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02 enero 2020

El Poder y la Risa

La sátira es el arma más eficaz contra el poder: el poder no soporta el humor, ni siquiera La sátira es el arma más eficaz contra el poder: el poder no soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman democráticos, porque la risa libera al hombre de sus miedos. 

Dario Fo

Es prácticamente una tradición en mi casa visionar el especial de nochevieja de José Mota. Este año siguiendo la costumbre anual lo volvimos a hacer aunque para nuestra decepción fue el cómico quien no siguió la línea que traía consigo desde años atrás. Tal y como yo lo veo, el cómico manchego ha seguido siempre una línea crítica con el poder (de cualquier que haya sido su signo) haciendo especial hincapié en los políticos que andaban en el candelero. Una crítica respetuosa y no por ello exenta de ser inteligente y mordaz. Este año, casualmente, no ha sido así.

La completa ausencia de críticas al poder me llamó la atención, máxime cuando este año ha sido un año tan prolífico en cuanto a materia prima del humor político se refiere: el uso del Falcon, el caso de los ERE, la posible autonomía leonesa, el juicio del “procés”, los altercados en Barcelona tras la sentencia, la dimisión de Ribera, el auge de Vox, el caso de la Arandina, las legislaciones de género, etc. Sin embargo, toda la crítica política ha residido en Trump y Johnson, dos pinceladas breves a los políticos en general y eso sí, la parodia de un Golpe de Estado. Casualidades todo, imagino.

Desde que vi el programa se me ha venido a la cabeza varias veces la novela de Umberto Eco “El nombre de la rosa”. Sin ánimo de destripar la novela a nadie, uno de los pasajes finales y que justifica todo el argumento de la novela es una discusión sobre la risa y cómo, en el fondo, la risa relaja el control de la autoridad (para un análisis riguroso y profundo sobre esta parte de la novela de Eco os recomiendo este enlace; este texto no es más que un mero apunte). La risa (y el humor), en este caso la ausencia de ella, es una forma de control mediante el miedo y, por tanto, de ejercer el poder. No criticar al poder nos hace, en cierto sentido, menos libres. Así se expresa en la novela de Umberto Eco:

"La risa libera al aldeano del miedo al diablo, porque en la fiesta de los tontos también el diablo parece pobre y tonto, y, por tanto, controlable. Pero este libro podría enseñar que liberarse del miedo al diablo es un acto de sabiduría. Cuando ríe, mientras el vino gorgotea en su garganta, el aldeano se siente amo, porque ha invertido las relaciones de dominación: pero este libro podría enseñar a los doctos los artificios ingeniosos, y a partir de entonces ilustres, con los que legitimar esa inversión. Entonces se transformaría en operación del intelecto aquello que en el gesto impensado del aldeano aún, y afortunadamente, es operación del vientre. […] La risa distrae, por algunos instantes, al aldeano del miedo. Pero la ley se impone a través del miedo, cuyo verdadero nombre es temor de Dios. Y de este libro podría saltar la chispa luciferina que encendería un nuevo incendio en todo el mundo; y la risa sería el nuevo arte, ignorado incluso por Prometeo, capaz de aniquilar el miedo"

Cuando leo esto, veo el programa de José Mota y recuerdo los 70.000€ a los que fue condenado un señor por un poema satírico hacia Irene Montero me pregunto si el fiasco del programa del pasado día 31 es la natural consecuencia del declive de toda persona o si poco a poco pretenden recortarnos el humor y la risa.

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22 agosto 2016

Relatos de Vida

"La vida sólo puede ser comprendida hacia atrás, pero únicamente puede ser vivida hacia delante."
Søren Kierkegaard

Todos hemos leído alguna vez una novela. O al menos, hemos visto una película. En ambas situaciones, se narran las vidas de personajes con las que muchas veces nos sentimos identificados. Querríamos ser ellos en ocasiones. Empatizamos con ellos. Sentimos con ellos. Y simplemente son personajes de una historia. ¿Qué pasaría viéramos nuestra vida como un relato o, simplemente, nos dedicamos a relatar nuestra vida?

Ese relato de vida, esa forma que tenemos nosotros mismos de contar nuestra propia historia, de verla y de vivirla, va a condicionar la manera en la que la vamos a vivir y, sobre todo, lo que vamos a sentir cuando la estamos viviendo. El relato que hagamos de nosotros mismos contribuirá a nuestra propia imagen.

Esta historia tiene dos momentos. Una es la historia pasado. La historia ya vivida. Lo ya acaecido. Ésta se basa en los recuerdos, en las sensaciones experimentadas, en lo que fuimos. La segunda, sin embargo, es la historia del futuro, la historia que está por construir. En esta última creamos las expectativas, esperanzas e ilusiones de lo que vendrá mañana, de lo que seremos mañana. Es una narración adelantada, una suerte de declaración de intenciones, pero que marcará de una manera inevitable el momento presente.

El narrarnos de manera poética el futuro nos puede ayudar a que este llegue de esa manera que pretendemos. El darle forma bella al porvenir puede traer la belleza de ese futuro. El creer en nuestra propia historia puede ser suficiente para darnos fuerza al ir a por ella. Esa ilusión que nace casi por completo en la belleza del relato.

Por eso creo que es importante que mantengamos siempre vivos nuestros propios relatos: el de ayer y el de mañana. Porque a través de la narración de nosotros mismos podemos ver y sentir la belleza, grandeza y armonía de nuestras propias vidas. Como si de personajes de ficción se tratara.

