30 julio 2007

Turismo, Vacaciones y Descanso


Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas.
Elbert Hubbard

Coincidiendo con mi reciente viaje y habiendo tenido numerosos momentos de silencio en viajes, me ha dado que pensar sobre el actual turismo, sobre las vacaciones y sobre el descanso.

Mi aventura italiana queda lejos de ser unas vacaciones de descanso. Es más, el estrés acumulado durante los días de viaje a lo largo de la geografía italiana despeja cualquier duda. Llega entonces la cuestión del turismo ¿por qué viajamos en vacaciones?

El concepto clásico de vacaciones conlleva un descanso, una relajación, haciéndose ajeno uno de las rutinas, los madrugones, el estrés y de la escasez de tiempo libre. Uno concibe unas vacaciones con un despertar más cercano al medio día que a la salida del sol; sin embargo, uno es capaz de sacrificar su periodo de descanso por conocer nuevos lugares.

Sin embargo, he podido comprobar como las personas se acumulan en distintas ciudades artísticas y culturales en busca de obras arquitectónicas, escultóricas y pictóricas en su mayoría. ¿Pero puede uno decir que va a contemplar arte cuándo en seis horas ha de ver ciudades enteras del calibre de Florencia, Roma o Venecia?

Cuando uno contempla un cuadro, un trozo de mármol esculpido o un edificio parece que está buscando el “yo estuve allí”, más que comprender la esencia y el misterio de cada obra de arte. Para poder llegar a apreciar una obra de arte hay que saborearla, disfrutarla, palparla, sentirla. Permanecer tal vez varios minutos simplemente contemplando y enriqueciendo el alma a través de los sentidos. Respirar distintos aires. Escuchar distinta música. Degustar gastronomías. Entonces es cuando uno aspira a comprender y asimilar su magia y esencia. Pero eso, hoy en día, es imposible haciendo el turismo que hoy se practica.

Resulta mucho más práctico hojear cada cual en su casa las distintas obras de arte, comprender su contexto histórico, informarse acerca de las obras; y una vez delante de ellas, fingir o recordar aquella comprensión que uno en la paz del hogar pudo hacer suya.

¿Por qué viajamos entonces? ¿Por qué viaja tanta gente a la vez, hacia los mismos sitios? Será parte de la moda, del turismo como negocio lucrativo. Será por culpa de la televisión, de los medios de comunicación en general, de la sociedad; que confunde el desplazamiento con el viaje, que intenta reducir la categoría de un viaje a la de un simple desplazamiento a través de distintas geografías, que intenta darle un aire erudito a un movimiento puramente superficial e insípido, convirtiendo los viajes turísticos casi a las rutas que realizan los camioneros, con la salvedad de que éstos no vuelven con una cantidad ingente de “souvenir” y fotografías.

Leer más

28 julio 2007

Italia


Los italianos pierden las guerras como si fueran partidos de fútbol y los partidos de fútbol como si fuesen guerras.
Wiston Churchill

Aprovecho hoy para dar una perspectiva personal sobre Italia, y aprovecho para inaugurar una nueva categoría que llamaré viajes, dónde pretendo dar impresiones sobre sitios, lugares y paisajes que visite o se me antojen apetecibles.

Italia, como pasa con España es muy distinta en el norte y en el sur. Curiosamente, la riqueza se distribuye igualmente en la geografía italiana: siendo el norte más próspero y rico que el sur. Siendo imposible atribuirle concesiones económicas franquistas a las regiones nórdicas de Italia, me veo obligado a pensar, como ya he citado en alguna otra entrada, que la riqueza y la prosperidad vienen influenciadas por el clima.

Italia es un país que vive del pasado. No sé exactamente la cantidad en euros, pero viendo la cantidad ingente de turistas que por allí transitan, una muy buena parte de beneficios del país debe ser turismo. Verdaderamente el patrimonio artístico y cultural de ese país es impresionante. Prácticamente todos los pueblos tienen interés artístico, ya sea simplemente una iglesia, o el conjunto del pueblo que ostenta una impresionante belleza.

A nivel de infraestructuras es un país bastante paralelo a España, e incluso me atrevería a calificar de peor. Las carreteras son peores que las españolas, y los conductores son tema aparte en ese país.

Italia es un país para artistas, donde encontrar la inspiración y la belleza resulta tan inconsciente como respirar. Es un país de obligada visita de aquellos que se sientan admiradores del arte y la cultura, aunque para recorrerlo detenidamente y en profundidad son necesarios meses o incluso años

Leer más

27 julio 2007

El Hogar


Una casa es el lugar donde uno es esperado.
Antonio Gala

Después de un largo tiempo sin escribir por aquí, tengo tantas cosas que decir que no se por donde empezar. Intentaré dosificar los temas, para no quedarme pronto sin nada qué decir, que últimamente tenía la sensación de que me repetía un poco.

