21 octubre 2007

Levantarse


El día precedente enseña el día que sigue.
Píndaro

Pasamos muchos días sin saber muy bien qué estamos haciendo con nuestras vidas. Nos levantamos un día sí, un día también; sin saber muy bien qué esperamos encontrarnos al abrir la puerta de la calle, sin saber muy qué estamos esperando exactamente.


Pero nos levantamos, por rutina, obligación o compromiso; por ser incapaces de romper unas normas sociales, una rutina o unas conductas. Nos levantamos y salimos a la calle todos los días sin querer; sin estar seguros de los porqués. Pero nos levantamos.

Salimos a la calle, vamos a nuestro trabajo, a nuestra universidad, a nuestro instituto. A donde quiera que vayamos, vamos a veces sin saber por qué; sin saber por qué no nos hemos quedado durmiendo, que es lo que realmente nos apetecía, lo que realmente deseábamos. Pero tenemos unas obligaciones, unos compromisos, unos deberes.

Sin embargo, no somos capaces de romper con eso que nos ata a la pesadumbre, eso que no deseamos hacer, pero necesitamos hacer. Quizás lo hagamos porque consideramos nuestro pesar como pasajero, y sabemos o creemos que pasará; por lo cual necesitaremos de esas obligaciones o esos compromisos. Nos volvemos racionales en mitad de la tormenta de sensaciones. No podemos huir del racionalismo, de la razón, del bien y del mal; de lo mejor y de lo peor.

Quizás continuemos la rutina porque no somos suficientemente fuertes como para romperla en dos, desbaratarla y esparcir sus pedazos por el aire. Nos falta decisión, fortaleza y seguridad. No podemos desprendernos de la rutina, porque no tendríamos donde agarrarnos.

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18 octubre 2007

Paciencia e Impaciencia


La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte.
Inmanuel Kant

Hay muchas ocasiones de la vida en las que la consecución de ciertas acciones no depende de nosotros; en las que los resultados de operaciones, pensamientos, decisiones o circunstancias son totalmente ajenos a nosotros. Es entonces cuando toca esperar.


La espera puede realizarse básicamente de dos maneras: activa y pasiva. La espera activa es aquella que realizamos concurrentemente con otras actividades; es la espera que puede quedar relegada a una segunda posición, o por lo menos comparte la primera. Es una espera que sucede casi sin darnos cuenta, que nuestro cerebro alivia sufrimiento gracias a las realización de otra actividad, y desvía nuestra atención parcial hacia la espera.

La otra, sin embargo, requiere más de nuestra atención. No porque queramos, sino porque cuando algo nos preocupa o aturde, o creemos que algo está inconcluso, o albergamos cualquier tipo de incertidumbre, le dedicamos tiempo en nuestro pensamiento; como si el hecho de pensar más o menos fuera acaso a cambiar el resultado.

Hay quien lleva la espera mejor, y quien la lleva peor. También depende mucho de lo que uno está esperando. Si uno tiene confianza en que todo sucederá conforme tiene previsto, la espera es fácil. Por otro lado, si eso que espera no tiene importancia alguna, o apenas la tiene, la espera tampoco se hace ardua.

Por lo tanto, las personas pacientes son aquellas que o bien confían en el desenlace positivo de las cosas, y por tanto caen en el lado de los optimistas; o por otro lado, saben relativizar las cosas. Las personas pacientes, saben que nada es para siempre, que todo es relativo, y que no hay mal que por bien no venga. Saben buscar solución a los problemas, saben restar importancia a los males o saben perfectamente quitarle trascendencia a la vida, asumiendo que insignificancia de cada uno de nosotros.

Generalmente, el paciente es a la vez optimista, y el optimista suele generalmente también saber relativizar las cosas, contextualizarlas, y comprender que realmente nada merece la pena tanto como la felicidad o el bienestar. Los impacientes no obstante, suelen ser trascendentes, creen que cada momento puede ser el último, que cada acción que uno realiza en la vida es determinante, y que cada momento es una aventura.

Una vez más sacrificamos la estabilidad a favor de la pasión, la emoción y los nervios.

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17 octubre 2007

Autoestima


El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe adónde va.
Antoine de Saint-Exupery

Creer en uno mismo no siempre es fácil. A veces, carecemos de amor propio por modestia, otras por prudencia, e incluso a veces llegamos a pecar de ausencia de confianza por falta de fe en uno mismo.

