y en ella hay tiempo y espacio para todo. Y en ese espacio y tiempo todo, y absolutamente todo, lo que nos suceda será parte importante para el resto de nuestra vida. Cada momento es trascendente.

Debemos ser concientes de que en la vida debe ocurrir de todo: desde momentos alegres a triste, de alegrías a penas, de fortuna a mala suerte, de calor a frío, de abundancia a escasez. Y todos y cada uno de esos momentos son necesarios.

¿Cuál es la mejor forma de valorar la felicidad y la alegría? Habiendo sentido pesar y tristeza recientemente. Y así sucede con todo en la vida; para poder experimentar algo con completitud, hay que haber vivido lo contrario. La luz sólo se valora cuándo se conoce la oscuridad, al igual que sucede con el silencio y el ruido.

Por eso mismo, las etapas de la vida que nos sumen en la tristeza, melancolía y pesar, son igualmente necesarias que las felices y alegres. Todos y cada uno de nuestros días sumados y combinados tiene como resultado nuestra persona, única e irrepetible, porque cada uno tiene unas vivencias distintas, y cada uno las soporta y las entiende de diversa forma.

Así que, incluso en la tristeza, hay que estar alegres de estar tristes, porque con la tristeza vamos trazando el sendero de nuestra vida.

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29 agosto 2007

Conversaciones


El silencio es un gran arte para la conversación.
William Hazlitt

La comunicación verbal es el medio de la comunicación cotidiana y diaria por antonomasia. Todo ser humano, tras la innata expresión corporal, aprender primero a comunicarse a través de la palabra; y es ya luego cuando aprende a modelar dicha comunicación sobre un papel.

La conversación es por tanto es elemento básico de comunicación de las personas. El día a día están plagados de múltiples conversaciones. Las conversaciones y los diálogos son parte también del conocimiento, aprendemos hablando, intercambiando ideas, recibiendo explicaciones y ordenando pensamientos.

Pero no podemos reducir la conversación al flujo de palabras y frases, al uso exclusivo del lenguaje verbal y hablado. Una conversación es más profunda que texto, es más compleja y llena de entresijos. Los rostros durante una conversación, la gesticulación, la modulación de las frases…

Una persona completa debe saber mantener una conversación. Las conversaciones son partes estrictas de la vida, de las que no podemos huir y de las que nos queda únicamente que aprender a tratarlas. Muchos momentos trascendentes en la vida se reducen a conversaciones. Y es en las conversaciones trascendentes dónde uno ha de saber medir las palabras, formular preguntas, dosificar respuestas y acotar silencios. Contener un interrogante u omitir una respuesta pueden resultar fundamentales en el diálogo; y para poder medir la oportunidad o no de cada frase uno ha de haberse retraído de emociones y sensaciones

Pero para poder ejecutar una conversación correctamente ha de ser uno amo de sus emociones, saber canalizarlas a la perfección, y saber reprimirlas en momentos concretos. Uno ha de leer del otro interlocutor las miradas, gestos y reacciones ante frases inesperadas o preguntas insólitas. Los ojos dicen muchas veces más que las palabras. Para conversar correctamente uno ha de estar seguro de sí mismo, confiar ciegamente en lo que se dice, creer en lo que se dice, y poder justificar cada sentencia de maneras diferentes. Debe uno también moderar sus tonos, recurrir al humor y la ironía y mostrarse receptivo o enérgico según la situación lo requiera.

La retórica y la dialéctica son ciencias complicadas, de las que uno puede leer, estudiar o intentar aprender de manera teórica; pero la experiencia, la práctica y la observación son las que hacen realmente posible su dominio.

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28 agosto 2007

Premio


Al bien hacer jamás le falta premio.
Miguel de Cervantes

Hoy vengo con una buena noticia para el blog: ha sido premiado con el “Thinking Blogger Award”, Premio de los Blogueros Pensantes más o menos. Dicho galardón se lo debo a Pakithor, blogger de “La Elegancia Pérdida”.


El premio consiste a su vez en premiar a otros cinco blogs que te hacen pensar, o que consideras interesantes y/o dignos de mención. Los cinco son Carpe Diem, La Vida es Sueño, El blog de Myke, Pensamiento de una existencia, Dreams´s Catcher.

Para estos cindo premiados, permanezcan válidas las bases del concurso:

1.- Sí, y solo si, alguien te da el premio escribe un post con los 5 blogs que te hacen pensar.

2.- Enlaza el post original para que la gente pueda encontrar el origen del premio.

3.- Opcional, enseña el botón del premio enlazando el post que has escrito dando tu premio.

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27 agosto 2007

Prejuicios y Post-juicios


El norteamericano blanco relega al negro a la condición de limpiabotas y deduce de ello que sólo sirve para limpiar botas.
George Bernard Shaw

A pesar de que nos hayan educado en contra, y continuamente se nos recuerde que está mal, los juicios hacia las personas, situaciones y acciones son inevitables. Hoy en día además, el juzgar a la gente, y lapidarla sin más base que una opinión está muy de moda en las televisiones españolas.

El hecho de no crear un juicio acerca de una persona, situación o evento únicamente denotaría una notable indiferencia. Es inevitable emitir juicios en nuestros fueros internos acerca de lo que nos sucede. Al igual que es inevitable rectificarlos conforme se van sucediendo conversaciones, o van avanzando los hechos.

El problema no el juicio inicial. El problema es el prejuicio. El dar una opinión antes si quiera de haber visto jamás a una persona; o el hecho de negarse uno a comer un plato del que únicamente conocemos su nombre o su aspecto; cuando en la gastronomía lo que prima, o debería primar, es el sabor.

Igual pasa con las personas. Tendemos a clasificarlas antes de conocerlas, antes si quiera de una conversación. Juzgamos su interior basándonos únicamente en su exterior; y no digo que el cuerpo y el alma vayan de la mano, pero sí que debemos a esperar a que nos sea confirmado, que esperemos a ver y comprobar que esa persona es como pensábamos, o por el contrario, esperemos a que nos demuestre lo contrario. Otorguemos el beneficio de la duda.

Sucede a veces también que creemos conocer a alguien, que llevamos mucho tiempo conviviendo con una persona; y llega un día, y ésta nos sorprende con un hecho o frase; y nos descoloca por completo. Y es que tendemos a simplificar a las personas, a hacerlas inferiores, a subestimarlas. Creemos que las personas no son capaces de ciertas cosas; cuando, como bien dijo Wilde, todo el mundo lleva el cielo y el infierno dentro. Todo el mundo es capaz de todo, y ante ciertas circunstancias, uno es más capaz aún. Pero el hecho de simplificar a las personas, nos da seguridad; nos da esa confianza hacia alguien, esa especie de superioridad y tranquilidad. También nos pasa con nosotros. A veces nos sorprendemos antes ciertas decisiones o sentimientos; ante ciertas reacciones e impresiones.

Y es que creemos conocer a mucha gente cuando realmente no nos conocemos ni a nosotros mismos.

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26 agosto 2007

Comportamiento Humano


El comportamiento es un espejo en el que cada uno muestra su imagen
Johann Wolfgang Goethe

El comportamiento humano es uno de los temas que más me fascinan. No estoy seguro si su encanto reside en su misterio o a la innegable relación y efecto que el conocimiento de dicha materia pueda afectar a mi vida en la forma de actuar ante las distintas encrucijadas del camino.

Lo que si creo es que el género humano tiene un patrón general y básico, unido a la especie; y que luego, aparte, tiene muchas modificaciones culturales, genéticas, educacionales o de cualquier otra índole que hacen de cada individuo un ser único, misterioso e impredecible.

El miedo o la ambición son características innatas al ser humano, y únicamente una educación o la dedicación de una vida a sentir rechazo hacia ambas hacen que un individuo no se sienta desbordado por ellas. Por tanto, por norma general, el hombre es ambicioso, y el miedo es uno de los impulsos vitales más palpables en él, de donde sale probablemente el mayor instinto de supervivencia y desde donde actúa de forma más irracional.

La diferencia entre los seres humanos entonces reside en la distinta educación vital que haya recibido, cómo uno ha aprendido o le han enseñado a medir y controlar los impulsos, a disimular, a ser cortés, a mentir y a todo lo demás. Uno va aprendiendo poco a poco en su vida acerca de cómo ha de actuar, cómo obtiene más beneficio de la vida. Y entonces cada persona comienza a ser un mundo distinto, por las múltiples combinaciones de posibles actitudes ante los múltiples sucesos de la vida.

Hablamos de la inocencia de un niño cuando su pensamiento se corresponde con sus actos, cuando su cara refleja exactamente sus sentimientos, su actitud o su parecer ante las cosas. Cuando vamos creciendo, vamos aprendiendo a llevar una cosa por dentro y mostrar al mundo otras. Y a veces se corresponde, y a veces no.

Aun así, el género humano sigue siendo predecible, en el sentido en el que las conductas ante cosas concretas se asemejan entre las personas. Tal vez porque aprendamos de otras personas a reaccionar; o tal vez porque la condición humana nos haga parecidos entre nosotros a todos. Quizás ante cosas concretas o detalles somos muy diferentes, pero ante los grandes problemas del hombre todos actuamos igual, o por lo menos, somos fácilmente clasificables en grandes grupos. Siempre habrá excepción que confirme la regla.

Es un bonito estudio ese de los porqués del ser humano. Siempre misterioso, difícil de explicar y razonaren ciertas ocasiones; pero nunca imposible. Cuando uno ha tratado en su vida con muchas personas se le hace más fácil la clasificación de los individuos y el comprender reacciones ante situaciones.

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24 agosto 2007

Heridas, Costras y Cicatrices


Hay dolores que matan: pero los hay más crueles, los que nos dejan la vida sin permitirnos jamás gozar de ella.
Antonie L. Apollinarie Fée

No dejo de recordarme que la felicidad es un trayecto, y no un destino. Lo hago porque a veces parece que paso la vida entera esperando algo, en vez de salir cada día a disfrutar del sol y del viento.


Pienso a veces también que tengo una filosofía errónea de la vida, que para tantas vueltas que le doy a todo, para tanto mareo de neuronas al que me someto, no sé vivir, no sé hacer las cosas acordes con la teoría.

Pasa a veces que cuando uno tiene una preocupación más grande de la cuenta, es incapaz de prestarle la suficiente atención a otros menesteres, y por tanto, deja de ser feliz; y por tanto, se olvida de que la felicidad se haya en cada día, en cada momento que se va y que es indudablemente irrepetible.