Empezaré hoy por el hogar. El hogar: aquello de lo que tantas veces hemos deseado huir, escapar, dejar atrás es lo primero que uno echa de menos cuando está fuera una temporada.

El ser humano es increíblemente tradicionalista y amante de los rituales. Si aprendemos a atarnos los cordones de una forma determinada o aliñar la ensalada con un protocolo concreto; es difícil que aceptemos sin más otra manera de hacerlo. Y es más, tacharemos de “raro” todo aquello que no se asemeje a nuestra tradición natal.

Tendemos a hacer lo nuestro universal y absoluto, a creer que todo lo que hacemos está bien; y ha sido así siempre. No planteamos que otra manera de hacer las cosas puede ser positiva para nosotros, que otro punto de vista puede ser más acertado que el propio. No. Somos inevitablemente imperialistas, difusores de nuestras tradiciones.

Quizás todo esto se deba a la necesidad de seguridad que el ser humana arrastra desde que nace. Uno debe siempre sentirse cómodo y seguro con lo que hace, necesita saber que el resultado de una acción va a proporcionarle una porción de felicidad, satisfacción o beneficio; y cuando proponen una alternativa es imposible saber, por mucho que otra persona nos hable de sus experiencias nadie escarmienta en cabeza ajena, qué va a pasar.

Por eso uno echa de menos su hogar, su casa, su almohada, su sofá, su frigorífico, la distribución de cubiertos y platos en la mesa, su mando de la televisión, su telediario, sus horarios de comida, su marca de cerveza, su escritorio del ordenador, su teclado, su fondo de escritorio, su ventana, su terraza… incluso uno llega a echar de menos por momentos hasta su rutina.

Leer más

07 julio 2007

Viajar


Viajar es una buena forma de aprender y de superar miedos.
Luis Rojas Marcos

Uno a veces se cansa de las inevitables rutinas del día a día, de los horarios prefabricados, de levatarse a una hora y acostarse a otra sistemáticamente, de tener un horario pre-establecido de clases y actividades que cicla incesantemente a lo largo de las semanas.

Uno a veces se cansa de las mismas caras, los mis hábitos, las mismas palabras, las mismas risas. Se cansa de respirar el mismo aire cada mañana, de orinar a la misma hora y de comer las mismas cosas.

Uno a veces se cansa de las mismas calles, los mismos coches, los mismos semáforos. Se cansa de sentarse en los mismos bancos, pisar las mismas aceras, pasear los mismos parques.

Uno se cansa de preguntarse cómo es la vida en otro sitio, cómo es vivir en solitario, cómo se come, duerme y organizan las gentes en otros lugares. Y se cansa de estar sentando, cansado, y pensante. Y uno se levanta un día con ganas de cambiar, de aprender, de respirar nuevas sensaciones, de contemplar distintos paisjes y conversar con distinta gente. Y uno de esos días, uno va y lo hace.

Como la mayoría de las personas del mundo occidental, un servidor viaja en vacaciones. Y mi turno comienza mañana. Estaré por tierras italiana hasta el día 25 de julio, que espero volver sano y salvo y con muchas cosas que contar por aquí.

Así que, salvo que por caprichos del azar tenga internet más o menos accesible, no escribiré en el blog hasta mi regreso. Espero que esto no me haga perder lectores, a los que una vez más agradezco que pierdan su tiempo inundándose con estas líneas mediocres.

Una vez más gracias a todos, y un afectuoso abrazo a todos y todas.

Leer más

03 julio 2007

Estados de Ánimo


Cuando se lee un libro según qué estado de ánimo, sólo se encuentran en él interpretaciones de ese estado.
Georges Duhamel

Todos los días son días únicos e irrepetibles. El buen o mal uso que le demos al tiempo que transcurre en cada uno de éstos tiene que ver en grandes dosis de importancia con nosotros.

Nosotros, a su vez, somos seres complejos, excesivamente complejos me aventuraría a decir yo. Y la complejidad requiere una costosa depuración. Me refiero a que somos tan sumamente sofisticados que para averiguar el porqué pensamos algo o el porqué nos sentimos de una determinada manera necesitamos a veces tiempo, dedicación y paciencia.

Los días se ven influidos por nosotros, por el enfoque que le demos al comienzo de éste, y a las ganas e ilusión que le pongamos. Nuestro estado de ánimo colorea cada día, incluyendo todas las gamas cromáticas desde el blanco al negro.

Al final, los días no son mejores y peores en sí mismos, sino como quedan en el recuerdo. Y el recuerdo también depende, aparte de las actividades, del estado de ánimo con que nos encontráramos ese día.

A veces estamos enfadados, y no sabemos por qué. Pasa a veces que el hecho de no poder saber por qué suceden las cosas provoque que nos enfademos. Otras veces en cambio, estamos felices porque ha salido el sol, porque ha dejado de llover, o porque es viernes.

