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26 febrero 2023

La noche del 12

La herramienta básica para la manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Si puedes controlar el significado de las palabras, puedes controlar a la gente que debe usar las palabras.
Philip K. Dick

Lo que traigo por estos lares después de mucho tiempo en escribir por aquí es la crítica a una película homónima a esta entrada. Más que una crítica cinematográfica, es una excusa para resaltar algo que me ha disgustado de la misma (por innecesario, sobre todo) y que veo que cada vez es más un fenómeno extendido en obras culturales: el mensaje propagandístico poco sutil a colación de hechos que se recogen en la película. Y a ello voy.

La película empieza dando un dato sobre las estadísticas de casos resueltos y no resueltos en Francia, dejando intuir que lo que se vería a lo largo de la cinta iba a ser eso, un caso sin resolver y que toda la obra en su conjunto pretendería (o, al menos, eso se puede dejar de entrever al espectador) en una reflexión ya sea sobre las causa de que esto ocurra, o bien sobre la visión de la Policía sobre esa incapacidad de dar solución, o incluso (por dar una tercera temática posible) sobre la visión humana del entorno de la víctima que sienten la importancia que trae consigo la injusticia. Pero me temo que la cinta, en el fondo, iba de otra cosa.

La película es una película sobria, cotidiana. Por la estructura recuerda un poco a Zodiac, de David Fincher. Ya desde el minuto uno se ve cómo el jefe de la investigación no es un policía al uso, y quizás esta pueda ser una buena aportación de la cinta. Es, por usar conceptos modernos, un policía deconstruido. Yohan, el protagonista, no apela a la violencia, no enjuicia (como sí hacen sus compañeros) las actividades o vida de la víctima, practica un deporte inusual (como es la bicicleta en velódromo), etc. Desde luego, el policía sale del estereotipo clásico de película y novela policíaca, y no ya de Philippe Marlowe, sino incluso de las últimas películas españolas incluso.

De la fotografía y de música se puede (y debe) hablar muy bien. Esta última es excelente y la primera nos recorre unas zonas de Francia periféricas (hay Francia más allá de París), lo cual es un punto a favor: retratar el país más allá de la capital y descubrir una parte del país más desconocida y alejada de los circuitos normales franceses.

La parte final de la película es la parte donde poner el pero. Deja la duda de por qué ha triunfado tanto en los César, si por su calidad cinematográfica o por reproducir determinados mensajes e ideologías mediante diálogos que son ajenos a la trama (y que quizás, por eso, choquen más al espectador) y se cuelan de lleno en la película con un mensaje claro dicho de manera explícita en la película: “todos los hombres mataron a Clara”. Al final, por desgracia, da la sensación de que de esto va la película, que todo el hilo argumental, toda la trama, no es más que una excusa para dar este contundente, manido y demagógico mensaje. Lo cual provoca a quien estas líneas escribe una profunda decepción.

No sé si el director (varón) tiene alguna culpa que expiar o se trata de un tema de financiación, si necesita reproducir no sé qué mensajes para que financien las películas, pero la película se trata de cargarle el muerto (nunca mejor dicho) al patriarcado. Y los mensajes, como digo, son explícitos en los diálogos, no es un velo que recubre la película, algo que uno respire y necesite analizar y concretar: no: los protagonistas lo explicitan lo suficiente para que no quede duda del mensaje, por si hay algún despistado que no lo coge, o por si toman al espectador medio directamente por imbécil.

Además, sobrevienen de repente al final de la trama dos papeles femeninos, ya a posteriori de la investigación (que puede que en caso real fueran así, pero la suspicacia ya está servida), que juegan un papel fundamental en el mensaje: la jueza que quiere rescatar el caso tres años después; y la joven incorporación, número 1 de la promoción y que quiere ir a homicidios porque le gusta el análisis y la investigación (y la violencia, admite. En este sentido, tampoco podemos dejar a un lado el alegato de Nanie, la amiga de Clara, que presume que la policía sólo pregunta por su vida privada por morbo y para poder pensar que es la fallecida era una puta por su liberalidad en el plano sexual. Esto último ocurre ante el silencio de nuestro policía deconstruido que no es capaz de contestarle que una relación sexual puede ser el origen de un móvil, como celos, que provoquen un asesinato.

La conclusión del caso sin resolver es, sin embargo, que todos los hombres mataron a Clara. Y, lo grave, es que es un mensaje asumido, aceptado y repetido. Para que se pueda apreciar la barbaridad del asunto, imaginen que elegimos otra variable (variable que encima es completamente arbitraria para el sujeto, que no la elige, que nace con ella) para trazar los colectivos y colocar a cada persona en uno u otro grupo, como la raza (si se van a siglos no muy anteriores y algunas ideologías del parlamento español no tienen ni que imaginarlo), ¿podríamos decir que en el 11-S o 11-M no fueron los terroristas concretos que perpetraron las masacres, sino que fueron los musulmanes quienes los llevaron a cabo? ¿Podríamos acusar a todo el colectivo por un acto concreto de unos determinados individuos? En la sociedad contemporánea parece que sí.