Creemos que nos conocemos, pero no siempre es así. A veces emitimos juicios sobre nosotros mismos sin haber exprimido nuestra capacidades; y en ciertas ocasiones antes incluso de haber explorado la mayoría. Dudamos de nuestras aptitudes, cuando de lo que carecemos es de actitud.

Sin embargo, hay también muchas personas a las cuales no les cuesta creer en sí mismas. A estas personas las llamamos orgullosas o soberbias; y este calificativo que les damos no es más que el reflejo de una gran envidia que sentimos hacia ellos, de un sentimiento de inferioridad hacia ellos, hacia los que no tienen miedo a caerse, porque saben que se levantarán; o los que fingen que todo les da igual, porque nada tiene más valor que la opinión que uno tiene sobre sí mismo.

Mientras el resto, los que miran a izquierda a derecha siempre, para comprobar que o está solo, o para inquirir aprobación a las personas circundantes, siguen dando pasos tambaleantes, siguen mirando al suelo antes de apoyar el pie en vez de mirar al frente, para divisar lo que uno tiene delante, ya que uno está seguro de dónde pisa.

Es importante creer en uno mismo, porque si no es la propia persona quien cree en lo que hace, ¿quién lo va a hacer por ti? Somos capaces de lo que nos propongamos, somos mucho mejores de lo que creemos; pero tenemos cierta reticencia a demostrarlo, no vaya a ser que nos estemos equivocando.

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13 octubre 2007

Día de la Hispanidad


El que no ama su patria no puede amar nada.
Lord Byron

Ayer celebramos los españoles el día de la Hispanidad. Cada año, esta fecha se presenta con más polémica y tensión de la que debiese. Cada vez, los españoles necesitamos más alguna excusa para poder mostrar con normalidad nuestro orgullo de ser españoles así como nuestro amor patrio.

Lo ideal sería que un español pudiera sentirse español todos los días del año en su país. Pero los complejos históricos, las rencillas nacionalistas y la vergüenza ajena de ver a alguien que expresa su patriotismo impiden que demostrar una aceptación y orgullo a la patria pueda desarrollarse con normalidad.

El patriotismo excesivo no es la solución. Es tan malo o incluso más que la ausencia de éste; y con esta acusación pública y esas miradas atónitas ante quien se siente español no hace más que radicalizar las posturas de los que se sienten españoles. Prohibir alimenta el deseo.

Por eso este país no tiene remedio. Conociendo su historia, sigue cayendo en los mismos errores de siempre, permitiendo las mismas atrocidades de siempre y dividiéndose más. Y la culpa es nuestra, que caemos en los absurdos juegos de ser más español que nadie, o menos que nadie; sin poder sentirnos simplemente españoles, o ciudadanos del mundo, con total normalidad. Cada vez es más difícil encontrar a una persona que sienta indiferencia hacia este tema; ahora lo que está de moda es estar posicionado entre español o anti-español, juego que propone el nacionalismo catalán y vasco, y nosotros, que nos dejamos sucumbir por él.

Y así, año tras año, los separatistas consiguen su objetivo: separar. La mejor estrategia para desmantelar una organización es dividirla. Divide y vencerás que aplicaría Julio César. Y esta estrategia están aplicando: la de dividir a los españoles para poder ellos incidir en la política nacional con más facilidad.

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09 octubre 2007

Líderes


La multitud por sí sola nunca llega a nada si no tiene un líder que la guíe
Hermann Keyserling

En toda agrupación de personas, la figura del líder es fundamental. Desde tiempos inmemoriales, desde las primeras sociedades primitivas, la existencia de una figura que coordine y gestione al grupo para confirmar un objetivo ha sido primordial.


Un grupo de personas por muy numeroso que sea no es nada sin una organización. Dicha organización corre a cargo de una, o varias personas, que asume el papel de coordinador del conjunto y consigue aunar las fuerzas y voluntades de las personas que tiene al cargo. La unión hace la fuerza; y lo que esta unión representa es la coordinación y cooperación entre los miembros que se unen.

Los líderes de cualquier grupo no son designados al dedo por una persona; son el producto de la confianza que los miembros del grupo le otorgan transformada en un poder tácito. No se le puede imponer un líder o dirigente a un grupo: uno no nace líder, uno se hace líder; y para llegar a ser uno líder de una agrupación de personas, debe ganarse el respeto y apoyo de sus integrantes.