El caso es que pasar los días cabreados, insípidos, sin vivir intensamente cada momento o circunstancia es restar días. Nuestro estado de ánimo nos hace restar días de nuestra vida si éste no es el adecuado. Y eso es algo que debemos de evitar.

Leer más

01 julio 2007

Obligación y Devoción


Si nada es evidente de por sí, nada es comprobable, y si nada es obligatorio por sí mismo, nada es obligatorio en absoluto.
Clives Staples Lewis

Todo lo que empieza está condenado a acabar. Cuando algo empieza a desbordarnos o consumirnos excesivo tiempo, no cesamos de anhelar el final, bien para emprender otras actividades, o bien para no hacer nada.

Pero a veces llega el final, y uno está descolocado: no sabe qué hacer. Nos pasamos la vida pidiendo cambios que en nuestra cabeza suenan bien; pero cuando estos se transforman en realidad no estamos seguros de desearlos tanto.

A veces, cuando los sueños llegan de golpe nos sentimos incluso insatisfechos. No disfrutamos con la meta, con el fin, con el sueño en sí; si no con el trayecto que nos lleva hacia él. Saboreamos cada paso que damos en el camino. El sentir que estamos en el camino correcto y que en el horizonte se ve la luz es lo que nos proporciona la felicidad, no la luz en sí misma.

Todo tiene su tiempo, y todo ha de hacerse poco a poco, y disfrutar construyendo el camino.

Deseamos también disponer de tiempo libre continuamente para realizar cien mil actividades, pero cuando realmente lo tenemos, no lo empleamos. Lo que de verdad gusta es compaginar las obligaciones con las vocaciones. Se trata de hacer más amena una obligación, una vía de escape. Convertir cada día en algo deseable y no en algo rutinario.

Cuando disponemos ciertamente de tiempo libre al no tener obligaciones, el resto de actividades que hemos desempeñado, ya no las consideramos, porque nos sentimos liberados de la presión de una obligación y preferimos descansar en el sofá antes que hacer nada productivo. Si descansáramos mientras tenemos obligaciones pendientes, tendríamos cargo de conciencia. Sin embargo, si hacemos cualquier otra cosa medianamente productiva, excusamos el déficit de tiempo ante las obligaciones con ese algo vocacional que supone una dedicación temporal. Los hobbies sólo son necesarios cuando tenemos que evadirnos; si nos encontramos evadidos continuamente, no recurrimos a ellos con tanta ansia.

Leer más

26 junio 2007

Comunicación de Cambios


Las personas cambian y generalmente se olvidan de comunicar dicho cambio a los demás.
Lilliam Hellman

Tenemos costumbre (mala o buena) de estar continuamente disconformes con nosotros mismos, de ser unos inconformistas con nuestra personalidad, con nuestra forma de hacer las cosas, con nuestros cómos. Sin embargo, nunca arremetemos contra nuestros ideales.


Las ideas parece que son algo sagrado, intocables. Si creemos algo, que a veces no es saber sino simplemente creer, nos aferramos a defenderlo a toda costa, dejando entrever nuestro orgullo y soberbia. Curiosamente el ser humano defiende más afanosamente lo que cree que lo que sabe. Quizás porque necesita una prueba en sí mismo de que lo que cree es cierto.

Tenemos unos deseos de cambio sobre algo que nos molesta sobre nosotros mismos, y llegado el día, decidimos hacerle frente y cambiar o poner remedio a esa manía o defecto. Sin embargo, si decidimos contar ese cambio de hábito a alguien, éste cambio llega a convertirse en un ideal, más que en un hecho, y pasa absolutamente igual que con el resto de ideas: que llegan a ser obstinaciones, y comenzamos a promover ese cambio olvidándonos entonces de que el cambio lo hacíamos por nosotros mismos, y ya lo hacemos por una demostración de fuerza de voluntad.

Y no obstante, si hubiéramos guardado esa intención en secreto, nuestra actitud hubiera sido distinta; porque mientras intentamos engañar al resto de semejantes, no podemos hacerlo con nosotros mismos. No podemos engañarnos. Y si por algún casual no pudiera consumarse el cambio, no sentiríamos nuestro orgullo herido; mientras que si hemos comentado previamente nuestras intenciones podemos ser objeto de reproche y mofa; olvidando totalmente su primitiva intención.

Paradójicamente sucede también al revés. Parece a veces asimismo que si contamos nuestras intenciones sobre cambios personales, no se entienden como propósitos hacia nosotros mismos, sino como algo que deber ser visible al resto; y ese cambio no es valorado por los demás, tal vez por la falta de sorpresa o asombro.

Como siempre, los hechos valen más que las palabras.

Leer más

24 junio 2007

El Muchacho Persa


Título: El Muchacho Persa.
Autor: Mary Renault.
Género: Histórico.

Una gran novela que relata desde ojos de Bagoas, un eunuco de la corte de Darío que adoptaría para sí Alejandro, la vida y hazañas del gran Alejandro Magno. Narra las contiendas y campañas de Alejandro y describe al rey de Macedonia en sus facetas bélica y humana.