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31 diciembre 2012

Leyes naturales de la Historia de España

Comparto hoy un texto extraído de libro de Pedro Voltes titulado Historia Inaudita de España, el cual ofrece una visión apócrifa de nuestra historia nacional. En el mismo, hay un apartado con diez leyes naturales acerca de nuestra historia y de los españoles y que, en mi opinión, gozan aun de actualidad. Copio sólo tres, que me parecen las más certeras y auténticas. Hago notar que la edición que manejo es de 1992.

Ley octava. – Todo régimen imperante en España ha designado como enemigos suyos a cierta multitud de españoles.

Ley novena. – Los criterios de conducta menos exigentes desalojan en España a los más exigentes. (Transposición a lo político social de la Ley de Gresham de que la mala moneda expulsa de la circulación a la buena). De acuerdo con este norma, en la vida colectiva española las gentes se conducen conforme a la tabla de los valores más estimados por la masa. Los superiores imitan a los inferiores.

Ley décima. – En la vida histórica española no se cumple siempre el “principio de Peter” de que todo empleado inserto en una jerarquía tiende a ascender hasta el novel de su incompetencia. Aquí se puede seguir ascendiendo mucho más arriba del nivel de incompetencia. Cabe incluso que, si el fracaso causa algún efecto calificativo, sea en son favorable y simpático. Nada está peor visto que la capacidad y el éxito.

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11 diciembre 2012

La España de El Capitán Alatriste

Que muy cierta llega la asolación de la república el día que los vicios se vuelven costumbre; pues deja de tenerse por infame al vicioso y toda bajeza se vuelve natural 
Arturo Pérez-Reverte

Dejo hoy un texto de Arturo Pérez-Reverte extraído de la obra del Capitán Alatriste, en concreto, del cuarto libro titulado “El Oro del Rey”. Me parece que es un buen retrato de la España del siglo XVII y que, en buena parte, refleja aun hoy a España.

El imperio ultramarino creado un siglo antes por Cortés, Pizarro y otros aventureros de pocos escrúpulos y muchos hígados, sin nada que perder salvo la vida y con todo por ganar, era ahora un flujo de riquezas que permitía a España sostener las guerras que, por defender su hegemonía militar y la verdadera religión, la empeñaban contra medio orbe; dinero más necesario aún, si cabe, en una tierra como la nuestra, donde –como ya apunté alguna vez- todo cristo se daba aires, el trabajo estaba mal visto, el comercio carecía de buena fama, y el sueño del último villano era conseguir una ejecutoria de hidalgo, vivir sin pagar impuestos y no trabajar nunca; de modo que los jóvenes preferían probar fortuna en las Indias o Flandes a languidecer en campos yermos a merced de un clero ocioso, de una aristocracia ignorante y envilecida y de unos funcionarios corruptos que chupaban la sangre y la vida: que muy cierta llega la asolación de la república el día que los vicios se vuelven costumbre; pues deja de tenerse por infame al vicioso y toda bajeza se vuelve natural.

Arturo Pérez-Reverte
El Oro del Rey

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05 noviembre 2012

El Ideal Ascético según Nietzsche

El hombre prefiere querer la nada a no querer
Nietzsche

Hoy, ante la escasez de imaginación e inspiración, me gustaría dejar un extracto de la obra de Nietzsche “La Genealogía de la Moral”, en concreto de su tercer tratado sobre el ideal ascético. Si prescindimos del ideal ascético, entonces el hombre, el animal hombre, no ha tenido hasta ahora ningún sentido. Su existencia sobre la tierra no ha albergado ninguna meta; «¿para qué en absoluto el hombre?» - ha sido una pregunta sin respuesta; faltaba la voluntad de hombre y de tierra; ¡detrás de todo gran destino humano resonaba como estribillo un «en vano» todavía más fuerte! Pues justamente esto es lo que significa el ideal ascético: que algo faltaba, que un vacío inmenso rodeaba al hombre - éste no sabía justificarse, explicarse, afirmarse a sí mismo, sufría del problema de su sentido. Sufría también por otras causas, en lo principal era un animal enfermizo: pero su problema no era el sufrimiento mismo, sino el que faltase la respuesta al grito de la pregunta: «¿para qué sufrir?» El hombre, el animal más valiente y más acostumbrado a sufrir, no niega en sí el sufrimiento: lo quiere, lo busca incluso, presuponiendo que se le muestre un sentido del mismo, un para––esto del sufrimiento. La falta de sentido del sufrimiento, y no este mismo, era la maldición que hasta ahora yacía extendida sobre la humanidad, - ¡y el ideal ascético ofreció a ésta un sentido! Fue hasta ahora el único sentido; algún sentido es mejor que ningún sentido; el ideal ascético ha sido, en todos los aspectos, el fuute de mieux [mal menor] par excellence habido hasta el momento. En él el sufrimiento aparecía interpretado; el inmenso vacío parecía colmado; la puerta se cerraba ante todo nihilismo suicida. La interpretación - no cabe dudarlo- traía consigo un nuevo sufrimiento, más profundo, más íntimo, más venenoso, más devorador de vida: situaba todo sufrimiento en la perspectiva de la culpa... Mas, a pesar de todo ello, - el hombre quedaba así salvado, tenía un sentido, en adelante no era ya como una hoja al viento, como una pelota del absurdo, del «sin-sentido», ahora podía querer algo, por el momento era indiferente lo que quisiera, para qué lo quisiera y con qué lo quisiera: la voluntad misma estaba salvada. No podemos ocultarnos a fin de cuentas qué es lo que expresa propiamente todo aquel querer que recibió su orientación del ideal ascético: ese odio contra lo humano, más aún, contra lo animal, más aún, contra lo material, esa repugnancia ante los sentidos, ante la razón misma, el miedo a la felicidad y a la belleza, ese anhelo de apartarse de toda apariencia, cambio, devenir, muerte, deseo, anhelo mismo - ¡todo eso significa, atrevámonos a comprenderlo, una voluntad de la nada, una aversión contra la vida, un rechazo de los presupuestos más fundamentales de la vida, pero es, y no deja de ser, una voluntad!. Y repitiendo al final lo que dije al principio: el hombre prefiere querer la nada a no querer...

