15 febrero 2011

Conversaciones

Una buena conversación debe agotar el tema, no a los interlocutores.
Winston Churchill

He sostenido más de una vez, y sigo sosteniendo, que una buena conversación es uno de los mayores placeres del mundo. Así me lo parece, al menos. No siempre resulta fácil encontrar a un o unos interlocutores adecuados para tal efecto. Pero cuando se encuentran, el resultado es increíble.

Una buena conversación contiene numerosos factores que la hacen apetecible y placentera. El primero de ellos puede ser la cordialidad. Cuando uno habla con otra persona de manera cordial, está transmitiendo y recibiendo afecto continuamente de forma subliminal mediante las palabras. El intercambio risas y bromas son síntomas de una charla agradable y evidencia de una sintonía. Es una buena forma de estrechar la amistad entre varias personas.

Otro factor al que suele recurrirse en las conversaciones es la rememoración del pasado común. La nostalgia de ese pasado, el recuerdo de otros tiempos, produce una sensación positiva y estrecha la simpatía entre quienes las comparten. Como he comentado alguna vez, los recuerdos son una forma de volver a vivir las cosas.

Ha de tenerse en cuenta el enriquecimiento que supone la adquisición de ideas de otras personas. También sucede con los puntos de vista, con las perspectivas diferentes sobre un mismo objeto o situación. Aprende uno a ver las cosas desde otro lado, conociendo otros factores y quedándose con los que más interesantes o acertados encuentra.

Además, suelen tratarse en las buenas conversaciones proyecciones para el futuro. Se crean ganas. Ganas para emprender proyectos o simplemente para realizar mejor las funciones y tareas que ya se desempeñan. Una conversación suele ser un punto de partida para algo.

En definitiva, la conversación hace sentir apego por la vida. Es consecuencia de nuestra condición de animal social. Tras una agradable conversación uno encuentra su papel en el mundo, se dibuja con más perspectiva. Las conversaciones ayudan a trazar el contexto vital de uno, nos ayudan a descartar qué no queremos y a decidirnos por lo que sí.

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14 febrero 2011

La Importancia de la Razón en los Sentimientos

Nuestros pensamientos más importantes son los que contradicen nuestros sentimientos.
Paul Ambroise Valéry

Muchas veces paramos un momento a analizarnos a nosotros mismo y a tratar de trazar el mejor camino a seguir de entre todos los posibles. En ocasiones andamos convencidos de que el camino es uno y lo seguimos sin reparo alguno. En cambio, otras, las decisiones vienen enfrentadas: cabeza contra corazón.

No es fácil siempre seguir el camino más ético o coherente. El corazón posee un cordel con el que a veces tira de tal manera que nos es muy difícil resistirnos. Deseamos algo con mucha fuerza aun sabiendo que ese algo no nos hace bien, es insano para nosotros. La razón ve con claridad, pero muchas veces se ve nublada por los sentimientos desatados de las pasiones.

Por eso es fundamental contar con los amigos. Son ellos la parte racional cuando el alma anda nublada. Poseen la distancia emocional suficiente para discernir qué es mejor y qué es peor. Su mirada es fría y calculadora, sin ningún sentimiento que medie.

Y es en esas situaciones en que queremos pero no debemos cuando su insistencia y ayuda sobre la decisión que tomar se hace tan valiosa. Son los que están fuera los que tienen una perspectiva objetiva sobre la situación, los que ven flagrantes oportunismos cuando nosotros vemos oportunidades. Son ellos quienes nos reconducen al camino.

Cuando nos hayamos sumergidos en alguna pasión, todo parece trascendental. Todo parece insustituible e inigualable. Por eso la visión fría de alguien en quien confiamos nos puede, en determinados momentos, hacernos tanto bien. Porque anda fuera de las exageraciones sentimentales.

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12 febrero 2011

El Desgaste de las Instituciones Democráticas

Todos los males de la democracia pueden curarse con más democracia
Alfred Emanuel Smith

Leo y escucho muchas críticas hacia los políticos tras los últimos casos de corrupción destapados. No son ataques contra un político en concreto, e incluso no lo son contra el partido contrario (sí, en España existe un bipartidismo visceral). Se trata de un ataque contra la “clase política” en general, contra la casta, contra la categoría profesional política, y, francamente, me preocupa.

Perder el respeto a los políticos lleva detrás de sí una consecuencia más grave: desconfianza y desencanto con las instituciones que representan. Son los políticos los que ocupan los sitios de las instituciones y por tanto es a ellos a quienes se relaciona con ellas. Además, casi ninguno de ellos ha mostrado nunca interés en separar a la institución democrática del Estado con el partido. Es más, puede casi afirmarse que se ha fomentado lo contrario, la fusión del cargo con el partido la asignación de los escaños y puestos de representación al grupo político antes que a las personas. La prueba de esta confusión es en que la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros la hace el Secretario de Organización del partido, y no el portavoz del Gobierno, como debiera.

La pérdida de respeto y confianza en las instituciones democráticas no puede llevar consigo sino un desgaste de la misma democracia. Las instituciones son la cara del sistema democrático, son el poder legitimado a través de la democracia. Por tanto, si perdemos la confianza en ese poder democrático, estamos perdiendo la confianza en la propia democracia.

Muchas son las diferencias con respecto de los años 30 (existe una Unión Europea, la presencia e importancia del ejército en la vida civil se ha reducido considerablemente, etc.) pero si las democracias cedieron ante las dictaduras en aquellos años, mucho se debió al desencanto por la democracia que se vivió en aquellas sociedades, por el desgaste de las instituciones democráticas. Y este desgaste del sistema democrático no es más que un nido de populistas autoritarios. Hitler es el mejor ejemplo de esto que digo.

No tiene que llegarse al extremo del nazismo para que la democracia se pervierta. La politización de la Justicia, la inexistencia de unos sindicatos libres e independientes que defiendan al trabajador, la falta de democracia en las elecciones de candidatos a las instituciones, la limitación del ciudadano en las decisiones que realmente le afectan, la falta de transparencia en las instituciones, la duplicidad de administraciones, etc. son síntomas de una democracia incompleta o enferma.

Nada es definitivo aún. Todavía estamos a tiempo de sanarla. La fórmula es bien sencilla: más democracia, como ya enunció Alfred Emanuel Smith. Pero como los ciudadanos sigamos mirando para otro lado y riéndole la gracia a quienes viven a costa de nuestros impuestos sin más preocupación que sus propios intereses y sin más argumento y bandera que una ideología caduca y anacrónica, puede que en un futuro próximo lamentemos, como hizo Alemania en su día, haber entregado tácitamente la democracia y la libertad a unos pocos, que pese a predicar sobre el bien de la nación y la sociedad, no habrían mirado más allá de su propio ombligo y ambiciones.

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08 febrero 2011

El Precio de los Libros

En España la mejor manera de guardar un secreto es escribir un libro.
Manuel Azaña

Algo que me ha llamado mucho la atención de aquí de Irlanda del Norte y que me resulta bastante significativo, aunque no sé cómo interpretarlo, es la diferencia abismal de precios que hay en los libros y la tecnología. Sobre todo en los libros. Los precios que únicamente se encuentra en ferias del libro en España (muchos de ellos de segunda mano), en Irlanda del Norte son precios habituales, incluyendo múltiples ofertas de tres libros por cinco libras o libros a noventa y nueve peniques.

Es realmente abrupta la diferencia. Únicamente en los best-sellers más recientes o en libros sumamente técnicos he visto precios que se dispararan un poco (por supuesto siempre debajo de los precios españoles). El resto de libros, bastante asequibles. Y si encima decides entrar a una librería de segunda mano (muchas de ellas benéficas, por cierto, organizadas por Oxfam o Asociaciones Contra el Cáncer) los libros se convierten en auténticas gangas.

No sé si en el Reino Unido los libros tienen algún tipo de subvención por parte del Gobierno. O las distribuidoras y editoriales no manejan tan grandes beneficios como en España. O que la ley de la oferta y la demanda (que los británicos leen muchos libros) hace que éstos disminuyan su precio. Cualquiera de estas tres opciones que se me ocurren deja en mal lugar a España en comparación con el territorio insular al que me refiero.

Tal vez sean pequeños gestos que ayuden a entender las diferencias entre Gran Bretaña y España. Las diferencias entre las sociedades (cómo cada una gasta su dinero) y por ende, las diferentes sociedades civiles (si es que podamos hablar de que en España existe realmente). El consumo de libros podría ser un buen indicador de las preocupaciones y preferencias de las sociedades. Desconozco si se ha hecho algún estudio al respecto, pero creo que sería bastante ilustrador.

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05 febrero 2011

Mitos

El deseo de felicidad mantiene presente el mito del artista.
Félix de Azúa

Toda persona tiene una referencia ideal respecto a cada una de sus dimensiones vitales. Todo el mundo aspira a algo, y en esas aspiraciones, tendemos a tomar por referencia situaciones, hechos o personas que entendemos son perfectos e ideales y que de alguna manera van marcando nuestro tope.

Una de estas dimensiones es la historia y la política. La definición de una ideología política en uno mismo no puede llegar a definirse sin una mitificación previa de un personaje, una situación, un territorio o una sociedad concreta. La formación de los sentimientos relacionados con la ideología política nacen de la concepción abstracta (de la elevación al abstracto más bien) de una situación concreta que nunca fue tal y como se describe.

Los mitos son necesarios cuando se trata de creer en una cosa. Ya los griegos usaban a los héroes como ejemplos absolutos de las virtudes, idealizándolos en extremos y creando una necesidad o voluntad de imitación de estos, siendo esta imitación el objetivo vital más importante.

También ha sucedido en muchas religiones. Las figuras principales de muchas religiones han sido divinizadas e idealizadas, y mucha de la conducta exigida a los fieles de éstas es la imitación de aquéllos, la aproximación a al ideal perfecto que se desprende de dichos personajes.

Así bien, las naciones también han creado sus mitos de formación. Toda nación tiene personajes y tiempos de gloria, donde las virtudes de los héroes y las épocas no hacen sino invitar al ciudadano a conseguir recuperar la gloria que la nación tuvo en tiempos de los héroes. Se invoca a idealizar la nación, ha elevarla hasta el abstracto del mito.

Lo que no pueden olvidar aquellos que quieren hacer un análisis serio de la Historia o la política es que estas mitificaciones no son más que eso, idealizaciones y exaltaciones que persiguen orientar la conducta de sus ciudadanos en busca de estos mitos. A la hora de ser rigurosos, ha de bajarse a los hechos. No obstante, estos mitos y exaltaciones pueden decirnos muchos sobre una cultura y una sociedad, cuáles son sus valores y a qué aspira.

Y así ocurre también para el hombre: son los mitos que uno admira los que van marcando la conducta en la vida. Son las creencias que, independientemente de verdaderas o falsas, inspiran a cada uno y moldean su voluntad.

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01 febrero 2011

Igualdad Estética

La democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad, que la conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad extrema, que la conduce al despotismo.
Montesquieu

Hay una tendencia en la primera línea política a emplear el término igualdad en prácticamente todas las cuestiones de la vida pública. Quizás el más celebrado sea el de la igualdad de género que ha conseguido incluso meterse de lleno en el flamante Estatuto de Andalucía. La obsesión por la igualdad achaca ya no sólo a los políticos, sino incluso juristas, periodistas y sociólogos, debido, tal vez, a las últimas leyes de Igualdad.

