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15 septiembre 2017

La Española Hidalguía de los Nacionalismos Periféricos

Somos engañados por la apariencia de la verdad.
Quinto Horacio Flaco

La hidalguía es una de las atribuciones más recurrentes al carácter español. Desde Pérez-Reverte a Américo Castro han reparado en la tendencia del español a rehuir los trabajos manuales basándose en su distinta condición, en la nobleza de su sangre y en lo ancestral de dicha nobleza (recordemos la importancia de ser cristiano viejo). Siempre ha sido el español propenso a otorgarse títulos, a mirar desde la altura que presuntamente otorga un blasón.


No deja de ser paradójico que este fenómeno se encuentre arraigado también en los movimientos nacionalistas periféricos dentro de España. Llama la atención que en su delirio mitológico, las regiones que exigen una superioridad sobre el resto carezcan precisamente de ese “título” (nacionalidad histórica lo llaman) que les concede una suerte de superioridad moral para justificar su diferenciación sobre el resto, que reside, si analizamos en profundidad, en lo económico. En cierta manera, las regiones españolas que hoy se denominan históricas se asemejan a esos burgueses de los siglos XV y XVI que casaban con familias de nobles venidas abajo para poder así formar parte de una aristocracia.

Para ello, las regiones mal llamadas históricas no cesan en el empeño de “casar” con sus vecinas aristocráticas. Así, las provincias vascongadas miran con deseo al Reino de Navarra y Cataluña (que no pasó de principado) hace lo propio con los Reinos de Valencia y Mallorca, además de atribuirse la mitad de la Corona de Aragón (en lenguaje nacionalista catalana, Corona catalanoaragonesa). La más lista (como casi siempre) ha sido Andalucía, que ya ha conseguido la absorción del Reino de Granada y su completa asimilación.

Queda el panorama español de la siguiente manera: las regiones con menos reivindicaciones históricas posibles son las que se consideran a un nivel casi oficial como “históricas”, poniendo en manos de la historiografía ideologizada la búsqueda de antecedentes que justifiquen su hidalguía, su “historicidad”. No conformes con eso, se empeñan en absorber a sus vecinas, verdaderas regiones con historia, habiendolo conseguido, hasta el momento, sólo Andalucía.

Como ya adelantaba, y era este el motivo de la redacción de esta entrada, no deja de ser curioso que los movimientos que reniegan de España profundicen tanto en un fenómeno español como es la hidalguía y la búsqueda del título para justificar, precisamente, su no españolidad.

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20 octubre 2016

Calpe u Otro Ejemplo de Despilfarro Público

La incompetencia es tanto más dañina cuanto mayor sea el poder del incompetente.

Francisco Ayala

Por los pasillos del metro de Madrid me he cruzado con un cartel publicitario de las fiestas de moros y cristianos de Calpe. Ha llamado mi atención porque tiene un colorido intenso y, aunque no hubiera sido así, seguramente lo hubiera leído. El cartel no tenía nada más extraordinario salvo el pequeño detalle de que estaba todo, absolutamente todo, escrito en valenciano. Lo cual me lleva a hacerme una serie de preguntas.

¿Tiene sentido que en Madrid, donde el 100% de la población es castellanohablante haya un anuncio, supuestamente turístico y supuestamente con la finalidad de atraer turistas a las mencionadas fiestas, en una lengua donde nadie habla salvo quizás los valencianos que residen actualmente en Madrid? ¿Cuál es el objetivo del cartel? Si suponemos que es la atracción de gente a las fiestas de moros y cristianos, ¿no es algo elemental incluir la publicidad en el idioma nativo del respecto? ¿Se imagina alguien un panfleto para ir a Alemania de vacaciones escrito íntegramente en alemán? ¿No es un principio básico de la comunicación publicitaria, del marketing, la seducción del posible cliente o respecto del mensaje?