Resaltaría de este libro, además de unas cuantas citas, la figura de Alejandro en el papel de Jefe del Estado y del Ejército. Se muestra como una figura cercana, que tras las campañas y las batallas, se acerca al campamento a saludar en persona a los soldados. Así estos sentían que eran uno más, una parte de un mismo todo.

La cercanía del líder es importante. Siempre sin faltar al respeto, como pasaba con el macedonio, y siempre acatando sus órdenes; quien está al servicio o bajo el mandato de una persona, y siente a este personaje cercano, y casi como un amigo, rescata en cada individuo una confianza y una lealtad distinta a aquel líder que jamás trata con la parte más baja de su jerarquía.

El contacto humano crea la dependencia. El simple hecho de haber tenido contacto con alguien, inspira una, aunque sea leve, muestra de afecto. La confianza en alguien hace más difícil la deslealtad. El haber mirado a los ojos o haber dormido noches invernales a la intemperie, como hizo Alejandro junto a sus soldados, y haber recibido afecto por parte de alguien superior incrementa los lazos, porque en cierta manera, siente el afecto del líder, la confianza y la importancia que el líder deposita en cada uno de sus hombres.

Creo que es una de las grandes virtudes de Alejandro, que deberían ser extensibles a cualquier Jefe de Estado o líder en cualquier empresa. Un capitán deportivo, por ejemplo, debe ser aquel que mejor consiga llegar al resto del equipo, quién aparte de dirigir el juego, dirija y conozca la moral del equipo y de cada uno de sus miembros.

Ser un líder es una responsabilidad mayor que el hecho de dar órdenes: debe ser un líder moral, un ejemplo a seguir, un guía a nivel de grupo y a nivel de individuos. El mantenerse cercano a unos seguidores no provoca más que afecto y lealtad por parte de éstos. Para no caer en una supuesta debilidad o falta de autoridad, ha de ser estricto en las normas, y contundente en las decisiones, evitando siempre mirar atrás y dejando el arrepentimiento como cosa de débiles, tal y como hacía Alejandro. Aunque también es cierto, que eran otros tiempos. Él por ejemplo, ante motines o intentos de traición, era inapelable. Alejandro no rechazaba el amor, se dejaba querer por sus tropas y generales; pero jamás perdonó la traición.

Leer más

23 junio 2007

Razón y corazón


Dos excesos: excluir la razón, no admitir más que la razón.
Blaise Pascal

Todos, y aunque algunos se empeñen más en ocultarlo o en hacerlos palpables, tenemos sentimientos. El odio y el amor son dos de ellos, antagónicos entre sí, y estrictamente forzosos en cada persona. Estos sentimientos forjan y modelan nuestra vida, en ocasiones toman nuestras decisiones y siempre son los culpables del estado de ánimo de cada cual.


Sentir en exceso es malo. Idénticamente sucede con quién no siente. Más bien, ya que no sentir lo considero imposible, quién no hace caso de sus sentimientos, o los filtra de tal manera que consigue debilitarlos casi hasta su extinción.

Descartes afirmaba que pensar era la evidencia de la existencia. Es cierto. Pero pensar no significa vivir, en un sentido más alejado del biológico. Sentir significa vivir. Cada sensación nueva es una experiencia vital irrepetible, solo comparable con otras sensaciones. Es imposible razonar un sentimiento, explicarlo de forma racional. Podemos explicar su origen, su efecto, sus consecuencias; pero no podemos crear un sentimiento a través de la razón. Es el parecido con otras sensaciones el que a veces nos ayuda a comprender la descripción del alguno. Recurrimos constantemente a las comparaciones para ello.

Es el dilema eterno, la razón o el corazón. Y ninguna solución que nadie dé será correcta. Cada situación tiene sus condicionantes, y no es fácil distinguir cuando es necesario recurrir a una u otra. Aunque claro queda que ambas en exceso o de forma única y absoluta malas son.

Leer más

20 junio 2007

Crecer


Encontré en el espacio del Messenger de un amigo este texto, que me encantó no tanto como otros pero si lo suficiente como para colgarlo aquí. Es una pena que no todos podamos escribir así de bien.

Imposible atravesar la vida sin que el trabajo salga mal hecho, sin que una amistad cause decepción, sin padecer algún quebranto de salud, sin que un amor nos abandone, sin que nadie de la familia fallezca, sin equivocarse en un negocio. Ése es el costo de vivir. Sin embargo, lo importante no es lo que suceda, sino cómo se reacciona. Si te pones a coleccionar heridas eternamente sangrantes vivirás como un pájaro herido incapaz de volver a volar.