Nietzsche. La Genealogía de la Moral.

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11 julio 2012

Mirando hacia delante

El hoy es malo, pero el mañana es mío
Antonio Machado

Hoy he leído en el diario ABC una reflexión sobre la situación actual de España. Me gustaría compartirla con todo aquel que quiera. Creo que lleva razón y que hay que empezar a mirar hacia el futuro, a empezar a construir, a mirar hacia delante. Hay que salir a decidir nuestro futuro y no esperar a que éste venga solo.

Nuestro futuro está abierto. Es fruto de un aprendizaje y, sobre todo, territorio de una esperanza. Pero nuestra desorientación sólo se resolverá si somos conscientes de lo ocurrido: no ha sido consecuencia de una inevitable desgracia, sino resultado de nuestros actos. No hemos luchado contra molinos ni contra la furia desatada de los elementos, sino contra nuestras propias carencias, contra nuestra dolorosa inmadurez. “El hoy es malo, pero el mañana es mío” dijo Machado hace cien años, cuando España afrontaba la necesidad de reconocerse como nación en marcha. Si el hoy es malo, el futuro sólo será nuestro como reconocimiento de nuestra responsabilidad, como delación de nuestros errores, como acto de construcción y resuelta empuñadura de nuestra decisión de ser, de una vez por todas, ciudadanos de una nación que nos aguarda para realizarse desde hace ya demasiado tiempo. 

Fernando García de Cortázar

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14 junio 2012

Jesuscristo según Oscar Wilde

Si somos arrastrados a Cristo, creemos sin querer; se usa entonces la violencia, no la libertad. 
San Agustín.

No he podido resistirme a copiar unas frases de mi admirado Oscar Wilde de su obra De Profundis. En una parte de esta obra hace una interpretación de la doctrina de Cristo muy próxima a mi propia visión de la misma y a la vez algo diferente a la concepción general del cristianismo, en general, y de la vida de Cristo, en particular. Ha sido grato encontrarme con ella. La comparto casi plenamente, incluso antes de encontrarme con ella. Y, además, la he considerado una buena forma de volver a escribir aquí después de unos cuantos meses.

[Cristo] sentía que la vida se halla sujeta a cambios frecuentes, que es fluida y activa, y que el comprimirla dentro de una forma rígida sería la muerte. Comprendió que los hombres no deben preocuparse demasiado de sus intereses materiales y cotidianos;

[…] [Cristo] no reconocía leyes, sino sólo las excepciones, como si cada ser y cada cosa no tuvieran su par en el mundo.

[…] Como todos los poetas, [Cristo] amaba a los ignorantes, pues sabía que en el alma de un ignorante hay siempre lugar para una gran idea. Pero no soportaba a los necios, en particular a aquellos embrutecidos por la educación: gentes que tienen juicios dispuestos para todo, pero que no comprenden ninguno: un tipo éste, especialmente moderno, y que Cristo describe bajo la forma de aquel que tiene la llave del conocimiento y no la sabe usar, ni deja que la utilicen los demás, aunque con esta llave se pueda quizá abrir la puerta del Reino de Dios.

[…] El filisteismo* era la marca de la época y del pueblo en que vivía. Por su hermética mentalidad, su inflexible rectitud, su tediosa ortodoxia, su adoración a los ídolos del día, su exclusiva preocupación por lo grosero de la vida material, su ridículo engreimiento y su suficiencia, los judíos de Jerusalén contemporáneos de Cristo eran exactamente los filisteos británicos de nuestros días. 

[…] El éxito mundano era para Él algo absolutamente despreciable. No veía en él absolutamente nada. Miraba la riqueza como una carga abrumadora,

[…] No quiso [Cristo] saber nada de una vida sacrificada en aras de un sistema filosófico o moral. Señaló que las formas y las ceremonias habían sido hechas para el hombre, y no el hombre para ellas. El descanso de séptimo día no tenía para Él ninguna importancia. Denunció con el más terrible e inquebrantable desdén la filantropía, la caridad pública, el enojoso formalismo a que tan aficionada es la mentalidad del pequeño burgués. Para nosotros, la ortodoxia significa simplemente un asentimiento cómodo y desprovisto de espíritu; pero, para los judíos, y en sus manos, fue una tiranía terrible y paralizante. Crista la rechazó, demostrando que únicamente el espíritu tiene valor. Fue para Él una gran satisfacción probarles que, si bien leían constantemente la Ley y los profetas, en realidad no tenían la menor idea de lo que quería decir. Es más, y al contrario de ellos, que cada día masticaban, como hojas de menta o de ruda, sus inflexibles rutinas, los deberes de antemano prescritos, predicó la importancia de vivir con plenitud en cada momento.