Para terminar, diré que me apena que gran parte del mundo de la cultura esté tan contaminado. Y no porque contenga subyacente unas ideas o un mensaje, sino porque lo explicita demasiado, porque no lo tritura, todo queda burdo. Y es una pena que la película, que técnicamente es buena, los personajes están bien construidos (pese a los estereotipos mencionados), y la música y la fotografía sean bastante buenas, que a un espectador le quede el sabor de boca de que la obra parezca catecúmena de la ideología hegemónica hoy en día. Se queda, así, uno con una sensación agridulce. Y me temo que esto no es un fenómeno aislado. Se puede apreciar la misma forma de actuar en el documental sobre las niñas de Alcácer, donde sobran, absolutamente, los minutos finales del mismo por exactamente el mismo motivo.

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08 diciembre 2020

1917

La vida es una gran sorpresa. No veo por qué la muerte no podría ser una mayor.
Vladimir Nabokov

La película 1917 puede ser una de las mejores películas que he visto del año 2019. No siendo muy seguidor del cine bélico, he de reconocer que esta película te sumerge por completo en la tensión y angustia de dos soldados de las trincheras de aquella Primera Gran Guerra del siglo XX. Toda la cinta mantiene la tensión de si los protagonistas conseguirán o no sus objetivos, mezclada con los horrores de la propia guerra. 

Comienza la película con un fotograma de una pradera preciosa donde uno de los soldados protagonistas duerme placenteramente la siesta. Acto seguido, y durante prácticamente toda la película, la cámara gira 180 grados y comienza la oscuridad del campo de batalla y de las trincheras: una metáfora perfecta de la capacidad destructora y de oscuridad de la guerra.

La reflexión sobre la que va a girar este texto es acerca de una escena concreta de la película. Advierto al lector que a partir de aquí se destriparán contenidos del argumento. La escena en cuestión es la muerte del soldado Blake. La reflexión gira en torno a dos aspectos: por un lado, como en la guerra un acto de humanidad con el enemigo puede costar la propia vida. El miedo al enemigo o lo que éste puede hacer contigo, o el propio odio visceral contra el igual que está en frente puede ser superior a los gestos de humanidad que éste presente. Si bien es cierto que, además, el hablar diferentes lenguas cada bando hace mucho más difícil la comunicación humana, el contexto bélico hace incrementar la confianza en el que está en frente y despertar (como fue el caso del piloto alemán) el instinto de supervivencia a toda costa que, paradójicamente, le llevó a la muerte (y a la del soldado inglés que intentó salvarle la vida).

La segunda reflexión en torno a esta escena trata acerca de un aspecto que no sólo se encuentra en el ambiente bélico, sino que puede acontecer en la vida diaria de cualquiera. Esto es, lo repentino de la muerte.

En la película, basta un giro de la cámara hacia un abrevadero de animales para que en ese intervalo de 10 segundos la suerte de uno de los protagonistas cambie por completo. La muerte le llega de repente, con una puñalada en el vientre. Y el mismo protagonista es consciente de lo que esa puñalada supone. Es ese lamento de los minutos posteriores de creer poder haber evitado el desenlace no ayudando al enemigo, por ejemplo, el que incrementa la angustia del soldado. La conciencia de que todo lo anterior (el paso por la trinchera alemana) ha sido en vano desespera aún más al moribundo. 

La conclusión que obtuve de esta escena de la película es que un mínimo acto puede ser fatal, que los acontecimientos pueden torcerse en menos de ir a una fuente a por agua y que son pequeños instantes los que pueden condicionar el curso de la historia de cada uno.

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28 octubre 2020

El Dilema de las Redes Sociales

No hay educación si no hay verdad que transmitir, si todo es más o menos verdad, si cada cual tiene su verdad igualmente respetable y no se puede decidir racionalmente entre tanta diversidad.
Fernando Savater 

El otro día vi el documental que se titula como esta entrada. En él se hace un análisis de cómo las redes sociales influyen en la sociedad como conjunto y en cada uno de nosotros como individuos. Desde el punto de vista social, trata desde cómo las elecciones pueden inclinarse hacia uno u otro lado (generalmente polarizado); y desde el punto de vista individuo incide en la lobotomía que producen en sus consumidores. El documental, sin ser una obra maestra y dar ciertos saltos argumentales un poco, a mi entender, inconexos, resulta interesante y da pie a muchas posibles reflexiones no ya sólo en cuanto a las redes sociales sino en cuanto a la sociedad posmoderna en la que vivimos y en las tendencias de la misma. 

Me llamó la atención particularmente un tema que he tratado también en este blog en alguna ocasión y es el tema de la búsqueda de la verdad. Casi al final del documental se trata la verdad como uno de los valores o pilares que claramente se están perdiendo en pro de una “posvedad”, por citar el concepto tan utilizado por Marina (no sé si es suyo original o simplemente se hace eco), que vendría a ser una construcción de la realidad, sociedad e individuos basados en opiniones más que en hechos verificables. 

El tema de la verdad es uno de los temas por excelencia de la Filosofía (junto con lo Bueno y lo Bello). Ya los filósofos griegos teorizaron sobre esto y crearon los conceptos de doxa y episteme para distinguir los conceptos. El hecho de confundir el uno y el otro es tremendamente peligroso. Supone confundir lo cognoscible por la razón, lo objetivo, lo refutable por otros; con lo percibido y lo subjetivo. Se trata de confundir una realidad objetiva con una percepción personal (y quien nos dice que no interesada). 