Pero ¿qué se busca realmente con esta igualdad? Pues en vista de las aplicaciones que se prevén en la ley, parece que lo único que preocupa a nuestros legisladores y políticos es la “igualdad estética”, es decir, la búsqueda de la armonía numérica manejando la estadística y las cifras, esto es, la búsqueda de unos números que sean a la vista agradables independientemente de lo que haya detrás de ellos. Si repasamos con detenimiento las leyes, la igualdad se ha reducido simplemente a un número, en concreto, a que haya el mismo número de unos que de otros.

Así se lucha contra la discriminación de la mujer, según la mayoría de los políticos y los grupos feministas: haciendo que haya la misma cantidad de Consejeros varones que mujeres, exigiendo igualdad de número en las listas electorales de machos y hembras, forzando a que en los libros de texto escolares se hable igual número de veces de ellos que de ellas, etc. Como ven, al final lo que resulta es el mismo número de unos que de otros.

Yo, sin embargo, reniego de esta teoría cuantitativa sobre la igualdad. A mi entender, este método serviría únicamente si todas las personas fuéramos absolutamente iguales. Puesto que esto es falso, ya que cada cual es el resultado de una configuración genética donde entran en juego una cantidad incontable de variables, además de una cultura y una socialización diferente, éste método es, a mi parecer, inadecuado.

Cosa bien distinta es que todos, independientemente de nuestros genes, cultura, progenitores, lugar de nacimiento y clase social, entre otras, tengamos la misma posibilidad de acceder a lo mismo. Es decir, que independientemente de donde nazca y de quienes sean mis padres tenga la posibilidad (si así lo deseo) de tener título universitario, trabajo, manutención, vivienda y acceso a una sanidad de calidad. Igualdad de oportunidades, en definitiva. Pero no es esto lo que se ha buscado desde la legislación, sino la igualdad numérica respecto de una variable concreta: el sexo.

Lo que puede llegar a parecer la creación de estos cupos es el reconocimiento público (por parte de quien ha legislado y apoyado tal legislación) de inferioridad de la mujer. El hecho de crear cupos específicos de mujeres es similar al que tienen los discapacitados para el acceso a la Administración Pública o los extranjeros a las Universidades Públicas: es una forma de sugerir que tal vez no sean capaces de conseguirlo por sí solas, y que necesitan el apoyo de la Administración.

Si este fuera el medio de solución de todos los problemas de igualad, podrían hacer lo mismo con los inmigrantes, o con cualquier otro sector que el Gobierno desconsidere en inferioridad de oportunidades. ¿Por qué no hacer un cupo en las listas para discapacitados o para homosexuales? Sencillamente porque supondría violentar la libertad del electorado para elegir a sus representantes, cosa que sí se ha hecho respecto a la mujer con la inclusión forzosa de un número de ellas en las listas electorales.

Lo que resulta curioso de todo esto es que estas políticas de igualdad lleguen precisamente cuando la mujer más estaba accediendo a puestos de relevancia en la sociedad, cuándo, gracias al divorcio y la emancipación económica, estaba, ella sola, cambiando su situación. Lo no faltará, cuando finalmente esta generación igual y libre (insisto, no por la acción del Gobierno sino por el sino de los tiempos) sustituya completamente a su predecesora, es quien se cuelgue una medalla pensando y haciéndonos creer que el objetivo se logró gracias a estas leyes que, para mi gusto, son completamente propagandistas y populistas.

Me gustaría destacar también la inclusión por parte del nuevo Estatuto Andaluz de la necesidad de la realización de un estudio de “impacto de género” previo a todas las leyes y disposiciones normativas de la Comunidad Autónoma (artículo 114). En ningún apartado del Estatuto se menciona algo similar sobre un “impacto económico”, “impacto cultural”, “impacto moral” ni tan siquiera “impacto medioambiental” (tan de moda este último también) de ninguna política pública que haya de llevarse a cabo por parte de la Junta de Andalucía. Hasta qué punto se ha convertido esta igualdad estética en importante.

Por último, para hacer la crítica constructiva, propongo aquí una serie de políticas que sí que deberían llevarse a la práctica para la total igualdad de oportunidades de la mujer, esto es: equiparación de la baja paternal con la maternal (así será indistinto contratar a un hombre que a una mujer), ampliación de dicha baja, políticas de conciliación laboral (flexibilidad de horarios, trabajo desde casa, reducción de horas por hijos (fomento de la natalidad)) y creación de guarderías públicas.

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29 enero 2011

El Yo de mi Pasado

Encuentro tanta diferencia entre yo y yo mismo como entre yo y los demás.
Michel Eyquem de Montaigne

¿Quién soy yo? Desde luego, se trata de una pregunta amplia que encierra, sin querer, muchísimas dimensiones y contenidos, tantas, como el ser humano es. No se puede contestar a esta pregunta con una frase, ni con una entrada de blog. Incluso es harto probable que al final de nuestra vida tampoco sepamos contestar a la pregunta de quiénes somos ni qué sentido tiene lo que hemos hecho.

Precisamente sobre esa mirada retrospectiva sobre nosotros es de lo que quería reflexionar. ¿Somos nosotros los mismos que hace diez años? Es decir, si nosotros, por ejemplo, escribimos un relato hace diez años y hoy lo leemos, ¿seguimos siendo autores de ese relato? ¿O ese relato, sin embargo, ya no nos corresponde?

Ciertamente, la persona que seamos hoy depende mucho de quién hayamos sido los años, los meses y los días anteriores. La elaboración del “yo” es un proceso largo, donde todo, absolutamente todo, influye. Nuestra forma de entender la vida y nuestra forma de entendernos a nosotros mismos no puede entenderse sin los sentimientos del pasado, es decir, aquellos que sentimos.

Somos el resultado de ambiciones pasados. Al igual que lo somos de errores. Somos los residuos de nosotros mismos, al igual que proyecciones. Hemos conducido la vida a través de decisiones que tomamos en un momento concreto y que, posiblemente, hoy nos las tomáramos de la misma manera. Somos fruto de una cascada de sentimientos, conducidos con mayor o menor acierto. Todo nos ha influido para ser lo que somos hoy. Y todo lo que hagamos hoy influirá para ser lo que seremos mañana.

Pero respecto a la pregunta con empezaba esta entrada, es decir, si somos nosotros los que éramos hace un tiempo o bien somos diferentes… tenemos dos respuestas, elegidas a partir del sentimiento que nuestro propio recuerdo genere: si renegamos de nosotros mismos, o bien nos sentirnos orgullosos. Si es el primero de los casos será porque nuestro pasado no nos satisface, aunque precisamente por ese pasado estamos donde estamos, por haberlo intentado corregir y por saber que aquello no nos convencía. En el segundo caso, sentiremos que hemos culminado o estamos culminando un proceso vital que empezó cuando lo hizo nuestro pasado.

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25 enero 2011

¿Está Adalucía descentralizada?

¡Ay de los pueblos gobernados por un Poder que ha de pensar en la conservación propia!
Jaime Luciano Balmes

Uno de los objetivos del Estado de las Autonomías es la descentralización y la desconcentración del poder y de la Administración. La organización de los territorios nunca se hará con más conocimiento de causa de los problemas y soluciones que la llevada a cabo desde el mismo lugar. Este es el objetivo básico de la autonomía, al menos el oficial, ya que siempre las mentes más maquiavélicas apuntan a la obtención de poder por parte de las élites locales.

Y ahora, analizando con treinta años de perspectiva la situación de nuestra Comunidad Autónoma, Andalucía, me pregunto, ¿se ha llevado a cabo realmente esa desconcentración y descentralización dentro de las Comunidades Autónomas? ¿O hemos cambiado los focos de poder desde Madrid a Sevilla? ¿Por qué la gestión de la Alhambra y de Sierra Nevada (por citar dos ejemplos) ha de llevarse a cabo desde Sevilla? ¿No será más coherente con el modelo que buscábamos que las distintas gestiones se hagan, aunque supervisadas por la CA y por el Estado, por supuesto, desde las distintas provincias o municipios?

Demasiadas incoherencias y desperfectos veo en este sistema supuestamente “descentralizado”. Toda gran obra pública ha de aprobarse desde Sevilla. Toda decisión trascendente para Granada ha de verse con buenos ojos desde Sevilla. Debe firmarse en Sevilla. ¿Es esto desconcentración?

Yo opino que no, que más se trata de una centralización desconcentrada. Una centralización sevillana, una centralización más cerca de casa, pero que en definitiva, nos deja al menos a tres provincias (Granada, Jaén y Almería) en la misma situación que estábamos: olvidados para toda Administración.

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22 enero 2011

El Mundo como Convención

¿Qué es la belleza? Una convención, una moneda que tiene curso en un tiempo y en un lugar.
Henrik Johan Ibsen

Continuamente me hago la pregunta de cómo, en algo tan subjetivo como es el arte, algo que ha de mirarse desde el interior de uno mismo, algo que es reducido al gustar o no gustar, es decir, a los sentimientos, puede ser calificado como grandes obras de arte y otras en cambio basura. Cómo la misma obra de arte podría ser cambiar totalmente su percepción y valor dependiendo en la época en que fue creada. ¿O acaso alguien cree que el arte de Picasso hubiera sido igual de aclamado en el siglo XX que en el Renacimiento?

Para esta cuestión sólo encuentro la respuesta de que el arte es convencional, de que al fin y al cabo, una obra de arte, un libro, un cuadro o una pieza musical son mejores o peores según la opinión de quienes influyen en el resto de opiniones. No hay un canon estricto para medir, simplemente gustos y disgustos, y o bien resulta gustar a la mayoría (lo que se puede denominar hoy como “comercial”) o bien es un gusto erudito, un gusto de alguien influyente en otras personas, que rápidamente se extiende inconscientemente en aquellas personas en las que influye.

Quizás, y digo quizás, puedan salvarse en el arte aspectos de técnica y estética que pueden llevar a una “objetivación” del arte. Aunque también es cierto que esto criterios de bondad son igualmente un sistema convencional, un sistema de acuerdos expresos o tácitos.

Igual sucede, me temo, con las ideas, filosofía y pensamientos. Prácticamente todas las ideas se repiten desde los clásicos griegos y latinos, prácticamente toda la filosofía fue ya escrita por ellos y los modernos mayormente la han adaptado (pido disculpas por la visión simplista). El comunismo, o al menos una aproximación a él, ya fue vislumbrado en la República de Platón, y sin embargo fue en el siglo XIX cuando tuvo éxito.

Citando otro ejemplo más claro, la declaración de que la Tierra es redonda, no plana. ¿Por qué si los griegos (algunos al menos) conocían esta verdad se optó por la creencia de que era plana? Simplemente por la influencia de quienes defendían una u otra postura, por la credibilidad y confianza que depositaron en unos y otros, a pesar de ser un hecho objetivo y demostrable.

Como bien decía, con el tema de las ideas políticas y filosóficas ha pasado igual. Es probable que en la Historia hayan quedado enterrados pensadores brillantes que no han florecido ni tenido el éxito que otros por no haber tenido la suficiente influencia en la sociedad que les tocó vivir. Y esta influencia no tiene que ser simplemente intelectual, es decir, reconocimiento de la bondad o maldad de las ideas, sino en sentido radical, capacidad de influir en otras personas, capacidad de aceptación y asimilación de las ideas que otro propone. Influencia como traspaso de parte del alma de una a otra persona.

