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07 julio 2012

A vosotros (políticos) os hemos formado en interés del Estado tanto como en el propio vuestro, para que seáis en nuestra República nuestros jefes y vuestros reyes.
Platón 

No es pequeño el clamor que existe contra la “politización” de todo. Las cajas de ahorro, las universidades, sindicatos y así un sinfín de instituciones, más civiles que políticas, que han desviado el desempeño de sus funciones hacia otras serie de objetivos distintos para los que se crearon se consideran “politizadas”, cuando realmente lo que están es “partidizadas”.

Aunque sé, por supuesto, lo que hoy día “politización” quiere significar, entiendo que el concepto está mal empleado y que lo que realmente se quiere decir es “partidización”, es decir, poner al servicio de un determinado partido o ideología estructurada los recursos, decisiones y acciones de las instituciones en cuestión.

Si miramos la etimología y origen de la palabra “política” nos podemos dar cuenta de que éste significa “relativo a la polis”, es decir, a la ciudad. Este concepto de origen griego puede extrapolarse perfectamente, debido al cambio de las estructuras organizativas, al Estado. Podríamos hablar de política como “de lo relativo al Estado”.

El Estado dejó de ser hace ya el conjunto de estructuras formales burocráticas que garantiza la seguridad de sus ciudadanos y recauda y gestiona sus impuestos. El Estado pasó a ser una nación cuya soberanía reside en el pueblo, en el conjunto de los ciudadanos, y por ende, en el conjunto de sus instituciones.

A lo que quiero llegar es a que el hecho de hacer política, el hecho de influir en la nación, afecta no únicamente a las instituciones del poder político, sino que la capacidad y la responsabilidad de hacer política, de intervenir en los asuntos de la nación, corresponde a cada ciudadanos y a cada una de las instituciones del país. La política, prácticamente, es omnipresente.

Lo siguiente que hemos de ver es cuál es el objetivo de la política, qué se espera de ella. Cuando alguien hace política (en cualquiera de sus ámbitos y niveles) y gestiona unos determinados recursos debe tener claro cuál es el objetivo que persigue, qué es lo que pretende conseguir. Y es aquí donde se produce la desavenencia de los conceptos: se hace política cuando se persiguen los objetivos del conjunto de la nación, y se es partidista cuando se antepone el partido a todo lo demás.

Por eso no considero que el hecho de que miembros de partidos políticos formen parte de instituciones sea malo porque sí. El problema llega cuando éstos, en el desempeño de los cargos institucionales, desplazan los intereses generales por los suyos particulares, ya sea esta particularidad individual o colectiva.

El problema no es que una ideología (a través de las personas que la siguen y de las estructuras que las soportan) llegue a las instituciones. El problema es que una vez en ellas olviden el sentido de dichas instituciones y pongas ésta al servicio de unos intereses concretos, bien alejados del interés general. Los partidos han de comprender que son medios para hacer política, no fines en sí mismos.

Por lo tanto, y aunque hoy la única garantía para evitar la “partidización” parezca esa, no se trata tanto de que los partidos no intervengan en las instituciones, sino de que las respeten, busquen de entre sus miembros los más aptos para liderarlas y hagan así política, procurando siempre el interés general.

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15 octubre 2011

La Imagen de Andalucía

El gobierno no se ha hecho para la comodidad y el placer de los que gobiernan.
Conde de Mirabeau

Hace no demasiado escuchamos, por partida doble, a políticos catalanes hacer referencia a Andalucía de manera no excesivamente amable, o, al menos, no constituyente de elogios. El primero de ellos fue el señor Mas, presidente del gobierno catalán. Éste hizo alusión al habla andaluza y la supuesta dificultad que el resto de castellanohablantes tienen para comprendernos. Comentario, que por otra parte, no merece mayor atención, ya que prestársela supondría reconocerle más importancia que la de una simple payasada parlamentaria (que es lo que fue), además de que dicha intervención no tiene ningún trasfondo político ni pretende solucionar ninguno de los miles de problemas que nos achacan, sino que responde más a las últimas tendencias políticas de crear debate sobre temas banales, superficiales, inútiles y no productivos.