Hay épocas en la vida de alegrías, asimismo las están de tristezas. Las tristezas, las heridas y el dolor no siempre sanan bien; y aunque a veces nos creamos sanados, siempre queda una cicatriz donde una vez quedó la herida, y esa nos acompañará el resto de la vida. Pero antes de cicatrizar por completo, las heridas producen una costra, que indica la correcta recuperación. Pero esas costras no son definitivas: mientras haya costra, la herida no está completamente arreglada, y son frágiles, y con poco daño que se haga uno en la costra, se caen enteras, y vuelve la herida a aflorar como al principio.

Y eso pasa a veces, que durante la recuperación de una herida uno se vuelve a golpear, y la costra se cae, y vuelve uno a como estaba. Sólo la correcta curación de una herida puede hacer que no aparezca la posterior cicatriz, o que este sea mucho más insignificante.

Lo curioso es que las heridas del corazón también siguen este proceso.

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23 agosto 2007

Importancia Vital


Si me mezclo en la vida, exagero su importancia; y si me alejo de ella, exagero su insignificancia.

Jean Lucien Arréat


Debidos a problemas técnicos con el ordenador, he pasado mucho tiempo sin escribir en el blog. Y la casualidad ha querido que durante este tiempo que he pasado sin poder escribir, haya querido escribir prácticamente todos los días.

Han pasado muchas cosas esta semana que he permanecido ausente. Más que muchas cosas, han pasado pocas pero intensas, con una intensidad excesiva, tan excesiva, que parecía que los días se dilataban, el tiempo nunca pasaba, y el mañana se alejaba cada más de manos de lo que yo había considerado mi futuro.

Todo lo que nos sucede en la vida sirve únicamente para aprender. Tanto el sufrimiento como la alegría (aunque somos mucho más consciente sumergidos en pesares) sirven única y exclusivamente para aprender; para aprender a reaccionar ante situaciones parecidas y con algo que ver en el futuro.

Todas las etapas de la vida son necesarias. Cada una tiene su porqué, y aunque a veces hubiéramos deseado no haber pasado ciertas cosas alguna vez, la verdad es que son esas cosas las que nos hacen ser como somos, las que nos templan más, nos hacen más racionales y las que nos permiten ajustar el valor y las prioridades a los acontecimientos de la vida.

Esta semana he aprendido que nada es importante. Nada. Porque todo tiene solución. Y aunque a veces creamos que no podemos soportar la solución o la determinación a la que nos condena la vida; existe solución. Y todo es como nosotros queramos que sea. Todo lo controlamos nosotros. Nuestra mente controla todo. La importancia y la trascendencia de las cosas se las otorgamos nosotros mismos; y es por eso que cada uno sufre por unas u otras cosas, o se alegras por diferentes y diversas. Si nosotros queremos que algo signifique nada, nada significará.

Pero sucede también que la esencia de la vida es darle e importancia a las cosas. Sentir que algo es necesario, que necesitamos de algo, para no sentirnos vacíos. Necesitamos un porqué. Pasamos una vida entera buscando un porqué; y cada cual lo encuentra en muy diversas situaciones, personas u objetos. Hay quién vive para coleccionar sellos, y hay quién lo hace para gobernar un país. Pero si cruzamos los intereses de estos dos individuos, si al coleccionista de sellos le proporcionamos la destrucción de un país, el declive del mismo; no sufrirá tanto como si destruimos su colección de sellos.

Obviamente la vida no es tan simple, porque no vivimos por y para una cosa. Somos excesivamente complejos, y debemos procurarnos preocupaciones varias, por si falla alguna, no sentirnos perdidos. Pero ciertamente, todo es lo que nosotros queramos que sea.


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14 agosto 2007

Libros


La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta.
André Maurois

Últimamente en m vida, y con últimamente hablo de últimos años, estoy más aficionado a la lectura y a la escritura; a las letras en general. Ahora soy capaz de coger un libro y sumergirme completamente en él, ya no me conforme con terminarlo; ahora disfruta saboreándolo.

Los libros tienen varias virtudes. La primera y quizás más evidente, la que más resalta y por la que más son conocidos, es por la capacidad de evasión hacia realidades paralelas, tan complejas y detalladas que consiguen entusiasmarnos e incluso llegan a crear sentimientos hacia los personajes de las novelas y narraciones. Conseguimos sentir empatía hacia personajes ficticios e inventados, nos ponemos en su lugar y mentalmente les damos consejos sobre sus acciones. En definitiva: soñamos con los libros, y siempre es apetecible soñar; y un sueño bastante mascado, donde nos dan la silueta y nosotros tenemos que colorear con la imaginación.

Por otro lado, y esta quizás sea un motivo más concreto y complejo, es porque un libro recoge las impresiones de una persona en su recorrido en la vida. Un libro recoge parecer, sensaciones y opiniones de una persona, una serie de vivencias resumidas y explicadas. Ochenta años resumidos en unas cuentas hojas. Cuando uno absorbe uno de esos libros, puede sentirse como si hubiera vivido esas situaciones, como si hubiera vivido más años. Lo mejor de cada persona lo puede recoger y hacerlo suyo. Puedo aprender de errores ajenos, identificar sensaciones, comprender encrucijadas de la vida, explorar sendas del ser humano, para cuando éstas se presenten en la vida de cada uno, no sean novedad y sepamos cómo transitarlas.

Los libros son sin duda una fuente inagotable de saber. Ya no de un saber científico, sino de un saber vital y espiritual; capaz de hacer de la vida un sitio más llano y plácido por el que pasear.

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09 agosto 2007

Madurez


La madurez hace al hombre más espectador que autor de vida social.
Gilbert Keith Chesterton

Continuamente oigo frases del tipo “¡qué inmaduro!” o ¡qué maduro es ese muchacho!”. Hablamos de la madurez con mucha holgura, naturalidad y sin miramientos; pero ¿qué es la madurez?

La madurez creo haber deducido no es más que un orden de las prioridades, un correcto orden de dichas prioridades. Un niño tiene unas preferencias ante el juego que ante la comida; y cuando una persona mayor tiene este orden, se habla de inmadurez. Se llama inmadurez a un incorrecto sentido de nuestra vida, a un enfoque distinto al que “debería ser”.

La sociedad o el sentido común establecen un orden de prioridades a determinadas edades. A cierta edad, uno debe empezar a preocuparse por el futuro, por las repercusiones de las acciones, por las apariencias y por la educación y el sentido cívico. Decimos entonces, cuando un adolescente va dejando entrever este tipo de preocupaciones, que está madurando.

¿Y no son admirables acaso las personas inmaduras? Ajenas a toda realidad salvo la suya, preocupados únicamente por sonreír hoy, y tal vez mañana. Vivir cada día sin reparar en mañana. Tal vez de descalabren algún día, pero mientras habrán sido sin duda felices ajenos a preocupaciones. La inmadurez puede también proporcionar felicidad, casi proporcionalmente a la ignorancia.

¿Y no puede ser que personas a los cuarenta años no tengan las prioridades como la sociedad, la tradición o el sentido común lo establecen? ¿No puede ser que una persona en la mitad de su vida, que haya aprendido a través de la experiencia y no de la teoría que el presente es lo que impera y que el futuro quién sabe si llegará; y que sólo tienes que rendirte cuentas a ti mismo? Todos señalaríamos con el dedo a esa persona y la tacharíamos de Dios sabe qué. Y tal vez todo sea porque nosotros también queremos sentir el presente y dejar de rendir cuentas a conciencias ajenas, pero no somos suficientemente valientes como para ello, y necesitemos la seguridad de un futuro cierto.

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07 agosto 2007

Teoría y Práctica


La perfección es muerte; la imperfección es el arte.
Manuel Vicent

Llevo mucho tiempo dedicado a ordenar pensamientos, a intentar priorizar, a analizar minuciosamente los porqués de todo o casi todo, buscando una explicación lógica, un razonamiento deductivo que de motivos y explicaciones a multitud de preguntas.


¿Sirven los porqués para algo? Eso estoy planteándome ahora. Después de pasarme una vida teorizando sobre la vida, escribiendo, meditando, dialogando, buscando y comparando no sé si esto tiene algún fruto, si esto de la teoría llega a ser práctico.

Cuando encuentro, o creo encontrar, un porqué de algo, siento una especie de alivio; un albor de comprensión, una especie de consuelo. Cuando creo entender a las personas, al género humano o a mí mismo hago mía una sensación de seguridad, de control.

El ser humano es un campo lo suficientemente amplio como para pasar una vida dedicado a él y no haber aclarado nada. ¿Son necesarias las humanidades?¿Las ciencias del ser humano? Creo que lo son únicamente para dar esa seguridad en sus acciones al hombre, para garantizarle mediante una ética o una filosofía, una buena conciencia, una legitimidad a la hora de interactuar con el resto de semejantes y organizar medianamente las sociedades y civilizaciones.

Pero a la Humanidad, a la Humanidad vista desde la mejora del bienestar, las teorías humanísticas no aportan nada. Sin embargo sí lo hace la ciencia. La ciencia aporta bienestar, salud, comunicación, accesibilidad y mejora en la calidad de vida. La ciencia es práctica, pese a su parte teórica, la ciencia es palpable y comprobable; y las humanidades son solo especulativas.

Quizás esa especulación y ese no poder rebatir nada de manera absoluta son las que le brindan ese encanto. Quizás sea ese continuo misterio que es el ser humano el que las hace atractiva; esa continua inexactitud. Tal vez sea por eso, porque nadie puede decir que mi pensamiento es erróneo, ni el de nadie; porque no hay verdades absolutas ni errores absolutos. Todo son teorías. Todo son creencias. Todo es relativo.

Quizás sea la imperfección, al igual que ocurre con el arte, lo que las hace tan mágicas y especiales. La perfección es aburrida, monótona. Lo perfecto es único y no da lugar a opiniones y debates; no hay más que un razonamiento posible, una única solución, una verdad indiscutible. En las letras y las humanidades no sucede eso. Son más artísticas, más cercano a lo humano y lo sublime, imperfectas; y es en imperfección e imprecisión donde reside su atractivo.

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04 agosto 2007

Recuerdos comunes


Lo mejor de los viaje es lo de antes y lo de después.
Maurice Maeterlinck

Son usuales en estas tardes-noches de verano quedar con los amigos para pasar el rato, para salir de la soledad de una habitación, o para huir del calor infernal del verano en casa.

Una vez nos hemos reunido, podemos dedicarnos a inventar cualquiera juego que aporte entretenimiento, o analizar fría o satíricamente nuestras distintas vidas. Cuando comenzamos a hablar del pasado, me es inevitable sentir nostalgia, como si esas épocas o esos momentos no fueran jamás a repetirse. Nos dedicamos a desmenuzar recuerdos, a sonreír y contar anécdotas, una tras otra y casi siempre repetidas de otras ocasiones.