[…] El filisteísmo es simplemente esa parte de la naturaleza humana que no puede ser iluminada por la imaginación.

* Yo creo que se refiere a los fariseos, aunque en la obra que yo manejo habla de filisteos.

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21 febrero 2011

Queda Prohibido

Queda prohibido llorar sin aprender
Alfredo Cuervo

Hay veces que la mera lectura de un poema o de un fragmento de una obra literaria es suficiente para levantar el alma de quien lo lee. Por eso, y sabiendo que hoy hay quien lo necesita, dejo este poema de Alfredo Cuervo que una vez a mí también me ayudó.

¿Qué es lo verdaderamente importante?

Busco en mi interior la respuesta,

y me es tan difícil de encontrar.

Falsas ideas invaden mi mente,

acostumbrada a enmascarar lo que no entiende,

aturdida en un mundo de falsas ilusiones,

donde la vanidad, el miedo, la riqueza,

la violencia, el odio, la indiferencia,

se convierten en adorados héroes.

Me preguntas cómo se puede ser feliz,

cómo entre tanta mentira se puede vivir,

es cada uno quien se tiene que responder,

aunque para mí, aquí, ahora y para siempre:

queda prohibido llorar sin aprender,

levantarme un día sin saber qué hacer,

tener miedo a mis recuerdos,

sentirme sólo alguna vez.

Queda prohibido no sonreír a los problemas,

no luchar por lo que quiero,

abandonarlo todo por tener miedo,

no convertir en realidad mis sueños.

Queda prohibido no demostrarte mi amor,

hacer que pagues mis dudas y mi mal humor,

inventarme cosas que nunca ocurrieron,

recordarte sólo cuando no te tengo.

Queda prohibido dejar a mis amigos,

no intentar comprender lo que vivimos,

llamarles sólo cuando les necesito,

no ver que también nosotros somos distintos.

Queda prohibido no ser yo ante la gente,

fingir ante las personas que no me importan,

hacerme el gracioso con tal de que me recuerden,

olvidar a toda la gente que me quiere.

Queda prohibido no hacer las cosas por mí mismo,

no creer en mi dios y hacer mi destino,

tener miedo a la vida y a sus castigos,

no vivir cada día como si fuera un último suspiro.

Queda prohibido echarte de menos sin alegrarme,

olvidar los momentos que me hicieron quererte,

todo porque nuestros caminos han dejado de abrazarse,

olvidar nuestro pasado y pagarlo con nuestro presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,

pensar que sus vidas valen más que la mía,

no saber que cada uno tiene su camino y su dicha,

pensar que con su falta el mundo se termina.

Queda prohibido no crear mi historia,

dejar de dar las gracias a mi familia por mi vida,

no tener un momento para la gente que me necesita,

no comprender que lo que la vida nos da, también nos lo quita.

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14 enero 2011

Ardor Guerrero

La falta de términos de comparación y la pura fuerza de la monotonía pueden acabar otorgando un aire cotidiano de normalidad a los mayores absurdos y a las monstruosidades más bizarras.
Antonio Muñoz Molina

Lo primero que he de decir de este libro de Muñoz Molina es que me ha gustado considerablemente. No sé exactamente por qué decidí empezar a leerlo. Tal vez por el recuerdo del Invierno en Lisboa, o tal vez por la curiosidad de saber qué pasaba (por lo menos en opinión de uno de los grandes de la literatura, y no precisamente muy entusiasta, al menos de primeras) en el servicio militar. El caso es que me alegro de haberlo leído.

Para los que no hemos vivido el servicio militar es una descripción bastante exhaustiva del mismo. Mezclado, además, con las sensaciones de un recién licenciado universitario que ha de forjar su futuro, de ir eligiendo caminos, de mi misma edad, con las problemáticas políticas de la época (finales de los 70) y los conflictos ideológicos internos hacen que el libro no sea una mera descripción de qué pasaba en los cuarteles sino que sea también una manera de descubrir a un personaje con, según me parece, inquietudes, sensaciones e impresiones bien parecidas a las mías.

Me ha llamado mucho la atención la descripción que hace del momento político de la época. Por un lado el terrorismo salvaje (Muñoz Molina fue destinado en San Sebastián) y el miedo que lo envolvía todo. También me impactó la simpatía y hermanamiento que había entre los paisanos de las regiones históricas de España, o que al menos tenían un rasgo característico y claro (catalanes, canarios, vascos, andaluces, gallegos, etc.) y, en parte, he querido compararla con la situación actual y he querido ver una similitud entre el día a día. Y por último, respecto al plano político, mucho me ha llamado la atención la descripción que hace de la estrategia política de la izquierda de entonces y que, en buena parte, todavía hoy venimos arrastrando. Dejo un párrafo para ilustrarlo.


Si es verdad lo que decía Chesterton, que se deja de creer en Dios y en seguida se cree en cualquier cosa, en el umbral de los ochenta y en el azaroso ecumenismo de aquellos cuarteles se comprobaba que con tal de no ser español casi todo el mundo decidía ser lo que se presentara, poniendo incluso más furia en la negación que en la afirmación, como si que a uno lo llamaran español fuera una calumnia. La izquierda, que por aquellos años se había quedado sin banderas, sin banderas republicanas ni banderas rojas, culminaba su ineptitud rescatando banderas regionales, inventándose, como la carcundia romántica del siglo XIX, tradiciones e identidades ancestrales, sagradas fiestas vernáculas, diatribas de víctimas seculares del centralismo español.