En el documental se muestra cómo puede esto influir en una sociedad: como las creencias o la mera propaganda puede ser confundido con la verdad y ponerla en el mismo nivel de valor, darle el mismo potencial argumentativo. Esto, a su vez, implica que los individuos configuren su mundo sobre unas creencias que no se respalda con la realidad, lo que acaba llevando en último término a la falta de libertad al no poder los propios individuos poder discriminar entre qué es cierto y que no. Es una parte fundamental de la libertad el tener las herramientas para conocer qué es cierto, ya que de ahí se deriva el comportamiento de los mismos. Comportamientos tan críticos como puede ser el voto en unas elecciones. 

Todo lo que se ve en redes sociales / Internet pasa por verdadero, como ocurría antaño con la televisión, sólo que ahora cualquiera puede subir contenido a Internet y maquillarlo con apariencia de verdad. Además, cada vez más, las instituciones que habrían de velar por la verdad se están contaminando por esta posverdad, están siendo absorbidos por intereses políticos o comerciales. A la vez que escribo esto no puedo dejar de pensar en la Universidad y en algunos de sus catedráticos y miembros docentes (sobre todo en algunas disciplinas) donde su servicio a un interés concreto ha dejado de lado su supuesta defensa del conocimiento, el rigor, la ciencia y la verdad. 

¿Quién defiende la verdad ahora en la posmodernidad?

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02 septiembre 2018

El Síndrome de Forrest Gump

“Mamá siempre decía que tienes que dejar atrás el pasado antes de seguir adelante”
Forrest Gump

Imagino que todos o casi todos habréis visto la película de Forrest Gump. Si hacéis memoria, me gustaría que recordarais la escena de esta misma película en la que el protagonista encarnado por Tom Hanks comienza a correr tras un desencuentro con Jenny. Es de esta manera que Forrest comienza a correr sin rumbo ni sentido alguno. Simplemente corre. Corre por correr. Corre porque, quizás, no encuentre otra cosa mejor que hacer. Parece que es la propia actividad de correr lo único a lo que le encuentra sentido o, precisamente, porque no tiene que darle ninguno.

Tras ese arranque, Forrest llega con esta filosofía hasta el mar de una de las costas de Estados Unidos. Y emprende entonces el camino hacia la otra. Y cuando encuentra ésta, vuelve de nuevo sobre sus pasos. Se tira así varios años y hasta consigue formar un grupo de seguidores detrás de él que lo siguen de manera ciega en su carrera infinita. Todo sigue así hasta que un día, de manera súbita, decide parar de correr. La gente incluso le inquiere acerca de sus motivos, pero él no da ninguno. Se vuelve a casa, dice. Y así lo hace.

Esto que le ocurrió al bueno de Forrest es una buena metáfora de lo que puede pasarnos alguna vez en la vida. De repente un día sufrimos un contratiempo. O simplemente reparamos en algún aspecto de nuestra vida que no habíamos reparado. Empezamos, por ejemplo, a ver la finitud de la juventud o vislumbramos un futuro cercano que difiera a la vida que llevamos ahora. Tal vez, por qué no, el desencadenante haya podido ser que un elemento de estabilidad en nuestras vidas se trunca, desaparece.

Cuando esto ocurre, la primera reacción en la mayoría de nosotros está invadida por un impulso vital más que de uno reflexivo nacido probablemente por la ansiedad o el desconcierto. Y, como hizo Forrest, empezamos a correr. ¿A dónde? ¿Para qué? Es lo de menos. Huimos. Huimos hacia delante. Sin ritmo. Corremos por correr. Y mientras vamos en esta carrera sin destino sentimos, al menos, que avanzamos. De una u otra manera hemos conseguido crear el espejismo de que seguimos adelante, que el obstáculo ha sido superado o que tomamos distancia de aquello que nos genera ansiedad.

Y así como le ocurrió al personaje de la película referida, podemos estar años en ese torbellino, en esa actividad frenética sin más sentido que la propia actividad. Y es en esa actividad donde buscamos el sentido de dicha actividad. Estamos avanzando porque estamos haciendo cosas, pensamos. Progresamos porque no paramos, porque no respiramos, porque se pueden cuantificar las actividades. Caemos en la ilusión de que movimiento significa progreso.

Todo es así hasta que un día nos sacude de repente una pregunta, ¿por qué estamos corriendo? De repente hemos olvidado el motivo que nos indujo a correr, probablemente porque hayamos digerido tal motivo y haya mermado aquello que nos impulsó. Dejamos de sentir el impulso frenético del movimiento. Hemos, siguiendo los consejos de la madre de Forrest, dejado el pasado atrás y es entonces cuando podemos seguir hacia delante. Es en ese momento cuando, como Gump en su película, decidimos parar y volver a casa.

Trozo de la película: https://www.youtube.com/watch?v=BsJuouD-qNE

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21 marzo 2017

Reflexiones de Matrix: La Verdad y la Felicidad

Si buscas la verdad, podrás encontrar confort al final; si buscas confort, no encontrarás ni verdad ni confort.
Clive Staples Lewis

Una de mis escenas favoritas de la película Matrix es cuando Cifra está sentado frente al Señor Smith y aquél le dice a éste que aunque él bien sabe que el filete que se está comiendo no es verdad, él lo disfruta y saborea. Que aunque todo sea una recreación de su cerebro, a él le es indiferente, ya que lo está disfrutando, siente el placer y le es agradable. Así, para llevar a cabo el negocio que se traen entre manos, Cifra le pida que a cambio olvide todo lo que sabe y que vuelva a despertarse en Matrix con las condiciones materiales perfectas para llevar una, podemos llamar, vida acomodada.