Uno crece cuando no hay vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe. Uno crece cuando acepta la realidad y tiene aplomo de vivirla. Cuando acepta su destino, pero tiene la voluntad de trabajar para cambiarlo. Uno crece asimilando lo que deja por detrás, construyendo lo que tiene por delante y proyectando lo que puede ser el porvenir. Uno crece cuando se enfrenta al invierno aunque pierda las hojas. Recoge flores aunque tenga espinas y marca camino aunque se levante el polvo. Uno crece cuando es capaz de afianzarse con residuos de ilusiones, capaz de perfumarse con residuos de flores... y de encenderse con residuos de amor. Uno crece dándole a la vida más de lo que recibe.

Leer más

19 junio 2007

El dicho y el hecho


Las voluntades débiles se traducen en discursos; las fuertes, en actos.
Gustavo Le Bon

Llevo ya mucho tiempo escribiendo en este espacio prácticamente todas mis inquietudes, alegrías y tristezas. No siempre soy explícito en ellas. Suelo hablar de mi vida indirectamente en las entradas, sin dar nombres ni apellidos, usando casi siempre la tercera persona y tocando todos los temas muy por encima.

Me dedico a teorizar sobre cuáles son los problemas y en cómo pueden resolverse. Doy mi opinión acerca de temas metafísicos, y probablemente, me contradiga en incontables ocasiones.

Escribir sobre los problemas y las soluciones no es tarea complicada. Sólo hay que pararse a pensar un poco, mirar por la ventana, o salir a dar un paseo y de camino vivir un poco.

Lo realmente admirable es poner en práctica. Es dejar las teorías en tu casa y salir a cambiar el mundo; o cambiarlo en tu entorno más cercano. Las palabras son fáciles, son bonitas y emotivas a veces. Las palabras son también moldeables, fácilmente interpretadas acorde con unos intereses, metafóricas, retractables y fugaces.

Los hechos sin embargo son firmes, concretos y directos. No nos quedamos en pintar la pared. No. La pintamos de un color, con una técnica y en un tiempo. Los hechos son precisos y claros. Son los que mueven el mundo y a las personas. Son los que construyen, derrumban, cambian y arreglan.

Y llevar a la práctica un ideal es lo realmente complicado. Solucionar un problema en vez de dar una solución es eficaz. La vida son hechos, no palabras.

Leer más

16 junio 2007

Constancia


La gota horada la roca, no por su fuerza sino por su constancia.
Ovidio

Todo el mundo tiene planes y aspiraciones. Aprovechamos cualquier rato en el sofá o en la cama para irnos por los mundos fantásticos e imaginar sin cesar actividades que podríamos incorporar a nuestras vidas para sentirnos más completos y realizados.

El primer problema viene cuando debemos emprender el proyecto; el comenzar, el poner la primera piedra, el sentarse a escribir algo, el abrir un libro y comenzar a leer, el salir a correr la primera mañana o el ir al gimnasio a apuntarse. El transformar una idea a realidad es algo difícil, pero hemos de convencernos a nosotros mismos y tener fuerza de voluntad, así como recordarnos que queremos eso, aunque luego decepcione o no sea lo que esperamos; pero debemos probar para saberlo.

El siguiente y quizás gran problema es la constancia. Hasta que no llevamos un tiempo prudencial desempeñando cualquier actividad no podemos estar seguros si desfrutamos o no, si nos conviene, si es perjudicial o si no tiene sentido. La constancia es la parte donde uno vence a su pereza y hace día tras otro aquella actividad que se ha propuesto.

Es complicado conseguir lo que uno se propone. La fuerza de voluntad es una virtud humana que a veces se esconde en sitios remotos. Pero tal vez por la satisfacción que supone haber conseguido , haber logrado uno de estos proyectos, merece la pena.

Leer más

14 junio 2007

Palabras

Las preguntas no son nunca indiscretas. Las respuestas, a veces sí.
Oscar Wilde

Cuando uno se comunica con alguien o algo, intenta trasmitir un mensaje. No siempre este mensaje es recibido correctamente, ya sea por problemas del emisor, receptor, canal o incluso del mismo mensaje.

Una correcta comunicación es aquella en la cual el receptor asume lo que el emisor procuraba transmitir con el mensaje, pero no siempre se consigue. Sucede en ocasiones, que un mensaje puede resultar ambiguo, o que uno cree entender algo cuando se pretende decir lo contrario.

Las faltas en comunicación se producen también por el mal uso de las palabras, provocadas por ejemplo, por la falta de sinceridad; o por el orgullo o vergüenza que impiden utilizar en ocasiones palabras más concisas y concretas, eliminando así cualquier residuo de ambigüedad.

Las palabras son, aparte de contenido, continente. No es lo mismo decir “un negro” que “una persona de color”, por ejemplo. Las palabras llevan implícitas en su composición mensajes e ideas asociadas, un estereotipo y una especie de clase social en cada una de ellas. Y aunque su significado sea totalmente equivalente, su efecto emocional quizás no sea el mismo.

