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01 noviembre 2011

La Moral como Manifestación contra la Naturaleza

Atacar las pasiones de raíz equivale a atacar la vida de raíz
Friedrich Nietzsche

Con este título encabeza Nietzsche uno de los capítulos de su obra “El Crepúsculo de los Ídolos”. Me ha parecido interesante y es por eso que quiero compartirlo con los lectores. El tema: la sensualidad y la moral a lo largo de la Historia. Juzguen ustedes mismos.

Todas las pasiones tienen una época en la que resultan sencillamente nefastas, en la que subyugan a sus víctimas con el peso de su estupidez; y una época posterior, mucho más tarde que la otra, en la que se desposan con el espíritu, en la que se «espiritualizan».

En otros tiempos se combatía la pasión en sí por la estupidez que implica; los hombres se conjuraban para aniquilarla; todos los viejos monstruos de la moral coincidían en sostener que hay que matar a las pasiones. La fórmula más conocida de esto se encuentra en el Nuevo Testamento, en el Sermón de la Montaña, donde, dicho sea de pasada, no se miran las cosas desde las alturas. En ese pasaje se dice, por ejemplo, refiriéndose a la sexualidad: «Si tu ojo te escandaliza, arráncatelo.» Afortunadamente, ningún cristiano ha seguido este precepto. Aniquilar las pasiones y los deseos por el mero hecho de evitar su estupidez y las desagradables consecuencias de ésta es algo que hoy nos parece una forma aguda de estupidez. Ya no admiramos a los dentistas que nos sacan los dientes para que no nos duelan. Por otra parte, cabe reconocer que la idea de «espiritualizar las pasiones» resulta inconcebible en el terreno donde surgió el cristianismo. Es sabido que la Iglesia primitiva luchó, efectivamente, contra los «inteligentes» a favor de los «pobres de espíritu». ¿Cómo se podía esperar de ella que combatiera inteligentemente las pasiones? La Iglesia combate las pasiones a base de extirpar, en todos los sentidos de la palabra: su medicina, su «terapia» consiste en castrar. No se pregunta nunca: «cómo espiritualizar, embellecer, divinizar un deseo?» En todo momento lo que ha hecho ha sido cargar las tintas de la disciplina sobre la base de exterminar (la sensualidad, el orgullo, el ansia de poder, de poseer, de vengarse). Pero atacar las pasiones de raíz equivale a atacar la vida de raíz: la praxis de la Iglesia es hostil a la vida.

Nota: Yo he leído el texto en una edición distinta, con otro traductor, que tal vez mantenga un estilo más literario. En cualquier caso, el mensaje sigue siendo el mismo.

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15 marzo 2011

El Ser Humano y la Naturaleza

Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha.
Victor Hugo

Llevo unos cuantos días ajeno al mundo y por tanto ajeno al blog y a las noticias. Notable ha sido mi sorpresa al encontrarme con la tragedia japonesa. De este aislamiento informativo mío podrían surgir dos reflexiones: una, sobre cómo es la vida de una persona sin la información; y dos, de lo volátil que es el ser humano cuando se compara con la Naturaleza, lo débil que es. Creo que hoy explotaremos la segunda.

Es muy propio del ser humano la vanidad y la soberbia. Creerse por encima de todo, creerse a salvo siempre, creerse diferente de sus antepasados por el desarrollo tecnológico, creer que nunca nos va a pasar a nosotros, dejar todo a merced de la ciencia y la tecnología.

Se nos olvida con demasiada frecuencia que somos pobladores de un mundo que aunque hayamos conseguido más o menos “domesticar” sigue siendo salvaje. Este terremoto (o sus consecuencias, más bien) nos deben hacer sentir por un momento más mortales. Nadie está a salvo de una catástrofe natural, aunque vivamos ajenos a ello.

También es cierto que no podemos dejarnos vencer por la psicosis colectiva. Tampoco podemos dejar de vivir por el hecho de que en cualquier momento pueda acontecer un terremoto. Lo que debemos, simplemente, es hacernos más humildes y no olvidar lo que somos.

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