Y es que al final somos las personas las que elaboramos nuestra propia sociedad y nuestra propia historia. No es algo fortuito o azaroso. Es algo que decidimos, aunque a veces inconscientemente. Aceptar y asimilar las ideas de unos en lugar de las de otros es lo que creará el éxito del que las plantea o expone. Igual que con el arte. Acertar con la necesidad intelectual del auditorio, con lo que quieren ver, escuchar o sentir es, creo hoy en día, la parte más importante del éxito, del paso a la posteridad y de influir en la Historia y en la Humanidad.

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21 enero 2011

Sobre el Idealismo

El idealismo aumenta en proporción directa de la distancia que nos separa del problema.
John Galsworthy

El término “idealista” es utilizado con frecuencia de un modo peyorativo, denotando a aquel que desconoce la realidad, que no sigue su lógica, que espera salvarla o que es suficientemente optimista como para creer en la mejoría de lo que le rodea. Alguien idealista es alguien cuya representación mental del mundo es modélica o perfecta.

Acusados son estos idealistas de excesivos optimistas y de no vivir en la realidad. Lo cierto es que no necesariamente un idealistas es optimista. Más bien es fácil que suceda al revés: que se vuelva pesismista al poder contemplar y diseñar situaciones, sociedades, personas o cualquier cosa perfecta y darse cuenta de la dificultad que supone la traslación a la realidad.

El idealista tiende a recurrir al arte (cualquiera de ellos) para modelar en él su mundo fantástico, su utopía. Siendo él quien controle todos los ámbitos de la obra, la imperfección sólo es atribuible al propio autor, al idealista en cuestión. El arte es usado por los idealistas como escape del mundo, como lugar donde proyectar una realidad diferente, como refugio las decepciones de la vida.

Rara vez un idealista es conformista. Podrá ser más o menos perezoso, pero siempre es consciente de que el mundo el que vive dista del modelo del “debería ser”, de esa perfección sólo alcanzable en el mundo platónico de las ideas. Poniendo un símil matemático, la idea del idealista es el límite hacia donde tiende su vida, es a lo que aspira, en lo que cree.

Los idealistas son capaces siempre podrán llegar más lejos de lo que ellos creen: podrán llegar hasta donde quieran, porque su límite está marcado en la idea, en el concepto abstracto, que es totalmente inalcanzable. Siempre tendrán donde mejorar, donde luchar, lo que supondrá un aliento siempre a sus aspiraciones. Quien ve el objetivo cerca irremediablemente baja la marcha, va deteniéndose. Sólo aquél que tiene un objetivo lo suficientemente inalcanzable podrá conocer donde están sus límites. Y estas personas son los idealistas.

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20 enero 2011

Vida, Amistad y Muerte

La muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida.
André Malraux

El azar, la Providencia, el destino, Dios o lo que quiera que sea llega sin avisar. Nunca está a salvo uno de un capricho suyo, de un delirio oportuno. Nadie nos puede garantizar que el camino que seguimos seguirá en la misma dirección para siempre, ni que tampoco lo estará. La vida se rige por infinitas variables. Algunas de las cuales son totalmente incontrolables.

Nadie elige del todo qué personas van a entrar en la vida. Ni con cuáles de ellas se forjará una amistad. Ni tan siquiera cuánto durará esa amistad. Las personas vienen y van, de nuestras vidas, y de la vida en general. Nadie nos dice quién nos traerá la vida y a quién se llevará.

Nunca es fácil saber quiénes son tus verdaderos amigos, quiénes son amigos de verdad. ¿Cómo se mide la amistad? ¿En horas de conversación? ¿En cafés? ¿En borracheras? ¿En el tiempo que se pasa junto a esa otra persona? No queda claro cuál es el parámetro a medir, desde la racionalidad.

Plano distinto es el sentimental, el puro, el auténtico, tal vez. Nadie puede afirmar racionalmente que alguien es tu amigo. Nadie está a salvo de una decepción o traición. No obstante, cada uno puede sentir quiénes considera sus amigos. Y, al menos, mientras así lo sienta, así será. Porque, ante todo, la amistad es un sentimiento. Uno sabe que es amigo de otra persona cuando ésta siente como suyas las desgracias de aquél.

La muerte no avisa a nadie, simplemente llega. Y cuando ésta llega es irreversible. No nos queda sino agachar la cabeza, humildes, y reconocer cuán ínfimos, cuán insignificantes y cuán vulnerables somos.

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17 enero 2011

Andalucía, imparable

Sólo una persona mediocre está siempre en su mejor momento.
William Somerset Maugham

En alguna conversación que he tenido sobre el estado de Andalucía, sobre su política y sobre su avance en los últimos treinta años he acabado obteniendo la siguiente respuesta: “¡Será que no ha cambiado y mejorado Andalucía en estos últimos años!”. Lógicamente, no se puede negar que Andalucía ha progresado. En treinta años, impregnados de fondos FEDER, de deudas históricas y siendo el patio de recreo de España y Europa, claro que Andalucía ha cambiado. Claro que se vive mejor que hace treinta años. Claro que la calidad de vida ha mejorado.

Pero la cuestión que deberíamos plantearnos para valorar la buena o mala gestión de los diferentes Gobiernos (casi siempre el mismo) que ha tenido Andalucía es: ¿cuánto se ha dejado de mejorar? ¿Cuánto se ha despilfarrado? ¿Cuánto se han pervertido las instituciones? ¿Cuánto nos aventajan y en qué ámbitos el resto de Comunidades Autónomas?

Es en la comparación con el resto de España (y casi de Europa) donde claramente se aprecia que Andalucía no ha mejorado tanto como debiera. Seguimos a la cola de España en el paro y a la cabeza en analfabetismo y en fracaso escolar, entre otras. Andalucía sigue siendo una región que vive en exceso del turismo y la subvención, sin prestar la suficiente atención a los verdaderos pilares de una economía y de una sociedad.

No debemos conformarnos y asentir a esta gestión de los últimos treinta años. Por lo menos no hacerlo de manera incondicional y dogmática. Hay que ser críticos con el Gobierno andaluz de los últimos treinta años y, a la vez que reconocerle la mejora que ha acaecido en Andalucía, recriminarle lo que no ha cambiado y ha podido cambiar No podemos estar plenamente satisfechos. Por muchos ordenadores que nos regalen.

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14 enero 2011

Ardor Guerrero

La falta de términos de comparación y la pura fuerza de la monotonía pueden acabar otorgando un aire cotidiano de normalidad a los mayores absurdos y a las monstruosidades más bizarras.
Antonio Muñoz Molina

Lo primero que he de decir de este libro de Muñoz Molina es que me ha gustado considerablemente. No sé exactamente por qué decidí empezar a leerlo. Tal vez por el recuerdo del Invierno en Lisboa, o tal vez por la curiosidad de saber qué pasaba (por lo menos en opinión de uno de los grandes de la literatura, y no precisamente muy entusiasta, al menos de primeras) en el servicio militar. El caso es que me alegro de haberlo leído.

Para los que no hemos vivido el servicio militar es una descripción bastante exhaustiva del mismo. Mezclado, además, con las sensaciones de un recién licenciado universitario que ha de forjar su futuro, de ir eligiendo caminos, de mi misma edad, con las problemáticas políticas de la época (finales de los 70) y los conflictos ideológicos internos hacen que el libro no sea una mera descripción de qué pasaba en los cuarteles sino que sea también una manera de descubrir a un personaje con, según me parece, inquietudes, sensaciones e impresiones bien parecidas a las mías.

Me ha llamado mucho la atención la descripción que hace del momento político de la época. Por un lado el terrorismo salvaje (Muñoz Molina fue destinado en San Sebastián) y el miedo que lo envolvía todo. También me impactó la simpatía y hermanamiento que había entre los paisanos de las regiones históricas de España, o que al menos tenían un rasgo característico y claro (catalanes, canarios, vascos, andaluces, gallegos, etc.) y, en parte, he querido compararla con la situación actual y he querido ver una similitud entre el día a día. Y por último, respecto al plano político, mucho me ha llamado la atención la descripción que hace de la estrategia política de la izquierda de entonces y que, en buena parte, todavía hoy venimos arrastrando. Dejo un párrafo para ilustrarlo.


Si es verdad lo que decía Chesterton, que se deja de creer en Dios y en seguida se cree en cualquier cosa, en el umbral de los ochenta y en el azaroso ecumenismo de aquellos cuarteles se comprobaba que con tal de no ser español casi todo el mundo decidía ser lo que se presentara, poniendo incluso más furia en la negación que en la afirmación, como si que a uno lo llamaran español fuera una calumnia. La izquierda, que por aquellos años se había quedado sin banderas, sin banderas republicanas ni banderas rojas, culminaba su ineptitud rescatando banderas regionales, inventándose, como la carcundia romántica del siglo XIX, tradiciones e identidades ancestrales, sagradas fiestas vernáculas, diatribas de víctimas seculares del centralismo español.

Por último, me planteo que hubiera sido de mí de haber ido al servicio militar, cuánto hubiera cambiado mi vida, o por lo menos, la manera de entenderla. Cierto es que las cosas que se describen en el libro (novatadas, guardias, abuso de los mandos, etc.) no tiene nada de envidiable y no queda sino soltar un leve suspiro de alivio. Pero por otro lado, al final del libro, cuando habla de los recuerdos de la mili, de las personas que allí conoció, de la amistad imperecedera que forjaron, como todas aquellas que se forman a partir de un sentimiento común, de una empatía necesaria, he de reconocer que siento cierta envidia, o al menos, cierta curiosidad. Y entonces me pregunto, con ese romanticismo e idealismo que uno plantea sobre las cosas que sabe que son imposibles y pasadas, sobre las proyecciones hacia el pasado de su propia vida: ¿hubiera merecido la pena el haber ido al servicio militar?

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13 enero 2011

Perder el Tiempo

No es el trabajo lo que envilece, sino la ociocidad.
Hesíodo

Tendemos a quejarnos de que el día no tiene suficientes horas para satisfacer todas las demandas y deseos que en el proyectamos. Nos gustaría, a veces, hacer tantas cosas en un día que la mera enumeración de ellas supone en nosotros estrés. Aparte de las relacionadas con las obligaciones laborales y familiares, tendemos a crear, quizás más que nunca en los primeros compases del año, una serie de buenas acciones que forman parte del ocio pero que consideramos positivas para nosotros mismos, para nuestra propia realización. Ejemplos pueden ser el aprendizaje de idiomas o el ejercicio diario.

Un historiador británico, Cyril Northcote Parkinson, dijo una vez que en una burocracia el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine. Es la llamada ley de Parkinson. Si nos miramos a nosotros mismos, podemos darnos cuenta de que esta ley es aplicable no sólo a las burocracias, si no a nosotros mismos, aunque con su respectivos matices y adaptación.