Un ejemplo claro de ello es el uso de palabras en otros idiomas. Recurrimos a la traducción en otros idiomas de un vocablo concreto cuando en castellano puede sonar cursi, o lleva implicaciones emocionales lo suficientemente serias. Y ambas significan lo mismo, y se entiende exactamente igual de bien; pero el mensaje no es el mismo. El mensaje ha sido modificado por ese cambio en la palabra extranjera, se ha suavizado su carga emocional.

Las palabras, por tanto, son algo más que un conjunto de caracteres encadenados. Todas llevan aparte de su significado literal un mensaje tácito.

Leer más

11 junio 2007

Perder el Tiempo


Como no tenemos nada más precioso que el tiempo, no hay mayor generosidad que perderlo sin tenerlo en cuenta.
Marcel Jouhandeau

Muchas veces tenemos en nuestra vida una sensación de vacío, de incompletitud, por el hecho de no estar realizando ninguna tarea que reporte algún beneficio o bienestar. Hablamos de estar pendiente el tiempo.

Le damos valor al tiempo porque es irrecuperable, porque no se puede volver hacia atrás, porque no puede formar parte de ningún tipo de trueque, ni puede ser comprado, ni vendido, ni alquilado. El tiempo es único e indivisible, personal e intransferible; y por eso que tenga un valor tan alto y el hecho de perder el tiempo algo que provoca rechazo.

Seguramente a lo largo de una vida se hayan desaprovechado infinidad de momentos y ratos, bien por pereza, bien por falta de imaginación o iniciativa. Hay veces en las que uno no sabe qué hacer con su vida, en qué emplear el tiempo o como hacer una vida más productiva. En esos momentos de inactividad por incapacidad de la persona a proponerse nuevas metas y nuevos objetivos puede sentirse que se está perdiendo el tiempo, y creo que con razón.

Sin embargo hay otros días, en los que el cuerpo pide estar tumbado, sin pensar en nada, sin hacer nada, simplemente tumbado y respirar. Y quizás queden muchas por hacer y tenga uno un sinfín de obligaciones esperándole encima de la mesa, y un montón de preocupaciones que atender; pero uno escoge quedarse tumbado sin hacer nada. ¿Pierde el tiempo? Creo que en esta ocasión, si la persona disfruta, goza y aprovecha ese descanso no lo pierde. Creo que esta situación es distinta a la anterior en la que la falta de ideas y el hecho de tumbarse por la pasividad mental, sí se pueden considerar pérdida de tiempo.

Es inevitable después de haber pasado una jornada “reflexiva” no sentir cierto cargo de conciencia cuando se tienen quehaceres pendientes. No obstante, si uno está convencido que necesita ese descanso, no tiene nada que temer. El caso es hacer todo lo que se haga con un orden y sentido, y creer en lo que se hace y deja de hacerse.

Leer más

07 junio 2007

Poder


Todo poder es deber.
Víctor Hugo

Ha sido y siempre será una de las mayores ambiciones por el hombre. El poder, al igual que el dinero y tal vez por su estrecho paralelismo, ha sido motivo de discordia y guerras entre hombres.

El poder no llega a ser más que un acuerdo tácito donde entregamos a cierta persona o grupo de ellas legitimidad para dirigir a otro grupo. El poder es algo que se entrega, algo que por nuestra condición y tradición humana se tiende a respetar y en ningún caso plantear.

Por ejemplo entre un grupo de personas, pongamos un equipo de fútbol, se designa a una persona que fuera el encargado de decidir quién juega y quién no juega. En principio nadie rebatiría las decisiones por éste tomadas. Todas sus alineaciones y cambios serían acatadas pese al desacuerdo. Pero, ¿y si un día uno de los jugadores no estuviera de acuerdo con las decisiones del entrenador y protestara? Podría pasar dos cosas: una, que el resto del equipo siguiera asumiendo el poder del entrenador para designar las demarcaciones; y otra, que todo el equipo secundara a este jugador rebelde. Si pasara la segunda de las hipótesis, el entrenador perdería su poder, porque ninguno de los jugadores le seguiría otorgando legitimidad en sus decisiones, y le retirarían, mediante la desobediencia, el poder previamente asignado.

Con esto no quiero decir más que somos los individuos los que otorgamos el poder; los que asignamos un poder moral sobre nosotros, y que somos nosotros mismos los que somos capaces de derrocar cualquier poder, mediante la insumisión. Somos nosotros también los que legitimamos el poder. Si en el ejemplo anterior, el equipo respalda moralmente al entrenador, este jugador desairado no tiene nada qué hacer contra él. Si se encerrara a un rey en una habitación con un ciudadano, ¿tendría el rey poder alguno sobre él? No más que el que las normas de convivencia le otorguen.

Somos nosotros quienes aceptamos el poder sin plantearnos si estamos otorgándolo a las personas correctas, a las que propugnan nuestro beneficio antes que el suyo propio. Aceptamos nosotros sin más consecuencias el poder, y a todo aquel que cuestiona la legitimidad del poder lo miramos raro.