Por último, me planteo que hubiera sido de mí de haber ido al servicio militar, cuánto hubiera cambiado mi vida, o por lo menos, la manera de entenderla. Cierto es que las cosas que se describen en el libro (novatadas, guardias, abuso de los mandos, etc.) no tiene nada de envidiable y no queda sino soltar un leve suspiro de alivio. Pero por otro lado, al final del libro, cuando habla de los recuerdos de la mili, de las personas que allí conoció, de la amistad imperecedera que forjaron, como todas aquellas que se forman a partir de un sentimiento común, de una empatía necesaria, he de reconocer que siento cierta envidia, o al menos, cierta curiosidad. Y entonces me pregunto, con ese romanticismo e idealismo que uno plantea sobre las cosas que sabe que son imposibles y pasadas, sobre las proyecciones hacia el pasado de su propia vida: ¿hubiera merecido la pena el haber ido al servicio militar?

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13 mayo 2009

La Canción del Pirata


Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
José de Espronceda

Ha querido el azar que esta tarde sonara una de las canciones que tanto he cantado en mi adolescencia. Casualmente, la letra de esta canción tiene cerca de dos siglos; aunque la versión musical que yo escuché es bastante reciente. Es magnífica la recreación que hace el autor de la vida de piratas, de lo que debía pensar uno de ellos y en lo que realmente consiste el espíritu de un pirata. La canción que escuché es una adaptación de Tierra Santa de “La Canción del Pirata” de José de Espronceda.

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido,
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul:

«Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.»

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

«Allá muevan feroz guerra,
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.»

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de «¡barco viene!»
es de ver
como vira y se previene,
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.

Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
la victoria mi deidad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

José de Espronceda

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11 noviembre 2008

Un Día Cualquiera


Sin esperanza se encuentra lo inesperado.
Heráclito de Efeso

Te levantas un buen día. Un día cualquiera. Uno de tantos otros, con la salvedad de que es fiesta, pero sin nada de especial, sin ningún plan que despierte un entusiasmo fuera de lo normal. Te levantas porque en algún momento del día tienes que levantarte. Desayunas, estudias, ves un rato la tele y haces el vago otro tanto. Recuerdas que has quedado, a eso de las siete de la tarde, como otros tantos días.

Pero resulta que hay una salvedad, hoy quedamos para preparar una fiesta, y quedamos con la dueña de la casa, a quien ni conocemos. Precisamente ese el objetivo de quedar, conocernos un poco antes de invadir una casa ajena, y ya intentar encontrar un denominador común en los gustos para la hora de elegir las bebidas y los juegos o cualquier cosa que vayamos a hacer.

La dueña es la amiga de unas amigas. La conocemos, o al menos yo, de vista; de haber coincidido en algún cumpleaños o cualquier otro evento de mayor escala. Sé su nombre, su cara; y el de algunas amigas que también están invitadas a la fiesta. Por lo menos conocemos gente nueva, nuevos aires –pienso- aunque a veces las mezclas pueden resultar heterogéneas. Pero bueno, es una fiesta, y el alcohol siempre echa una mano a la hora de la socialización.

Llega la hora y estamos todos en el lugar. Nos vamos a un bar, pedimos nuestras consumiciones y empezamos a hablar un poco de quiénes vamos a ir, qué vamos a comprar y cómo tenemos pensando que transcurra la noche.

La conversación con nuestra anfitriona resulta fácil y agradable, ya que se muestra entusiasta ante nuestras propuestas. Se va animando la conversación. Reímos, comentamos y planificamos. Cruzamos alguna mirada, alguna sonrisa. ¿Cómo no había hablado nunca antes con ella? Poco a poco vamos concretando y se van vaciando nuestros vasos.

Proponen, una vez ya aclarado el tema de la fiesta, ir a otro lado; por no acabar lo noche ahí. Me parece perfecto. Es pronto para volver a casa y acabo de descubrir unos ojos y una sonrisa que me inquietan más de la cuenta, ¿qué me pasa? Es extraño, pero siento una especie de adicción: necesito mirar, necesito ver. Y me siento bien cuando las miradas se cruzan.

Una vez allí empiezo a buscarla de reojo. Está con sus amigas, que también son las mías. Nunca pierde la sonrisa. Parece tan feliz, tan entusiasta, tan llena de energía. Y encima es guapa. Pero su belleza es especial… no es una belleza comercial, ni sensual. Es una belleza simple y jovial, alegre, llena de luz. No es una belleza espectacular, es una belleza inocente. Y me gusta.

El azar, ella o yo, quiere que nos quedemos a solas. Hablamos de los estudios, del colegio, de nuestras amigas… de banalidades; pero es que toda relación empieza con banalidades y según pasa el tiempo los temas y el interés evolucionan lentamente. Se va. Vuelve con sus amigas. Y yo me quedo donde estaba pensando.

Se hace tarde y hemos de irnos. Ella se va dirección opuesta a la nuestra. Les pregunto a mis amigas por ella. Les digo qué hemos hablado, y a la vez pienso todo lo que me queda por hablar. Les pido su dirección de correo, y una vez en casa la agrego al programa de mensajería instantánea, esperando que no se moleste por el atrevimiento.