Comienza también la etapa de hacer planes, de buscar destinos, de pensar actividades, excursiones o viajes. Sentimos entusiasmo al pensarlas. Podemos descubrir tantas cosas por hacer que nos faltan días en todo el verano. Pero luego nunca se hacen, o casi nunca. Y aun así, no importa tanto como cabe suponer, porque mientras planeábamos ya estábamos disfrutando.

He pensando muchas veces que recordando y proyectando cosas se disfruta más que haciéndolas en sí. La idealización de los viajes y otras actividades o reuniones siempre son más de lo que fueron. Y aunque haya sido un gran viaje, siempre en el recuerdo permanecerá mejor.

A veces creo que vivo para recordar. Para que cuando nos juntamos los amigos tengamos un tema de conversación, un recuerdo común que nos haga sentir unidos; porque recordar juntos no es más que compartir sensaciones e impresiones. Y son éstas las que unen a las personas: las experiencias comunes y la semejanza en las impresiones.

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02 agosto 2007

Amaneceres


La batalla más difícil la tengo todos los días conmigo mismo.
Napoleón

Todos los días amanece, pero claro queda que no siempre es por voluntad de uno mismo. Más de un día hubiéramos preferido que el sol jamás hubiera salido y que la luna nunca se hubiera escondido.

Se trata de esos días en los que uno se da cuenta lo optimista que es madrugar. Aquel que madruga, hablo de forma ajena a una obligación, aquel que por las mañanas abre su ventana y mira al sol, es sin duda porque tiene ganas de que el día empiece. Por el contrario, los pesimistas, o los días en los que nos encontramos en este estado del alma, intentamos prorrogar lo más posible el despertar, deseando incluso que la noche nos sorprenda metidos aún en la cama.

Estos días negativos, grises y turbios no siempre son explicables. Se puede tratar de un mal sueño cuyos efectos siguen prolongados una vez abiertos los ojos y habiendo adquirido conciencia. Otros son simples reflejos de temores infundados, miedos a afrontar ciertas situaciones en la vida que a priori vemos desagradables. Puede tratarse también de que hayamos perdido el norte momentáneamente y no tengamos fuerzas de salir a buscarlo, de que se hayan caído los pilares básicos del día a día o de un sueño o esperanza concretos.

Y llegados uno de esos días, nos procuramos el día entero persiguiendo una explicación que tal vez jamás encontremos, que tal vez no exista. Miramos hacia adelante y hacia detrás en nuestra vida, en busca de una explicación coherente y con sentido sobre nuestro estado emocional. Pero no siempre la encontramos. Y entonces caemos más. Y todo se prolonga hasta que en un momento del día, o ya en un día nuevo no nos acordamos de por qué no deseábamos despertar.

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01 agosto 2007

Un Mundo Feliz


Título: Un Mundo Feliz.
Autor: Aldous Huxley.
Género: Ciencia Ficción.

Se trata de una utopía, similar a la de 1984, pero siendo la última de un ámbito más político, y esta que intento comentar de un punto de vista más vital. La trama es muy similar: una persona, en el futuro, que no encaja en esta sociedad utópica.

Lo realmente interesante del libro es la sociedad futura que plantea, con sus ventajas y sus inconvenientes. Plantea un modelo social totalmente diferente al actual, donde los prejuicios son distintos, así como el sentido de la vida de cada uno de los individuos que conforman la sociedad.

La gran característica de la sociedad descrita en el libro es la estabilidad de ésta. Una estabilidad de la sociedad basada en la estabilidad de los individuos, a nivel emocional y a nivel social. Los sentimientos están mal vistos, y ante cualquier bajón emocional se recurre a una droga que alivia el malestar al instante. Por otro lado, las castas sociales están también claramente distinguidas, desde la creación de los individuos donde se resuelve el problema, hasta la muerte; y es aceptada sin ningún intento de rebelión por parte de los individuos inferiores ya que estos han sido educados y convencidos a su papel en su correspondiente casta.

La comparación con nuestro mundo llega cuando un individuo perteneciente a una “Reserva de Salvajes” llega a la sociedad utópica. Y ahí suceden los distintos dilemas y reflexiones.

Dejo aquí un pequeño texto del libro, sin duda interesante. Quizás otro día copie algún otro, ya que me perecen interesantes.

“La actual felicidad siempre parece muy menguada en comparación de las compensaciones que brinda la miseria. Y, además, la estabilidad no es ni mucho menos tan espectacular como la inestabilidad. Y el estar satisfecho no tiene el encanto de una denodada lucha contra la desgracia, ni el pintoresquismo de una pugna contra la tentación, o de una fatal derrota a manos de la pasión o de la duda. La felicidad nunca es grandiosa”

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30 julio 2007

Turismo, Vacaciones y Descanso


Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas.
Elbert Hubbard

Coincidiendo con mi reciente viaje y habiendo tenido numerosos momentos de silencio en viajes, me ha dado que pensar sobre el actual turismo, sobre las vacaciones y sobre el descanso.

Mi aventura italiana queda lejos de ser unas vacaciones de descanso. Es más, el estrés acumulado durante los días de viaje a lo largo de la geografía italiana despeja cualquier duda. Llega entonces la cuestión del turismo ¿por qué viajamos en vacaciones?

El concepto clásico de vacaciones conlleva un descanso, una relajación, haciéndose ajeno uno de las rutinas, los madrugones, el estrés y de la escasez de tiempo libre. Uno concibe unas vacaciones con un despertar más cercano al medio día que a la salida del sol; sin embargo, uno es capaz de sacrificar su periodo de descanso por conocer nuevos lugares.

Sin embargo, he podido comprobar como las personas se acumulan en distintas ciudades artísticas y culturales en busca de obras arquitectónicas, escultóricas y pictóricas en su mayoría. ¿Pero puede uno decir que va a contemplar arte cuándo en seis horas ha de ver ciudades enteras del calibre de Florencia, Roma o Venecia?

Cuando uno contempla un cuadro, un trozo de mármol esculpido o un edificio parece que está buscando el “yo estuve allí”, más que comprender la esencia y el misterio de cada obra de arte. Para poder llegar a apreciar una obra de arte hay que saborearla, disfrutarla, palparla, sentirla. Permanecer tal vez varios minutos simplemente contemplando y enriqueciendo el alma a través de los sentidos. Respirar distintos aires. Escuchar distinta música. Degustar gastronomías. Entonces es cuando uno aspira a comprender y asimilar su magia y esencia. Pero eso, hoy en día, es imposible haciendo el turismo que hoy se practica.

Resulta mucho más práctico hojear cada cual en su casa las distintas obras de arte, comprender su contexto histórico, informarse acerca de las obras; y una vez delante de ellas, fingir o recordar aquella comprensión que uno en la paz del hogar pudo hacer suya.

¿Por qué viajamos entonces? ¿Por qué viaja tanta gente a la vez, hacia los mismos sitios? Será parte de la moda, del turismo como negocio lucrativo. Será por culpa de la televisión, de los medios de comunicación en general, de la sociedad; que confunde el desplazamiento con el viaje, que intenta reducir la categoría de un viaje a la de un simple desplazamiento a través de distintas geografías, que intenta darle un aire erudito a un movimiento puramente superficial e insípido, convirtiendo los viajes turísticos casi a las rutas que realizan los camioneros, con la salvedad de que éstos no vuelven con una cantidad ingente de “souvenir” y fotografías.

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28 julio 2007

Italia


Los italianos pierden las guerras como si fueran partidos de fútbol y los partidos de fútbol como si fuesen guerras.
Wiston Churchill

Aprovecho hoy para dar una perspectiva personal sobre Italia, y aprovecho para inaugurar una nueva categoría que llamaré viajes, dónde pretendo dar impresiones sobre sitios, lugares y paisajes que visite o se me antojen apetecibles.

Italia, como pasa con España es muy distinta en el norte y en el sur. Curiosamente, la riqueza se distribuye igualmente en la geografía italiana: siendo el norte más próspero y rico que el sur. Siendo imposible atribuirle concesiones económicas franquistas a las regiones nórdicas de Italia, me veo obligado a pensar, como ya he citado en alguna otra entrada, que la riqueza y la prosperidad vienen influenciadas por el clima.

Italia es un país que vive del pasado. No sé exactamente la cantidad en euros, pero viendo la cantidad ingente de turistas que por allí transitan, una muy buena parte de beneficios del país debe ser turismo. Verdaderamente el patrimonio artístico y cultural de ese país es impresionante. Prácticamente todos los pueblos tienen interés artístico, ya sea simplemente una iglesia, o el conjunto del pueblo que ostenta una impresionante belleza.

A nivel de infraestructuras es un país bastante paralelo a España, e incluso me atrevería a calificar de peor. Las carreteras son peores que las españolas, y los conductores son tema aparte en ese país.

Italia es un país para artistas, donde encontrar la inspiración y la belleza resulta tan inconsciente como respirar. Es un país de obligada visita de aquellos que se sientan admiradores del arte y la cultura, aunque para recorrerlo detenidamente y en profundidad son necesarios meses o incluso años

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27 julio 2007

El Hogar


Una casa es el lugar donde uno es esperado.
Antonio Gala

Después de un largo tiempo sin escribir por aquí, tengo tantas cosas que decir que no se por donde empezar. Intentaré dosificar los temas, para no quedarme pronto sin nada qué decir, que últimamente tenía la sensación de que me repetía un poco.

Empezaré hoy por el hogar. El hogar: aquello de lo que tantas veces hemos deseado huir, escapar, dejar atrás es lo primero que uno echa de menos cuando está fuera una temporada.

El ser humano es increíblemente tradicionalista y amante de los rituales. Si aprendemos a atarnos los cordones de una forma determinada o aliñar la ensalada con un protocolo concreto; es difícil que aceptemos sin más otra manera de hacerlo. Y es más, tacharemos de “raro” todo aquello que no se asemeje a nuestra tradición natal.

Tendemos a hacer lo nuestro universal y absoluto, a creer que todo lo que hacemos está bien; y ha sido así siempre. No planteamos que otra manera de hacer las cosas puede ser positiva para nosotros, que otro punto de vista puede ser más acertado que el propio. No. Somos inevitablemente imperialistas, difusores de nuestras tradiciones.