Y uno, ¿qué quiere uno? ¿La verdad a toda costa? ¿Somos capaces de soportar la verdad? ¿Somos capaces de llevar la losa que supone muchas veces la verdad a lo largo de la vida? ¿Para qué sirve la verdad? ¿Por qué la verdad? ¿Y la mentira? ¿Son la verdades a medias mentiras? ¿Es uno completo con una mentira? ¿Es uno mismo uno sin toda la verdad? ¿Es más fácil reponerse de una verdad o de una mentira? Todo esto, como (casi) siempre, serán las entradas de otro día

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11 marzo 2017

La La Land o el Amor Posmoderno

Amar es una oportunidad, un motivo sublime que se ofrece a cada individuo para madurar y llegar a ser algo en sí mismo, para volverse mundo.
Rainer María Rilke

Esta entrada contiene contenido de la película. Si el que está leyendo estas líneas no la ha visto, le recomiendo no leerla hasta que no lo haya hecho. Una vez advertido el lector, y más allá de las consideraciones cinematográficas que pudieran hacerse (y que yo no voy a hacer en esta entrada), procedo a argumentar por qué creo que es una gran película. Entiendo que la película es un reflejo fiel a las relaciones sentimentales en plena posmodernidad. Y explico por qué.



Los protagonistas se encuentran por azares de la vida (como suelen encontrarse las parejas, en realidad) y entre ellos nace una química especial quizás basada en la singularidad de sus personalidades. Ninguno de ellos es un tipo corriente. Al revés, a ambos podríamos calificarlos de extravagantes, con un barniz de idealistas y soñadores. La atracción no se hace esperar y la relación, debido a cómo congenian sus caracteres, se desarrolla en la más profunda armonía.

Ambos, como soñadores que son e hijos de su tiempo, tienen sus aspiraciones individuales. Aspiraciones que llevan arrastrando muy probablemente desde su más ¿volátil? Adolescencia y que traen consigo hasta su presente. Ambas pasiones ligadas con las artes, con la creatividad. El carácter de ambos, además, favorece esta persecución de sueños que realmente es una aproximación cómoda de sus sueños, una adaptación “segura” de los mismos, en el fondo una desvirtuación. De lo que se acaba tratando es en una falsa búsqueda del sueño, de una imposición de la individualidad (pero no de la individualidad original, del sueño original, sino de la adaptación nacida a causa de no haber centrado plenamente los esfuerzos en la relación).

Poco a poco esta necesidad de individualidad los va alejando el uno del otro hasta que, por la distancia espacio-temporal, acaban rompiendo la relación, ya que ninguno es capaz de sacrificar esa individualidad, ese yo, por la relación; ni, por otro lado, son capaces de negociar un término en común.

Al final de la película se muestra una especie de final alternativo en el que ellos, en lugar de escogerse a sí mismos, escogen la relación y apartan del camino todo lo que los aleje del amor. Siguiendo esta línea, se ve como ambos consiguen llevar una vida plena en el plano individual (ninguno renuncia a sus pasiones, actuación y música) y además se ven reforzados por una vida plena en el amor.

El final de ellos, sin embargo, muestra cómo la mediocridad en la vida personal se ha apoderado de ellos aunque han triunfado y satisfecho plenamente sus iniciales ambiciones individuales.

Como bien titula la entrada, creo que esta película es un resumen perfecto de las relaciones posmodernas: el individuo en su vertiente más egoísta está en el centro de todas las cosas. El yo impera por encima de todo y la construcción y satisfacción directa del yo puede incluso llevar a socavar otro tipo de dimensiones que únicamente pueden satisfacerse a través (es decir, con) otra persona.

¿Merece la pena el sacrificio de una vida quizás más plena basada en otras personas que la satisfacción de unas ambiciones individuales muchas veces intelectualizadas y casi impuestas desde fuera (de terceros o de la sociedad? Quizás ésta debería ser una pregunta fundamental que habríamos de hacernos cada uno de nosotros. ¿Nos hacen nuestras ambiciones/sueños individuales más plenos que vivir el amor con otra persona?

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01 octubre 2013

El Manantial (II)

Esta entrada es la continuación de esta otra

El director del periódico “The Banner” (Gail Wynand) representa en la película al hombre común de buenas intenciones que para lograr el éxito ha sacrificado sus convicciones. Sacrificio que, por otra parte, como persona también íntegra, no se perdona y espera la redención que sólo le será posible a través del arquitecto Hoark, donde ve plasmado lo que él querría ser o haber sido. Sin embargo, y pese a su nuevo juramento personal de mantenerse íntegro en sus convicciones, transige una vez más por las presiones de las masas y su consejo de dirección, acabando firmando un ediotiral en contra de su amigo Hoark. Cuestión que no se perdona y, en su función de hombre de honor, lo conduce al suicidio.

 El personaje de Wynand representa o puede representar esa persona recta de intenciones que se abrumado y arrastrado por una opinión general en contra. Un poco el reflejo de lo que ocurre con frecuencia en las vidas cotidianas, quedando en un segundo escalón con respecto al semidiós Hoark, campeón de la integridad moral.

Por su parte, Ellsworth Monkton Toohey, el crítico de arquitectura del periódico de Wynand representa a ese hombre astuto que sabe manejar a las masas para, con ayuda de ellas, llegar al poder que tal y como confiesa a lo largo de la película, es su máxima aspiración. Suyas son afirmaciones del tipo que todo producto del hombre ha de estar a disposición de la sociedad de forma gratuita y altruista. Detesta a los genios porque son incorruptibles y funda su rencor en su propia mediocridad. Recuerda en cierta manera al reprimido del que habla Nietzsche en algunas de sus obras en el sentido de la ausencia de nobleza en sus actitudes, en su constante conspiración y en la transfiguración de valores como el altruismo o la igualdad para solapar el egoísmo y ansia de poder reales del propio personaje.