Si optimizáramos realmente nuestro tiempo diario y suprimiéramos aquellas tareas inútiles o poco productivas que podemos encasillar como “perder el tiempo”, nos daríamos cuenta de que durante un día nos da tiempo a hacer muchas más cosas de las que creemos. Pongamos, por ejemplo, el estudio. Cuando una persona estudia tiende a perder el tiempo, ya sea porque forma parte de las obligaciones sin mostrar devoción alguna, ya sea porque no le interesa lo que lee, porque está cansado o porque está pensando en otra cosa. El resultado es el mismo, una no eficiencia en el estudio. Si en vez de pasar 5 horas delante de un libro, de las cuales más de la mitad las dedicamos a pensar en otra cosa o mirar hacia otro lado o simplemente a hablar con el compañero, tal vez hubiera más tiempo para más cosas.

Esto que digo no implica la supresión del ocio o del descanso. El ocio y el descanso son tan necesarios como el trabajo, como bien he defendido en alguna otra entrada. La diferencia es que cuando descansamos o dedicamos tiempo al ocio, queremos realmente eso, queremos tener tiempo de ocio y dedicarlo al descanso o la evasión de la mente.

Lo que trato de concluir es que no somos realmente eficientes. Somos muy poco eficientes. Tal vez perezosos. Perdemos demasiado en el tiempo en cosas que realmente no deseamos, sino que son una evasión de las obligaciones, un escape para dejar de hacer lo obligado y que a la vez detestamos. Y es por ello por lo que nunca satisfacemos nuestros ideales de vida perfecta que proyectamos y que, durante dos días, estamos dispuestos a alcanzar.

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11 enero 2011

Voluntad y Sociedad

No hay ningún hombre absolutamente libre. Es esclavo de la riqueza, o de la fortuna, o de las leyes, o bien el pueblo le impide obrar con arreglo a su exclusiva voluntad.
Eurípides de Salamina

Muchas veces está en nuestra voluntad el realizar algo, el tomar una rutina o el salir de ella. Queremos librarnos de nosotros mismos, escapar de la imagen que nosotros nos hacemos de nosotros mismos. La determinación de ese cambio ha de partir primero de la concienciación y luego impulsarse en la voluntad, ¿pero es todo en la vida cuestión de voluntad?

Hay filósofos, como Schopenhauer, que han dado a ésta una importancia trascendental: prácticamente todo en la vida se reduce a voluntad (pido perdón por reducir toda la filosofía del filósofo a un aforismo). En parte le doy la razón. La voluntad es un elemento fundamental en la conducta humana, querer algo es el motor fundamental de su consecución, pero no el único. Mucho me temo que un error acumulado a lo largo de la historia es reducir la complejidad de la vida a una sola dimensión, hacerlo todo blanco o negro, bueno o malo, y difícilmente puede explicarse algo tan enrevesado y extraordinario como la dimensión humana desde un único punto de vista, teniendo en cuenta una sola de las múltiples variables que lo configuran.

Otra perspectiva, opuesta, es la de que la voluntad del hombre está continuamente moldeada por el entorno, por la sociedad, por lo social. El hombre no es dueño de sí mismo, afirman, simplemente sobreviva según las expectativas sociales, el rol que desempeña en la sociedad, y el arrastrado hacia las acciones. Aceptar esta segunda hipótesis sería degradar al ser humano a un simple autómata, denegarle la voluntad y la capacidad de acción sobre sí mismo. Y al menos yo no estoy dispuesto a ello.

Pero tampoco creo que en la voluntad inmortal e inquebrantable del hombre. La voluntad del hombre siempre quedará condicionada a muchos factores, y una de ellos es lo social. Pero también lo es el conocimiento, ¿o se puede aspirar seria y realmente a algo que no se conoce?

Quedémonos, pues, en un término intermedio, reconocimiento a cada cual su importancia. Por un lado, la voluntad del hombre que en ocasiones (no siempre y no toda persona) puede ser determinante, y por otro, su condicionamiento social, su formar parte en una red de personas, con sus correspondientes ambientes o entornos, limitaciones, prejuicios, hábitos y costumbres (algunos de éstos han sido analizados en este blog, y otros lo serán).

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10 enero 2011

Propósitos y Pereza

Los perezosos siempre hablan de lo que piensan hacer, de lo que harán; los que de veras hacen algo no tienen tiempo de hablar ni de lo que hacen.
Johann Wolfgang Goethe

Cada año nuevo es casi tan tradicional como el comer doce uvas el hacerse uno o varios propósitos para el año venidero. Propósitos que suelen repetirse y que rara vez se cumplen. Propósitos para con nosotros mismos que podemos empezar a llevar a cabo en cualquier momento que, por cosas de la cultura o el azar, dejamos para la supersticiosa fecha del 1 de enero, como si los años que van sucediéndose aceptaran una nueva oportunidad.

Son muy variadas las temáticas de estos. Algunos caen en la idealización del imposible, que más que un propósito, es una oración al Santísimo en busca de aquello que somos conscientes no nos es permitido. Otros, sin embargo, son plenamente factibles. No obstante, estoy completamente seguro que la mayoría de todos estos propósitos podrían reducirse a apartar la pereza a un lado.

Puede que la pereza sea de los siete pecados capitales el más perdonado. Todo el mundo tiene sueño alguna vez, y todo el mundo está de acuerdo en el uso de la tecnología en pro del esfuerzo menor. La pereza está socialmente bien vista, está justificada, es excusable. Todo está orientado a la comodidad y de una manera más o menos consciente la sociedad, la cultura y todos sus valores giran en torno a la asimilación de la pereza como forma de vida.

El conformismo es uno de los hijos de la pereza. El asentimiento aborregado es preferible a la lucha incómoda, cansada y sin resultados seguros. La persecución de sueños es muchas veces postergada por su incertidumbre, pero otras tantas lo es por pura pereza. Tiende la sociedad moderna a demonizar el trabajo confundiendo éste con el antónimo de bienestar o de comodidad.

Es fácil confundir la pereza con la comodidad, aunque es grande la diferencia. Mientras que la comodidad pretende la optimización del bienestar en la consecución de un objetivo, la pereza desprecia el objetivo a favor únicamente del bienestar.

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12 diciembre 2010

Libertad de reunión

Tras haber visto un vídeo en Youtube (http://www.youtube.com/watch?v=EO1nlpoOhUo) y contemplar como un Policía Local de la Ciudad de Granada expresa, textualmente, que “No sé permite la concentración de personas en espacios públicos”, me surgen algunas cuestiones sobre la democracia, la Constitución y la libertad en España:


1. ¿Cómo puede, en caso de que lo que diga el Policía es cierto y esté reflejada en un Ordenanza Municipal, ir una ley Municipal en contra de la Constitución de un país?
2. ¿Quién controla las Ordenanzas Municipales de los Ayuntamientos?
3. ¿Quién protege los derechos Fundamentales (en este caso el artículo 21) de los ciudadanos ante estos abusos?
4. ¿Qué mecanismo tiene el ciudadano para denunciar y abolir estas Ordenanzas Municipales?
5. ¿Es el “Orden Público” prioritario a la Libertad de los Ciudadanos?
6. ¿Cómo se compensa a los ciudadanos que se han visto perjudicados por esta Ordenanza Municipal en el caso de que algún día se demostrara la inconstitucionalidad de la misma?
7. ¿Por qué el acceso al Constitucional es tan restringido?
8. ¿Son los Ayuntamientos pequeñas dictaduras?
9. ¿Pasa igual con las Autonomías?
10. ¿Alguien controla la constitucionalidad de las Administraciones Públicas Menores?
11. ¿A alguien le importa que esto se controle?

Como epílogo dejo el artículo 21 de la Constitución Española de 1978.

Artículo 21

1. Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará autorización previa.

2. En los casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones se dará comunicación previa a la autoridad, que solo podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes.

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02 diciembre 2010

Realidad Sobrevenida

Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único.
Agatha Christie

Hay veces en las que la realidad nos parece un sueño y, viceversa, los sueños reales. La percepción que tenemos de ambas cosas puede parecer totalmente reales y cuesta discernir entre lo existente y lo ficticio. Muchos de los grandes “shocks” que sufren las personas tardan un tiempo en asimilarse, no son concebidos y aceptados instantáneamente aunque los sentidos y la razón nos lo indiquen así.

Aparte de la sensación de un suceso es necesaria la creación de la idea mental de ese suceso. Sin esa representación abstracta en nuestra cabeza no se completa el conocimiento, al menos, no se toma ese hecho como algo real, como a tener en cuenta en el razonamiento, como algo sobre lo que inferir nuevo conocimiento o como dato a tener en cuenta para generarlo.

La asimilación puede llegar a ser un proceso lento si no encaja del todo bien con la lógica de nuestro mundo y de nuestros hábitos. La muerte de una persona cercana, por ejemplo, puede llevar tiempo a asimilarse y mientras se asimila, queda en nuestra cabeza como algo que ha sucedido, algo que sabemos, pero no llega a ser real. Queda en el proceso cubierta de una fina neblina.

Este mismo proceso ralentizado de aceptación de los hechos puede darse también en otros eventos no tan traumáticos. Por ejemplo, en la pérdida de la amistad. Si nos paramos a pensar, la amistad no se pierde instantáneamente, no es de un día a otro, no es de la noche a la mañana. Alguien no deja de ser amigo de otro instantáneamente. Es un proceso lento e invisible.

Y como adelanté antes, no tiene por qué ser fácilmente asimilable, porque sencillamente cambia la lógica de nuestro mundo. No es fácil renunciar a una amistad, sobre todo si ésta se ha prolongado durante muchos años. Y es en ese momento cuando se enfrentan la voluntad y la realidad, la negación de un hecho a través de la voluntad de que no pase. Pero no siempre la voluntad es capaz de cambiar la realidad, máxime cuando son dos las voluntades necesarias.

El tema de la amistad era tan sólo un ejemplo. También sé que hay lazos entre las personas que jamás se rompen por mucho que tiempo los oxide. Lo que quiero concluir con el ejemplo es que a veces la realidad nos sorprende, nos cambia, se modifica y nuestra lógica se niega a asimilar esos cambios. Aparece en nosotros el lado conservador, el lado nostálgico, la añoranza más profunda.

Pero como sucede con los sueños, por muy agradables que hayan sido éstos, son en su gran parte irreales.

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09 noviembre 2010

Dolor, Superficie y Moral

Llamamos peligrosos a los que poseen un espíritu contrario al nuestro, e inmorales a los que no profesan nuestra moral.
Anatole France

Realmente en los tiempos que corren se hace difícil la defensa del toreo y de los toros. Se hace difícil, entre otras cosas, porque la argumentación y el debate no transcienden más allá de la sangre que el animal derrama y de la bestia que finalmente yace muerta en la arena.

Sacado fuera del contexto, fuera de toda la nobleza que encierra el toreo, alejado de todas la tradición que recoge y de más de los dos mil años de historia y evolución que culminan con una corrida actual de toros, el espectáculo puede ser desagradable, igual que tal vez podría parecer (de nuevo fuera de contexto) la veneración pública de la imagen de un hombre clavado en un instrumento de tortura, sangrando por el costado (a la Semana Santa, me refiero).

Pero es que si nos quedamos en el dedo que señala en vez de girarnos hacia donde indica, es imposible comprender nada. Difícilmente comprensible puede ser algo a lo que somos ajenos. ¿Se entienden acaso el ayuno o las mortificaciones hoy como elementos de purificación del cuerpo?