Muchas batallas se perdieron por la caída de un líder en la contienda, o por la ausencia de uno capaz de aunar fuerzas. El liderazgo es necesario en cualquier sociedad, en cualquier colectivo. Un líder forzado está condenado al rechazo por parte de la multitud y/o del nivel siguiente en una escala jerárquica. Los líderes deben contar con el apoyo de quiénes sufrirán ese liderazgo, debe contar con el respaldo y la legitimidad que únicamente le puede otorgar la comunidad la cual lidera.

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07 octubre 2007

Deseo y Voluntad


Si tuviésemos suficiente voluntad casi siempre tendríamos medios suficientes.
François de la Rochefoucauld

El ser humano tiende a planificar su vida. Las planificaciones pueden ser a corto, medio o largo plazo; y según sean de una u otra índole, los temas a planificar son más o menos factibles y difusos.


Los planes a largo plazo sólo sirven para soñar despierto un rato, para poner una meta final, para colocarnos un objetivo inalcanzable. Y aun sabiendo que éste es inalcanzable, solemos ilusionarnos con él, y solemos interpretar inconscientemente el papel de ingenuos, ya que a veces guardamos la esperanza de que se cumpla.

Pero estos planes a largo plazo son impredecibles. No tenemos control apenas sobre el futuro, y esta planificación a largo plazo requiere que la vida sonría demasiado. Por desgracia, y como bien anunciaba Borges, con el tiempo uno aprende a que el futuro es un ligar inestable para planes.

No ocurre igual, sin embargo, con los planes a corto plazo, los planes factibles. Estos planes requieren de fuerza de voluntad, de un mínimo sacrificio, de decisión. Para estos planes si es posible predecir un final, ver una luz al final del túnel, e imaginar de forma más o menos fiel cómo serán.

El problema llega cuando deseamos simplemente por desear, cuando planificamos por planificar, por entretener la mente, por hacer ejercicios con las neuronas. Entonces estos planes no se llevan a cabo. El hecho de desear algo, desear algo verdaderamente, querer que algo se cumpla o que algo cambie requiere voluntad. Tendemos demasiado a sentarnos en el sofá a ver cómo nuestros planes se ejecutan solos.

Y esto ocurre únicamente porque o somos demasiado perezosos, o no lo deseamos de verdad.

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04 octubre 2007

Fuertes y Débiles


En el mundo común de los hechos, los malos no son castigados y los buenos recompensados. El éxito se lo llevan los fuertes y el fracaso los débiles.
Oscar Wilde

Depende de la importancia que le demos a determinadas cosas, nos esforzamos y volcamos en ellas más o menos. Como ya bien he dicho una sarta de veces, y sigo manteniéndolo, la vida es cuestión de prioridades.


En un grupo, en una competición, o en cualquier ámbito de la vida donde se requiere una competitividad, un esfuerzo y una demostración del valor de cada uno, hay dos reacciones posibles.

La primera reacción posible es entender esta competitividad como un reto personal, como algo que hay que vencer, sacar pecha, afrontar el problema y abordarlo con confianza y seguridad; que en ciertas ocasiones puede mezclarse con dosis de soberbia.

La alternativa a esta reacción es despertar el complejo de inferioridad que hay en cada uno de nosotros, achantarnos ante el peligro, renunciar a la lucha por tal de no salir derrotados, cultivar el miedo a perder y desconfiar cada vez más en nosotros mismos.

Las personas débiles o que no creen en sí mismas, tiendo por lo general a optar por la segunda opción. Sin embargo, aquellas personas que se conocen bien, aquellas que dan mucha más importancia a las opiniones cercanas y dejan para otros las opiniones de aquellos que ocupan el perímetro de su vida, y a veces incluso están fuera; aquellas son fuertes, creen en sí mismo, y por lo general también consiguen lo que se proponen.

Lo que nos pasa a las personas normalmente es que no nos conocemos suficientemente, no conocemos nuestras capacidades, y por ende, no confiamos en ellas. Pero realmente, somos capaces de mucho más de lo que imaginamos. Tan sólo hay que tenerle dedicación, y ser un poco ambiciosos. Querer es poder. Siempre, o muy casi siempre.