Es la contraposición de este personaje con Hoark lo que establece la cuestión principal de la película: ¿debe el individuo ajustarse en su configuración personal a las apetencias o caprichos de las masas?

Se mantiene también en la película, en boca de Toohey, que para controlar a la sociedad es necesario negar la personalidad y la autoestima del individuo, negándole su alma y espíritu, convirtiéndolo en un mero autómata al servicio de una sociedad que estará en todo caso controlada por unos pocos (en este caso, Toohey es el que crea la opinión pública y lidera a las masas). Hay, por otra parte, que tener en cuenta la época de la película (plena guerra fría y choque de los dos bloques capitalista y comunista) para poder matizar, como espectadores, el papel de Toohey, que en algunos momentos de la película puede confundirse con el mismo diablo.

Por último, en esta relación de personajes característicos de la película, hemos de encontrar a Peter Keating, al que podríamos describir como el mercenario o parásito: aquella persona que está dispuesta a vender su alma al demonio (como en efecto hace al anular su compromiso con Dominique Francon por la concesión de un edificio) por el éxito profesional. Nunca ha sido creativo, pero ni le ha hecho falta ni le importa: ha sabido estar al servicio de otros intereses más altos y ha prestado ese servicio de forma eficiente, aunque su castigo será el de ser alguien patético y carente de toda dignidad y principios, alguien que no merece el más mínimo respeto (lo que podría ser otra de las moralejas de la película).

Keating es el medio que utiliza Toohey para sus fines, es el eslabón intermedio entre masa y gobernante, es la herramienta necesaria para el triunfo del comunitarismo: un técnico o artistas al servicio de la sociedad (realmente, al servicio de los intereses de Toohey).

Este es el breve análisis de una película que genera incesantes debates. La caracterización y explicación de los personajes es una cuestión meramente personal y son muchas otras las cuestiones que suscita, como el papel del arte en la sociedad o, en esa misma sociedad, la función que ha de desempeñar la prensa. Sobre el poder y su atractivo también podría dar pie a hablar la película. Pero eso ya será otro día.

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29 septiembre 2013

El Manantial (I)

El ego del hombre es el manantial del progreso humano
Ayn Rand

Varias advertencias he de hacer para con esta entrada. Lo que se va a plasmar aquí es la crítica de una película (no del libro) El Manantial por lo que, en primer lugar, he de anunciar que los personajes a tratar, así como la trama, son los de la película que desconozco si coinciden con más o menos exactitud con los del libro o no y, en segundo lugar, también he de prevenir de que es posible que el argumento de la obra quede destripado, por lo que será exclusivamente parte de su responsabilidad el proseguir leyendo estas líneas.

Para llevar a cabo esta especie de crítica o comentario de la película analizaré de uno en uno a los personajes. Entiendo que esto debe hacerse así porque cada cual representa un estereotipo, una postura rígida y clara, difícil de encontrar ninguna en la vida real (aunque no en el arte). A continuación, extraeré el pensamiento y/o planteamientos filosóficos que creo que se desprenden de la película.

Habría que comenzar en primer lugar por el protagonista: el arquitecto Howard Roark. Desde el primer momento se deja translucir en la película el carácter decidido y obstinado del mismo, sabedor (o creyente) de su valía, que entiende que sus ideas artísticas/arquitectónicas son superiores a las dominantes en el momento. Así empieza la película: siendo expulsado de la Facultad por no adecuarse a los cánones, por creerse superior al paradigma establecido y siendo, luego, apartado de los grandes trabajos por ser su estilo demasiado rompedor, demasiado diferente al gusto común y de las masas. Se repiten varias peticiones para que transija, para que se adecúe a la sociedad, para que respete lo que ya está establecido.

Pronto nuestro protagonista tendrá su primera tentación a su integridad: adecuar un edificio de estilo moderno y eminentemente personal a los cánones clásicos, con ciertos ajustes que sin duda corromperían el estilo de Roark. Decide, como hará a lo largo de toda la película, mantenerse íntegro en sus ideas (estilo) y afirma que prefiere ser un vulgar peón de obra a pervertirse intelectualmente.

Y así es como puede quedar identificado este personaje (con la ayuda de diversos diálogos y su alegato final): como defensor de que el individuo ha de ser íntegro y que sus ideas personales (en este caso, el estilo arquitectónico) han de ser inalienables, aunque la sociedad de su tiempo no los apruebe. El individuo, por tanto, en cuanto a su capacidad de expresión y creación ha de estar por encima de la sociedad, no puede verse afectado por ella. Sin duda, uno de los principios filosóficos básicos del liberalismo: el individuo y el conjunto de derechos inalienables a su persona.

En segundo lugar tenemos a la crítica de arquitectura Dominique Francon que muestra otra concepción de la libertad opuesta a la de Hoark. Ella, aunque su personaje evolucionará hasta unas posiciones más afines a las de Hoark, entiende la libertad como la ausencia de cadenas, sean estas del tipo económico, social o, incluso, emocional. Por ello aparece desprendiéndose de todo lo que ama (esa estatua europea de un dios griego) y continuamente renegando del amor o de cualquier otro tipo de dependencia del tipo que sea. No está dispuesta a ceder en su concepción de la libertad como ausencia de cadenas o dependencia y por ello, cuando encuentra algo que le gusta o alguien a quien ama, decide huir, para garantizar su propia integridad y libertad.