Quizás todo esto se deba a la necesidad de seguridad que el ser humana arrastra desde que nace. Uno debe siempre sentirse cómodo y seguro con lo que hace, necesita saber que el resultado de una acción va a proporcionarle una porción de felicidad, satisfacción o beneficio; y cuando proponen una alternativa es imposible saber, por mucho que otra persona nos hable de sus experiencias nadie escarmienta en cabeza ajena, qué va a pasar.

Por eso uno echa de menos su hogar, su casa, su almohada, su sofá, su frigorífico, la distribución de cubiertos y platos en la mesa, su mando de la televisión, su telediario, sus horarios de comida, su marca de cerveza, su escritorio del ordenador, su teclado, su fondo de escritorio, su ventana, su terraza… incluso uno llega a echar de menos por momentos hasta su rutina.

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07 julio 2007

Viajar


Viajar es una buena forma de aprender y de superar miedos.
Luis Rojas Marcos

Uno a veces se cansa de las inevitables rutinas del día a día, de los horarios prefabricados, de levatarse a una hora y acostarse a otra sistemáticamente, de tener un horario pre-establecido de clases y actividades que cicla incesantemente a lo largo de las semanas.

Uno a veces se cansa de las mismas caras, los mis hábitos, las mismas palabras, las mismas risas. Se cansa de respirar el mismo aire cada mañana, de orinar a la misma hora y de comer las mismas cosas.

Uno a veces se cansa de las mismas calles, los mismos coches, los mismos semáforos. Se cansa de sentarse en los mismos bancos, pisar las mismas aceras, pasear los mismos parques.

Uno se cansa de preguntarse cómo es la vida en otro sitio, cómo es vivir en solitario, cómo se come, duerme y organizan las gentes en otros lugares. Y se cansa de estar sentando, cansado, y pensante. Y uno se levanta un día con ganas de cambiar, de aprender, de respirar nuevas sensaciones, de contemplar distintos paisjes y conversar con distinta gente. Y uno de esos días, uno va y lo hace.

Como la mayoría de las personas del mundo occidental, un servidor viaja en vacaciones. Y mi turno comienza mañana. Estaré por tierras italiana hasta el día 25 de julio, que espero volver sano y salvo y con muchas cosas que contar por aquí.

Así que, salvo que por caprichos del azar tenga internet más o menos accesible, no escribiré en el blog hasta mi regreso. Espero que esto no me haga perder lectores, a los que una vez más agradezco que pierdan su tiempo inundándose con estas líneas mediocres.

Una vez más gracias a todos, y un afectuoso abrazo a todos y todas.

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03 julio 2007

Estados de Ánimo


Cuando se lee un libro según qué estado de ánimo, sólo se encuentran en él interpretaciones de ese estado.
Georges Duhamel

Todos los días son días únicos e irrepetibles. El buen o mal uso que le demos al tiempo que transcurre en cada uno de éstos tiene que ver en grandes dosis de importancia con nosotros.

Nosotros, a su vez, somos seres complejos, excesivamente complejos me aventuraría a decir yo. Y la complejidad requiere una costosa depuración. Me refiero a que somos tan sumamente sofisticados que para averiguar el porqué pensamos algo o el porqué nos sentimos de una determinada manera necesitamos a veces tiempo, dedicación y paciencia.

Los días se ven influidos por nosotros, por el enfoque que le demos al comienzo de éste, y a las ganas e ilusión que le pongamos. Nuestro estado de ánimo colorea cada día, incluyendo todas las gamas cromáticas desde el blanco al negro.

Al final, los días no son mejores y peores en sí mismos, sino como quedan en el recuerdo. Y el recuerdo también depende, aparte de las actividades, del estado de ánimo con que nos encontráramos ese día.

A veces estamos enfadados, y no sabemos por qué. Pasa a veces que el hecho de no poder saber por qué suceden las cosas provoque que nos enfademos. Otras veces en cambio, estamos felices porque ha salido el sol, porque ha dejado de llover, o porque es viernes.

El caso es que pasar los días cabreados, insípidos, sin vivir intensamente cada momento o circunstancia es restar días. Nuestro estado de ánimo nos hace restar días de nuestra vida si éste no es el adecuado. Y eso es algo que debemos de evitar.

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01 julio 2007

Obligación y Devoción


Si nada es evidente de por sí, nada es comprobable, y si nada es obligatorio por sí mismo, nada es obligatorio en absoluto.
Clives Staples Lewis

Todo lo que empieza está condenado a acabar. Cuando algo empieza a desbordarnos o consumirnos excesivo tiempo, no cesamos de anhelar el final, bien para emprender otras actividades, o bien para no hacer nada.

Pero a veces llega el final, y uno está descolocado: no sabe qué hacer. Nos pasamos la vida pidiendo cambios que en nuestra cabeza suenan bien; pero cuando estos se transforman en realidad no estamos seguros de desearlos tanto.

A veces, cuando los sueños llegan de golpe nos sentimos incluso insatisfechos. No disfrutamos con la meta, con el fin, con el sueño en sí; si no con el trayecto que nos lleva hacia él. Saboreamos cada paso que damos en el camino. El sentir que estamos en el camino correcto y que en el horizonte se ve la luz es lo que nos proporciona la felicidad, no la luz en sí misma.

Todo tiene su tiempo, y todo ha de hacerse poco a poco, y disfrutar construyendo el camino.

Deseamos también disponer de tiempo libre continuamente para realizar cien mil actividades, pero cuando realmente lo tenemos, no lo empleamos. Lo que de verdad gusta es compaginar las obligaciones con las vocaciones. Se trata de hacer más amena una obligación, una vía de escape. Convertir cada día en algo deseable y no en algo rutinario.

Cuando disponemos ciertamente de tiempo libre al no tener obligaciones, el resto de actividades que hemos desempeñado, ya no las consideramos, porque nos sentimos liberados de la presión de una obligación y preferimos descansar en el sofá antes que hacer nada productivo. Si descansáramos mientras tenemos obligaciones pendientes, tendríamos cargo de conciencia. Sin embargo, si hacemos cualquier otra cosa medianamente productiva, excusamos el déficit de tiempo ante las obligaciones con ese algo vocacional que supone una dedicación temporal. Los hobbies sólo son necesarios cuando tenemos que evadirnos; si nos encontramos evadidos continuamente, no recurrimos a ellos con tanta ansia.

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26 junio 2007

Comunicación de Cambios


Las personas cambian y generalmente se olvidan de comunicar dicho cambio a los demás.
Lilliam Hellman

Tenemos costumbre (mala o buena) de estar continuamente disconformes con nosotros mismos, de ser unos inconformistas con nuestra personalidad, con nuestra forma de hacer las cosas, con nuestros cómos. Sin embargo, nunca arremetemos contra nuestros ideales.


Las ideas parece que son algo sagrado, intocables. Si creemos algo, que a veces no es saber sino simplemente creer, nos aferramos a defenderlo a toda costa, dejando entrever nuestro orgullo y soberbia. Curiosamente el ser humano defiende más afanosamente lo que cree que lo que sabe. Quizás porque necesita una prueba en sí mismo de que lo que cree es cierto.

Tenemos unos deseos de cambio sobre algo que nos molesta sobre nosotros mismos, y llegado el día, decidimos hacerle frente y cambiar o poner remedio a esa manía o defecto. Sin embargo, si decidimos contar ese cambio de hábito a alguien, éste cambio llega a convertirse en un ideal, más que en un hecho, y pasa absolutamente igual que con el resto de ideas: que llegan a ser obstinaciones, y comenzamos a promover ese cambio olvidándonos entonces de que el cambio lo hacíamos por nosotros mismos, y ya lo hacemos por una demostración de fuerza de voluntad.

Y no obstante, si hubiéramos guardado esa intención en secreto, nuestra actitud hubiera sido distinta; porque mientras intentamos engañar al resto de semejantes, no podemos hacerlo con nosotros mismos. No podemos engañarnos. Y si por algún casual no pudiera consumarse el cambio, no sentiríamos nuestro orgullo herido; mientras que si hemos comentado previamente nuestras intenciones podemos ser objeto de reproche y mofa; olvidando totalmente su primitiva intención.

Paradójicamente sucede también al revés. Parece a veces asimismo que si contamos nuestras intenciones sobre cambios personales, no se entienden como propósitos hacia nosotros mismos, sino como algo que deber ser visible al resto; y ese cambio no es valorado por los demás, tal vez por la falta de sorpresa o asombro.

Como siempre, los hechos valen más que las palabras.

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24 junio 2007

El Muchacho Persa


Título: El Muchacho Persa.
Autor: Mary Renault.
Género: Histórico.

Una gran novela que relata desde ojos de Bagoas, un eunuco de la corte de Darío que adoptaría para sí Alejandro, la vida y hazañas del gran Alejandro Magno. Narra las contiendas y campañas de Alejandro y describe al rey de Macedonia en sus facetas bélica y humana.

Resaltaría de este libro, además de unas cuantas citas, la figura de Alejandro en el papel de Jefe del Estado y del Ejército. Se muestra como una figura cercana, que tras las campañas y las batallas, se acerca al campamento a saludar en persona a los soldados. Así estos sentían que eran uno más, una parte de un mismo todo.

La cercanía del líder es importante. Siempre sin faltar al respeto, como pasaba con el macedonio, y siempre acatando sus órdenes; quien está al servicio o bajo el mandato de una persona, y siente a este personaje cercano, y casi como un amigo, rescata en cada individuo una confianza y una lealtad distinta a aquel líder que jamás trata con la parte más baja de su jerarquía.

El contacto humano crea la dependencia. El simple hecho de haber tenido contacto con alguien, inspira una, aunque sea leve, muestra de afecto. La confianza en alguien hace más difícil la deslealtad. El haber mirado a los ojos o haber dormido noches invernales a la intemperie, como hizo Alejandro junto a sus soldados, y haber recibido afecto por parte de alguien superior incrementa los lazos, porque en cierta manera, siente el afecto del líder, la confianza y la importancia que el líder deposita en cada uno de sus hombres.

Creo que es una de las grandes virtudes de Alejandro, que deberían ser extensibles a cualquier Jefe de Estado o líder en cualquier empresa. Un capitán deportivo, por ejemplo, debe ser aquel que mejor consiga llegar al resto del equipo, quién aparte de dirigir el juego, dirija y conozca la moral del equipo y de cada uno de sus miembros.