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02 octubre 2007

Segunda Modernización


Escojo a mis amigos por su buena apariencia, a mis conocidos por su carácter y a mis enemigos por su razón.
Oscar Wilde

Con motivo del aniversario del blog, acompañado siempre de una dosis de aburrimiento y no saber qué hacer, he reformado el blog (aunque a efectos visuales sigue absolutamente igual) con la actualización de versión de blogger (que lleva un año, y ahora la incluyo yo) .


No descarto hacer nuevos cambios de aspecto, y por supuesto se admiten todo tipo de sugerencias.

Con motivo del aniversario agradecer enormemente los comentarios, sobre todo de las personas que desconocía que leyeran este blog. Muchas gracias tanto a comentaristas como a anónimos. Me gusta cree que vuestras palabras son completamente sinceras. Gracias a todos una vez más por el apoyo y el seguimiento.

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01 octubre 2007

I Aniversario


A nadie le faltan fuerzas; lo que a muchísimos les falta es voluntad.
Victor Hugo

Hoy, por muy increíble que parezca, o por lo menos a mí me lo parece; hace un año que estrené este blog; y a diferencia de otros muchos proyectos en los que me embarco, este sigue vigente y activo.


Este blog ha sido el ejemplo práctico de la fuerza de voluntad, por mi parte; siempre reacio y perezoso a continuar proyectos que requieran continuidad. Sin embargo hoy, orgulloso de ello, puedo afirmar que he escrito en un blog durante un año; lo que ha sido un total de 146 entradas, 105 hojas de word y unas tres mil visitas. Gracias a todas ellas, y en especial a los que repiten y han dejado comentarios, ya que implica que han quedado satisfecho con el contenido de este espacio personal; y siempre es un motivo más por el cual seguir escribiendo, sentir que lo que uno escribe tiene un significado y sentido.

Este blog nació como una vía de escape ante la realidad. Como la oportunidad de plasmar por escrito lo que tantas veces se pase por mi cabeza pero no acaba por convertirse en un pensamiento claro y completo; y gracias a la escritura y a la necesidad de ordenar ideas, muchas veces he acabado encendiéndome a mí mismo.

También nació este blog como una “obligación” ante la escritura, arte del que soy aficionado. Con el blog me he obligado durante un año a sentarme a escribir procurando una diferencia entre entradas de 3 días como máximo; siempre siendo flexible en épocas de exámenes y de vacaciones en las que me encontraba ausente de mi ordenador.

Para este año también hay nuevos propósitos. Algunos relacionados con la escritura, y otros más aplicados a la vida en sí, a la vida práctica, al vivir. Espero el año que viene poder contaros que la experiencia ha sido igual de productiva y beneficiosa, y que la fuerza de voluntad venció a la pereza.

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30 septiembre 2007

Promesas a uno mismo


Las muchas promesas disminuyen la confianza.
Quinto Horacio Flaco


No nos cansamos nunca de proferir promesas y palabras que adquieren un compromiso futuro acerca de realizar alguna acción, actuar de cierta manera, o de todo lo contrario: de no hacer y de no volver actuar.


Constantemente estamos proponiendo cambios en nuestra actitud y comportamiento. Cambios, algunos más radicales, otros menos; pero siempre cambios que lleven cierta trascendencia en nuestras vidas.

Normalmente, cuando anunciamos algo en público, hacemos lo que haya que hacer por cumplirlo. Si prometemos a alguien, o en general, algo; nuestro orgullo nos otorga las fuerzas necesarias y paga el precio que esté estipulado parra vencer esa promesa con éxito.

El problema lo encontramos en las promesas que nos hacemos a nosotros mismos, en las que no hay testigos ni orgullo posible. Solemos mentirnos a nosotros mismos constantemente, sin miedo a reproches o represalias; porque nuestro amor propio siempre es menor que nuestra condescendencia hacia nosotros mismos; y no nos importa mentirnos y fallarnos una infinidad de veces.

Ocurre también que olvidamos las promesas que nos hemos hecho. A veces es porque nos interesa olvidarlas, otras por puro desinterés. Lo cierto es que no somos serios con nosotros mismos, no somos tan estrictos como con los demás, y el orgullo y la soberbia es uno de los grandes motivos por el cual realizamos o dejamos de realizar las cosas.

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29 septiembre 2007

Reproches


Amar puede consistir en las palabras que hacen sangre, en el reproche, en la represión; lo que importa es la pureza de la intención
Giovanni Papini

No siempre estamos conformes con lo que nos toca vivir, lo que nos ha deparado el destino, Dios, o quién quiera que sea; o con lo que los demás escogen para nosotros. Es más, difícilmente estamos conformes con todo eso.