A lo largo de la película, y he aquí también uno de los mensajes de la misma, ella se da cuenta de que esa libertad no consigue en no depender o sentir afinidad por nada ni por nadie, sino en hacerlo por aquellas causas o personas con las que uno se siente identificado. Puede leerse aquí entre líneas una apología al derecho de asociación, pilar fundamental también del liberalismo: cada individuo es libre de asociarse con quien lo desea y se adepto a las causas que considere oportunas, pero siempre desde el consentimiento, desde su más profunda libertad, no desde la imposición por parte de una sociedad que en muchas ocasiones carece de criterio.

Se puede ver, entonces, una contraposición entre dos conceptos o dimensiones de la libertad: una positiva (la capacidad para elegir cómo uno quiere ser y con quién quiere relacionarse) y una negativa (la no dependencia de nada ni nadie). Y, en mi opinión, la película aboga por un entendimiento de la libertad en un sentido exclusivamente positivo.

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17 abril 2011

M el Vampiro de Dusseldorf

No se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto.
Aristóteles

Acabo de terminar de ver la película de Fritz Lang titulada “M, el vampiro de Dusseldorf” (al menos se titula así la versión española). Sin ser una película técnicamente muy buena, el argumento y sobre todo el mensaje que lleva detrás (o el que yo he recibido) es espectacular. Muy buena película (como casi siempre) del maestro Lang de la que a continuación haré una interpretación. Advierto a los lectores que no la hayan visto que tal vez a partir de este punto se desvelen partes del argumento.

A mi entender, la película plantea un gran dilema, pero también me parece muestra una de las grandes miserias humanas: la hipocresía en al menos una de sus vertientes que no sabría muy calificar, por lo que lo dejaré como tal.

Empezaré hablando del dilema que se muestra claramente al final: ¿puede juzgarse a un loco o enfermo con las mismas leyes o con la misma contundencia que a un cuerdo? ¿puede alguien ser acusado de asesinato (esto es, con premetitación) a una persona que no es consciente de sus actos? Al final de la película, en el juicio improvisado que los maleantes preparan se expone claramente el dilema. También, la última escena de la película, donde se muestra el Tribunal que juzgará al asesino, y acto seguido una de las madres se pregunta “¿Quién nos devolverá a nuestras hijas?” se deja una pregunta abierta, ¿es la pena de cárcel realmene justicia? ¿O la Justicia nunca podrá reparar jamás el daño causado por un asesino?

Dejando estas preguntas abiertas, me voy a la segunda de las cuestiones que quería comentar. Y me parece más interesando, porque la encuentro más subliminal, no tan explícita como las preguntas arriba planteadas. Esta segunda conclusión o reflexión que a mi entender en la película se plantea es el encubrimiento entre valores superiores (en este caso la justicia) de intereses personales.

Comento el caso concreto de la película: después de una serie de asesinatos de niños, las medidas policiales y de control aumentan exponencialmente. Es entonces cuando un grupo de maleantes o mafiosos o no se sabe muy bien qué, se reúnen y tratan el problema. Su problema, de ellos, es que debido a tanta seguridad no se puede robar tranquilamente y todo trapicheo está mucho más controlado, las redadas aumentan y no es fácil delinquir. La causa de esto, dicen ellos, es el asesino de niñas, por lo que la mejor manera de evitar este problema es acabando con ese asesino. Y así, montan una red de búsqueda para localizarlo hasta que finalmente lo atrapan. Una vez atrapado, se monta un juicio improvisado en la guarida de los maleantes y se disponen a juzgarlo con “justicia”. Prueba de ello es que le asignan un abogado defensor para interceda por él ante el improvisado tribunal.

Lo que muestra realmente bien esta película respecto a esta hipocresía de los maleantes, que nunca han buscado la justicia sino su beneficio personal. Ellos consiguen encontrar al asesino y proceden a juzgarlo entre el clamor popular que pide su muerte instantánea. Se procede a hacer justicia con él, hablan de justicia y valores superiores, de la sociedad, del bien de la sociedad y de cuánto perjudica a ésta personajes como el juzgado. Pero realmente ellos nunca han impulsado la “caza” del asesino por estos valores de justicia y seguridad ciudadana, nunca han pensado en la sociedad, sino simplemente en sus intereses.

La película es de la década de 1930, y sin embargo, rebosa actualidad. Si vemos la reciente intervención aliada en Libia, podemos encontrar algo de esto. Los países aliados luchan por la “democracia” hoy, cuando la democracia lleva sin existir en Libia no sé cuantas décadas, al igual que en tantos otros países del mundo a los que no se le echa cuenta.

El camuflaje de intereses personales en el bien personal o en valores superiores abstractos ha sido, y mucho me temo que será, una constante del hombre a lo largo de los siglos, un indicador más de la miseria humana.

No sé si la palabra correcta para esto es hipocresía. Realmente no me suena bien, ya que entiendo que hipocresía no está tan relacionada con lo abstracto sino más con lo concreto. Si alguien tiene alguna propuesta de calificación de esto que aquí se ha descrito, por favor, que lo comparta.

