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28 diciembre 2014
El fin y los medios en la política española actual
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Gonsaulo Magno
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Etiquetas: Democracia Española, Fin, Medios, Partidos Políticos, Política
12 octubre 2013
Uno de los Nuestros
En esta ocasión no se trata de ninguna reseña cinematrográfica, sino de una realidad que cada vez se hace más patente en España: lo importante no es el pensar de una determinada manera o subscribir una serie de principios, sino pertenecer a un grupo (ideológico o no). Lo importante no es que compartamos una serie de valores y premisas, sino que milites en un determinado grupo. En definitiva, que seas uno de los nuestros.
Esto es lo que cabe concluir después de haber visto las esperpénticas imágenes de sindicalistas vociferando a una Juez por el hecho de imputarle una serie de delitos a otros sindicalistas. No siente decepción, o al menos un cierto recelo o sospecha, porque uno de sus miembros está en el punto de mira de una instrucción judicial. Todo lo contrario, surge entonces el afán de defender al que milita donde nosotros, a uno de los nuestros.
No es un fenómeno genuinamente sindical este que nos atañe, aunque es paradigmático el caso. Se trata de un fenómeno muy español, muy nuestro, el de conformarnos una serie de prejuicios en función del grupo en que milita. E incluso más allá, tenemos los españoles una gran tendencia a aspirar a conocer todo el pensamiento de una persona por una mera opinión vertida sobre un tema “ideológico”.
Dos motivos se me ocurren para tan simple análisis: o bien nosotros somos tan sumamente simples que sólo podemos comprender el mundo y los fenómenos sociales y políticos desde dos perspectivas (los buenos y los malos) y, para ello, hemos de encasillar a todo sujeto en uno de sus bandos sin plantearnos de manera remota si quiera la posibilidad de que puedan existir personas con un criterio propio; o bien desconfiamos de manera tan exagerada de la capacidad del vecino que creemos a pies juntillas que éste sólo puede aspirar a ser de los unos o de los otros, negándole la opción de poseer un criterio propio. Una tercera opción, desde luego, es que concurran a la vez un poco de todo.
Tal vez un poco de raciocinio y serenidad en los debates y reflexiones no nos vengan nada mal. Apartar por un momento el encasillamiento sistemático entre buenos y malos en virtud exclusivamente del lado de la línea en que nos encontremos, procurando construir un mensaje u opinión con base en unos criterios más o menos absolutos, en el sentido en que no dependa de quien los sostenga sino de los argumentos o razones en sí, dándole el calificativo de bueno y de malo a los hechos por sí, y no dependiendo del grupo que los lleve a cabo o defienda.
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Gonsaulo Magno
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Etiquetas: Democracia Española, Partidos Políticos, Pensamiento Crítico, Política, Sectarismo, Sindicatos
07 julio 2012
Aunque sé, por supuesto, lo que hoy día “politización” quiere significar, entiendo que el concepto está mal empleado y que lo que realmente se quiere decir es “partidización”, es decir, poner al servicio de un determinado partido o ideología estructurada los recursos, decisiones y acciones de las instituciones en cuestión.
Si miramos la etimología y origen de la palabra “política” nos podemos dar cuenta de que éste significa “relativo a la polis”, es decir, a la ciudad. Este concepto de origen griego puede extrapolarse perfectamente, debido al cambio de las estructuras organizativas, al Estado. Podríamos hablar de política como “de lo relativo al Estado”.
El Estado dejó de ser hace ya el conjunto de estructuras formales burocráticas que garantiza la seguridad de sus ciudadanos y recauda y gestiona sus impuestos. El Estado pasó a ser una nación cuya soberanía reside en el pueblo, en el conjunto de los ciudadanos, y por ende, en el conjunto de sus instituciones.
A lo que quiero llegar es a que el hecho de hacer política, el hecho de influir en la nación, afecta no únicamente a las instituciones del poder político, sino que la capacidad y la responsabilidad de hacer política, de intervenir en los asuntos de la nación, corresponde a cada ciudadanos y a cada una de las instituciones del país. La política, prácticamente, es omnipresente.
Lo siguiente que hemos de ver es cuál es el objetivo de la política, qué se espera de ella. Cuando alguien hace política (en cualquiera de sus ámbitos y niveles) y gestiona unos determinados recursos debe tener claro cuál es el objetivo que persigue, qué es lo que pretende conseguir. Y es aquí donde se produce la desavenencia de los conceptos: se hace política cuando se persiguen los objetivos del conjunto de la nación, y se es partidista cuando se antepone el partido a todo lo demás.