Y sin embargo nos reímos (algunos por fuera, otros por dentro) de todo aquello que supone un sacrificio ante lo sobrenatural, la renuncia de los placeres o cualquier otro rito que implique la lucha entre lo intangible y lo corpóreo. Despreciamos, como digo, lo que no comprendemos.

Tal vez no sea yo el más indicado para explicar las razones y simbologías del toreo (aunque sí que existe una magnífica obra de José María de Cossío que puede ilustrar a algún interesado); pero que sí que descubro entre tanta “protección de los derechos de los animales” una forma más de imponer una moral, un pensamiento, una ideología, unos valores, unos principios o simplemente una forma de entender la vida. Se impone la moral del que no ha aprendido, ni quiere aprender a sufrir, sobre el que asume el dolor y la injusticia como una parte más de la vida.

Miremos por ejemplo a algunos activistas ecológicos. Refugiados en la defensa de los animales, bajo la bandera de la protección animal, son incluso capaces de herir gravemente a personas. ¿Cómo se entiende que una persona pueda herir de muerte o matar a otra por la defensa de un animal? ¿Es que llegan a estar por encima los animales que las personas? ¿O es que más bien se trata de la imposición de una moral bajo el falso pretexto de la defensa animal?

O para reflejar la superficialidad de otros, ¿por qué pueden comer cerdo o pollo y son incapaces de comer ciervo o caballo? ¿Es que los ciervos son animales de primera y los cerdos de segunda? ¿O no será más bien que es la imagen, la personificación, la superficialidad lo que realmente importa? ¿Acaso no son todos animales?

Pareciera que ni en las granjas ni en los mataderos se maltrataran animales, que allí les pidieran por favor que murieran, y si es posible, que se desangraran solos también para evitar así la impresión de la sangre.

Vivimos en una sociedad y en una cultura en la que no se enseña a sufrir, en la que todo se da regalado y en la que nada cuesta nada. Una sociedad en la que no se suspende a los niños para no contrariarlos, en las que el dolor, la muerte o el sacrificio son palabras tabú. Hemos creado una falsa sensación de seguridad, de comodidad y de facilidad para engañarnos a nosotros mismos. Pero la realidad es bien distinta. La vida a veces puede ser tremendamente dura. Muchos quedan sorprendidos y traumatizados cuando la descubren. Vivimos en la época de las depresiones porque nadie nunca nos ha enseñado a encajar el dolor. Pero el dolor es parte inherente de la vida, y tarde o temprano nos encontraremos con él.

El no al toreo es una parte más de la ultrasensibilidad y superficialidad de los tiempos que corren. Es paradójico que quienes protestan por la muerte animal lo hacen vestidos con ropas hechas por niños-esclavos. Pero la esclavitud en China no se ve, y por lo tanto, no importa.

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26 octubre 2010

Lo que Realmente Importa

La política es la conducción de los asuntos públicos para el provecho de los particulares.
Ambrose Bierce

Debería haberme ya acostumbrado a este tipo de cosas, pero el caso es que no llego a hacerlo. Aunque me pille un poco lejos el meollo de la cuestión, Internet hace posible que pueda leer la prensa española todos los días e incluso escuchar la radio, por lo que mi información es casi la misma que si estuviera allí. Tal vez lo único que difiera es el runrún de la calle, que no alcanzo a oírlo.

Todo esto viene al caso de las últimas declaraciones del señor alcalde de Valladolid. De repente, después de todo lo que estamos acostumbrados a ver y a oír, la cuestión primera de la actualidad española es que el mencionado alcalde se mofe de los “morritos” de la señora Ministra de Sanidad. A nadie le cabe duda de que su actuación no fue lo que se puede denominar correcta, pero ¿es para tanto?

Realmente no. Realmente son unas declaraciones como otras tantas se hacen a lo largo de los días y de los tiempos, y más en política; pero el momento es sin duda el más apropiado. Me sorprende que a menos de una semana de la remodelación del Gobierno no se traten los temas de cómo de buenos o malos son o serán los nuevos ministros, de cómo de bien o mal está el país (con este “magnífico” veinte por ciento de paro, decrecimiento económica, la deflación siempre acechando, etc. ), sino que toda la actualidad política, todos los centros de las tertulias y las noticias de los periódicos es si la Ministra de Cultura saluda o no al Alcalde de Valladolid o si Rajoy, según el señor Blanco, es igual de “machista” por no condenar al señor León de la Riva.

Y así se nos van los días en la política española: hablando de cosas que realmente no son importante, no son trascendentes, salvo para uno o para dos (en este caso la señora Ministra y el Señor Alcalde). Y el Gobierno, encantado de que no se hable de su pésima gestión, nos saca a la palestra día tras día sandeces acerca de declaraciones que no tienen ninguna utilidad ni nada ayudan o perjudican al país. Son netamente vacías. Venga sacar humo para esconderse detrás.

Lo que me cuesta más comprender es cómo los medios de comunicación van detrás de estas pamplinas y cómo la bola de nieve crece por momentos. Quizás sea porque nosotros, los ciudadanos, les damos cancha. Parece que en esta España de rojos y azules cualquier excusa es buena para lanzar un dardo al adversario político, aunque el país esté al borde la zozobra. Lo importante es que ellos se hundan antes que nosotros, pensamos, incapaces de darnos cuenta de que todos vamos en el mismo barco.

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16 octubre 2010

Eslovenia

Hay mucha diferencia entre viajar para ver países y para ver pueblos.
Jean Jacques Rousseau

Aprovechando mi estancia por aquí, hablaré un poco de mi parecer acerca de Eslovenia. Mi primera impresión fue que me encontraba en un país completamente diferente, probablemente al ser incapaz de leer nada en esloveno. Pensé que sería un país donde el único elemento común sería la moneda y tal vez cierta parte de historia compartida a través de los romanos. Pero lo cierto es que hay bastantes similitudes entre ellos y nosotros.

Eslovenia, según he podido apreciar en esta semana aquí, se encuentra influida por Italia y Austria (aparte, por supuesto, del resto de países balcánicos). La parte del sur, la parte costera, recuerda un poco a la costa italiana del norte. Por supuesto la internacionalización de la gastronomía italiana es aquí también un hecho: pizza, pasta, etc. Aunque este fenómeno ocurra también en el resto del mundo.

Al norte Eslovenia se encuentra con los Alpes y limita con Austria. La gastronomía del norte de Eslovenia, según pude saber, es similar a la alemana y austriaca: sopas y carne, principalmente de vacuno. Una vez probé un plato típico de la zona (cuyo nombre soy incapaz de reproducir) les di la razón. Recuerda a las comidas de Austria y Alemania, con su carne dura y sus salsas, además de sus guarniciones de pasta de harina de maíz.

Una vez uno se familiariza con la lengua es capaz de descubrir ciertas palabras similares, de la misma raíz. Por ejemplo restaurante, sándwich, probar, etc. son ciertamente parecidas a las latinas/inglesas. Como curiosidad acerca de la lengua podría comentar que ellos tienen un número gramatical que en España no tenemos. Ellos distinguen en la primera persona entre “yo”, “nosotros dos” y “nosotros” (más de dos). Respecto a los tiempos verbales creo que ellos manejan bastante menos que los que hablamos una lengua romance. Todo esto lo averigüé después de una difícil charla con un esloveno acerca de las lenguas.

Sobre el paisaje puedo decir que es muy boscoso, montañoso y verde. Hay muchos árboles por todos lados. Si uno coge la autovía no los pierde de vista salvo cuando llega a la costa. No es un país muy grande, pero hay diversidad dentro de él. Son abundantes los lagos y cuanto más al norte nos dirigimos, más montañosa se hace la orografía.

También me llamó la atención que todo el mundo habla inglés. Pero no un inglés patatero, un buen inglés. Incluso los niños (conocí a uno) son capaces de comprender el inglés, aunque su dicción no es tan bueno. Ellos lo justifican diciendo que si quieren comunicarse con el resto del mundo han de aprender inglés. Si no, han de limitarse a Eslovenia, ya que las lenguas de los países balcánicos (Croacia, Serbia, Macedonia, etc.) son bastante diferentes.

No sé si me he dejado algo interesante. En cualquier caso, si así hubiera sido, volveré a escribir. Como resumen, creo que está bien.

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30 septiembre 2010

Cuarto cumpleaños

Al borde de cumplir 4 años de años de blog, se presenta un dilema: seguir o no seguir...

Un día de estos comentaré mis reflexiones desde el extranjero, que no son pocas And here is the rest of it.
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07 septiembre 2010

La Primera Vez

La novedad atrae la atención y aún el respeto, pero la costumbre lo hace desaparecer pronto; apenas nos dignaríamos a mirar el arco iris si éste permaneciese por mucho tiempo en el horizonte.
Berthold Auerbach

Es curiosa la admiración que provoca en el ser humano la primera vez que se realiza algo. El primer día de colegio, de universidad, el primer beso, el primer examen, la primera comunión, el primer día del año, etc. La novedad siempre lleva consigo un halo de misterio que encandila al protagonista. ¿Por qué esta predilección por la primera vez?

La especie humana necesita siempre algo de refresco dentro de la rutina. Además, últimamente, las vivencias no se miden al nivel personal, sino que parece que existe un ranking de vivencias que son socialmente evaluadas según lo intrépido que parezca el hito. Un ejemplo claro lo vemos en los viajes. Seguramente todo el mundo tenga un amigo que haya visitado una ciudad y no tenga ni la más remota idea de qué ha visto. Y sin embargo, orgulloso enseña su foto y piensa para sí “yo estuve allí”.

Y es que la vida pareciera que se mide por lo que uno hace, por la cantidad de cosas que hace y por lo anormales o exóticas que estas sean. Miramos los números, analizamos las estadísticas, lo hacemos de manera cuantitativa. Cuántos. Dejamos de lado, por ende, la vivencia en sí. La vivencia actual se ha convertido en un recuerdo. Es decir, el recuerdo es lo que realmente supone la vivencia. La idealización de la vivencia es lo que realmente satisface a las personas.

Volviendo a la primera vez, y más allá de las modas viajeras (con su doble sentido), la novedad y el misterio son algo por lo que siempre ha sentido predilección el hombre. Lo incierto será siempre para la especie humana mucho más atractivo que lo cierto. Por eso, cuando uno hace algo por primera vez lo recuerda como la victoria sobre lo incierto, el paso de lo incierto a lo cierto. El recuerdo a la primera vez se constituye, por tanto, como un homenaje en nuestra mente a la novedad.

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31 agosto 2010

El Comienzo Como Idealización

Todo comienzo tiene su encanto.
Johann Wolfgang Goethe

Siempre tiene que haber un principio. Es inseparable del acto de inicio de cualquier actividad, y sobre todo de aquellas que se prevén duraderas en el tiempo, un acto de comienzo, un punto de partida, un pistoletazo de salida. Antes de que llegue esa salida debe existir una concienciación previa, una meditación más o menos profunda acerca de la actividad que vamos a desempeñar, con la intención de tomar impulso y ser lo suficientemente fuertes como para no abandonar este nuevo proyecto a la vuelta de la esquina.

El comienzo no es sino una parte más del orden que queremos establecer con nosotros. Tendemos a ordenar. Necesitamos ordenar. Todo lo que carece de orden es difícil de analizar y explicar. El orden es una herramienta para predecir el futuro. Creamos reglas lógicas que se suceden en el tiempo con la finalidad de poder saber qué ocurrirá al cabo de una porción de tiempo.