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07 mayo 2009

Los Violentos Años Veinte


Nombre: Los Violentos Años Veinte.
Director: Raoul Walsh
País: EEUU
Duración: 106 minutos
Reparto: James Cagney, Priscila Lane, Humphrey Bogart, Gladys George.

Anoche retomé una buena costumbre que el mes de abril había dejado de lado: ir a las proyecciones en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias. El ciclo que corresponde por todo el mes de mayo es Cine Negro.

Excelente debut el de ayer con la película de Raoul Walsh “Los Violentos Años Veinte”. No entraré en la crítica de los planos, el maquillaje, los efectos, etc. porque no tengo mucha idea. Vivo el cine como los niños viven la vida: me gusta o no me gusta; sin entender sobre si es bueno, malo o regular. (Bueno, soy capaz de distinguir un guión bueno de uno malo, pero básicamente recurriendo al gusto).

La película se sitúa en la década de los veinte (como bien anuncia su título) alrededor de la polémica Ley Seca de aquella época. Me recuerdo un poco la situación del alcohol en la película con la que hay actualmente con algunas drogas, las llamadas blandas: todo está prohibido (fumar, tener, vender), pero a su vez todo está consentido desde el Gobierno; lo que provoca que una serie de “pícaros” (por llamarlos de alguna manera) se hagan de oro a base de fabricar una mercancía más que lamentable y venderla en el mercado negro; creando una serie de mafias y redes de control que acaban matándose entre ellas.

¿No les suena un narcotraficante que fue asesinado en la habitación del hospital? No. No es una escena famosa de la película, es la cruda realidad. Y es que la Historia se repite continuamente, y el ser humano siempre será el mismo. Con otras máquinas, con otras drogas, con otras pasiones y otras vestimentas, pero la esencia de la Humanidad mucho me temo que permanecerá perenne hasta la eternidad.

Escucha universitario: entraste en este negocio con los ojos bien abiertos, has aprendido mucho y sabes demasiado. Si se te escapa la lengua saldrás con los ojos bien abiertos pero con unos cuantos agujeros en la cabeza. Así que lárgate, ¡fuera de aquí! Vete a casa a leer un ratito
George Hally (Humprhey Bogart)

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16 abril 2008

Animales para el Matadero


Nombre: Animales para el matadero.
Director: Egon Monk
País: Alemania
Duración: 99 minutos.
Reparto: Bruno Dietrich, Ernst Jacobi, Gerlach Fiedler.

Ayer, como suelo hacer casi todos los martes de este cuatrimestre, fui al Aula Magna de la Facultad de Ciencias, donde proyectaron esta película. No es que fuera un peliculón la mar de divertida. Tampoco tocaba ningún tema profundo ni presentaba ninguna paradoja espeluznante. Simplemente fue una metáfora, muy directa, de la sociedad.

La película trataba acerca de un tren. Un tren en el que viajaban pasajeros en clase alta. Y en este tren empiezan a ocurrir cosas sumamente extrañas, como un mensaje militar por el altavoz, el bloqueo de las ventanas, la inutilización del freno de emergencia, etc. Ante tal serie de despropósitos surgen en el tren dos corrientes bien distintas: los que quieren saber la verdad, y los que confían en que el tren arribará a su destino.

La película es un clara crítica hacia aquellos que permanecen impávidos a su alrededor. Los que no se preguntan por las injusticias sociales, ni por los poderes. Aquella clase complaciente que prefiere vivir su vida, ajena al resto, sin meterse en nada.

Esta metáfora es aplicable también a la sociedad española. La mayoría, inmensa mayoría, es ajena a sus problemas más directos (como puede ser si maltratan o la vecina de al lado) y a los problemas que nos afectan a todos: la política. ¿A cuánta gente le interesa la política durante la legislatura? A muy poca, realmente muy poca.

Los políticos nos utilizan. Abusan de nosotros diariamente. Hablan del pueblo cuando les interesa. Cuando interesa nos representan, cuando no, son una entidad aparte. Roban de nuestros impuestos, mienten descaradamente, hacen más importantes las palabras que los hechos (ver trasvase del Ebro); y encima, tienen unos medios de comunicación a su servicio, siempre dispuestos a dar propaganda.

Cada día se comenten cien mil injusticias en el entorno de cada uno; y muchas veces somos conscientes de ellas. No obstante, preferimos agachar la cabeza, o mirar a otro lado. El abuso de poder está a la orden del día, pero los políticos están amparados por unas leyes blandas y un poder judicial sumiso. Y los ciudadanos seguimos indefenso ante abusos; y muchas veces, esta postura de complacencia es comprensible, ya que es preferible a una vida tranquila, rodeado de la familia y sin ningún tipo de preocupación más allá del fútbol, que una de pleitos y conflictos.

Pero hay que dar el paso. Hay que luchar por unas ideas, por unos valores, por una Justicia. Hay que dar el paso de buscar una vida mejor, no sólo para uno, sino para todos. Y es por eso que no podemos dormirnos sentados en el vagón de la vida.it.

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15 marzo 2007

La Vida de los Otros


Ficha técnica:

Nombre: La vida de los otros
Director: Florian Henckel-Donnersmarck
País: Alemania
Género: Drama
Duración: 137 minutos.
Reparto: Ulrich Mühe, Martina Gedeck, Sebastian Koch, Ulrich Tukur
Puntuación en Internet Movie DataBase: 8.5

Película ambientada en la República Democrática Alemana. Es una imagen clara de lo que supone para un país, y más aún para los habitantes de un país, un gobierno y un sistema socialista. Analiza de forma concisa y clara la jerarquía y el fanatismo propio de un sistema totalitario como es el sistema socialista. Permite ver como el control sobre los ciudadanos es total; y como este sistema se convierte en un falso e hipócrita sistema de igualdades y del pueblo. Resume de forma acertada los puntos negros del comunismo.