Cosa distinta, a mi entender, son las declaraciones del portavoz del grupo parlamentario CiU en el Congreso. Más allá del tono o de las palabras literales del político catalán, hemos de intentar llegar al fondo de la cuestión, ¿por qué Durán i Lleida se refirió a Andalucía y no a Cantabria? ¿Existe realmente en Andalucía una “cultura de subsidio”? ¿Beneficia a Andalucía esta gestión de los recursos económicos?

En Andalucía no sólo tenemos la costumbre de ser pícaros, que considero que es una característica inherente al conjunto de la nación, sino que además poseemos el hábito de jactarnos de ella. Nos gusta presumir de cómo defraudamos a la administración, de cómo no pagamos IVA, de cómo hemos hecho y no nos han “pillado”, de cómo gano más sin hacer menos. Y no es que el resto de España no lo haga, pero creo que nadie lo exhibe con tanta naturalidad y orgullo como lo hacemos en el sur de España. Por lo que creo que la referencia a Andalucía, en lugar de Cantabria, se debe en gran parte a que nosotros damos pie a ello.

Y es que, además, en Andalucía nos gusta el humor y, más bien, el cachondeo. Y somos muy propios a reírnos de nosotros mismos, a parodiarnos constantemente, a decirnos unos a otros qué graciosos somos, que todo da igual y que la vida son dos días, que hay que disfrutar. Lo que sucede entonces es que cuando uno emite al mundo, o al menos al resto de España, una imagen de bufón o payaso (nada más hay que ver Canal Sur y los programas de “zapping” de las cadenas nacionales cuando utilizan imágenes de la televisión autonómica) es que en el resto del mundo (o del país al menos) se crea una imagen cómica y poco seria de Andalucía. Llega entonces el día en que nos la recuerdan. Y es ahí cuando nos duele. Pero mientras emitimos día tras día la imagen de gente poco seria nadie se plantea que eso es lo que vendemos y la imagen que damos, y por tanto, como después nos van a recordar.

Cuando viene alguien de fuera de Andalucía y nos describe tal y como nos ve, porque es tal y como hacemos que nos vean, aparece en nosotros una dignidad hasta entonces desconocida, un amor propio exagerado y contrario, insisto, a la imagen que de nosotros mismos hemos fomentado. Y precisamente quien más ha fomentado esa imagen, quien más ha estereotipado al andaluz (o por lo menos quienes son responsables de la imagen del mismo) más ofendido se siente y más digno se planta.

Y es que así somos los andaluces: mientras nuestros gobernantes dilapidan y despilfarran el dinero de todos; cuando hemos perdido una oportunidad irrepetible gracias a las subvenciones europeas de dejar a un lado la cultura de la subvención (que todo el mundo sabe que existe), la cultura del pan para hoy, fomentar en un lugar grandes cambios e inversiones en la estructura económica de la región; cuando no se ha velado porque las becas y subvenciones vayan efectivamente a quien las necesita sino que se ha construido una Andalucía fundamentada amiguismo y el partidismo más rancio; cuando se ha invertido una cantidad ingente de dinero en infraestructuras sin un estudio de viabilidad previo o, al menos, dicho estudio ha sido nefasto; y así, un largo etcétera; mientras todo ello ocurría, los andaluces mirábamos para otro lado. No nos importaba, porque había ordenadores en las aulas, símbolo (falso y superficial) de modernidad, porque había inauguraciones todos los fines de semana (muchas de ellas completamente inútil lo inaugurado), símbolo (superfluo) del crecimiento y la prosperidad, etc.

Y es curiosamente ahora, cuando nos asaltan con realidades que todos conocemos, que hemos fomentado y de las que nos hemos jactado, cuando nos hacemos los ofendidos y tiramos de orgullo.

En mi opinión, deberíamos aprovechar este momento para hacer autocrítica de nosotros mismos: qué nos ha fallado y por qué. Por qué después de haber recibido no sé cuántos millones de euros desde Europa seguimos a la cola de casi todo, por qué teniendo una de las regiones naturales más ricas y prósperas de Europa estamos en los vagones de cola.