La otra posibilidad es que se trate de propaganda nacionalista, obsesionada en los últimos tiempos con la lengua y la identidad cultural. ¿Qué sentido tiene entonces la publicidad nacionalista a cientos de kilómetros del público objetivo? ¿Por qué gastar el dinero que puede costar una campaña de publicidad de carteles en el Metro de Madrid?

Lo mire por donde lo mire me parece un despilfarro la campaña (amén de legitimidad o moralidad que la acompañe, que sería para otro entrada). Por un lado, es una nefasta campaña de publicidad, y por otro, una nefasta campaña de propaganda, ya que sus posibles votantes no van a estar en el Metro de Madrid.

¿Hay algún responsable político de este despilfarro? ¿Alguien va a pedir cuentas por esta campaña?

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15 abril 2016

El Mercenario Laboral y la Lealtad a la Empresa

Es difícil dar una definición de la lealtad, pero quizás nos acercaremos a ella si la llamamos el sentimiento que nos guía en presencia de una obligación no definida.
Gilbert Keith Chesterton

Muchas de mis reflexiones en este blog vienen auspiciadas por lecturas de cosas que, normalmente, tampoco guardan una relación directa con lo que escribo, pero es suficiente para sembrar una semilla que dé como fruto una recensión sobre algo homólogo (en el sentido más etimológico de la palabra). Es el caso de lo que viene a continuación.


Leyendo sobre las guerras entre Roma y Cartago reparo en la figura del mercenario, sobre todo en relación con el soldado nativo de las ciudades en pugna en esa guerra. El mercenario no conoce más allá del dinero, y su implicación en la guerra es tan sólo a cambio de un beneficio económico claro. El otro, por su parte, además del codicioso objetivo del saqueo de la guerra, mantiene en su fuero interno una especie de lealtad con su patria: se siente parte de esa patria y la victoria y la derrota es algo más que dinero.

El gran logro del nacionalismo, posiblemente, fue el conseguir el alistamiento voluntario de soldados en las levas, la inclusión de la ideología de la nación en las mentes de los pobladores de las mismas. El nacionalismo les dió sentido de trascendencia a los ciudadanos (o súbditos) de las diferentes naciones (sentido de la trascendencia sobre el que espero volver en alguna entrada próxima).

¿No es fascinante cómo el sentido de pertenencia a algo superior puede hacer que el rendimiento del sujeto en cuestión se multiplique?

Mi corta experiencia (más como observador que como sujeto) en el mundo laboral me hace ver que la rotación del trabajador es alta, y que los cambios de éstos son motivados en su mayoría por el dinero. Básicamente, el trabajador de hoy es el mercenario de ayer, sobre todo en ámbitos laborales en los que hay una gran oferta de trabajo.

Tal vez lo que vaya a decir vaya un poco contra mis propios intereses como trabajador, pero me es inevitable hacer la reflexión ¿No podría ser una buena estrategia de recursos humanos fomentar el sentimiento de permanencia de los trabajadores a las empresas? ¿No podrían aumentar la rentabilidad de estos, su eficiencia, y por qué no, su felicidad?

Es cierto que hay una especie de tendencia hacia modelos más “humanos” dentro de las empresas, pero creo que aún estamos muy lejos de sentir a la empresa parte de nosotros mismos, al menos, no con la intensidad de la familia, la nación o incluso el equipo de fútbol o el partido político.

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28 junio 2012

La Generalitat y su particular concepto de democracia

La ley debe ser como la muerte, que no exceptúa a nadie.
 Montesquieu 

No estoy descubriendo nada nuevo cuando digo que la democracia va mucho más allá de la existencia de elecciones. El hecho de votar, por sí solo, no da democracia. Al igual que no tiene por qué ser democrático un gobierno elegido en las urnas. El ejemplo paradigmático de esto es la Alemania nazi, en la que un gobierno elegido estableció un sistema policial eliminando cualquier atisbo de democracia. La democracia va más allá de emitir un voto cada cierto tiempo.