El empezar algo, paradójicamente, no suele ser nuevo. No suele ser uno el número de intentos de adelgazar, llevar el estudio al día, seguir con atención la liga de fútbol, estar al tanto de las noticias, o incluso, de escribir un blog y actualizarlo con relativa frecuencia.

Forma parte de la esencia humana el desgaste de lo habitual. El curso académico, o el trabajo después de las vacaciones, suele afrontarse con ciertas ganas de hacerlo bien. Nos sentimos con fuerzas e ilusión. Es como al comenzar la carrera, creemos que somos capaces de hacerla entera en sprint. Por mucho tiempo que nos exijamos correr, nunca nos parece demasiado. Igual pasa con el trabajo. Al comienzo de un nuevo ciclo, la idealización nos obliga a creer que nos mantendremos fuertes durante todo el año y nunca se tienen en cuenta los desgastes que poco a poco se van produciendo por el mero paso del tiempo y la repetición sistemática de una misma actividad.

Empezar de nuevo es la forma que tenemos los humanos de darnos otra oportunidad, de intentar conseguir la idealización, de alcanzar un sueño o menta. Curiosamente, como en tantas otras facetas de la vida, de poco sirve la experiencia del fracaso. Somos, o queremos ser, ignorantes a todo lo que ha ocurrido con anterioridad. Nos sentimos diferentes. Queremos ser diferentes.

Es la continua búsqueda del yo perfecto/idealizado la que nos hace empezar una y otra vez de nuevo.

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18 agosto 2010

La Insumisión Catalana

La salud del pueblo está en la supremacía de la ley.
Marco Tulio Cicerón

Que España no es el país modelo de la democracia es algo que ya sabíamos, pero que se consientan declaraciones por parte de un consejero de un autonomía como las del señor Huguet, y que esa persona siga formando parte del entramado institucional de un país no tiene cabida en ningún país que aspire a ser un Estado de Derecho.

El señor Huguet no ha dicho ni más ni menos que lo siguiente: “la única forma de no volver atrás y de que la convivencia no se rompa, es incumplir sistemáticamente cualquier sentencia de estas [Sentencias del Tribunal Constitucional]”. ¿Cómo es posible que un Estado, o una parte del mismo (en este caso una Comunidad Autónoma) puede hacer pública y sin consecuencia política ninguna la insumisión a uno de los tres poderes del Estado?

Desde luego, si este fuera un país serio, democrático y de Derecho; el Presidente de la Generalidad catalana hubiera cesado a este consejero. Y si éste no lo hubiera hecho, el Gobierno central tendría que haber actuado de alguna de las maneras, en último extremo, suspendiendo la autonomía. El gobierno catalán, animado por la impunidad de sus declaraciones y hechos, mantiene continuamente una actitud de insumisión ante la Ley y el Estado. Cosa que no puede degenerar sino en más y mayores conflictos.

Si para acceder a la autonomía Cataluña aceptó la Constitución, que esta aceptación y asimilación sea en todo su articulado. El artículo 153 de la Constitución dice claramente, en su apartado a), que el control de la actividad de los órganos de las Comunidades Autónomas se ejercerá por el Tribunal Constitucional. Si Cataluña no acepta este punto, tampoco es aceptable su autonomía.

No pueden modificarse los acuerdos de manera unilateral, ni se puede elegir qué parte de los pactos se cumplen y cuáles no. Si Cataluña optó por la autonomía, que asuma todas las condiciones, y la primera y más importante de ellas fue el acatamiento de la Constitución.

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12 julio 2010

Sentimiento Nacional

Está bien conseguir que tu país te admire, pero es mucho mejor que el mundo admire tu país
Pau Gasol

El 11 de julio de 2010 será un día siempre recordado en España. Por fin, tras las incontables decepciones en campeonatos del mundo, España ha conseguido subir a lo más alto del cajón y levantar la copa hasta el cielo. Copa, por cierto, sufrida y merecida.

Sigo todavía fascinado por cómo un deporte ha conseguido unir el sentimiento de un país. Absolutamente todo un país se sintió ayer español. Toda España cantaba ayer a los cuatro vientos que era española. Hubo un orgullo patrio, un sufrimiento común y una gloria que nos pertenece a todos.

Ayer, por fin, se podían sacar banderas a la calle, cantar sin complejo “yo soy español” y gritar el nombre de tu país, con todas las letras, con todas tus fuerzas. Pude comprobar cómo ayer, cómo hoy, toda España tiene un sentimiento de pertenencia a un mismo país. Como todos los españoles se sienten partícipes del triunfo de nuestra selección de fútbol. Hoy somos todos españoles. Hoy todos ondeamos la misma bandera.

Quien haya visto la película “Invictus” sabrá el poder que tiene el deporte para unir a personas. La competición genera sentimientos comunes a todas las personas que son afines a un mismo objetivo, a un mismo equipo. Hoy el fútbol ha conseguido hacer sentirse españoles a todos ellos.

Ya sólo nos queda aprovechar este tirón unificador español para extrapolarlo a otros ámbitos del país. Seamos país no sólo para el deporte, sino también para la política, la cultura, la economía y la prosperidad. Seamos españoles sin complejos. Un todo compuesto por diferentes partes. Que, también en política, los árboles no nos impidan ver el bosque.

Hoy, tal vez más que nunca, estoy orgulloso de ser español. ¡Viva España!

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03 julio 2010

La Falacia del Lenguaje No Sexista

Pero si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento.
George Orwell

Consciente del tiempo que llevo sin escribir aquí, al igual que consciente de que hay personas que siguen entrando y comentando, dejo un artículo publicado en La Voz Digital sobre el llamado “lenguaje sexista”. Espero este verano retomar el tiempo perdido por aquí, que ganas tengo. Os dejo el artículo:

Una entre tantas otras naderías que un ciudadano español de comienzos del XXI tiene que soportar es el empeño constante que los adalides de la corrección política ponen para que todos empleemos un «lenguaje no sexista». El esfuerzo es irritante no sólo por el tiempo y el dinero dedicado a la gestación y aprobación de guías, normativas, manuales o cursos, ni por las toneladas de impresos administrativos que han de ser desechados y reeditados, sino, sobre todo, porque se sustenta en un presupuesto falso: en el hecho de que el lenguaje pueda ser sexista y responda al afán dominador de un sexo sobre otro. Filológicamente esto está tan claro que el fomento de una práctica tan escasamente fundada sólo puede deberse a ignorancia supina, o al deliberado intento de usar el lenguaje como arma política.

Respecto a lo primero, la ignorancia, no seré yo quien dude de la capacidad de nuestros gestores públicos para emprender este atropello y otros peores. No obstante, parece razonable esperar que en cada ministerio, consejería, concejalía, etc., haya al menos algún asesor ilustrado capaz de informar a quien corresponda de que una cosa es el sexo y otra el género gramatical, y que ambas no están necesariamente ligadas, ni en nuestro idioma ni en ningún otro de nuestro entorno cultural. De ahí que no pueda sostenerse que el uso predominante que algunas lenguas como la nuestra hacen del género masculino sea la consecuencia de una voluntad de dominación sobre la mujer, sino más bien de los vericuetos caprichosos por los que evolucionan las hablas humanas, que hacen, por ejemplo, que gato sea femenino en alemán y masculino en español. La atribución del género gramatical no ha seguido por lo general reglas lógicas, y unas veces el género y el sexo biológico coinciden y otras no. Esto se ha dicho en tantas ocasiones y foros tan autorizados que da pereza repetirlo, pero a veces no queda más remedio, dada la avalancha de simplezas con que se nos bombardea a diario.

Sin embargo, la presencia de asesores en los órganos de decisión política, a veces en número excesivo, me lleva a pensar que el origen del dislate se debe más bien a la ambición de usar el lenguaje como medio de hacer política subliminal. Este empeño, por otra parte, no es nuevo. Ya Orwell apuntó en su premonitoria 1984 que el Gran Hermano impondrá una neolengua con la pretensión de dominar el pensamiento de los ciudadanos y hacer inviable la crítica y la oposición política.

Pero no hace falta recurrir a la ficción. Ejemplos históricos reales muestran cómo una y otra vez algunos gobernantes han hecho un uso político de la lengua. Un caso paradigmático, en los años treinta del siglo pasado, es el que protagonizó Mussolini intentando cambiar las formas de tratamiento del italiano.

El italiano, como el español, ha desarrollado unas formas pronominales de tratamiento: en singular, la forma común de tratamiento, válida para los dos géneros, es «lei», pronombre femenino de la tercera persona del singular. Así, por ejemplo, sea en referencia a un varón o a una mujer, se dice «Lei parla troppo» (usted habla demasiado). Y, en el lenguaje más burocrático, por sus características formalistas, es frecuente la utilización del pronombre «Ell», tanto para el masculino como para el femenino. Esta manera de referirse respetuosamente a los demás data, al parecer, del siglo XV y se impuso, pásmense, por influencia española (¿recuerdan el «vuestra merced»?). Pues bien, Mussolini, considerando poco viril el uso de esa forma de tratamiento entre los descendientes de los conquistadores romanos, quiso imponer el uso del «voi», en masculino. Pero el capo Benito no tuvo éxito, porque la gente en Italia ha seguido usando el femenino para tratar de «usted».

Es de esperar que los actuales intentos de manipulación política del lenguaje no prosperen. Por descontado que existen aún situaciones de discriminación por razón del sexo de las personas, pero necesitan más coraje político y menos varitas mágicas del lenguaje para hacer ver que avanzamos. La realidad es como es, cualquiera que sea la forma con que la denominemos. Lo que hace falta son mecanismos de acción política real, no de perversión del lenguaje. Pretender que se fomenta la igualdad entre los sexos por el uso de un lenguaje políticamente correcto es como creerse que se combate el calor por llamarlo frío. Es evidente que hay mujeres maltratadas, que las tareas del hogar no se reparten aún equitativamente entre los cónyuges, o que con frecuencia se retribuye a la mujer peor que a sus colegas masculinos; estos y otros problemas deben abordarse con la máxima seriedad, pero sin engaños y sabiendo que en modo alguno se atenúan porque usemos el «todos y todas», en lugar del correcto «todos».


De todas formas, existe una razón aun más poderosa para augurar que este disparate no tendrá éxito: el lenguaje tiende a la economía. Es un comportamiento humano que se repite y responde a nuestra capacidad lógica y práctica. En el ejemplo anterior, el clásico «vuestra merced» de nuestros tatarabuelos evolucionó al «usted», y no por impulso de ningún ministro con ínfulas progresistas, sino simplemente porque era más corto, rápido y fácil de decir. Por eso, confío en que no dure mucho la moda sumisa a estos dictados políticos. En mi caso, para obligarme a decir todos y todas a cada paso tendrán que mandarme a la guardia civil que, fíjense, es femenino.

Juan Luis Pulido Begines | Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Cádiz

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20 abril 2010

Pérdidas y Voluntad


En algún lugar del alma se extienden los desiertos de la pérdida, del dolor fermentado; oscuros páramos agazapados tras los parajes de los días.
Sealtiel Alatriste

Andamos en ocasiones condicionados por un miedo a una pérdida. No se sabe muy bien a qué perdida concreta tenemos, lo que si queda claro, es que, como bien decían en la película, sólo cuando todo está perdido somos libres para actuar. Y es que realmente nuestra voluntad no es tan libre como pretende, o como al menos cree serlo.