Es innato al hombre ese síntoma de rebeldía que lo hace quejarse de todo y todos, aunque no llegue a ser del todo nocivo, e incluso pueda ser beneficioso. No obstante, y como resultado de la soberbia humana, siempre andaremos conformes con lo que uno ha elegido para sí mismo, ya haya sido el error más grande que jamás haya cometido. Sólo cabrá el arrepentimiento si encontramos un ambiente acorde para ello, donde extrañamente, ese arrepentimiento sigue siendo una continuación de la soberbia.

En esos momentos en los que todo nos viene mal solemos tomar dos determinaciones, antagónicas entre sí o callamos, o reprochamos absolutamente todo.

Un reproche es la reclamación de algo que molestó, ofendió o sentó mal. Lleva implícita una especie de recriminación, una especie de exigencia de cartel de víctima o de reconocimiento del daño sufrido. Siempre pretende llamar la atención del interlocutor, dar a conocer un malestar por algo pasado, dar a entender que cierto comportamiento o discurso no fue del todo acertado o correcto.

El reproche lleva siempre una necesidad de reclamar atención, de mostrar al mundo nuestra existencia, dolor o malestar. Toda acción del ser humano lleva implícita una búsqueda de reconocimiento. Incluso cuando hacemos algo para ayudar a una persona, nos ofendemos si no se nos da las gracias. La soberbia del ser humano no alcanza límite.

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26 septiembre 2007

El Precio de la Confianza


Lo que me entristece no es que me hayas mentido, sino que ya nunca más podré confiar en ti.
Friedrich Wilhelm Nietzsche

Vivimos en una cultura donde se trata a la mentira como un valor negativo y detestable. No obstante, la mentira cotidiana está presenten nuestras vidas como el sol cada mañana, y es casi tan esencial en esta sociedad como el aire que respiramos.

Los medios de comunicación cuentan lo que les da la gana contar, a veces más verdad, y a veces más mentira; pero siempre sin escrúpulo alguno. Ni que decir tiene que los gobiernos y la historia siempre sesgan, cuentan lo que les da la gana, para luego disimular fenomenalmente y dejarnos tranquilos a unos ciudadanos conformistas y crédulos.

¿Pero qué es realmente lo que nos ofende de las mentiras? Será que la confianza y la fe las vendemos demasiado caras, y el ver como la pisotean es algo doloroso e incómodo. Depositar la confianza en las personas es un gesto voluntarioso y costoso; no siempre fácil de realizar.

Por norma general tendemos a restar importancia a las mentiras. El hecho de que la vida sea un continuo desengaño tras otro, convierte a las mentiras en algo normal y rutinario; así por ejemplo, cuando un gobierno miente descaradamente al pueblo, éste tiende a olvidar rápido, porque jamás había confiado plenamente en él, y por tanto, dicha mentira no ha supuesto ningún descalabro.

Pero no pasa siempre así. Sobre todo con las personas cercanas, con las personas que creemos diferentes, que creemos fuera del círculo mentiroso de la sociedad. Personas a las que creemos conocer y en las que depositamos un ápice de nuestra alma otorgándoles la tan cara confianza. Cuando una persona en la que confiamos nos miente (hablo por supuesto de mentiras trascendentes), la relación con esa persona jamás vuelve a ser igual, y aunque no queramos, se expande al resto de relaciones; ya que cada vez, la confianza se cobra más cara.

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24 septiembre 2007

Rostros


Con veinte años todos tienen el rostro que Dios les ha dado; con cuarenta el rostro que les ha dado la vida y con sesenta el que se merecen.
Albert Schweitzer

No es la primera vez que toco este tema. Es más, casi siempre toco los mismos temas pero desde un punto de vista diferente, o enfocándolos desde un ángulo inusual; pero en esencia, este blog siempre ha tratado de lo mismo, de las mismas cuestiones existenciales de siempre, de los mismos porqués y de las mismas respuestas.


Solemos catalogar a las personas desde la primera vez que establecemos contactos con ellas. Nadie se para a pensar sobre si su juicio es acertado o difiera considerablemente de la realidad: simplemente juzga. Lo que quiero abordar hoy es el por qué juzgamos de esa manera, por qué nos cae bien quién nos cae bien y por qué nos cae mal quien nos cae mal.