Es, sin embargo, el Estado de Derecho uno de los principales pilares que sustentan la democracia. Este cimiento fundamental podría resumirse en la igualdad ante la ley y en el sometimiento de todo ciudadano a su imperio, no a la voluntad arbitraria de ningún individuo particular. La ley, como manifestación de la soberanía popular, es la que debe regir para todos de una manera idéntica.

Dicho esto, llama poderosamente la atención lo que acontece en Cataluña. Las recientes sentencias del Tribunal Supremo en materia lingüística vuelven a quitarle por enésima vez la razón a la Generalitat. Los miembros del gobierno catalán, ni cortos ni perezosos, se apresuran a decir que en esa materia no van a acatar ninguna sentencia que contradiga su santa voluntad.

Me gustaría aprovechar estas líneas para recordarles al Molt Honorable Presidente y a todo su Gobierno que son esa misma ley y esa misma Constitución que ellos se empeñan en ningunear las que les permite a ellos gozar de su autogobierno y su autonomía en la región catalana. Me gustaría recordarles que es desde el 1978 cuando se les ha permitido en España, gracias al consenso nacional plasmado en la Constitución, disfrutar de la libertad de legislar en materias de sus competencias, reconocer sus símbolos institucionales y acceder al autogobierno regional.

Es esa misma Constitución que habilita la creación de su Comunidad Autónoma la que le obliga a acatar todas y cada una de las sentencias de los Tribunales de Justicia de España. Ya que, si no están dispuestos a acatar esa parte, ¿por qué debería entonces nadie respetar su autonomía?

Casualmente, el discurso independentista se radicaliza ahora, cuando la impopularidad amenaza la rentabilidad electoral de su gestión: recortes de sanidad, cierres de quirófanos y centros de salud, presuntos casos de corrupción, presunta financiación ilegal de partidos, etc. Cuando más acorraladas se sientes las élites catalanas, más independentistas se proclaman. Nacionalismo instrumental puro y duro.

Por eso mismo es conveniente recordarles de vez en cuando cuál es el origen jurídico y político de su actual autonomía, muchísimo más amplia hoy que en cualquier otro momento de la Historia. Ya está bien de acatar las sentencias a la carta: o se respeta el Estado de Derecho (Constitución incluida) o no. Con todas sus consecuencias.

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25 junio 2012

Nacionalismo Instrumental

Patriotismo es amar la patria de uno, nacionalismo es odiar todas las demás.
 Charles de Gaulle

Hoy quiero compartir en este espacio dos fragmentos de un libro que trata sobre las nuevas guerras. En concreto, el libro presta especial atención a los conflictos de los Balcanes (Bosnia y Kósovo) e intenta analizar los orígenes del conflicto. La autora, Mary Kaldor, se lo achaca en gran a los nacionalismos surgidos tras la escisión de Yugoslavia o más bien, por ser más precisos, a la instrumentalización política del nacionalismo concebido como un odio hacia el otro. En concreto lo llama “Nacionalismo Instrumental”. El libro se titula “Las Nuevas Guerras”.

Las nuevas políticas de identidades consisten en reivindicar el poder basándose en etiquetas

Los movimientos nacionalistas reinventan versiones concretas de la historia y la memoria con el fin de construir nuevas formas culturales que sean útiles a la manipulación política.


Comparto estos textos porque no puedo dejar de compararlos con ciertas políticas llevadas a cabo tanto en País Vasco y Cataluña, donde en muchas ocasiones el nacionalismo de estas regiones esconde las pretensiones, bajo la idea de la diferenciación, a una élite de poder social y económica que está dispuesta a todo por perpetuarse en ese poder.

Me pareció significativo también como justo tras los primeros recortes de Sanidad y cierres de alas, quirófanos y centros de salud, Convergencia, en su congreso, llamaba a la independencia. Como dije en su momento, ante la mala gestión, nacionalismo.

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