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13 septiembre 2016

Utilidad Práctica y Utilidad Inmediata

Nada es más útil al hombre que aquellas artes que no tienen ninguna utilidad.
Ovidio

Hay últimamente una obsesión generalizada por la utilidad. Tal vez sea la sociedad posindustrial, la inmediatez de la era de las comunicaciones o la necesidad constante de que todo tenga un fin práctico y directo. No lo tengo nada claro, pero que la carrera por la utilidad ha invadido todos los espacios de la sociedad es algo que parece evidente. Incluso aquellos que deberían ser ajenos a estas luchas y carreras, como la Universidad.


Esta reflexión nace en un comentario que he leído sobre la Filosofía, aunque creo que puede extrapolarse al resto de disciplinas de Humanidades. Los planes de estudios cada vez las apartan más de sus currículos porque “no tienen utilidad práctica”.

“Utilidad práctica”, en mi opinión, contiene ya cierta redundancia, y creo que lo que realmente se quiere expresar es que su utilidad no es inmediata, no puede consumirse al instante de aprenderse, no pueden verse ni medirse sus resultados y no puede evaluarse con un “método científico” el desempeño de su actividad. Creo, honestamente, que a eso se refieren los que argumentan que ciertas disciplinas como la Filosofía (o la lengua) no son prácticas.

Mi opinión, por el contrario, disiente completamente. Considero que las ramas de las Humanidades son útiles en cuanto crean mejores individuos, aunque esa “mejoría” no siempre es medible. Por ejemplo, creo que la Filosofía Política, el hecho de preguntarse ciertas cosas, el hecho de hacer ciertas preguntas, construye mejores ciudadanos, que no genera dinero de manera inmediata, pero que ayuda a construir sociedades más justas y, a la larga, más ricas.

De la misma manera, la lengua ayuda a pensar, a crear conceptos, a interpretar el mundo, porque el pensamiento lo manejamos a través de la lengua y, creo, que cuanto mejor dominio tengamos del lenguaje, mejor lo tendremos del pensamiento y seremos capaces de controlar de una mejor manera estrucutras, situaciones, símbolos y construcciones abstractas. Cosas que, directamente ni de manera inmediata son útiles, pero que son transversales a cualquier utilidad y, sobre todo, son útiles para el individuo.

Podría ir una a una con cada una de las disciplinas humanísticas, pero creo que la idea queda clara. Es una pena, como digo, que se confunda de manera tan repetida y en instancias tan cualificadas la utilidad práctica con la utilidad inmediata. Tal vez, y ya será para otra entrada, habría que preguntarse: ¿útil para quién?

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Utilidad Práctica y Utilidad Inmediata

Nada es más útil al hombre que aquellas artes que no tienen ninguna utilidad.
Ovidio

Hay últimamente una obsesión generalizada por la utilidad. Tal vez sea la sociedad posindustrial, la inmediatez de la era de las comunicaciones o la necesidad constante de que todo tenga un fin práctico y directo. No lo tengo nada claro, pero que la carrera por la utilidad ha invadido todos los espacios de la sociedad es algo que parece evidente. Incluso aquellos que deberían ser ajenos a estas luchas y carreras, como la Universidad.


Esta reflexión nace en un comentario que he leído sobre la Filosofía, aunque creo que puede extrapolarse al resto de disciplinas de Humanidades. Los planes de estudios cada vez las apartan más de sus currículos porque “no tienen utilidad práctica”.

“Utilidad práctica”, en mi opinión, contiene ya cierta redundancia, y creo que lo que realmente se quiere expresar es que su utilidad no es inmediata, no puede consumirse al instante de aprenderse, no pueden verse ni medirse sus resultados y no puede evaluarse con un “método científico” el desempeño de su actividad. Creo, honestamente, que a eso se refieren los que argumentan que ciertas disciplinas como la Filosofía (o la lengua) no son prácticas.