Tal vez lo que nos pase a los andaluces es que confundimos las prioridades y no vemos, como dice el proverbio chino, que un pescado nos dará de comer hoy, pero que aprender a pescar nos dará de comer toda la vida. O, tal vez, nos pase algo peor: y es que no queramos verlo.

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30 marzo 2011

Los Mejores Colegios de España

Si das pescado a un hombre hambriento, le nutres una jornada. Si le enseñas a pescar, le nutrirás toda la vida.
Lao-tsé

En la lista de los cien mejores colegios de España no hay ninguno público. ¿Es tolerable esto? ¿No deberían ser los públicos, con diferencia, los mejores, y más teniendo en cuenta la financiación por parte del Estado? ¿Cuántos políticos llevan a sus hijos a colegios públicos? La educación no es el punto fuerte de ningún partido político. Por mucho que se empeñen en disimular.

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12 febrero 2011

El Desgaste de las Instituciones Democráticas

Todos los males de la democracia pueden curarse con más democracia
Alfred Emanuel Smith

Leo y escucho muchas críticas hacia los políticos tras los últimos casos de corrupción destapados. No son ataques contra un político en concreto, e incluso no lo son contra el partido contrario (sí, en España existe un bipartidismo visceral). Se trata de un ataque contra la “clase política” en general, contra la casta, contra la categoría profesional política, y, francamente, me preocupa.

Perder el respeto a los políticos lleva detrás de sí una consecuencia más grave: desconfianza y desencanto con las instituciones que representan. Son los políticos los que ocupan los sitios de las instituciones y por tanto es a ellos a quienes se relaciona con ellas. Además, casi ninguno de ellos ha mostrado nunca interés en separar a la institución democrática del Estado con el partido. Es más, puede casi afirmarse que se ha fomentado lo contrario, la fusión del cargo con el partido la asignación de los escaños y puestos de representación al grupo político antes que a las personas. La prueba de esta confusión es en que la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros la hace el Secretario de Organización del partido, y no el portavoz del Gobierno, como debiera.

La pérdida de respeto y confianza en las instituciones democráticas no puede llevar consigo sino un desgaste de la misma democracia. Las instituciones son la cara del sistema democrático, son el poder legitimado a través de la democracia. Por tanto, si perdemos la confianza en ese poder democrático, estamos perdiendo la confianza en la propia democracia.

Muchas son las diferencias con respecto de los años 30 (existe una Unión Europea, la presencia e importancia del ejército en la vida civil se ha reducido considerablemente, etc.) pero si las democracias cedieron ante las dictaduras en aquellos años, mucho se debió al desencanto por la democracia que se vivió en aquellas sociedades, por el desgaste de las instituciones democráticas. Y este desgaste del sistema democrático no es más que un nido de populistas autoritarios. Hitler es el mejor ejemplo de esto que digo.

No tiene que llegarse al extremo del nazismo para que la democracia se pervierta. La politización de la Justicia, la inexistencia de unos sindicatos libres e independientes que defiendan al trabajador, la falta de democracia en las elecciones de candidatos a las instituciones, la limitación del ciudadano en las decisiones que realmente le afectan, la falta de transparencia en las instituciones, la duplicidad de administraciones, etc. son síntomas de una democracia incompleta o enferma.

Nada es definitivo aún. Todavía estamos a tiempo de sanarla. La fórmula es bien sencilla: más democracia, como ya enunció Alfred Emanuel Smith. Pero como los ciudadanos sigamos mirando para otro lado y riéndole la gracia a quienes viven a costa de nuestros impuestos sin más preocupación que sus propios intereses y sin más argumento y bandera que una ideología caduca y anacrónica, puede que en un futuro próximo lamentemos, como hizo Alemania en su día, haber entregado tácitamente la democracia y la libertad a unos pocos, que pese a predicar sobre el bien de la nación y la sociedad, no habrían mirado más allá de su propio ombligo y ambiciones.

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