Es tarde. Me acuesto ya ignorante de mi futuro. Cierro los ojos con el recuerdo de su sonrisa en mi cabeza. Por primera desde hacía mucho tiempo vuelvo a tener interés en que llegue el día siguiente. Sus ojos me siguen mirando. Yo me voy quedando dormido. Y por fin, un día más, un día cualquiera, termina…

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14 mayo 2008

Del Sentimiento Trágico de la Vida


Título: Del Sentimiento Trágico de la Vida
Autor: Miguel de Unamuno.
Género: Ensayo.

Gran ensayo (o más bien conjunto de ensayos) de don Miguel, donde muestra, como prácticamente en toda su obra, su continua crisis de fe en Dios. A pesar de ser el tema principal, sus ensayos acaban derivando en otros tanto, como es el amor. Presente siempre el debate entre razón y corazón, don Miguel se decanta por el vitalismo, para él, la verdadera vida.

Algún trozo de este libro he copiado por mi blog, precisamente hablando de que qué era más importante, si la ciencia o el arte; extrapolando así el debate entre razón y alma, pensamiento y vida.

Unamuno sustenta la razón de la vida, o la esencia de la vida, en el dolor. Hace su particular axioma, transformando el cartesiano “pienso luego existo” por su “siento luego existo”. Siempre reafirmará Unamuno la pasión sobre el pensamiento.

Comenta don Miguel también sobre la inexistente filosofía española, tan criticado esto por los filósofos europeos, que ésta se encuentra inmersa en la literatura. Así pues, él considero filósofos a San Juan de la Cruz y a Miguel de Cervantes, así como a Calderón de la Barca y a una serie de autores y poetas.

Un gran libro en el que he descubierto bastantes puntos comunes con este autor, lo que me hace plantearme que en un futuro no muy lejano vuelva a leer alguna otra obra del autor.

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28 marzo 2008

El Instinto de Conservación Intelectual


Lo esencial es pensar de otro modo que los demás. Entre los creyentes es ateo; entre los ateos sería creyente
Jaques Rousseau

Esta mañana, en vez de estudiar que es lo que debería haber hecho, he sentido la llamada del libro que actualmente leo y que tengo bastante abandonado: Del Sentimiento Trágico de la Vida, de don Miguel de Unamuno. Grata ha sido mi lectura de hoy, como la está siendo la del libro entero, pero curiosamente, la parte que más me ha llamado la atención era un extracto de “Emilio”, de Jaques Rousseau.

“Aunque estuvieran los filósofos en disposición de descubrir la verdad, ¿quién entre ellos se interesaría en ella? Sabe cada uno que su sistema no está mejor fundado que los otros, pero le sostiene porque es suyo. No hay uno solo que e llegando a conocer lo verdadero y lo falso, no prefiera la mentira que ha hallado a la verdad descubierta por otro. ¿Dónde está el filósofo que no engañase de buen grado, por su gloria, al género humano? ¿Dónde el que en el secreto de su corazón se proponga otro objeto que distinguirse? Con tal de elevarse por encima del vulgo, con tal de borrar el brillo de sus concurrentes, ¿qué más da? Lo esencial es pensar de otro modo que los demás. Entre los creyentes es ateo; entre los ateos sería creyente”.

Continúa diciendo, ya siendo obra suya que “sólo por nuestra la queremos, y más encariñados vivimos e la moneda falsa que conserva nuestro cuño, que no la pieza de oro puro de donde se ha borrado nuestra efigie y nuestra leyenda”.

Y es que llevan razón estos dos autores, la vanidad nos ciega. Y habla Unamuno de forma acertada, diciendo que el ansia de eternidad no es más que un miedo a la nada, un miedo al vacío; y que para no caer en el olvido, para alimentar nuestro ego, que no es más que un instinto de supervivencia espiritual, creamos arte.

Sin duda la eternidad es uno de los objetos más deseados por el ser humano. Y aun sabiendo lo tormentosa que puede ser la vida, preferimos la eternidad (bien puede ser también porque es inalcanzable); y la preferimos porque el olvido nos aterroriza, porque no aceptamos que todo nuestro esfuerzo y sufrimiento sean en balde. El ser humano tiene desarrollado por tanto también un instinto de conservación espiritual, donde procura que su nombre y su obra perduren por os siglos de los siglos. El ser humano es un animal sediento de eternidad.

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31 diciembre 2007

Pragmatismo Científico


Toma uno el tranvía eléctrico para ir a oír una ópera; y se pregunta: ¿Cuál es, en este caso, más útil, el tranvía o la ópera?
Miguel de Unamuno

Para finalizar el año, y sin mucho más que agregar desde mi última entrada (ya que aún sigo meditando mis propósitos de año nuevo) quiero compartir con vosotros un texto, y probablemente no sea el único, de Miguel de Unamuno, perteneciente a la obra “Del sentimiento trágico de la vida”.