Mi opinión, por el contrario, disiente completamente. Considero que las ramas de las Humanidades son útiles en cuanto crean mejores individuos, aunque esa “mejoría” no siempre es medible. Por ejemplo, creo que la Filosofía Política, el hecho de preguntarse ciertas cosas, el hecho de hacer ciertas preguntas, construye mejores ciudadanos, que no genera dinero de manera inmediata, pero que ayuda a construir sociedades más justas y, a la larga, más ricas.

De la misma manera, la lengua ayuda a pensar, a crear conceptos, a interpretar el mundo, porque el pensamiento lo manejamos a través de la lengua y, creo, que cuanto mejor dominio tengamos del lenguaje, mejor lo tendremos del pensamiento y seremos capaces de controlar de una mejor manera estrucutras, situaciones, símbolos y construcciones abstractas. Cosas que, directamente ni de manera inmediata son útiles, pero que son transversales a cualquier utilidad y, sobre todo, son útiles para el individuo.

Podría ir una a una con cada una de las disciplinas humanísticas, pero creo que la idea queda clara. Es una pena, como digo, que se confunda de manera tan repetida y en instancias tan cualificadas la utilidad práctica con la utilidad inmediata. Tal vez, y ya será para otra entrada, habría que preguntarse: ¿útil para quién?

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11 marzo 2013

¿Por qué las Humanidades?

La filosofía es la que nos distingue de los salvajes y bárbaros; las naciones son tanto más civilizadas y cultas cuanto mejor filosofan sus hombres.
René Descartes

En los tiempos que corren, en los cuales las Humanidades están siendo denostadas poco más que a un “hobby”, a una de las tantas posibilidades para el fin de semana (lectura, fútbol o cine), esta pregunta resulta todavía más de interés, pretendiendo ser, junto con el de la disciplina histórica, una alegato de defensa a los estudios en Humanidades, al estudio, en definitiva, del ser humano.

La obsesión de un lado por lo inmediato, y de otro por lo productivo o útil, hace que todo aquello que no reporte un beneficio económico en el corto plazo llegue a considerarse una pérdida de tiempo. Por su parte, los humanistas, los verdaderos humanistas, lo que aman al ser humano y sus creaciones (no hemos de perder de vista la figura de recién implantación de pseudo-humanista, que trae su causa en el toque intelectual que “humanismo” lleva aparejado consigo) han sucumbido a este tendencia y en ausencia de mejor argumento, en lugar de esgrimir un argumento positivo, acaban asumiendo el marco de la ciencia como suyo, creando engendros como “ciencias del espíritu”.

En lo relativo a la Historia (a la rama de las Humanidades que procura el conocimiento del pasado), y aunque nadie reconozca explícitamente su utilidad e importancia, implícitamente lo hacen. O si no, ¿por qué tanta polémica sobre lo que realmente pasó, por ejemplo, en la Guerra Civil? ¿Por qué tanto interés intentar en demostrar que Cataluña fue o no una nación?

Porque, como ocurre con las personas, uno es lo que fue y lo que ha sido. Y de igual manera ocurre con las sociedades, pueblos y naciones. Sólo el conocimiento certero de qué fuimos puede hacernos entender qué somos, por qué somos y cómo somos. Sólo el estudio riguroso del pasado puede darnos una visión completa de nosotros mismos, ya sea como individuos, ya sea como comunidad.

La ambición por ser mejor y por mejorar es lo que lleva a uno conocerse a sí mismo, con el fin de explorar los errores pretéritos y poder prevenirlos en el futuro. Y es la Historia, junto con otras áreas de conocimiento humanísticas, la que proporciona las herramientas para ello. Las Humanidades son la religión secular: la búsqueda del mejorarse a sí mismo y al entorno en busca del bienestar, no sólo material sino también espiritual. Y para ello, la construcción de lo segundo es lo que provoca el bienestar primero, y no a la inversa como actualmente se cree. ¿O alguien es capaz de imaginar su actual nivel de bienestar material sin Estado o sin derechos fundamentales? Ambas dos, a modo de ejemplo, son fruto de arduas disputas, disertaciones y discusiones en el seno de la Filosofía, otra de las ramas fundamentales de las Humanidades.

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