Por eso no considero que el hecho de que miembros de partidos políticos formen parte de instituciones sea malo porque sí. El problema llega cuando éstos, en el desempeño de los cargos institucionales, desplazan los intereses generales por los suyos particulares, ya sea esta particularidad individual o colectiva.
El problema no es que una ideología (a través de las personas que la siguen y de las estructuras que las soportan) llegue a las instituciones. El problema es que una vez en ellas olviden el sentido de dichas instituciones y pongas ésta al servicio de unos intereses concretos, bien alejados del interés general. Los partidos han de comprender que son medios para hacer política, no fines en sí mismos.
Por lo tanto, y aunque hoy la única garantía para evitar la “partidización” parezca esa, no se trata tanto de que los partidos no intervengan en las instituciones, sino de que las respeten, busquen de entre sus miembros los más aptos para liderarlas y hagan así política, procurando siempre el interés general.
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Gonsaulo Magno
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02 mayo 2011
Escepticismo Social
Parece que la mentira se ha instalado en el plano político. Hay quien incluso la defiende como necesaria. Mentiras piadosas, dicen. Es posible que se puedan perdonar ciertos medios cuando el fin es noble, pero cuando el único fin no es ni siquiera comprendido por las víctimas de los medios empleados, esa persona no puede será perdonada jamás.
Sucede con la clase política hoy en día lo que en la tradición popular española se conoce como el cuento de Pedro y el lobo. Es difícil creer en una clase política que justifica la mentira, que ve la paja en el ojo ajeno y ve la viga en el suyo propio. Y cuando un país no cree en su clase política, éste está perdido.
No acabo de aclararme qué es más grave: si que los políticos recurran a medios inmorales para preservar su poder, o que los ciudadanos lleguemos a justificar esos medios inmorales atrincherados en bandos románticos de buenos contra malos, de izquierdas contra derechas y viceversa. Cuando no hay ideas, el fanatismo es lo que queda. Apegarse a un sentimiento, a un ideal abstracto, a lo que despiertan unas siglas y un logotipo. Considero que eso es algo muy peligroso en una actividad como la política que debería ser en su mayor parte racional. Cuando los sentimientos de aversión vencen, nada bueno puede ocurrir.
Por otro lado, cuando se llegan a estos términos, el escepticismo aumento entre las personas. Crece el escepticismo social. Cada vez que alguien miente, la siguiente vez que este mentiroso trata de convencer a alguien es mucho más costoso. Se desconfía de quien ya ha mentido. Y cuando esta desconfianza es general, cuando el escepticismo es una característica de la sociedad, los políticos no funcionan. Y cuando éstos no lo hacen, tampoco lo puede hacer la nación.
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Gonsaulo Magno
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30 marzo 2011
Los Mejores Colegios de España
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Gonsaulo Magno
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23 marzo 2011
De las Izquierdas y las Derechas
La política española tiene bastantes vicios. Uno de ellos es el inevitable parecido de los partidarios políticos a las hinchadas de fútbol: fanatismo, sentimiento de pertenencia, odio al adversario. Alguna vez he escrito en este blog sobre la relación que hay en España de política con sentimentalismo, con los sentimientos, con lo racional.
A mi entender, la política debe ser algo racional. Debe éste buscar la manera de optimizar el bienestar de los ciudadanos. Para ello, han de planificarse una serie de medidas, propuestas y principios con los que la sociedad pretenda mejorar. La política ha de ser la búsqueda del bien común, de la gestión de la “polis”, de la optimización de recursos.
En España, sin embargo, la política está basada en la lucha de dos enemigos irreconciliables: el equipo de la izquierda o el equipo de la derecha. La actividad política en España se desarrolla desde el sentimiento de pertenencia al grupo y, por ende, del odio al adversario. Lo que menos importan son las ideas concretas, lo importante es de donde vienen. La guerra es diferente si el Gobierno es de izquierdas o de derechas; al igual que la subida de los impuestos, o cualquier otra política que ambos sectores políticos hayan de determinar tarde o temprano: para alguien de izquierdas es intolerable cualquier medida que venga de la derecha, y viceversa.
Existen también los disidentes, por diversos motivos, del “equipo” oficial, aquellos que afirman: “yo no soy del PP, pero soy de derechas, ¿eh?”, o viceversa de nuevo. También está aquella de “de la crisis se sale por la izquierda”. Y yo pregunto, ¿qué es ser de derechas?, ¿qué es ser de izquierdas?
Hasta que no enterremos este caduco romanticismo ideológico sobre nuestra filiación política y comencemos a entender la política como algo racional, no podremos evolucionar. Hasta que la política no deje de ser un sentimiento, no podremos pensar en qué es lo mejor para el país, en qué conviene más a los ciudadanos y en qué nos hace progresar.
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Gonsaulo Magno
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