La vanidad y soberbia humana son infinitas. Son estos los dos grandes motivos por los que una persona decide entrar en el poder. El hecho de ser más que el resto de mortales, de poder imponer unos caprichos y conductas al resto de semejantes realiza al ser humano. Sin embargo, el poder conlleva una responsabilidad. Conlleva a la delimitación del camino a seguir por los que se encuentran bajo ese poder, aunque esto frecuentemente se olvida.

Culpa de ello teneos nosotros también, que no castigamos a aquel que mal utiliza el poder. Dejamos impunes a todos aquellos que con el dinero de todos, deciden emplearlo en sus fortunas y caprichos personales. No hay una ley de responsabilidades políticas a aquellos gobernantes que no han sabido gestionar el poder que el pueblo le ha otorgado. Y lo peor no es que sea por negligencia o ignorancia; sino por ambición y sed de poder.

Leer más

06 junio 2007

Justicia Histórica


Los pecados escriben la historia, el bien es silencioso.
Johann Wolfang Goethe

Han emitido recientemente en televisión un reportaje sobre Adolfo Suárez, el primer presidente de la historia. La mayoría de los españoles hoy en día lo considera el mejor presidente de la democracia; pero es evidente que todos esos que lo votan han olvidado como un día lo trataron.

Es ahora, cuando la pobre criatura sufre no sé si de alzheimer u otra enfermedad mental que le hace difícil o imposible ser consciente de la actual realidad; cuando España se acuerda de él.

Una vez más la Historia me demuestra que es el tiempo quién coloca a cada uno en su lugar, que es la perspectiva la que da valor a las acciones y discursos de uno, y es sólo con el tiempo cuando se puede juzgar sobre algo o a alguien.

Sin embargo, no puedo dejar de sentir pena al pensar que este hombre jamás verá ni sentirá reconocido su trabajo por España. Seguramente no le importe, ni haya hecho lo que hizo por el reconocimiento ni por la gloria; pero ya que la tiene y que la merece, que menos que poder disfrutarla.

El problema que quiero plantear es el por qué hacemos las cosas: si buscamos un reconocimiento de nosotros mismos, o un reconocimiento en los demás. Aquel que busca un reconocimiento, inmediato además, de los demás, sabe que tiene serias opciones a quedar relegado en el olvido en una temporada. La fama es temporal, caduca. La historia sin embargo escribe sus páginas con la tinta del tiempo, difícil de borrar aunque no de manipular.

Sin embargo, el que busca auto realizarse, el que busca el deber personal y lo persigue, sentirá la satisfacción de haber realizado las cosas de forma correcta, o por lo menos, como él las creía correctas. Aunque no siempre se obtenga el respeto y la admiración del mundo, ya sea por envida ignorancia o causas semejantes.

El dilema viene a ser una vez más el mismo de siempre: ¿es preferible ser feliz, o ser recordado, quedar para siempre? Supongo que la mayoría de las personas buscan en vida la felicidad, explorando caminos como es el poder, el dinero, el lujo o cualquier otro forma seductora, y quizás errónea, de felicidad. Sin embargo, no todo el mundo consigue ser feliz pese a sus esfuerzos. Y personas como esta, que aparte de su felicidad buscaron la felicidad de un conjunto de personas, en cierto modo ajenas a él, y que sacrificaron su felicidad, tranquilidad y bienestar por un grupo de personas únicamente pueden ser recompensadas con el consuelo del recuerdo. Es un trato difícil el de la felicidad por el recuerdo y la gloria.

Leer más

03 junio 2007

Inspiración


Mi consejo es que te cases: si encuentras una buena esposa serás feliz, si no, te harás filósofo.
Sócrates

Normalmente antes de escribir, tengo pensando qué voy a escribir o qué tema voy a tocar. Otras veces me siento delante del ordenador para tratar de escribir en el blog y no encuentro tema alguno que poder desmenuzar y compartir.

La inspiración es algo que no atiende a unos siempre que se necesita. Es bastante selectiva en cuando a los momentos en los que hacerse visible y palpable.

El tiempo que llevo escribiendo aquí, que son ya unos pocos meses, me ha hecho saber que la inspiración viene de la mano de ascensos del alma. Es mucho más fácil cuando se tiene agitación en el alma, ya sea positiva o negativamente. Cualquiera que lleve leyendo un tiempo sabrá y notará cuándo estoy más triste, más feliz y más indiferente. Sólo tiene que basarse en los textos.

Pienso muchas veces que los genios literarios debieron sufrir bastante en vida. Aunque la inspiración acuda a uno tanto en las alegrías como en los pesares; normalmente cuando uno siente el gozo del alma, no se para a analizarse a sí mismo, ni a describir su situación: simplemente vive cada momento intensamente. Sin embargo, cuando el alma pesa considerablemente, uno está más retraído, más encerrado en sí mismo, y dedica su tiempo a sí mismo, huyendo de las multitudes, a escribir y pensar.