Sin duda yo no tengo la panacea, ni la respuesta universal; pero si una modesta opinión que me gustaría compartir con quienes se molesten en leerla.

Platón decía que el rostro es el espejo del alma. Realmente yo no puedo saber si esa frase es acertada o errónea; pero si me atrevería a decir que las personas obtenemos información de la cara. Es corriente y frecuente escuchar frases del tipo “tiene cara de…”. Y es que los seres humanos catalogamos a las personas según lo que su rostro nos inspire.

Igual pasa con los gustos. Una persona nos gusta o no según lo que su rostro nos inspire, según lo que imaginemos de esas persona a partir de su cara. Y no es que sea falso que la conducta se vea reflejada en el rostro, pero tampoco llega a ser cierto del todo.

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22 septiembre 2007

Libertad de Expresión


La libertad es el derecho a hacer lo que las leyes permiten.
Monstesquieu

La tendencia moderna, progresista y pseudo-democrática tiendo a confundir un término tan esencial en un régimen democrático como es el de libertad de expresión.


Recientemente hemos podido presenciar como radicales independentistas catalanes quemen una foto del Jefe del Estado ante la pasmosa expectación de la policía autonómica catalana. El sujeto que cometió el delito alega libertad de expresión para justificar su acto.

Hemos sobrepasado con creces la libertad de expresión. La libertad de expresión, como bien he citado anteriormente, es un elemento, no único, de una democracia. Otro elemento mucho más importante en una democracia que la libertad de expresión, ya que éste es condición necesaria para dicha libertad, es la ley.

La ley en una democracia debe estar por encima. A usted, amigo, se le permite ser republicano en una monarquía (mire cuanto hemos avanzado) y proclamarse como tal. Lo que usted no puede es atentar contra los símbolos del Estado, ya que así queda estipulado en la ley, que es la que garantiza su libertad de expresión. Si todo tuviéramos derecho a todo agarrándonos a una falsa libertad de expresión como la suya, entonces esto sería una anarquía y no una democracia.

El problema de este país no es otro del complejo histórico del estado español. El gobierno está completamente acomplejado a usar los símbolos nacionales y a hacer respetar estos símbolos de unión y utilizarlos como tales por ciertas comparaciones históricas. Y el problema se acentúa cuando la oposición se olvida del Estado y aprovecha cualquier incidencia para promover electoralismo.

Por otro lado, o quizás por el mismo, está ERC, que promueve una ley donde se permita quemar banderas españolas sin coste penal alguno. Resulta curioso que un partido que vive del Estado fomente leyes que vayan contra este. Si España fuera un país serio y sin complejos, este partido podría haber sido cerrado y penado por traición; por ir en contra de lo que supone que defiende.

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19 septiembre 2007

Teoría de Errores


Experiencia es el nombre que damos a nuestros errores
Oscar Wilde

Todos los días hacemos una infinidad de cosas. Estas cosas, en las que se incluyen en el conjunto decir algo, pueden estar bien o mal. Por norma general, uno hace las cosas siguiendo un criterio, el criterio del bien, procurando el mayor beneficio posible al máximo de personas posibles.

En otras ocasiones sucumbimos al egoísmo y realizamos o comentamos buscando un bien a costa de provocar el mal, o simplemente ignorando el efecto que pueda provocar en otras personas.

Pero ¿Quién dice lo que está bien y lo que está mal? Supongo que nosotros mismos somos lo que nos proporcionamos una respuesta sobre lo que está bien y lo que está mal. Nuestra ética nos proporciona dicha información.

Muchísimas ocasiones ocurre que no somos conscientes de que provocamos mal en alguien,; pero suele coincidir que caemos en la cuenta cuando ya es tarde, cuando ya no hay un arreglo claro o cuando el daño está hecho. Siempre es mejor prevenir que reparar, y con el daño sucede lo mismo.

El problema de los errores llega cuando no actualizamos nuestra ética o nuestra conducta, cuando no aprendemos. Tenemos derecho a equivocarnos; y otorgamos ese derecho a quien se equivoca porque sabemos que nosotros mismos nos vamos a equivocar. Y los errores están para eso, para aprender, para poco a poco conseguir optimizar el bien que producimos, para darnos cuenta de que la perfección que lejos de todo y de todos.