Millones son los obstáculos y “peros” que afectan a nuestra voluntad y libertad. Lo que pasa, es que mientras no somos conscientes, mientras el hilo de la dependencia no aprieta y no se muestra visible, tampoco nos incomoda. Es como la desgracia, que mientras no la vemos, tampoco nos molesta.

Algo así pasa con las pérdidas. La pérdida de algo provoca en nosotros un retorno a la conciencia de aquello que permanecía olvidado. Y no es tan sólo un retorno de un recuerdo, sino que además es una advertencia, un subrayado de que aquello que hemos perdido no volverá a ser nuestro.

Podemos ver el ejemplo de la persona que muere y que llevábamos sin ver y sin mantener contacto unos veinte años con ella. Es inevitable sentir cierta lástima, aunque el contacto se haya deteriorado, pero la consciencia de que no podremos volver a mantener una conversación con esa persona, aunque no lo hayamos hecho en una cantidad dilatada de tiempo, nos conmueve y acongoja.

Y es que no consiste sólo en la pertenencia fáctica de un objeto. Se trata de la posibilidad de hacer uso de él. Aunque un libro no lo hayamos consultado en años, si se rompe o lo tiramos, sentimos cierta lástima por él, porque perdemos la capacidad de su uso.

Es, en definitiva, la oposición a la voluntad lo que nos afecta, el acotamiento de libertad. Nos aflige que no podamos hacer uso de algo, o mantener contacto con alguien, cuando queramos, que perdamos esa posibilidad. Es esa capacidad de posesión o de uso la que teje el hilo de la dependencia, más que la posesión o el uso en sí. Y es por eso que sentimos tanto las pérdidas, porque consideramos que nuestras posibilidades desaparecen, que en cierta manera, nuestra voluntad se ve afectada.

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19 abril 2010

Desconfianza


¿Qué soledad es más solitaria que la desconfianza?
George Eliot

Cuando uno desconfía del sistema, de una persona o de un grupo, ¿por qué lo hace? Podríamos reflexionar y encontrar una serie de posibles razones, de entre las cuales no sería, ni mucho menos, fácil encontrar la certera, o al menos, la más aproximada. Seguramente, el error se encuentra en intentar buscar un único factor como solución, siendo más que probable que toda respuesta metafísica, psicológica o humana sea la suma, mezcla y división de varios de ellos.

Una de las razones que podrían justificar la desconfianza es un miedo hacia las consecuencias que el acto del que tenemos miedo/desconfianza puede ocasionarnos. Así, por ejemplo, al ser (o al menos al creer) menos probable un atraco durante el día que durante la noche, paseamos con más confianza durante el día que durante la noche. Sentimos cierta desconfianza a andar por callejuelas por la noche, no por la oscuridad en sí, si no por lo que pueda esconder en sus entrañas.

La desconfianza, esta vez orientada más sobre las personas, puede darse cuando creemos a la persona (o al grupo, o al sistema) capaz de hacer aquello que nosotros haríamos. Sería algo así como el refrán apuntaba: se cree el ladrón que todos son de su condición. Desconfiamos de personas que creemos capaz de causarnos algún perjuicio, cuando realmente, esa capacidad no la vemos sino en nosotros mismos.

También confiamos sobre algunas personas la capacidad de la locura o de la extravagancia. Es decir, a veces desconfiamos de una persona (de nuevo, o grupo o sistema) porque consideramos como probable aquello que es improbable. Le otorgamos más probabilidad de la que realmente tiene a cualquier tipo de arrebato de locura, ira, o cualquier otro sentimiento incontrolable. Vemos, en ocasiones, a personas capaces de cosas fuera de lo racional. Subestimamos o sobreestimamos (según se mire) a esa persona o conjunto de ellas.

Es propio de la desconfianza, asimismo, suponer que ese acto que no deseamos que suceda, nos parezca irreparable, insalvable. Podría tratarse de un menosprecio a uno mismo, de creer que nuestra voluntad no es suficiente para superar el imprevisto.

Lo cierto, como ya adelantaba, es que nada está claro respecto a estos temas. Muchos son los caminos por los que la desconfianza puede acudir, y ninguno ser del todo verdad, ni ninguno del todo falso. Difícil cura tiene la desconfianza, salvo el convencerse a sí mismo de que nada, absolutamente nada, es tan importante como para no ser jamás salvado o superado.

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14 marzo 2010

El Estudio del Ser Humano


El hombre es el más misterioso y el más desconcertante de los objetos descubiertos por la ciencia.
Ángel Ganivet

Una de las grandes polémicas dentro del ámbito del conocimiento es la denominación de ciencias a las “ciencias sociales”. Este tema lo he discutido aquí previamente, y en cualquier caso no repetiré mi opinión. No obstante, si quiero remarcar con esta entrada una de las diferencias entre unas y otras disciplinas que me parece esencial a la hora de otorgar la denominación o no de ciencia: la delimitación del objeto de estudio.

Muy genéricamente podemos dividir el estudio de las ciencias naturales y sociales por su objeto: mientras que las primeras parecen centrarse en aspectos relativos a la naturaleza y al orden natural, las segundas se centran en el comportamiento humano, en sus creaciones (arte, lengua, historia, etc.) y sus motivaciones (psicología, sociología, etc.).

Desde este punto, es fácil vislumbrar como las distintas disciplinas, estudios o ciencias pertenecientes al ámbito de la naturaleza son más fáciles de clasificar que las relativas al ser humano. Por ejemplo, entre la física y la química, aunque haya elementos en común, se puede establecer una diferencia clara. Igual sucede con la biología y la geología. Aunque ambas se refieran al estudio de lo natural, su objeto de estudio es claro y delimitado.

Por otro lado, con los estudios sobre el ser humano, se pretende establecer una metodología (científica, es decir, similar a la empleada para el estudio de la naturaleza) ante un objeto difuso, como es todo lo concerniente al ser humano.

El objeto de estudio de las ciencias sociales no es nada claro. No queda claro qué le corresponde, por ejemplo, a la política y qué al Derecho. Sí, podemos decir (simplificando mucho) que unos aplican las leyes y que otros las aplican. Pero, ¿no tiene la aplicación de las leyes, la intepretación, un componente político también? Igual de entremezcladas se encuentran las disciplinas de la historia con la economía, la política o la sociología. ¿No es acaso la historia el estudio de cada uno de estos a través del tiempo? ¿A quién le corresponde entonces estudiar la economía o la sociedad del siglo pasado?

Y es que al final resulta que todo estudio ligado al ser humano desde un ámbito concreto tiene una cantidad ingente de relaciones con otras disciplinas que también lo estudian. Intentar estudiar y comprender al ser humano desde una disciplina de las ciencias sociales aislada es absurdo, porque en el ser humano, y por tanto en las sociedades y en la historia, confluyen muchas disciplinas, muchas variables.

El estudio del ser humano no puede ser estudiado como lo es la naturaleza. Un politólogo no puede prescindir de la historia, ni un sociólogo de la psicología, ni un jurista de la política. No se puede comprender al ser humano en una única faceta: debe hacerse desde una conglomeración de todas, porque si no, el estudio será siempre incompleto.

Por eso, una de las características que tradicionalmente han tenido las ciencias naturales, que es su clara diferenciación y defensa de su objeto de estudio, no puede hacerse con el estudio del ser humano ni de sus construcciones (la sociedad, el lenguaje, etc.). El estudio de las humanidades ha de ser un todo que involucre la mayor cantidad de disciplinas posibles. Aquel que pretenda estudiarlo desde un punto de vista aislado y autónomo está condenado al sesgo y a la parcialidad.

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03 marzo 2010

Reflexiones Bélicas


Y era curioso observar cómo fraternizaban, amparándose unos a otros en el común peligro, sin recordar que el día anterior se mataban en horrenda lucha, más parecidos a fieras que a hombres
Benito Pérez Galdós

Dejo hoy en el blog una, en mi opinión, muy acertada reflexión de D. Benito Pérez Galdós sobre la guerra, extraída de los Episodios Nacionales, concretamente de Trafalgar. Cuando uno lee libros de hace siglo y medio y ve los mismos problemas y percepciones sobre el mundo se plantea si verdaderamente hemos evolucionado.

En nuestras lanchas iban españoles e ingleses, aunque era mayor el número de los primeros, y era curioso observar cómo fraternizaban, amparándose unos a otros en el común peligro, sin recordar que el día anterior se mataban en horrenda lucha, más parecidos a fieras que a hombres. Yo miraba a los ingleses, remando con tanta decisión como los nuestros; yo observaba en sus semblantes las mismas señales de terror o de esperanza, y, sobre todo, la expresión propia del santo sentimiento de humanidad y caridad, que era el móvil de unos y otros. Con estos pensamientos, decía para mí: «¿Para qué son las guerras, Dios mío? ¿Por qué estos hombres no han de ser amigos en todas las ocasiones de la vida como lo son en las de peligro? Esto que veo, ¿no prueba que todos los hombres son hermanos?».

Pero venía de improviso a cortar estas consideraciones, la idea de nacionalidad, aquel sistema de islas que yo había forjado, y entonces decía: «Pero ya: esto de que las islas han de querer quitarse unas a otras algún pedazo de tierra, lo echa todo a perder, y sin duda en todas ellas debe de haber hombres muy malos, que son los que arman las guerras para su provecho particular, bien porque son ambiciosos y quieren mandar, bien porque son avaros y anhelan ser ricos. Estos hombres malos son los que engañan a los demás, a todos estos infelices que van a pelear; y para que el engaño sea completo, les impulsan a odiar a otras naciones; siembran la discordia, fomentan la envidia, y aquí tienen ustedes el resultado. Yo estoy seguro -añadí-, de que esto no puede durar: apuesto doble contra sencillo a que dentro de poco los hombres de unas y otras islas se han de convencer de que hacen un gran disparate armando tan terribles guerras, y llegará un día en que se abrazarán, conviniendo todos en no formar más que una sola familia».

Benito Pérez Galdós. Trafalgar.

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16 febrero 2010

La Importancia del Sistema Educativo


Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres.
Pitágoras de Samos

Parece que por fin los líderes políticos de este país han tomado conciencia del estado del sistema educativo. Lo que no sabemos, y tampoco viene al caso en este escrito, es si este repentino interés proviene de su propia concienciación y sentido de estado, o bien porque el clamor popular lo reclama de manera insistente.

En cualquier caso, lo que se deduce de las últimas reformas educativas acaecidas en España es que la élite política queda considerablemente lejos de la realidad de los centros de enseñanza. Además, tienden a confundir “educación” con simple adquisición de conocimientos y habilidades (que podemos denominaremos educación directa), lo cual supone un punto central de la educación, desde luego, pero no el único.

La invención de asignaturas como tecnología (en su día), que fue desfigurándose hasta ser puramente marquetería y manualidades bajo un nombre de I+D+i; la famosa educación para la ciudadanía, la cual, según el libro de texto que se siga, puede convertirse en varias asignaturas diferentes y completamente contrapuestas; o la elección de filosofía o historia en las pruebas de acceso a la universidad, han sido algunos de los puntos centrales de las leyes orgánicas de educación de los últimos años. Puntos en su mayoría relativos al contenido, escaseando aquellos que tratan de la estructura y configuración del propio sistema educativo.