Ser un líder es una responsabilidad mayor que el hecho de dar órdenes: debe ser un líder moral, un ejemplo a seguir, un guía a nivel de grupo y a nivel de individuos. El mantenerse cercano a unos seguidores no provoca más que afecto y lealtad por parte de éstos. Para no caer en una supuesta debilidad o falta de autoridad, ha de ser estricto en las normas, y contundente en las decisiones, evitando siempre mirar atrás y dejando el arrepentimiento como cosa de débiles, tal y como hacía Alejandro. Aunque también es cierto, que eran otros tiempos. Él por ejemplo, ante motines o intentos de traición, era inapelable. Alejandro no rechazaba el amor, se dejaba querer por sus tropas y generales; pero jamás perdonó la traición.

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23 junio 2007

Razón y corazón


Dos excesos: excluir la razón, no admitir más que la razón.
Blaise Pascal

Todos, y aunque algunos se empeñen más en ocultarlo o en hacerlos palpables, tenemos sentimientos. El odio y el amor son dos de ellos, antagónicos entre sí, y estrictamente forzosos en cada persona. Estos sentimientos forjan y modelan nuestra vida, en ocasiones toman nuestras decisiones y siempre son los culpables del estado de ánimo de cada cual.


Sentir en exceso es malo. Idénticamente sucede con quién no siente. Más bien, ya que no sentir lo considero imposible, quién no hace caso de sus sentimientos, o los filtra de tal manera que consigue debilitarlos casi hasta su extinción.

Descartes afirmaba que pensar era la evidencia de la existencia. Es cierto. Pero pensar no significa vivir, en un sentido más alejado del biológico. Sentir significa vivir. Cada sensación nueva es una experiencia vital irrepetible, solo comparable con otras sensaciones. Es imposible razonar un sentimiento, explicarlo de forma racional. Podemos explicar su origen, su efecto, sus consecuencias; pero no podemos crear un sentimiento a través de la razón. Es el parecido con otras sensaciones el que a veces nos ayuda a comprender la descripción del alguno. Recurrimos constantemente a las comparaciones para ello.

Es el dilema eterno, la razón o el corazón. Y ninguna solución que nadie dé será correcta. Cada situación tiene sus condicionantes, y no es fácil distinguir cuando es necesario recurrir a una u otra. Aunque claro queda que ambas en exceso o de forma única y absoluta malas son.

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20 junio 2007

Crecer


Encontré en el espacio del Messenger de un amigo este texto, que me encantó no tanto como otros pero si lo suficiente como para colgarlo aquí. Es una pena que no todos podamos escribir así de bien.

Imposible atravesar la vida sin que el trabajo salga mal hecho, sin que una amistad cause decepción, sin padecer algún quebranto de salud, sin que un amor nos abandone, sin que nadie de la familia fallezca, sin equivocarse en un negocio. Ése es el costo de vivir. Sin embargo, lo importante no es lo que suceda, sino cómo se reacciona. Si te pones a coleccionar heridas eternamente sangrantes vivirás como un pájaro herido incapaz de volver a volar.

Uno crece cuando no hay vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe. Uno crece cuando acepta la realidad y tiene aplomo de vivirla. Cuando acepta su destino, pero tiene la voluntad de trabajar para cambiarlo. Uno crece asimilando lo que deja por detrás, construyendo lo que tiene por delante y proyectando lo que puede ser el porvenir. Uno crece cuando se enfrenta al invierno aunque pierda las hojas. Recoge flores aunque tenga espinas y marca camino aunque se levante el polvo. Uno crece cuando es capaz de afianzarse con residuos de ilusiones, capaz de perfumarse con residuos de flores... y de encenderse con residuos de amor. Uno crece dándole a la vida más de lo que recibe.

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19 junio 2007

El dicho y el hecho


Las voluntades débiles se traducen en discursos; las fuertes, en actos.
Gustavo Le Bon

Llevo ya mucho tiempo escribiendo en este espacio prácticamente todas mis inquietudes, alegrías y tristezas. No siempre soy explícito en ellas. Suelo hablar de mi vida indirectamente en las entradas, sin dar nombres ni apellidos, usando casi siempre la tercera persona y tocando todos los temas muy por encima.

Me dedico a teorizar sobre cuáles son los problemas y en cómo pueden resolverse. Doy mi opinión acerca de temas metafísicos, y probablemente, me contradiga en incontables ocasiones.

Escribir sobre los problemas y las soluciones no es tarea complicada. Sólo hay que pararse a pensar un poco, mirar por la ventana, o salir a dar un paseo y de camino vivir un poco.

Lo realmente admirable es poner en práctica. Es dejar las teorías en tu casa y salir a cambiar el mundo; o cambiarlo en tu entorno más cercano. Las palabras son fáciles, son bonitas y emotivas a veces. Las palabras son también moldeables, fácilmente interpretadas acorde con unos intereses, metafóricas, retractables y fugaces.

Los hechos sin embargo son firmes, concretos y directos. No nos quedamos en pintar la pared. No. La pintamos de un color, con una técnica y en un tiempo. Los hechos son precisos y claros. Son los que mueven el mundo y a las personas. Son los que construyen, derrumban, cambian y arreglan.

Y llevar a la práctica un ideal es lo realmente complicado. Solucionar un problema en vez de dar una solución es eficaz. La vida son hechos, no palabras.

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16 junio 2007

Constancia


La gota horada la roca, no por su fuerza sino por su constancia.
Ovidio

Todo el mundo tiene planes y aspiraciones. Aprovechamos cualquier rato en el sofá o en la cama para irnos por los mundos fantásticos e imaginar sin cesar actividades que podríamos incorporar a nuestras vidas para sentirnos más completos y realizados.

El primer problema viene cuando debemos emprender el proyecto; el comenzar, el poner la primera piedra, el sentarse a escribir algo, el abrir un libro y comenzar a leer, el salir a correr la primera mañana o el ir al gimnasio a apuntarse. El transformar una idea a realidad es algo difícil, pero hemos de convencernos a nosotros mismos y tener fuerza de voluntad, así como recordarnos que queremos eso, aunque luego decepcione o no sea lo que esperamos; pero debemos probar para saberlo.

El siguiente y quizás gran problema es la constancia. Hasta que no llevamos un tiempo prudencial desempeñando cualquier actividad no podemos estar seguros si desfrutamos o no, si nos conviene, si es perjudicial o si no tiene sentido. La constancia es la parte donde uno vence a su pereza y hace día tras otro aquella actividad que se ha propuesto.

Es complicado conseguir lo que uno se propone. La fuerza de voluntad es una virtud humana que a veces se esconde en sitios remotos. Pero tal vez por la satisfacción que supone haber conseguido , haber logrado uno de estos proyectos, merece la pena.

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14 junio 2007

Palabras

Las preguntas no son nunca indiscretas. Las respuestas, a veces sí.
Oscar Wilde

Cuando uno se comunica con alguien o algo, intenta trasmitir un mensaje. No siempre este mensaje es recibido correctamente, ya sea por problemas del emisor, receptor, canal o incluso del mismo mensaje.

Una correcta comunicación es aquella en la cual el receptor asume lo que el emisor procuraba transmitir con el mensaje, pero no siempre se consigue. Sucede en ocasiones, que un mensaje puede resultar ambiguo, o que uno cree entender algo cuando se pretende decir lo contrario.

Las faltas en comunicación se producen también por el mal uso de las palabras, provocadas por ejemplo, por la falta de sinceridad; o por el orgullo o vergüenza que impiden utilizar en ocasiones palabras más concisas y concretas, eliminando así cualquier residuo de ambigüedad.

Las palabras son, aparte de contenido, continente. No es lo mismo decir “un negro” que “una persona de color”, por ejemplo. Las palabras llevan implícitas en su composición mensajes e ideas asociadas, un estereotipo y una especie de clase social en cada una de ellas. Y aunque su significado sea totalmente equivalente, su efecto emocional quizás no sea el mismo.

Un ejemplo claro de ello es el uso de palabras en otros idiomas. Recurrimos a la traducción en otros idiomas de un vocablo concreto cuando en castellano puede sonar cursi, o lleva implicaciones emocionales lo suficientemente serias. Y ambas significan lo mismo, y se entiende exactamente igual de bien; pero el mensaje no es el mismo. El mensaje ha sido modificado por ese cambio en la palabra extranjera, se ha suavizado su carga emocional.

Las palabras, por tanto, son algo más que un conjunto de caracteres encadenados. Todas llevan aparte de su significado literal un mensaje tácito.

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11 junio 2007

Perder el Tiempo


Como no tenemos nada más precioso que el tiempo, no hay mayor generosidad que perderlo sin tenerlo en cuenta.
Marcel Jouhandeau

Muchas veces tenemos en nuestra vida una sensación de vacío, de incompletitud, por el hecho de no estar realizando ninguna tarea que reporte algún beneficio o bienestar. Hablamos de estar pendiente el tiempo.

Le damos valor al tiempo porque es irrecuperable, porque no se puede volver hacia atrás, porque no puede formar parte de ningún tipo de trueque, ni puede ser comprado, ni vendido, ni alquilado. El tiempo es único e indivisible, personal e intransferible; y por eso que tenga un valor tan alto y el hecho de perder el tiempo algo que provoca rechazo.

Seguramente a lo largo de una vida se hayan desaprovechado infinidad de momentos y ratos, bien por pereza, bien por falta de imaginación o iniciativa. Hay veces en las que uno no sabe qué hacer con su vida, en qué emplear el tiempo o como hacer una vida más productiva. En esos momentos de inactividad por incapacidad de la persona a proponerse nuevas metas y nuevos objetivos puede sentirse que se está perdiendo el tiempo, y creo que con razón.

Sin embargo hay otros días, en los que el cuerpo pide estar tumbado, sin pensar en nada, sin hacer nada, simplemente tumbado y respirar. Y quizás queden muchas por hacer y tenga uno un sinfín de obligaciones esperándole encima de la mesa, y un montón de preocupaciones que atender; pero uno escoge quedarse tumbado sin hacer nada. ¿Pierde el tiempo? Creo que en esta ocasión, si la persona disfruta, goza y aprovecha ese descanso no lo pierde. Creo que esta situación es distinta a la anterior en la que la falta de ideas y el hecho de tumbarse por la pasividad mental, sí se pueden considerar pérdida de tiempo.

Es inevitable después de haber pasado una jornada “reflexiva” no sentir cierto cargo de conciencia cuando se tienen quehaceres pendientes. No obstante, si uno está convencido que necesita ese descanso, no tiene nada que temer. El caso es hacer todo lo que se haga con un orden y sentido, y creer en lo que se hace y deja de hacerse.

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07 junio 2007

Poder


Todo poder es deber.
Víctor Hugo

Ha sido y siempre será una de las mayores ambiciones por el hombre. El poder, al igual que el dinero y tal vez por su estrecho paralelismo, ha sido motivo de discordia y guerras entre hombres.

