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12 marzo 2017

Nuestro Pasado Común

Quienes comparten nuestra niñez, nunca parecen crecer.
Graham Greene

Pasa uno por la calle y ve un grupo de chavales jugando en el parque. Los sujetos en cuestión tendrán unos 8 años. Todos resultan parejos: ninguno mucho más alto que el resto ni ninguno destaca por su color del pelo. Son prácticamente uniformes. Casi clónicos. Hasta su vestimenta es muy similar. Lo que ellos no saben es que dentro de no muchos años sus vidas, prioridades y pensamientos serán completamente diferentes.

No deja de producir un efecto curioso cuando te vuelves a encontrar con alguien con quien has crecido o ves una fotografía de mucho tiempo ha. Puedes, por un lado, perfectamente reconocer a esa persona en vuestro espacio anterior común compartido. Sientes que la conoces. Sientes una confianza y una seguridad considerable. Todo esto a la vez que recalas en cómo de diferentes sois ahora, en cómo de separados son los caminos que cada cual eligió en su día. Tanto es así, que si no os uniera esos juegos pretéritos, probablemente jamás cruzarías ninguna palabra con esa persona o, al menos, no tendrías demasiado interés en profundizar esa relación. Sois, al mismo tiempo, viejos conocidos y profundos extraños.

El pasado común es en este caso la única argamasa de esta amistad (que aunque no puedes considerar a esta persona tu amigo, repito lo escrito arriba, existe una confianza que tampoco la hace ajena a ti, ni se puede considerar como un desconocido). El haber compartido con estas personas emociones y sensaciones en los tiempos en los que estos eran plenamente sinceros y nobles, donde no había mayor interés en la amistad que la amistad en sí misma (pensad en la amistad de los niños y púberes) hace que la sensación de afecto que sintamos de la otra persona lo tomemos como sincero, y sin la mediación de otros intereses subyacentes (dinero, trabajo, poder, etc.).

Es tal vez por eso que cuando nos reencontramos con personas que han formado parte de nuestro sintamos los coletazos aún hoy de aquellos sentimientos puros y nobles. Y es por eso también, quiero creer, que las amistades que se forjan en los primeros años de nuestra juventud durarán para siempre, porque están fundadas sobre esos mismos sentimientos nobles que decía, sin que medie otro tipo de interés o compromiso que desvirtúe a la propia amistad.

¿Sucede esto mismo con las naciones y sociedades? ¿Es por eso tan necesaria la historia común de los pueblos y es por eso el constante y continuo esfuerzo por reescribirla e inventarla? Eso ya lo dejaremos para otro entrada.

Cabe también sorprenderse, y tal vez otro día vuelva sobre el mismo tema, de cómo (retomemos la imagen del grupo de niños en el parque) seres completamente uniformes las personalidades, experiencias y prioridades hayan hecho llegar a cada uno a lugares tan extraordinariamente diferentes, siendo cada uno de estos lugares de la vida, además, opciones de vida que probablemente también nosotros podríamos haber cursado. ¿Dónde se determinan las vidas? ¿Cuándo los caminos comienzan a separarse? ¿Cuándo uno conforme la esencia de lo que realmente será el resto de su vida? Estas cuestiones, como las anteriores, las dejaremos para otra entrada.

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15 febrero 2011

Conversaciones

Una buena conversación debe agotar el tema, no a los interlocutores.
Winston Churchill

He sostenido más de una vez, y sigo sosteniendo, que una buena conversación es uno de los mayores placeres del mundo. Así me lo parece, al menos. No siempre resulta fácil encontrar a un o unos interlocutores adecuados para tal efecto. Pero cuando se encuentran, el resultado es increíble.

Una buena conversación contiene numerosos factores que la hacen apetecible y placentera. El primero de ellos puede ser la cordialidad. Cuando uno habla con otra persona de manera cordial, está transmitiendo y recibiendo afecto continuamente de forma subliminal mediante las palabras. El intercambio risas y bromas son síntomas de una charla agradable y evidencia de una sintonía. Es una buena forma de estrechar la amistad entre varias personas.

Otro factor al que suele recurrirse en las conversaciones es la rememoración del pasado común. La nostalgia de ese pasado, el recuerdo de otros tiempos, produce una sensación positiva y estrecha la simpatía entre quienes las comparten. Como he comentado alguna vez, los recuerdos son una forma de volver a vivir las cosas.

Ha de tenerse en cuenta el enriquecimiento que supone la adquisición de ideas de otras personas. También sucede con los puntos de vista, con las perspectivas diferentes sobre un mismo objeto o situación. Aprende uno a ver las cosas desde otro lado, conociendo otros factores y quedándose con los que más interesantes o acertados encuentra.

Además, suelen tratarse en las buenas conversaciones proyecciones para el futuro. Se crean ganas. Ganas para emprender proyectos o simplemente para realizar mejor las funciones y tareas que ya se desempeñan. Una conversación suele ser un punto de partida para algo.

En definitiva, la conversación hace sentir apego por la vida. Es consecuencia de nuestra condición de animal social. Tras una agradable conversación uno encuentra su papel en el mundo, se dibuja con más perspectiva. Las conversaciones ayudan a trazar el contexto vital de uno, nos ayudan a descartar qué no queremos y a decidirnos por lo que sí.

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14 febrero 2011

La Importancia de la Razón en los Sentimientos

Nuestros pensamientos más importantes son los que contradicen nuestros sentimientos.
Paul Ambroise Valéry

Muchas veces paramos un momento a analizarnos a nosotros mismo y a tratar de trazar el mejor camino a seguir de entre todos los posibles. En ocasiones andamos convencidos de que el camino es uno y lo seguimos sin reparo alguno. En cambio, otras, las decisiones vienen enfrentadas: cabeza contra corazón.

No es fácil siempre seguir el camino más ético o coherente. El corazón posee un cordel con el que a veces tira de tal manera que nos es muy difícil resistirnos. Deseamos algo con mucha fuerza aun sabiendo que ese algo no nos hace bien, es insano para nosotros. La razón ve con claridad, pero muchas veces se ve nublada por los sentimientos desatados de las pasiones.

Por eso es fundamental contar con los amigos. Son ellos la parte racional cuando el alma anda nublada. Poseen la distancia emocional suficiente para discernir qué es mejor y qué es peor. Su mirada es fría y calculadora, sin ningún sentimiento que medie.

Y es en esas situaciones en que queremos pero no debemos cuando su insistencia y ayuda sobre la decisión que tomar se hace tan valiosa. Son los que están fuera los que tienen una perspectiva objetiva sobre la situación, los que ven flagrantes oportunismos cuando nosotros vemos oportunidades. Son ellos quienes nos reconducen al camino.

Cuando nos hayamos sumergidos en alguna pasión, todo parece trascendental. Todo parece insustituible e inigualable. Por eso la visión fría de alguien en quien confiamos nos puede, en determinados momentos, hacernos tanto bien. Porque anda fuera de las exageraciones sentimentales.

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