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17 septiembre 2007

Derrotas Sorpresivas


La irregularidad, es decir, lo inesperado, la sorpresa o el estupor son elementos esenciales y característicos de la belleza.
Charles Budelaire

En primer lugar querría aclarar que la ausencia de entradas en los últimos días es debido a mi concentración para los exámenes. Apenas piso mi casa, y mucho menos, enciendo el ordenador; así que es por eso por lo que no tengo tiempo casi ni para pensar, como para plasmar por escrito lo que acontece en mi mente.


Día amargo el de hoy para los seguidores del baloncesto, los seguidores de España, y para seguidores de ambos movimientos a la vez. España dice adiós al oro después de haber estado cuarenta minutos acariciándolo. Pero las cosas no son como empiezan, sino como acaban.

La emoción, que muchos requerían a los partidos de España ha estado presente. Casi al borde del infarto; pero la mala fortuna, la escasa concentración, el cansancio acumulado, la confianza y otros factores, no han hecho posible que el preciado metal se quede en España.

La derrota suele ser dolorosa. Pero la derrota tras rozar la victoria es realmente terrible. Si el partido se hubiera perdido de veinte, desde el descanso, y hubiera estado exento de emoción alguna, el sufrimiento o decepción no hubieran sido tanto.

Pero es la sorpresa, lo inesperado, lo que intensifica las emociones. Es la espontaneidad la que dar poder y valor a los acontecimientos, la que desajusta los esquemas, la que desestabiliza. Son la sorpresa y lo inesperado los que nos hacen sentir vivos.

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11 septiembre 2007

Ambiente de Estudio


El arte del descanso es una parte del arte de trabajar.
John Ernst Steinbeck

Septiembre es un mes de exámenes para quién no lo ha hecho lo suficiente durante el curso. Ya no sé si es un consuelo para los universitarios que nos vemos obligados a completar los cursos en septiembre, o es realmente así, pero el curso acaba en septiembre.

Como en toda preparación de exámenes se requiere una cierta concentración, y un ambiente determinado que acompañen al estado del espíritu. Pero, ¿en qué consiste, o debe consistir, realmente este espíritu?

En un estado ideal este espíritu y este ambiente podría consistir en estudiar durante día y noche sin descanso ni fin, enriqueciendo el alma de sabiduría, dejando aparcado el ocio prácticamente en su totalidad y tener como única ocupación el subrayado, la síntesis y la memorización.

Pero la realidad se aleja bastante de dicho ideal. La realidad es que la mente humana tiene sus limitaciones, y después de determinadas horas sentados delante de un libro (cada persona tiene sus topes) el cerebro deja de rendir. Quizás por eso, el tiempo, pequeño pero tiempo, de ocio durante la época de estudio pueda ser el más importante.

En estos tiempos de ocio la mente debe quedar totalmente despajada e intacta para poder retomar la ardua tarea del estudio. Tan importante para el estudio es estar concentrado cuando uno está estudiando, como tener la mente despejada y vacía cuando uno está descansando. Tan importante es el esfuerzo como el descanso.

Aunque como ya se sabe, cada persona es un mundo; y cada persona se siente segura con unos determinados hábitos y costumbres. A veces deberíamos abrir la mente e intentar probar otros caminos y aprender de los demás.

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07 septiembre 2007


La llave del éxito es el conocimiento del valor de las cosas.
John Boyle O'Reilly

Es una obligada distinción el precio y el valor. No siempre se corresponden lo uno con lo otro. La principal diferencia es que el precio es un “valor” objetivo que oscila gracias a la oferta y la demanda; y el valor es completamente subjetivo, donde entran sentimientos.

Los sentimientos que pueden incrementar el valor de algo pueden ser variados: esfuerzo, procedencia, deseo, significado, etc. Puede llegar a ser caótico intentar comprender por qué alguien estima y venera tanto determinados objetos. Es complicado imaginar sentimientos, y más si son novedosos. Porque cuando uno ha experimentado cierta sensación es más fácil sentir empatía hacia esa persona.

Pero no siempre uno sabe valorar lo que posee. Uno no valora a diario que coma al menos dos veces al día, que duerma bajo un techo y en una cama, que pueda ducharse, que tenga un armario repleto de vestimentas y calzados y que su higiene sea notable o sobresaliente.

No sabemos valorar las cosas de todos los días. No obstante, si algún día nos faltaran algunas de estas cosas, mucho las echaríamos de menos. Y sería entonces cuando comprenderíamos su verdadero valor.