El poder no llega a ser más que un acuerdo tácito donde entregamos a cierta persona o grupo de ellas legitimidad para dirigir a otro grupo. El poder es algo que se entrega, algo que por nuestra condición y tradición humana se tiende a respetar y en ningún caso plantear.

Por ejemplo entre un grupo de personas, pongamos un equipo de fútbol, se designa a una persona que fuera el encargado de decidir quién juega y quién no juega. En principio nadie rebatiría las decisiones por éste tomadas. Todas sus alineaciones y cambios serían acatadas pese al desacuerdo. Pero, ¿y si un día uno de los jugadores no estuviera de acuerdo con las decisiones del entrenador y protestara? Podría pasar dos cosas: una, que el resto del equipo siguiera asumiendo el poder del entrenador para designar las demarcaciones; y otra, que todo el equipo secundara a este jugador rebelde. Si pasara la segunda de las hipótesis, el entrenador perdería su poder, porque ninguno de los jugadores le seguiría otorgando legitimidad en sus decisiones, y le retirarían, mediante la desobediencia, el poder previamente asignado.

Con esto no quiero decir más que somos los individuos los que otorgamos el poder; los que asignamos un poder moral sobre nosotros, y que somos nosotros mismos los que somos capaces de derrocar cualquier poder, mediante la insumisión. Somos nosotros también los que legitimamos el poder. Si en el ejemplo anterior, el equipo respalda moralmente al entrenador, este jugador desairado no tiene nada qué hacer contra él. Si se encerrara a un rey en una habitación con un ciudadano, ¿tendría el rey poder alguno sobre él? No más que el que las normas de convivencia le otorguen.

Somos nosotros quienes aceptamos el poder sin plantearnos si estamos otorgándolo a las personas correctas, a las que propugnan nuestro beneficio antes que el suyo propio. Aceptamos nosotros sin más consecuencias el poder, y a todo aquel que cuestiona la legitimidad del poder lo miramos raro.

La vanidad y soberbia humana son infinitas. Son estos los dos grandes motivos por los que una persona decide entrar en el poder. El hecho de ser más que el resto de mortales, de poder imponer unos caprichos y conductas al resto de semejantes realiza al ser humano. Sin embargo, el poder conlleva una responsabilidad. Conlleva a la delimitación del camino a seguir por los que se encuentran bajo ese poder, aunque esto frecuentemente se olvida.

Culpa de ello teneos nosotros también, que no castigamos a aquel que mal utiliza el poder. Dejamos impunes a todos aquellos que con el dinero de todos, deciden emplearlo en sus fortunas y caprichos personales. No hay una ley de responsabilidades políticas a aquellos gobernantes que no han sabido gestionar el poder que el pueblo le ha otorgado. Y lo peor no es que sea por negligencia o ignorancia; sino por ambición y sed de poder.

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06 junio 2007

Justicia Histórica


Los pecados escriben la historia, el bien es silencioso.
Johann Wolfang Goethe

Han emitido recientemente en televisión un reportaje sobre Adolfo Suárez, el primer presidente de la historia. La mayoría de los españoles hoy en día lo considera el mejor presidente de la democracia; pero es evidente que todos esos que lo votan han olvidado como un día lo trataron.

Es ahora, cuando la pobre criatura sufre no sé si de alzheimer u otra enfermedad mental que le hace difícil o imposible ser consciente de la actual realidad; cuando España se acuerda de él.

Una vez más la Historia me demuestra que es el tiempo quién coloca a cada uno en su lugar, que es la perspectiva la que da valor a las acciones y discursos de uno, y es sólo con el tiempo cuando se puede juzgar sobre algo o a alguien.

Sin embargo, no puedo dejar de sentir pena al pensar que este hombre jamás verá ni sentirá reconocido su trabajo por España. Seguramente no le importe, ni haya hecho lo que hizo por el reconocimiento ni por la gloria; pero ya que la tiene y que la merece, que menos que poder disfrutarla.

El problema que quiero plantear es el por qué hacemos las cosas: si buscamos un reconocimiento de nosotros mismos, o un reconocimiento en los demás. Aquel que busca un reconocimiento, inmediato además, de los demás, sabe que tiene serias opciones a quedar relegado en el olvido en una temporada. La fama es temporal, caduca. La historia sin embargo escribe sus páginas con la tinta del tiempo, difícil de borrar aunque no de manipular.

Sin embargo, el que busca auto realizarse, el que busca el deber personal y lo persigue, sentirá la satisfacción de haber realizado las cosas de forma correcta, o por lo menos, como él las creía correctas. Aunque no siempre se obtenga el respeto y la admiración del mundo, ya sea por envida ignorancia o causas semejantes.

El dilema viene a ser una vez más el mismo de siempre: ¿es preferible ser feliz, o ser recordado, quedar para siempre? Supongo que la mayoría de las personas buscan en vida la felicidad, explorando caminos como es el poder, el dinero, el lujo o cualquier otro forma seductora, y quizás errónea, de felicidad. Sin embargo, no todo el mundo consigue ser feliz pese a sus esfuerzos. Y personas como esta, que aparte de su felicidad buscaron la felicidad de un conjunto de personas, en cierto modo ajenas a él, y que sacrificaron su felicidad, tranquilidad y bienestar por un grupo de personas únicamente pueden ser recompensadas con el consuelo del recuerdo. Es un trato difícil el de la felicidad por el recuerdo y la gloria.

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03 junio 2007

Inspiración


Mi consejo es que te cases: si encuentras una buena esposa serás feliz, si no, te harás filósofo.
Sócrates

Normalmente antes de escribir, tengo pensando qué voy a escribir o qué tema voy a tocar. Otras veces me siento delante del ordenador para tratar de escribir en el blog y no encuentro tema alguno que poder desmenuzar y compartir.

La inspiración es algo que no atiende a unos siempre que se necesita. Es bastante selectiva en cuando a los momentos en los que hacerse visible y palpable.

El tiempo que llevo escribiendo aquí, que son ya unos pocos meses, me ha hecho saber que la inspiración viene de la mano de ascensos del alma. Es mucho más fácil cuando se tiene agitación en el alma, ya sea positiva o negativamente. Cualquiera que lleve leyendo un tiempo sabrá y notará cuándo estoy más triste, más feliz y más indiferente. Sólo tiene que basarse en los textos.

Pienso muchas veces que los genios literarios debieron sufrir bastante en vida. Aunque la inspiración acuda a uno tanto en las alegrías como en los pesares; normalmente cuando uno siente el gozo del alma, no se para a analizarse a sí mismo, ni a describir su situación: simplemente vive cada momento intensamente. Sin embargo, cuando el alma pesa considerablemente, uno está más retraído, más encerrado en sí mismo, y dedica su tiempo a sí mismo, huyendo de las multitudes, a escribir y pensar.

Y es entonces, cuando uno tiene el alma agitada además de tiempo y ganas de plasmar en un papel un sentimiento o una idea, cuando pueden nacer obras realmente bellas.

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30 mayo 2007

Respuestas


Puede que la respuesta sea no preguntarse por qué
Fito & Fitipaldis

Como ya he dicho en millones de entradas anteriores, el ser humano se está planteando continuamente diversas cuestiones de muy diversa índole.

En la mayoría de las ocasiones, las resuestas vienen tras una breve divagación, y suelen ser claras y distintas. Otras tantas llevan más tiempo. Podemos pasar días buscando respuestas acerca de problemas que nos afectan de forma personal y afectiva.

Y hay un tercer grupo. Hay unas cuestiones que a veces nos creamos nosotros mismos porque no sabemos en qué pensar, y necesitamos tener cierta agitación en la mente. Quizás éstas sean las peores, porque nos obsesionamos con la búsqueda de una solución al un problema que verdaderamente no supone un problema, sino el resultado del aburrimiento y/o del bienestar personal.

Obsesionados con solventar el problema, pasamos días y días indagando sobre el origen de la cuestión; y es al cabo de estas jornadas cuando por fin concluimos que el supuesto problema no es fruto de otra cosa que del aburrimiento, de la a veces necesidad de dar trascendencia a nuestra vida, de dudar de nuestros pilares más firmes por el simple hecho de que no tenemos otra cosa en qué pensar, y recurrimos (sobre todo nos pasa a las mentes inquietas) a remover los cimientos en busca de preguntas que probablemente no tengan respuesta alguna.

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29 mayo 2007

La curiosidad y el gato


Es menos malo agitarse en la duda que descansar en el error.
Alessandro Manzoni

Es natural en el ser humano desear saber. Toda persona quiere saber más de lo que sabe. Siempre se tiene curiosidad por algo, o simplemente siente interés sobre un tema concreto y desearía abarcarlo y profundizar más en él, únicamente por el placer que proporciona el saber.

Pero algo fundamental para el conocimiento es la curiosidad. La curiosidad, que no viene a ser más que un interrogante, una duda. Y es que es dudando como se aprende.

Incluso en lo que damos por seguro y sentado acuden las dudas en ocasiones. Y esa duda no es más que un intento de salir de un posible error en el que podemos andar sumergidos. Quien acata todo sin cuestionarlo realmente no sabe, cree. Tiene fe en un conocimiento, pero no puede sentir la misma certeza que alguien que razona unos porqués o simplemente ha abierto otras alternativas.

¿Y si todo en lo que creemos fuera mentira? Si todos nuestros pilares sobre los que sustentamos nuestras vidas no fueran ciertos, sentiríamos un vacío infinito. El ser humano necesita una constante seguridad en sus acciones y en su vida diaria. Si esa seguridad desaparece, la persona desaparece con él. Por ese motivo llamamos frecuentemente “saber” a “creer”; y por ese motivo dejamos a veces la verdad aparcada en el lado de la incertidumbre, porque tememos que la verdad nos haga daño o rompa algún esquema fundamental de nuestras vidas.

Hay quien prefiere vivir una mentira. Y no es tan malo en realidad. El problema de vivir en el error, de vivir algo que únicamente es real para ti se presenta en el momento que descubres la mentira, o descubres el error. No es fácil recomponer los axiomas vitales, aquellas cosas que permanecen como verdades indiscutibles del individuo. Es duro para el niño descubrir que los reyes magos no son más que un cuento. Y por desgracia, hay descubrimientos más duros que ese que acaban por quitarle a uno la poca inocencia que haya podido salvar.

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27 mayo 2007

Subconsciente


Pienso, luego existo
René Descartes

He estado leyendo esta mañana en el espacio de Messenger de un amigo un sueño que él tuvo. Después de contar una paranoia enorme, pide a algún voluntario que le interprete el sueño.