“Y es que las ciencias, importándonos tanto y siendo tan indispensables para nuestra vida y nuestro pensamiento, no son, en cierto sentido, más extrañas que la filosofía. Cumplen un fin más objetivo, es decir, más fuera de nosotros. Son, en el fondo, cosa de economía. Un nuevo descubrimiento científico, de los que llamamos teóricos, es como un descubrimiento mecánico; el de la máquina de vapor, el teléfono, el fonógrafo, el aeroplano, una cosa que sirve para algo. Así, el teléfono puede servirnos para comunicarnos a distancia con la mujer amada. ¿Pero para qué nos sirve? Toma uno el tranvía eléctrico para ir a oír una ópera; y se pregunta: ¿Cuál es, en este caso, más útil, el tranvía o la ópera?”

Espero que hayáis disfrutado tanto como yo con la reflexión. Puede ser que la próxima entrada sea un comentario de texto acerca de este párrafo.

Feliz año nuevo a todos.

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14 agosto 2007

Libros


La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta.
André Maurois

Últimamente en m vida, y con últimamente hablo de últimos años, estoy más aficionado a la lectura y a la escritura; a las letras en general. Ahora soy capaz de coger un libro y sumergirme completamente en él, ya no me conforme con terminarlo; ahora disfruta saboreándolo.

Los libros tienen varias virtudes. La primera y quizás más evidente, la que más resalta y por la que más son conocidos, es por la capacidad de evasión hacia realidades paralelas, tan complejas y detalladas que consiguen entusiasmarnos e incluso llegan a crear sentimientos hacia los personajes de las novelas y narraciones. Conseguimos sentir empatía hacia personajes ficticios e inventados, nos ponemos en su lugar y mentalmente les damos consejos sobre sus acciones. En definitiva: soñamos con los libros, y siempre es apetecible soñar; y un sueño bastante mascado, donde nos dan la silueta y nosotros tenemos que colorear con la imaginación.

Por otro lado, y esta quizás sea un motivo más concreto y complejo, es porque un libro recoge las impresiones de una persona en su recorrido en la vida. Un libro recoge parecer, sensaciones y opiniones de una persona, una serie de vivencias resumidas y explicadas. Ochenta años resumidos en unas cuentas hojas. Cuando uno absorbe uno de esos libros, puede sentirse como si hubiera vivido esas situaciones, como si hubiera vivido más años. Lo mejor de cada persona lo puede recoger y hacerlo suyo. Puedo aprender de errores ajenos, identificar sensaciones, comprender encrucijadas de la vida, explorar sendas del ser humano, para cuando éstas se presenten en la vida de cada uno, no sean novedad y sepamos cómo transitarlas.

Los libros son sin duda una fuente inagotable de saber. Ya no de un saber científico, sino de un saber vital y espiritual; capaz de hacer de la vida un sitio más llano y plácido por el que pasear.

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01 agosto 2007

Un Mundo Feliz


Título: Un Mundo Feliz.
Autor: Aldous Huxley.
Género: Ciencia Ficción.

Se trata de una utopía, similar a la de 1984, pero siendo la última de un ámbito más político, y esta que intento comentar de un punto de vista más vital. La trama es muy similar: una persona, en el futuro, que no encaja en esta sociedad utópica.

Lo realmente interesante del libro es la sociedad futura que plantea, con sus ventajas y sus inconvenientes. Plantea un modelo social totalmente diferente al actual, donde los prejuicios son distintos, así como el sentido de la vida de cada uno de los individuos que conforman la sociedad.

La gran característica de la sociedad descrita en el libro es la estabilidad de ésta. Una estabilidad de la sociedad basada en la estabilidad de los individuos, a nivel emocional y a nivel social. Los sentimientos están mal vistos, y ante cualquier bajón emocional se recurre a una droga que alivia el malestar al instante. Por otro lado, las castas sociales están también claramente distinguidas, desde la creación de los individuos donde se resuelve el problema, hasta la muerte; y es aceptada sin ningún intento de rebelión por parte de los individuos inferiores ya que estos han sido educados y convencidos a su papel en su correspondiente casta.

La comparación con nuestro mundo llega cuando un individuo perteneciente a una “Reserva de Salvajes” llega a la sociedad utópica. Y ahí suceden los distintos dilemas y reflexiones.

Dejo aquí un pequeño texto del libro, sin duda interesante. Quizás otro día copie algún otro, ya que me perecen interesantes.

“La actual felicidad siempre parece muy menguada en comparación de las compensaciones que brinda la miseria. Y, además, la estabilidad no es ni mucho menos tan espectacular como la inestabilidad. Y el estar satisfecho no tiene el encanto de una denodada lucha contra la desgracia, ni el pintoresquismo de una pugna contra la tentación, o de una fatal derrota a manos de la pasión o de la duda. La felicidad nunca es grandiosa”

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24 junio 2007

El Muchacho Persa


Título: El Muchacho Persa.
Autor: Mary Renault.
Género: Histórico.

Una gran novela que relata desde ojos de Bagoas, un eunuco de la corte de Darío que adoptaría para sí Alejandro, la vida y hazañas del gran Alejandro Magno. Narra las contiendas y campañas de Alejandro y describe al rey de Macedonia en sus facetas bélica y humana.

Resaltaría de este libro, además de unas cuantas citas, la figura de Alejandro en el papel de Jefe del Estado y del Ejército. Se muestra como una figura cercana, que tras las campañas y las batallas, se acerca al campamento a saludar en persona a los soldados. Así estos sentían que eran uno más, una parte de un mismo todo.