Y es que así sucede con la mayoría de las cosas, y sobe todo con las que aceptamos como normales: no sabemos valorarlas hasta que las hemos perdido. Y para que sea una valoración completa, esa pérdida ha de ser irrevocable.

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04 septiembre 2007

Tener Fe


Quien pierde su fe no puede perder más.
Publio Siro

Hay una notable diferencia entre creer y saber. Lo primero, son simples conjeturas, probabilidades acerca de hechos o acontecimientos concretos, de la que guardamos cierta incertidumbre. De lo segundo sin embargo, no albergamos dudas, tenemos la certeza de que algo es verdadero o falso; pero en ningún caso consentimos una duda.

Ocurre a veces que tenemos la certeza de algo, que hablamos con seguridad acerca de ciertas cosas, y en un momento concreto, se nos demuestran al revés de cómo las creíamos. Cuando esto sucede, y dependiendo por supuesto de la importancia que le otorguemos, el mundo se nos cambia, se transforma de repente, y a veces llegamos a creer que estamos viviendo otra vida.

Quizás el hecho de no “saber” nada y “creer” todo sea un mecanismo defensivo ante los cambios bruscos del mundo y de la vida en general. Lo que también es cierto, es que para poder llegar a saber algo, hay que previamente dudarlo. Si omitimos esta duda, no podremos pasar jamás de una creencia, ya que hemos sido incapaces de comprobarlo por nosotros mismos, incapaces por ende de saber.

Pero no todo es demostrable en la vida, ni de todo podemos tener una certeza clara y distinta. La mayoría de las cosas son sólo creíbles. Y ante esas cosas, como es lógico, sólo podemos creer.

Muchas de estas cosas que únicamente son creíbles son necesarias para una estabilidad emocional. Para dicha estabilidad, es necesaria una seguridad, tanto en nosotros mismos como en el resto del mundo, pero para quién duda constantemente de todo, resulta verdaderamente tedioso limitarse a una creencia, cuando casi todo su conocimiento se debe al saber.

Creer en algo que no puede demostrarse se denomina tener fe. Tener fe es algo realmente de conseguir, sobre todo cuando las dudas o el malestar agitan. Tener fe en Dios por ejemplo cuando la vida trata a uno bien, no es complicado. El verdadero reto es creer en Dios cuando sentimos que nos ha abandonado. Ese es el milagro de la fe, la creencia en algo cuando únicamente se encuentran augurios de lo contrario.

Tener fe en algo o alguien es realmente un acto de valentía, un acto que merece un reconocimiento. Creer en que algo es blanco, cuando uno ve, o cree ver, con sus ojos que es negro; supone un acto de confianza ciega bastante serio, y la confianza es algo que se cotiza muy caro.

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02 septiembre 2007

Vivir y Sobrevivir


La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir.
Gabriel García Márquez

Aunque una palabra contenga a la otra, sobrevivir y vivir tienen connotaciones bastante diferentes. Y aunque la primera sea positivo en un momento concreto, se vuelve negativa cuando comienza a ser una constante, y se antepone constantemente a la segunda.

Sobrevivir es lo que hace la persona cuando salva la vida ante un peligro inminente, cuando consigue mantenerse con vida, cuando, a pesar de todo vive. Vivir sin embargo es saborear la vida, disfrutar de ella.

Vivir no necesariamente implica ser feliz, pero sí ser parte activa en la vida de cada uno. Vivir implica saborear cada comida sintiendo cierto placer, respirar aire y sonreír, caminar haciendo camino, sacarle el juego a cada instante que la vida nos proporciona. Aprender de cada momento, y sentir cada minuto como si fuera el último.

La supervivencia no obstante es bien distinta. No es caminar, es vagar. Es comer porque el organismo lo necesita, no porque sintamos devoción hacia la comida; duermes, ríes y hablas, porque tiene que ser así, no porque sintamos el deseo de nada. La supervivencia prolongada mata el deseo de todo. Y en vez de disfrutar con cada minuto que pasa, lamentamos que ese minuto ya pasado no haya sido el último.

Todos tenemos ciertas épocas en las que nos limitamos a sobrevivir, ya sea por miedo a la muerte, por rutina, por amor a las personas que nos rodean; pero en ningún caso es por nosotros mismos. También solemos hacerlo por ese rayo de esperanza, esperanza que muchas veces no sabemos de dónde asoma.

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