Las interpretaciones de sueños son realmente curiosas. Es una de mis asignaturas pendientes (una de tantas): leer libros de Freíd, leer psico-análisis. Decían que los sueños no son más que nuestras inquietudes y demás sentimientos arraigados puestos en evidencia. Puede ser perfectamente así.

Había también un poeta del que ahora no recuerdo su nombre que escribía versos después de levantarse. Vamos, que soñaba con esos versos en sueños y los trasladaba al papel justo después.

Me resulta asombroso lo que hace el subconsciente humano. ¿Pensamos nosotros realmente? ¿O todo es algo automático, algo que no podemos controlar, pero que tenemos la sensación de que sí? El hecho de pensar es algo tan sumamente abstracto que es difícil de explicar racionalmente.

¿Por qué pensamos lo que pensamos? ¿Cómo funciona realmente el cerebro y el pensamiento? Supongo que es una cuestión cuya respuesta nunca encontraré.

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24 mayo 2007

Campaña Electoral


Los amigos son para las ocasiones, salvo en determinados círculos político-económicos, en los que las ocasiones son para los amigos
Jaime Perich

Estamos en campaña electoral, algo que no habrá pasado desapercibido para nadie. Las calles están inundadas de mensajes y caras de candidatos a las alcaldías, pidiendo el voto ciudadano.

Lo que sorprende de esta campaña, que quizás sea lo normal pero debido a mi escasa experiencia política me sorprende; son los mensajes de los discursos de los políticos. Ya los alcaldes no se preocupan de ensalzar su buena gestión durante los cuatro años en los que han estado a cargo de una ciudad; ni la oposición a señalar dentro de esa gestión y organización el ayuntamiento donde están las cosas mal y qué alternativas proponen.

No señores, eso es cosa del pasado. Hoy en día, las campañas electorales están más cerca de un programa del corazón que de un debate político. Ahora, los políticos solicitan el “no voto” de sus rivales, piden claramente que se les vote a ellos por no votar a otras fuerzas políticas. Vamos, que hasta ellos saben que son el mal menor para la sociedad y la ciudad.

Y es que la política hoy en día se ha convertido en un juego y en un negocio. Es bastante lucrativo estar al cargo de un ayuntamiento, y es rentable; porque por las malas gestiones no se penaliza ni sanciona.

España necesita una nueva forma de hacer política, una nueva generación de políticos que, para empezar, crea en sus ideas y las lleven a cabo. Que crean en algo que no sea en el lucro y el poder; que crean en que mejorar lo que hay es posible. Es difícil, pero soñar es gratis, por ahora.

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23 mayo 2007

Jornadas de Reflexión


Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo.
Sófocles

Una vez más los políticos vuelven a faltar a las normas básicas de una democracia. Ya pasó entre el once y catorce de marzo de dos mil cuatro. Y vuelve a pasar otra vez, en Granada, pero esta vez de forma tan evidente y ruin que no levanta otro sentimiento que no sea el desprecio.

El Partido Socialista desde su sede regional de Sevilla convoca para la jornada de reflexión un botellón en Granada. Y es que claro, como una vez funcionó y quedaron totalmente impunes, ¿por qué no intentarlo otra vez?

El problema de la democracia viene cuando las personas se hacen más fuerte que las leyes; cuando éstas son sólo usadas con fines partidistas y oportunistas. En democracia, la ley es quién manda. El poder que en una monarquía se le atribuye al rey, en democracia se le otorga a la ley, que se supone consensuada y acatada por el pueblo. Si no se respetan las reglas del juego, esto se convierte en ver quién hace la trapería más grande. Cada vez que una infracción de este tipo no se castiga, se está incitando a volverse a cometer. Si no se está de acuerdo en una ley, se debe luchar por que ésta sea modificada; no aplicar justicia cada cual con su mano.

Llevamos unos años en España donde la política se está convirtiendo en un juego sucio en busca de poder y ambiciones. Ya no se cree en las ideas. Los discursos se basan cada vez más en el “y tú más”, en el atacar al adversario político antes que ensalzar las virtudes propias. Ya no se promueven las ideologías, se carga contra las opuestas. Parece no haber límites para alcanzar el poder, como bien demuestra el Partido Socialista con esta moda reciente de sabotear las jornadas de reflexión.

Pero no olviden ustedes que quien siembra vientos, recoge tempestades. Miren a la década de los treinta si no.

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22 mayo 2007

Voluntad


Hoy es un buen día para empezar
Ricardo Arjona

Tendemos a hacer planes. Es una gran parte vital del ser humano, como ya he dicho en otras entradas, en la última para no ir más lejos. Hay que buscarse objetivos y soñar despiertos. Pero también hay que llevarlos a cabo.

Como dice el refrán: del dicho al hecho hay un trecho. Las palabras y los planes son bonitos; pero el mundo no se mueve con frases ni oraciones; se mueve con acontecimientos y acciones. Lo mismo pasa con nuestras vidas. Hay que soñar, hay que planificar; pero hay que llevarlos a cabo, hay que plasmar en realidad las ideas y proyectos.

Normalmente es la pereza el principal obstáculo para que todo esto sea posible. Siempre mañana es preferible a hoy a la hora de realizar cualquier actividad que no suponga una emergencia o un deseo incontrolable y desenfrenado. Pero debemos luchar contra eso, contra el posponer indefinidamente nuestros planes.

También es cierto que con el simple hecho de planificar, ya se disfruta; y aunque no llegue nunca a consumarse, uno ha disfrutado maquinando en su cabeza como va a ocurrir todo. Pero cierto es a su vez que el goce es mayor cuando uno recuerda que ha cumplido lo que se había programado.
La fuerza de voluntad es sin duda una gran virtud. La voluntad nos realiza. Nos hace sentirnos dueños de nosotros, de sentirnos capaces. No hay que esperar a mañana para emprender esas actividades que no son de un solo día, sino que más bien necesitan de cierta constancia para hacerse. Y hoy es un buen día para empezar.

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21 mayo 2007

El porqué de un porqué


Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los "cómos".
Friedrich Nietzsche

Hay días en los que uno no sabe muy bien por qué está vivo, qué hace en y con su vida, por qué se levanta por las mañanas, y por qué sigue acostándose. Siempre tiene que haber un porqué en la vida, o quizás, la vida misma sea un porqué.

Es necesario tener unos objetivos en la vida, unas aspiraciones, unos sueños, un día a día, un porqué. Incluso es preferible tener más de uno, por si alguno de esos pilare sobre los que sustentamos la vida se cayera, poder agarrarnos a otros para poder flotar en la realidad.

El ser humano necesita darle una trascendencia en su vida. No se conforma con ser un paseante, uno más en la gran escala de la vida. El hombre no se considera una casualidad, y si así lo hace, tiene una necesidad de demostrarle al azar que éste hizo bien.

Tendemos a mirar por encima del hombro al resto del planeta. Podemos hacerlo, desde luego, pero tal vez debamos ser más modestos y domar esa soberbia tan nuestra.

Se siente miedo y desilusión cuando uno empieza a creer que no es nadie en el Universo, que no somos más que polvo, que no somos más que nada. Y es probable que por eso el ser humano a lo largo de la historia se haya preocupado de recopilar historias, hazañas, literaturas y demás artes para dar trascendencia a unas vidas, que ya no aspira a sobrevivir, sino a vivir.

Y son esas artes y esa historia la que nos enseña a cómo actuar, la que nos explica muchos porqués y la que abre nuestra cabeza en busca de más aspiraciones y más objetivos vitales. Cuando leemos un libro, vemos una buena película o contemplamos un cuadro, sentimos como que tenemos que hace algo en la vida, nos sentimos más llenos, más enteros, y con ganas de no pasar desapercibido ante el mundo.

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17 mayo 2007

Obviar la existencia


Si nunca se habla de una cosa, es como si no hubiese sucedido
Oscar Wilde

Existen multitud de dificultades a la hora de decidir si algo existe o no existe. La forma más trivial, elemental e intuitiva de hacerlo es distinguir entre lo tangible y lo intangible; pero esa subdivisión no llega a ser del todo cierto, porque estaríamos negando la existencia de sentimientos, entre otras muchas cosas.

¿Cómo podemos concretar entonces sobre si algo existe o no? Decía George Orwell en su gran obra 1984 que “si tú crees que estás volando, y yo creo que estás volando: entonces estás volando”. Y algo así sucede en realidad: la existencia al fin y al cabo no llega a ser más que un concepto subjetivo.

Realmente estas dos ideas de existencias son completamente distintas aunque se usa el mismo término para ambas. Por ejemplo: ¿Existe Dios? Dios existe en el sentido en que alguien habla de Dios, y todo el mundo puede entender el concepto y asumirlo; ¿pero está presente en nuestra realidad? ¿existe Dios? Esa existencia es diferente a la anterior. En ese aspecto, el castellano lleva a una mal interpretación constante de la existencia. Hoy en día, no se puede saber si existe Dios.

Volviendo a la subjetividad de la existencia, cada individuo tiene conciencia de la existencia de distintos entes e ideas; y aquellas que ignora, realmente no existen para él. Algunos, es cierto, pueden alterar su vida o su estado actual; pero la mayoría pasan desapercibidas y el individuo ni los siente ni los padece. La ignorancia por tanto niega la existencia.

Lo mismo sucede con lo que se obvia. No se tiene certeza de existencia algo que sólo el individuo cree. Para llegar a saber algo, es normalmente necesario confirmar ese conocimiento con otras personas o documentos. Siempre se queda una vaga idea, de la que podemos estar casi seguros, pero necesitamos confirmar con otras fuentes para reafirmarnos en nuestro conocimiento; y si no lo hacemos, es porque la reafirmación se ha producido en un corto periodo de tiempo hacia atrás, o ha sido recientemente adquirida.

En el momento en que se confrontan las ideas, surge la duda. Salvo cuando uno se aferra a la idea fanáticamente, haciéndola más una cuestión de orgullo que de conocimiento.

Es necesaria por tanto la comunicación para el conocimiento. Es necesario reafirmar nuestras ideas. Dejar de creer para llegar a saber. Por eso hablar sobre lo que se duda puede hacer que la incertidumbre desaparezca.

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15 mayo 2007

La Fe en el Presente


Es preciso considerar el pasado con respeto y el presente con desconfianza si se pretende asegurar el porvenir.
Joseph Joubert

El tiempo ha sido una de las obsesiones primeras de la Humanidad. El hecho del condicionante espacio-tiempo que rige nuestras leyes físicas y nuestro día a día nos obliga a otorgarle una importancia a veces quizás exagerada.