Cuando se está educando a una persona, no sólo se le está enseñando contenidos y conocimientos, sino que también enseñamos formas. Cuando se está inmerso en el sistema educativo estamos aprendiendo también, implícitamente, metodologías de trabajo, conductas sociales y pautas de comportamiento. Los que crean que la ley del mínimo esfuerzo se queda únicamente en las aulas se equivocan. Lo que aprenden, las costumbres y rutinas, serán posteriormente extrapoladas a la vida laboral; y un país en el que la mayoría de su capital humano produce según las leyes del mínimo esfuerzo, está condenado, si no al fracaso, a una posición secundaria en el grupo de las potencias mundiales.

Es común escuchar entre adolescentes quejas sobre la inutilidad de aprender un poema de memoria, una fórmula física o matemática o, simplemente, a dividir basándose en la escasa aplicabilidad práctica de éstos o en la existencia de máquinas que hacen aquello que se pretende enseñar (calculadoras, por ejemplo). Lo que no es tan patente, y puede justificarse en los estudiantes pero jamás consentir su ausencia en el sistema educativo, es la educación indirecta (metodología, estructuración, ejercitación de la memoria, agilidad mental, etc.) que contienen implícitamente la memorización de un poema o la capacidad de aplicar procedimientos matemáticos.

Además, aparte de esta adquisición de conocimientos y destrezas, hay otra componente esencial en el sistema educativo: la socialización. Con socialización nos referimos a la integración de los individuos en la sociedad, a la adquisición de pautas, de formas y de actitudes sociales. El cómo reaccionar, el cómo comportarse, el cómo interaccionar en grupo. Toda esa componente social es también, en parte, responsabilidad del sistema educativo.

Por la importancia que tienen todos estos elementos aislados y en conjunto, la reforma del sistema educativo debe ser algo más que un simple gesto electoral: debe ser una reforma consensuada y basada en los principios que queremos para nuestra sociedad y país. Cuidemos la educación. Invirtámosle tiempo y esfuerzo. Hagamos eso porque los conocimientos y valores que inculquemos a nuestros menores se verán reflejados, tarde o temprano, en la sociedad del futuro.

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28 enero 2010

El porqué de las épocas


El cambio es la única cosa inmutable.
Arthur Schopenhauer

Algunas veces, cuando uno lee acerca de una teoría filosófica, política o sociológica puede sentir por parte del autor o autores de las obras cierto desprecio por las teorías antiguas, que considera desfasadas y obsoletas. Pareciera como si lo que ahora escribiera fuera a ser la verdad absoluta, la panacea del pensamiento, tan buscada por tantos durante tantos siglos.

Pero lo cierto es que no. Lo que ocurrirá será que la obra que estamos leyendo, por muy actual que nos parezca, por muy renovadora y revolucionaria que pretende ser, acabará por ser obsoleta, tarde o temprano. Es el precio por pertenecer a uno u otro tiempo.

Cada teoría, método o pensamiento está encasillado a una época, a una sociedad, a una cultura, fruto de un tiempo concreto. El pensamiento de toda una cultura está condicionado al tiempo en el que vive, a su ciencia, a su ética, a su arte. No podemos comprender una corriente del pensamiento sin conocer todo su entorno, todo lo que le rodea, todo lo que le influye.

En lo relativo al hombre y sus sociedades no ocurre como en las ciencias naturales, donde los fenómenos pueden aislarse. La astronomía puede sobrevivir sin la medicina, evolucionar por sí sola. En cambio, la ética no puede avanzar sin la política, o al menos no puede comprenderse.

Cuando estudiamos las disciplinas del ser humano no podemos estudiarlas aisladas. Un pensamiento filosófico dependerá de la sociedad del momento, de la ética dominante, de sus corrientes artísticas e incluso de su historia más reciente. Estudiar fenómenos históricos políticos sin comprender cómo era el mundo en cualquier momento puede suponernos grandes decepciones.

Por eso, cuando estudiamos a grandes pensadores de otras épocas, puede parecernos que su pensamiento está anticuando, que es demasiado simple o simplemente nos resulta cruel. Si nos cuentan de Maquiavelo que “el fin justifica los medios” puede provocarnos rechazo, y es lógico. Pero si vemos su contexto histórico, quizás no provoque tanto. Y es este “fin justifica los medios” el que provoca reacciones a su vez hasta llegar al Estado liberal, y es este Estado liberal el que es necesario para acudir al Estado democrático, y así sucesivamente.

Los cambios en las disciplinas humanísticas vienen casi siempre como reacción a lo actual. El neo-clasicismo no se comprende sin el barroco, el realismo literario sin el romanticismo, etc.

Es por eso también que el hombre precisa saber de dónde viene y cuáles han sido sus pasos hasta llegar a donde está. Eso es parte de la evolución, aprender de la experiencia ajena y comprender por qué hoy somos lo que somos, por qué impera la ética que impera, por qué el arte contemporáneo es así y por qué vivimos en el Estado en que vivimos.

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24 enero 2010

Sobre el Recurso Previo de Inconstitucionalidad


No todo lo que es permitido por la ley es siempre honesto en moral.
Jacques de Lacretelle

La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña sigue demorándose y, según parece, seguirá así unos cuantos meses más. El debate lleva servido mucho tiempo, porque mientras el ilustre Tribunal se decide, en Cataluña se aplica el polémico Estatuto como una norma más, como si su constitucionalidad no estuviera más que en entredicho.

Sea o no sea, finalmente, constitucional, lo que es innegable es la controversia generada. Muy clara no puede estar su constitucionalidad cuando la demora va ya por los tres años. Cada vez, los políticos catalanes presionan más al Tribunal, anunciado manifestaciones, protestas y salidas a la calle en caso de que la sentencia modifique lo más mínimo la norma. Alegan, además, que algo que ha votado el pueblo no puede revocarlo ningún tribunal.

Lo cierto es que toda esta discusión, o al menos lo referente a la aplicación y a la supuesta legitimación que le otorga el referéndum, podría haberse evitado. Originariamente, el sistema jurídico y político español preveía que una norma de dudosa constitucionalidad fuera paralizada y examinada por el Tribunal Constitucional antes de su entrada en vigor, y en el caso de un estatuto, de la celebración del correspondiente referéndum. Se trataba de la figura denominada Recurso Previo de Inconstitucionalidad.

Cierto es que este recurso es incómodo para cualquier Gobierno. Tener paralizadas las leyes “estrella” de los programas hasta que el Tribunal se pronuncie no es agradable. Por eso, mediante la ley orgánica 4/1985, se decidió que mejor primero se disparaba y que luego se pasara a las preguntas. Vamos, que primero aprobamos la ley, y ya después que el Tribunal Constitucional se pronuncie; y si la ley ha estado aplicándose unos cuantos meses y resulta finalmente inconstitucional, pues mala suerte.

Esta medida, que es un claro menoscabo de la democracia, ya que menosprecia totalmente lo que tenga que decir el Poder Judicial, debilita el conjunto del sistema democrático en pro de una comodidad para el Gobierno y el Parlamento. Parte de la seguridad constitucional se evaporó para favorecer a gobiernos impacientes y egoístas.

Parte de ese precio, como ya digo, lo estamos pagando en parte con el Estatuto de Cataluña. Pero es que la cosa podría ser mucho más grave. Supongamos que un partido consigue la mayoría absoluta. Esto significa que sus trámites parlamentarios son automáticamente aprobados, ya que no necesita pactos de ningún tipo. Supongamos además que este partido, ya conformado Gobierno, propusiera una ley en la que se autorizara a la policía que pudiera entrar en cualquier domicilio sin previa orden judicial, intervenir cualquier comunicación, detener sin justificación y, además, permitiera las torturas en las cárceles. Esta ley, claramente inconstitucional, sería aprobada por el Parlamento (la disciplina de partido haría otro flaco favor a la causa constitucional). Entraría en vigor y rápidamente sería recurrida al Tribunal Constitucional.

Todo el mundo es consciente de la lentitud de los procesos judiciales. Supongamos que el Tribunal Constitucional tardara en declarar inconstitucional la ley dos meses (si no tres años). Pues, durante ese tiempo, la policía podría campar a sus anchas por cualquier domicilio, detener a quien quisiera y torturar con total impunidad. Todo eso sería legal dentro del ordenamiento jurídico español hasta que el Tribunal Constitucional no se pronunciara.

Lógicamente, después tal vez interviniese el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y la Corte Penal Internacional; seguramente, también el Tribunal Constitucional declararía inconstitucional la norma… pero, ¿se repararía el daño infringido durante los meses que la ley estuviera siendo aplicada?

Este exagerado ejemplo pretende dar cuenta de uno de los errores estructurales de la democracia: la eliminación del recurso previo de inconstitucionalidad. Error, como tantos otros, que no se debe a un mal diseño del sistema jurídico y político, sino a la adulteración de éste posteriormente por parte de los propios elementos del sistema: en este caso del Gobierno y el Parlamento. Error, que llegados a un caso extremo, podría salirnos caro al conjunto de la población. Se ha sacrificado la seguridad jurídica de los ciudadanos por comodidad política de los gobernantes en un momento dado.

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13 enero 2010

Complejos


Los sentimientos de culpa son muy repetitivos, se repiten tanto en la mente humana que llega un punto en que te aburres de ellos.
Arthur Miller

Hay una parte de nosotros que intervine de forma involuntaria en la toma de decisiones. Estos son los complejos, que podrían estar ubicados en una parte del cerebro próxima a los prejuicios, ya que ambos están ahí y ambos condicionan. Pero, ¿qué es un complejo?

Sin ánimo de dar una respuesta psicológica y científica, sino más bien al contrario, una respuesta metafísica o filosófica, intentaré contestar la cuestión.

Un complejo es la parte de la moral o de la consciencia que nos impide la realización de algo basándose en falsas suposiciones. Un complejo de inferioridad sería la predisposición de uno mismo a ser inferior a otra persona, por ejemplo.

Los complejos son parte de un arrepentimiento en cierta manera. Cuando se siente un complejo se está sintiendo culpa por algo que sucedió en el pasado y que estimamos no fue del todo correcto, y en pro de evitar una nueva situación que repita lo ya acontecido, un mecanismo interno nuestro nos hace sentir mal, creyéndonos peores, malos o perversos ante una situación que ningún otro así la consideraría.

El complejo siempre lleva restos del pasado incrustados. Suele proceder de una opinión que se forjó de nosotros y que a toda costa queremos evitar que se repita, ya que detestamos esa imagen que pudo formarse de nosotros. Un complejo es una negación de uno mismo, un intento de mejora, sólo que este aparece y nos hace ver lo que sea de manera negativa o errónea cuando realmente no lo es.

El problema de estos complejos es que muchas veces limitan nuestras capacidades. Es una forma de minusvaloración personal, de baja autoestima. El complejo aparece en voluntades débiles, o en al menos en aquellas personalidades que no saben con certeza que rumbo siguen, o si ese rumbo es el adecuado o no.

Es difícil eliminar un complejo, pero un método para ello puede ser la perspectiva racional del problema, poniéndose en situación contraria, cambiando los protagonistas o los roles. Tal vez así seamos capaces de ver la ridiculez del mismo.

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