Por otro lado, centrado más en la historia, es un drama fantástico, cargado de suspense, describiendo a personajes muy distintos entre ellos, pero todos componentes del mismo sistema.

Como mensaje yo me quedo con la humanización de hasta el más estricto, con el chantaje de los poderosos para conseguir sus finalidades, del encubrimiento de los verdaderos objetivos de las persecuciones, de la hipocresía de un sistema utópico e hipócrita y con el dilema sobre la razón y el corazón.

Sin duda, una película excelente.

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10 marzo 2007

El Padrino


Ficha técnica:

Nombre: El Padrino
Director: Francis Ford Coppola
País: USA
Género: Drama
Duración: 175 minutos.
Reparto: Marlon Brando, Al Pacino, James Caan, Richard S. Castellano
Puntuación en Internet Movie DataBase: 9.1

Gran película ambientada en el círculo del crimen organizado de Nueva York, en los años 40. Para muchos la mejor película de la historia del cine; para mí, una gran película, aunque no es la que más me ha entusiasmado en mi corta filmografía.

Destacaría de esta película dos grandes mensajes, que están bastante interrelacionados entre sí. En primer lugar, la película es un claro ejemplo de cómo después de cruentas peleas, negocios, intereses, poder y corrupción llega un momento en el que el sentido de la vida deja de lado esos intereses materiales para concentrarse en los intereses espirituales, en los intereses del individuo, en las reflexiones sobre el amor y la familia. Trata, para mi gusto, muy bien como después de tanta confrontación y asesinato lo único que se provocan son muertes innecesarios, y por consiguiente vacíos espirituales y lamentos tardíos.

El segundo gran mensaje de esta película (repito, para mí) es el tema de la venganza. El como el hombre se obstina en infundir más mal que el que recibe, en consolarse o realzarse a través del sufrimiento ajeno, en concreto del sufrimiento de aquel que lo ha provocado a uno. Se aprecia perfectamente como la venganza puede ser motivo de lucha durante una vida entera; y se ve asimismo, como la venganza es un efecto dominó sin fin, porque nunca nadie habrá quedado en paz, siempre se tiende a pensar que nos han inflingido más daño que el que nosotros hemos provocado, y que su venganza es excesiva.

Como anécdota personal me quedo con el estilo de los criminales organizados: su educación y sus modales. Me impresiona el hecho de que las formas hasta en los crímenes hacen de los hechos más dignos, más solemnes, aunque el efecto sea igual o más negativo. He podido apreciar hoy lo honorífico o vulgar que puede resultar un crimen con su solo planteamiento.

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22 febrero 2007

Banderas de nuestros padres


Ficha técnica:

Nombre: Banderas de nuestros padres
Director: Clint Eastwood
País: USA
Género: Drama / Bélico
Duración: 132 minutos.
Reparto: Ryan Phillippe, Jesse Bradford, Adam Beach
Puntuación en Internet Movie DataBase: 7.2

Gran película, como nos tiene acostumbrado ya Clint Eastwood. En esta ocasión en una mezcla perfecta de un drama dentro del drama mismo que es la guerra. Una gran película que recomiendo sin duda.

Lo que yo destacaría de esta película es dos cosas, que forman parte de un todo. Primero, la necesidad de la propaganda en una guerra, ya sea para unos fines u otros, ya sea para dar moral a las tropas, ya sea para dar moral al pueblo, o ya sea, como es el caso de la película, de recaudar fondos para financiar la guerra. En cualquier caso, la propaganda de guerra siempre importante.

Y por otro lado, la parte de los protagonistas de esta propaganda de guerra: los héroes. ¿Qué es ser un héroe? La visión que da esta película acerca de los héroes es bastante peculiar, bastante directa y fría. Los personajes discuten acerca de su heroicidad o no, de cuánta culpa tiene el azar en su heroísmo. Se ve claramente en la película como el hecho de designar héroes de guerra es casual e injusto. Sólo hay que estar en el momento preciso en el sitio preciso. E incluso no estando, se puede llegar a serlo también.

Enseña la película la gran mentira que es todo. El gran montaje que sufrimos continuamente con el objetivo de dar una apariencia, de camuflar unos fines algo más oscuros que los que nos venden. Muestra claramente que absolutamente todo puede ser un montaje en persecución de unos fines.

Deja en evidencia la película como no se hace justicia con el resto de miles de personas que combatieron y murieron en nombre de su país, por unos sueños que no eran ni suyos, por una pseudo-libertad, por unos valores casi impuestos por un patriotismo exacerbado y exagerado. Enseña también la película que el heroísmo propagandístico es algo temporal, algo caduco acorde con las necesidades de los tiempos.

Pero lo que permanecerá perenne en las vidas de los héroes será la conciencia, ese saber que son igual de héroes que el resto de combatientes, e incluso menos. Y es esa culpa la que puede arruinar la vida de las personas, a pesar de haber sido un héroe y un ejemplo para el mundo.

Sin duda una gran película dónde sacar conclusiones sobre el heroísmo que recomiendo a todos.

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