El control del tiempo siempre ha sido un sueño plasmado en novelas de ciencia – ficción, así como en el cine. Poder moverse por la línea temporal que rige el universo ha sido, y será, uno de los sueños imposibles del ser humano, como el de la eterna juventud, aunque este último viene siendo una derivación del mismo problema sobre el tiempo.

El problema que tiene el ser humano con el tiempo aparece ante la imposibilidad tanto de poder cambiar el pasado como de prever el futuro. El hombre no puede ceñirse nada más que a su presente. Pero hasta el presente es relativo. Llamamos presente de igual manera tanto al momento concreto, a un punto en la línea temporal del tiempo, como a un intervalo de tiempo, cuyo centro es el ahora mismo. Por ejemplo, hablamos de presente de igual forma de ahora misma, de hoy, o de este año, según la referencia que tomemos para hacer la medición. Si al final, todo es relativo, pero eso es otro tema.

La angustia que provoca el tiempo también, es que muchas veces somos incapaces de conocer el verdadero presente. Conocemos el pasado. Es más, numerosos hechos los entendemos una vez transcurridos cierto tiempo que nos permiten analizarlos y contextualizarlos; pero el presente aún no tiene contexto claro.

Acude la duda a nosotros respecto a acciones fugaces, ante cosas que varían continuamente en el tiempo, y que no se mantienen constantes, como son por ejemplo sentimientos, gustos o apetencias. En el presente, sólo podemos tener la confianza de que todo se mantenga igual que en el pasado, del que ahora sí tenemos cierta certeza. Pero, como con todo, nadie nos puede asegurar que esas cosas sigan siendo tal y como las creemos o las creíamos. Todo es fugaz y todo cambia.

En cierta medida, la vida es cuestión de fe. Fe en las personas, en las acciones y en las palabras. Realmente no tenemos certeza de nada y fe en demasiado.

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12 mayo 2007

Ira


La ira es una locura de corta duración.
Quinto Horacio Flaco

La ira puede ser junto con el amor el sentimiento más puro y profundo que exista. Nunca pasa desapercibida, y rara vez es fácilmente se puede camuflar o disimular. Es fácil leer en el rostro, y en concreto en los ojos, la ira.

La ira y el odio han sido siempre mal vistos. Conducen a la destrucción y al desorden, al caos. Remueven las entrañas de cada individuo y estruja el cerebro para encontrar un modo de crear sufrimiento y malestar. Sin embargo, es esa constante búsqueda y esa constante alteración la que nos mantiene vivos: son las sensaciones las que hacen a uno sentirse realmente vivo.

No llega a molestar el odio. De alguna forma, lo elegimos nosotros. Pero como todas las sensaciones y sentimientos, no dura para siempre, y en algún momento, cesa por completo. Es entonces cuando llegan los efectos secundarios del odio: el arrepentimiento. Una vez que hemos rehusado el cabreo, vemos las cosas de forma diferente; e incluso a veces nos cuesta entender por qué hemos realizado o dicho cosas. Si el odio y el amor duraran para siempre, ambos serían más fáciles de soportar.

Uno cuando está enfadado, debe ser consciente de que ese estado no es para siempre, que en algún momento cesa. Pero eso es lo verdaderamente complicado. Se convierte en uno de los eternos dilemas: razón contra corazón. Es muy difícil de aplicar normas racionales en momentos donde los sentimientos afloran y se encuentran tan presentes. Es complicado medir las palabras ante los impulsos vitales que nos incitan y nos arrastran a decirlas, así mismo pasa con las acciones, que son difíciles de contener cuando en nuestro interior sentimos el deseo de realizarlas a toda costa.

Es aquel que contiene sus emociones y sabe canalizarlas y dosificarlas el que es dueño de sí mismo. El que en cada momento de su vida puede elegir hacia dónde dirigirla, y que además, está seguro de adónde la dirige. Es aquel, el que puede pensar con claridad en medio de la tempestad de sensaciones, el que puede controlar su mano y su lengua en momento de auténtica ira. El que comprende que todo sentimiento es fugaz, que las cosas pasadas un tiempo se conciben de otra manera. El que es suficientemente orgulloso como para no desear arrepentirse de nada de lo que hace, el que es siempre capaz de salirse de su cuerpo por un momento y determinar una decisión correcta, pensando siempre en el futuro y en sus consecuencias.

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09 mayo 2007

El Clima y las Personas


Yo soy yo y mis circunstancias
José Ortega y Gasset

¿Somos realmente independientes y libres? Creo con el paso de los días cada más que no. Todo nos influye, todo tiene eco en nuestras vidas. Realmente es difícil no dejarse influir por las personas; pero éstas no son nuestra única influencia.

No podemos ser siempre lo que pretendemos ser. La vida tiene demasiados factores, demasiadas condiciones ajenas a la razón; e incluso la razón se condiciona y se labra según acontezcan unos u otros hechos.

Pensaba esta tarde yo, ante mi falta de voluntad ante todo que el clima por ejemplo, condiciona las vidas, y por ende condiciona a las personas y a sus hábitos, a su cultura e incluso al carácter. Los cambios de temperatura son siempre críticos. El cuerpo, por razones que yo desconozco, se vuelve perezoso y reacio a los cambios y a los excesos. El estudio de las culturas con respecto los climas podría ser sin duda un tema interesante de investigación.

Todo nos condiciona. Podría decirse que no somos más que lo que podemos ser, lo que nos dejan ser. Pero el hombre siempre tendrá en su soberbia el concepto de libertad como una realidad suya; cuando realmente es un concepto relativo y difícil de definir. Pero eso será otro día…

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07 mayo 2007

Saltar al Vacío


Sin riesgos en la lucha, no hay gloria en la victoria
Corneille

Hay veces en la vida en las que uno no está seguro de si está siguiendo el camino correcto. Incluso hay veces en las que uno no sabe si quiera si está siguiendo un camino.

La incertidumbre es un tema que ya he tratado en este blog en repetidas ocasiones, pero es que es algo bastante inherente a mi persona que no puedo desprender con tanta facilidad. Hay quién está demasiado acostumbrado a pisar sobre donde otros ya han pisado, y cuando pierde esa referencia no sabe qué loseta pisar, y siente miedo.

Debe ser una sensación parecida a la primera vez que un paracaidista salta. En realidad debe ser parecido a cualquier primera vez, las primeras veces siempre son duras en todo. No sabemos con certeza qué va a pasar. No sabemos qué nos deparará el futuro. ¿Se abrirá el paracaídas? ¿Y si no? Pero seguramente se paracaidista no puede dejar escapar la sensación de caer hacia el vacío.

Hay personas que se superan a sí misma por conseguir algo que quieren, y que son capaces de afrontar. Realmente, casi siempre que alguien quiere algo enérgicamente, lo consigue. Querer es poder, que dicen por ahí. Sin embargo, existe también mucha gente que no sabe lo que quiere, no sabe si se ha montado en el avión porque realmente quiere saltar y sentir el viento en la cara y como el estómago se le encoge una vez que salta, o simplemente ha sido un capricho que le está aportando más sufrimiento qué placer.

En cualquier caso, hasta que el paracaidista no salte, no sabrá si ha merecido o no la pena. No podemos comparar con las cosas que aún no han pasado. Y vivir es, precisamente, pasar cosas cada día.

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06 mayo 2007

Cambio Político


Cuando la lucha entre facciones es intensa, el político se interesa, no por todo el pueblo, sino por el sector a que él pertenece. Los demás son, a su juicio, extranjeros, enemigos, incluso piratas.
Thomas Macaulay

El clima político español va llegando cada vez más a una tensión y unas diferencias serias. La política hoy está convertida en un forofismo realmente parecido al que tienen los hinchas de fútbol hacia sus equipos: sin ninguna lógica ni sentido, simplemente defendiendo lo que uno se ha apropiado como suyo.

Por eso, este bipartidismo, tan tradicional en la política española (ya estaban Cánovas y Sagasta), está tocando su fin, o por lo menos, debería estarlo. La gente está ya más que cansada de las eternas peleas, del sinfín de acusaciones sin pies ni cabeza, pero con infinitas vísceras.

¿No creen ustedes que es hora de un cambio? La democracia española es realmente una oligarquía de partidos, donde no existe democracia tan siquiera dentro de los mismos partidos. Todo se mueve por interés. Ya no se elige al mejor ni al más apto para el cargo, se elige al que mejor cae o al que más favores le deba.

Yo creo en ese cambio. No sé si es por mi excesiva juventud e ingenuidad, o porque realmente éste es posible; pero creo en él. Creo que existe la buena voluntad en las personas, aunque a veces se esconda. Creo que la democracia es posible. Y quiero luchar por ella y a la vez invitaros a todos los que creéis que es posible a seguir luchando.

P.D.: Echad un vistazo a los enlaces nuevos

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04 mayo 2007

Cansancio


Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años.
Abraham Lincoln

Después de unos cuantos días (demasiados) sin escribir tengo bastantes temas para escribir. Normalmente se me ocurren muchos más, pero éstos se pierden en su mayoría entre los grandes vacíos de la memoria.

Comentaré hoy, una vez más basado en una experiencia reciente, los efectos del cansancio en una vida, el cómo nos afecta en nuestras acciones, pensamientos, predisposiciones y percepciones.

Realmente cambia un día las fuerzas que se tengan. La actitud es totalmente diferente con o sin cansancio. Cuando estamos cansados no tenemos ganas de nada, ni de pensar, ni de hablar con nadie. Los problemas de convivencia florecen de forma más repentina y continuada. No hay predisposición para nada, no hay paciencia, simplemente existe el cansancio y el pesar. Todo nos viene mal, salvo que sea permanecer sentado haciendo nada.

¿Es por tanto dormir una forma de perder el tiempo, o sin embargo es una forma de ganarlo? Como con todo, en el término medio se halla la virtud. Es necesario dormir, porque es necesario estar cansado; pero las horas parecen cortas, y la suma de todas ellas parecen pocas para las cosas que quedan por hacer. Hay que equilibrar ambos factores, porque cuando se realizan actividades hay que dedicarle la mayor parte de nuestra atención a esa actividad, si queremos que no haya sido una pérdida de tiempo, y sea productiva cuanto más sea posible. Es necesario estar descansados para poner nuestra atención a lo que estemos desempeñando.

Por otro lado, si no estamos descansados del todo, tendemos a querer acabar lo que estemos haciendo por irnos a descansar, lo que provoca que el trabajo que desempeñamos no lo hagamos de la mejor forma posible.

Descansar y dormir es una actividad fundamental para la correcta realización de otras.

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