Y es entonces, cuando uno tiene el alma agitada además de tiempo y ganas de plasmar en un papel un sentimiento o una idea, cuando pueden nacer obras realmente bellas.

Leer más

30 mayo 2007

Respuestas


Puede que la respuesta sea no preguntarse por qué
Fito & Fitipaldis

Como ya he dicho en millones de entradas anteriores, el ser humano se está planteando continuamente diversas cuestiones de muy diversa índole.

En la mayoría de las ocasiones, las resuestas vienen tras una breve divagación, y suelen ser claras y distintas. Otras tantas llevan más tiempo. Podemos pasar días buscando respuestas acerca de problemas que nos afectan de forma personal y afectiva.

Y hay un tercer grupo. Hay unas cuestiones que a veces nos creamos nosotros mismos porque no sabemos en qué pensar, y necesitamos tener cierta agitación en la mente. Quizás éstas sean las peores, porque nos obsesionamos con la búsqueda de una solución al un problema que verdaderamente no supone un problema, sino el resultado del aburrimiento y/o del bienestar personal.

Obsesionados con solventar el problema, pasamos días y días indagando sobre el origen de la cuestión; y es al cabo de estas jornadas cuando por fin concluimos que el supuesto problema no es fruto de otra cosa que del aburrimiento, de la a veces necesidad de dar trascendencia a nuestra vida, de dudar de nuestros pilares más firmes por el simple hecho de que no tenemos otra cosa en qué pensar, y recurrimos (sobre todo nos pasa a las mentes inquietas) a remover los cimientos en busca de preguntas que probablemente no tengan respuesta alguna.

Leer más

29 mayo 2007

La curiosidad y el gato


Es menos malo agitarse en la duda que descansar en el error.
Alessandro Manzoni

Es natural en el ser humano desear saber. Toda persona quiere saber más de lo que sabe. Siempre se tiene curiosidad por algo, o simplemente siente interés sobre un tema concreto y desearía abarcarlo y profundizar más en él, únicamente por el placer que proporciona el saber.

Pero algo fundamental para el conocimiento es la curiosidad. La curiosidad, que no viene a ser más que un interrogante, una duda. Y es que es dudando como se aprende.

Incluso en lo que damos por seguro y sentado acuden las dudas en ocasiones. Y esa duda no es más que un intento de salir de un posible error en el que podemos andar sumergidos. Quien acata todo sin cuestionarlo realmente no sabe, cree. Tiene fe en un conocimiento, pero no puede sentir la misma certeza que alguien que razona unos porqués o simplemente ha abierto otras alternativas.

¿Y si todo en lo que creemos fuera mentira? Si todos nuestros pilares sobre los que sustentamos nuestras vidas no fueran ciertos, sentiríamos un vacío infinito. El ser humano necesita una constante seguridad en sus acciones y en su vida diaria. Si esa seguridad desaparece, la persona desaparece con él. Por ese motivo llamamos frecuentemente “saber” a “creer”; y por ese motivo dejamos a veces la verdad aparcada en el lado de la incertidumbre, porque tememos que la verdad nos haga daño o rompa algún esquema fundamental de nuestras vidas.

Hay quien prefiere vivir una mentira. Y no es tan malo en realidad. El problema de vivir en el error, de vivir algo que únicamente es real para ti se presenta en el momento que descubres la mentira, o descubres el error. No es fácil recomponer los axiomas vitales, aquellas cosas que permanecen como verdades indiscutibles del individuo. Es duro para el niño descubrir que los reyes magos no son más que un cuento. Y por desgracia, hay descubrimientos más duros que ese que acaban por quitarle a uno la poca inocencia que haya podido salvar.

Leer más

27 mayo 2007

Subconsciente


Pienso, luego existo
René Descartes

He estado leyendo esta mañana en el espacio de Messenger de un amigo un sueño que él tuvo. Después de contar una paranoia enorme, pide a algún voluntario que le interprete el sueño.

Las interpretaciones de sueños son realmente curiosas. Es una de mis asignaturas pendientes (una de tantas): leer libros de Freíd, leer psico-análisis. Decían que los sueños no son más que nuestras inquietudes y demás sentimientos arraigados puestos en evidencia. Puede ser perfectamente así.

Había también un poeta del que ahora no recuerdo su nombre que escribía versos después de levantarse. Vamos, que soñaba con esos versos en sueños y los trasladaba al papel justo después.

Me resulta asombroso lo que hace el subconsciente humano. ¿Pensamos nosotros realmente? ¿O todo es algo automático, algo que no podemos controlar, pero que tenemos la sensación de que sí? El hecho de pensar es algo tan sumamente abstracto que es difícil de explicar racionalmente.

¿Por qué pensamos lo que pensamos? ¿Cómo funciona realmente el cerebro y el pensamiento? Supongo que es una cuestión cuya respuesta nunca encontraré.

Leer más