La cercanía del líder es importante. Siempre sin faltar al respeto, como pasaba con el macedonio, y siempre acatando sus órdenes; quien está al servicio o bajo el mandato de una persona, y siente a este personaje cercano, y casi como un amigo, rescata en cada individuo una confianza y una lealtad distinta a aquel líder que jamás trata con la parte más baja de su jerarquía.

El contacto humano crea la dependencia. El simple hecho de haber tenido contacto con alguien, inspira una, aunque sea leve, muestra de afecto. La confianza en alguien hace más difícil la deslealtad. El haber mirado a los ojos o haber dormido noches invernales a la intemperie, como hizo Alejandro junto a sus soldados, y haber recibido afecto por parte de alguien superior incrementa los lazos, porque en cierta manera, siente el afecto del líder, la confianza y la importancia que el líder deposita en cada uno de sus hombres.

Creo que es una de las grandes virtudes de Alejandro, que deberían ser extensibles a cualquier Jefe de Estado o líder en cualquier empresa. Un capitán deportivo, por ejemplo, debe ser aquel que mejor consiga llegar al resto del equipo, quién aparte de dirigir el juego, dirija y conozca la moral del equipo y de cada uno de sus miembros.

Ser un líder es una responsabilidad mayor que el hecho de dar órdenes: debe ser un líder moral, un ejemplo a seguir, un guía a nivel de grupo y a nivel de individuos. El mantenerse cercano a unos seguidores no provoca más que afecto y lealtad por parte de éstos. Para no caer en una supuesta debilidad o falta de autoridad, ha de ser estricto en las normas, y contundente en las decisiones, evitando siempre mirar atrás y dejando el arrepentimiento como cosa de débiles, tal y como hacía Alejandro. Aunque también es cierto, que eran otros tiempos. Él por ejemplo, ante motines o intentos de traición, era inapelable. Alejandro no rechazaba el amor, se dejaba querer por sus tropas y generales; pero jamás perdonó la traición.

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20 junio 2007

Crecer


Encontré en el espacio del Messenger de un amigo este texto, que me encantó no tanto como otros pero si lo suficiente como para colgarlo aquí. Es una pena que no todos podamos escribir así de bien.

Imposible atravesar la vida sin que el trabajo salga mal hecho, sin que una amistad cause decepción, sin padecer algún quebranto de salud, sin que un amor nos abandone, sin que nadie de la familia fallezca, sin equivocarse en un negocio. Ése es el costo de vivir. Sin embargo, lo importante no es lo que suceda, sino cómo se reacciona. Si te pones a coleccionar heridas eternamente sangrantes vivirás como un pájaro herido incapaz de volver a volar.

Uno crece cuando no hay vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe. Uno crece cuando acepta la realidad y tiene aplomo de vivirla. Cuando acepta su destino, pero tiene la voluntad de trabajar para cambiarlo. Uno crece asimilando lo que deja por detrás, construyendo lo que tiene por delante y proyectando lo que puede ser el porvenir. Uno crece cuando se enfrenta al invierno aunque pierda las hojas. Recoge flores aunque tenga espinas y marca camino aunque se levante el polvo. Uno crece cuando es capaz de afianzarse con residuos de ilusiones, capaz de perfumarse con residuos de flores... y de encenderse con residuos de amor. Uno crece dándole a la vida más de lo que recibe.

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27 abril 2007

Sobre el poder


El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo.
George Orwell

Hace ya leí el libro 1984. Un libro que más que una novela resulta ser un ensayo político, realmente interesante de donde se pueden sacar grandes conclusiones. Coincidiendo con mi cada vez más afición a la política y a las ciencias sociales y humanas en general, adjunto aquí un fragmento del libro de George Orwell, que como menos, invita a la reflexión.

“Ahora te diré la respuesta a mi pregunta. Se trata de esto: el Partido quiere tener el poder por amor al poder mismo. No nos interesa el bienestar de los demás; sólo nos interesa el poder. No la riqueza ni el lujo, ni la longevidad ni la felicidad; sólo el poder, el poder puro. Ahora comprenderás lo que significa el poder puro. Somos diferentes de todas las oligarquías del pasado porque sabemos lo que estamos haciendo. Todos los demás, incluso los que se parecían a nosotros, eran cobardes o hipócritas. Los nazis alemanes y los comunistas rusos se acercaban mucho a nosotros por sus métodos, pero nunca tuvieron el valor de reconocer sus propios motivos. Pretendían, y quizás lo creían sinceramente, que se habían apoderado de los mandos contra su voluntad y para un tiempo limitado y que a la vuelta de la esquina, como quien dice, habría un paraíso donde todos los seres humanos serían libres e iguales. Nosotros no somos así. Sabemos que nadie se apodera del mando con la intención de dejarlo. El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo. No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace una revolución para establecer una dictadura. El objeto de la persecución no es más que la persecución misma. La tortura sólo tiene como finalidad la misma tortura. Y el objeto del poder no es más que el poder.”

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15 abril 2007

Diez Palabras


Toda palabra dicha despierta una idea contraria
Johann Wolfang Goethe

Ojeando por Internet vi un blog que estaba intentando decidir cuáles son las diez palabras más bellas del castellano, no por su significado, sino exclusivamente por su forma, su sonido y su música. La página es http://yuyuhereiam.blogspot.com .

Mis diez palabras más bellas del castellano son:

Horizonte
Crepúsculo
Melancolía.
Anhelo.
Misericordia.
Lúgubre.
Áptero.
Tenue.
Carmesí.
Azahar.

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